Capítulo 9. La vida sigue
De nuevo tras las puertas de Hogwarts las clases habían comenzado.
Pero Snape no había pasado solo unos días ociosos de vacaciones, Voldemort siempre lo llamaba cuando sabía que este estaría libre de sus tareas en el colegio.
Su doble juego era respetado aún por el Lord Oscuro. Tuvo que cerrar a cal y canto su mente, gracias a Merlín, que Severus era uno de los grandes oclumantes de la época. Habilidad que no le era cuestionada bajo la excusa de ser un espía.
Desde que Dumbledore le contó la verdad sobre la profecía, Severus no había estado frente a Voldemort. Era tan extraño pensar que ese ser una vez fue un joven en celo como lo fue Potter era tan difícil.
Sus ojos rojos, su nariz de serpiente, la locura en su mente. Poderoso, jamás lo negaría, pero ese ser delante de él era lo opuesto a lo que el muchacho nunca sería.
Y ese pensamiento le hacía saber que estaba haciendo lo correcto, una vez fue su líder, una vez creyó en él, pero la locura y la sed de sangre habían acabado con ese omega.
Sus días tenían que llegar a su fin o destruiría todo lo que ellos conocían.
—Severus, ¿qué noticias nuevas me traes de Hogwarts?—aquella voz que había vuelto de la muerte erizaba su piel.
—La orden se ha mantenido unida, mi señor.—En su misión, Severus siempre tenía que dar parte de la verdad.
—Bien, todo sigue como lo planeamos—se relamió su señor—¿Y el chico?—inquirió.
—Tan insolente como siempre—nunca había tenido problemas para hablar mal de Potter, pero esas palabras le sabían a hiel. Frenando cualquier pensamiento o recuerdo de su joven alumno, colocó su rostro más desagradable posible.
—Este año caerá, un niño no va a poder acabar conmigo—ya no hablaba para ellos, hablaba consigo mismo.
Severus agradecía tener aquel puesto en Hogwarts por varios motivos, le quitaba de la circulación por muchos meses donde no tenía que asistir casi nunca a las reuniones de los mortífagos. Cada vez el número era mayor, los que se mantuvieron ocultos volvieron bajo la capa de su antiguo señor. Y nuevos fueron reclutados, miembros más jóvenes de familias afines a él.
Claro ejemplo estaba sentado delante de él, Draco Malfoy que había sucedido a su padre, ahora en Azkaban, el Señor Oscuro había tomado como sede Malfoy Manor y el vástago de los Malfoy lucía como el nuevo señor de Slytherin.
No podía evitar considerarlos como suyos, años con ellos, siendo su tutor, atendiendo sus dudas. Aquel pequeño y delicado rubito ya no era tal, serio y decidido en la causa de Voldemort comenzaba a ser un enemigo a tener en cuenta.
Era duro tener que enfrentar a los niños que un día tuvo bajo su cuidado.
Sus ojos vagaron al foco de sus mayores preocupaciones, pero también de las más recientes satisfacciones. Harry de nuevo en el Gran Comedor.
Aunque había resultado un soplo de aire fresco estar separado de su influencia, no negaría que deseaba verlo de nuevo.
Por ello accedió a la invitación de los Weasley, no solía festejar, pero saber que Potter estaría allí, le hizo replantearse las cosas.
Y vaya que si mereció la pena verlo, su mirada brillante cuando se volteó al verlo fue como si hubiera sido una planta descuidada por semanas, se sintió revitalizado. Y casi estuvo a punto de sonreírle de vuelta.
El beso que le dio, no más que una suave caricia era algo tan impropio de él, que hasta podría pensar que estaba bajo un Imperio, de no saber cómo se sentía lo hubiera cuestionado. Pero no, no fue ningún maldito imperio, fueron sus ganas de besarlo, de tocarlo y de reconfortarlo.
Ver su sonrisa, y sus mejillas sonrojadas en la noche le hicieron sentir mejor de lo que había estado en años. No es como si no hubiera probado sus labios durante los tres días que compartieron. Pero era diferente, realmente diferente.
Ahora de nuevo allí, sano y salvo, y más allá, contento. Nada tenía que ver del Potter que llegó en septiembre alicaído y depresivo por la muerte de Black.
Y por muy huraño que pudiera llegar a considerarse, se alegraba de que el muchacho encontrara momentos de felicidad.
¿Se estaba reblandeciendo con el paso de los años? ¿O era un nuevo sentimiento el que estaba naciendo por el moreno?
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A pesar de haberlo visto por una noche en la casa de los Weasley no mediaron palabra. Harry se había limitado a observarlo en silencio y notar como este no apartaba los ojos de él.
Su corazón brincó cuando lo vio con el resto de profesores.
Y más cuando este le miró, ¿se podía echar de menos la mirada de un cuervo?
El beso mínimo que compartieron, no más que una caricia, lo tenía atesorado en su mente. Un recuerdo diferente a todo lo que lo hacía feliz, el deseo que sintió romperlo durante tres días era diferente y no es que no lo afectara, cada vez se sentía más débil al recuerdo, a la necesidad. Pero ese beso, esa caricia sobre sus labios era diferente, era luminoso en la oscuridad de la noche cuando se dormía pensando en él.
No quedaba ni un mes, alzó la mirada a la mesa de profesores, ni un mes para su próximo celo. Estaba nervioso pero no negaría que también expectante, sabía lo que pasaría, una corriente de lujuria le recorrió de arriba a abajo cuando los ojos negros le devolvieron la mirada.
Podría haber notado suaves jadeos a su alrededor, si hubiera podido apartar la vista de su profesor vería como sus feromonas comenzaban a afectar al resto.
Hubiera visto como Ron y Hermione se había apegado uno más al otro, y Ron la apretaba contra su cadera. Como Dean y Seamus ocultaban sus manos bajo la mesa, y como Neville y Ginny se miraron por encima de la mesa, uno frente al otro.
Como una ola expansiva que iba perdiendo intensidad a medida que se alejaba del epicentro, los últimos en notarlo sintieron un cosquilleo placentero en su piel.
Pero Harry solo tenía ojos para alguien, y ese alguien sonrió cuando el muchacho volvió a su desayuno.
Un mes, pensaron ambos a la vez.
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Pensé que no tendría nada que dejaros antes de irme de vacaciones, pero bueno, os traigo este capítulo corto.
No es que pase la gran cosa, pero es necesario que poco a poco ellos vayan cambiando, no esperaríais que estos dos acabaran enamorados de la noche a la mañana, ¿cierto?
¡Nos vemos a la vuelta!
Besos, Shimi.
