Saludos chicos, este es el último capítulo de esta historia, espero que la hayan disfrutado mucho. Y también pido que me perdonen, pero en este caso no habrá un epilogo, ahora sí, esperen dentro de poco el primer capítulo de "Dualidad y sentimientos", si aún tienen alguna sugerencia o petición para esta historia déjenmela en los review, y recuerden que las reglas son simples, sin comentarios no hay capitulo nuevo. Ahora recuerden que estoy en la universidad y no tengo mucho tiempo libre para escribir, pero prometo que aprovechare lo que tenga para traerles los capítulos nuevos lo más pronto posible. Sin más que decir, lean disfruten y comenten.
Milagros
Rin estaba tan sorprendida que cuando le toco a ella recitar los votos no pensó realmente en lo que debía decir, solo repitió los mismos votos que había recitado el conde antes de ella de manera mecánica. No podía creerlo, ¿esto era real o era que se había desmayado por culpa de la inanición? La ceremonia trascurría con normalidad, ignorando completamente el desorden mental de la novia. Sesshomaru permanecía quietó y estoico como una piedra mientras sostenía las manos de su novia con dulzura y calidez, aunque Rin sintió que la apretaba ligeramente cuando el sacerdote llego a la parte de "que hable ahora o calle para siempre" ella también contuvo la respiración, pero contrario a sus temores ni su tío ni tía pronunciaron u na sola palabra, de hecho toda la sala quedo en silencio como si cada uno de los invitados se tensara a la expectativa. Pero nadie dijo nada.
Entonces vinieron las palabras que Rin nunca había pensado que oiría, al menos no con Sesshomaru junto a ella en un altar. "los declaro marido y mujer", los aplausos fueron ensordecedores. Pero ella apenas y se dio cuenta de ello, toda su atención estaba puesta en Sesshomaru, el calor de sus manos era real, su aroma era real, ¡y el hormigueo que le provocaba en su piel cuando la beso era más que real! Aquello no podía ser un sueño. La separación fue tan dolorosa como un puñetazo en el estómago, pero no podían seguir besándose o Sesshomaru estaba seguro que adelantaría la luna de miel a ese mismo instante y los clérigos los lincharían por blasfemos.
Salieron de la iglesia tomados de la mano, de hecho, el resto del día Sesshomaru apenas y se alejó de ella, casi parecía que estaban atados por los tobillos, incluso cuando llego la hora del banquete no la soltó un segundo, bueno, solo lo necesario para que ella comiera. Ni bien Rin tomo asiento en la mesa de banquetes, toda el hambre que había acumulado esos últimos meses despertó estrujando dolorosamente su estómago, sin duda estimulada por la variedad de olores y alimentos apetitosos. Aquel era un banquete de reyes, en todo lo largo y ancho de la palabra, había todo tipo de carnes, legumbres, quesos, embutidos, pan recién horneado, dorado y crujiente, el vino corría como si fluyera de un rio al igual que el agua miel, en fin, cualquier tipo de manjar imaginable estaba presente en las mesas.
Olvidando de los modales Rin se puso a comer de todo lo que había en la mesa, tomando la carne y el pan directamente con las manos y arrancándolos de cuajo con los dedos en lugar de cortarlos con un chuchillo; después de todo semanas enteras comiendo gachas y vinagre pasaban factura. Estaba dándole un mordisco nada elegante a un muslo de cordero cuando cayó en cuenta de que Sesshomaru la miraba atentamente. Trago duro, ¿pero que le pasaba? Sesshomaru era un noble impórtate, acababa de casarse con ella, y en lugar de comportarse como una dama estaba devorando todo lo que se le ponía enfrene como un lobo famélico. Vio que Sesshomaru se inclinaba para acercarse más a ella, estaba segura de que se desmayaría de la vergüenza, pero él solo le limpio una gota de salsa que sobresalía de la comisura de sus labios y luego le sirvió una rebanada de pan con pescado bañada en salsa de especias, sin saber que decir se limitó a seguir comiento, aunque esta vez intento vigilar sus modales en la mesa.
