Holasss!
Muchas gracias por sus comentarios, chicos. Me gusta leer lo que comentan porque sus supuestos me parecen muy interesantes. Me halaga que se internen de esta manera en la historia :D
Espero que a medida que vayamos avanzando, la tensión y los nervios aumenten, porque les aseguro que la próxima publicación estarán comiéndose las uñas, así que prepárense y atentos todos!
Vamos con la lectura entonces, buen viajeeeee!


IX

Tarde o temprano

Hermione sentía que el cansancio le cerraba los ojos como si sus párpados pesaran toneladas. Había pasado largas horas de la noche tratando de dar con un alfabeto rúnico que pudiera ayudarla en la interpretación del segundo párrafo y su sobresfuerzo le estaba pasando la cuenta. Sentada en la alfombra de su sala al interior de su apartamento, la muchacha estaba con el pergamino frente a ella revisando una y otra vez las líneas escritas. Lo único que pudo descifrar fue una frase que no entendió muy bien: "uno con su sangre en el pie de lince matará al otro…", y aquello le quedó dando vueltas en la cabeza como una procesión molesta de palabras sin sentido. Recordó los hermosos ojos de Teddy y su corazón se apretó. La palabra "matará" le llenaba la sangre de escarcha. Quería mucho a ese niño. Su personalidad tan fresca y cariñosa lograba robar el corazón de cualquiera. Si un poder peculiar residía en él, estaba convencida de que se trataba de las más blanca de las magias. No pudo evitar sonreír ante el dibujo que le había regalado. Lo buscó entre sus libros y halló el trozo de papel con el retrato de ella y Harry tomados de la mano. Sus rostros eran burdos al igual que sus cabellos alborotados hasta lo imposible, pero el pequeño supo muy bien cómo definir el color en los ojos de ambos. A Harry le pintó la mirada con un verde sobresaliente y a ella un tono miel que combinaba a la perfección. Fue curioso, pero al apreciar el color marítimo de su mejor amigo dibujado, la hicieron desear verlo en vivo y en directo. La mirada de Harry siempre conseguía apaciguarla.

Admiró el dibujo por largos minutos y volvió a sonreír debido a la seriedad que había visto en Ron. Sabía muy bien lo que pasaba con él, lo conocía en sus arrebatos y actitudes infantiles. Tantos años siendo amigos y luego novios, no habían pasado en vano. Sabía que estaba volviendo a interesarse en ella y no supo qué pensar sobre ello. Había pasado tanto tiempo que ya no sabía si lo deseaba o no. Resultaba extraño. Tenía tantas cosas en la cabeza, tantas preocupaciones que la idea de reconstruir la relación le parecía absurda a esas alturas del partido. ¿Qué diría Harry al respecto? ¿Qué diría si volviera con Ron después de las noches que lloró en su hombro? Inesperadamente, se incomodó al imaginar la situación: de novia otra vez teniendo que tragarse sus palabras frente a su mejor amigo. Como si hubiera invocado el momento con el pensamiento, Ron golpeó a su puerta mostrándose sorprendida de verlo en su umbral. Él la saludó como siempre y lo invitó a pasar ordenando un poco el desastre que tenía con libros y papeles desperdigados por la sala. Ron tomó asiento en uno de sus sofás.

-Veo que no dejas ese pergamino por nada del mundo, ¿eh?

-Debo terminar de traducirlo… Harry confía en que lo haga y no puedo fallarle- dijo la joven, enrollando el manuscrito con cuidado. Ron asintió, pensativo. Nunca dejaba de sorprenderse por su nivel de entrega cuando se trataba del moreno. De pronto, se percató del dibujo hecho por Teddy entre los papeles y los celos volvieron a ahorcarlo.

-¿Por qué Teddy hizo un dibujo así de ustedes dos?- preguntó apuntando el trozo de pergamino con cierto desdén. Hermione rodó sus ojos sabiendo que hablaba con un claro doble sentido. Resultaba tan estúpido responder a eso que resopló y prefirió dirigirse a la cocina para servirse una taza de té. Ron la siguió sin entender la pausa ante una sencilla pregunta.

-¿A qué debo tu visita? ¿Vienes a preguntarme por un dibujo hecho por un niño o se trata de algo más?- las palabras de Hermione sonaron duras e impacientes. El pelirrojo frunció sus labios, consciente de que era el momento de ir al grano. Sin embargo, de manera inesperada escuchó la voz de Harry en su cabeza diciéndole que no permitiría que le hiciera daño a Hermione de nuevo. Trató de obviarlo y carraspeó para aclarar su garganta.

