Capitulo 9. Luna llena
- Lunático, ya veo que te encontró Tonks – exclamo Sirius sonriente cuando lo vio entrar detrás de la joven. - Que feliz se te ve hoy Lunático – se burlo Sirius pero Lupin se limito a fulminarlo con la mirada.
– ¿Por qué me buscabas Canuto?, ¿Qué es lo que quieres? – Pregunto este algo enojado, simplemente no se podía enojar mucho cuando ella estaba cerca.
- Quería que revisaras unos libros que encontramos en las recamaras de arriba, no sé si te interese alguno, o los tiramos todos, tú decides – agrego Sirius.
- Esta bien, vamos a ver los dichosos libros – dijo Lupin.
- Bueno, antes de que se vayan me despido. Nos vemos Molly, Arthur, Sirius, Remus – agrego Tonks.
- Mañana vendrás a cenar, ¿Verdad cariño? – pregunto la señora Weasley.
- No creo Molly, mañana y pasado mañana tengo guardia a la misma hora, lo siento – se disculpo la joven algo triste el hecho de estar lejos de él le partía el alma.
- Esta bien querida no te preocupes, sabes que eres bien recibida a la hora que desees y cuando quieras venir – dijo Molly.
- Si, gracias Molly, me disculpas con los demás – agrego Tonks caminando hacia la puerta de la cocina.
- Si, no te preocupes cariño – comento la señora Weasley.
- Espera Tonks, te acompañamos a la puerta - dijo Sirius jalando a Lupin de la túnica para que también fuera, Tonks se detuvo al lado de la puerta de la cocina para que los dos amigos la alcanzaran. Cuando llegaron junto a ella comenzaron a caminar por el obscuro vestíbulo.
- ¿Y a dónde vas exactamente? – Pregunto Sirius a Tonks.
- Voy a mi guardia – contesto la joven - Me toca relevar a Kingsley.
- ¿Por qué te toco tan tarde?, te puede pasar algo malo – comento Sirius.
- No me va pasar nada, me se cuidar yo sola créelo – exclamo Tonks.
- Te diría que Lunático te acompañara, ya que yo no puedo salir claro, pero hoy no puede ¿Verdad que la acompañarías Lunático? – Pregunto Sirius.
Lupin lo fulmino con la mirada de nuevo, pero dejo de hacerlo cuando se dio cuenta de que Tonks había volteado a verlos ya que habían llegado hasta la puerta que conducía a la calle.
- Si, claro que te acompañaría – dijo Lupin a la joven.
- Bueno, nos vemos Tonks, te espero arriba Lunático - se despidió Sirius subiendo lo más rápido que podía las escaleras.
- Entonces no vienes mañana – agrego Lupin y sus miradas se volvieron a encontrar.
- No creo – dijo Tonks.
– Te cuidas, nos vemos Nym… Tonks – exclamo Lupin, algo triste.
– Si, tu también te cuidas – murmuro la joven, ya que le costaba hablar cuando se miraban de esa forma – Nos vemos pronto, adiós – añadió rompiendo la conexión de sus miradas y abriendo la puerta.
- Adiós – dijo Lupin mientras la joven salía del cuartel general, cerró la puerta por dentro a base de magia y subió por las escaleras a ver los libros de los que hablaba su amigo Canuto.
Pronto acabaría la guardia de Tonks, ya era de noche y una hermosa luna llena iluminaba el cielo nocturno lleno de miles de estrellas, la joven estaba sola en un parque cercano a la casa de los tios de Harry, se sento en el único columpio que no estaba destrozado, se quito la capa invisible que usaba en las guardias, la guardo en una de las bolsas de sus pantalones vaqueros y comenzó a columpiarse, el aire chocaba contra su cara y la hacía sentirse libre, al ver el cielo tan despejado y hermoso sintió felicidad, pero lo que más le llamo la atención fue que en lo alto había una enorme luna plateada que brillaba en la inmensidad del obscuro cielo nocturno y se pregunto ¿Cómo algo tan hermoso podía causar tanto dolor?, y se sorprendió pensando en el… llevaba tan poco tiempo sin verlo y ya le extrañaba.
Habían pasado dos días desde la última vez que se vieron. - Lunático, has estado triste estos últimos días, te preguntaría la causa de tu tristeza repentina pero creo que es obvio, la extrañas ¿Verdad? - dijo Sirius a Lupin con sinceridad pero con un tono un tanto burlón.
