Me encontré con Rixon en mi casa unos minutos después de que Nazarach se marchara. Me encontraba desparramado en el sofá, mirando a mi amigo caminar de un lado a otro sin parar.
—Vas a abrir un maldito agujero en mi piso—gruñí.
—Bueno, tal vez el jodido agujero me ayude a pensar cómo demonios sacaremos tu pluma del cielo, genio.
—Oye, dijiste que estabas dentro.
—Lo dije, pero nunca que fuese sencillo. —Dijo, y luego rió—Escucha, en serio me parece gracioso todo esto. Es como una especie de misión suicida. ¿Sabes lo que nos harían si nos descubrieran? La muerte sería la gloria.
— ¿Es miedo lo que escucho en tu voz?
Suspiró.
—Un poco.
—De acuerdo, si no quieres hacer esto, yo no voy a obligarte a…
—No tengo miedo por mí, imbécil—Me interrumpió—No puedo pensar en lo que va a pasarte si te descubren. Todas las miradas están sobre ti, lo sabes.
Asentí.
Extrañamente mi cabeza aprovechó justo esta oportunidad para relucir en mi memoria lo que le había pasado a Celiane.
— ¿Recuerdas a Celiane, Rixon? —Pregunté, mirándole.
Su expresión se tornó fría, pero hubo un momento, una pequeña fracción de segundo en la que su rostro se crispó de sorpresa.
—Por supuesto. ¿Por qué me lo estás preguntando?
De acuerdo, esa postura a la defensiva era curiosa.
—Nazarach me dijo hoy que la han capturado.
Sonrió con malevolencia, y se dio la vuelta.
— ¿Y mencionó quienes son los sospechosos?
Me levanté del sofá y me acerqué a su espalda.
— ¿Y tú por qué querrías saber eso? —Inquirí, mis cejas fruncidas.
Se mantuvo unos segundos en silencio y luego suspiró. Se dio la vuelta, cogió su abrigo y se encaminó a la puerta.
—Por nada. Tengo que irme, tengo que hacer algo… tengo… una cita con Vee—Y antes de salir, preguntó: —Debo preguntar: No te molesta que salga con ella, ¿Verdad?
Me encogí de hombros.
—Pensándolo bien, me parece una buena idea. Vigilarás a Nora por mí, ¿Cierto?
Él asintió, ese brillo extraño de nuevo en su mirada.
—Por supuesto.
Pero no estaba convencido.
Luego de que se marchara, me di una ducha rápida. Tomé las llaves del Jeep con la idea de salir a dar una vuelta y me encaminé al estacionamiento, dónde para mi mala suerte, estaba cierto arcángel que me irritaba.
— ¿Qué sucede ahora? —Gruñí.
Su expresión estaba seria.
— ¿Qué hacía Rixon aquí? —Preguntó.
Levanté una de mis cejas.
—No es de tu incumbencia—le espeté.
Se encogió de hombros.
—Supongo que tienes razón, pero nunca me ha inspirado la suficiente confianza como para no mirar atrás a cada momento, cuando sé que está a mis espaldas.
—Pues de mí no pareces desconfiar tanto, cosa que deberías—Dije, acercándome al Jeep y sentándome en el capó. —Me has dejado ver tus alas.
—Los ataques de Rixon son poderosos, pero predecibles. Sin embargo, podría tomarme por sorpresa—Dijo—A ti, en cambio, te gusta alertar a la víctima. Tus ataques son poderosos e impredecibles, te gusta ganar porque sabes que tienes el poder de hacerlo. No te gusta atacar a nadie por la espalda.
Él desvió la mirada unos segundos, y luego la fijó en mis ojos de nuevo.
—Además… —Continuó—Aimee me contó lo que sucedió ese día en la corte, cuando regresé de la tierra—Comenzó, con expresión seria—Dijo que ella me había visto, y que también había visto como tú te dabas cuenta. Y no me delataste. De ella lo comprendo, somos muy grandes amigos… Pero ¿Tú? ¿Por qué tú mantendrías el secreto, a sabiendas que estaba rompiendo una ley? Pudieron haberme mandado al infierno, como a Nadiel. Pero no lo hiciste. No me culpes si me siento confuso.
