DISCLAIMER: Himaruya Hidekaz es dueño de Hetalia y todos sus personajes. Latin Hetalia pertenece a la comunidad latinohetaliana y es libre como sus países.
ADVERTENCIAS: Insultos, nombres de personajes, luchas históricas, saltos futuristas, OoC y +18 (tal vez).
Capítulo 9: Vacío.
Le asombraba su increíble capacidad para atraer los problemas. Ahora se preguntaba si los planetas, las estrellas, el zodiaco chino o la deidad cósmica que sea, se habían puesto de acuerdo para darle aquella suerte… intentaba que todo pasara inadvertido, que sus pensamientos y emociones no fueran tan evidentes, intentaba mostrar la cara de muñeca de porcelana sin emoción, esas con las que Arthur había adornado su cuarto de pequeña. El inglés nunca le dijo que controlara lo que sentía, eso, ella lo aprendió mirándolo. Aunque también lo aprendió del mundo mapuche, la seriedad y la serenidad, al menos. El decir sin miedo sus problemas, es algo de lo que aún dudaba.
Nadie le dijo que controlara sus emociones, ni siquiera una sola vez, ella lo aprendió sola.
― ¡Goooooool! ¡Sí, Gol! ¡Gol chilena, gol! ― Sintió como la abrazaban.
― Yes! The football is so funny! ― El hombre a su lado parecía realmente emocionado.
― Ni puta idea que dijo ¡Pero estoy de acuerdo!
Ambos hombres a su lado, parecían muy emocionados.
― Eh… Sí… ― Sólo intentó sonreír.
La situación no estaba saliendo para nada lo que esperaba…
― Híjole compadre… Que el holandés ya se chingó… ― Le susurró el moreno al oído del otro norteamericano al ver la cara del europeo ― Oiga mano… ¿Por qué es que estaba usted aquí?
― Voy a enseñarle a Javi un poco del dominio que deben tener las naciones ― Dijo, un poco más fuerte de lo normal al estar en el estadio.
― Jajajajaj ¡Güerito, no manches, no jodas así cabrón! ― El rubio sonrió e inmediatamente recibió un fuerte golpe del emisor ― ¡No mames, ya la armaste wey! ¿Lo sabe el gringo?
― N-no debo decirle a Al todo lo que pasa… ― Se acomodó los lentes.
Javiera se sentía incómoda, no por el hecho que Argentina la estuviera abrazando con su brazo extendido alrededor de sus hombros desde el comienzo del partido. Tampoco era la incomodidad que sentía de tener a Inglaterra y representante de todo el Reino Unido, abrazado a su brazo… Después de media hora de tironeo, forcejeos, insultos y peleas infantiles, parecía que el deporte les había llenado la cabeza y por el momento se estaban comportando, aunque… Tenía la leve sospecha que eso no duraría mucho tiempo. Se sentía incómoda, porque no esperaba la repentina (inoportuna) visita de todos quienes estaban allí.
Ella había tenido la leve esperanza de sentarse al lado de Matt, ya que habían congeniado tanto… y cerca de su abuela, para que estuvieran juntas un poco… Pero no… la visita de su padre estaba planeada y también que fuera al estadio, pero…
― ¡Vamos Europa! ― Gritaron a dos voces los italianos.
― ¡El viejo mundo se pone la camiseta! ― Gritó el moreno mayor de ojos verdes poniéndose de pie.
― ¡Hum! ― Apoyó lo anterior, con una especie de asentimiento el más alto de todos.
― ¡Hermano Francia no puede apoyar a ninguno pero que gane el mejor! ― Se metió en la barra el rubio de cabellera perfecta (Tiembla Selena Gómez).
― ¡Vamos América! ― Gritó de pronto a su lado, al lado de su oído, su vecino.
― Ya sabía yo que esto era un provocación directa ― La mujer de largas trenzas, en vez de estar disfrutando, parecía muy enojada y tensa mientras balbuceaba― Ese maldito español me las va a pagar… No me deja ver lo que está pasando… Como si la carne de burro fuera transparente…
― ¡Chile! ¡Chile! ― Coreaba con dos banderines en cada mano el mexicano ― ¡Te apoyo un buen! ¡Siéntense europeos que no dejan ver!
― Gane quien gane, yo gané dinero con este partido ― Asintió el rubio, arreglándose los lentes.
