8. El diario de madonna Salvatore.
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Escribo este diario para no olvidar los extraños acontecimientos que me han ocurrido.
Yo estaba prometida a Giuseppe Salvatore, un hombre joven y acaudalado. Mis padres arreglaron nuestro matrimonio, y yo temí que fuera un hombre desagradable porque nunca lo había visto, pero al conocerlo me pareció incluso atractivo. Tiene ojos de un verde esmeralda y ese encanto de los hombres nobles.
Eso fue hace un mes. Hoy soy su esposa y vivo en el castillo. A mi lado, en su cunita, duerme mi hijo. Su nombre es Damon; porque este niño es diferente, mágico…
Todo empezó en el bosque, junto al árbol grande en el que me gustaba recostarme a descansar después de mi escapada vespertina. Me gusta cabalgar, andar libre sobre los lomos de un caballo, pero mi padre no me dejaba hacerlo sola; siempre debía ir en compañía de guardias, o «adornando» con mi presencia la cacería. Por eso me escapaba. Y allí fue donde lo encontré: la criatura más hermosa que hubiera visto o de la que hubiera oído hablar. Se acercó a mí sigilosamente, y sólo advertí su presencia cuando su aliento tocó mi rostro; era… un aliento de bosque empapado de rocío, cálido a la vez, que provocaba una sensación de absoluto agrado. Abrí los ojos para verlo. Parecía un caballo, pero su piel y pelaje eran de un blanco luminoso, y tenía un cuerno en medio de la frente, un cuerno diamantino, en espiral, que emanaba destellos de arcoiris. Quise tocar el cuerno, la criatura me lo permitió. En cuanto lo toqué, sentí una voz en mi cabeza.
"Soy Asallam, mi bella, hija de hada…"
—¿Qué me llamaste? —dije, sin salir aún de mi asombro.
"Eres hija de hada. Tu madre lo era, pero ahora se ha convertido en ángel y tiene otras misiones."
—¿Hada? ¿Ángel? ¿Misiones? ¿Qué está ocurriendo? ¿Quién eres tú?
"Yo soy Asallam, el primer unicornio. Estuve ahí cuando el Santo Único creó a los humanos. Antes hubo un principio sin principio cuando todo era desierto y vacío, oscuridad y niebla, y entonces el Santo Único decidió apartar la oscuridad de la luz: así se estableció concordia y equilibrio, con la tiniebla expulsada al límite exterior y la Morada de la Luz en el mismo centro de todo. Pero lo Oscuro, apenas situado y librado a sí mismo, adquirió peso más allá de toda ponderación, se introdujo en las cosas y las empezó a arrastrar hacia sí conforme a sus inclinaciones. El equilibrio empezó a temblar, por lo tanto, y de ese temblor emergió una resonancia, un sonido atemorizador que circuló por el vasto vacío como un canto poderoso. El Santo Único modulaba ese sonido para convertirlo en un acorde de gran dulzura, y le infundía inteligencia para que pudiera convertirse en espíritu de armonía y en conductor de todos los rincones del vacío. Ese fui yo antes, el poderoso espíritu Galgallim, girando siempre en espiral en torno a la luz central. Y aunque algunas cosas continuaban cayendo en lo oscuro, Galgallim guiaba a otras por un sendero menos definido a las riberas de la luz. De este modo el equilibrio seguía manteniéndose. Entonces el Santo Único quiso contar con un lienzo donde desplegar su gran arte; ente la ribera de la Luz y las murallas de lo oscuro dejó colgar a la Tierra en equilibrio. Encendió sus montañas desnudas y en ellas esparció brillantes gemas que aún reflejan esas llamas. Entonces, el Santo Único le habló a Galgallim, diciendo: "Te he hecho a partir de los ocultos golfos, libre y con forma ilimitada. ¿Aceptarás una forma en la Tierra y así prestar un servicio aún mayor?» Fue así como adquirí esta forma, mi bella."
Yo no podía moverme, estaba como hipnotizada por aquel raro relato que parecía tan importante para mi destino. Asallam siguió hablando.
"El Santo Único creó luego a los Humanos, que eran fuertes y bellos, el colmo de la creación. Me maravillé mirándolos. Desde entonces hasta ahora el destino de nuestras razas se ha ligado; el Unicornio conduce hacia la Luz y sólo el Hombre puede allí seguirlo. Pero de las profundidades oscuras nació el Dragón y su progenie. Y el Dragón envió a Serpens para separar a Hombre y Unicornio. Las mujeres no se dejaron engañar por la insidia de Serpens, mantuvieron la confianza y no dejaron de amar al Unicornio, pero Serpens siguió sembrando la desconfianza de los hombres hacia el Unicornio. Me aparté, triste: no podía obligarlos a seguir los caminos de la luz. Así empezaron a marchar hombre y unicornio por distintas sendas. Yo sigo viviendo en el Jardín de la Dimensión Dorada, pero mi corazón aún está ligado al Hombre; así me desplazo a través del mundo y permanezco inmóvil junto a la frontera actual del mismo. Pero es posible que aun hoy el Hombre me encuentre".