-De hecho, yo… disculpa si… puedo venir otro día…

-Ronald- le insistió la castaña, enarcando una ceja. Ron comprendió que estaba divagando.

-He venido hasta aquí para decirte… que te extraño- dijo sin más rodeos sintiendo que sus orejas ardían rabiosamente y su voz se había atorado en alguna parte de la garganta. La castaña dejó de hacer lo que estaba haciendo para mirarlo a la cara. Nunca pensó que Ron le diría algo así tan directamente y sin ningún tipo de contexto que pudiera respaldarlo. Tuvo que pedir que se lo repitiera porque no lo creía.

-¿Me extrañas?

-Sí, este último tiempo he pensado mucho en nosotros…

-Pero hace meses que no existe un nosotros, tú mismo lo quisiste así, Ron.- refutó la muchacha sin entender por qué el cambio tan radical en él.- ¿Por qué me dices esto ahora?

-No lo sé, es sólo lo que siento- dijo el pelirrojo encogiéndose de hombros. A Hermione le enfurecía que no tuviera un argumento sólido, algo convincente que pudiera devolverla al carril en el que estaba cuando comenzaron a salir juntos. Su imprecisión la sacaba de sus casillas. No le agradaba que siempre sus palabras sonaran tan volátiles. Ron caminó hacia ella despacio para robarle un beso. Al hacerlo, la castaña se asombró de una sola cosa: tanto esperar para volver a sentir sus labios sobre los suyos que al hacerlo, no experimentó el brinco en su estómago ni el estremecimiento que esperaba en su piel. El pelirrojo presionó más su boca contra la suya a modo de insistencia pero no logró encender el calor que le conocía en el pasado. Al separarse se miraron el uno al otro, Hermione se apartó de él caminando hacia el extremo contrario de la cocina.

-Ron… no creo que esto sea una buena idea.

-¿Por qué no? No he podido olvidarte… y sé que tú tampoco.- la joven se mordió los labios con un dejo contrariedad. No sabía qué decirle. No estaba segura de sus sentimientos como lo estuvo semanas atrás. Todo estaba de cabeza y tenía cosas más importantes qué atender que un romance maltrecho.

-Han pasado, meses. Me enamoré de ti y lo sabes, pero creo que el panorama ha cambiado- sentenció con firme entonación. Hermione no se entendió aquella postura, fue una absoluta sorpresa para ella reaccionar así ante la declaración de Ron y su beso. Debería estar feliz saltando en un pie después de haberlo deseado tanto tras el rompimiento. No obstante, no podía sacarse de su cabeza a Teddy, a Icarus… a Harry y su ciega confianza en ella. Desconocía por el momento que su corazón le tenía preparada otra cosa.


Como ya se había hecho costumbre, Harry escuchó el golpeteo de su puerta sacándolo de su estudio nocturno. Estaba en su segundo año en la Academia de Aurores y debía subir su promedio o perdería terreno como uno de los mejores alumnos de la generación. Dejó su libro sobre el sofá y fue a atender el llamado con paso cansino. Allí estaba su mejor amiga, abrigada por un ceñido abrigo gris y una gruesa bufanda alrededor de su cuello. Harry no se había percatado del frío en las afueras ni de lo tarde que era. El azul añil de la noche estaba en su más alto apogeo y con una luna alta sobre sus cabezas. La joven, al verlo, entró sin esperar invitación y Harry cerró la puerta.

-¿Estás estudiando?- preguntó ella sonando más extrañada que arrepentida de haberlo interrumpido. El moreno se percató de su sorpresa y frunció el ceño.

-Usted no es la única aplicada en la Academia, señorita Granger.- contestó mostrándose ofendido. Hermione sonrió.- ¿Qué haces aquí a estas horas?

-Hablé esta tarde con Kingsley… me ofreció la oportunidad de estudiar Paleografía en Grecia por los dos siguientes años.- Harry alzó sus cejas de manera instantánea. Sin saber muy bien de lo que se trataba, no dudó en felicitarla dándole un abrazo breve. La castaña lo recibió como sólo ella sabía hacerlo.

