Episodio nueve en línea :D ESTE SIEMPRE ME HACE LLORAR...
¡COMENZAMOS!
Disclaimer: Inuyasha y sus personajes y conceptos son propiedad de Rumiko Takahashi y Yomiuri TV Corporation. Esta historia está hecha sin fines de lucro.
Título - ¿Era este nuestro destino?
Capítulo 9: Recuerdos
-Y hubieras visto, madre, esos monstruos eran enormes... y me costó mucho trabajo eliminarlos, ya que ellos...
-¿Otra vez aquí, Sayuni? - se oyó una voz a sus espaldas.
Sayuni volteó y observó a Ahome, quien traía un ramo de flores.
-Sí, es que no lo puedo evitar... tengo tantas cosas que contarle - dijo observando la lápida de su madre.
-Inuyasha me contó... - dijo Ahome sentándose junto a ella - que despúes de mostrarte la tumba por primera vez, has venido todos los días, sin falta.
-Es que, de verdad la extrañé mucho... fue muy fuerte para mí el separarme de ella... aún cuando no fuese mi verdadera madre...
-Hay algo que he querido saber, pero no quiero preguntarle a Inuyasha... creo... quisiera saber si me lo podrías decir tú...
-Claro, lo que quieras, Ahome - dijo Sayuni observándola. Apenas llevaban una semana de conocerse pero, Sayuni y Ahome tenían una total confianza, y una amistad muy fuerte.
-¿Me podrías... me podrías decir... cómo... cómo...? - Ahome no pudo continuar con su pregunta. La verdad no quería inmizcuirse en la vida de Sayuni e Inuyasha, pero en realidad, deseaba saber.
-¿Cómo mi madre falleció? - preguntó Sayuni detectando la pregunta. Ahome simplemente asintió. - Pues... fue hace muchos años ya... sin embargo... a pesar de haber sido tan pequeña, recuerdo ese día... como si hubiese sido ayer... fue justamente el día en el que Inuyasha fue a buscar esas plantas que tanto le gustaban a mi madre... - Sayuni acarició las flores que ya comenzaban a marchitarse, aunque a su lado había otro ramo de flores más recientes.
Una vez que Inuyasha e Izayoi entraron en la cabaña, la mujer colocó las flores maltratadas en un jarrón nuevo.
-Esto es lo más lindo que has hecho, Inuyasha... - susurró la mujer, con los ojos humedecidos.
-Pero las rompí - dijo Inuyasha avergonzado - No entiendo porqué estás feliz...
Sayuni observó incrédula el que Inuyasha hubiese roto algo y su madre le agradeciera por ello.
-No importa el estado de las cosas... es la intención con las que se dan o hacen, lo que cuenta...
Inuyasha sonrió un poco y observó a su hermana, quien también sonreía, aunque al verla, el chico borró su sonrisa del rostro y frunció el ceño, cruzándose de brazos. Sayuni sonrió ante ese comportamiento, pues era la actitud que tomaba cada vez que se sentía avergonzado.
Esa noche, cenaron tranquilamente. Sayuni ya estaba curada y ahora se encontraba jugando en la parte trasera de la cabaña.
Inuyasha observaba el bosque un tanto alertado. Del otro lado se encontraba la aldea... y el olor de los aldeanos había comenzado a reunirse en un mismo punto.
-Debe ser mi imaginación. - Inuyasha se adentró en la cabaña y se percató de que su madre estaba muy nerviosa. Observaba cada cierto tiempo por la ventana.
-¿Qué ocurre, madre?
-No... no ocurre nada, Inuyasha... - la mujer observó a su pequeño hijo y, con lágrimas en los ojos, fue a su encuentro y le abrazó. Inuyasha se sorprendió pues no esperaba ese gesto.
-Madre... ¿por qué...?... ¿por qué lloras?...
Izayoi escuchó el ruido de pasos y apretó más su abrazo.
-Perdóname hijo... por favor, cuida de Sayuni... no la dejes sola... debes protegerla... ¿me lo prometes? - dijo la mujer tomando de los hombros a Inuyasha y mirándolo a los ojos.