—¿Y yo qué tengo que ver con todo eso? —dije, mortificada y curiosa al mismo tiempo—. ¿Por qué estás aquí, criatura extraña?
"Porque he decidido hacer algo por el Hombre. El Dragón ha dominado por mucho tiempo en la Tierra y es hora de hacer algo para equilibrar las fuerzas de la luz y la oscuridad. Tu madre, ella amó a tu padre, pero debía seguir su destino en otros lugares. Pasó a ser un ángel en cuanto te dio a luz."
Yo aún no entendía bien. Pero tal vez esa historia explicara la ausencia de mi madre durante toda mi vida.
—¿Dices que ser mi madre fue otra misión suya como… hada superior… o como quiera que sea? ¿Por qué?
"Para que fueras en parte humana y en parte del mundo mágico. Para que me fuera posible amarte y engendrar un hijo contigo."
—¿Un… hijo?
"Hombre, hada y unicornio reunidos en uno solo. Una oportunidad para que los humanos tengan acceso al Poder."
—¿Y si yo no quiero hacerlo?
"No puedo obligarte. Pero conozco tu corazón desde tu nacimiento y sé que no te negarás a tu destino. Y además, sé que me amas."
—Creo que eres una criatura arrogante y soberbia.
"Sí. También soy eso. Pero puedo ser tierno, gentil, y entregarme a mi amada sin reservas, hasta cualquier punto."
Su aliento volvió a tocarme, pero esta vez el agrado se convirtió en placer; un placer irrechazable. Y perdí la noción de la realidad. Me pareció entrar en un mundo mágico, el bosque era un jardín encantado, y yo era transportada de una oleada a otra de placer. Asallam apareció una vez más ante mí y sentí que moría cuando su cuerno tocó mi vientre y me estremecí con el placer más grande que había sentido hasta entonces. Oí su voz nuevamente en mi cabeza.
"Debes llamarlo Damon".
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Elena levantó la cabeza del cuaderno que los dos leían y miró a Damon a los ojos. Los tenía cada vez más claros, y un arcoiris empezaba a asomarse en su centro.
—Creo que tienes mucho de la personalidad de Asallam.
—¿Lo dices por lo de arrogante y soberbio? —sonrió con ojos y boca.
—Y también por lo de tierno y gentil, y hermoso.
—¡Oh! Gracias, mi bella —le siguió él el juego.
—No soy tan bella —ella hizo un mohín gracioso.
—Sí que lo eres, bella como tu tocaya, Elena de Troya, al menos para mí y para ese… Matt, y para Stefan —agregó más bajo—. Me gustaría ver cómo encaja Stefan en todo ese plan de la Dimensión Dorada.
—A mí también. Así que mejor seguimos leyendo.
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Giuseppe me tomó por esposa una semana después, y yo estaba viendo crecer un pequeño bulto en mi vientre. En nuestra noche de bodas, él quiso consumar el matrimonio pero yo… sentía dolor, mareo y repugnancia si se me acercaba con intenciones lujuriosas. Él fue paciente en esos días, me dijo que entendía que una virgen tuviera esos miedos, que podía esperar. Estuve muy agradecida con él, y creo que empecé a tomarle cariño. Mientras él me abrazaba en la cama, acariciando mi cabeza con ternura, yo me animé a preguntarle si sabía qué significaba esa palabra, damon.
—¿Dónde la escuchaste?
—En una conversación… de mi padre, y me dio curiosidad. Y como sé que eres un hombre muy culto, pues…
—Seguramente hablaban de filosofía griega. Sócrates habló del damon, así le llamaba al espíritu divino que según él todos llevamos dentro.
—¿Y tú crees en ese… espíritu divino?
—¡No! Creo en Dios nuestro Señor. Esas eran ideas paganas. Sólo los campesinos ignorantes creen en esas cosas de espíritus interiores, magia, y dioses del bosque.
Me callé mi opinión. No quería quedar mal ante sus ojos. Pero decidí que sí, que la criatura que ya sentía moverse en mi vientre se llamaría Damon.
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En una semana más, el niño salió de dentro de mí. No padecí dolores, sólo un leve empujón, y me adormecí. Creo que vi a Asallam de nuevo por un segundo, y el bebé lloró, con un llanto fuerte. Giuseppe estuvo allí enseguida entonces, mirándome incrédulo.
—¡Entonces era esto lo que ocurría! ¡Zorra! ¡Puta maledetta! Has estado ocultando un embarazo, ¡y lo hiciste bien! Tienes que haber usado fajas apretadas, es seguro que ese niño esté contrahecho.
Le echó una mirada a mi hijo, y vi la furia en sus ojos al constatar su perfección. Comencé a intentar explicarle, pero él no me creyó una palabra: él no era el Giusseppe de la virgen María; y sólo había una María virgen con un hijo divino.