― ¡Pero si yo aposté a que ganaría Chile! ― De pronto, el argentino soltó a Javi y se dirigió hacia su hermano ― ¿Cómo podés haber ganado así como así, eh Uru?
― Ahí está el problema boludo… Yo aposté que ambos equipos meterían un gol al menos, antes que termine el primer tiempo…
― ¡Que quilombo para vos, Sebas! Quedan 4 minutos pibe, ve pasando esa guita ― Sonrió el argentino.
― Calláte y mirá bien… Que aún queda tiempo bo' ― El uruguayo parecía muy tranquilo.
― Seguí siendo rebelde boludo, no hay manera que el gringo ese pueda meterla, che…
Martín estaba seguro que tenía asegurado el dinero de su hermano en el bolsillo, pero ver a Seba tan tranquilo, lo descolocaba un poco, su hermano era especialista en fútbol, él claro, era mucho mejor, más grosso y mucho más genial… Pero cuando la naranja mecánica hizo su jugada y resultó con la pelota en el arco contrario, el argentino se dio cuenta que estaba en serios problemas.
― ¡Por la concha de la…! ― Gritó cerrando los ojos, mientras su voz se perdía en el ruido que se levantaba desbocado
― ¡Goooooooooooooooooool! ― Gritaron los europeos.
Fue emocionante para ellos, pero eso, se levantaron y gritaron, ni comparados a los americanos, que se habían abrazado y estrechado… Bueno, Martín lo había hecho… Por otra parte, el inglés se había sentado huraño, con las piernas y los brazos cruzados.
― ¡Hostia, alégrate tío! Que te hayas salido de la Unión Europea, no significa que no seas europeo tonto inglés. Venga hombre, celebra con nosotros― El español lo encaró con malicia disfrazada tras su sonrisa relajada.
― ¡Ya siéntate de una vez que no me dejas ver! ― ReChe le golpeó el hombro.
― Vale, vale… no tienes que recurrir a la violencia, por dios ReChe… ― Se sentó muy tranquilito.
La incomodidad la estaba molestando mucho… Demasiado. Esto se había transformado en una guerra de americanos y europeos, un motivo para conseguir más dinero, la excusa perfecta para sacar a relucir viejas rivalidades, y una oportunidad para coquetear y tocar demás, miró a Martín.
Cuando fue el medio tiempo, se excusó con Inglaterra por tener que dejarlo solo, y le pidió a Argentina que la soltara para que ella pudiera salir. Con sólo un asiento separando a los viejos rivales, no tardaron ni 30 segundos cuando comenzaron los comentarios ácidos y después del minuto, la guerra estaba desatada. Al mismo tiempo, el rubio americano de lentes y ojos azules fue tras ella. Sin ninguna razón en especial, bueno, sí… Había una pujante razón por la que quería hablar con ella, pero entre tanta gente, y situaciones tan diversas… La verdad, es que no habían intercambiado muchas palabras, y eso, le preocupaba.
― ¡Chile! ― Se atrevió a gritar, e inmediatamente ella se dio vuelta.
― ¿Canadá? ¿Qué haces aquí? ― Ambos se juntaron y comenzaron a caminar.
― ¿No puedo? ― Él sonrió.
― No es eso… ― Ella le tomó la mano y lo guío fuera del estadio ― lamento hacer esto… Hasta estabas disfrutando de eso, pero de verdad… no puedo permanecer más tiempo allí… Lo siento, pero voy a tener que secuestrarte, o si no, jamás tendremos tiempo.
― ¿Tiempo?
Se sentía vacía.
Matthew suspiró, por un momento sólo vio un deje de tristeza en la joven. Se preguntaba si todo estaba bien con el pequeño país. Quizás por eso no dijo siquiera una palabra cuando tres hombres vestidos de negro los acorralaron, la tomaron y levantándola, la metieron dentro de un auto, por un momento él tuvo la inquietud, es decir, a todas luces parecía un secuestro, pero ella no quitaba la mirada de él, y una sonrisa extraña… Lo que le hizo quedarse quieto y no mover siquiera un musculo. El auto quedó con la puerta abierta, y uno de los hombres se puso a su lado. Una invitación indirecta a entrar al lado de la nación chilena.
― ¿Qué sucede? ― Preguntó al cerrar la puerta del auto, ya a su lado.
