CAP. 9 El conflicto y el comienzo
Cuando llegó Desmond todo empeoró aún más, Ezio y Altaïr tenían ya varios minutos discutiendo, Pretuccio se había ido a su cuarto y Claudia estaba en la orilla de la habitación con el ceño fruncido mirando a la pared, con los brazos cruzados mostrando su enfado. Los dos chicos no estaban mejor, Altaïr rechinaba los dientes y mantenía las manos en puño; Ezio gritaba exasperado, y movía las manos de un lado a otro, con mirada de fuego hacia el sarraceno. El neoyorkino que acababa de llegar no entendía nada, pero vasto escucharlos un par minutos para enterarse de la situación, así que decidió que lo mejor era intervenir antes de que todo se agravara, o eso pensaba.
— ¡Chicos ya basta! —separándolos con un poco de dificultad. — Pueden arreglar esto hablándolo calmadamente.
— ¡Primero dile a él que no se sienta con la autoridad de decidir cosas que afectan a mi familia! —volviendo a gritar.
— De donde yo vengo hacer algo así por alguien se gradece—hablando mordazmente, firme y con enojo en voz alta.
— ¡Se agradecería si hubieses tenido la consideración de decirnos lo que estaba pasando! —moviendo a Desmond para estar más cerca de Altaïr
— Lo abría hecho si tal vez no fueses un niño inmaduro que cree poder con todo, pero que apenas puede blandir una espada.
Ezio soltó una risa irónica.
— Por favor, te partiría la cara sin utilizar un arma y te lo he demostrado.
— Si te consideras tan hombre lo harías. — retándolo con la mirada.
El chico del futuro se interpuso entre los dos nuevamente.
— Nadie va a golpearse aquí.
— Esto no te incumbe. —dijeron los dos chicos mirando a Desmond con enojo.
— Me interesa demasiado, dejen de actuar como niños.
— -¿Nos estás diciendo inmaduros?, mejor vete, esto es entre Altaïr y yo—aquello hizo que el chico se molestara.
— Si te queda esa definición tómala, porque parece que les queda muy bien. — habló ahora para los dos.
— Por supuesto, ahora habla la voz de la razón. — exclamó con enfado el sarraceno.
Desmond frunció el ceño, sin creerse del todo que lo haya dicho su antepasado.
— Al menos lo demuestro y no hablo solo por hablar.
— Lo hago mejor que tú, niño raro.
— ¿Qué? —ahora más que anteriormente estaba enojado— ¿Raro?, prefiero ser eso a un misógino que desprecia a la mujer igual que ustedes. —mirándolos, comprendiendo por qué lo había dicho Altaïr.
— No las despreciamos. —dijo Ezio
— No, claro que no, solo las siguen tratando de esclavas, utilizándolas solo para criar hijos, y acostarse con ustedes.
— A cada sexo lo que le corresponde. —aquel comentario del florentino enfureció aún más al chico, que se contenía.
— Digan una palabra más y les daré una lección aunque esté herido.
— Perdón, señor visionario del futuro, por ser tan igualitario. —habló sarcásticamente Ezio— Pero que yo sepa, desde el principio, esto no te concernía. —mirándolo fijamente.
— Me concierne desde el momento que las cosas que hagan tu o él. —señalando a Altaïr— Afectarán mi presente, por si no lo recuerdas. Pero si quieren actuar igual que animales peleando para ver quién es el macho dominante en una lucha para saber quién tiene más testosterona.
— Algo que a ti te falta, ¿No es así?, para mirar sin importancia a cualquier chica que se te pone en frente—Desmond abrió mucho la boca, no esperaba eso y menos del sarraceno.
Se acercó a él y apretando los puños le dijo.
— Abrirle las piernas a cuanta se atraviese en tu camino no te hace más hombre, y estoy orgulloso de decir que soy casto, tengo mejores cosas en qué pensar.