-Me parece genial, te felicito… pero sólo por curiosidad, la Paleografía es…- Hermione soltó una risa con ganas. Le pareció muy divertido que la hubiese felicitado sobre algo que ignoraba.

-Es el estudio de la escritura antigua, ya sabes lo mucho que me gustaba la materia de Runas Antiguas en Hogwarts.

-Claro, y de seguro eras la única- comentó de vuelta el ojiverde recibiendo un golpe juguetón en su pecho.- ¿Y deberás viajar hasta allá todos los días?

-Así es, Kingsley me proporcionará una Traslador para no perder las clases en la Academia- Harry no pudo evitar reír, sabía que esa chica no podía mantenerse con una sola actividad por mucho tiempo. Su inteligencia e iniciativa natural siempre la impulsaban a desear mucho más. Al preguntarle sobre la opinión de Ron la sonrisa se deformó en su rostro como si hubiera estado hecha de cera expuesta al sol. El ojiverde supo de inmediato que había tocado la razón real de su presencia allí. Habían discutido nuevamente.

-¿Qué pasó ahora?

-Ron ni siquiera me deseó buena suerte- dijo ella odiándose por no poder controlar esas lágrimas insurrectas huyendo de sus ojos- No sé lo que sucede… está cada vez más alejado de mí, siento que no puedo retenerlo.- Harry no podía creerlo. Después de pasar por tanto para poder estar juntos, ahora Ron estaba desperdiciando aquella oportunidad de estar con una chica tan grandiosa como ella. La vio caminar hacia la chimenea mirando el fuego en completo silencio. Tuvo el impulso de abrazarla por la espalda y apoyar el mentón en su hombro pero se detuvo a tiempo. No quería incomodarla con una aproximación que pudiera tomar como inadecuada. Qué rabia sintió hacia el pelirrojo. Entendía que la familia Weasley pasaba por un luto riguroso, pero no debía olvidar vivir. Hermione añadió:- Ahora con el nuevo horario que tendré, mucho más estrecho y complejo, la distancia entre ambos terminará por arruinarlo todo.

-Detente justo ahí, Hermione- le ordenó el moreno, enfático- Lo que te ha ofrecido Kingsley debes aprovecharlo. Si tu relación con Ron es lo suficientemente fuerte, este periodo de ajuste será sólo una pequeña traba en el camino, nada más.

-¿Y si no?- la clara inseguridad en su mirada ambarina lo sobrecogió.

-Entonces serás una espléndida paleógrafa soltera.- bromeó consiguiendo robarle una sonrisa sincera a su mejor amiga entre sus lágrimas de incertidumbre…

El recuerdo de esa plática asaltó la cabeza de Harry con la misma violencia de una tormenta. Qué ganas de retroceder en el tiempo y decirle tantas cosas que tenía atravesadas en la tráquea. Ron no la merecía, nunca la mereció. Ahora lo veía todo con mucha claridad. ¿Por qué habían acabado juntos cuando jamás tuvieron una base sólida sobre la cual construir algo? Era lógico que todo se viniera abajo, como lo suyo con Ginny. Eran dos parejas de pésimos arquitectos y se quitó las gafas para frotarse los ojos. Luego de su visita a St. Mungo y de haber terminado con la pelirroja, Harry se dirigió hasta el nivel en que Luna Lovegood trabajaba. Necesitaba hablar con alguien lamentando que aquel tema, quizás el más importante de su vida, no pudiera conversarlo con Hermione porque la involucraba a ella directamente. En qué caos se había transformado su mente. La rubia lo escuchaba con atención mientras revisaba sus frascos con ingredientes. Una vez finalizado todo el relato y que el silencio se apoderara hasta la más mínima partícula de aire, Luna tomó la palabra oliendo algunas hierbas.

-¿Sabías que la hoja de tomillo y la hoja de jazmín incitan el amor?

-Estoy hablando en serio, Luna- replicó Harry sintiendo que lo golpeaban en el centro del estómago.

-Es muy simple lo que debes hacer… dile lo que sientes.- dijo con el típico desprendimiento que la destacaba.

-No es tan sencillo, ella sigue enamorada de Ron.

-Eso no lo sabes con exactitud. Ya te dije que por ti Hermione olvida todo.