Después de la cena vino un gran baile, como en la noche de su compromiso desastroso, Sesshomaru llevo a rin a la pista de baile donde la hizo dar vueltas por todo el salón, aunque no era la primera vez que bailaban Rin no pudo evitar maravillarse de la fluidez y elegancia en los movimientos de Sesshomaru, y de que a pesar de que su capa prácticamente barría el piso no se tropezaba con ella en ningún momento. Hablando de tropezar, no había visto ni pelo de sus tíos desde la ceremonia, tampoco a su antiguo prometido ni de su asqueroso padre; no que se quejara al respecto.
Para cuando las campanas de la iglesia dieron la media noche Rin sentía que en vez de pies tenía dos bloques de piedra y sus parpados le pesaban tanto que se preguntaba cómo es que podía levantarlos al despertarse cada mañana. Nuevamente Sesshomaru se hizo cargo de la situación, envolvió uno de sus brazos alrededor de los hombros de Rin y la guio fuera del salón de baile, directo a las habitaciones principales, a su paso los invitados se apartaban respetuosamente. Mientras algunos de ellos mostraban sonrisas genuinas y algunas picaras, mientras que muchas otras mostraban envidia y celos, la mayoría por parte de las damas y aristócratas casaderas invitadas. Pero ni Rin ni Sesshomaru les dieron la menor importancia.
Una vez llegaron a sus aposentos Rin no pudo aguantar más y se desplomo en la silla más cercana, tenía el cuerpo completamente agarrotado, las joyas y el vestido le pesaban demaciado, sin decir una palabra Sesshomaru se colocó detrás de ella y comenzó a destrenzar las flores de su cabello, cada movimiento de sus manos en su cabello era como un bálsamo relajante para la joven, pero al tempo que su cuerpo se relajó todos los sentimientos que había guardado en su interior afloraron como lava del cráter de un volcán.
- ¿porque? – pregunto con voz casi apagada por el cansancio, peor no iba a dormirse aún, no hasta aclarar toda esa situación.
- si las dejo más sobre tu cabello podrías quedarte calva – Rin hubiese brincado de la sorpresa a causa de la broma de su nuevo marido, pero con todo lo ocurrido en ese día dudaba que pudiera volver a sorprenderse en su vida.
- sabe a lo que me refiero – se quejó ella, pero aunque quería pararse y encararlo no se movió de la silla.
- ya habíamos discutido esto, Rin – murmuro Sesshomaru con tono serio sin dejar su labor con el cabello de la joven.
- te quería como mi esposa, y cuando yo quiero algo lo obtengo – exclamo terminando de soltar el largo cabello negro de Rin sobre sus hombros, estaba por desatarle la gargantilla del cuello cuando noto que ella temblaba y apretaba fuertemente las agarraderas de la silla.
- no lo entiendo, ¿entonces porque dejaste que me llevaran en primer lugar? ¿Y porque no fuiste por mí? - pregunto gruñendo ligeramente. Estaba sumamente molesta, todo lo que había sufrido y el tan campante…
- ¿crees que disfrute sabiendo que esos parásitos te llevaban de mi lado? La única vez que me sentí así un mercenario casi me corto por la mitad - gruño Sesshomaru desabrochándole la gargantilla.
- ¡Y AUN ASÍ LO PERMITISTE! Confiaba en que me protegerías y dejaste que ellos me llevaran ¡¿TIENES IDEA DE LO QUE LE HICIERON A MIS PADRES?! ¡¿DE LO QUE HABIAN PLANEADO HACERME A MI?! – Rin se levantó tan rápido que la silla en la que estaba sentada se estrelló contra el piso con un sonoro golpe, pero Sesshomaru no se inmuto en lo absoluto, solo la observo en silencio.
- Rin, cálmate y escucha – le dijo con clama cuando el silencio se prolongó, pero eso fue un detonante, el rostro de la novio se volvió tan rojo como la tela de su vestido y se le hecho enzima con intenciones de golpearlo, o al menos lo intento, pues Sesshomaru era mucho más alto que ella, y además su cuerpo aún estaba debilitado por las semanas de ayuno y también por todo el ajetreo de la fiesta.