— Eso explica por qué eres así. —dijo Ezio en voz un tanto más baja de lo que había estado hablando.
— Y eso a mí me dice lo que son. —mirándolos alternadamente, dio un paso hacia atrás— No quiero hacerme la víctima, pero veo que eso es lo que piensan, los dos son unos imbéciles, hagan lo que quieran, por mí mátense, así no naceré y no tendré por qué soportar que dos personas a las que admiraba me traten así.
Salió de allí, sin mirar a nadie. Cristina lo vio salir y decidió seguir al neoyorkino que iba a la entrada, lo alcanzó poco después de que saliera de La Rosa Colta, le preguntó a donde iba, por lo que él solo respondió que iría a ver a Leonardo. La chica no insistió y vio al chico perderse entre los transeúntes de las calles.
Ni si quiera estaba atento a donde iba, primero quería calmarse antes de regresar con Leonardo-aunque sabía que podría tranquilizarse si trabajaba- Tan solo había regresado porque llegó Nicolás con el pintor y le dijo que acababa de entregarle el testamento de Giovanni Auditore a su padre, luego que le dijera que se lo había entregado Altaïr, tuvo el presentimiento de que no le agradaría a los Auditore, estaba en lo correcto, pero terminó envuelto en una pelea sin sentido, la primera entre los tres, la segunda de Ezio y el sarraceno, estaba consciente de que eso no debía seguir así. Tenía que buscar una forma en la que pudiesen llevarse bien los tres, pero aún seguía enojado pensando que mientras los dos se comportaran peor que niños nada funcionaría, no quería que le afectara el hecho que insinuarán que no le gustaban las chicas, pero era un chico heterosexual y aunque lo negara, le había enojado.
Y de un momento a otro, una voz aguda lo sacó de sus pensamientos, le fue familiar y se encontró con una niña rubia de largos cabellos, enseguida la reconoció y la pequeña enseguida lo abrazó con fuerza, esbozando una gran sonrisa.
— Lucrecia, ¿Y Adelaide dónde está? —preguntó luego del abrazo, al no ver cerca a la chica.
— Con César, llegó muy enojado a casa, ni siquiera se fue a la biblioteca a estudiar, dijo algo que todo era culpa de Maquiavelo, después vio a Adelaide y le dijo que si iba con él un momento, había pasado media hora y no regresaban, mi mamá dijo que si iba con ella y Gofredo a dar una vuelta y me escapé. —explicó detalladamente.
— Lucrecia eso no está bien, tu mamá ha de estar preocupada por ti. — la tomo de la mano para llevarla, pero la niña hizo fuerzas. — No puedes estar conmigo, es peligroso.
— No importa, prometieron que me harían volar como ustedes.
Desmond había olvidado aquello por lo ocurrido los últimos días.
— Tengo cosas que hacer Lucrecia, no puedo hacer eso ahora, además, aún estás lastimada.
— Eso no es justo. —dijo la niña haciendo un puchero, el chico se hincó para estar a su altura.
— Lo sé, pero ahora las cosas no están muy bien, no puedo.
— Hace poco mamá quiso ir a hablar con ustedes, pero Cristina dijo que se habían salido todos y que no estaban.
— ¿Altaïr y Ezio también?
— Pensaba que estaban juntos, ¿Por qué no estás con ellos? —ignorando la pregunta del neoyorkino.
— Tuvimos una discusión. —respondió simplemente.
— No parece que solo haya sido eso, se ve que aún estás enojado.
— Eso es un pequeño problema entre hermanos, no tiene importancia.
Desmond quería que la niña dejara de curiosear para llevarla con Vanozza.
— Claro que sí.
El chico se levantó y ella lo seguía mirando fijamente con sus ojos azules.
— Haré que se pidan disculpas y vuelvan a estar felices.
