La vio entrar con paso decidido, desfilando su cuerpo envuelto en una falda color mostaza y un top a juego. La saboreo con la mirada, deleitándose con cada centímetro de piel que dejaba ver su nuevo conjunto, la cual era bastante para su gusto. La falda apenas dejaba a la imaginación, era casi un milagro que la gran parte del género masculino, que se encontraba en el lugar, no hubiese podido ver algo más de lo que ella misma pretendía enseñar cuando se sentó tranquilamente en una de las butacas de la barra.

Por otra parte, el top que llevaba se ajustaba perfectamente a sus pechos y a su vez, marcándole estrictamente sus pezones.

No había un maldito sostén ahí.

Ver eso casi le provocaba un infarto al Dragón Slayer.

Y la odio por eso. Dios, la odiaba tanto.

Esa pequeña bruja lo volvía loco como ninguna, merodeando con su sexy andar, con esas piernas y esos glúteos de ensueño, pavoneándose ante la vista de muchos machos a su alrededor, sonriéndoles, ofreciéndoles su faceta más encantadora para volverlo loco. Y sí que lo había logrado.

Algunas veces tenía tantas ganas de ahorcarla, clavarla en la pared más próxima y apretar sus dedos contra ese cuello lechoso que poseía. Marcar sus dedos en el, dejarla sin respiración, para luego soltarla y besarla con esa misma fiereza. Morder, chupetear y lamer esos encantadores labios que Dios le había dado, darle una lección ante todo el gremio de quien era su dueño, su maestro, su señor. Ella y todos tenían que darse a enterados de a quien le debía obediencia. Y algunas veces eran tan fuertes esas ganas, que debía alejarse. Irse lo más lejos posible para no cometer alguna locura. Pero ella no se lo ponía fácil. Jamás lo hacía.

No quería involucrarse en algo tan avasallador como lo era el acoplamiento dragón. No existían parejas o compromisos pasajeros en sus vidas, solo uno para toda la vida. Era un proceso catastrófico tanto para el macho como para la hembra, no podrían ser separados aunque una de las dos partes así lo quisiese, dependían de sus parejas, si uno moría, el otro moría al poco tiempo. Durante mucho tiempo, Gajeel se juró jamás marcar a una hembra como su compañera, para la única utilidad que les daba en su vida era para descargar sus deseos carnales, era para lo único que las toleraba .Sin embargo eso había cambiado cuando había conocido a la maga de escritura.

Brindándole esas sonrisas deslumbrantes, brindándole ese aroma exótico característico de ella, brindándole su cercanía aplastante, que le hacía desear más, ahogándolo en deseo sexual y en pensamientos que desearía no tener. Esa mujer era una tentación andante para él, un ángel puro y virginal que deseaba ser corrompido por sus garras, y que lentamente empezaba a lograr ese cometido suyo. Era peligroso, porque una vez que la tuviera, no podría irse jamás.

Y en un momento de locura, él la marco.

Aprovecho su cercanía para pegar su aroma sobre el de ella. Frotes disimulados, y algunas veces, roces apenas perceptibles para la maga. Lo hizo todas las veces que pudo para mantener a raya a los imbéciles que osaban acercársele y si eso no funcionaba, los interceptaba, y abusaba de su fuerza física para mantenerlos lejos. Una parte de él sabía que estaba haciendo mal, él no iba a cortejarla, no tenía pensado comenzar una relación con ella, sin embargo pensar que estaría con otro que no fuera el, que alguien siquiera rozara su cuerpo, le resultaba enfermizo. No toleraría a nadie cerca de ella.

Gajeel tomo un trago de su cerveza fría mientras observaba la espalda semidesnuda de Levy (por no decir totalmente) apenas cubiertas por unas delgadas tiras que ajustaban el top. Acaricio con sus ojos la sensual curva de su espalda, y conto cada pequeño lunar que él no había tenido el placer de observar. Delineo la marca gremial sobre su omoplato derecho, recorriéndola hasta llegar a su nuca.

Levy pareció a ver advertido su presencia, ya que se enderezo en su lugar y miro para todas las direcciones posibles, tratando de averiguar el causante de sus escalofríos. Era casi imposible que lo viese, cuando se trataba de camuflarse entre las sombras, Gajeel Redfox era el mejor. Oculto entre la muchedumbre del lugar, precisamente en una de las ultimas mesas cerca de la pared, Gajeel sonrió. Bebió hasta la última gota de alcohol que quedaba para luego ponerse de pie y encaminarse hasta la mujer que tanto tiempo había observado. Camino con parsimonia, sin ningún tipo de apuro que delatara su verdadero sentir y al llegar a la barra, se permitió delinear su perfil, mientras esperaba el regreso de Mirajane.