- ¡NO! ¡Ya no quiero escuchar, no quiero más promesas vacías! – siguió dando golpes débiles al pecho del conde hasta que su fuerza se agotó y su furia se convirtió en lágrimas.
- estoy cansada… - murmuro con la voz cortada por el llanto, los brazos de su marido la rodearon con suavidad, dándole calor.
- entonces duerme, yo velare tu sueño – le indico con dulzura levantándola entre sus brazos, pero en su interior la rabia le revolvía las entrañas, no era la primera vez que llevaba a Rin en brazos, pero esta vez la noto demasiado delegada, demasiado ligera, incluso podía sentir sus huesos. - no quiero dormir – se quejó Rin aferrándose a su cuello cuando intento dejarla en la cama.
- debes descansar, y recuperar tus fuerzas – le indico depositándola en el lecho, aunque le costo un poco de trabajo lograr que lo soltara.
- no, no quiero, ¿Cómo sé que esto es real y no un sueño del cual voy a despertar para encontrarme nuevamente en ese feo cuarto con esa apestosa cadena en mi tobillo – murmuro ella aun con lágrimas desbordando de sus ojos. El ceño de Sesshomaru se frunció con más fuerza que nunca.
- ¿te tenia encadenada? – preguntó en voz baja.
- si – asintió Rin, abrazándose a sí misma.
- ¿te hicieron algo más? – pregunto Sesshomaru seriamente.
- ¿acaso importa? – se quejó la muchacha, pero el conde no cejo.
- me tenían solo a gachas y vinagre para comer, y eso solo una vez al día como mucho – explico sintiéndose amargada. Bueno no era del todo una sorpresa, ya se había imaginado que llevaba tiempo sin comer decentemente al verla devorar con desesperación en el banquete solo unas horas antes, pero no creyó que fuera a tanto.
- ¿no lo sabias? - pregunto Rin girándose a verlo, estaba hecha una bolita y dándole la espalda. Sesshomaru suspiro y se sentó a su lado.
- no… si lo hubiese sabido habría ido por ti mucho antes - confeso molesto, tanto con el barón como consigo mismo, se había confiado, había creído que Naraku no lastimaría a Rin, pero evidentemente se equivocó.
- no debiste dejar que me llevaran entonces - volvió a reclamar la dama girando la cabeza para no verlo.
- ellos eran tus tutores, ante la ley podían decidir todo sobre ti, haberme opuesto abiertamente a ello habría sido contra producente para ambos, incluso el príncipe tendría que haberse puesto de su lado, por muy fuerte que sea mi influencia en la corte – explico de la manera más sencilla que pudo.
- entonces estoy condenada – murmuro Rin deprimida, ¿Cómo se había olvidado de eso? Una mujer pertenecía a su padre o a sus familiares varones para hacer lo que quisieran con su vida.
- no – negó Sesshomaru tomándole de la mano, los ojos color avellana de Rin se enfrentaron directamente con el oro de su mirada.
- eres mi esposa ahora, yo voy a protegerte – los ojos de Rin se volvieron a llenar de lágrimas.
- pero… mis tíos, ellos están locos, no se detendrán hasta conseguir lo que desean – Sesshomaru se recostó junto a ella y la envolvió en sus brazos.
- ya no podrán hacerte daño, me he ocupado de ellos – aseguro acariciando cariñosamente la espalda femenina.
- ¿los mataste? – pregunto Rin con la mejilla recargada contra su pecho, aunque no sonaba tan asustada como desearía, pero era difícil para ella no alegrarse de cierto modo por liberarse del yugo de sus perversos familiares.
- no – negó Sesshomaru aunque ahora ganas no le faltaban.
- me he ocupado que paguen, por todos sus crímenes – explico el conde, pero Rin seguía sin comprender.
Un par de semanas antes…
Saker estaba en el suelo lloriqueando y cantando como un canario todo lo que sabía. Como lo habían contratado para un trabajo sencillo, solo acabar con un noble y su familia que viajaban sin escolta desde París hasta Colonia. No fueron difíciles de acabar, pero la hija había escapado dándole un pisotón a uno de los hombres que la reunían y había conseguido esconderse en el bosque. De ahí la había perdido de vista, pero no se molestaron en seguirla, era bien sabido que ese bosque en particular estaba infestado de lobos, y en esa época, cuando la comida escaseaba a acuosa del invierno, eran mucho más peligrosos; así que la dieron por muerta.
