Capítulo 7: Cuando ya no puedes negar lo evidente… te rindes
El regreso en tren fue desagradablemente largo. Sin mayores ceremonias y eludiendo cualquier tipo de contacto físico o verbal, Ritsuko se sentó en el asiento libre junto a una señora de edad, se colocó unas orejeras para protegerse del frío y del ruido, y se cubrió por completo con su abrigo. La buena mujer intentó entablar una conversación, pero desistió después de cinco minutos de monosílabos carentes de interés.
Por su parte, Usagi-san y Misaki se sentaron en la misma fila de Takano-san, la de adelante, e intentaron hacerle llevaderas esas cinco horas de soledad. Pero todo fue en vano. A la hora de iniciado el viaje, el joven de los ojos marrones gatunos se tapó hasta la coronilla con el abrigo y quedó, de primera impresión, quieto. Pero Usagi-san, el más cercano a él luego de su compañero de sitio (un joven de unos dieciocho años que tenía colocados sus audífonos a todo volumen), pudo oír perfectamente bien sus sollozos. Misaki lo miró y asintieron. Desearon de todo corazón que la joven le diera la oportunidad de explicarse.
Usami-sensei, Misaki-kun, fue un honor acompañarlos – temblando de miedo, Takano-san se inclinó con respeto ante ellos en la estación. Había llegado la hora de despedirse. Afortunadamente, pensó, Isaka había ido a recibirlos, junto con Asahina-san. Aunque eso era también contraproducente, ya que no podría aclarar las cosas en fresco.
El honor fue nuestro, Takano-san. Su apoyo fue invalorable… Onodera-chan – ella no pudo alzar la vista. La vergüenza que sentía se extendía incluso a su amigo – espero que podamos vernos nuevamente pronto. Misaki estará encantado de cocinar algo especial para ti…
Y yo… estaré feliz al comer algo preparado por Misaki, sensei – al jovencito de los ojos verdes la vista se le nubló al sentirla y verla tan triste.
¡Ah, compañera nanahikari, se nota que destilas energía! – Isaka ironizó, pero nadie imitó su risa. Todo lo contrario, le lanzaron miradas de advertencia que en el caso de Usagi-san fueron mas bien asesinas. Con disimulo, Asahina-san se le acercó y recibió su pequeña maleta, sonriéndole. Ella dio un leve gracias al piso y se acercó con timidez a Isaka-san.
Lamento mi comportamiento, Isaka-san… pero no me siento muy bien… Si usted me permitiera, desearía tomarme el día libre…
Por mí no hay problema, pero habla con tu Jefe directo… Quizás él sí te necesite – había un doble sentido en ese comentario, pero ella decidió ignorarlo.
Yo iré también a mi departamento antes de ir a Marukawa… En el camino podemos coordinar los pendientes que aún tengas – no pudo evitar emplear un tono angustiado.
Eso… puedo decírselo por teléfono – haciendo un enorme esfuerzo, alzó la vista, sonrojada, pero decidida – Hoy necesito descansar… Siento como si un cerdo me hubiera aplastado por completo – Takano abrió los ojos con asombro. Acaso…
No es raro que te sientas así. Es más, si no sintieras la cintura a punto de reventarte me sorprendería – ella miró aterrada hacia Usagi-san – No sé si hago bien, pero, sé que
Isaka-san no se apega mucho a las formalidades, de modo que… te diré que fuiste realmente irresponsable al tomar hasta la embriaguez y luego casi huir cuando Takano-san intentó acomodarte en la habitación de Misaki… donde, por si no lo sabías, él ya estaba descansando… Era obvio que en ese estado calamitoso no ibas a lograr subir ni siquiera un peldaño, pero llegaste al décimo y… rodaste por las escaleras – tenía que estar mintiendo. Y al mismo tiempo, rogaba porque fuese cierto.
¿Ro… rodé por las escaleras…?
Así es, Onodera-san. Usagi-san tuvo que ayudar a Takano-san a llevarla a su habitación, y él durmió en la suya… Si me lo permite… creo que Takano-san fue realmente un caballero al solicitar que fuese una mucama, bajo la supervisión de Usagi-san, quien la cambiara mientras él intentaba ayudar a los mozos a solucionar muchos… estropicios generados por nuestra borrachera – se sonrojaron al mismo tiempo.
Ya… veo…
Y luego se pregunta por qué está enferma… Ah, nanahikari, eres o muy inocente o muy tonta, ¿no sabes acaso que Takano sólo se mete con las personas que se encuentran conscientes? – Isaka sonrió divertido, mientras el joven apretaba los puños con fastidio – Bueno, nosotros nos vamos… Usagi, ¿los jalamos…?