– Canuto, por favor no digas tonterías – resoplo Remus.
- No son tonterías, tu y yo sabemos que tengo razón, que no quieras aceptarlo es diferente, ¡Te estás enamorando de ella! – reprocho Sirius.
– Te animare el día. ¿Ves esto? – dijo mostrándole a su amigo un pequeño pergamino enrollado cuidadosamente – Es la respuesta a una nota que le he mandado muy temprano a Tonks.
Al escuchar nombrarla Lupin que leía un libro volteo a ver a su amigo. - Ves, sabía que esto te alegraría – añadió Sirius riéndose del repentino interés que mostraba el otro. - En pocas palabras mi querida sobrina dice que vendrá hoy, la he invitado a comer con nosotros ¿Qué te parece? -.
Lupin de repente se sintió tan feliz, esa noticia había cambiado su día, la vería después de dos días que para él había sido como una eternidad.
– ¿De verdad? – comento Lupin procurando sonar como que no le importaba la noticia.
Tonks había tenido un día libre después de bastante tiempo, las cosas en el ministerio habían tomado un buen curso y aparte de todo hoy no tenía que ir a hacer guardia, se había desvelado tanto por sus guardias que lo único que quería era olvidarse de todo y pasar un buen día junto con su familia y amigos, claro, eso incluía a Sirius que aparte de ser de su familia ella lo consideraba su amigo.
– Madre, voy a ir al rato a la orden, si quieres que le lleve o diga algo a Sirius me avisas antes de que me vaya, ¿De acuerdo? – dijo Tonks a madre, Andrómeda.
- Claro cariño – añadió esta.
– Se me está haciendo tarde, tengo que subir a tomar un baño y a arreglarme – comento Tonks mientras se dirigía a su habitación.
Al terminar de arreglarse se miraba en el espejo, el color de su cabello no la convencía del todo, llevaba casi dos semanas con ese tono pero sentía que le daba a su parecer un aire bastante paliducho pero ya era tan tarde que decidió que no era tiempo para pensar en el color de su cabello, bajo las escaleras muy deprisa que casi tropieza con su propio pie pero logro agarrase del barandal de la escalera.
- Madre, ya me voy, creo que ya se me hizo muy tarde – grito Tonks desde el vestíbulo de su casa, tenía la mano en la perilla de la puerta cuando – Toma Dora lleva estas galletas a Molly y esta carta para Sirius, saludas a todos por mi ¿De acuerdo? – comento Andrómeda y le dio un beso en la mejilla a su hija – Cuídate Dora – le dijo su madre desde la puerta de su casa.
Pasados unos segundos apareció en la acera enfrente del número 12 de Grimmauld Place. - ¡Tonks! – Exclamo Ginny cuando la vio entrar a la casa.
- Hola Ginny – saludo la joven brindándole una gran sonrisa.
- ¿Qué es eso? – Pregunto la menor de los Weasley señalando el paquete que llevaba Tonks, - Galletas que manda mi madre a la tuya y una carta para Sirius – comento Tonks.
- Genial, todos están arriba, vamos sígueme – le dijo Ginny a la joven.
Las chicas subieron las escaleras y en efecto todos se encontraban limpiando una de las habitaciones así que Tonks se unió a la limpieza, aunque tiro una lámpara y varias figurillas de porcelana y con esto se gano algunos insultos por parte de Kreacher, el elfo domestico que habitaba la casa, aunque Sirius se preguntaba el por qué de su desobediencia hacia Tonks ya que ella era de la familia. Así transcurrió la tarde, la joven se vio forzada a quedarse a cenar ya que Molly la había invitado, trato de ayudar con la cena pero tiraba todo lo que podía y Bill reparaba cada plato y vaso que tiraba Tonks.
Al terminar de cenar todos platicaban alegremente, Tonks platicaba con Bill y la señora Weasley, bueno en realidad Molly trataba de persuadir a su hijo de que la dejara cortarle el cabello y trataba de usar a Tonks para cumplir su propósito.
Lupin platicaba, o más bien eso trataba de hacer junto con Sirius, Ginny y Hermione que les exponía los puntos de la asociación que había fundado, el P.E.D.D.O., Lupin lanzaba miradillas hacia donde se encontraba Tonks de vez en cuando. – Lunático tranquilo, te vas a torcer el cuello por voltear tantas veces – se burlo Sirius en voz baja cuando se percato de lo que hacía su amigo.