Harry no pudo responder nada porque la voz se le apagó como una vela. Después de hablar con ella y sintiendo el alma pesada, el joven llegó a la mansión por la tarde. Saludó a Andrómeda con desanimo, besó a Teddy en la frente y subió al segundo piso casi corriendo para encerrarse en su cuarto. Se arrojó en su cama boca arriba y miraba el techo viendo sus pensamientos rayados en él, girando como un caleidoscopio. Tuvo que cerrar los ojos o se marearía de un segundo a otro. Un par de golpes en la puerta le alertaron que alguien estaba del otro lado. Adelante, dijo y los pasitos de su ahijado llegaron a su lado. Harry giró la cabeza para verlo a dos palmos de distancia mirándolo con preocupación. Sus ojos plateados centellaban algo que lograba calmar los latidos del moreno. Si bien sabía que había hecho lo correcto al terminar con Ginny, se sentía como una verdadera escoria. La ilusión de creerse enamorado había terminado y su fin sacudió sus convicciones. Todo iba bien, hasta que el inquieto corazón tuvo que interponerse y desordenar lo que encontrara a su paso.

-¿Te sientes mal, tío Harry? ¿Estás enfermo?

-Sólo estoy cansado, hijo, descuida- le dijo permitiéndole recostarse a su lado. A los pocos minutos, ambos se quedaron dormidos profundamente sobre la cama. Era muy sencillo dormirse con ese niño entre los brazos. Teddy posó su mano inconscientemente sobre el pecho de su padrino durante el sueño y éste respiró hondo recibiendo una cálida energía que le atravesó la piel. Aquella palma regordeta le tranquilizó la ansiedad y durmió una siesta reparadora como mucho tiempo no lo hacía…

-Harry… - el moreno escuchaba a lo lejos la voz de Hermione pensando que estaba otra vez sumergido en esas pesadillas inquietantes de lágrimas y dolor en donde ella era protagonista. Abrió los ojos lentamente hasta encontrarse con el rostro de la castaña sobre él. Se incorporó despacio tratando de no despertar a Teddy a su lado. ¿Cuántas horas habían pasado? Reparó por la ventana que comenzaba a anochecer.- Andrómeda me dijo que estabas durmiendo, lamento despertarte.

-No, no te preocupes- dijo Harry estirando sus músculos. Hermione le hizo un gesto para que la siguiera fuera de la habitación y entre ambos arroparon a Teddy antes de salir.

-Tengo que enseñarte algo… - le dijo la castaña una vez en el pasillo y bajaron hasta la sala. Sobre la mesa de centro, Hermione había depositado todos sus libros y el pergamino se mostraba desplegado entre ellos. Harry supo al instante que la muchacha había descifrado nuevas líneas y se puso ansioso. Sus latidos se aceleraron hasta dolerle el pecho. – He traducido todo el primer párrafo- le dijo ella tomando el borrador entre sus manos- Lo he repasado miles de veces para no equivocarme en alguna de sus runas lo cual podría afectar el significado de una frase completa. Escucha:

"Lo llamarán el Último Hechicero y temerán los enemigos al conocer su poder y talento.

Será un bienaventurado por el apellido que ostenta siendo Black su honor y nobleza.

Podrá vencer la fuerza de mil tormentas y provocar millones con su gran destreza.

Desde la larga estirpe de la familia Black, descienden dos que no se deben encontrar.

Una fuerza incontenible reside en sus corazones: uno puro y el otro oscuro,

Puro es el último mestizo del ancestral apellido, oscuro es el de linaje mágico y crudos ojos fríos.

La ambición condenará sus vidas y uno con su sangre en el pie de lince matará al otro"

Harry tragó saliva. No le gustó para nada la última línea. Andrómeda, quien estaba a una distancia prudente y envuelta en pavor, se sentó en uno de los sofás sin poder sostener el peso de su cuerpo. Al igual que al ojiverde, el término de ese breve texto le llenó el estómago de plomo. Hermione explicó que el segundo párrafo aún estaba demasiado difícil de traducir, todavía estaba buscando un alfabeto que se ajustara a los que estaban allí calcados pero era como buscar algo en una pieza oscura. La paradoja era lo que más les llamaba la atención, ¿el de sangre pura poseía el corazón oscuro y por tanto, la magia negra que debían temer? ¿Qué sucedería si Icarus obtuviese aquel poder al matar a Teddy? ¿Sería en verdad invencible? Harry creyó que todos sus huesos se habían convertido en piedra.

-¿Qué significa En el pie de lince?- preguntó Andrómeda tratando de despegar la pesadez del ambiente con palabras.

