Disclaimer en el capítulo 1.

Gracias a Yara, Vnat07 (me ha encantado la referencia de Goku xD), aquarius7, evazqueen, Violetta9017, y mis queridísimos guests (Cami, Susy y el anónimo de siempre cuyo nombre averiguaré algún día *lo jura con un gesto dramático*). Gracias a todas por leer, por comentar, y por odiar a Snow. Seguid así, pequeños saltamontes xD

Ya he acabado los exámenes, así que espero (espero) poder actualizar más a menudo. Pero ya sabéis que la inspiración va y viene (más o menos al ritmo que Yara entra y sale de mi casa) y no puedo prometer nada si después no lo cumplo. De momento, espero que disfrutéis de este largo capítulo ;)

Capítulo 08

Emma se agitó en sueños, entre la bruma que separaba el inconsciente del mundo real. No tenía ninguna gana de salir de aquel estado de relajación en el que tan bien estaba, pero los rayos del sol se abrían paso entre sus párpados y, cuando fue lo suficientemente consciente de su entorno, también captó una presencia inmóvil a su lado.

Abrió los ojos despacio, acostumbrándose a la luz de la mañana, y lo primero que vio fueron dos orbes chocolate que no perdían detalle de su rostro. Regina la observaba en completo y hermoso silencio, tumbada a su lado pero sin llegar a tocarla, e inmediatamente supo que la demonio no había dormido absolutamente nada.

- No te has ido – musitó incrédula, encerrando en esas cuatro palabras mucho más de lo que nadie podría imaginar.

- Claro que no – respondió ella como si fuera obvio, frunciendo el ceño levemente.

Y Emma se lanzó a la piscina. Sin razonar, sin dudar, y sin medir el alcance de las posibles consecuencias. En ese momento, sin recuerdo alguno del resto del mundo, ella sólo podía pensar en cómo la morena la había acunado la noche anterior, consolándola sin preguntas ni juicios. En cómo la había protegido horas antes de su ataque de llanto. Y en cómo llevaba sintiéndose desde el primer día que la vio, cubierta de sangre en un sucio callejón.

Emma besó a Regina. Fue un toque simple y cálido, producto del poco espacio que la rubia había acortado en su arrebato emocional, pero suficiente para anhelar mucho más. Los labios de la demonio se sentían suaves pero pecaminosos, con un toque áspero que hablaba de varias horas sin beber o humedecerlos.

Un leve soplo de aliento la devolvió a la realidad y se separó de inmediato, aunque apenas unos pocos centímetros. Abrió los ojos en cuanto se dio cuenta de lo que había hecho, pero sus pupilas no se movieron de aquella zona que acababa de tocar y probar. No se atrevía a mirar más arriba, donde seguramente la otra mujer la rechazaba con la mirada. Pero entonces una mano extraña se deslizó hasta su mentón, y largos dedos se colaron por detrás del lóbulo de su oreja, obligándola a levantar la vista y descubrir los ojos más oscuros que había visto en su vida. Demasiado oscuros.

Casi ni lo vio venir. Regina atacó su boca con voracidad animal, caótica e intensa, y sus párpados se cerraron por inercia antes de llevar su propia mano a los mechones negros de la demonio y responder al beso con la misma pasión desenfrenada. No podía recordar la última vez que se había sentido así. No recordaba haberse sentido nunca así. Con la absoluta certeza de que estaba exactamente donde y con quien tenía que estar.

Y Regina se estaba volviendo loca. Toda esa tensión que habían acumulado estaba saliendo a raudales de sus cuerpos, y desde su perspectiva no parecía que fuera a acabar pronto. Se colocó medio encima de la rubia sin realmente pensarlo primero, y mordió suavemente su labio inferior pidiendo, y logrando, el permiso para invadir su boca por completo.

