CAPITULO 8

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Lo que Alicia descubrió cuando despertó el domingo por la mañana fue que demasiado whisky podía dejar un mal sabor de boca, un intenso dolor de cabeza y, recordando vagamente el modo en que se había comportado la noche anterior, un gran sentimiento de humillación.

Aparto las sabanas y miro de reojo el reloj que tenia en la mesilla. Eran poco mas de las siete, y todo estaba tan tranquilo que estaba segura de que Sammy y Rini seguían dormidos. Se vio tentada de quedarse un rato más en la cama, pero se levanto, fue al baño y se tomo un puñado de aspirinas, después se lavo los dientes y se aclaro con enjuague bucal.

Se vistió y bajo a la cocina. Los niños no tardarían en levantarse y entonces tendría que contarle a Rini lo que había pasado la noche anterior. Pero mientras batía los huevos con la leche para preparar unas tostadas francesas, lo que tenía en la mente no eran los adornos del jardín, sino el beso.

Ella había dado el primer paso. Había querido besarlo y el alcohol la había desinhibido lo suficiente como para hacerla perseguir ese deseo. Un deseo más fuerte y feroz del que jamás había sentido.

Aun le parecía sentir los labios de Darién sobre los suyos, las caricias sobre su piel y el atrevido contacto de sus cuerpos, uno contra otro. Cerro los ojos y dejo escapar un tembloroso suspiro.

Lo que complicaba la situación mas todavía era que Darién le gustaba. Si no se tratara mas que de una atracción física, podría sobrellevarlo; hasta podría darse el capricho y el placer de estar con él.

Pero cuanto mas se acercaba a Darién Chiba, más se daba cuenta de que no era un hombre cualquiera. Era serio, un hombre que vivía según los principios de la decencia y de la moral. La clase de hombre a la que podría entregarle su corazón sin problema. Pero no tenía intención de entregarle su corazón a nadie. Otra vez no.

Con esa idea en la cabeza, decidió salir al porche a tomarse el café y esperar a que los niños se despertaran. Las coloridas piezas de plástico que la noche antes estaban esparcidas por el jardín ya no serian mas que un recuerdo. Seguro que Darién lo había limpiado todo a conciencia…

Ese pensamiento quedo congelado cuando vio el flamenco rosa con gafas de sol, la rana tocando el banjo, la vaca vestida con el peto, el flamenco con la chistera frente al que llevaba una corona de flores y el cerdo flautista.

Se acerco para verlos más de cerca y se fijo en que el mástil del banjo estaba roto y que a la vaca le faltaba una pata. Pero el resto de desportilladuras eran casi tan imperceptibles como el pegamento que mantenía todas las piezas unidas.

Avanzo de espaldas hacia la escalera de entrada, aun con la taza de café en la mano, y se sentó.

Darién había arreglado los animales de Rini.

No podía creerlo, le parecía imposible, pero lo había hecho.

Y el corazón que se había jurado proteger se hizo añicos.

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A Darién le estaba resultando difícil concentrarse en el trabajo. Se paso una mano por la cara mientras bostezaba. Tal vez debería irse a casa a dormir después de haber pasado casi toda la noche recomponiendo los adornos de Rini.

Quizá no debería haberse molestado, porque se notaba que estaban rotos, pero pensó que al menos tenía que intentar salvar lo que pudiera para la pequeña que ya había perdido demasiado.

Cuando termino, no le había parecido que hubieran quedado tan mal, y menos para haber sido obra de un chico que nunca había tenido la concentración suficiente de acabar un simple rompecabezas.

De modo que había vuelto a casa de los Tsukino a dejar los animales en el jardín y para cuando regreso a casa, ya estaba amaneciendo. Después se había acostado.

Y había soñado.

Sacudió la cabeza para sacarse de la mente esos recuerdos.

- ¿Darién?

Levanto la vista y se pregunto si la mujer que se encontraba de pie junto a la puerta estaba realmente allí o si seguía soñando.

- Vaya… hola.

- ¿Te interrumpo? – pregunto Serena.

Llevaba interrumpiéndole la vida desde la primera vez que había entrado en ella, pero negó con la cabeza.

- No, solo estaba poniéndome al día con algunas cosas. Nada importante.

Entro en el despacho con cautela.

- Has arreglado los adornos.

Él no pudo más que sonreír ante el asombro con que lo habló.

- Si, yo también estoy sorprendido. ¿Le han gustado a Rini?

- Quería darte las gracias ella misma, pero yo tenia que hablarte de algo, si tienes unos minutos.

- Claro – dijo tras mirar el reloj –. Exactamente me quedan veinte minutos hasta que me vaya a comer con mis hermanos.

- ¿Qué te pasa?

- He estado pensando en lo de anoche – dijo finalmente.

Si, él también lo había estado haciendo. Y pensando en ella. Toda la noche.

