Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 9
Aquellas sensaciones de confusión y desorientación le eran familiares; sin embargo, el dolor y el cansancio eran elementos que normalmente no experimentaba. Aún sin recuperar la lucidez, Amadeus luchaba por averiguar dónde estaba y cómo llegó allí. Y dándose cuenta, rápidamente, de lo suave que era la superficie que la acogía, fue capaz de tener un breve y vago recuerdo.
Podía escuchar el sonido de la lluvia cayendo sobre ella, empapándola de pies a cabeza a su vez que se desplomaba contra el duro suelo. Esa era la evocación más clara que tenía, previamente a ese punto simplemente le era imposible hacer memoria. Y más adelante de éste, todo se volvía inconexo teniendo diminutos chispazos de sentires, ruidos y visiones.
Al fin te encontré…
Amadeus, Amadeus…
Reacciona, trata de mantenerte despierta…
Por un instante veía como alguien la arrastraba por el piso, simultáneamente a que escuchaba la voz distorsionada de éste hablándole. Luego de esto y por efímeros lapsos de tiempo, tuvo más vistazos de esa persona misteriosa que aparentemente le ayudaba. No obstante, sus lesiones combinándose con su agotamiento, la hicieron perder por completo el conocimiento.
Hasta ahora.
– ¿Dónde estoy?
Tratando de moverse, pese a sus dolencias, Amadeus se percató que tanto sus muñecas como sus tobillos se encontraban atados. Poseyendo un poco más de visibilidad, descubrió que aquel blando lugar donde reposaba se trataba de una cama. Esforzándose por levantar la mirada, Amadeus notó como todas sus heridas habían sido suturadas y vendadas.
Todavía no veía con claridad, aún así, fue observando lentamente sus alrededores percatándose que se hallaba en lo que parecía ser la habitación de un hotel. La decoración era muy escasa, sólo se observaban algunos muebles, una ventana a su derecha y una puerta frente a ella. Eso era todo. Nada le brindaba ni una pista de su ubicación ni de la identidad del individuo que la rescató.
– Maldita Amazon, es una entrometida.
Abriendo los ojos de golpe, Amadeus se escuchó a sí misma recordando un poco de lo sucedido horas antes. Y allí, el intercambio de disparos y golpes, fue reconstruyéndose en su mente recordando con más nitidez como Amazon arruinó su intento por liquidar al embajador del Oeste. Pero ya podría pensar en Amazon en el futuro, primero debía liberarse de sus ataduras.
Amadeus, empecinada por escapar de ahí, tiró con todas sus fuerzas empeñándose por deshacer los nudos de las cuerdas. Pero para su infortunio, sus esfuerzos resultaron inútiles. Maldiciendo mentalmente, Amadeus suspiró al hundirse en la almohada debajo de ella. Quizás su huida era inalcanzable, al fin llegó la hora para que pagara todas las muertes que ha causado.
En el fondo siempre supo que este momento llegaría.
Haber torturado y asesinado a tantos, era una deuda que tendría que pagar algún día.
– Hasta que por fin despertaste, Amadeus.
Tomándola por sorpresa, una voz femenina resonó proviniendo desde la entrada de la recámara. Amadeus, tercamente, haló por última vez de las sogas que la inmovilizaban obteniendo el mismo resultado. Escuchando los pasos de esa desconocida acercándose, Amadeus cerró los párpados preparándose para lo que sea que esa mujer intentara hacerle.
– Disculpa que haya tenido que amarrarte, pero no dejabas de moverte cuando curaba tus heridas, no me dejaste más opción.
Viéndola parada junto a ella, Amadeus distinguió la cabellera dorada de su captora mientras ésta aflojaba las correas liberándola poco a poco. Aquel peinado, corto y rubio, en un principio no tuvo ningún significado. A pesar de eso, y gradualmente, tal cabello le trajo desde lo más profundo de su subconsciente, un nombre que se quedó en la punta de su lengua esperando por ser pronunciado:
– ¿Amauri?
– ¡Me reconoces, qué bueno! –volteándose para sonreírle, Amauri siguió soltando sus ataduras.
– ¿Qué hago aquí, cómo llegué aquí?
– Tranquila Amadeus, tranquila–la rubia, apaciguándola, le afirmó–estás a salvo aquí, me aseguré que nadie nos siguiera.
– ¿Tú fuiste la que me trajo a este lugar?
– Claro, quién más–le respondió en el acto–te he estado buscando como una loca, y cuando escuché disparos cerca de la embajada del Oeste, supuse que se trataba de ti–le explicó–y así fue, eras tú como imaginé aunque no me esperaba encontrarte en tal mal estado.
– La estúpida de Amazon me interceptó, no sé cómo me halló pero peleamos–luchando por recordar, la pelinegra le alegó ganándose la atención de Amauri–esa desgraciada sigue siendo la maldita desquiciada de siempre…
– Y tú sigues siendo la misma que recordaba–terminando de liberarla, la rubia se sentó en la cama a su lado–despreocúpate de ella por ahora, como te dije me aseguré que nadie nos siguiera cuando te traje aquí.