Pero su ángel no iba a darle todo el control tan fácilmente. Su ángel era una luchadora nata que, con un movimiento fluido, intercambió sus posiciones y quedó a horcajadas sobre ella, obligándola a sentarse y sujetar su delgada cintura para mantenerla pegada a ella lo máximo posible. Las manos se colaron dentro de su ropa y subieron por su espalda hasta rozar el broche del sujetador. Y cuando el respirar se hizo demasiado necesario, simplemente empezó a besar un camino hacia abajo por su mandíbula mientras Emma aprovechaba para quitarle la chaqueta, aún con vestigios de sangre seca, y tirarla a un lado.

- Tenemos que parar – jadeó la ángel, sabiendo que era un vago y triste intento de recobrar la cordura. El lado izquierdo de su cuello estaba siendo atacado sin piedad por lengua y dientes, hambrientos e insaciables. Podía sentir como todo el sentido común se le escapaba entre los dedos al ritmo de la lujuria compartida.

- Ya lo sé – contestó Regina, sólo un segundo antes de agarrar bien el dobladillo de la camiseta básica de Emma y sacársela por la cabeza.

Volvieron a unir sus labios con fuerza, sedientas de la otra y sin ninguna intención de echarse atrás a pesar de saber, como de hecho habían dicho y reconocido, que no debían continuar aquello, fuese lo que fuese lo que estaban haciendo. El deseo era demasiado, simple y llanamente. Ambas anhelaban sentirse, piel contra piel, por encima de los planes de guerra, los prejuicios establecidos por terceros y el odio ancestral entre especies que se obligaban a recordar día tras día.

Y entonces un móvil empezó a sonar.

Y toda la magia creada entre ellas se rompió en mil pedazos bajo el peso de las consecuencias y repercusiones a las que aquello las podría llevar. Regina detuvo sus manos curiosas, completamente congelada, y Emma saltó de su regazo para nerviosamente buscar su teléfono entre las cosas de su mesilla.

- ¿Diga? - contestó al encontrarlo, todavía acompasando su respiración. Escuchó a su interlocutor durante unos segundos y luego movió la cabeza afirmativamente, aunque obviamente no podían verla -. Está bien, nos vemos allí – finalizó la llamada y miró al suelo, incapaz de posar los ojos en la demonio al percatarse de que aún estaba en sujetador frente a ella -. Era Mulán – explicó abrazándose a sí misma -, sigue con Tink y Belle en vuestra base y nos necesitan allí ahora, algo sobre un tipo con un garfio que quiere hablar contigo – una pausa incómoda, en la que Regina todavía no decía nada y la piel de Emma alcanzaba tonos imposibles de rojo -. Debería vestirme.

La morena asintió de forma automática, levantándose y recogiendo su chaqueta antes de salir de la habitación, teniendo que utilizar todas sus fuerzas para no mirar atrás. Porque bajo pisos y pisos de razones por las que esa llamada les había evitado infinidad de problemas que enfrentar y explicaciones que dar, Regina ya echaba de menos su tacto, su olor y aquellos ojos azules y verdes, bañados en algo demasiado parecido al amor.

-SQ-

Salieron volando del apartamento y se cruzaron con varios ángeles de camino a la guarida de la demonio, pero ninguno se atrevió a decirle nada, al menos no a la cara. Seguramente le irían con el cuento a Snow y tendría que enfrentar a su queridísima madre en cuanto volviera a la Torre, pero en ese momento no era capaz de pensar en ello. Su mente estaba totalmente ocupada por otra cosa, por otra persona. Alguien que no debería haber podido derribar sus barreras tan fácilmente ni provocarle sensaciones inexplicables.

Llegar a aquel edificio en ruinas supuso un alivio para las dos, que ya no soportaban el silencio incómodo que las envolvía, y Emma se sorprendió gratamente al entrar en el sótano completamente ordenado y equipado de las Iblis.

Mulán, Belle, Tink y un hombre que no conocía estaban sentados alrededor de las mesas centrales de la sala, pero se levantaron al verlas llegar.