- eso es todo… - murmuro asustado el mercenario, Sesshomaru lo vio desde arriba como si fuese una cucaracha.
- ¿Quién te contrato? – volvió preguntar, el mercenario lo miro con su único ojo sano.
- ya lo sabes, ¿por eso me seguiste no? –escupió el desagradable hombre. Pero se cayó cuando la espada del noble presiono peligrosamente contra su yugular.
- responde – ordeno empujando un poco más el filo contra la mugrosa piel de su prisionero, el menor momento haría que se desangrara.
- Naraku, Naraku Kumo – contesto rápidamente.
- ¿Cómo te pago? es bien sabido que fue desheredado hace 9 años por el antiguo barón – gruño Sesshomaru, él había conocido al barón Onigumo, el abuelo de Rin cuando era un niño, era un buen hombre y sabio, pero al parecer demasiado benevolente.
-Con el cargamento, todas las mercancías que llevaba el carruaje, no había vivido tan bien en años - se burló Saker, pero Sesshomaru apenas y frunció un poco el ceño. Ya había confirmado sus primeras sospechas, ahora debía poner en marcha el resto de su plan.
- lárgate de mí vista, y si eres listo no volverás a pisar este principado el resto de tu miserable vida – murmuro despectivamente al mercenario, bajo su espada y comenzó a alejarse.
- creo que mejor voy a corregir un error que cometí hace años – sonrió Saker, él había intentado matar a Sesshomaru, cuando era poco más que un niño de diez años por encargo de una familia rival de los Taisho, creía haberlo logrado al golpearlo con su espada, pero no pensaba cometer el mismo error otra vez.
Tomo una daga de su cinturón y con un grito de guerra se dispuso a embestir al noble; pero Sesshomaru lo vio venir, se hizo a un lado en el último segundo justo cuando el mercenario paso por su lado le golpeó la cabeza con la empuñadura de su espada. El criminal cayó al suelo con un ruido fuerte. Sesshomaru apretó ligeramente la empuñadura de su espada, ¿debería matarlo? Se preguntó, había esperado por eso mucho tiempo pero… volvió a envainar su espada y se acomodó la capa, dejaría que los guardias se encargaran de él, no valía la pena que se manchara las manos con semejante basura.
- sabia que no fue un ataque al azar, esos bandidos sabían demaciados detalles – murmuro Rin cuando Sesshomaru termino su explicación.
- exactamente – concordó Sesshomaru, aun no se veian a los ojos, pero no habían dejado de abrazarse.
- pero… si Naraku nos quería muertos ¿Por qué fue a buscarme hace semanas? ¿Y porque me mantuvo viva todo este tiempo? – pregunto temblando, aunque Sesshomaru sabía que no tenía que ver con el frio los cubrió a ambos con una sábana.
- en su testamento tu abuelo dejo todos sus bienes a tu padre, y este a su vez te lo dejo a ti – Rin hipo al escuchar esas palabras.
- cuando nos comprometimos toda la aristocracia del principado supo que estabas viva, si te mataba de inmediato las sospechas caerías sobre él, y todo su esfuerzo seria en vano, pero si te casabas con otro noble, tu fortuna pasaría a manos de tu marido y su familia – continuo explicando Sesshomaru.
- así que en cuanto me casara con el hijo del marques Akabo nos mataría a ambos y así se quedaría con dos herencias – la sola idea la hizo querer llorar de miedo, su tío realmente estaba loco.
- ¿Cómo lo convenciste de entregarte mi mano a ti en lugar de a Hakudoshi? – aun le asaltaba esa duda, si su tío estaba tan desesperado por matarla jamás hubiese aceptado que ella se casara con Sesshomaru, y no creía en los lapsus bondadosos de la gente mala.
- ¿eso? Fue la parte fácil – sonrió Sesshomaru.