– ¿Cómo fue que me encontraste? –todavía mareada y cansada, Amadeus le cuestionó tratando de obtener algunas respuestas–han pasado años desde la última vez que nos vimos, llegué a darte por muerta.
– Es una larga historia, pero te la contaré cuando te encuentres mejor–levantándose, Amauri se reclinó hacia ella–primero duerme un poco más, lo que pienso decirte quiero que lo escuches cuando estés completamente lúcida.
– ¿De qué hablas?
– Hazme caso, duérmete por unas horas, te lo explicaré todo, te lo prometo.
– Amauri…
– ¿Sí?
– Qué gusto volver a verte…
– Digo lo mismo, Amadeus–regalándole otra sonrisa, la rubia se acercó a la salida dispuesta a dejarla descansar–anda, descansa, tenemos mucho de qué hablar luego.
Oyendo como la puerta se cerraba, Amadeus por primera vez en muchísimo tiempo logró hacer algo que no hacía en una cama: dormirse. No sabía exactamente por qué, posiblemente era por la cantidad de sangre que perdió o por la fatiga que la abrumó. Aunque, fuese el motivo que fuese, al zambullirse en el reino onírico, Amadeus se vio a sí misma sana y salva en el margen de una playa.
Aquel sueño no era nuevo para ella, recurrentemente en el pasado lo había tenido ofreciéndole una visión utópica que difería con su verdadero presente. El comienzo era el mismo: se situaba parada en el borde del mar con sus pies descalzos hundidos en la cálida arena. El viendo, dándole un beso salado, le acariciaba el rostro entretanto jugueteaba con su pelo suelto y largo.
Sin embargo, esta vez Amadeus notó algunas diferencias. Al bajar su mirada pudo ver que llevaba puesto un vestido celeste, y en su mano izquierda sostenía el par de zapatillas que usaba. Al regresar su vista al inmenso océano ante ella, y por un fugaz instante, sintió la tentación de sumergirse en las frías aguas, llenando sus pulmones con aquel líquido acabando con su ser.
Pero aquella bella proyección, la incitaba a todo lo contrario, la incitaba a vivir. Y girando sobre sus talones, Amadeus empezó a caminar por la orilla dejando un incontable rastro de sus huellas por toda la costa. Sin la más mínima noción del tiempo, Amadeus caminó por lo que le pareció una eternidad todavía sin comprender la razón de estar allí.
Deteniéndose y volteando para apreciar el paisaje, Amadeus no encontró más que palmeras, gaviotas y kilómetros de litoral completamente desolado. Ni siquiera cuando se dejaba someter por la morfina, llegaba a tener alucinaciones como ésta. Quieta, sin entender lo que sucedía, Amadeus advirtió en la distancia una silueta traslúcida que se le acercaba con lentitud.
Teniendo una leve idea de qué o quién era, Amadeus reinició su caminata apretando la marcha sin quitarle los ojos de encima a esa borrosa sombra que se le aproximaba. Y tal y como lo sospechaba, aquella figura al tomar una forma más definida y sólida, tomó la apariencia de ella misma siendo una niña. Justamente igual a como la había visto en otras de sus pesadillas.
Aún así, Amadeus podía sentir un cambio con respecto a sus encuentros anteriores. La chiquilla, en un santiamén, dejó de serlo, adquiriendo un aspecto adulto que era casi idéntico al de ella. La asesina, por su parte, no le fue indiferente a su espectral acompañante. Y en contraste, se plantó frente a ella con un semblante retador y endurecido.
Aquel era un encuentro que buscada darse desde hacía mucho, pero que hasta ahora fue posible.
– Sé quién eres, eres yo…
Sin hablar, la otra simplemente negó con la cabeza. Dicha respuesta desconcertó a Amadeus, quién, pese a encontrarse en una dimensión ilusoria, poseía la suficiente conciencia como para razonar, deseado acabar con las recientes y recurrentes apariciones de esa otra versión suya. Tirando el calzado que sujetaba en una mano, Amadeus cerró la brecha entre ellas, encarándola.
– Yo soy tú y tú eres yo, lo sabes, aunque lo niegues.
Replicándole negativamente y en silencio, la otra le contestó.
– Bah, no seguiré hablándole a un producto de mi imaginación que es una copia de mí–viendo la actitud de su duplicado, Amadeus pretendía seguir caminando por la playa aunque fuese un sueño–hasta luego, nos vemos en otra pesadilla…
Amadeus se alejaba apresurada, cuando, deteniéndola sorpresivamente, la otra mujer le dirigió la palabra:
– Tú no eres yo, no lo eres–le dijo, obligándola a dar media vuelta para verla–y yo no soy ninguna copia, la copia eres tú…
– ¡Qué!
– No soy ninguna copia, lo sabes y también sabes mi nombre, mi nombres es…
– Videl…Videl…
– Oye, oye, despierta–Amauri, sacudiéndola con suavidad, se esforzaba por despertarla–vamos, despierta, despierta.
– ¿Qué? –sudorosa, respirando agitada, Amadeus giró su rostro a un costado para mirarla– ¿qué pasa?
– Eso te pregunto yo a ti–Amauri le indicó al examinarla con preocupación–de un momento a otro empezaste a decir Videl una y otra vez.