-No lo sé- dijo Hermione- en una primera instancia creí que se trataba de una expresión simplemente pero ya no estoy muy segura.

-¿Será una especie de rito?- aventuró Harry imaginando que el cumplimiento de una profecía no sería tan simple como sólo lanzar un maleficio y ya. Se trataba de sangre, hablaba de sangre y eso lo inquietaba. Maldito Icarus Prewett Black. Cuando la paz volvía a su vida tenía que interrumpirla un nuevo demente sediento de poder. Ahora se trataba de Teddy, de un niño que amaba como un hijo y no permitiría que nada malo le sucediese. Lanzaron miles de hipótesis sin concretar nada. La hora de la cena estaba por cumplirse y Andrómeda se levantó para dirigirse a la cocina y preparar algo. Necesitaban bajar la tensión de la plática y respirar un poco. Hermione, agotada mentalmente, ordenó sus libros y guardó el pergamino entre las hojas del más voluminoso. Al hacerlo, el dibujo de Teddy cayó al suelo siendo recogido por Harry. Sonrió ante el retrato con los hermosos trazos de un pequeño de cuatro años.- ¿Recuerdas cuando le constaste a Teddy de lo sucedido en tercer año de escuela? ¿Sobre Buckbeak y el rescate de Sirius?- Hermione asintió, riendo.

-Claro, aún conservo ese dibujo. Imaginó tan bien al hipogrifo y a nosotros montados en él que parecía portada de un libro- el moreno se enterneció. Le agradaba conversar sobre su ahijado y las anécdotas cotidianas con la joven castaña. Si Tonks y Remus siguieran con vida, estarían orgullosos de que esa chica lo ayudara con la crianza de su hijo. Los demás chicos también aportaban pero era ella quien contaba con un especial instinto maternal.

-Gracias por estar conmigo y con mi ahijado. No sólo ahora, sino desde el primer día- le dijo Harry sonando casi como un susurro.

-No hay nada qué agradecer, adoro a Teddy- respondió la castaña- Imagínate, hemos pasado tanto tiempo con él que hasta nos ve casados.- bromeó refiriéndose al dibujo y lanzó una carcajada que el ojiverde no correspondió. Se quedó serio, mirándola como nunca lo había hecho antes. La intensidad de su mirada causó que Hermione cambiara la expresión de su rostro paulatinamente hasta guardar silencio. Aquello ya no parecía tan gracioso. De repente, el fulgor en la chimenea los alertó que la imagen del Jefe de los Aurores Gustav Lochrin apareció entre las llamas. El contacto visual de los dos mejores amigos se rompió dirigiéndose a su superior.

-Potter, Granger… necesito que se presenten mañana a primera hora en mi despacho- les ordenó sonando casi de manera mecánica y monótona. Harry preguntó el motivo esperando una sola respuesta.- Hemos obtenido informes de que Icarus puede estar en Amsterdam, Holanda. Cuando estén aquí, les daré los detalles- los jóvenes intercambiaron miradas, expectantes.

-Disculpe, señor, pero si no le molesta me quedaré cuidando de Teddy- dijo Hermione- Estaré más tranquila si uno de los dos se queda con él.

-Pueden traerlo aquí, el Cuartel es el lugar más seguro del mundo- insistió Lochrin. La castaña lo pensó y volvió a negarse.

-No creo que sea necesario. Le agradecería refuerzos por si acaso, pero me quedaré de igual manera.- el Jefe de los Aurores trató de refutar pero a Harry le pareció una acertada decisión de parte de su mejor amiga. Le sugirió que fuera con el pequeño a La Madriguera. Hacía mucho tiempo que los Weasley no veían al niño y por lo demás, le haría bien salir de la mansión luego de días encerrado. Ella asintió al igual que la imagen de Lochrin, que tras unos segundos se desvaneció bajando la intensidad del fuego. El silencio volvió a la sala, sólo el ajetreo en la cocina causado por Andrómeda remplazaba las palabras. El momento interrumpido aún vibraba en el aire. Hermione decidió hablar de otro tema.- Ron fue a visitarme esta mañana.- Harry frunció el ceño de forma instantánea. Sabía que el pelirrojo tenía intenciones de hablar con ella a solas pero no pensó que fuese tan pronto. Su estómago se contrajo y trato de fingir que no estaba tan interesado en saber todos los detalles.