La maga parecía no reparar en su presencia, ojeando tranquilamente una revista, pero él sabía que eso no era así. Podía sentir su nerviosismo, su excitación, el temblequeo de sus dedos mientras pasaba los dedos sobre la revista, su corazón retumbando en su pec—

Gajeel abrió los ojos en par en par al sentir la esencia de un intruso en el cuerpo de Levy, la cual había cubierto su propia esencia. Sintió como la ira empezaba a brotar desde el fondo de su pecho, apoderándose de cada célula de su cuerpo. Apretó los puños con fuerza mientras un gruñido salía de sus labios apenas sin poder evitarlo.

¿Lo estaba provocando? ¿Con que propósito?

Gajeel se encamino hacia la salida antes de que incluso Mirajane pudiese saludarlo, murmurando entre dientes una excusa y justo antes de que el pusiera un pie fuera del gremio, observo como la mirada de Levy se posaba sobre él.

Esa bruja realmente quería ver sangre.

Y no sería la suya.


—Créeme cuando te digo que si sigues haciendo ese ruido con tus malditas uñas te las arrancare, muñeca.

Cana gruño mientras rellenaba una copa con una de las bebidas favoritas de la maga de escritura sólida, champagne.

—Supongo que querrás hidratarte antes de contarnos todo. —Sonrió—Dime, ¿consiguió mantener lejos sus manos de su bragueta?

Levy casi se atraganto

— ¡Cana!

La susodicha carcajeo mientras que Lucy blanqueaba los ojos, sin poder disimular una pequeña sonrisa. La pequeña Mcgarden suspiro, mientras saboreaba un sorbo de la burbujeante bebida, tenía suerte de que el dragón Slayer se había marchado hace tiempo, de haberlas oído se moriría de vergüenza.

— ¿Entonces…?—Levy dejo escapar un profundo suspiro y negó con la cabeza. — ¿Enserio? ¿Nada de nada? ¿Ni una jodida erección?

—Ni siquiera me miro. —Lucy y Cana intercambiaron un par de miradas incomodas. — Tal vez deberíamos dejarlo.

Cana blanqueo los ojos.

—Oh cariño, ¿no sabes cómo es Gajeel en realidad? ¡Ese desgraciado es la personificación del orgullo andante! ¡Obviamente se está haciendo el duro! Pero créeme, va a caer, siempre caen.

Cana tomo un cuarto trago de la bebida espumosa, deslizándola por su garganta como si fuera agua, mientras parloteaba sobre su próximo movimiento contra el dragón Slayer. Detallo varios escenarios en el cual el próximo traje de Levy era totalmente seductor, una falda y un par de portaligas oscuras combinadas con una encantadora blusa de satén blanco (casualmente la que Cana había insistido tanto en comprar) según ella, no solo transmitiría una imagen inocente si no también sensual. Las portaligas estarían apenas ocultas bajo la falda negra, solo bastarían un paso en falso y lo próximo que vería todo el gremio seria el encantador conjunto de encaje oscuro.

Cana pareció divagar, observando pasar ante sus ojos sus futuros planes, riendo en un par de momentos y en otros, deslizando una mueca de desagrado, como si pudiera ver los futuros fallos. Más de una vez Levy pensó en tirar el champagne por la ventana, pero se contuvo, asintiendo con la cabeza cada vez que Cana se daba cuenta de que no era fielmente escuchada. Fue entonces cuando Cana había propuesto la estúpida y alocada idea de que se acercara a uno de sus amigos más fieles, (que decir, ¡hermanos por dios santo!) Jet, y prácticamente ligar con él en las narices de Gajeel Gilipollas Redfox , que Levy se permitió gritar un ferviente no. Tal vez le seguiría la tonta idea de jugar a ser una mojigata y hacer la típica escena de "¡ay se me callo el plumón!" y encajarle en toda la cara su parte trasera, pero era algo totalmente diferente tratar de involucrar a su mejor amigo, y probar la teoría de que tan rápido podía arrancarle el pescuezo al pobre hombre antes de que se diera cuenta.

—Son daños colaterales. —Cana había dicho, tratando de restarle importancia, mientras engullía la décima copa de alcohol. —si tengo que hacer que con tus propias manos masturbes a cualquier desgraciado de este lugar para probar nuestra teoría. Lo hare. Es más directo y con resultados instantáneos, créeme.

Apenas retuvo el líquido entre sus labios cuando oyó eso.