- Hey – le dijo la guerrera pasando un protector brazo sobre sus hombros, ajena a la mirada asesina que le lanzó Regina -. ¿Estás bien? - preguntó interesada, ya que la noche anterior no habían compartido detalles del ataque en los mensajes que intercambiaron.

- Sí, no te preocupes – la tranquilizó -. ¿Qué es eso que teníais que contarnos?

Mulán señaló al hombre, que sólo alcanzó a dar dos pasos y hacer el amago de presentarse con su mano sana antes de que Regina lo detuviera.

- Al grano, Hook – prácticamente gruñó la morena, cortándole de raíz cualquier posibilidad de socializar con su ángel -. ¿Qué has averiguado?

- Que el señor Oscuro está nervioso – comenzó a explicar -. No he descubierto mucho sobre el motivo, pero hay algo que le preocupa en cantidades desproporcionadas, hasta el punto de no fiarse de nadie con dicho tema. Mi... fuente afirma que Jafar sólo lo ha escuchado murmurar algo sobre una antigua profecía, pero ni siquiera con él se confía a decirle de qué se trata. Eso sí, sea lo que sea lo ha hecho sentirse amenazado, así que tiene que tratarse de algo peligroso.

Fue escuchar la palabra "profecía" y tanto a Emma como a Regina les resultó imposible no cruzar miradas por primera vez desde el momento-cama, relacionándola con los pocos pero reveladores sueños que llevaban semanas compartiendo.

- Debemos hablar con los arcángeles – dijo la rubia -, no podemos esperar más.

- Tienes razón – respondió Regina, sin prestar atención a los demás que se habían perdido con ese cambio repentino en la conversación -. ¿Puedes concertar una cita con ellos para hoy?

Emma asintió, sacando su móvil del bolsillo rápidamente.

- Les pediré una videoconferencia, será más fácil para todos – decidió llevándose el teléfono a la oreja y separándose un poco del grupo para llamar en privado.

- ¿De qué iba todo eso? - inquirió Belle tan confusa como el resto cuando Emma se alejó lo suficiente.

- Archie y Marco son los inmortales más antiguos que conocemos, si alguien sabe algo de profecías serán ellos – contestó Regina sin dar demasiadas explicaciones, antes de girarse hacia Tink y el escrutinio que le estaba haciendo desde que llegaron allí -. ¿Qué?

- ¿Podemos hablar? - pidió con un movimiento de cabeza, señalando la otra esquina del sótano. Se disculparon con los otros para dirigirse a esa zona.

- ¿De qué se trata? - preguntó la morena con genuina curiosidad.

- De ti, por supuesto – respondió su compañera, mortalmente seria -. Desde que metiste a los Melek en la ecuación apenas hemos avanzado, Regina.

- ¿Y crees que es culpa mía? Ya hemos pasado por otras etapas poco productivas en el camino hasta aquí.

Tink emitió un suspiro con intención auto-relajante.

- Mira, yo sé que no nos lo has contado todo, que tienes tus propios motivos dentro de todo esto. Y está bien, porque yo también los tengo y supongo que Belle acarrea los suyos propios. Pero no por eso voy a permitir que te distraigas – afirmó severa -. No sé lo que te traes con ella – señaló a Emma con la cabeza -, y no me importa, siempre y cuando las dos sepáis y honréis el objetivo final. Estamos en guerra por si lo has olvidado.

- No lo he hecho. Recuerdo perfectamente lo que os prometí y la situación en la que estamos.

- ¿Estás segura?

- ¿Dudas de mí? ¿Después de todo lo que he hecho por vosotras?

La rubia sonrió sarcásticamente, enarcando una ceja para darle más dramatismo al asunto.

- La sangre en tu chaqueta, ¿es tuya?

- Sí.

- ¿Cómo te hirieron? - exigió saber, y Regina desvió la mirada -. ¿Cómo?

- Tuve que protegerla – admitió entre dientes.