– ¿Videl?
– Sí, eso decías–la rubia le reiteró– ¿quién es Videl?
– Nadie, no es nadie…
– ¿Segura, te veías muy inquieta?
– Sí, sólo era un mal sueño…
– Está bien, te creo.
– ¿Qué hora es? –notando la potente luz del sol entrando por la ventana, Amadeus entrecerró sus ojos al estar éstos muy sensibles por la luminosidad que caía sobre ella.
– Son casi las ocho de la mañana, vine a ver cómo estabas cuando te encontré sacudiéndote en la cama.
– ¡Las ocho, pero cómo! –exclamó Amadeus–pero si hace un instante era de noche.
– Bueno, eso fue anoche, debiste estar tan cansada que te dormiste profundamente.
– No puede ser posible, recuerdo que hablamos hace poco.
– No te inquietes por algo sin importancia, lo que importa es que estás segura escondida aquí, cuando recobres la movilidad y puedas moverte mejor nos marcharemos.
– ¿Marcharnos, de qué hablas? –Amadeus, pese a no olvidar su experiencia con Videl, también se interesaba por conseguir respuestas aclarando sus dudas–no entiendo nada.
– Escúchame, te lo explicaré, pero por favor óyeme con mucha atención.
– Dime.
– Tengo un plan para terminar de una vez por todas con esta maldita vida, al fin seremos libres de hacer lo que queramos, será una segunda oportunidad para comenzar.
Amadeus, aún sin entender, le miraba con curiosidad.
– Ninguna de las dos nos enorgullecemos de lo que hemos hecho, hemos matado a sujetos que en el fondo se lo merecían, pero que igualmente no nos gustó tener que hacer ciertas cosas para eliminarlos–Amauri, deteniéndose un segundo, tomó aire y continuó–hice un trato con alguien de suma importancia, a cambio de evitar que asesinaras al embajador del Oeste, ella nos dará protección y una nueva vida.
– ¿Ella? –cuestionándole, Amadeus la interrumpió– ¿de quién hablas?
– De Bulma Briefs, de ella hablo.
– ¿Bulma Briefs? –Le masculló con intriga– ¿la presidenta del Oeste?
– Sí, ella me dio su palabra que nos ayudaría si te detenía antes que ejecutaras la orden que Red te dio.
– ¿Pero cómo sabes que él me ordenó eliminar al embajador del Oeste? –Amadeus volvió a interrogarla–se suponía que era una misión secreta, sólo Red, Black y yo estábamos enterados de esto.
– Créeme Amadeus, estoy enterada de eso y de mucho más, incluso, de cosas que no tienes ni idea.
– Todo esto me da dolor de cabeza…
Fracasó en su misión, despertó en un sitio desconocido, tuvo otra alucinación difícil de descifrar y ahora, para rematar, Amauri le hablaba de conspiraciones y planes secretos. No sabiendo si en realidad estaba despierta o si todavía dormía, Amadeus se mantuvo callada dejando que la rubia le explicara sus planes; no obstante, la pelinegra quería saberlo todo desde el comienzo.
– Creo que debí explicar otros detalles primero–Amauri, adivinando los pensamientos de su amiga, se prestó a narrarle sus intenciones desde su génesis–cuando Red separó el equipo y te eligió para que cumplieras sus órdenes, a Amazon, Arcadia y a mí nos enviaron a diferentes lugares, pero ya no éramos soldados del ejército, nos asignaron a tareas no relacionadas con el servicio militar activo.
– ¿Dónde estuviste todos estos años?
– Aunque no lo creas, me convertí en una especie de secretaria, me dieron un puesto administrativo en una base militar remota en la zona norte, se llamaba la Torre Músculo–recordando, Amauri le contó–en ese sitio están unas instalaciones dedicadas al espionaje del Oeste, se interceptaban transmisiones de radio, llamadas telefónicas y señales satelitales para suministrarle información de inteligencia a Red.
– Sé de qué sitio hablas, escuché mencionar esa base varias veces, de allí era donde Red obtenía datos sobre el Oeste.
– Sí, correcto–la rubia asintió–mi trabajo era redactar largos informes basándome en la información recolectada para enviársela a Red. Por varios años me quedé allí como una especie de oficinista, pero luego, me gané la confianza del oficial a cargo y me ascendió a un puesto de escucha; es decir, a oír las transmisiones que se captaban provenientes del Oeste.
Amauri, sentándose en un sofá a la diestra de Amadeus, se dispuso a seguir explicándole, a su vez, que se internaba en sus memorias recordando cuando, accidentalmente, se topó con lo que podría ser el inicio de un enfrentamiento armado a escala mundial. Y cuyo resultado, sin importar cuál de los dos bandos ganara, sería la ruina para la humanidad entera.
Durante las primeras horas de su turno nocturno no pasó nada extraordinario. De hecho, parecía una típica noche donde interceptaban llamadas telefónicas de políticos del Oeste y una que otra de la mismísima presidenta Briefs. Y Amauri, reclinada sobre el tablero de control de su estación, presionaba sus audífonos escuchando hasta el más mínimo ruido.