-Pero madre, ¿qué estás...? - El pequeño detectó el olor a pólvora y fuego. Sayuni entró a la casa muy asustada.
-¡Mamá!.. Afuera hay...
-Prométemelo... por favor Inuyasha... - la mujer observó a su hijo y en cuanto este asintió levemente con la cabeza, le dio un beso en la frente.
-Lleva a Sayuni lo más lejos que puedas... no regreses... no quiero que les hagan daño - Izayoi con su otro brazo tomó a Sayuni y abrazó a ambos.
En ese momento, una explosión se escuchó en las cercanías. Inuyasha y Sayuni se asustaron e Izayoi cubrió sus cuerpos, pues la explosión hizo que parte del techo cayera.
-¡Es en este lugar! - se escuchó gritar. - ¡Destruyamos a esos engendros y a esa mujer! - ese grito fue seguido por muchos otros. Eran los habitantes de la aldea.
-¡Dense prisa! - dijo Izayoi llevando a Inuyasha y a Sayuni a la parte trasera de la cabaña. Ingresó a la habitación que daba al patio, pero en lugar de salir, movió una tabla del suelo, justo en la esquina de la habitación. Un pequeño tunel había ahí.
-Pero madre... tu no... - Inuyasha observó aterrado a su mamá. Ella no cabía por ahí... ¿acaso pensaba quedarse?
-Lucharé por tí, madre - dijo Sayuni poniéndose delante de ambos. Algo en su interior le pedía que peleara... quería sangre...
-No lo hagas, Sayuni - Dijo Izayoi sujetando a su hija del brazo y metiéndola al agujero. - Por favor, no te metas en problemas y se buena con tu hermano... - La mujer observó a su hijo. Los aldeanos ya estaban afuera de la cabaña. Una nueva explosión se dio y uno de los aldeanos entró a la casa. - ¡Inuyasha, rápido!
Mas sin embargo, Inuyasha no se movió. Su rostro lo cubría con su flequillo y observaba el suelo.
-Tu no vas a venir... - no fue una pregunta. Izayoi observó a su hijo y nuevas lágrimas corrieron por sus ojos.
-Si no hago esto... ustedes también morirán... por favor...
Inuyasha observó a su madre. Izayoi se sorprendió al ver las lágrimas en sus ojos. Nunca lo había visto llorar desde que era bebé.
-Yo no quiero que mueras... ¡No quiero!- dijo Inuyasha abrazando a su madre.
La mujer correspondió el abrazo justo en el momento en el que los aldeanos llegaron a la habitación. Izayoi observó aterrada cómo el hombre que encabezaba a todos, sacaba una flecha y con su arco apuntaba hacia Inuyasha.
El hombre disparó e Izayoi se dio la vuelta aún con Inuyasha abrazado. La flecha le dio en su hombro izquierdo, y la hizo caer al suelo.
Inuyasha cayó al suelo con su madre sobre él. Observó el rostro de la mujer que le estaba salvando y nuevas lágrimas corrieron por sus mejillas.
-Madre...
-Escapa... y cumple... con tu... promesa...
Izayoi metió a Inuyasha en el tunel y observó a Sayuni.
-Cuídate mucho... mi pequeña hija... - Sayuni observó a su madre, como suplicándole que no dijera esas palabras. Izayoi observó a su hijo, quien no la soltaba de los brazos. - Inuyasha... mi vida... gracias por las flores...
Inuyasha abrió los ojos aterrado y comenzó a negar desesperadamente. Izayoi se soltó de Inuyasha y tapó la entrada de la cueva con la tabla.
-¡Madre!... ¡Madre, no! - gritaba el pequeño desesperado, intentando quitar la tabla, mas no podía pues su madre se había parado sobre ella.
-Vayanse... ya... ¡Es una orden! - gritó la mujer, haciendo que Sayuni comenzara a llorar.
