Otro capítulo más. Espero les guste.

Cuadragésimos segundos juegos del hambre: Venganza

La vida es irónica. Hace solo tres años Johanna Blatz rebano con un cuchillo el cuello de mi hermano. Hoy es su hermano pequeño el que pronto tendrá un cuchillo al cuello, su nombre es Melvin y salió cosechado para los juegos de este año. Yo seré voluntaria, una de las pocas que ha tenido el tres.

La muy estúpida de Johanna ni siquiera fue capaz de ganar los juegos después de matar a mi hermano. En realidad lo mato durante el baño de sangre, y ella murió un par de días después a causa de un muto. Pero yo no cometeré el mismo error que ella, yo me asegurare de ganar, y Melvin me ayudara a hacerlo.

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Es el primer día de entrenamiento, ósea que estoy en una carrera contra el tiempo. Debo asegurarme de que el joven Blatz confíe en mí antes de que los juegos empiecen.

—Hola chico árbol, alguien se veía realmente bien ayer— le digo mientras me pongo a su lado en el puesto de supervivencia, le están enseñando a prender fuego.

—Gracias…— hace un pequeño silencio, como invitándome a presentarme.

—London Milles, distrito tres— le tiendo mi mano y él la aprieta tímidamente—. Te diría de que fui vestida al desfile, pero la verdad no tengo ni idea que era.

Se ríe un poco.

—Me gusta tú nombre, suena sofisticado.

—Es el nombre de una ciudad antigua, toda mi familia tiene nombres de ese estilo.

—¿Enserio? Eso es genial. Mi hermana y yo tenemos, literalmente, los nombres más comunes del distrito. Conozco otros tres Melvin y al menos cinco Johannas— su tono se vuelve algo sombrío para el final de la frase, así que lo sujeto del brazo.

—¿Todo bien?

Un par de lágrimas gordas resbalan por su rostro mientras niega con la cabeza, me permite que lo abrace. Ya lo tengo.

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Nuestra alianza quedo implícita desde el primer día, pero apenas hoy se lo haremos oficial a nuestros mentores. Solo espero que el suyo no tenga la desvergüenza de contarle que Manhattan era mi hermano.

Le digo a mi mentora que planeo matarlo cuando llegue al momento, parece afectarle un poco que este tan decidida desde el principio pero acepta. Quiere que sobreviva incluso más de lo que yo misma lo deseo.

Cuando vuelvo a encontrarme con Melvin el parece triste. Me toma de ambas manos y me pide que nos sentemos un momento.

—Sé que corro el riesgo de que me mandes muy lejos, pero en verdad creía que debías saber— me dice y yo asiento, no estoy segura de adonde planea llegar con esto—. Tú ya conoces lo que le paso a mi hermana, y tú me contaste que también habías perdido un hermano. Sé que no me contaste toda la historia porque era algo muy doloroso para ti, pero quiero que sepas que ahora ya la sé y… Y fue mi hermana la que termino con la vida de tu hermano. Así que entiendo perfectamente si no quieres volver a saber de mí, o si quieres matarme en cuanto entremos a la arena. Pero quiero que sepas que Johanna no tuvo la culpa de lo que paso, ella solo estaba tan ansiosa por sobrevivir como lo estamos nosotros ahora. No puedo regresarte la vida de tu hermano, y creo que ahora entiendo porque te ofreciste como voluntaria, pero si puedo prometerte que aunque ya no seamos aliados estoy dispuesto…

Y lo beso. Solo quería que se callara. No quiero que sea así de comprensivo, no quiero que crea que sabe lo que siento. Menos ahora, que sus brazos me rodean, y yo no sé qué es lo que siento.

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Nada me preparo para esa pregunta. Debí suponerlo, obviamente lo iban a saber. Tenía preparado mi discurso con la falsa razón por la que me ofrecí voluntaria. ¿Qué no les basta con eso?

—En realidad no— contesto finalmente—. Johanna y Melvin son personas muy diferentes, así como Manhattan y yo también lo somos. Lo que sucedió hace tres años fue una tragedia de la que él no tiene la culpa, así que no veo porque debería buscar venganza por ello. De hecho, Melvin y yo hemos formado una alianza, confiamos el uno en el otro y el pasado de nuestras familias no arruinara eso.

Los capitolinos silban y aplauden, están encantados con mi respuesta, nos hemos ganado un gran bonche de patrocinadores. Ellos en verdad me creyeron, y me temo que yo también.

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Muerdo el palo que Melvin me ha conseguido mientras aprieta con todas sus fuerzas el pedazo de tela que ha roto de su camiseta alrededor de mi brazo. Aun no creo lo estúpida que fui. ¿Cómo permití que esa perra del dos me lanzara un cuchillo?

Por suerte el torniquete de Melvin parece haber funcionado, así que nos permitimos continuar con nuestro camino. Recolectamos fruta, hacemos un refugio y nos preparamos para pasar la noche. Nos acurrucamos uno contra el otro y él me empieza a hablar sobre el aroma de su distrito. Lo hizo por primera vez en uno de los entrenamientos, cuando le conté que en mi distrito la naturaleza era casi inexistente, desde entonces lo hace cada vez que me ve especialmente tensa.

Y ahora, con el calor de su cuerpo tan cerca y el inexistente perfume de pinos inundando mi nariz, me siento segura.

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Soy la peor en lo que a venganzas se refiere. Ahora, que ya puse mi vida en riesgo, lo sé.

Solo quedamos seis personas en la arena. Juntos Melvin y yo hemos logrado más de lo que hicieron nuestros hermanos por separado. Le dejo la mitad de nuestras provisiones y armas y me preparo para irme, está dormido.

Apenas me he alejado un par de metros cuando veo a los dos profesionales que quedan caminando hacia nuestro refugio. Él no tiene oportunidad.

Así que hago la mayor y, seguramente, última tontería de mi vida: les lanzo una piedra.

Ame mucho este capítulo, así que espero que al menos a ustedes les haya gustado. Ojala y puedan darme su opinión.

Los quiere: yo.