Una parte de la peliazul sabía perfectamente que era el alcohol el que hablaba por la maga y la hacía menos…sensible. Sin embargo, su mente se escandalizo al pensar que tal vez se vería obligada a llegar a esos extremos para ver ante sus ojos una parte que desconocía del dragón Slayer. Era un límite que ella no quería traspasar. Gracias a las bromas de cana (oro por que fuera así) que su mente hizo un click.

Tal vez debería cortar la planta de raíz antes de que le salieran los primeros tallos.


— ¿Estás buscando a Rogue cariño? Lo lamento, no está pero pronto regresara. Ven, pasa, pasa.

Antes de que siquiera pudiera posar sus nudillos en la habitación de Rogue, Levy fue interceptada por un hombre alto, rubio y fornido. Él le dedico una sonrisa encantadora mientras envolvía uno de sus brazos en los pequeños hombros de la maga, causando una pequeña sacudida de sorpresa en respuesta al verse prácticamente aplastada a un pecho desnudo. Incluso antes de que pudiera decir una palabra, rápidamente el mago la llevo a su habitación, para luego cerrar la puerta de un portazo.

El mago de Sabertooth iba únicamente vestido (si es que eso se podía considerar llevar ropa) con una toalla de algodón enroscada en torno a su cintura, unas pequeñas gotas de agua bajaban lentamente por su pecho, pasando por su estómago musculoso, para finalmente perderse en el algodón. Levy sintió la cara enrojecer y desvió rápidamente la mirada de ese trayecto vertiginoso.

Sting, totalmente ajeno a la incomodidad de la maga, se pació tranquilamente por el cuarto parloteando cosas triviales mientras recogía un par de camisas que estaban tiradas por ahí. El rubio no era tan ordenado y pulcro como Rogue, pero tampoco era tan horriblemente desordenado como cierto Dragon Slayer de fuego que conocía, Lucy pareció no recuperarse jamás de todo lo que había tenido que pasar para limpiar el hogar de Natsu.

— ¿Cerveza?

Levy escucho la voz de Sting desde el cuarto contiguo. Arrugo la nariz tan solo en pensar en alcohol. No solía tomar demasiado, casi nada de hecho, pero últimamente parecía consumirlo más que el agua misma, se preguntó si eso se debía a la influencia de la cercanía de Cana.

—Agua, por favor.

Si, agua estaría bien.

Sting volvió después de un par de minutos con un gran vaso de agua en una mano y en la otra, una lata de cerveza. Tras murmurar un débil gracias y tomar asiento, la maga le dio un pequeño trago a la bebida refrescante, mientras que el Dragón Slayer se sentaba frente suyo. A pesar de estar separados por una pequeña mesa, el Dragon Slayer no tuvo problemas en dedicarle un par de miradas inquisitivas a la maga, deslizándolas por toda la extensión del cuerpo de la muchacha. Ella se tensó. Por primera vez en todo el día fue consciente de lo corta que era su falda y de lo expuesta que estaba. Al notar que el Sting no le sacaba la vista de encima, Levy hablo.

— ¿Q-Que?

—Oh, ¡nada! Solo que no eras como te imaginaba

Levy levanto una ceja, ofendida.

— ¿Tal vez te desconcertó la falta de curvas? ¿Es eso?

—Muñeca, no todo en la vida son curvas.

Vaya. Pensó.

Viniendo de un rubio oxigenado que parecía que lo primero que veía en una mujer eran el par de tetas que le colgaban, parecía irónico.

—Aunque no se puede decir que te falten. —Levy blanqueo los ojos, mientras tomaba otro trago de agua, tratando de disimular un pequeño sonrojo que se colaba por sus mejillas. —Te imaginaba llena de tatuajes o en su defecto, de pircings, ¡Pero mírate! ¡Eres todo un bomboncito! —Sting le dedico una sonrisa a un más deslumbrante, dejando mostrar unos colmillos brillantes. —Ya me doy cuenta cómo es que lo tienes alrededor de tu pequeño dedo, muñeca.

¿Qué?

La maga tuvo la urgencia de bombardearlo con preguntas, pero se contuvo. Observo su vaso medio vacío y suspiro. ¿Era demasiado tarde para elegir la cerveza? Rayos. Le dio el último trago para darse valor.

—¿Porque—

Antes de que pudiera terminar de formular su pregunta, Rogue entro a la habitación. No parecía sorprendido en lo absoluto al verla ahí, únicamente alzo una ceja al ver a Sting semidesnudo, el cual hundió los hombros despreocupadamente.

— ¡Hey, hermano! Mira a quien me encontré.


Espero que les haya gustado el capitulo tanto como a mi.

Gracias por los comentarios! Siempre es muy alentador leerlos y los aprecio demasiado 3, ¡Así que no sea tímido! ¡Los comentarios no muerden!

Los escritores viven de los comentarios.