Cuando era más pequeño creía que si se cubría con las sábanas y no hacía ruido, se volvía invisible. Le gustaba sentir que desaparecía, que su mejor habilidad era no ser visto incluso a esa edad. Afuera la nieve ya estaba haciendo una alfombra en las calles, anunciando el invierno. Aunque en un pueblo de montaña, cualquier época puede ser de nieve. Nieve, bolas de nieve. Ese recuerdo le hace reír contra su cabello.

-¿Qué?- se escucha todavía asueñado y ronco.

- Ayer mi papá me llevó un libro de sexualidad gay. No sé si deba llamarlo libro, parecía una revista porno barata. Venían cosas bastante obscenas-

-Tienes suerte que sólo haya sido una revista, la semana pasada el mío me dejó un video porno " accidentalmente abierto cuando me pidió que fuera a buscarle las llaves" en su computadora- resopló, haciéndole reír- entre la extrema necesidad de tu familia de parecer super progresistas y la pasivoagresividad de mi papá para no hacer evidente su homofobia, no sé cómo seguimos medio cuerdos-

Tweek acomodó su cabeza en la espalda de Craig, metiendo sus piernas en las otras y una mano en su camisa, besando su nuca. Todos en el pueblo los miraban. Todos hacían conjeturas de su vida y su forma de amarse. Que si era sólo para remarcar que estaban a favor de la diversidad y cuanta mierda les saliera por la boca, no hacía menos estresante ser constantemente señalados. No había un sólo día en que su padre no le hablara de sexo, siempre dejando en claro que él comprendía que la gente así era más sexual que los heterosexuales sin darse cuenta de la ofensa que eso implicaba. Y él ya no encontraba la confianza para decirle que ni él ni Craig estaban listos. Si tenían casi diesciete años y las estadísticas indicaban una cosa, era ajeno a su realidad. Que si Clyde, si Token, si incluso Butters ya lo habían hecho y seguían sosteniendo que si ellos no compartían sus hazañas sexuales no era porque no hubiera ninguna, sino porque ya no eran tan amigos, era algo que a veces lo empujaba a querer hacer más intensos los besos o animarse a deslizar sus labios más abajo de su cuello. Pero luego se topaba con su pecho y sólo sentía la necesidad de recostarse, de ser cobijado en sus brazos y hacerse invisible a los demás, poder tener ese único sitio donde ser quien quería ser sin prisas ni presiones. Su deseo existía, pero no maduraba al ritmo de los demás. Craig no le hacía sentir ninguna urgencia, solo la calma de estar a salvo.

-Eso es porque tú y yo ya estábamos locos desde antes- adoraba la risa de Craig al rozar un poco más abajo de su ombligo, sus vellos erizándose en sus dedos y los suaves temblores por el contacto. Craig se dio la vuelta, tomando su rostro entre las manos. Mirándolo con una sonrisa deslumbrante y el brillo de su mirada que sólo era para él. Ellos habían construido su propio concepto de intimidad basados en ellos y no en lo que esperaban de ellos. Y para Craig, no había nada más íntimo que esos momentos, escondidos en las sábanas de Tweek, dejando que afuera el mundo se cayera a pedazos , que la gente mitificara y desmitificara lo que hacían encerrados a solas tanto tiempo. No era derecho de nadie más que de ambos saberlo. Y él se moriría antes de confesar todas las tardes que se trataba de llorar por sus temores, de jugar juegos todavía infantiles pero que ambos amaban, hablar sobre todo y lo poco que sabían. De sólo dormirse abrazados antes de separarse avergonzados por las expresiones de su madre al fotografiarlos. Craig no tenía ninguna prisa por averiguar si el sexo era mejor que esos gloriosos minutos que podían robarle al universo y hacerlos suyos a su manera.

-Yo sólo perdí mi cabeza cuando te conocí a ti- se inclinó para besarlo, apenas a tiempo de separarse antes de escuchar la puerta abrirse.