– Estaba registrando varias frecuencias buscando cualquier cosa, pero no encontraba nada sobresaliente hasta que…
Habiendo realizado tal trabajo por ya algunos meses, los oídos de Amauri se fueron haciendo susceptibles reconociendo de inmediato el sonido normal de la estática. Sin embargo, al escudriñar entre las ondas radiales, la rubia oyó un tipo de zumbido electrónico totalmente nuevo e inesperado. Actuando en el acto, Amauri se enfocó en sintonizar adecuadamente la señal.
– Era muy escurridiza, por algunos minutos llegué a perderla del todo–le comentó a una atenta Amadeus–desesperada, hice un rastreo por todas las frecuencias del dial hasta que logré sintonizarla de nuevo…
Luego de captar tantos mensajes en el pasado, Amauri ya conocía cuando uno de éstos era codificado e encriptado de tal modo que se sabía que era originario de la armada del Oeste. No obstante, esta transmisión no tenía las características usuales que normalmente detectaba. Por ello, intrigada por localizar su procedencia, la rubia se dedicó a rastrear su origen.
– La señal se debilitaba y me fue muy difícil localizar su punto de transmisión, aunque después de mucho intentarlo, pude obtener unas coordenadas aproximadas de su ubicación.
– ¿Y de dónde era la señal? –Amadeus, curiosa, le cuestionó.
– Yunzabit, la señal venía de Yunzabit.
Cuando sus instrumentos le indicaron dicha localización, Amauri dudó de tal cosa. Y creyendo que era un error, Amauri rastreó en dos ocasiones más esa emisión de radio quedando enmudecida por el resultado.
– ¿Yunzabit? –Amadeus la miró arqueando una ceja–eso no puede ser, Yunzabit es un sitio desolado y deshabitado, no hay nadie allí…
– Eso pensaba yo, pero al obtener la misma ubicación en tres oportunidades distintas me convencí, esa transmisión provenía de ahí…
– No es posible, eso simplemente no es posible.
– Pero las cosas no terminaron ahí–reanudando su relato, la rubia se ganó una mirada sorprendida de su amiga–repentinamente, la señal se aclaró y fui capaz de escuchar a dos hombres hablar…
– ¿Dos hombres hablando?
– Sí.
Amauri se esforzaba por mantener la señal sintonizada, cuando, sin que ella lo esperara, escuchó un par de voces que destacaron en el fondo de la estática:
– ¿Escuchaste eso?
– ¿Qué cosa?
– Hay un ruido en la línea–Amauri, concentrada en prestar atención, oyó como uno de los individuos le cuestionaba al otro– ¿estás seguro que la llamada no está siendo intervenida?
– Tranquilo, es una línea segura.
– Si esto es un intento para traicionarme…
– ¡Deja de ser tan paranoico, ya te dije que todo está bien!
– En ese momento la señal se cortó y no pude reestablecerla–la rubia, con frustración, le manifestó–pero lo que más me intrigó fue la voz de uno de esos hombres, esa voz la había escuchado muchas veces en el pasado, cuando estábamos las cuatro juntas…
– ¿La conocías? –Interrogándola, Amadeus le dijo provocando que Amauri asintiera– ¿a quién te refieres?
– A Black, era la voz de Black–la blonda le aseguró sin vacilación–era él, lo sé, esa voz no la olvidaría jamás, aunque, la segunda voz nunca la pude identificar.
– ¿Por qué Black hablaría con alguien que está en Yunzabit?
– Me pregunté exactamente lo mismo sin encontrar una respuesta, por eso, cada noche después de esa, traté por volver a sintonizar esa frecuencia pero no lo conseguí–comentándole, Amauri cruzó una de sus piernas por sobre la otra esbozando una sonrisa orgullosa–aunque, después de casi un mes de búsqueda, una noche volví a interceptar la señal y ahí escuché algo horrendo…
– Necesito que aceleres la producción, quiero esos misiles cuánto antes…
– Paciencia, no olvides que todo el trabajo lo hago yo solo, me lleva tiempo poder terminar la ojiva de un sólo misil…
– No me gusta que tardes tanto…
– Te aseguro que la espera valdrá la pena, cada uno de estos misiles tiene la potencia suficiente para desaparecer una gran ciudad del mapa…
– Cuando llegue la hora los usaré para desintegrar al Oeste, lo demás será fácil…
– Y en ese momento la señal volvió a desaparecer y nunca más la escuché de nuevo…
– ¿Misiles? –Amadeus, pestañeando varias veces, le indagó– ¿estás segura que oíste bien?
– Sí, completamente segura, podría meter las manos al fuego para probarlo–la rubia, poniéndose de pie, caminó por la habitación entretanto le hablaba–ahí fue cuando confirmé lo que pensaba, efectivamente era la voz de Black pero no logré reconocer al segundo sujeto.
– La parte de los misiles es la que no entiendo, qué planean Red y Black con esos misiles, ellos nunca me mencionaron nada acerca de algo así.
– Pienso que Red no está involucrado en esto, no puedo comprobarlo pero lo sospecho–Amauri le alegó con una seriedad muy inusual en ella–es más, creo que Red ni siquiera sabe nada de esto, podría ser algún plan que tiene Black a escondidas de él.