Habló antes de salir corriendo, llevaba un vestido sencillo para no llamar la atención por lo que podría correr rápido, el chico enseguida fue a perseguirla, pero ella siendo pequeña entre las personas de estatura promedio era difícil visualizarla, ¿A dónde tenía planeado ir a buscar al sarraceno y al florentino?, el chico se desesperó un poco al perderla de vista, pero luego escuchó su voz de nuevo y fue hacia ella, que estaba esperándolo en un a banca.
— No vuelvas a hacer eso, ¿Qué tal si te pierdes de verdad?
— Si me perdiera, ¿Tú, Altaïr y Ezio irían a buscarme?
— Lucrecia, no digas esas cosas.
— No es bueno que estén enojados, tal vez si juegan un poco se animen. —sonriendo ampliamente.
— Las cosas no son así. —volteando brevemente a otro lado, aún tenía enojo contra ellos.
— No son así solo porque los grandes se complican las cosas.
Se levantó, Desmond temiendo que corriera otra vez intentó agarrarla del brazo, pero ella lo esquivó.
— Te propongo un juego, uno que no podrá negarse ninguno de los tres.
— ¿A qué te refieres?
Preguntó el chico, mientras se acercaba lentamente, pero la niña a la vez se alejaba.
— Existe un pergamino que encontré en la habitación la vez que estuve en la Villa, ese pergamino decía algo sobre un hombre de máscara de plata que había aprendido todo acerca de un secreto, eso fue lo que entendí en la parte de italiano, ya que no soy muy buena en leer italiano, si los tres me encuentran se los daré, porque parecía importante.
Desmond se impresionó, ¿Cómo un pergamino de esa importancia había caído en manos de la niña?, al parecer en toda la casa de la Villa Auditore había escondidos pergaminos de Balduino IV y de Altaïr, si ese pergamino contenía algo acerca de un viaje en el tiempo necesitaba tenerlo, aunque tal vez podría convencer a la niña, sin tener que participar en un juego.
Apenas iba a hablar cuando la niña continuó.
— Sé que intentarás convencerme de que te lo dé, pero si los tres trabajan juntos en esto seguramente se olviden de lo que estaban enojados, me lo agradecerán.
Y la niña de nuevo salió corriendo entre la multitud, Desmond la persiguió por varias calles, hasta que unos guardias le impidieron el paso y la niña se perdió entre las personas. Desmond suspiró pensando en las posibilidades, lo primero que decidió hacer fue ir con Leonardo, necesitaba decirle que tenía cosas que hacer y que ese día no podría seguirle ayudando con las cuchillas ocultas.
Lo peor era que por la multitud no tenía idea a donde podría haber ido la chica, estuvo buscándola alrededor de casi dos horas, hasta que se hartó, incluso utilizó la vista de águila, pero parecía como si la niña se haya desvanecido. Suspirando con cansancio decidió ir a La Rosa Colta a buscar a Altaïr y a Ezio, necesitaba un par de ojos más para encontrar a esa niña, aunque eso significara olvidar por un rato lo que le habían dicho tiempo atrás.
Al llegar se encontró con que cada uno estaba por un lado diferente, Cristina hablaba seriamente con Ezio que la escuchaba atento y por lo que le había contado Paola, Altaïr estaba ocupado en su habitación, había dicho que no quería ser molestado. Desmond decidió que en ese momento no era de volverse orgulloso, aquel pergamino podría ser parte de la clave para regresar a su tiempo-que ya empezaba a extrañar- y no iba a dejar que una tonta discusión fuese por encima de eso.
— Ezio, Lucrecia dijo que encontró un pergamino de Balduino IV en la habitación de la Villa, salió corriendo y la perdí de vista, necesito que tú y Altaïr me ayuden a encontrarla.
