Capítulo 9

La visita a Helios

Setsuna y Hotaru habían hecho creer a Michiru y Haruka que se encontraban nerviosas. Pero no. La verdad es que se habían visto mucho más listas que sus compañeras. Convertidas en sailors, ambas con báculos en manos, habían usado la llave del tiempo que en algunas ocasiones fuera usada por la Pequeña Dama, para acceder a los territorios del bosque de Helios. Sólo él tenía la verdad en sus manos. Hotaru se acercó a Plut.

- Pase lo que pase, sea lo que sea que nos revele Helios, tienes que ser fuerte…

- Lo seré… pero tenemos que saber la verdad…

Llegaron hasta el lago que parecía un espejo, donde Helios se había hundido y quedado en el fondo después de haber acabado con Neherenia y el circo Death Moon. Setsuna comenzó a susurrar en voz bajita.

- ¿Helios? ¿Helios?

- Shhh… espera. Veo una sombra en el fondo del lago… - dijo Hotaru con admiración.

De pronto, envuelto en una luz dorada cegadora, Helios se elevó por los aires y se presentó delante de las sailor scouts con un saludo glacial.

- Sailor Saturn, Sailor Plut… nunca habían visitado mi bosque… ¿en qué puedo ayudarlas?

- Sentimos mucho haberte sacado de tu sueño… - se disculpó Hotaru.

- Venimos a… venimos a pedirte que nos hables del pasado y del futuro…

- ¿Conmigo? – inquirió Helios.

- Sí.

- Esos son tus terrenos, Setsuna… - Helios se extrañó.

- Lo sé, pero… bien sabes que yo nunca he podido estar presente en los nacimientos reales por estar vigilando la puerta del tiempo…

Helios de pronto palideció. Pero dejó que las scouts siguieran hablando.

- Y sabemos que tú también tienes acceso al futuro. Y por lo tanto tuviste que tener acceso a presenciar el embarazo y nacimiento de la Pequeña Dama, no es así?

- Espera un momento. Détente. Yo puedo presenciar nacimientos reales de la luna y de la tierra. Por supuesto. Pero no los embarazos.

- Entonces tampoco viste a la Neo Reina Serena embarazada?

- ¡No! – exclamó Helios. – Yo sólo vi a Rini recién nacida en su cuna.

Setsuna y Hotaru se miraron. En eso, Helios no las iba a ayudar.

- De acuerdo. ¿Y qué hay del nacimiento de Serena?

Helios palideció. Se puso blanco como la cera. Hotaru lo notó inmediatamente y sin medir su audacia, lo amenazó con su báculo.

- Has palidecido. Sabes algo. No nos mientas o te juro que aquí no me va a importar herirte…

- Quítame tu báculo de encima… se los voy a decir. Llevo años y años cargando este secreto y ahora que Neherenia es una niña, puedo revelarlo…

S&S

Fighter se sintió atraído hacia la oferta de Serena pero vio en la oscuridad los ojos de Taiki y Yaten.

- Después nos veremos… Sailor Moon…

- ¡Espera!

Sailor Star Fighter desapareció y Sailor Moon se quedó frustrada. Su mente recordó a Seiya y deshizo su transformación para buscarlo cuando él llegó.

- ¡Bombón! Estás bien?

- Seiya! Me asusté tanto! – Serena se abrazó de él y Seiya la apretó contra su pecho. – Creí que no te volvería a ver…

- ¿Quieres volverme a ver? – Seiya la miró y le robó un beso de aquellos sedosos labios que no lo rechazaron.

- Sí…. Sí quiero… - Serena escondió su rostro en el cuello de Seiya sintiendo culpa por haber dicho que sí por lo que dirían las scouts cuando se enteraran… Si se enteraban…

- Te veo en el balcón de tu casa a medianoche… ¿sí?

- Ahí te veré… Pase lo que pase… ahí!

S&S

- ¿Qué fue lo que pasó en la Tierra antes que la Reina Serenity estuviera embarazada? – Helios, Hotaru y Setsuna se encontraban sentados en un claro del bosque.

- Los reyes de la tierra esperaban al acostumbrado heredero. Y me presenté al nacimiento de Endymion. Pero sucedió algo extraño. Inaudito. La reina volvió a quedar embarazada.

- ¿De verdad? Pero si solamente se permite un heredero…

- El rey quiso que se detuviera el embarazo pero cuando se descubrió, ya estaba muy avanzado. Y me mandaron llamar otra vez para presentarme al segundo heredero a la corona terrenal. Con el mismo pelo negro, ojos intensamente zafiro, muy parecido a su hermano, el príncipe Seiya.

- ¿Y qué pasó con él? Dónde está?

- No te adelantes a mi relato Hotaru… Saben la verdadera identidad de Neherenia?

- No…

- ¡Sí! – exclamó Setsuna. Era la hermana de la Neo Reina Serenity.

- Qué? Pero mamá Setsuna, por qué nunca lo dijiste? – preguntó casi aterrada y asqueada Sailor Saturn.

- No quería que Serena dudara. Si sabía que era su tía, probablemente hubiésemos perdido esa batalla…

- Estoy de acuerdo con eso… el sentimentalismo de Serena las hubiera llevado al fracaso.

- ¿Y entonces?

- Bueno… fue un caso parecido al de la Tierra en su momento. Pero la nombrada reina fue Serenity. Neherenia no tuvo ningún título en el Milenio de Plata lo cual hizo que su psique se empezara a descontrolar, sus ansias de poder a materializarse y pues…

- ¿Qué?

- Se encargó de que su hermana tuviera dos hijas. Dos niñas. Una rubia… Serena. Una pelirroja… Kakyuu. Se acordó que para que ambas pudieran ser princesas, me llevaría a Kakyuu a un planeta llamado Kinmoku. Y pensé en el príncipe Seiya, a la sombra de su hermano mayor Endymion… y decidí también llevármelo para que pudiese reinar junto con dos acompañantes. La única condición es que no volverían a verlos nunca más.

- No puede ser!

- Helios, cómo pudiste? – Setsuna sentía la cara roja de indignación.

- Era lo único que podíamos hacer… Por eso cuando tu llegaste, sólo viste a la princesa Serena. Yo ya me había llevado a Kakyuu…

- Es decir que Kakyuu técnicamente por derecho de sangre donde quiera que esté es princesa del Milenio de Plata? – preguntó Hotaru.

- Sí.

- Y si ella se acostara con el Príncipe Endymion en un caso totalmente hipotético y tuviesen una hija, la niña sería Pequeña Dama?

- En ese caso hipotético, sí, sería Pequeña Dama, pero no reconocida porque por decreto, aunque Kakyuu es princesa del Milenio de Plata, la reconocida por la Reina Serenity es Serena. Sería una Pequeña Dama en segunda línea.

- Entonces en ese caso, no habría todavía sucesora al Milenio de Plata?

- No. Sólo en el caso de que Serena renunciara al trono a favor de Kakyuu. Pero de qué estamos hablando? Esos son sólo casos hipotéticos, no van a suceder nunca!

Setsuna que se había mantenido callada, habló con voz susurrante.

- Es que tenemos razones para creer que ya sucedieron.