- ¿Tuviste que? - repitió la otra mujer con incredulidad -. Eso es mentira y lo sabes, no tienes ninguna responsabilidad para con ella.

- Está de nuestro lado y nos está ayudando, no podía dejarla morir.

- Pero puede que tengas que hacerlo en un futuro no muy lejano – le recordó amargamente -. Cuando empezamos con esto nos juraste que acabar con Rumpelstiltskin era lo primero, por encima de todo lo demás. Sólo quiero asegurarme de que sigue siendo así.

- Lo es – dijo con rotundidad, engañando a su interlocutora pero no a sí misma -. Debes confiar en mí con esto. ¿Acaso os he fallado alguna vez antes?

- Eso no significa que no vaya a pasar. Las prioridades cambian más fácilmente de lo que crees.

Y también más fácilmente de lo que Tink pensaba. Porque mientras tragaba saliva, asentía, y daba por terminada la conversación, y aunque nunca lo admitiría en voz alta, Regina supo que las suyas habían cambiado semanas atrás, en el preciso instante que sus ojos se posaron por primera vez sobre su ángel particular.

-SQ-

El camino a la Torre fue más de lo mismo del trayecto anterior. Los ángeles con los que se cruzaban se giraban a mirarlas entre sorprendidos, espantados y curiosos, y Regina no podía evitar encontrarlo medianamente divertido. Si ellos supieran...

Pero no podían saberlo. Y, sobretodo, no podía volver a pasar.

No era por Tink, ni por la misión, ni por el Oscuro. Era por ella misma. Una ángel irresistible, una guerra inminente y unos sentimientos entre inexplicables y arrolladores eran ingredientes que sólo podían acabar en un corazón roto. Su corazón, para ser más precisos. Así que a partir de ahora se centraría sólo en recaudar la información que necesitaban, empezando por aquella absurda conexión que compartían y por la que le había cogido pánico a dormirse. Iba a costarle sudor y sangre, pero tendría que olvidarse de aquel deseo por Emma que amenazaba con consumirla.

Llegaron al gran edificio y aterrizaron en un balcón de las plantas superiores, y tras absorber las alas pasaron al interior. Los metros entre su entrada y la sala que iban a utilizar no llegaban a 20, pero se sintieron como el corredor de la muerte para la morena. Todos los ojos estaban posados en ella, dos pasos por detrás de una Emma que lideraba el camino haciendo caso omiso a los demás presentes... hasta que Snow apareció en su campo de visión.

La arcángel, sin embargo, no prestó su hiriente atención en su hija por primera vez en décadas. En cambio, se desplazó con brusquedad en dirección a Regina, golpeando su hombro con fuerza y girándose para mirarla con un odio puro que la demonio no se cortó en devolver, congelando completamente la escena a su alrededor.

Sus espectadores no se atrevían a mover ni un pelo, alternando entre ella y la mujer que los gobernaba a todos. Hasta el más estúpido podía ver que allí saltaban chispas, y no de las buenas. Las dos inmortales querían atacar a la otra, y las dos se contenían por la misma persona sin en realidad saberlo, aunque los motivos eran muy distintos. Snow no quería que Emma viera cuánto le afectaba su alianza con la Iblis, y Regina no podría soportar que la rubia lo pasara mal viendo un enfrentamiento entre su madre y su... y ella.

Y no fue necesario. La propia Emma las separó antes de que el momento se les fuera de las manos, colocándose a su lado y entrelazando los dedos con los suyos. Las pupilas afiladas de Snow se entrecerraron ante ese gesto, pero la demonio solo tenía ojos para su aliada, a la que no le hicieron falta palabras para indicarle que lo dejara pasar. Regina asintió casi imperceptiblemente y, tras una última mirada de desprecio a la arcángel, dejó que Emma la guiara hacia la sala de videoconferencias.

Sus palmas se desligaron en cuanto se cerró la puerta, dejándole una inmediata sensación de vacío que permanecería allí por días.