El florentino se impresiono, pero debido a la mirada seria del chico y la referencia a un pergamino del rey de Jerusalén se levantó y se despidió de la joven Vespuccio con un beso corto en los labios y sin decir nada siguió al chico rumbo a la habitación del sarraceno. Tocaron un par de veces sin decir quiénes eran y nadie abrió, Desmond, desesperado –y aún enojado- decidió abrir la puerta sin llave. Altaïr estaba dando la espalda a la perta, sentado en un pequeño escritorio, mientras que mojaba de vez en vez la pluma que llevaba, al parecer estaba escribiendo en una pequeña libreta.
— Lucrecia tiene un pergamino de Balduino IV, lo encontró cuando estuvo en la casa de la Villa, Desmond la perdió de vista, necesitamos que nos ayudes a encontrarla.
— No creí que de verdad se dejaran llevar por un juego de niños. —dijo sin voltear atrás.
— Lucrecia me dijo que lo que entendió decía algo acerca de un rey con máscara de plata que estaba descifrando un secreto, la niña no tiene idea de nada. —explicó Desmond
— Digo, que tal vez durante su estadía enferma escucho algo y lo dijo para que caigamos en su juego.
— Ya deja de tonterías Altaïr, si ese pergamino cae en manos de César o peor, su padre, será la perdición para la hermandad de este tiempo y por ende de mí, así que levanta tu trasero de esa silla ahora. —le ordenó.
Los dos chicos no se esperaban una actitud así, que salió bufando de la habitación, el chico de Masyaf se levantó viendo a Desmond con los brazos cruzados afuera, Ezio sentía la tensión, pero el hecho de su culpabilidad hacia el neoyorkino lo hacía ponerse de la parte de él y no apoyar a Altaïr, que estaba indignado, aunque al parecer solo ellos dos podían notar esos gestos del futuro maestro asesino.
Desmond se desesperó aunque solo fue un minuto de duda del chico.
— No me importa lo que hagas entonces. — y empezó a caminar.
El de cabellos más cortos solo se puso la capucha y se fue detrás de Ezio, que también estaba enojado con Altaïr, aunque era mutuo el sentimiento, no era tan notorio como el enojo del chico del futuro hacia los dos. Desmond sabía que no debía actuar así por una nimiedad que había pasado, pero no podía evitar tener esa ira dentro de él, o tal vez era que nunca la había experimentado de esa forma tan intensa, tal vez era el hecho que sus tristezas y depresiones siempre eran más grandes que sus enojos, mientras caminaba rumbo a la salida se cuestionó el abrir la puerta, como se encontraba no iba poder pensar coherentemente, necesitaba relajarse. Comenzó a respirar hondamente para intentar tener algo de paz y entonces una voz con acento de medio oriente habló.
— Desmond…—el chico volteó— Te trate mal y te juzgue, cuando se supone que he luchado por todo tipo de libertades, no quise comprender tus razones para tu manera de actuar y me terminé comportando como un idiota, lo más seguro es que siga sin comprenderte si no me doy la oportunidad de aprender algo más que técnicas de pelea, sino también tus ideas igualitarias. Lo siento. —mientras agachaba la cabeza.
— -Yo me arrepentí de las tonterías que te dije el momento después de que saliste de la habitación, todavía que logre que te dejaran esa marca y te trato así… supongo que no tengo remedio, por segunda vez en el día, espero me perdones.
El chico los vio a los dos alternadamente.
— Después podremos hablar mejor de eso, ahora debemos concentrarnos en encontrar a Lucrecia. —dijo preocupado.
Decidió que era mejor dejarse llenar de preocupación por la niña que seguir con su enojo, aunque no les respondió a sus disculpas. Los dos chicos salieron detrás de él, sabiendo que con eso no iban a aliviar el enojo de Desmond, y aún tenían ese resentimiento entre ellos. Las divagaciones mentales de cada uno no les permitían concentrarse en encontrar a Lucrecia y Desmond parecía más preocupado y desesperado, no quería pensar que la pequeña estuviese en peligro.