El día anterior
Naraku se encontraba en su sala privada bebiendo una copa de licor rojo y brillante, estaba refulgente de alegría. Todo había salido como la seda en su plan, bueno casi, aún faltaba el paso final y más importante, después podría dejar ese principado y viajar a potras provincias para hacer buen uso de su casi nueva fortuna. Estaba por dar otro sorbo cuando escucho golpes en la puerta principal de la mansión, primero se extrañó, era pasada la media noche ¿Quién querría venir a esas horas? Encogiéndose de hombros lo ignoro, que sus criados se encargaran de eso. Acababa de recostarse en el sillón frente a la chimenea solo un instante antes de que la puerta del estudio con un sonoro estruendo. Dejando ver una sombra parada en el umbral.
-¡¿pero qué demonio…?! – pregunto alarmado poniéndose de pie, y buscando algo con que defenderse.
- ¿le parece que esa es la forma de recibir a un visitante, barón? – una sonrisa peligrosa brillo entre las sobras antes de que el extraño diera un paso más cerca de la luz de la chimenea.
- ¡Lord Sesshomaru! – exclamo espantado el barón, ¿Qué hacía ahí el conde Taisho?
- ¿puedo saber a qué se debe su, inusual visita? – pregunto Naraku luego de que consiguió calmarse un poco.
- vengo a pedir la mano de su sobrina – dijo Sesshomaru sin rodeos. Naraku parpadeo un par de veces sorprendido, y luego sonrió.
- ¿está bromeando cierto? – pregunto intentando reírse, pero el conde no se movió.
- es imposible, ya se lo dije hace semanas, Rin ya está comprometida – negó de inmediato, ¿Por qué tenía que aparecer? ¿Porque ahora?
- ¿esta insinuando que un marques en desgracia es mejor partido que yo por la mano de su sobrina? – le pregunto Sesshomaru retador, el barón se mordió los labios, era una pregunta con trampa, si decía que si sería una afrenta directa contra el noble más poderosos de Colonia, pero si decía que si…
- ¿Por qué su repentino interés en matrimoniarse con mi sobrina? Un noble de su alcurnia podría aspirar a damas de mayor categoría, ¿o acaso paso algo más entre ella y usted mientras estuvo en su casa? – la insinuación de Naraku casi hizo reír a Sesshomaru. Bien, el tenia eso contemplado a futuro, pero también le demostraba que Naraku tenía miedo de él, bien, porque hacia las cosas más fáciles.
- no, pero tengo una oferta para usted, una que no podrá rechazar si es listo – murmuro llamando completamente la atención del barón.
- ¿Qué hiciste qué? – pregunto Rin sin poder creer lo que escuchaba.
- le ofrecí un trato, yo financiaba todos sus negocios y el aceptaba darme tu mano – repitió Sesshomaru, Rin alzo la vista completamente anonadada.
- eres idiota, ¡él va a traicionarte! – grito horrorizada, le conmovía se Sesshomaru se hubiese arriesgado tanto por ella, pero también sabía que su tío les arruinaría la vida y seguro que intentaría matarlos otra vez.
- no podrá, en cuanto firmo que aceptaba nuestro matrimonio lo mande nuestro trato al demonio; entregue un listado de sus crímenes al príncipe de Luxemburgo junto con una muy buena cantidad de pruebas, será un milagro si consigue trabajo de estercolero – Rin no supo que pensar, estaba completamente en shock por la sorpresa.
- ¿hiciste todo eso….Por mí? – pregunto con un nudo en la garganta.
- iría al mismísimo infierno por ti, te amo Rin – ni bien esas palabras dejaros su boca decenio hasta que sus labios apresaron los de su mujer, y poco a poco fueron evolucionando. Esa noche seria el principio de una larga vida llena de felicidad.
Pero esta felicidad se vio prontamente destrozada. Solo un par de años después de la boda una epidemia de peste bubónica asoló la ciudad. Los habitantes caían muertos como moscas en medio de las calles, los pobladores más pudientes comenzaron a huir en oleadas masivas, muchas veces llevándose solo la ropa que traían puesta y aquellos que no podían salir de Colonia esperaban resignados la muerte, dedicándose todo el día a cargar y enterrar cadáveres. Incluso las familias más poderosas se vieron presas de la horrible enfermedad, especialmente las mujeres, los niños y los ancianos. Tan pronto como las noticias llegaron a sus oídos, el conde mando a que todos sus sirvientes y criados se recluyeran en la mansión y no se acercaran en absoluto a la ciudad, eso también incluyo as u esposa, y a él mismo, temerosos de que el mínimo contacto pudiera contagiarlos de aquella enfermedad. Al menos mientras preparaba su propia huida a sus propiedades campestres donde se estimaba no había llegado aún la enfermedad.