La rubia recogió un portátil de una estantería y lo llevó a la pequeña mesa rodeada de cómodos sillones que enfrentaban una pantalla plana colgada en la pared. Conectó un par de cables y le indicó que se sentara, así que lo hizo ipso facto mientras se realizaba la llamada. A los pocos segundos dos rostros casi demasiado amables aparecieron delante suya separados por una fina línea.

- Hola, Emma... - saludó el hombre pelirrojo al lado izquierdo del televisor - ...y acompañante.

- Hola a los dos – dijo la ángel con una sonrisa más real que diplomática. Regina no dejaba de encontrar esas pequeñas diferencias entre ella y la... y Snow -. Siento haberos presionado para reunirnos tan rápido, pero esto es muy importante.

- No te preocupes – respondió el otro, algo canoso -, lo poco que nos contaste por teléfono ya justificaba la urgencia. ¿Estás segura que puedes hablar libremente ahí en la Torre?

- Sí, este cuarto está completamente insonorizado, nadie puede escucharnos desde fuera.

Marco asintió conforme y se volvió hacia la demonio, que todavía no había abierto la boca.

- ¿Tienes nombre, muchacha? ¿O prefieres que utilicemos tu título de Ángel Negro?

- Me llamo Regina – contestó ella simplemente.

- Bien, empecemos con lo importante entonces – declaró incluyéndola automáticamente en el grupo con ese simple gesto -. ¿Qué tiene que ver Rumpelstiltskin en lo que sea que está pasando con vosotras?

Ellas se miraron y, en mudo acuerdo, la morena tomó la palabra.

- Nos han informado de que el Oscuro se pasa los días rumiando algo sobre una profecía que, como mínimo, le provoca respeto. Y tal y como nos lo han descrito, lo hemos relacionado de inmediato con nuestra... situación.

- Vais a tener que explicarnos vuestra situación al milímetro por lo tanto – pidió Archie.

Y así lo hicieron. Les hablaron de su primer encuentro, de los sueños compartidos y de las sensaciones que experimentaban en dichos episodios. Bueno, casi todas. Les explicaron el realismo y precisión de los recuerdos, y que hasta cierto punto podían intervenir en ellos de forma consciente.

- ¿Y bien? - se impacientó Emma cuando terminaron y ellos se quedaron callados.

- En el mejor de los casos podría tratarse de una simple transferencia de energía involuntaria, aunque tampoco es que eso sea demasiado común. Y mucho menos entre especies diferentes – reconoció Marco.

- ¿Y en el peor?

- Y en el peor estáis conectadas a niveles que no entiendo y Rumpelstiltskin lo ha notado a pesar de no haberos cruzado con él. Es un ser muy poderoso, el Consejo no tiene demasiados datos sobre el alcance de sus habilidades.

- ¿Y ya está? ¿No sabéis nada más? ¿Ni una vaga idea? ¿Porqué nosotras? - la ángel podía sentir la inquietud subiéndole por la garganta.

- No somos dioses, Emma, no ostentamos todo el conocimiento del mundo y este es un caso excepcional. Literalmente, no hay antecedentes a los que aferrarse.

- Pero tiene que haber alguien más que sepa qué nos pasa, alguien que no sea el amo y señor del inframundo – deseó Regina, que ya se veía en otro callejón sin salida.

Archie inspiró pesadamente, sopesando si debía o no darles acceso a esa información.

- Hay una mujer – cedió al final -. Vive ahí, en el sótano más bajo de la Torre, confinada a pasar la eternidad encerrada con sus propios demonios. Pero hace décadas, sino siglos, que no recibe visitas. La lucidez la abandonó hace mucho y todos sus conocimientos quedaron enterrados en algún rincón oscuro de su mente.

- Creía que eso era un mito – reconoció la rubia, que había escuchado los típicos rumores conspiratorios alrededor del edificio durante toda su vida.

- Por desgracia no.