― Yo… ― Ella suspiró y sonrió con odio ― Creo que excedí mi… "libertad".
Todo pasaba lento para su vista… La cara de miedo de los niños, su decepción. Martín era el más frustrado, mientras Pedrito golpeaba con el puño el asiento vacío a su lado. Seba le gritaba al árbitro una sarta de insultos… Al parecer su buen carácter y su elegancia, sólo duraron hasta el primer tiempo del partido de fútbol. Por el contrario, el inglés estaba felicitando al europeo más alto por haber ganado el juego, los italianos se abrazaban y Antonio la intentaba rodear con sus brazos… A ella. Rápida como el viento, sacó su punzón de algún lugar, la punta del artefacto hecho de plata brilló en la luz del estadio e hizo retroceder al español con una sonrisa nerviosa.
Sólo verlo le recordaba todo… Las florecitas cuando era una niña, sus palabras bonitas y su gallardía, el cautiverio en su adolescencia, del que por cierto, quedó embarazada… Era cruel y era amable, dual, no era una cosa por completo, porque luego de intentar llegar a su corazón, fue agresivo, fue tosco, fue brutal. La quiso, y luego le hizo daño, la curó para solo volver a herirla.
De cuclillas, sujeta a un poste, mientras le tiraban el vientre… Cuando entró por primera vez a las gélidas aguas cordilleranas con la niña recién nacida en brazos. Con miedo notó la diferencia inmediata con los otros infantes… Y luego tuvo un compendio de emociones distintas, desde felicidad, hasta odio… y no negaría que pensó en ese momento en dejar ir sus brazos y que la niña se hundiera y fuera llevada por la corriente, pero, al mismo tiempo de tener estos pensamientos, sus brazos se aferraron más fuerte a la bebé. Algunas veces se recriminó el no haber hecho lo que su mente pensó… Y por eso no entendió por qué sufrió tanto cuando su hija murió… Fue como si le arrancaran algo en lo más profundo de su interior… Ese vacío, que no podía llenar, y aunque entendía la muerte, no podía dejar de cuestionarla, simplemente no podía aceptarlo.
Ver a Arthur Kirkland, y que a su lado no estuviera ligado el espíritu traslucido de Manu, le provocó una honda tristeza, por más que intentaba acomodar sus ojos sobre el inglés, no lograba ver a su hija… Tan concentrada estaba, que no se dio cuenta que el otro rubio del lado la miraba.
El Reino de los Países Bajos.
― Un momento… ¿Dónde está Chile? ― Martín se levantó de pronto, buscándola con la mirada por todas partes ― ¡Eh, inglés! ¿Dónde está Javi?
― ¿No estaba acaso a tu lado? ― Le respondió el de las cejas crecidas.
― ¡No seas hijo de p…! ― Sebastián le tapó la boca.
― ¡Cuates! ― Pedro se levantó de su lugar y los miró asustado ― Ay compadres… ¿No vieron al güerito éste? Fui bien estúpido wey, me perdí en el partido de fútbol y no vi cuando salió el canadiense ¡Ay carajo!
― Tranquilo, quizás solo se perdió ― Le dijo Inglaterra pestañeando y cruzándose de brazos.
― ¡No manches! ― El mexicano tomó aire ― Si ni siquiera conoce bien el lugar…
― ¿No os parece extraño que se hayan perdido juntos? ― España apareció riendo frente a ellos, mientras Lovi y Feli le hacían gestos para que se callara ― ¿No serían muy extraño que se hubieran ido solos los dos por ahí? ― Los italianos ahora con nerviosismo, negaban lo dicho y hacían gestos para desprestigiar la mente del español ― ¡Probablemente andan juntos hace un rato! ¿Verdad?
Al terminar de hacer esa pregunta abrió los ojos con sorpresa, al parecer, no se había dado cuenta de lo que él mismo decía, y entonces, una oscura y pesada aura negra lo rodeó. Lovino se golpeó la frente mientras Feliciano miraba atentamente como la sonrisa y la mirada nerviosa de Argentina comenzaban a ser aterradoras y una extraña aura le comenzaba a envolver… Con Uruguay eso no ocurría, pero quien lo conociera, diría que estaba molesto y un poco menos delicado, más alterado, la idea no le hacía gracia alguna.
