-¿Marinette? -Llamó Tikki a su portadora cuando estuvieron por fin en casa.
Pero tal parecía que la azabache no la escuchó. La vio tomar sus auriculares, tumbarse en la cama y cubrirse el rostro con una almohada para opacar su grito, al tiempo que movía las piernas de un lado a otro, haciendo una rabieta.
Su corazón latía de manera estrepitosa por el breve momento que había compartido con Chat Noir en el closet de mantenimiento.
Con el chico rubio, a quien le había dado su primer beso por culpa de Cupido Negro.
A quien le había contado sus pesares amorosos, en lo tortuoso que era para ella gustar de Adrien y Luka al mismo tiempo.
Y ahora venía él, como todo un descarado, a inmiscuirse en sus sentimientos para confundirla más. ¡Era un sinvergüenza!
Ya no eran sólo los coqueteos, la cercanía en momentos pocos ortodoxos o la mamera que tenía de meterse en sus pensamientos.
Él estaba jugando con su raciocinio ¡y se hacía el desentendido!
Como si su corazón no se hubiese alterado con todos los comentarios en redes sociales, esos que hablaban de lo bien que se veía a lado del héroe de negro.
Provocando que recordara la cita que había preparado para ella, con las velas, las flores y la hermosa vista.
A sabiendas de que Chat era todo un romántico. Y ahora ella no podía evitar imaginar cómo sería una relación con él.
No con Adrien.
No con Luka.
Con él.
Y todavía se había atrevido a preguntarle si aquello contaba como un beso.
Un beso que ahora no la dejaría dormir tranquila, porque a pesar de ser un gesto efímero lo había disfrutado.
Todo por ese gato tonto que nisiquiera hania tenido cuidado al momento de destranformarse, dejando que la puerta se abriera de par en par aún cuando debía guardar su secreto.
¡Y su kwami! Hablándole tan abiertamente como si fuera lo más normal del mundo.
Tonto, tonto, tonto.
¿Quién le había permitido poner su mundo de cabeza?
Sus emociones eran un ir y venir, justo como la cola de Chat Noir cuando estaba muy concentrado en algo y está se movía por sí sola.
Aunque no tuviera sentido ya que su cola era solo un cinturón.
Un cinturón que ahora llenaba sus pensamientos porque era suyo y de nadie más.
Ahora, ¿qué iba a hacer?
Día nueve: cola de cinturón.