Incluso en sueños había pensado en ella, había soñado con ella. La había olido… esa suave pero inolvidable fragancia. La había saboreado… ese sabor a pasión de sus labios. Y la había sentido… la suavidad de su pelo, la redondez de sus pechos, su cuerpo desnudo contra el de él.

Sí, había soñado con ella y le había parecido tan real que al despertarse había alargado el brazo buscándola, pero solo había encontrado una cama vacía y su cuerpo deseoso del placer que había probado en sueños.

- Y… - Serena tomo aire y lo miro – he venido a disculparme.

- ¿Disculparte por que?

Ella se sonrojo.

- Por ponerte en una situación tan complicada.

Darién no pudo evitar pensar que podía ponerlo en la situación que quisiera siempre que estuviera desnuda con él, pero sabia bien que no podía ponerle voz a esa opinión cuando ella estaba intentando asimilar las repercusiones de un simple beso.

- Y me preocupa que te retires del caso de Andrew por mí… comportamiento inapropiado.

- Serena – dijo con tono paciente –, ha sido un beso.

- Lo se, pero…

- Y si sucede algo entre nosotros… o no sucede… eso no me apartara del trabajo para el que contrataste.

- Oh – se la veía sorprendida y claramente aliviada. Sonrío – Gracias por ser tan comprensivo.

- Lo cierto es que no entiendo muy bien por que sientes la necesidad de disculparte por un beso que creo que los dos hemos disfrutado mucho.

El rojo de sus mejillas se hizo mas intenso.

- Porque yo no hago esas cosas. Nunca.

- Anoche lo hiciste.

- Pero porque ayer fue un día de muchas emociones y además bebí.

- Suena como si te hubieras pasado la tarde enganchada a la botella de Jameson's.

- No suelo beber.

- Ya, de eso ya me he dado cuenta.

- Entonces deberías entender que no habría hecho lo que hice si no hubiera bebido. Yo no soy tan lanzada y aunque se que el alcohol no es una excusa…

- Serena…

Frunció el ceño por la interrupción, pero lo dejo hablar.

- ¿No has pensado que lo que paso pudo ser resultado de la química que hay entre los dos y no del alcohol?

Ella volvió a sacudir la cabeza.

- Yo nunca…

Abrió los ojos de par en par y se calló cuando él le puso las manos en los hombros y la arrastro hacia si.

- ¿Has bebido esta mañana?

- ¡Claro que no…!

Y eso fue todo lo que necesito oír antes de besarla.

La había sorprendido; fue evidente por el modo en que levantaba las manos hacia su pecho para apartarlo.

Pero no lo aparto. Y mientras Darién movía la boca sobre la de ella, sintió la tensión del cuerpo de Serena filtrarse en el suyo y saboreó la dulzura de su vacilante repuesta; fue como una flor abriéndose poco a poco ante la calidez del sol.

Le acaricio el pelo y, sin dejar de peinar sus sedosos mechones, le echo la cabeza atrás con delicadeza para besarla con más intensidad. Siempre le había gustado utilizar los besos como un placentero precursor a lago mas intimo. Pero en ese momento, se sentía satisfecho solo con un beso. En ese momento, con Serena, sintió que podría haber seguido besándola eternamente.

Se recordó que estaba intentando demostrar algo; haciendo que Serena viera que había mucho mas entre los dos de lo que quería admitir. Y al ver que ella estaba empezando a devolverle el beso, supuso que eso ya había quedado claro.

Probablemente ya era el momento de apartarse, de dejarla pensar en lo que había sucedido antes de que los dos decidieran hasta donde llevar la relación. Pero entonces ella presiono su cuerpo contra el de él y Darién dejo de pensar.

Muy a su pesar, Serena dio un paso atrás y se libero de los brazos de Darién. Necesitaba un momento para tomar aire e intentar pensar en que demonios había sucedido.

Cosquilleo… ¡guau!

Le ardía el cuerpo y sabía que si Darién volvía a tocarla, explotaría formando una lluvia de chispas.

De modo que dio un paso mas atrás; necesitaba espacio y oxigeno para que su cerebro analizara la situación.

- ¿Para…? – deslizo la lengua sobre su labio inferior para humedecerlo, para volver a saborear a Darién y su cuerpo se estremeció –. ¿Para que has hecho eso?

- Para aclarar cualquier posible malentendido. Para asegurarme de que te dabas cuenta de que lo que pasó anoche sucedió porque hay algo entre nosotros.

- Oh.

- ¿Ya te ha quedado claro?

Ella asintió.

Lo que quedaba claro, según su opinión, era que Darién estaba entrando en terreno peligroso. Un territorio que ella había vallado años atrás con alambre de espino y señales de advertencia. Lo que no estaba tan claro era como volver a poner las cercas que habían caído mientras ese seductor hombre la había estado besando.

- Bueno – dijo él –, pues ahora voy a besarte otra vez, pero solo porque quiero volver a saborear tus labios.

Y sin más, la beso con deseo, con intensidad. A ella le costaba respirar, mantener el equilibrio, por eso se agarro a él.