—¿Sabes qué es lo peor, desvergonzada? Que te amo. Sólo por eso no hago contigo y tu hijo lo que debiera: matarlos a los dos.
Nos dejó solos, al niño y a mí. Tomé a Damon en mis brazos, lo acerqué a mi pecho, y él empezó a chupar la leche de mi seno con hambre. Luego abrió los ojitos, como si me mirara, ¡eran ojos de un azul tan claro!, ¡como un pedazo de cielo! Lo acuné.
Ahora hace un mes de aquel encuentro con Asallam, y mi esposo sigue sin dirigirme la palabra. Cuando me mira, tiene sólo una mirada de reproche e ira. Ay, Asallam, ¿previste que mi esposo odiaría tanto a tu hijo? ¿Ese odio es obra del Otro Poder, el de la Oscuridad?
No importa. Yo lo protegeré. Siempre. A mi hermoso Damon.
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Ahí terminaba una entrada fechada. Luego continuaba en saltos de tiempo, comentando cosas referentes al pequeño, a la actitud de Giuseppe, quien se volvía cada vez más iracundo y a veces la venía a ver embriagado. Giuseppe no soportaba verla con el niño en brazos. Le hacía el amor con una mezcla de ternura y rabia, una rabia que sólo cedió un poco cuando ella le contó que estaba embarazada, más de un año después del nacimiento de Damon.
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Lo bautizamos Stefan, por el mártir cristiano al que Giuseppe es tan devoto. El niño tiene sus ojos, y le da un poco de paz cuando lo sostiene. Mi Stefan, ¡es tan adorable también! ¡Tú tienes sangre de hada, pequeñín, te van a amar mucho!
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¡Sangre de hada!
—Hay una leyenda sobre las personas con sangre de hada, ¿no, Damon?
Él la apretó más en sus brazos.
—Algunos desarrollan poderes… no humanos. Otros sólo… son sexualmente irresistibles —su voz enronqueció un poco con la última parte de la frase.
Elena no hizo ningún comentario. Quedaba implícito que parte del secreto del atractivo de los hermanos Salvatore estaba en su sangre, y no precisamente porque fueran vampiros.
Siguieron leyendo.
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Un hombre llamado Klaus llegó al castillo, se ha hecho amigo de Giuseppe. A mí no me gusta cómo me mira, ni a mis hijos…
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Klaus me ha vaticinado un destino fatídico. Dijo, con voz como de serpiente, que no veré a mis hijos volverse hombres, y que ellos morirán jóvenes, que él va a ocuparse de ello. Que Asallam cree que puede vencer a los de la Dimensión Oscura pero es un iluso, que el hombre es un esclavo de la Oscuridad.
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No soporto más ver cómo Giuseppe maltrata a Damon. Está envenenando el alma de Stefan, volviéndolo egoísta y celoso de su hermano. Ah, Damon, tú eres un niño especial, ya piensas como un hombre, espero que no seas arrastrado por la Oscuridad, y que puedas proteger también a tu hermano.
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Damon lloraba. Elena sintió las lágrimas caer sobre su hombro.
—Mi amor… —le acarició la mejilla.
—Les fallé a todos, Elena. Le fallé a la humanidad entera por lo que veo. Lastimé a mi hermano, lo maté, por una vampira, corrompida, que sólo gobernaba mi deseo, no mi amor. Fui vengativo. Porque Stefan siempre era el favorito en todas partes, en el castillo, con la sociedad florentina, con el que yo creía era mi padre; y yo quería darle una lección, arrebatarle algo para demostrarle que podía ser mejor que él. Por eso seduje a Katherine, y luego fui yo el seducido por ella, el esclavizado por los sentidos. La Oscuridad me atrapó bien, Elena. Y yo no hice nada para evitarlo.
—Tal vez no tenías las fuerzas para hacerlo entonces. Stefan dijo algo de que Katherine había sido destinada a ti, pero Klaus la corrompió para mantenerte solo y resentido. Tal vez necesitabas ese complemento femenino, esa alma gemela, para poder luchar…
—¿Y cómo Stefan sabría eso?
—No lo sé. No hay más en el diario de tu madre. Pero eso tal vez explique muchas cosas. Por ejemplo, mi parecido físico con Katherine, nuestra coincidencia genética. Tal vez yo soy la segunda oportunidad.
—¿La segunda oportunidad de qué?
—De que te unieras a tu alma gemela, y engendraras un hijo.
—Pero ahora soy un vampiro, un ser de la Oscuridad, del mal.
—Nadie pertenece al mal si no quiere hacerlo. El propio Stefan te ha demostrado eso. No importa todo en lo que se haya equivocado, ha luchado mucho por enmendarse, por hacer el bien. Él quiere que lo perdones.
Damon se paró de la cama donde habían estado acurrucados.
—Eso me lo tiene que decir frente a frente. Quédate aquí, Elena; no salgas para nada —se fue volando, sin que Elena pudiera siquiera intentar detenerlo.
Nota: Disculpen la demora en publicar…