Francia, que había estado tranquilo viendo la escena, quiso comenzar a reír y a molestar, a ayudar a la imaginación de los americanos, pero una mano más o menos grande lo detuvo, el ente de aquella lo miró con sigilo para que se abstuviera de decir cualquier cosa. La sonrisa del inglés daba miedo, sus ojos se habían prendido, no necesariamente como el país que era, muy dentro suyo había una pequeña molestia como Arthur, el papá de Javiera…
― Híjole compadre… ¿En dónde pudieron ir en una hora? ― Preguntó México sin saber lo que los demás estaban pensando y que era más grave que la ubicación.
― ¡Yo lo mato! No puede… ¡No puede comerse el dulce de leche! ― Argentina comenzó a peinarse el cabello hacia atrás ― ¿Dónde están? ¡Por qué no vuelven!
― La pregunta no es dónde pudieron ir en una hora… ― Dijo Sebastián agitando su cabello, México aún no entendía, pero encontraba bastante gracioso los brillitos del uruguayo.
― ¿Qué hicieron en… esa hora? ― Preguntó de pronto Francia, metiéndose en la conversación.
― ¡A dónde se la llevó! ― Gritó Martín furioso dando por hecho algo que no sabía con exactitud.
― Que rece para que no lo encuentre primero ― Corearon a dúo España e Inglaterra.
― ¿Y dónde se fue el güero con la tía Re? ― Llamó la atención el mexicano, Nederlands y ReChe habían vuelto a desaparecer, para la atenta y sorprendida mirada de España.
― ¡Esto se va a descontrolar! ― Gritó con furia el argentino mientras los italianos se abrazaban.
El rubio neerlandés tiraba de la pequeña muñeca de la mujer de los largos cabellos mientras ella corría con agilidad a su lado, miraron hacia atrás y ya no estaban a la vista de los niños, según la mapuche sólo eran eso, unos niños… Aunque el hombre alto que tenía en frente, ella también lo consideraba un niño. Al pensar en eso, el calor invadió su rostro y se detuvo, él también, mientras se volteó a verla, solo miraba el suelo mientras escondía un puchero en su chal delgado.
― Ya no están cerca…
― Es la segunda vez que huimos de los demás… ― Frunció el seño y se atrevió por fin a mirarlo ― No hay necesidad de hacerlo. Yo… Tengo que ir a buscar a mi nieta.
― ¿Te acompaño? ― Él la miró serio.
― No…
Ella sonrió, levantó su mano y lentamente le dio la espalda, sabía que él tenía fija la mirada en su nuca, que no se había movido ni siquiera un poco. Ella se alejaba de Vincent y sentía a su corazón latir cada vez más rápido, por alguna razón, sintió que si seguía caminando, Países Bajos se daría la vuelta, y esa vuelta sería permanente. ReChe le temía a los Europeos… razones para mantenerlos alejados, tenía, y muy buenas razones… Pero él… Él había sido diferente con ella…
― No soy como España… ¿Lo sabes, no? ― Escuchó de pronto.
― Me lo dijiste antes… Lo sé ― Lo sabe, pero aún no está del todo dispuesta a abrirse a otros, se siente sola, quiere conversar con alguien, pero aún Países Bajos no es una opción ― ¿Van a celebrar toda la tarde? ― Vince afirmó que así sería ― Podríamos ir a cenar… Mandaré alguien a recogerte, solo en ese momento decide.
― Voy a estar en…
― Lo sé… ― Se volteó sonriendo ― Podría encontrarte dónde sea…
― Si… ― La miró con nostalgia, y luego… vacío ― Pero ese discurso, la última vez no funcionó.
La conversación llegó hasta allí, él la vio fruncir el seño sin saber bien qué contestar, suspiró y dejó las cosas fluir, se dio vuelta y levantó la mano, girándose a verla momentáneamente, en señal que no estaba molesto, él esperaba que ella entendiera que realmente quería ir a cenar con ella.
Ambos siguieron su camino, pero ella se topó con la voz del inglés, saliendo de las sombras y cerrándole el paso, señal que quería algo, y presentía lo que seguiría…
― Errática y testaruda…
― ¿Qué quieres? ― Lo miró sin expresión.
― ¿Por qué no le dices la verdad? ― Él cerró los ojos y se cruzó de brazos. Ella no necesitaba que él le aclarara de qué hablaba ― ¿No te harás la desentendida?