-¡No nos vamos a ir sin tí! - gritó el pequeño completamente alterado... su madre no podía... no podía...
-¡MATENLA! - Escuchó gritar a uno de ellos. Su rostro se contrajo al escuchar el grito de su madre diciéndoles que escaparan, seguido de un alarido de dolor. Inuyasha no podía moverse. Escuchó el golpe seco de un cuerpo caer sobre el suelo y pocos segundos después vio como un líquido rojo espeso comenzaba a escurrir por entre las franjas de la tabla. Su rostro palideció al reconocer la sangre de su madre...
Su madre había muerto.
-Hermano...
-¡Busquen a esos engendros! - gritó otra voz.
Inuyasha en ese momento reaccionó y tomó a Sayuni de la mano comenzando a correr, pese a los gritos de la pequeña de que le soltara.
-¡Déjame!... quiero... quiero... ¡Quiero ir con mi mamá!
Inuyasha no la escuchó y siguió corriendo. Era más fuerte que ella. Salieron del tunel, y se dieron cuenta de que estaban en el bosque, que se encontraba cruzando la montaña, ubicada tras la cabaña. Los aldeanos no darían con ellos, jamás.
Sayuni se hincó en el suelo y comenzó a llorar, llamando a su madre. Inuyasha decidió regresar y se adentró nuevamente en la cueva. Se percató de que Sayuni le seguía, por lo que le dio un golpe en el cuello, haciéndola quedar inconsciente.
-No quiero que tu también mueras... - Inuyasha dejó a su hermana en la cueva y regresó lo más rápido que pudo hasta la cabaña.
Poco antes de llegar escuchó esa frase que nunca olvidaría.
-Hay que purificar el lugar con el fuego... así esta alma maldita arderá en las llamas del infierno, donde merece estar. - Esa frase hizo que Inuyasha abriera los ojos sorprendido. Llegó a la cabaña y movió la tabla. El cuerpo de su madre, yacía a pocos centímetros de él. La mujer tenía varias flechas incrustadas en su cuerpo. Inuyasha quedó petrificado al ver esa escena.
Ninguno de los aldeanos, que se encontraban afuera, se percató de que, mientras lanzaban antorchas a la cabaña, el pequeño había quitado varias tablas de la pared y sacado a su madre del lugar. Refugiado entre los árboles, observaba cómo su hogar era quemado y destruido hasta que no quedaron más que cenizas. Todo quedó destruido.
-Sayuni - recordó de repente el pequeño... ¿qué haría con el cuerpo de su madre? No podía dejarla sola y no podía llevarla consigo porque Sayuni se aterraría... -Perdóname madre... te juro que algún día volveré y te daré una tumba decente.
El pequeño cavó un hoyo y enterró a su madre. Ella no merecía quedarse en ese lugar, pero en cuanto tuviera oportunidad, le daría la sepultura que merecía.
Unas horas más tarde, el pequeño se encontraba con Sayuni decidiendo qué hacer.
- 6 años pasaron después de eso... y pues el resto de la historia ya la conoces... Inuyasha me entrenó y luego me abandonó y 53 años más tarde finalmente le encontré...
-Que historia tan triste... perdóname - dijo Ahome - no tenía idea de lo cruel que había sido.
-Gran parte de lo que te conté me lo platicó Inuyasha tiempo después... yo... realmente no pude ver mucho... puesto que mi madre me había lanzado al túnel... ni siquiera me pude despedir de ella... y eso me torturó durante muchos años...
-¿Cómo es que... teniendo este pasado...? Ahora entiendo por qué Inuyasha se comportaba así...
-No quería volver a encariñarse de nadie nunca... no sabíendo que le podría perder repentinamente... y que no podría hacer nada para salvarla... - Sayuni tomó las flores que Ahome había traido y las colocó al lado de las que ella misma había llevado el día anterior. - Muchas gracias, Ahome.
-¿Por qué? - Ahome observó a Sayuni desconcertada.
-Por haber estado con mi hermano todo este tiempo. - dijo esbozando una sonrisa. - Estoy segura de que has curado esas graves y terribles heridas... tan profundas... que le fueron causadas por esos aldeanos...