Sí, por favor – sin despedirse, jaló a Misaki y los precedieron.
Onodera-sama, lamento no poder ayudarla con su maleta – Asahina se la volvió a entregar con delicadeza y ella asintió, sonriendo levemente.
Gracias, Asahina-san… Por favor, no me llame así, dígame simplemente Ritsuko…
Hey, hey, hey, mucho hablar, ya vete a tu casa, ¿no estás cansada acaso? – se delató solito. Y fue consciente de ello al mirar la expresión divertida y a la vez pícara de su Kaoru… Enrojeciendo por completo, lo jaló del brazo, alejándolo de la joven a paso apurado… Dejándolos solos…
Sólo quedaron ambos, mirándose en silencio.
Tomemos un taxi…
Ya he pedido uno. Me debe estar esperando en la entrada…
Entonces permíteme pagarlo, yo llevo tu maleta…
Si me perdona, deseo estar lejos de usted el día de hoy. Hasta mañana – caminó a paso apurado hacia la salida. O al menos esa fue su intención, ya que chocó de frente con un joven de contextura fina y cabellos castaño-oscuros. – Ay, lo lamento mucho, ¿lo lastimé?
No, no hay problema. Discúlpeme a mí por no avisar… Es que
Yoshino-sensei, buenos días. Encantado de verlo nuevamente – Takano-san se inclinó con respeto y ella, entendiendo que podía tratarse de un autor de Esmeralda, lo imitó. El jovencito se sonrojó por completo y se inclinó con timidez, un poco cohibido por la atención de ambos – Permítame presentarlos… Onodera Ritsuko, nuestra nueva editora…
¡Oh, encantado de conocerla! – pareció despertar de golpe. Ella, medio turbada, le entregó su tarjeta de presentación – Lamento no haber traído la mía… Tori me ha hablado mucho sobre usted… Dice que el día en que deje de editarme le encantaría que usted tomara mi responsabilidad…
Me… me siento halagada… Hatori-san es un excelente senpai – Takano sintió una punzadita en el corazón al oír que ella empleaba ahora esa palabra con tanta facilidad – Y amigo. Me ha orientado en todo este tiempo de adaptación…
Si lo ha hecho, es porque considera que no pierde el tiempo al hacerlo. Lo conozco desde mi infancia, y sé por ello que sólo se interesa en las personas que considera valiosas – le sonrió – Oh, pero, no me he presentado, aunque imagino que debe intuirlo…
La verdad… no. Yo tengo entendido que Hatori-san sólo tiene a su cargo autor – Takano, la jaló suavemente del brazo y la acercó al joven. Y habló susurrando.
A partir de este momento, debes prometer ser una tumba. Aunque sé que no debo temer una indiscreción… Estás ante el autor de los éxitos que sostienen a Esmeralda… Te presento a… Yoshikawa Chiharu-sensei.
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En otras circunstancias, estaba segura, habría participado activamente en la conversación, intentando descubrir todo sobre la decisión de Chiaki acerca de convertirse en "una mangaka". Sin embargo, mientras los tres marchaban en el taxi rumbo, primero al departamento del autor, y luego al edificio de ambos, Ritsuko buscaba una manera inteligente de zafarse de la vergonzosa situación de tenerlo tan cerca…. Como la noche anterior.
Aquí es. muchas gracias por traerme, Takano-san.
No es nada. Muchas gracias por alcanzarme los documentos, estoy seguro de que cuando Hatori regrese de la convención los leerá atentamente. Yo también los revisaré.
Muchas gracias – bajó del taxi. Y caminó hacia adelante, para despedirse de Ritsuko – Onodera-san, fue un honor conocerla. Espero poder conversar con usted en otro momento.
Lo mismo digo Yoshino-sensei. Hasta pronto – el joven se alejó a paso lento.
¿Ahora a dónde, señor?
A
A mí me deja también aquí. Esta es la dirección a la que debe ir con el señor – no le dio tiempo a replicar – Por favor, Takano-san, deje mi maleta en la entrada, no creo que se pierda o se la vayan a llevar…
En ese caso por qué no te la llevas – se molestó. ¿Cómo era posible que fuese tan inmadura? ¡Usami-sensei ya le había hablado sobre lo ocurrido!
Yo… no puedo… – su voz afectada lo asustó. Dejando su maleta en el taxi, sin importarle la amenaza de un robo, bajó desesperado y la alcanzó. Se veía turbada y tenía los ojos llorosos.