― No necesito hacerlo… Mi pueblo siempre es así, no necesito esconderme ― Él sonrió ― ¿No deberías estar buscando a Mailen?
― Se llama Elizabeth.
…Que se llama Javiera.
― ¿Apareció mi nieta?
― Netherlands… no quería hacerte daño ― El inglés clavó su verde mirada en ella ― Ninguno de nosotros queríamos hacerles daño expresamente. Ni siquiera Esp…
― Una palabra más y te arrancaré la lengua ― Lo miró con expresa furia, detrás de él, llegaron todos los demás ― No me importa lo que querían… No me importa lo que sentían… Lo importante es lo que hicieron. Todas las acciones demuestran quien eres… Decir "No soy igual a España", y luego demostrar que no hay diferencia (1), no es la forma. Ahora escúchenme… Nosotros éramos manchones de diferentes colores, teníamos nuestras propias tradiciones ― Ella baja la mirada con melancolía ― "Éramos", porque todos se fueron… y yo me quedé sola. ¿Crees que importa? ― Se dirigió otra vez al inglés, Francia cerró los ojos ― Seguro estás comparando nuestros casos, debido a que también tú eres un solitario, la diferencia es, que tú eres un joven con mentalidad de viejo, amargado, tienes la decisión para estar con los demás, pero te alejaste... No sabes lo que daría por recuperarlos a todos… La guerra siempre trae muerte y desequilibrio, la sangre solo llama sangre y el castigo por mi terquedad… ― Sonrió con amargura ― Yo seguiré aquí… viéndolos desaparecer, viendo como se matan unos a otros, sabiendo que no puedo intervenir… Ustedes lo hicieron, se lavaron las manos, y hoy mueren miles, por sus decisiones… ¿Cómo Europa puede dormir sabiendo que han jodido a medio mundo? Es qué, piénsenlo… Ustedes son la peor enfermedad, dónde llegan, todo lo cambian, a largo plazo solo producen la destrucción, así qué… La ñuke mapü muere. Gracias Europa, tu amabilidad duele, pero gracias ― Le dio un empujón a Inglaterra ― No me vengas con "no queríamos hacerles daño", tú y los demás, sabían a qué venían, y no era para hacernos sus amigos.
― ¡Olé, ReChe, que te estás pasando! ― España parecía disgustado, así que le puso una mano en el hombro, y casi tan rápida como el viento, ella le enterró el punzón en el dorso, él la soltó.
― ¡Te dije que no me tocaras! ― Le gritó dándole la espalda ― No soporto tu piel ni tu calor.
Para ese entonces, Francia detuvo todo, vio como Antonio dejaba atrás su faceta de despreocupado, veía en él esa sonrisa siniestra, si él no hubiera intervenido, seguro los latinoamericanos hubieran visto algo que no querían volver a ver…
― Vivíamos bien sin ustedes… ¡Todo era mejor sin ustedes! ― Parecía una voz quebrada, otra vez, era como si su voz fueran miles de voces juntas, molestas… ReChe estaba enojada ― Mientras mi mundo florecía, ustedes todo lo quemaban ¡Bajo sus pies todo se destruía!
― Eh… Bella… Señorita mía… ― Romano y Veneciano se le intentaron acercar y calmar.
― ¡Religión! ― Gritó apuntándolos con el punzón, y el viento se levantó con fuerza ― Nos mataron…
― ¡Tía Re! ― Y parecía como si ésta, fuera la única voz que ella escuchó, misteriosamente el viento dejó de soplar y se normalizó.
― Bilué… ― Sebastián le puso la mano en su hombro, y una de sus palmas acarició su rostro ― ¡No es justo! Son unos ladrones… ¡Asesinos! ¿Por qué no tienen castigo? ¡Bilué, España sigue celebrando cada 12 de octubre un genocidio! ¡UN GENOCIDIO! ¡ASESINO!
― Tía Re… Nosotros prendemos velas y hacemos un minuto de silencio… Cada 12 de Octubre, por ellos ― El rubio acarició a la mujer mayor ― Nosotros los recordamos… Ellos viven en nosotros… En nuestro interior…
Los europeos parecían muy incomodos, mientras España estaba visiblemente molesto.
Martín apareció, cortando la tensión, dándose cuenta que la situación se tornaba extraña, Francia aprovechó para regañar a España, mientras Romano le limpiaba con un pañuelo, una herida sangrante en la mano. Inglaterra estaba apartado hacia un lado, Argentina se rascó la cabeza sin saber que sucedía, desconcertado y a su lado, aparecía México con una sonrisa.