Mientras la buscaban también se enfocó en el recuerdo en el funeral de los padres de Ezio, el apoyo de Altaïr sin conocerlo, aquel día de entrenamiento, pensando en aquello su enojo se fue disipando sin que lo notara realmente, aunque los otros dos chicos si se dieron cuenta. El sarraceno por primera vez luego de la muerte de Balduino IV volvía a sentirse culpable, con ambos chicos, no debía tratar así a Ezio cuando era tan reciente la pérdida de sus padres y su hermano, y Desmond no tenía la culpa de pensar o actuar como lo hacía, ya que en su tiempo era así, eran 800 años de diferencia, estaba más que visto que habría un cambio drástico a comparación del siglo XI.
Cuando pensaban que tendrían que separarse y buscar por más partes de la ciudad, una mano tomo de la muñeca a Altaïr, que volteó rápidamente para encontrarse con la niña de cabellos largos y ondulados.
— Yo los encontré, así que yo gané.
— De acuerdo, pero aún nos debes ese pergamino.
— El problema es que César me vio con él mientras andaba por la ciudad escondiéndome y me lo quitó enojado pensando que era de él, dijo que me llevaría con mamá, pero escapé y los encontré, está a unas cuadras de aquí. —habló inocentemente.
— ¿Adelaide está con él? —preguntó Desmond antes que los otros dos.
— Sí, de hecho los dos han de estar buscándome.
— Yo iré, César no debe ver a los tres. —sugirió el sarraceno mientras se acomodaba la capucha.
— Te dejaré cerca de tu casa y dirás que llegaste sola, pero no vuelvas a hacer esto Lucrecia, podría sucederte algo.
— Seguro es una versión en italiano transcrita por mi abuelo o bisabuelo, por lo que ha de parecerse mucho a los pergaminos que él está estudiando. —siguió Ezio.- Pero hay que apresurarnos, tu sigue con Lucrecia, iré por los tejados.
Momento después Altaïr encontró a César y a Adelaide, los dos parecían preocupados buscando a la niña y entonces el sarraceno vio que el chico de cabello castaño llevaba en la mano un pergamino ya amarillo por el tiempo, los siguió de cerca mientras ellos preguntaban a las personas por una niña, César más bien les exigía que le contestaran, para él no resulto una dificultad, se acercó por detrás mientras César preguntaba de manera prepotente a unas personas que pasaban, se le cayó de la mano por un segundo que no se dio cuenta, al siguiente que quiso recogerlo del suelo, ya no estaba. Altaïr hábilmente lo había recogido y ya se había escondido entre una calle cercana, ocultándose entre un grupo de personas hablando, César pasó cerca e informó a los guardias de que lo habían robado, estos comenzaron a patrullar y César aún molesto siguió buscando a Lucrecia, ni siquiera se dio cuenta que Adelaide se había separado de él para buscar a la niña por otro lado.
Altaïr siguió hasta una calle a la chica, y esperó a que los guardias se fueran para acercarse a ella.
— Adelaide. —Ella reconoció su voz y volteó.
— Altaïr, ¿Qué haces por aquí?
— Desmond llevó a Lucrecia con su madre, no te preocupes más por ella.
— Qué alivio. —dijo mientras suspiraba y le regresaba el color al rostro. —¿Cómo sabían que ella estaba perdida?
— Lucrecia le habló a Desmond sobre lo que había entendido en un pergamino, el mismo que le quite César, era nuestro, ella lo recogió cuando estuvo en la Villa.
— No lo recogió ella… yo lo encontré.
— ¿Por qué no lo dijiste? —con el ceño fruncido.
— Lo guardé entre mis cosas, perdón, soy muy curiosa, quería saber más sobre ustedes, estaba en un pequeño baúl escondido entre unos muebles en la habitación y me gano la curiosidad, llegué a Florencia y pensé en leerlo, pero me arrepentí y Lucrecia lo encontró ahora, creo que lo leyó un poco, pero no entendió nada relevante, lo siento mucho de verdad, planeaba dártelo mañana. —dijo apenada evitando la mirada del chico.