– Desintegrar al Oeste…–Amadeus susurró con preocupación– ¿sabes lo que eso significa?
– Sí, claro que me doy cuenta.
– ¿Le dijiste eso a Bulma Briefs cuando la viste?
– No, no le dije nada sobre esto, se lo escondí.
– ¿Por qué?
– Aprendí a no confiar en nadie, sólo en mí, por eso decidí guardarme esa carta en caso que Bulma nos traicionara, así podría chantajearla con contarle lo que escuché.
– ¿Desde hace cuánto estás enterada de esto, Amauri?
– Lo sé desde hace casi un mes.
– ¡Un mes! –alzando la voz, Amadeus le recriminó notoriamente enojada– ¿pero por qué tardaste tanto tiempo en hablar de esto?
– ¿Qué hubieras hecho tú si descubrieras algo así, dime? –Amauri, a la defensiva, le regresó la pregunta– ¿hubieses abierto la boca gritándole a todo el mundo lo que sabes?
Amadeus se disponía a responderle cuando la rubia se le adelantó:
– Si lo hubiera dicho en ese momento posiblemente ya estaría muerta, Black me habría asesinado por habladora–la rubia, replicándole airada, enmudeció a su amiga pelinegra–desde que me topé por primera vez con la señal me mantuve callada, la rastreé en secreto porque sentía una corazonada extraña, no sé cómo explicarlo pero sabía que esa señal podría ser el boleto de salida de esta maldita vida–bajando su tono, Amauri se giró a verla–por eso no dudé en no decir nada hasta que no hiciera algo antes…
– ¿Hacer algo antes? –La ojiazul la miró con confusión– ¿a qué te refieres?
– A buscarte a ti, buscarte–la señaló al hablarle–te conozco Amadeus, te conozco aunque lo niegues, sé que no deseas ser una asesina, nunca lo has querido, lo sé porque yo tampoco lo quise…
– Bueno, yo…
– ¿Has tenido pesadillas, las has tenido, no es así? –Dibujando una expresión seria, Amauri le preguntó– ¿has soñado contigo misma o mejor dicho, con tu otro yo?
– ¿Cómo lo sabes…?
– Lo sé porque a mí también me pasó–silenciando a Amadeus, Amauri le confesó–aquellas veces cuando lloraba y las demás se burlaban de mí era por eso, porque tenía pesadillas a causa de la culpa y el remordimiento. Por años me esforcé en alejarlas de mí, en olvidarlas, pero luego comprendí que huir no era la solución y por eso me acepté a mí misma, acepté que yo no soy Amauri, sino la que era cuando vivía con mis padres.
Amadeus, aún sin decir nada, se quedó inmóvil en la cama.
– Siempre sospeché que tú eras cómo yo, que odiabas lo que nos pasó por eso empecé a buscarte–le contó–aprovechando que me encontraba en la central de inteligencia, busqué toda la información que pude sobre ti y las otras dos. No me costó trabajo hallar la ubicación de Arcadia, pero contigo y Amazon me fue imposible hacerlo.
– ¿No pudiste encontrar a Amazon?
– Precisamente–reafirmó la rubia–era como si alguien hubiese borrado todos los registros de Amazon, no había ni un sólo archivo de ella, fue como si la hubieran desvanecido del mapa, lo mismo me sucedió contigo, todos tus datos se esfumaron.
Amadeus asintió en silencio.
– Y entonces me di cuenta del porqué: como ya trabajabas sólo para Red, él debió ordenar que se borraran tus registros, y al pensar en eso, sospeché que alguien hizo lo mismo para Amazon.
– Black…
– ¡Correcto! –Exclamó efusiva–todas las piezas empezaban a encajar, Black se volvió un factor común en todas mis suposiciones…
– Cuando Amazon me interceptó tuve la sospecha que alguien le dijo cómo encontrarme–Amadeus le acotó terminando de solidificar las teorías de la rubia–sabía que la estaban ayudando pero ahora sé quién fue, fue Black…
– No tengo todos los detalles, pero al parecer Black está fraguando sus propios planes a escondidas–conjeturó Amauri con suspicacia–está utilizando a Amazon y al sujeto en Yunzabit como sus peones.
– ¿Pero quién es el tipo en Yunzabit, quién es?
– Sea quién sea no lo averiguaremos nosotras solas, se lo diremos a Bulma cuando estemos en el Oeste.
– Amauri, te agradezco que hayas hecho todo esto por mí, pero…–vaciló por un santiamén, humedeció sus labios y prosiguió–pero yo no puedo irme al Oeste, no aún, tengo cosas pendientes por hacer.
– ¿De qué diablos hablas?