Una noche la condesa despertó presa de una alta fiebre, que le ocasionaban fuertes escalofríos y dolorosos espasmos, estuvo en vela hasta el amanecer, y aun entonces el malestar no cedió, solo empeoro, todo su cuerpo le dolía, sentía que su cabeza podría estallar en cualquier momento, ni siquiera fue capaz de levantarse de la cama. Preocupado por la salud de su mujer el conde pidió a las criadas más viejas e incluso a los caballerangos que tuvieran el más mínimo conocimiento en herbolaria, pero nada pudieron hacer por su señora. A pesar de todas las precauciones tomadas por Sesshomaru, Rin se había contagiado de la peste.
Desesperado mando a llamar a los mejores médicos y curanderos de la región, pero la salud de su esposa disminuía cada día, llego al punto que estaba tan débil que no podía levantar la cabeza para beber un poco de agua. Ignorando completamente las advertencias delos médicos Sesshomaru permaneció todo el tiempo que pudo al lado de su mujer, atendiéndola de primera mano y cumpliendo hasta la más mínima e insignificante de sus peticiones. Más sus cuidados fueron inútiles, y pocos días después de contraer la enfermedad la joven condesa murió en los brazos de su marido.
Por las circunstancias, no se podía ni pensar en un entierro solemne, ni hablar de un velorio digno; así que Sesshomaru se vio forzado a enterrar al momento a su mujer en el cementerio de los Santos Apóstoles. Sin embargo, para honrar de alguna manera a la difunta, quiso que sus joyas fuesen enterradas con ella, además mando a que le pusieran el mejor de sus vestidos, uno hecho de seda blanca con bordados de plata y diamantes, de tal manera que, cuando la colocaron en el féretro parecía un ángel dormido en una cama de oro y piedras preciosas. Como ultima despedida le puso él mismo la gargantilla de oro y rubíes, aquel primer regalo que le había dado, y aun así, sentía que todos sus obsequios eran nada comparado con toda la felicidad que ella le había dado.
Pero esto fue advertido por un matrimonio de enterradores, unos que conocían a la difunta muy bien, verla muerta dio un regocijo a sus negros corazones, además de que la visión de tan rico tesoro depositado en el féretro hizo brillar sus ojos rojos como la sangre. Así, tentados por la codicia y la sed de venganza, Naraku y Kagura abrieron la fosa, bajo el abrigo de la noche sin luna, para robar las ricas alhajas. Pues desde que Sesshomaru les había fastidiado los negocios habían caído en desgracia tan rápido que antes de que se cumpliera el primer mes de matrimonio de su sobrina, se vieron en la calle, sin un centavo y con sus propiedades y bienes confiscados por los banqueros y la iglesia.
Ya llevaban cogidas varias de las joyas, cuando Kagura vio la perfecta gargantilla en el cuello de Rin, sonriendo como una bruja la antigua baronesa se dispuso a arrancarla directamente de su cuello, pero ni bien sus dedos enflaquecidos y negros de tierra rozaron el borde dorado de la joya, la dama, que en realidad no había muerto, sino que solamente había sufrido un letargo, volvió en sí y sujeto la muñeca de su tía, impidiendo así que le quitaran su más preciada joya. Espantados, sus tíos huyeron internándose en el bosque dando gritos de terror, donde nadie más los volvió a ver nunca. Aun atontada por el letargo, Rin se levantó de su tumba, y a pasos de borracho salió del cementerio y se dirigió a su casa.