- ¿Es una Melek? - la demonio quería disponer de todos los datos posibles.

- Es una Ölümsüz.

- Eso es imposible – rebatieron Emma y Regina al unísono, compartiendo una mirada de complicidad después.

Los Ölümsüz estaban extintos. Hacía cientos de miles de años que los inmortales se habían disgregado en Iblis y Melek, y los seres que en un principio gobernaron y vivieron en paz y armonía con los humanos habían desaparecido para siempre.

- Ojalá lo fuera – estuvo Marco de acuerdo -, pero no. Queda ella.

- Fue capturada poco después de convertirse en la última original, por eso pocas personas saben de su existencia. El Consejo y el Oscuro, para ser más precisos. Y bueno, vosotras ahora – el pelirrojo las miró con determinación -. Esperamos que no hagáis mal uso de ello y guardéis el secreto.

- Por supuesto, pero ¿cómo podemos llegar a ella?

- Tendrás que pedírselo a tus padres.

La ángel bufó. Lo que le faltaba, rogarle un favor a Snow.

- ¿Tenéis alguna otra pregunta?

Emma negó con la cabeza.

- No, Archie, gracias por tod...

- En realidad sí que hay algo más – interrumpió Regina, a sabiendas de que nadie más podría darle respuestas por el momento y demasiado reticente a guardárselo tras la oportunidad y compañerismo que le habían ofrecido. Miró a Emma con intención apaciguadora, transmitiéndole que podía confiar en ella, y extendió una mano con la palma hacia arriba.

Nadie se sorprendió cuando una bola de energía se materializó en el aire sobre sus dedos, pero tras unos segundos de no entender nada sus tres interlocutores consiguieron vislumbrar lo que les estaba mostrando y los arcángeles se acercaron imposiblemente más a sus pantallas.

Allí, enfrente suya, el poder eternamente violeta de Regina había cambiado. El color ya no era uniforme y liso. Ahora, hebras doradas salpicaban la imagen simulando pequeñas corrientes eléctricas. Y nadie le habría dado suficiente importancia si ese no fuera el tono específico que caracterizaba a Emma.

- Me di cuenta tras el ataque de anoche, cuando me estaba curando – explicó la demonio.

Y se hizo el silencio. Durante minutos que parecieron horas, la rubia intentó encontrarle una explicación lógica a lo que estaba viendo, sin éxito, y los dos hombres trataron de recobrarse tras empalidecer de repente. Una cosa era especular sobre conexiones psíquicas y otra muy distinta presenciar pruebas físicas.

- Emma – llamó Marco con voz de ultratumba y ni un solo pestañeo -. Hazlo tú también.

La ángel obedeció por inercia, porque su cuerpo estaba completamente paralizado. Pero en cuanto convocó su propia bola de energía salió del estupor preestablecido, sólo que no por voluntad propia. Su poder era exactamente contrario al de Regina, con la base dorada y los filamentos aleatorios violáceos, y realmente deberían haber recordado que los polos opuestos se atraen sin remedio.

En el instante en que ambas esferas estuvieron presentes en la misma habitación, apenas a un metro de distancia, un pulso electromagnético salido de la nada obligó a sus dueñas a levantarse de sus asientos y luchar contra esa fuerza invisible que luchaba por juntarlas a lo bestia. Intentaron desvanecerlas, y desviarlas, y reabsorberlas ante los gritos de los asustados arcángeles, pero nada funcionaba.

No pudieron evitarlo. Sus poderes se fusionaron en uno solo, explotando en una onda expansiva que cortó la televisión por la mitad, derribó los muebles, reventó todos los cristales a su alrededor y las mandó varios pasos hacia atrás. Pero que, por encima de todo, las envolvió en una calidez que disolvió todo el pánico anterior. Aquella sensación templada y acogedora se metió entre sus poros y llegó hasta sus más escondidas terminaciones nerviosas, aislándolas del resto de gente que, tras las ventanas hechas añicos que daban al pasillo de oficinas, las miraba sin saber cómo reaccionar.