-¿Y qué pasó?

-Me dijo que me extrañaba… y luego me besó- la rabia de Harry se encendió como si accionaran un interruptor en su pecho. Apretó los dientes buscando la forma de controlarse. Hermione continuó, sonrojada- Sé que no debí permitirlo pero…

-Pero lo hiciste- la interrumpió poniéndose de pie- Espero que hayas sacado muchas cosas en limpio con ese beso porque no quiero tenerte de nuevo en mi puerta llorando por él.- la castaña no supo qué decir. Esperaba esa respuesta del ojiverde pero la angustia generada en ella fue totalmente imprevista. Pudo vislumbrar muy bien la decepción en sus ojos claros.

-Harry, no es lo que…

-No tienes que darme explicaciones, sólo soy tu amigo- cortó de manera aguda alejándose de ella hacia las escaleras. Había perdido el apetito.


Ginny llegó a su oficina en El Profeta derrumbándose en su silla tras el escritorio. No podía concebir la plática ocurrida con Harry, sus palabras, su confusión y la inesperada aceptación de sus sentimientos hacia Hermione. La pelirroja no podía decir que se sentía traicionada, no era la emoción que corría sus venas, sino que sorprendida. Pensó que Harry jamás se daría cuenta que ese amor fraternal no era más que una máscara para no enfrentar una verdad oculta. No sabía si Hermione sentía lo mismo por el moreno, pero no tardaría en enterarse también. No obstante estaba molesta, más que con Harry, consigo misma. No consiguió enamorarlo como ella lo estaba de él, no logró hacerlo sentir cómplice de su vida como lo hizo la castaña. Debió luchar más, acompañarlo en todo momento, no separarse de su lado. Si debía culpar a alguien del rompimiento, la gran responsable había sido ella…

La caída de Voldemort tenía a toda la comunidad mágica feliz, con esperanza de tiempos mejores y una paz que merecían desde hacía años. Luego de vencerlo, Harry había sido elogiado por todos aquellos que no creyeron en él en un momento determinado. Ginny sabía que su novio estaba en el ojo del huracán y esperó paciente a que las aguas se calmaran antes de retomar aquel romance iniciado al interior del castillo. Esa semana, mientras Harry ponía las cosas en orden sobre su futuro y el reingreso a clases para recuperar el año perdido, la pelirroja compartía con su hermano Ron tratando de recuperar el tiempo. No lo veía desde hacía meses y con la muerte de Fred era necesario afianzar lazos de familia.

-¿Fue muy difícil lo que hicieron? ¿La búsqueda de esos Horocruxes estando lejos de todo el mundo?- Ron asintió al tiempo que se llevaba un gran pedazo de pavo a la boca. Después de comer miserias en el viaje, degustar la comida de su madre era un premio inconmensurable. Estaba mucho más delgado.

-Ni te lo imaginas… pasamos por muchas cosas- dijo el joven después de tragar.- El Horocrux más complicado fue el primero que conseguimos, el guardapelo. Como no sabíamos cómo destruirlo tuvimos que llevarlo con nosotros a todas partes y nos invadía de maldad.- Ron le relató la discusión al interior de la carpa, cuando estaba ciego de celos y sin ninguna prudencia disparó palabras hirientes a una persona que no veía como su mejor amigo por culpa de la venda de rabia que cubría sus ojos. Ginny escuchaba atenta. - … Y me fui. Tomé mis cosas y me largué de la carpa.

-¿Y qué hay de Hermione?

-Ella se quedó… le pregunté si me acompañaba y me dijo que no- ante esa respuesta, la pelirroja se quedó muda, sumergida en sus pensamientos, en la idea de imaginarlos juntos, a Harry y a Hermione, durante días solos en una carpa, viajando, investigando, compartiendo supuestos y consiguiendo respuestas. La unión entre ambos debió de fortalecerse al punto de que nadie podría superarlo jamás. Aquello la inquietó.

-¿Te dijo que no?

-Bueno, habíamos prometido estar con Harry en todo momento… fui yo el que faltó a esa promesa.

-Pero le hiciste escoger a Hermione entre tú y Harry y ella se quedó con él- instó la muchacha destilando agudeza. Ron la miró serio, había entendido hacia dónde apuntaba su hermana y negó con la cabeza.