– Tienes razón, tienes toda la razón–con mesura, Amadeus enfocó sus ojos en ella–yo nunca quise ser lo que soy ahora, me convirtieron en algo que no quiero, y sí, he tenido las pesadillas que mencionas, al principio eran burdas y cortas pero se han vuelto demasiado intensas e insoportables, creí que me estaba volviendo loca…
– Amadeus…
– Recordé cómo murieron mis padres, lo había olvidado por muchos años pero recuperé ese recuerdo y quiero que paguen los culpables de todas mis desgracias: Red, Black y Tao Pai Pai–pronunció esos nombres con rencor y veneno–si voy a matar por última vez en mi vida, pienso matarlos a ellos tres, los mataré como los animales que son…
– Amadeus, deja de decir estupideces–tratando de hacerla entrar en razón, Amauri se exaltó–ya lo tengo todo planeado, cuando hayas recuperado tus fuerzas buscaremos al embajador del Oeste, nos iremos con él y le contaremos a Bulma sobre los misiles. Será problema de ellos mientras nosotras vivimos en paz.
– ¡No seas estúpida, Amauri! –Gritándole, Amadeus le borró la ilusión del rostro a su camarada–hay un sujeto desconocido que puede disparar misiles nucleares, y si lo hace, matará a millones incluidas nosotras dos…
Amauri enmudeció frunciendo el ceño.
– Si queremos empezar una nueva vida primero tenemos que terminar con la anterior, y para hacerlo, no debemos dejar cabos sueltos.
– Amadeus, de lo que hablas, es de suicidio–Amauri razonó–tú sola contra el mundo entero, no hay forma alguna en que puedas ganar, te matarán antes de intentar eliminarlos a ellos…
– Pues correré el riesgo…
– En ese caso, no te ayudaré Amadeus, yo no te busqué para algo así.
– Para ti es fácil, dejaste de ser una cualquiera hace mucho.
– ¡Cómo te atreves…!–enfureciéndose, Amauri caminó hacia la cama encarándola– ¿sabes cómo fue que te encontré, puedes tan siquiera imaginarlo?
– En realidad, yo…
– Hablé con toda clase de militares, desde soldados rasos hasta de alto rango, fui recolectando pequeñas pistas sobre ti–le vociferó con indignación y reproche–pero ellos sólo hablaban después de pasar una noche conmigo. Para sacarles la información que necesitaba me convertía en una mujerzuela, pero mientras dejaba que esos cerdos hicieran conmigo lo que quisieran, me juraba que hacía lo que hacía por una buena causa…
– Amauri, yo no…
– Gracias a haberme prostituido pude seguirte los pasos hasta que, finalmente, logré dar contigo tirada en ese callejón malherida e inconsciente–relajando su rostro furioso, Amauri le dio la espalda caminando hacia la ventana, mirando el exterior sin dejar de hablar–ahora te pido que por favor reconsideres tus intenciones, te doy la oportunidad de tomar el camino más simple y que ambas dejemos todo atrás…
– Discúlpame, hablé sin pensar–Amadeus, avergonzada, se disculpó–emití un criterio sin saber lo que has pasado para encontrarme, y créeme, aprecio mucho tus esfuerzos por hallarme, no tenías la obligación de rescatarme, pero que lo hayas hecho te lo agradezco muchísimo.
– Ya te lo dije, eres la única amiga que he tenido en el mundo–lentamente Amauri se giró hacia Amadeus, esmerándose por convencerla de venir con ella.
– Y por eso, siendo tu amiga, te pido que respetes mis deseos–sin embargo, Amadeus no renunciaba a sus ambiciones de venganza–como te dije hace poco, sí he tenido las pesadillas que mencionaste, y no desaparecerán hasta que haya saldado cuentas con los malditos que nos secuestraron y nos convirtieron en lo que somos ahora.
– ¿Estás dispuesta a poner en riesgo tu vida?
– Si es necesario, lo haré…
Amauri, llevándose una mano a la cara, suspiró sonoramente al saber que no podría persuadir a su camarada. Resignándose y derrotada, la rubia se volteó directamente para cuestionarle:
– ¿Qué piensas hacer exactamente?
– Primero tendré que esperar a que me sienta mejor…
– ¿Y luego?
– Con Amazon merodeando por ahí tendré que ocuparme de ella, si dejo que continúe causando problemas será un obstáculo–le explicó la ojiazul–después, sin que Red lo imagine, me acercaré a él fingiendo que sigo de su lado, y cuando se confíe, cuando baje la guardia, le meteré una bala en su maldita cabeza…
– ¿Qué harás con Black y Tao Pai Pai?
– Lo mismo, los eliminaré–le replicó mirando fijamente el vacío frente a ella–Black será fácil, Tao Pai Pai sí será un hueso más duro de roer, pero no dejaré que se escape, pagará como los otros dos…
– ¿Y cuándo los hayas matado, qué sigue?
– Te iré a buscar al Oeste, y haremos lo que dijiste: tendremos una nueva vida.
– Quizás tus palabras suenen muy duras y convincentes, pero, en el fondo, ambas sabemos que no puedes hacerlo todo tú sola–la blonda, si bien no quería desviarse de su plan original, sabía que Amadeus sucumbiría si no tenía ayuda adicional–te busqué con el único deseo de que las dos pudiéramos vivir en paz, y ahora que al fin te encontré, no pienso abandonarte. No me gusta la idea, pero te ayudaré, me aseguraré personalmente que tengas éxito.
– Amauri…
– Esos tres malnacidos también me arruinaron, no sería justo que sólo tú logres vengarte de ellos.