Onodera, ¿qué ocurre?
Me… enviaron un mensaje de texto… Mi mamá… está en el hospital – el corazón del mayor se detuvo. Onodera-san… la única mujer a la que pude llamar madre…
Vamos – la llevó de nuevo hacia el taxi y esta vez le ayudó a sentarse en la parte posterior, con él – Dame el celular – le indicó al hombre a dónde debían ir – Si no te calmas, ella se sentirá peor – limpió sus lágrimas. Ella, quizás debido a su estado de ánimo o porque su estado de ánimo había traído a su mente la calidez de esos brazos, se refugió en ellos, sollozando. Takano-san tenía miedo a que la mujer lo reconociera y todo se fuese al demonio. Pero, abrazado a ella de esa manera tan tierna, llegó a la conclusión de que consolarla era lo más importante.
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Afortunadamente en recepción se ofrecieron a guardarles las maletas. Y él, mientras subían por el ascensor, llamó a Marukawa para avisar que se tomaría el día libre. Dejó muy en claro que debía acudir a un chequeo médico debido a un dolor articular. De esa manera esperaba protegerla de cualquier comentario malintencionado al día siguiente.
¡Masamune! – lo primero que oyeron. Sin lugar a dudas, como recordó luego de diez segundos de trabajo cerebral, Yokozawa debía seguir siendo el favorito de la madre de Ritsuko. El casi yerno…
Yokozawa… ¿Cómo se encuentra O… la madre de Onodera…?
Estable – la joven se le acercó y él la abrazó – Lo que tenía era una fuerte indigestión – no se habría sorprendido al verlos caer como personajes de anime.
¿In… indigestión…?
Mochi – entendió perfectamente.
Ah, mi tonta madre – recuperó por completo su energía.
Bien, ya que Masamune está contigo me voy al trabajo – recién en ese momento Ritsuko se dio cuenta de que estaba con la persona que había prometido no ver hasta el día siguiente – Nos vemos – los dejó solos, una vez más.
Eh… Takano-san, yo
Te esperaré aquí – se sentó en la salita de espera – Como es un tema familiar prefiero hacerlo de esa manera…
Pero
He traído conmigo los documentos de Yoshino-sensei. Ve con tu madre, yo te esperaré. Es peligroso que andes con todas tus cosas de noche. Si me quedo dormido, por favor, me despiertas.
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La hora de visita terminó, y ella, al igual que el resto de familiares, salió de la habitación. Su madre estaba lo suficientemente bien de salud como para retarla por las ojeras y su nueva contextura. Pero la amaba, la amaba como a su mejor amiga, como a su hermana mayor, como a su confidente. Como a la mujer que siempre había defendido a senpai, pese a lo evidente.
Había preguntado por Yokozawa, y se alegró al saber que había estado a su lado hasta la llegada de Ritsuko. Onodera-san amaba al joven, como si fuera su propio hijo. Pero, aunque ni su esposo lo supiera, ella guardaba en su corazón, como un tesoro, a un par de hermosos ojos marrones, anhelando con toda su alma un reencuentro. Porque, como madre, sabía que Saga Masamune era el primer amor de su hija.
Ritsuko caminó hacia el ascensor, y cuando éste abrió sus puertas, recordó que no estaba sola. Volteando, medio indecisa, caminó hacia la salita de espera. Y comprobó que el joven estaba ahí. Profundamente dormido.
Tentada por la situación, y curiosa por el hecho de que, por primera vez en todo el tiempo que ya llevaba en Esmeralda, podía verlo directamente a la cara y no solamente de refilón, durante cinco segundos, se acercó sin hacer ruido, y recorrió su rostro observando cada detalle. Lo que llamó más su atención, fue lo largas y hermosas que eran sus pestañas, e intentó imaginar cómo se verían cuando esos ojos marrones estuvieran adornados por ellas. Su nariz era recta, perfecta, delicadamente masculina, y, aunque no tuvieran relación, le pareció que combinaba perfectamente con sus orejas y sus cejas delgadas. Y sus labios…
Se detuvo mucho más tiempo en sus labios que en sus pestañas, porque, a ellos sí los conocía muy bien. Sintió que sus mejillas se cubrían de rubor al recordar que, en una ocasión, o en dos, sus ojos verdes se habían fundido en los marrones. Pero en esa ocasión, sus labios delicados y femeninos habían bailado con estos que se mostraban ahora tentadoramente entreabiertos.