-No… fue mi error, el Horocrux habló y actuó por mí.- dijo sin sonar por completo convencido. Ginny sólo se encogió de hombros sin querer seguir con el tema…

Un golpeteo en la puerta de su oficina la distrajo de su remembranza. Invitó a pasar al recién llegado reparando que se trataba de su hermano. Tenía el rostro endurecido, como esculpido en piedra. Se sentó al otro lado del escritorio y dejó caer sus hombros bajo una clara señal de derrota. Ginny no supo si saludarlo o darle el pésame por alguna mala noticia. Ron no era de los que llegaban contando de sus problemas. Imaginó de qué se trataría. Hacía días que notaba en él un despertar frente a la separación con Hermione. Estaba claro que quería volver con ella y esperó a él iniciara la plática. Por otro lado, Ron no entendía que había sucedido en el apartamento de la castaña, le había dicho contra su propio orgullo que la extrañaba y se había atrevido a besarla sin su consentimiento. No había sentido correspondencia de su parte, sus labios se mantuvieron fríos, distantes, como si hubieran olvidado cómo besarlo. Tuvo miedo de que el tiempo hubiera hecho una mella irreparable en su relación. Le habló a Ginny al respecto, no sabía con quién más hablarlo. Con Harry era una idea descartada. Él le había demostrado que no estaba a favor de que volviera con Hermione.

-¿Harry te dijo eso?- preguntó la pelirroja enarcando las cejas.

-Entiendo que quiera protegerla, ella es como su hermana… pero estoy dispuesto a corregir mis errores- argumentó Ron. La joven se mordió los labios. Quiso decirle que existían razones mayores que ésa pero prefirió callar para no interrumpirlo.- No entiendo a las mujeres. Pensé que Hermione querría volver conmigo, que todavía sentía algo por mí… ¿Por qué no hablas con ella?

-No lo creo, Ron. Mucho menos ahora que Harry terminó conmigo- al decir eso, el pelirrojo abrió sus ojos como platos. Ginny continuó- Y como supondrás, no estoy de ánimos para solucionar la relación de nadie.

-Pero… ¿Qué pasó?- la muchacha lo miró profundamente. Le resultaba imposible que su hermano aún no viera los motivos evidentes. Luego del recuerdo, de lo contado por él mismo sobre la lealtad y fidelidad que existía entre Harry y Hermione, le parecía hasta irrisorio que no se diera cuenta. Optó por darle una mano.

-Pasó que Harry por fin abrió los ojos… y tarde o temprano, también lo hará Hermione- dijo en un tono formal y Ron se apoyó en el escritorio esperando que le explicara mejor lo que temía de antemano.


Después de cortar la comunicación vía chimenea, Lochrin volvió a su asiento por orden de Icarus, quien lo manejaba como marioneta. El mago acarició su bigote pensando en que esa chica castaña sí que era testaruda. Tenía la esperanza de que aceptara la propuesta de dejar el niño en el Cuartel General mientras iban tras una pista falsa, lejos de Inglaterra. Ahora, la guardaespaldas de Potter estorbaría sus intenciones. Se paseó por el despacho como si fuese propio, persiguiendo ideas, maquinando planes en su mente astuta. No pasó por alto la sugerencia del moreno: La Madriguera, la vieja casa de su prima Molly Weasley. Sabía dónde estaba, nunca la había visitado pero conocía su ubicación. No le agradaba mucho la idea de ir hasta allá para secuestrar al mocoso pero no tenía otro remedio. Dejando al Jefe de los Aurores absolutamente perdido entre la bruma del hechizo Imperio, sentado y sumiso, Icarus salió de la oficina notando que el piso estaba desierto. Aplicó en sí mismo el hechizo Desilucionador sólo como precaucióny caminó hacia la salida camuflándose con las paredes como un camaleón. Una vez fuera del inmueble, se Apareció cerca del Callejón Diagon ingresando por el Caldero Chorreante.