― Eh… ¿Ya se aburrieron de buscar a Javi? ― Preguntó el rubio riendo luego de escuchar las últimas frases de su hermano ― ¿Oye Sebas, estás drogado?
― Martu, loco… ¡Sos un pelotudo! ― Escuchó a su hermano y sólo entonces entendió que algo importante había sucedido.
Sebastián había llegado primero a la escena, ignoró la hemorragia del ibérico, y en vez de eso, se dirigió a paso rápido hacia el lado de la mujer de largo cabello negro y corta estatura. Le puso delicadamente las manos en los hombros y le habló en otra lengua. Uruguay comprendió que Mapuche había tenido miedo, entre sus manos apretaba el punzón de plata, y controlaba sus temblores, pero su rostro, con los ojos cerrados, le aseguraban sus razones. Él le pidió que soltara el arma, y así lo hizo.
― Bo´, hacéte cargo ― Sebastián miró directamente a los ojos verdes de Martín, y el argentino comprendió lo que tenía que hacer.
― ¡Eh, pelotudos, muevan el cul*! ― Gritó llamándoles la atención ― ¡Mi Javierita se perdió con el canadiense puto ese! Y ustedes ahí, che, haciéndose la manicura…
― ¡Es verdad! ― España fue el primero en asentir ― Es que tíos, el honor de mi nietecita está en juego ¡hombre! Hay que buscar a Toñita…
― ¿Toñita? ― Preguntaron todos.
― Antonia, mi nieta.
― ¿Antonia? ¡Es lo más ridículo que he escuchado! Se llama Elizabeth.
Uruguay aprovechó los alegatos sobre el nombre de Javiera, para tomar a la mujer mapuche y llevársela lejos de allí, lo suficiente al menos para que la mujer se calmara. El que la miraba hasta desaparecer, era el inglés. Había cosas que podían pasar desapercibidas para los ojos y oídos de los demás, pero él estaba casi seguro que la madre de Manu tenía muchos secretos que podría compartir con él… Quizás ella pudiera explicarle cosas que no entendía, como el alma de Manuelita pegada a su persona, y el porqué de su ida.
Pasando a otro tema… Ella, Mapuche se había librado de la gran pregunta, como todo un señorito inglés, dejó las cosas allí, pero sabía que toda la verdad, siempre sale a la luz… Nada queda en el olvido, y el ataque de ira reciente de ReChe hacia España sobre los hechos ocurridos hace más de 500 años, eran la prueba más clara que nada, absolutamente nada quedaba en el pasado.
Nada cae al olvido, alguien siempre tiene algo que decir.
― ¡Un momento carnales! ― México los detuvo mientras miraba su teléfono ― ¡El güero está con Chile!
― Lo sabía ― Argentina miró con ojos maliciosos a todos mientras caminaba como un toro embravecido hacia cualquier lugar, como si recto por esa línea, fuera a encontrar a Javiera.
― ¡Que te esperes argentino! ― El mexicano los detiene ― Dice que están estudiando y… Algo sobre la libertad de Javi y el dominio de una nación… Al parecer están ocupados…
― ¡Profesor! No estoy de acuerdo que sea su maestro ― Se cruzó de brazos España.
― ¡Yo pude enseñarle todo! ― El inglés lanzó un manotazo al aire, volviendo al tema de inicio.
― Ya bueno, si estamos así… eh… Yo creo que está bastante bien que Javi aprenda… ¿Los acompaño al aeropuerto? ¿O nos vamos todos juntos? ― Martín sonrió.
― Hay mi Martincito… Tan cariñoso que eres, y tan rápido que te acostumbras a que la hija de Manu esté con otro ― España lo abrazó ― ¿Nos vamos, Ita, Francia?
― Hermano Mayor lo acepta ― El rubio se aferró al brazo del español ― Nosotros nos vamos. ¿Ita, no se iban con Martín?
― ¡Entonces vamos a la capital cruzada por un río, más hermoso del mundo! ― El rubio sonrió…
― Eh… ¿Londres? ― Preguntó Veneciano.
― ¡Buenos Aires! ― Gritó fuertemente el argentino, ofendido.
― ¿Y Sebastián? ― Romano preguntó preocupado.