Si yo me decidiera a amar nuevamente… ¿me perdonarías por elegirlo a él, senpai…? Dice Usagi-san que me respetó… y Misaki lo corroboró… Puede ser un déspota, un tirano, un maldito idiota que no respeta a su personal a cargo… Un maldito acosador y aprovechado cuando una está consciente… Pero, creo que tú serías el único en el mundo aparte de él y Takafumi, que no me habría dañado… ¿Puedo… entonces… dejarme amar y amarlo… sin faltarte…?
Takano-san – su voz fue un arrullo, pero él la oyó. Se veía mil veces más guapo al despertar, pensó Ritsuko, porque los ojos marrones asomaban coquetamente por entre las pestañas largas. Él, medio confundido por encontrarse en un lugar que no reconoció de inmediato, al verla le sonrió con dulzura. Y se puso de pie lentamente – Disculpe, me demoré conversando…
Descuida… Terminé la corrección – sonrieron – Mañana te la paso para que le des una chequeada y me digas si olvidé algo…
¿Cómo podría hacer usted algo así? – se sonrojó. Takano lanzó un suspiro.
Hum, no soy perfecto. Ya me he dado cuenta de que una mujer es mucho mejor en esto del amor que un hombre – caminaron hacia el ascensor. Eran los últimos en el piso – ¿Y cómo está tu madre?
Mañana le dan de alta. Mi padre la recogerá…
Si gustas puedes
No se preocupe. Mamá entiende que mi trabajo es importante, por eso lo decidió de esa manera… Salimos para presentársela – el joven palideció – Pero en ese momento no estaba en la salita…
Ah… Fui al edificio a traer el auto – suspiró aliviado. Dios… gracias… gracias, gracias, ¡gracias! – Me pareció mejor de esa manera…
Gracias – entraron al ascensor. Estaban en el piso veinte, y, como ya habían comprobado al subir, el aparato era un poco lento.
Yo jamás te habría dañado – así de directo. A ella le dio un mareo – Y tuve la oportunidad para hacerlo… No dejabas de repetir un nombre… Me confundiste con él – ella lo miró, aterrada – Saga… Saga-senpai… Ya lo habías mencionado al tomar, y cuando te llevé a la habitación, luego de tu caída, volviste a repetirlo… Usami-sensei había ido a traer a la mucama. Estábamos solos… No pude evitar, por un instante… el asumir esa… identidad… Lo lamento…
¿Qué… qué hice…? – estaba roja como un tomate. Pero más por su comportamiento bochornoso de borracha primeriza.
Nos besamos… Y… me pediste que me quedara – la cara de la joven se proyectó hacia el piso – Quise… pensar que en ese momento me lo pedías a mí… Pero… no era así… Ritsuko, yo… Yo realmente estoy enamorado de ti – los ojos verdes se nublaron – Sin embargo, he decidido hacerme a un lado – era verdad. Era obvio que no podía competir consigo mismo – Puedes… contar conmigo para lo que desees, como ahora… Mi corazón, te lo prometo, sabrá controlar mis impulsos. Una escena como la de la Biblioteca, o la del Hotel, no se volverá a repetir… Nunca – empezó él mismo a llorar, tragándose sus sollozos – Sólo te ruego que no te vayas de Esmeralda… Yo… no quiero volver a sufrir una ausencia tan grande – le dio la espalda.
Cuando… tuvimos nuestra primera pelea… Saga me suplicó indirectamente una oportunidad… pidiéndome que no dejara el colegio… Por un instante, viendo esa espalda que era mucho más ancha, y esa estatura que era mucho más alta, que la de mi primer amor, pensé que probablemente Saga ahora era igual a él físicamente…
Y, como bien sabía yo… a él jamás le negaba nada…
En mi mente, con los ojos cerrados, vi a Saga sonreírme. Asintiendo… Y…
Supe que había llegado el momento…
No pensaba irme… De hecho… quería preguntar… si en la próxima… visita a su mangaka… puedo acompañarlo… Quiero aprender más sobre esto – Takano abrió los ojos por completo – Res… respecto a lo otro… no es como si me hubiera forzado, ¿cierto? Saga y usted se parecen demasiado como para poder establecer un patrón de mis gustos masculinos…
Onodera…
Yo… yo… yo – apretó los ojos y los labios. Pero no fue necesario hablar.
…yo también quiero aprendas más sobre edición de mangas…
Si yo me decidiera a amar nuevamente… ¿me perdonarías por elegirlo a él, senpai…?
Es decir…
¿Eres, en este preciso momento, capaz de perdonarme…?