Moví mi cabeza de un lado a otro y le regalé una media sonrisa.
—Te lo dije, las reglas me estaban cabreando bastante. Ya no quería seguir siendo uno de ustedes.
—Si Rixon no hubiese estado en problemas en aquella ocasión… si él no hubiese sido sentenciado a la vida sin alas, ¿Te hubieras marchado también?
Lo medité por unos segundos. Era cierto que desde mucho antes de ese día Rixon y yo compartíamos un lazo de amistad bastante fuerte, pero creo que lo hubiese hecho de todas formas.
—Hubiese encontrado otra forma. —Confesé—Si Rixon no se hubiese metido en problemas, igual fuese buscado la manera de caer. Estoy siendo sincero al decir que realmente no quería seguir en el cielo, Nazarach. Quería ser libre. Libre de preocupaciones, de reglas, de castigos por hacer cumplir… Quería seguir mi eternidad sin preocupaciones, al menos hasta que encontrara la manera de volverme humano.
—Cosa que no hiciste.
—Cambio de planes de último minuto. —Me encogí de hombros—Nunca quise regresar al cielo. Lo único que quise esa noche fue salvar a Nora.
— ¿Por qué?
—Porque realmente nunca creí que pudiera conocer a alguien que me viera tal y como soy y que no saliera corriendo.
Comenzó a reír a carcajadas y aplaudió un par de veces.
—Debí suponer que todo eso de que no la amas era una actuación tuya—Dijo, riendo aún. Cerré mis puños con fuerza, maldición. Tenía que hacer algo rápido antes de que saliera a contarlo. Tenía que encontrar la manera de matarlo rápidamente—Debo decirlo, me convenciste hasta a mí. Pero descuida, no diré nada.
De acuerdo, eso evaporizó toda la rabia y me dejó congelado en el sitio.
— ¿Qué?
—Lo que escuchaste.
— ¿Por qué?
—Un secreto por otro. Además… veo que tienes corazón, Jev. Eso es impresionante.
Desplegó sus alas y caminó tratando de salir de debajo de las ramas de los árboles que estorbaban su ascendencia. Pero antes de alejarse demasiado, se volvió y me miró.
—Una última cosa, dado las circunstancias—Dijo, con severidad—Y considéralo el último trato amable por mi parte. Hoy he hecho una excepción contigo, por el favor que me has hecho. —Tomó aire, y realmente me preocupó lo que estaba a punto de decir—Nadie quiere cuidar de Nora, Jev. Los guardianes se niegan, y los otros ángeles de rango mayor están ocupados.
Sentía que poco a poco la ira regresaba a mí.
— ¿Por qué?
—Un ángel vengador supo algo en la última visita que tuvo a la tierra. Nora Grey será sacrificada, por un ángel caído que quiere convertirse en humano—Mi sangre volviéndose hielo en mis venas—Pero esta vez no serás tú quién realice el sacrificio, Jev.
— ¿Quién es?
Él negó con la cabeza de una forma que decía que lamentaba realmente el no saberlo.
—No tengo idea, pero yo que tú buscaría alguna manera de mantenerla vigilada—Dijo, y agregó antes de que pudiera protestar: —No, no puedes ser tú. Te lo dije: Sólo hoy estoy haciendo la excepción contigo. Te daré el resto de la noche libre para que soluciones eso, pero en lo que salga el sol, volveré a mis obligaciones. Si te veo cerca de Nora Grey, voy a contarlo.
¡Maldita sea!
— ¿Qué hay de lo que dije? ¿Qué hay de lo que siento por ella?
—Sigue manteniendo esa perfecta actuación, y sigue negándomelo, y no diré nada. Pero más importante aún: Mantente alejado de ella. Y, Jev… Es posible que esta noche venga alguien más a echar un rápido vistazo… asegúrate de hacerles creer que no piensas en esa chica.
Y así, sin más, echó a volar.
