Hola a todas chicas, ¿Cómo están? Yo acá trayéndoles un nuevo capítulo. Son tiempos difíciles por los que atraviesan Bella y Edward.
Espero ansiosa sus comentarios, nos leemos pronto
La pesadilla continua
''Capítulo Beteado por Beta FFTH Lupita''
Pov Bella.
Los días pasaban y yo permanecía en esa impersonal habitación. Me negaba a comer, me negaba a hablar, no podía dormir. Cada vez que lo intentaba, las pesadillas me atormentaban. Cuando cerraba los ojos, las imágenes de la peor pesadilla que me había tocado vivir, me abrumaban. Y después de que el sueño me ganaba la batalla, y las pesadillas eran inevitables, los gritos alertaban a mis padres. Podía ver en ellos el sufrimiento que causaba mi situación, pero estaba devastada, no sabía cómo actuar, cómo asumir tanto dolor.
Nadie le enseña a una madre como superar la muerte de un hijo. Yo estuve cerca de experimentar eso con Mía, pero mi pequeña era una guerrera que se aferro a la vida. Éste bebé no tuvo siquiera esa oportunidad, no tenía un nombre, no tenía donde llorarle, no había nada en este mundo que marcara el pequeño tiempo que estuvo con nosotros. Mi vientre apenas había crecido, un día antes de que pasara todo, él había tomado una foto. Queríamos construir un pequeño álbum donde plasmáramos la alegría que teníamos.
Desde la primera página, habíamos colocado la copia de los análisis que confirmaban el embarazo. Luego de eso, Edward, religiosamente tomaba todos los meses una fotografía a mi vientre. La última fue cuando nuestro bebito se hizo notar. Una sola vez lo había sentido. Una sola vez había podido sentir como la vida de mi hijo me acariciaba por dentro y todo eso en un abrir y cerrar de ojos había desaparecido.
Alice venía a visitarme a diario. Pero yo no quería hablar con ella… no podía.
Rose y Nessi también vinieron. De ésta última me sorprendí al escuchar sus palabras:
— Bella, no puedo ni imaginar siquiera el dolor que puedes sentir a cada momento, pero quería darte las gracias por —ante todo— preservar la vida de los niños… gracias por salvar a Tony. Hubiera muerto si algo le sucedía…
Y ahí estaba la clave de todo: yo había muerto en vida junto a mi bebé.
Los intentos por parte de mis padres para que cambiara mi actitud eran cada vez más desesperados.
Probaron con pasarme una llamada de Edward, que lo único que logró fue hacerme llorar como una condenada.
Esme y Carlisle intentaron que hablara con ellos, sin lograrlo. Luego llamaron a una psicóloga que vino todos los días durante más de una semana.
— Isabella: necesitas volver a comunicarte. Sé que viviste una situación traumática, que tuviste una pérdida enorme, pero eso no significa que tengas que dejar de vivir. Tienes tres hijos que necesitan a su madre. Tres pequeños que no entienden que su mamá no los quiere ver y que su padre está postrado en una cama… son tres pequeños que necesitan respuestas que solo Edward y tú pueden darles.
No aguanté más. Salí de la casa corriendo y dando un sonoro portazo. ¿Qué se creía esa mujer? ¿Pensaba que iba a entender mi dolor? ¿Qué iba a darme una lección sobre lo que tenía que hacer?
Seguí corriendo sin saber a dónde ir, hasta que me di cuenta que llegué a la que era nuestra casa. Estaba completamente vacía, era solo el cascaron de lo que en algún momento fue el hogar de una familia feliz. Ahora se encontraba vacío, desolado, y abandonado como mi vientre.
Busqué la llave que teníamos para emergencias y entré. De inmediato subí a nuestra recamara y allí vi una gran caja verde donde juntábamos las cosas que eran para nuestro hijito.
La abrí y encontré el álbum, la primer ecografía, unos dibujos que hizo Vicky para su hermanito., los escarpines blancos y la diminuta ropita que habíamos comprado con Edward. Derramé mis lágrimas sobre ellos y de inmediato supe que necesitaba de alguna manera dejar un lugar donde pudiese llorar a ese angelito que me habían arrebatado.
Tomé la caja y la pala que a veces utilizaba en el jardín. Después de mucho tiempo, me subí a mi auto y manejé hasta nuestro prado.
Con mucho cuidado, empecé a cavar en el centro un pozo, cada palada de tierra que sacaba estaba teñida de impotencia, de coraje, de dolor. Cuando el hueco fue lo suficientemente grande como para albergar la caja, la metí ahí y con todo el pesar del mundo y con la tristeza infinita que me embargaba, enterré lo que quedaba de nuestro pequeño pedacito de cielo, de ese angelito que había bajado a la tierra solo para hacerme sonreír durante unos cuantos meses.
Con unas piedras bordeé la zona y me propuse buscar una linda lápida para dejar, aunque fuera de manera simbólica, marcada la tumba de mi hijo.
Sola volví a casa de mis padres, en absoluto silencio y con el corazón hecho trizas.
Charlie se asustó al verme entrar cubierta de tierra.
— Bella… hija, por dios ¡reacciona!
Yo solo le devolví una mirada ausente.
— Hija, no podemos seguir así. Llevas quince días sin pronunciar una sola palabra. Sin dejarnos saber que te sucede… que es lo que sientes.