Había olvidado lo que era desear a alguien de ese modo, que la desearan. Y que la besaran así.

No, se dio cuenta de que no la estaba basando. «Besar» era una palabra demasiado simple para describir lo que Darién le estaba haciendo. La estaba devorando con los labios, con la lengua y con los dientes. Igual que ella lo estaba devorando a él.

Y sus manos. ¡Oh! Sus manos también la devoraban. Le recorrían el cuerpo con la misma intensidad y el deseo que a su boca, la hacían temblar, suspirar y querer más.

Darién deslizo los labios sobre sus mejillas, su cuello y su clavícula. Metió las manos bajo su suéter y le cubrió los pechos haciéndola excitarse; le acaricio los pezones sobre la tela de encaje del sujetador mientras ella se estremecía y respiraba entrecortadamente.

Ahora dentro de Serena había demasiado calor, demasiado deseo.

Resultaría fácil rendirse a lo que los dos estaban sintiendo, rendirse sin pensar en el futuro, disfrutar el momento. Pero en su vida ya estaban pasando demasiadas cosas como para darse ese capricho.

Con ese pensamiento en la cabeza, Serena logro apartarse, pero le llevo un rato mas recuperar el aliento y la capacidad de hablar.

- Muy bien – dijo finalmente –. Esta claro que he subestimado la química que hay entre los dos.

- Y lo sigues haciendo si crees que puedes apartarte y pretender que nada de esto ha pasado.

- No estoy sugiriendo que no haya pasado nada, pero necesitamos alejarnos. No puedo soportar sentir esta atracción… además de todo lo que me esta pasando.

- Por otro lado, el sexo podría simplificar las cosas – sonrío –. Seguro que acabaría con la tensión.

- No dudo que pudiera irme a la cama contigo y pasar un rato fabuloso, pero…

- ¿Por qué no ponemos a prueba esa teoría? – la interrumpió –. Solo para asegurarnos.

Quiso sonreír, pero sabia que si se dejaba encandilar por él, acabaría desnuda en cuestión de segundos.

- Porque ahora mismo no tengo ni el tiempo ni la energía para la complicación que supone tener una relación.

- ¿Y si tuvieras el tiempo y la energía?

- No lo se – admitió.

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Darién sabia que le había dado una respuesta sincera, si bien no era la que él había esperado. Al igual que sabia que no podía ofrecerle a Serena lo que ella estaba buscando. Ella era una mujer que quería una relación que durara para siempre y él era hombre de una sola noche.

Pero en cualquier caso, era una mujer que no podía sacarse de la cabeza. Y cuando iba hacia el bar donde había quedado con sus hermanos, seguía pensando en ella.

Entro a la vez que Diamante y encontraron a LJ y a Zafiro ya sentados en su mesa habitual, al fondo. En ese momento, Darién se dio cuenta de que llevaba esperando ese encuentro desde que Diamante había llamado la tarde anterior para organizarlo.

Durante los últimos años, habían estado tan ocupados con sus vidas que no habían surgido muchas oportunidades de reunirse. Desde que Zafiro y LJ se habían mudado, eso había cambiado y Darién disfrutaba al máximo el tiempo que pasaba con sus hermanos. En ocasiones le enfurecían, pero no podía imaginar la vida sin ellos. Y sabia que ellos sentían lo mismo.

La noche transcurría entre risas, bebidas, charlas y buenos momentos entre los cuatro hombres Chiba. Darién intento reprimir un bostezo pero no lo logro.

¿Algún caso te tuvo despierto anoche hasta tarde? – pregunto Diamante.

Yo diría más bien una joven cliente – dijo Zafiro.

¿De verdad? – LJ no pudo evitar participar.

Estuve hablando con Serena en la clínica – continúo Zafiro –. Me dijo que estaba haciendo un trabajo para ella.

Serena – dijo Diamante pensando –. ¿Es la que dije que era más bonita incluso que su nombre?

La misma – respondió Zafiro.

¿Pero tú no eras un hombre felizmente casado? – pregunto Darién.

La enfermera de cabello rubio con ojos grandes y unas… una sonrisa más grande todavía – continúo Diamante sonriendo.

No puedo creer que sea hermano de estos degenerados – dijo Darién sacudiendo la cabeza antes de dirigirse a Diamante –: ¿Y tú de que la conoces?

No nos conocemos – admitió –, pero un día estaba en la clínica y ella paso por delante de mi… juro que creí que iba a necesitar un desfibrilador para que el corazón me volviera a funcionar – sonrío al recordarlo –. ¿Crees que podrías presentarnos?

Ni en un millón de años – le dijo Darién.

Venga, si no es más que un cliente… – Diamante se detuvo ahí intencionalmente.

Sabía que su hermano estaba intentando provocarlo para descubrir si su relación con Serena se alejaba de lo estrictamente profesional.

Pero Darién no respondió. En parte porque no iba a darle a su hermano esa satisfacción. Y en parte porque, simplemente, no lo sabia.