Cuando llegó a la puerta, golpeó varias veces. Acudió el viejo Jaken gruñendo y refunfuñando contra quién fuera el que llamaba a tan intempestivas horas. Especialmente ese día, toda la mansión estaba de luto por la muerte de Rin, todos los sirvientes le habían llorado por horas, e incluso su señor estaba profundamente deprimido. Cuando oyó la voz de su señora, que decía: "Soy yo", tembló de espanto y fue a decirlo al conde de inmediato.
Encerrado en su despacho, Sesshomaru hacia girar licor en una copa de cristal, sin interesarse realmente en beber. No creía que el licor pudiese ayudarlo, no con esta cantidad de dolor. A sus pies Ah y Un permanecían hechos una bolita temblando y lamiéndose las patas como si estuviesen heridos, incluso ellos estaban tristes, tanto así que cuando enterraron a Rin los gatos comenzaron a escarbar la tierra, entre seis criados tuvieron que agarrarlos y llevarlos de vuelta a la mansión bien sujetos, pues ni bien los levantaron de la tumba se pusieron a morder y arañar como si tuvieran la rabia. Dejo la copa a un lado, ni siquiera se sentía capaz de emborracharse para olvidar sus penas, ¿Cómo se supone que continuaría con su vida?
- ¡amo Sesshomaru! ¡Amo Sesshomaru! – escucho gritar la voz rasposa de Jaken mientras golpeaba frenéticamente la puerta, eso lo hizo apretar la copa con fuerza ¿Qué quería ese viejo sapo ahora?
- ¿Qué quieres Jaken? – pregunto enfadado tomando de nuevo la copa y dándole un sorbo al licor que le supo a hiel, el viejo mayordomo cruzo la puerta con una cara de susto tal que por un segundo el conde estuvo seguro de que sus ojos saltarían fuera de su cara y rebotarían por todo el salón.
- ¡a-amo! ¡Estaba yo en la puerta! ¡Y vi… oí… fantasma… muerto…! ¡AH!- comenzó a balbucear Jaken mientras dañaba brincos a causa del miedo y la excitación.
- habla bien o lárgate ¿Qué no vez que quiero estar solo? – le gruño sujetando peligrosamente la copa, el mayordomo se calmó comprendiendo que esa iba dirigida a su cabeza si no se aclaraba pronto.
- amo va a creer que estoy loco, pero se lo juro ¡acabo de oír a la señora Rin en la puerta! – la mirada se Sesshomaru se disparó desde las llamas de la chimenea hasta el rostro de su mayordomo.
- ¿Qué cosa estas diciendo? – pregunto sorprendido.
- ¡que la señora Rin está en la puerta! ¡HA RESUSITADO DE ENTRE LOS MUERTOS! – la copa de Sesshomaru se quebró entre sus dedos, furico por semejante burla se levantó de sus silla y pesco al viejo mayordomo por el cuello de la ropa, alzándolo en vilo hasta que sus ojos quedaron a la misma altura.
- Óyeme muy bien Jaken. Tan imposible es que mi mujer haya resucitado ¡COMO QUE MIS CABALLOS SUBAN A LA BUHARDILLA! –contesto furioso, pero apenas hubo pronunciado estas palabras, se oyó un estrépito terrible y vio asombrado que sus caballos, saliendo de las cuadras, penetraban en la casa y subían a la buhardilla como perseguidos por el propio diablo.
Entonces el caballero, dominando su espanto, corrió a la puerta, y la abrió de golpe. No pudo dar crédito a sus ojos, ahí, justo frente a él encontró a su mujer, pálida, y cubierta de tierra, pero viva. La abrazó fuertemente contra su pecho, pero pronto sintió que ella doblaba las rodillas, de inmediato grito una orden de que le prepararan un baño y una habitación, el mismo la llevo en brazos para que no tuviera que caminar. Durante las siguientes semanas Rin recibió los mayores cuidados. Gracias a ellos tomó fuerzas y vivió durante muchos años en compañía de su marido y sus muchos hijos y nietos.
Si alguna vez tiene la oportunidad de ir a Colonia, busquen una torre blanca con tres caballos en una buhardilla. Recuerdo eterno de la leyenda de "La Resusitada".