— La próxima vez, si tienes curiosidad de algo pregunta.
— Sé que no me dirán nada, por eso no pregunté, yo me encargaré de César, llegando diré que encontraron al ladrón y le daré un pergamino cualquiera, no se preocupen.
— Te conviene no saber demasiado de nosotros.
— ¿Y si quiero saber?
Dio un par de pasos al frente, para quedar muy cerca del chico. Ambos pudieron contemplar mejor los ojos del otro, y ella sin decirle nada le bajó la capucha.
— ¿Al menos me podrías decir cómo fue que perdiste el dedo? —le tomo la mano mientras que su corazón latía fuertemente y sus mejillas se sonrojaban
Altaïr sintió la calidez de la mano de la chica, se sentía raro, debía apartarla, ni siquiera debió dejar que le bajara la capucha, pero ahí estaba, pensando en cómo explicarle sin despertar más la curiosidad de la chica. Alejó su mano de la de ella calmadamente y activó su cuchilla oculta, mostrando que si estuviese su dedo ahí, seguramente lo perdería.
— Este es un modelo anticuado, para utilizarlo se necesita tener un dedo menos. —le explicó, para luego contraer la cuchilla— ¿Algo más? — mirándola a los ojos, ambos estaban muy cerca.
— Ningún Borgia irá a la fiesta de fin de año de Uberto, no quieren arriesgarse y están buscando a Mario Auditore, se ha estado viendo con Signore Maquiavelo, quieren eliminarlo. —le habló al oído, aunque no por ello bajaba su sonrojo.
— Deuda saldada, signorina.
Ahí fue cuando Adelaide notó el acento extranjero más marcado de Altaïr, ¿Cómo era eso posible?, pero lo olvidó al momento siguiente de que el besara la mano, sin alejarse de ella.
El hecho de que se hablaran tan cerca había llamado la atención de varios transeúntes e incluso de unos guardias, que antes había visto hablar con César, era mejor no levantar sospechas fingiendo estar cortejando a la chica, aunque no era algo que el hiciera en su tiempo-nadie lo hacía- pero al parecer en esa época, era permitido y no lo veían mal, aparte que debían fingir ser la misma persona, Ezio seguramente los haya despistado igual. Aunque no podía negar que tenía el interés de sentir la piel de la chica en sus labios y se reprochó por eso, no era debido tener esos pensamientos dirigidos a una dama.
— Altaïr. —la chica estaba completamente roja
Él la abrazó por los hombros y volvió a hablarle al oído.
— Perdóname por eso, nos están viendo.
— Lo imaginaba. —le respondió ella con cierta desilusión — ¿De verdad era solo eso?, si hay algo más, ruego por que la digas y calmes un poco lo que pienso.
Él dejo de abrazarla y tragó un poco de saliva, sin pensarlo un pequeño tono rojo marcó sus mejillas, algo que nunca le había sucedido, la chica sonrió y su corazón comenzó a latir un poco rápido por aquella pequeña pero significativa reacción, unas chicas que pasaban vieron a Altaïr y al notar a Adelaide dijeron algo acerca de la suerte que tenía la chica y lo bello del amor, algo que contribuyó aún más al sonrojo del chico que no se atrevía a abrir la boca para no tartamudear, por primera vez se sentía tonto y se preguntaba el por qué.
Tomo aire, estaba decidido a irse- aunque sabía que no era lo más indicado- pero era preferible eso a seguir allí de esa forma, justo en el momento que iba a dar un paso atrás para marcharse, la chica lo abrazó por la cadera, otro gesto que contribuyó al nerviosismo del sarraceno.
— Parece como si nunca hayas estado así con una chica, es raro para el hermano que tienes. —le habló cerca de los labios.
— Esto no es correcto.