Las tiendas a lo largo del pasaje estaban cerrando sus cortinas al público. Ya estaba anocheciendo y el frío se apropiaba de la brisa. Icarus se dirigió hasta el Callejón Knockturn sabiendo que lo encontraría igual que hace varios años atrás, oscuro, húmedo, tétrico. La gente que circulaba por ahí lo miraba de reojo, escondidos tras sus capuchas, entre las sombras, en los rincones como verdaderos ratones. El mago se sintió vagamente incómodo. Adoptó ese típico aire arrogante de los Black, acomodó mejor el sombrero de copa sobre su cabeza, la capa en sus hombros y se internó por el estrecho corredor a paso seguro. La razón de su presencia allí era la búsqueda de algunos magos de mala muerte que pudiera reclutar para su propósito. Tenía dinero, tenía el poder del convencimiento y la elocuencia requerida. Sabía que con sólo prometer unos Galleons, muchos harían lo que él les ordenara. En una esquina, un grupo reducido de tipos se volteó para mirarlo. Cuchichearon algo entre ellos y uno fue el más atrevido al acercarse. Su aspecto era deplorable. Parecía un mendigo vestido con sus harapos y dientes podridos.

-Creo que te conozco, forastero- le dijo el hombre. Icarus lo miró como si se tratara de un bicho asqueroso.- Tienes el mismo desplante y seguridad de Bellatrix Lestrange.

-¿Qué sabes de ella?- preguntó el moreno.

-Pertenecíamos a un mismo bando hace algunos años- dijo a modo de secreto.- ¿Eres pariente de ella?

-Su primo- afirmó Icarus obteniendo con ello la sonrisa sucia del desconocido. – Así que también fuiste mortífago, ¿eh?- comentó como si hablara de un buen lugar para vacacionar. El tipo le hizo un gesto rápido de bajar la voz y miró en todas direcciones por si habían oídos ajenos atentos al diálogo.

-Mi nombre es Callahan, ellos son Jugson y Baker- los aludidos no hicieron ningún gesto de saludo. Icarus tampoco lo esperaba y los ignoró. Supo que eran una sarta de pobres diablos. Ahora entendía por qué Tom Riddle se sentía tan poderoso al lado de esas lacras.

-Me sorprende que magos con sus antecedentes visiten esta parte de Londres. Los Aurores pueden estar a la vuelta de la esquina- comentó Icarus. Callahan se encogió de hombros.

-No somos unos cobardes, como muchos que huyeron luego de la caída del Señor Tenebroso.

-Pero siguen temiendo decir su nombre, ¿no?- se burló el moreno con una sonrisa sarcástica en sus labios. Jugson dio un paso hacia él de forma amenazadora. No soportaba su petulancia. Sin embargo, Icarus, alertado por sus reflejos felinos y su instinto asesino, cogió al ex mortífago de la muñeca cuando éste desenfundó su varita hacia él. Se la presionó y dobló de tal manera que Jugson lanzó un gemido de dolor y cayó de rodillas. Al soltar su arma, Icarus la pisó rompiéndola en dos como un miserable palo de madera. Los otros dos quisieron intervenir, pero el moreno, con su enfado en aumento, provocó que el piso temblara levemente y lograra asustarlos. Trataron de huir pero Icarus se los impidió cerrándoles el paso en el callejón con un movimiento de su varita. Ellos recularon. Jamás habían visto semejante rapidez más que en Bellatrix, o el mismo Voldemort, ¿quién era ese tipo? El frío de sus ojos azules era antinatural y tuvieron que desviar la mirada hacia otra dirección.- No es necesario que corran como cucarachas asustadas, no les haré daño… si se portan bien.

-¿Qué quieres de nosotros?- Icarus adoptó una postura un poco más piadosa.

-Les quiero ofrecer un trabajo- dijo extrayendo del interior de su capa una bolsa llena de Galleons que arrojó al suelo. Los tres magos se quedaron estáticos de la impresión y la codicia.- Sé lo que mueve al mundo, y tengo mucho más de donde proviene eso. Pueden quedarse con todo.

-¿Cuál es el truco?- preguntó Baker sin poder fingir el interés en el brillo de sus ojos oscuros.

-No hay ningún truco, sólo necesito que reúnan algunos otros dispuestos a seguir mis órdenes y los recompensaré muy bien- la capacidad de hipnotizar con la mirada hacía de Icarus una persona convincente y acaparadora. Les explicó sus intenciones y al mencionar el nombre de Harry Potter, los tres magos se miraron entre sí, frunciendo el ceño.

-¿Piensas matarlo? ¿Puedes concretar lo que no logró… Voldemort?- preguntó Callahan con cierto cuidado al nombrarlo. Icarus lo miró como si la respuesta resultara muy obvia.

-Primero mataré a su ahijado… y con ello, ya le habré quitado la mitad de su vida.- al decirlo, no pudo evitar reír brevemente.