Fin
"Sesshomaru se dio la vuelta en su colchón completamente enfurruñado, pero que pésima suerte tenia. Como si no tuviese ya bastante von el nuevo proyecto de la empresa y tener que lidiar con las presiones de su padre por conseguirle esposa, se le había ocurrido dormirse con el pelo mojado y ahora estaba postrado en la cama con un demonio de catarro a cuestas. Un estornudo lo hizo saltar provocándole un fuerte dolor de cabeza, gruño una maldición y tomo un pañuelo de papel de la encimera para limpiarse la nariz. Ojala los medicamentos le hicieran efecto de una vez para poder volver al trabajo, estaba intentando encontrar una posición cómoda para dormir cuando escucho un ruido odioso.
- hola Sesshomaru ¿cómo sigues? – la voz cantarina de su padre resonó por la habitación, quiso gruñir pero le dolía demasiado la garganta como para hacerlo en condiciones, ignorándolo se dio la vuelta hasta quedar se espaldas a él y enterró su rostro en la almohada.
- si no te conociera mejor diría que estas muy grave, pero solo estas más gruñón que de costumbre – escucho reír al viejo, que fastidio.
- ¿Qué desea ahora padre? – pregunto en tono osco, ojalá se fuera y lo dejara en paz.
- ¿no puedo venir a ver como esta mi hijo mayor enfermo? - Pregunto Inuno con tono infantil, Sesshomaru apenas se giró un milímetro para lanzarle una mirada asesina antes de subirse la cabeza con el cobertor.
- tan grosero como siempre, en fin, solo venía a ver que estabas bien, pero es día laborar y por mucho que quisiera quedarme debo volver a la oficina – suspiro Inuno, Sesshomaru sonrió bajo la cobija, bien, volvería a tener paz y tranquilidad. Estaba volviendo a su posición favorita para dormir pero escucho la voz de su padre desde la sala.
- por cierto, traje a alguien para que se ocupe de ti el día de hoy, así que no dudes en pedir cualquier cosa que necesites - frunció el ceño levemente, ¿su padre había hecho qué? Estaba pensando en cómo deshacerse de esa persona cuando tocaron la puerta.
- señor Sesshomaru ¿esta vestido? ¿Puedo pasar? – se levantó de la cama de golpe, esa voz… ¡no podía ser!
- ¿Rin? – pregunto al mismo tiempo que una adorable carita se asomaba tímidamente por la puerta.
- soy yo señor Sesshomaru ¿Cómo se siente? – pregunto Rin con modestia, la puerta se abrió y Sesshomaru pudo verla de cuerpo completo, iba vestida como enfermera, "voy a matar a mi padre" pensó tragando saliva, maldición, se veía completamente adorable.
Una hora después…
- vamos señor Sesshomaru, si no se toma su medicina no podrá recuperarse –repitió Rin por cuarta vez sin éxito, su paciente se negaba a tomar la pastilla que le había recetado el médico para antes de la comida.
- no la quiero – se quejó nuevamente Sesshomaru, él no era de los que se atiborraban de medicinas, normalmente le bastaba una aspirina y un par de horas de sueño para reponerse.
- vamos, abra la boquita, si sabe mal puede pasársela con jugo de frutas – volvió a probar Rin.
- No – gruño su "paciente" apretando los labios cuando ella acerco la pastilla, su enfermera hizo una mueca de fastidio que resulto demasiado adorable como para ser saludable, para él al menos.
- pero que terco es usted – murmuro Rin molesta, no era la primera vez que jugaba a la enfermera, pero nunca antes le había tocado un paciente tan difícil, incluso Shippo y Souten eran más manejables "bien, si se quiere comportar como un infante…" pensó.
- Vamos señor Sesshomaru, si se toma la pastilla como niño bueno, Rin le traerá un pedazo de pastel de fresa - le hablo como solía hablarle a los pequeños de la aldea. Sesshomaru frunció el ceño y apretó los labios, ¿Qué estaba intentando ahora esa niña? ¿Y cómo se atrevía a hablarle de esa manera tan irrespetuosa? Eso no se lo permitía ni a su madre.
- y además le daré una caja de bombones para cuando despierte de la siesta – volvió a intentar sobornarlo como si fuese un niño. Definitivamente iba a matar a su padre… "