– No es necesario que te involucres más…
– ¡Pues lo siento, pero ya estoy metida en esto te guste o no!
Dándole una media sonrisa, Amadeus no escondió su alegría.
– Sólo para dejarlo claro–Amauri se dirigió a ella con seriedad– ¿ya no intentarás asesinar al embajador del Oeste?
– No, no gano nada con matarlo–respondió Amadeus–además, desde el principio, nunca pude mentalizarme lo suficiente para hacerlo, sinceramente esta es la primera vez que dudé de liquidar a uno de mis objetivos…
– Perfecto, en ese caso le diré a Bulma que puede estar tranquila.
– ¿Decirle, acaso puedes comunicarte con ella?
– Sí, le di un teléfono satelital para contactarla en caso de emergencia.
– Ya veo–comentó Amadeus–ahora que lo pienso, es una gran ventaja que ese embajador siga vivo, podríamos utilizarlo a nuestro favor…
– ¿Qué estás tramando?
– Fracasemos o no, necesitaremos una ruta de escape, y este hombre, Gohan, podría ayudarnos…
– Ya había olvidado esa expresión tuya cuando empiezas a planear algo–acercándosele nuevamente, Amauri le examinó los vendajes–pero por ahora será mejor que vuelva a limpiar tus heridas, no nos hace falta que alguna se infecte…
– ¿Me pregunto dónde estará Amazon?
– Por el momento, olvídate de ella–le dijo Amauri–no importa dónde esté, aquí no podrá encontrarnos…
Soportando el dolor, Amadeus se hundió en la suavidad del colchón mientras Amauri cambiaba las vendas teñidas con su sangre por unas nuevas. Y allí, olvidándose del sufrimiento físico, la asesina se concentró en su agonía emocional. Aquel espectro que se hacía llamar Videl tenía la razón: ella era una copia, un duplicado, una sombra que nunca debió haber existido.
Amadeus sabía que sus días estaban contados, pero antes de devolverle el control a Videl, debía asegurarse primero que todas las deudas del pasado fueran pagadas. Y con dicho pensamiento en mente, volvió a escuchar el oleaje de aquella playa mojándole los pies hundidos en la arena, y al viento acariciándole el cabello al hacerlo bailar.
No obstante, también comprendía que esa utópica paz no sería para ella, no, esa paz sería para Videl. Porque al ser ella una pecadora, mecería ser castigada por sus pecados. Aunque, Amadeus, no moría sin rozar la redención con la punta de sus dedos.
Pateando la puerta con las fuerzas que le quedaban, Amazon se desplomó en la entrada del departamento de Amadeus aún mentalizada en liquidarla. Habiendo despertado tendida en aquel callejón, herida y empapada por la lluvia, Amazon no vio amedrentado su deseo de vengarse de la mujer que la humilló en el pasado, y que, para su odio irracional, volvió a hacerlo en el presente.
Avanzó por varios kilómetros dejando un rastro de sangre en su camino, tambaleándose de un lado al otro empuñando su arma con la escasa energía que aún poseía. Y ahora, arrastrándose por el suelo, literalmente, Amazon se adentraba en aquel sitio dándole cacería a su adversaria mientras se esforzaba por respirar.
Amazon, diciéndose a sí misma que continuara, se sujetó de un sofá cercano apoyándose en éste en un intento por ponerse en pie. Mareada, con náuseas y casi al borde del desmayo, lo consiguió. Se levantó agotada, sintiendo como sus piernas amenazaban con negarse a sostenerla por mucho tiempo. Aún así, su voluntad, su terquedad, la mantuvo erguida pese a sus lesiones.
Girando la cabeza como un ave de rapiña buscando a su presa, Amazon se detuvo al ver su propio reflejo en un espejo, contemplando boquiabierta su rostro golpeado y ensangrentado. Hipnotizada por esa imagen, se acercó viéndose cara a cara a ella misma. Endemoniada, apretó los dientes. Esa desgraciada de Amadeus ardería en el infierno al acabar con ella.
– ¿Dónde estás, dónde estás? –Refunfuñó Amazon, volteándose con lentitud– ¡tiene que estar aquí, tiene que estar aquí!
Reiniciando su búsqueda, Amazon le retiró el seguro a su arma e inspeccionó cada rincón del apartamento descubriendo que Amadeus no se encontraba allí. Llegando al lavado del baño, abrió la llave del agua sumergiendo sus adoloridas manos en la corriente. Relajándose, sabiendo que momentáneamente no podía hacer nada, se aseó un poco observando un curioso objeto justo a su derecha.
– ¿Una jeringa?
Gracias a la información que Black le suministró, Amazon localizó donde Amadeus vivía mientras ella se enfocaba en completar la misión que Red le encomendó. La observó por algunos días siguiéndola y estudiando sus movimientos; sin embargo, nunca logró ver lo que Amadeus hacía al estar dentro de su morada.
