¡Ya estoy de aquí de nuevo! Bueno, espero que no os desagrade este capítulo. Es como un: aaah, vale… ahora lo entiendo. O bueno, no, xdd

Gracias por seguir día a día, leyendo.

Suerte con todo,

Al.


8. Jacob, Jake, Jaiki… licántropo. Edward, Ed… vampiro (vegetariano).

— ¿Qué haces aquí? — inquirí, demasiado alto. Suerte que Charlie todavía no había venido y le quedaban varias horas hasta regresar.

— Yo no puedo esperar a que, de una vez por todas, vengas a hablar conmigo.

— Yo te dije que iría yo. Te dije que no me buscaras.

— ¿Y tengo que creerme que, después de todo, vendrás a mí, y me dejarás explicarlo? — bufó Edward, todavía desde mi ventana.

No sabía que contestar. Él tenía razón.

— No. Yo tengo razón, así que, si no quieres verme, dímelo. Dime todo lo que piensas. — dijo en tono seductor, ya sabía yo que caería…

… porque en un instante ya lo tenía en mi cama. Recostado.

— Edward, te prometo que mañana iré a verte. Y hablaremos, pero ahora márchate.

— ¿Y que razón es la que me implica marcharme? — volvió a preguntar.

— Pues porque no quiero desencadenar una estúpida guerra, por que un vampiro no entiende la frase: yo vendré, no me busques. Y por que un licántropo quiere proteger a su… novia, de un estúpido chupasangres. — me salí por la tangente, aunque sé que fue un golpe bajo. Aunque conseguí lo que quería.

— Si eso es lo que piensas, lo que crees o lo que sientes, te darás cuenta del error que comentes, demasiado, pero mucho, de lo tarde que será.

Pasé por alto ese comentario. Edward se acercó a mí, y me besó la frente. Luego, con la mirada vacía se marchó por la ventana.

Volvía tumbarme, pero no podía dormir ni descansar ni… nada. Miré el reloj. Todavía faltaba, como… él había dicho, que mi padre no vendría hasta tarde.

— En fin…— les dije a las paredes— iré a hacer la cena.

Y eso intenté, por que cuando quise levantarme, de nuevo alguien subía por la ventana.

— ¿Tengo que volver a repetirlo? No quiero que vengas a verme. Yo iré a por ti.

— ¿Cómo que vendrás a por mí?

— ¡Jacob! — chillé, pero ese grito se quedó ahogado en la garganta. Me tapé la boca con una mano, y apoyé la frente con la otra.

— ¿Te referías a él verdad?

No dije anda.

— Bueno, AHORA, explícame por qué esa… sanguijuela te secuestró. — dijo en tono brusco, con temblores en la mano.

— Lo primero, siéntate, y relájate.

Siguió mis órdenes.

— Lo segundo, ella no me secuestró…

— Es decir, que ¡TÚ, te fuiste con ELLA¡ — bramó con furia.

— ¡No! Mir…

— ¡no me mientas Isabella Marie Swan!

— Si me dejaras terminar una simple frase— ahora fui yo la que desató toda la ira sobre alguno de nosotros dos.

Éste asintió.

— Mira, ella me dijo que me lo explicaría, que fuese con ella que ELLA me lo explicaría. Fui con ellos…

— ¿Ellos? ¿Ellos son todos ellos?

— Sí, pero Edward, Emmett, Jasper y Rosalie no estaba conmigo.

— Por… su seguridad, no digas más su nombre.

— Si vas con esos humos, ya te puedes ir yendo por donde has venido.

Ahora era yo la que no dejaba ni un respiro. Estaba harta, harta de que ellos tenían razón.

Jake se quedó asombrado ante mi reacción, e increíblemente… para mi asombro, me hizo caso, y se fue.

Ya no iba a alargar más las cosas.

Me levanté y me dirigí a la puerta para bajar, llamar a Alice, y decirle que me recogiera.

Pero Jacob apareció por la puerta de mi cuarto y me cogió por los brazos, me puso en su hombro con mi cabeza mirando al suelo en su espalda y me agarró por detrás de las rodillas.

— Si así me aseguro que no te irás, y que no te… secuestraran, y podré mantener tu seguridad, te llevaré a La Push como un saco de patatas.

— ¡Jacob Black, bájame! La sangre se me acumula en la cabeza…

— Tranquila, ahora te dejo en el suelo.

Eso ya me lo temía, por que ahora iba a transformarse.

Bajó rápidamente las escaleras, y cerró de un portazo la puerta de casa.

Me dejó en el suelo, mareada, y antes de que me cayera al suelo, me dio un empujón desde atrás y caí en su lomo. Me agarré instintivamente a su cuello y me llevó a La Push.

Ya pasaron una hora y tres cuartos, y Jake se negaba a dejarme en casa.

— ¿Te crees que me voy a tragar otra vez tus… — solía decir antes de comenzar a temblar y se marchaba. Hacía diez minutos que todos se habían ido ha…. Comentar la jugada, en manada. Sólo estábamos en la pequeña casa roja Billy y yo.

Entonces una idea fugaz y… temeraria me pasó por la mente.

— ¿Puedo ir, al menos, al garaje? Cambiar de aires…— le dije a Billy. Desde que se fue Jacob, no dejaba de mirarme y taladrarme con esta.

— mmm… no se Bella.

— Sabes que no puedo huir, y de ser así, los…— iba a decir chuchos— ellos vendrían a por mí.

— Anda, ves, pero estaré en la cocina.

¡Bien!

— De acuerdo.

Salí tranquilamente de la casa, y cuando noté que ninguna mirada furibunda me fulminaba de espaldas, corrí al garaje.

Sabía que en cuanto saliera del territorio de los licántropos, Alice me vería, y vendría a por mí.

Cogí la moto, sin hacer casi ruido— para mi suerte— y la puse mirando al bosque de la carretera. Arrancó al primer intento, y no me caí. ¡Por fin algo de suerte!

Salí escopeteada de allí, y casi me meriendo un árbol de no ser por que saqué el pie y derrapé con él y la moto.

Conducía mas rápido, de seguro, que mi coche. El aire me azotaba la cara, y, por decir de las casa, ya estaba fuera de los límites.

Repetí mentalmente varias veces que ojala Alice me viera deseguida.

Unos faros aparecieron delante de mí, y con un chirrido, frenaron al momento en que yo también frené, y la moto empezó a dar tumbos.

Una sombra, —que por supuesto no era Alice— salió al alcance y frenó la moto por mí.

— Me alegro de que te dieras cuenta de que necesitas hablar. Pero es demasiado tarde.

— Llévame a casa, llévame con Edward.

— Ya te he dicho que era demasiado tarde, tarde para él.


Chicas, tuve que leer como dos o tres capítulos para quedarme saciada al leer este capítulo. Cabía tan rápido la historia que… no me da tiempo a darme cuenta de éstos.

Espero vuestra opinión.^^

Muchos besos,

Al.