-¿Te refieres a mis medicinas?
-No Ahome... las heridas que dejaron marca en su ser no eran visibles... estaban clavadas en su corazón en lo más profundo de él, cuales flechas que mataron a nuestra madre... le iban matando poco a poco a él. Y tú te encargaste de sanarlas Ahome... gracias... de verdad.
Sayuni se puso de pie y se marchó del lugar, dejando a una Ahome sonrojada y desconcertada, con lágrimas en los ojos, observando la lápida de Izayoi.
-Pero yo... no he hecho nada... - Al instante siguiente, Ahome sintió unos brazos a su alrededor que con fuerza, pero delicadeza, le jalaron hacia atrás, haciéndola quedar recostada en el pecho de alguien.
-No Ahome... te equivocas... tu has hecho por mí mucho más de lo que yo merecería en toda mi existencia.
Inuyasha besó a Ahome delicadamente y al separarse de ella, notó las lágrimas de la chica.
-Pero no es necesario que llores Ahome - dijo Inuyasha con una sonrisa sincera en su rostro. Al verlo, Ahome recordó todo lo que Sayuni le había contado y comenzó a llorar abrazándose a él. - Ahome... ¿qué...?
-Lo lamento tanto, Inuyasha... - dijo al final la chica entre sollozos. - De verdad, lo siento... si pudiera... si pudiera retroceder el tiempo y cambiar tu pasado... yo... yo... - la chica no pudo continuar, pues Inuyasha le abrazó con fuerza en ese momento, recostando su cabeza en el hombro de ella.
-Eso quedó en el pasado... no importa Ahome... no es necesario que compartas mi dolor... suficiente daño te he hecho ya... no es necesario que sufras por mí - dijo suave y delicadamente, causando que Ahome se sintiera peor.
-Sí lo es... no entiendo... cómo... ¿cómo es que no me destazaste en cuanto tuviste oportunidad?... ¿por qué confiaste en mí si soy una humana?... una humana como los que mataron a tu madre... - Inuyasha tomó el mentón de Ahome con sus garras y la hizo mirarle a los ojos. Ahome se vio reflejada en las orbes doradas de su amado.
-¿Ves algo de odio hacia tí?... ¿Ves rencor?...
Ahome se sorprendió por lo dicho y observó que lo que decía Inuyasha era cierto... esa mirada no era la misma de antes... esa mirada transmitía mucha paz, calma... amor...
-La respuesta a tu pregunta es sencilla... porque me enamoré de tí... pese a que fueses una humana... me enamoré de tí. Y te sigo amando. Eres lo más valioso que tengo en esta vida, Ahome... por eso... ya no sufras, mi amor.
Ahome derramó unas pocas lágrimas y sonrió asintiendo. Inuyasha, en ese momento, la besó de nueva cuenta, lenta y delicadamente. Esa manera de besarse, les hacía sentir que no había ni tiempo, ni espacio a su alrededor. Solo estaban ellos dos...
Ellos... y nadie más...
¿Vieron que no hice nada malo? Bueno, pasemos a los reviews que nos fueron enviados :D
krazygirl140: Tienes toda la razón, Ahome e Inuyasha son lo más cercano que tiene Shippo como padres y al ver que ahora son padres de Kanna y Haku, es como que le cala un poco, porque no es él ¿me explico? es una especie de tristeza combinada con algo de celos, pero no en mal plan, mas bien depresión xD Hoy también vimos a Izayoi, espero que te haya gustado el episodio y gracias por el review :D
choky1995: Vaya, parece que esa es la única palabra que puedes escribirme xD no lo digo en mal plan, no malentiendas ¿eh? xD bueno aquí está ya la continuación, espero que te haya gustado :D
Y es todo por hoy, espero que les haya gustado el episodio :D saludos a todos, déjenme un review para saber si les está gustando la historia o no xD y que comenten al respecto xP
Hasta la próxima actualización :D