― Ese se vuelve solo… ― Martín hizo un puchero.
Sin embargo, cuando se subieron al auto para cruzar la frontera, Sebastián estaba allí para acompañarlos, para Martín no fue una novedad… el viaje le salía gratis al uruguayo, no esperaba sacárselo de encima hasta llegar a Buenos Aires.
El inglés se mezcló con los demás, y nadie estaba seguro si se había ido con Francia y España o si se había quedado por allí. México, sin embargo, agarró el primer vuelo a su país y se marchó. ReChe se fue a la casa de Javi y se quedó allí, pensando, sólo pensando.
Esa noche, le mandó un mensaje a Vince para decirle que no irían a cenar, que ella estaba muy confundida… Vincent arrugó el papel, y a primera hora del día siguiente, se fue con su selección de fútbol hacia su casa, a su país.
Muchos días después…
Javiera vio a su abuela en su habitación, tejiendo en el telar, con suma paciencia, una imagen, con lana de colores, una imagen que por el momento era confusa, borrosa, aún no había allí un pensamiento. Parecía confusa, triste, ida… No entendía bien por qué…
― Mi abuela no es así, en absoluto… ― Javi suspiró.
― Ven… Dejémosla sola ― Canadá tomó su mano y delicadamente la jaló.
― No lo entiendo… ― Javi bajó la mirada ― Pasando a otro tema… Ya estamos bastante lejos…
― Eh… creo que sí… ― Matt miró hacia atrás.
― Entonces… ¿Qué nos tomemos de la mano es parte de tu plan para enseñarme a ser un buen país? ― Ella le apretó fuerte.
― ¡Eh… Yo! ― Matt sonrió nervioso y cuando intentó soltarla, ella le apretó más fuerte.
― Tu mano es tan grande, Matthew ― Dijo la más pequeña ― Más grande que la de Dad…
Mientras ellos se miraban fijamente en un aterrador y nervioso silencio, ReChe dejaba el telar, cortaba los hilos y tenía el cuadro sobre el suelo, la imagen, un bosque verdoso, una quebrada, un salto de agua… En primera plana un hombre, rubio, con armadura gris, y frente a sus ojos, lo que parecía una sirena, apenas perceptible, que no se ha dado cuenta que está siendo observada.
Con una mirada vacía, llena de melancolía, lleva la mano hacia el hombre, acaricia su cabello hecho de fieltro amarillo con líneas castañas.
― … Nederland.
(1) Los corsarios Neerlandeses que estaban en Chile no mataron (o no se sabe bien), indígenas, pero si fueron sanguinarios con españoles e incluso, cuando tomaron Chiloé por la fuerza, hicieron una masacre con los españoles, los reche supieron esto, y los neerlandeses cuando llegaron dónde ellos en Valdivia y sus alrededores les dijeron "Nosotros no somos igual a los españoles", pero sus manos estaban igual de manchadas de sangre que las de los castellanos o hispanos, lo unico que los diferenciaba en aquél entonces era a quien habían matado, sin embargo, para el pueblo ancestral era como "Muerte es muerte, la sangre llama sangre". Es una explicación MUY simplificada.
Lamento mucho el retraso, me estaba cambiando de casa y he tenido poco tiempo. Además, Febrero fue un mes de mierd* para mí, una vez alguien me dijo que no escribiera si no tenía la inspiración... Siento que la historia ha dado un giro que no esperé.
La verdad, es que muchas cosas pasaron, y no pude concentrarme en esto, quería llegar más allá, pero supongo que los dejo con las dudas y con las ganas de saber más.
Estaba intentando re subir "Punto Chileno de la Discordia", pero me mudé y no puedo seguir haciéndolo hasta dentro de 4 semanas.
Me queda... Pedirles paciencia, y también disculparme. Para mi los lectores son importantes, y sé que aunque una historia no sea tan popular, siempre hay alguien que está leyendo... Muchas gracias por leer, de verdad, no saben lo que significa.
P.S: ¿Por qué hay más lectores de la Federación Rusa que de Argentina? ¡País de mi amor! ¿Qué te pasa Tincho?
P.S.2: El nombre humano de Países Bajos: Vincent Van deer Hoeven, no sé quien lo inventó, pero Julchen me ayudó, gracias Jull.
Atte: El nick más avergonzado del momento, Reino Inquieto.