– Así que te volviste una maldita adicta…–exclamó con burla mirando de cerca la jeringuilla–la próxima vez que nos veamos, no habrá ninguna anestesia que borre lo que te haré…
Bufando, tiró la jeringa al suelo haciendo que se rompiera, destruyendo, sin saberlo, al demonio que por años aprisionó a su enemiga en la cárcel de la adicción. Comprendiendo que por el momento no la enfrentaría, Amazon, malherida, buscó dentro del botiquín colgado delante de ella, cualquier cosa que le ayudara a atender las heridas que Amadeus le hizo al pelear.
– ¿Sino está aquí, adónde diablos se fue? –Se preguntó; no obstante, recordó de inmediato algo que sólo empeoró su estado de ánimo–será mejor que hable con Black.
Y entretanto Amazon se hallaba allí, golpeada, adolorida y malhumorada. Hasky, muy sonriente, se asomaba por la ventanilla de su reluciente habitación de hotel. Al fin la buena suerte le sonreía, este sería su renacimiento. Una segunda oportunidad para probarle a Red, y a sí misma, que no era ninguna mercenaria acabada. No, aún tenía mucho por dar.
Volteando a su izquierda, Hasky caminó despacio hacia su cama sentándose en ella. Cómoda y calmada, miró el periódico que unos pocos minutos atrás le solicitó al servicio de cuartos. Riéndose suavemente, Hasky leyó el titular del diario escrito con grandes letras rojas que se ganaba la total atención del lector:
Conflicto en la frontera… ¿guerra inminente?
– Si bien, la presidenta Briefs, intentó tranquilizar a la nación durante su mensaje televisivo de ayer, el miedo por un posible enfrentamiento armado con La Federación no se disipa de los pensamientos de la población…–Hasky, leyendo en voz alta el artículo del periódico, no desdibujaba la sonrisa que adornaba sus labios–en los próximos días, se llevará a cabo una audiencia junto a los demás líderes mundiales con el objetivo de encontrar una solución a la creciente crisis en la frontera…
Saltándose varios párrafos, Hasky encontró una frase que se robó su interés:
– Pese a las tensiones, la mandataria ha dicho que no se moverá de la capital, permaneciendo en el palacio de gobierno como normalmente acostumbra…
Pensando que las cosas se le facilitan, Hasky no tardó en levantarse empezando a vestirse tan deprisa como le fue posible. Tomando un mapa turístico de la ciudad y una cámara fotográfica, ella planeaba seguir utilizando la fachada de ser una turista. Con ello, la rubia pensaba acercarse al palacio de gobierno del Oeste, analizando la manera de ingresar ahí sin ser detectada.
A su vez que caminaba por los pasillos del hotel, Hasky iba considerando, una a una, todas las posibilidades con las cuales podría matar a la presidenta: podría dispararle desde lejos al ofrecer algún discurso público, podría colocar una carga explosiva en el vehículo que la transporta de un sitio a otro, o inclusive, más intrépido aún, podría liquidarla disparándole a quemarropa.
Aquella posibilidad, a pesar de sus riesgos, era demasiada tentadora como para descartarla.
– Sería buena idea que tome todas las fotografías que pueda, sospecho que Red destruirá este lugar dejándolo irreconocible–encontrándose en la salida del hotel, Hasky se dijo al imaginar lo que Red haría una vez sus verdaderas intenciones se revelaran.
Y como si se tratase de una consagrada actriz, Hasky representó su papel a la perfección mezclándose con los demás excursionistas que paseaban por la capital. Pronto, al cabo de unas horas de caminata, se detuvo justo donde quería. La seguridad se veía impenetrable, decenas de soldados vigilaban sin parpadear, todos los accesos estaban restringidos. Era imposible entrar allí.
– Entre más seguros se sientan, más vulnerables son…
Suspirando, Hasky desvió su mirada a una insignificante alcantarilla tomándole una fotografía. Y al hacerlo, ella se dio cuenta que ese detalle será el primer eslabón en una larga cadena de eventos que la llevará a estar, frente a frente, con la mujer más poderosa del mundo. Sólo que esta vez, su poder político, no podrá protegerla de la fulminante descarga de su arma.
Ambas, sin sospecharlo, eran similares: tenían un carácter fuerte, su orgullo salía a relucir si las retaban y eran muy seguras de sí mismas. Pese a eso, también existía una diferencia clave que las marcaba: una siempre tuvo una existencia llena de facilidades y lujos, la otra debió luchar por lo que quería sin importarle el método.
Y así pues, una parecía ser invencible para la otra. Pero, para Hasky, no existía nada mejor que un desafío aparentemente imposible de lograr.
Fin Capítulo Nueve
Hola, muchas gracias por haber leído. Lamento la tardanza, he estado algo ocupado últimamente por eso no he podido escribir como me gustaría. En fin, poco a poco empezamos a entrar en el clímax de la historia. Luego de haber estado en pausa por tres años, estoy muy contento por poder avanzar con el fic con muchísima más velocidad que antes.
Me despido por ahora, espero que no tardar demasiado con el siguiente capítulo de Amadeus. Les agradezco enormemente su paciencia pese a mis demoras, en verdad, muchas gracias a todos. Para terminar por ahora, le doy las gracias a Majo24 y a Vanessa neko chan por sus comentarios en el capítulo anterior.
Gracias por leer y hasta la próxima.