Intentó alejar las manos de la chica de su cintura, mala idea, Adelaide sintió un temblor en las manos del chico, y volvió a sonreír, entrelazó sus dedos con los de él, aunque el intentó resistirse brevemente.
— ¿Es correcto entonces dejarme con la duda de tu beso en mi mano? —el chico por fin se logró zafarse de los dedos de ella discretamente.
— Fue un mal pensamiento, no debí tenerlo.
La chica rió un poco por la actitud del chico.
— Eres muy caballeroso, pero si me dices, no te besaré.
Lo tomó por el cuello y dejó sus labios muy cerca de los del chico, apenas a un centímetro.
No es que Altaïr no haya besado a nadie, sino que a las que había besado no precisamente lo habían hecho por gusto, sino porque tenían retribución monetaria- y eso que solo había sido unas veces- pensar en besar a una chica, en medio de una calle como esa no era una opción. Además que le tenía realmente impresionado la actitud de la joven dama de compañía, parecía que ella era la que estaba cortejando y no él, le parecía realmente raro, incluso por un momento pensó que era muy descarada, pero ahí estaba muy cerca de ella, podría haberla retirado desde el principio, ni siquiera debió abrazarla, así que le había dado entrada.
— Quería sentir la suavidad de tu piel.
Le respondió estando cerca, quitó las manos de la chica de su cuello y se apartó un poco, pero ella no lo soltó de las manos.
Estaba un brillo especial en los ojos de ella, uno que Altaïr reconocía, lo había visto en los ojos de Cristina al estar con Ezio, eso no era bueno, tendría que irse, no podía permitir que una chica de esa época se fijara en él, pero algo dentro se lo impedía, sin pensarlo hizo una media sonrisa, era agradable ver esa mirada, ella se acercó y lo besó en la comisura de los labios, un pequeño estremecimiento recorrió a ambos, ¿Era posible esas sensaciones con una persona que apenas sabían el nombre?, a veces los sentimientos son demasiado incomprensibles, o eso pensaba Altaïr. Adelaide esta vez lo abrazó aferrándose a él, pudo sentir la espalda marcada del chico y él con su brazo la rodeo por el cuello.
— Luego de la muerte de Uberto tendré que irme, tal vez nunca más nos volvamos a ver. —le aclaró, no quería que esa chica se ilusionara.
— Cada uno es responsable de lo que siente, si me hago ilusiones Altaïr, será solo por este momento, con eso me acabas de decir que no habrá otro igual, lo quiero aprovechar para tener un lindo recuerdo. —apoyando su cabeza entre el cuello y el hombro de él— Si te beso, ¿No me odiarás ya que también he besado a César?, te juro que si te beso, no volveré a dejar que él se acerque a mí.
— Es tu vida no la mía…
Iba a continuar, pero ella no lo dejó terminar, lo besó, el chico abrió los ojos de impresión, la iba a apartar, pero ella se aferró aún más a él, incluso sintió los senos de la chica totalmente rosando con su pecho, algo que logró que se acalorara un tanto y el compás de los labios de la chica no ayudaba a que el deseara terminar, la tomo por la cintura, olvidando lo demás y cuando se quedaron sin aire se separaron un poco y Altaïr aparto su mano de la cintura de la chica. Se había dejado llevar por esa pequeña atracción, aunque no podía negar que realmente le había gustado aquel beso mientras que ella sonrió y le dio un último roce de labios para luego alejarse lentamente, hubo un último toque de dedos en donde Altaïr tuvo un impulso por tomarla de la mano, pero se contuvo y se despidió hablando en voz baja en cuanto ella volteó.
— Hasta mañana. —y le envió un beso, algo que provoco que él se sonrojara de nuevo.
— Amor joven, es el más lindo, ¿Tu qué crees Desmond?
— Creo que nos estamos metiendo en la vida privada de Altaïr.