Y perdidas de la impresión de lo que acababan de experimentar, aunque jamás abandonando los ojos de la otra, ninguna se dio cuenta de que Snow seguía allí presente, estudiando a una y a otra antes de dejar la estancia en completo silencio.

-SQ-

El sonido de los tacones repiqueteando en el suelo de cemento alertó a Meryl de que tenía compañía. Pero no estaba sorprendida. Sólo había una persona que la visitaba periódicamente y ya la esperaba desde hacía días.

- Has tardado – comentó inocentemente.

- Yo decido cuándo vengo aquí, no tú – fue la contestación que obtuvo, provocando una estridente risa de su parte.

- Sí, claro, lo que tú digas – se burló, antes de hacerse la desentendida -. ¿Qué quieres esta vez? ¿Distraerme? ¿Estudiarme? ¿O sólo torturarme con tu inmunda presencia?

- Quiero que me digas qué sabes sobre Emma, qué se trae con ese monstruo que la acompaña a todas partes.

Meryl se sorprendió entonces, sin esperar para nada una respuesta tan sincera. Se incorporó del catre de la celda con porte y delicadeza, porque ante todo siempre sería una dama, y se acercó felinamente a la reja que la separaba de su actual verdugo. Ella no podía tocar las paredes y los barrotes, pero su visitante tampoco. Aquel metal, agotado del mundo milenios atrás, reducía la piel de todos los inmortales a cenizas. Muchos hombres habían muerto calcinados el día que la metieron allí dentro.

- ¿Emma? ¿Tu Emma? - preguntó con sarcasmo en la voz -. Sé que es mucho más poderosa de lo que su madre quiere imaginar... o simplemente mucho más que su madre – escupió con odio, pulverizando a Snow con la mirada, quien apretó los dientes intentando demostrar que ella tenía el control aquí.

- No juegues conmigo.

- Sigue creyendo que esto es un juego y acabarás muerta mucho antes de lo que te toca.

Snow retrocedió, conocedora de que aquella no era una amenaza vacía. Por muy encerrada que estuviera, Meryl seguía siendo el ser más significante sobre la faz de la Tierra. Sus habilidades proféticas le proporcionaban conocimientos a los que no debería tener acceso en su prisión subterránea. Percibía todo lo que pasaba en el exterior como si los halcones se lo susurraran al oído. Un solo pie fuera de aquella celda y llovería sangre sobre las calles de Maine.

- No te tengo miedo – dijo sin embargo, terca como una mula.

A la Ölümsüz le entró un ataque de risa descontrolada, y sólo habría parecido más aterradora si hubiera podido agarrar y sacudir la puerta enrejada.

- No es a mí a quien debes temer, sino a tu preciosa, preciosa hija... y a su nueva amiga.

- No te creo, no sabes lo que dices, ¡todo el Consejo sabe que estás loca! - se enfureció la arcángel, perdiendo los papeles.

- Todo el Consejo piensa que nadie me visita, pero tampoco es cierto – volvió a reírse, maniática como ella sola.

- ¡Ya basta! ¡Dime que tiene que ver Emma con el maldito Ángel Negro!

- ¡Ellas lo son todo! - gritó Meryl, contagiada de los chillidos de Snow -. Y no importará cuanto trates de separarlas o enemistarlas, porque tarde o temprano volverán a reunirse, más fuertes que antes, y cumplirán con lo que les depara el destino – respiró hondo, acercándose lo máximo posible a los barrotes y bajando la voz hasta que sólo fue un murmullo -. Y tú morirás en el proceso.

*Iblis – demonio. | Melek – ángel. | Ölümsüz – inmortal.

Nota: el nuevo personaje introducido en esa última escena es el segundo OC de la historia, que en mi cabeza está representado por la magnífica Meryl Streep (más o menos con el look del principio de 'Into the woods').