¡Holatarolas (jajaja)! He vuelto después de un tiempo, espero que no haya sido demasiado para ustedes. Tengo buenas noticias: estoy ad portas de salir de vacaciones; o sea, se vienen las actualizaciones semanales, ¡yupi!

Espero que disfruten este capítulo, sé que les va a gustar, porque ya empieza lo bueno. Gracias por leer y, ¡espero sus lindos reviews!


Capítulo 9: Teoría

Varias semanas habían transcurrido desde que los del Shitenhouji abandonaron Tokio para regresar a su natal Osaka, y aquel escenario no podría haber sido mejor para Ryoma. Todo el desorden que el pelirrojo había causado en su vida se había desvanecido rápidamente al momento en que puso un pie en el tren. Volvió a tener el absoluto control sobre sus emociones y, para su sorpresa, un control casi desbordante sobre Ryuzaki. Él la miraba y ella se sonrojaba, él le hablaba y ella tartamudeaba, él se acercaba y ella expelía nerviosismo. Aquello debía significar algo, así que intentó ponerlo a prueba un día, sólo para comprobar su teoría.

Ryoma estaba practicando como de costumbre, y Sakuno se encontraba observando el entrenamiento como era casi usual en ella. Al terminar, el peliverde se dirigió hacia los vestidores para cambiarse la ropa sucia, y se percató que ella no se había movido del lugar. Así que se cambió con celeridad y salió para encontrarse con la nieta de la entrenadora.

Se acercó a ella y la sangre de Sakuno se acumuló progresivamente en sus pómulos, delatando su nerviosismo. Cuando estuvieron frente a frente, Ryoma habló:

—¿Quieres tomar una Ponta? Yo invito —preguntó, como si aquello fuese lo más normal del mundo.

Los ojos de su compañera se abrieron desorbitantemente y Ryoma sonrió con arrogancia cuando ella agitó apresuradamente su cabeza en señal de respuesta. Caminaron hacia la máquina expendedora más cercana y el ambarino ingresó un par de yenes, eligiendo el sabor uva para ambos refrescos.

Un escalofrío recorrió la totalidad de la espina dorsal de Sakuno cuando Ryoma le entregó su bebida y, por accidente, ella rozó su mano con sus largos y finos dedos. Él casi expulsa un gruñido de satisfacción al sentir la tersa piel de ella por primera vez, y no dejó pasar el detalle del escalofrío por alto y la miró fijamente a los ojos, para comprobar el control que poseía sobre ella. Ningún adjetivo podría ser capaz de describir el color del rostro de Sakuno ni menos su actuar en esos momentos. El Echizen esbozó una sonrisa altanera mientras la invitaba a sentarse en la banca más próxima.

Sakuno sintió que horas pasaron mientras estaban ahí sentados sin decirse nada, simplemente disfrutando del sabor del jugo y del viento que les desordenaba juguetonamente el cabello. Y cuando finalmente ambos acabaron, otra descarga se adueñó del cuerpo de la cobriza. Ahora Ryoma había tomado sin pudor la lata de las manos prístinas de Sakuno para botarla en el basurero. Y por supuesto que aquello lo había hecho con intencionalidad. Porque había descubierto que aquella sensación de su piel suave era demasiado agradable como para no repetirla.

Algo se agitó en el fondo de su estómago cuando la escuchó suspirar de manera audible para calmar sus emociones. Dio una media vuelta paulatina y la miró por última vez, taladrando sus ojos.

—Adiós, Ryuzaki.

La aludida se quedó sola sentada en la banca, viendo cómo desaparecía su príncipe e intentando calmar las múltiples sensaciones que atiborraron su cuerpo.

Y mientras Ryoma caminaba inusitadamente feliz hacia su hogar, con una imborrable mueca de satisfacción grabada en su rostro, comprendió que, tal como ella y Tooyama juntos tenían un efecto en su persona, él causaba un gran efecto en Ryuzaki. Su teoría se había comprobado, y eso solo traería cosas buenas a futuro. Siempre y cuando el insoportable de Tooyama no se inmiscuyera en sus asuntos.