El chico no pudo ni voltear de la vergüenza mientras que Ezio se ponía al lado de él y Desmond del lado de Ezio, dejando al florentino en medio mientras Adelaide daba la vuelta en una calle.
— Quién lo diría, de alguien saqué el encanto. — dándole un leve golpe en las costillas con el codo al sarraceno.
— No quiero que lo menciones nunca más. —mirándolo con ojos de fuego.
— Está bien, por ahora será así.
— Chicos. — ellos voltearon a verlo— Espero y podamos llevarnos mejor de ahora en adelante.
— Debemos empezar por respetar nuestras ideas individuales y pensar más con la cabeza fría. — dirigiéndose a Desmond, luego a Ezio— Perdón por no ponerme en tu lugar, yo hubiese actuado peor si alguien haya hecho algo así referente a mi padre.
— Yo también dije tonterías, pero, ¿Podemos empezar de nuevo, no lo creen?, si comenzamos a convivir más allá de solo compañeros, tal vez podamos llegar a ser amigos.
— Amigos y compañeros. —dijo Desmond ya sin nada de enojo en él.
— Hay que empezar ahora mismo. — los tomo a los dos por el cuello, lo que causo que ambos hicieran una mueca de desagrado— Ahora hablaremos de chicas, no quiero que ninguno de los dos pase por escenas penosas, que mejor para unir a un trió de chicos que hablar de mujeres.
— Tendré que empezar a practicar más mi tolerancia.
— Buena suerte con eso Altaïr-dijo Desmond.
Ante eso, el más grande de todos, intentó cambiar el rumbo de la conversación.
— Además, Adelaide me dijo varias cosas importantes que…-
— Pueden esperar si tienen que ver con los Borgia, ahora es para conocernos, olvidemos eso un poco. —ahora solo los rodeaba por los hombros.
— Un poco de descanso no nos hará daño Altaïr. —más relajado, el chico del futuro secundó a Ezio.
— Sí, mejor cuéntanos, ¿ella te besó o tu a ella?, llegamos cuando parecían sanguijuelas.
Desmond rió por lo bajo por ese comentario y más por la cara que puso el implicado. Una vena resaltó en la frente de Altaïr.
— Te dije que no lo mencionaras. —sin tomar en cuenta la risa de Desmond.
— Estabas todo rojo, seguramente ella fue la que dio el paso, ¿Tan rápido te olvidaste de las mujeres del desierto?
— Corre Ezio, si es que aprecias tu vida.
El chico se apartó y riendo empezó a correr.
— Una carrera hasta la Basílica.-mientras subía por una casa y un Altaïr malhumorado lo perseguía.
— Chicos, esperen. —dijo Desmond un momento de escuchar a Ezio diciendo acerca de la carrera — Altaïr, no lo mates. —mientras iba detrás de ellos intentando alcanzarlos. —Al menos escúchenme, por favor. —desesperado al ver que le hacían caso nulo.
— No se alteren, hay que divertirnos. —habló el chico de coleta saltando de una casa a otra.
El neoyorkino suspiró mientras que el de ojos casi dorados seguía con cara de pocos amigos a Ezio, "buen comienzo", pensó Desmond mientras reía al ver como Ezio esquivaba a Altaïr…
OOoOo oOoOo
Esta ultima parte especialmente me gusto :3, y más por lo resaltante que es a comparación del principio n.n, ¿Les gusto la pelea y como se reconciliaron?, este capítulo es muy bipolar lo sé, primero peleas, luego algo cursi y después un poco de humor.
Desde hace tiempo quería escribir una escena muy romántica, espero haberlo logrado, también este capítulo fue largo, el más largo que he escrito: 5,010 palabras, todas totalmente de narración hecha por mí –el de Florencia tuve que resumir mucho acerca de descripciones e historia de la ciudad, por lo que no cuento como si todo lo hubiese hecho yo - :D
Subido nuevamente: 13/12/17