Ya no aguantaba más, ya no toleraba que alguien más opinara sobre lo que estaba viviendo. ¿Qué reaccione, me pedían? ¿Cómo diablos iba a reaccionar con lo que había pasado?
Sin decir palabras, fui directo al baño y me di una ducha. Tal como lo hacía desde que salí del hospital, frotaba mi piel hasta dejarla roja, al menos el ardor de mi piel me distraía del dolor que llenaba mi alma.
Había partes de mi cuerpo que estaban completamente lastimadas. Mis pechos, la parte baja de mi abdomen, mis muslos, estaban al rojo vivo. Me puse mi piyama de franela y volví a la cama.
Al otro día desperté tarde. Por fin había dormido sin pesadillas. Quizás tener donde llorarle a mi bebé, me diera un poco de paz.
Los murmullos llegaron a mis oídos. Eran las voces de mis pequeños. No quería verlos aun. De pronto la puerta de mi cuarto se abrió y entró Vicky corriendo a verme y se tiro en mis brazos.
Grité. Grité como nunca lo había hecho. No podía soportar el contacto con nadie. No podía aguantar nada más.
Mía y Thommy me miraban asustados, podía ver la desesperación en sus caritas. Así como estaba, de un salto, salí de la cama, tomé mi abrigo y huí de casa, huí a mi prado, solo corrí al único lugar del mundo donde había podido encontrar un poquito de paz. Y ahí, en donde yacían los objetos que iban a pertenecer a mi bebé, me acosté a llorar.
Pov Edward
Habían pasado tres semanas desde el día que perdía a la feliz familia que formábamos. Tres semanas postrado en la cama del hospital, tres semanas en las que había visto como mi vida se derrumbó.
Pocos días antes, los médicos confirmaron que, tal como temíamos mi papá y yo, estaría paralítico. Desde entonces estuve con un equipo de fisioterapeutas que me enseñaron como movilizarme en estas condiciones. Tuve que aprender a depender nuevamente de alguien para todo, me sentía un niño en el cuerpo de un adulto. Necesitaba ayuda para ir al baño, para cambiarme, para bajarme de la cama. Era todo un inútil.
Al principio, no quería que los niños me vieran en estas condiciones, me aterraba saber cómo reaccionarían. Cómo reaccionaría Thomas al saber que no podría jugar más con el al futbol, o qué pensaría Vicky al decirle que no podría cargarla en mis hombros y llevarla como un avión por toda la casa. Y cómo le daría una explicación a Mía de todo lo que sucedía en nuestras vidas. En un principio fui un cobarde que no quería ni verlos. Pero cuando me enteré de todo lo que pasaba con Bella, me di cuenta de que nuestros hijos, más que nunca, me necesitaban fuerte. Necesitaban que al menos uno de nosotros se hiciera cargo de ellos, que les demostrara que los amábamos y que les prometiera que saldríamos adelante.
— Hola, papi — dijo la vocecita de Mía, desde la puerta de la habitación.
— Hola, princesa… ¿cómo estás?
— Estoy triste, papá.
— ¿Por qué, cielo? — cuestioné, alarmado.
— Ayer fuimos a ver a mami, pero ella no nos quiso ver. Vicky la abrazo y comenzó a gritar y se fue corriendo. No sabemos que pasó después. ¿Por qué ya no nos quiere? ¿Qué paso papá? — Sabía que tarde o temprano nos tocaría explicarle a los niños lo que nos había pasado, pero nunca pensé que sería tan pronto. Pero necesitaba que Mía supiese que su mamá estaba mal, que la habían dañado, quizás así pudiera entender que sus reacciones no eran en contra de ellos.
— Cariño, a mami y a mí nos pasó algo muy feo. El día que íbamos a ir al médico, Jane se quedó con ustedes y vino un señor malo que se los quería llevar. Mami, al enterarse de lo que querían hacer, los defendió y le propuso ir con ellos para que nada les suceda a ustedes.
— ¿Y qué pasó?
— Yo alcancé a ver el auto donde la llevaban y cuando Vicky me contó que se la habían llevado, los seguí. El auto paró en un galpón abandonado y yo intenté a toda costa defender a tu mami de ese hombre malo — hice mi mayor esfuerzo por no derrumbarme delante de mi pequeña. — Pero ellos me dispararon y luego ese hombre trató muy mal a mami, y la golpeó.
— ¿El bebé también se golpeó?
— Cariño, por esos golpes el bebé murió. Por eso mami está tan triste, además, yo no puedo estar con ella y cuidarla como debería.
— No estés triste, papi. No quiero que tú también nos trates como mami — dijo, entre lágrimas.
— Cielo: te prometo que yo no estaré igual que mamá… pero debemos darle tiempo para que mejore... pronto las cosas volverán a la normalidad. Te lo prometo.
— ¿Cuándo podremos ir a casa?
— Cuando los médicos nos dejen, podré volver con ustedes. Pero no sé si volveremos a casa, cariño. Tengo mi espalda lastimada y no podré volver a caminar — suspiré pesadamente. — Tendremos que estar un tiempo con los abuelos, hasta que pueda manejarme mejor.
Mía se abrazó a mi fuerte y lloró en mi pecho. Me dolía ver a mi niña así, pero no podía ocultar más las cosas, al igual que con ella tendría que hablar con Thommy y Vicky y explicarle la situación que atravesábamos.
— Shh, nena… pronto pasará todo esto y volveremos a ser la familia de antes — dije más para mí, que para ella.
¿Qué les pareció el capítulo?
