Hola! Por fin pude actualizar, lo siento si tarde, pero no me sentía inspirada, pero al fin logre terminar este capitulo, que espero les guste (; aunque considero que lo bueno viene en el siguiente.

Bueno quiero agradecer a Maru-Li Tsukiyomi, Gabriela Kagamine, alice kullen y madafakiu, por sus hermosos comentarios (: aquí tienen la conti….

Bueno sin más a Leer!


Capitulo 9

- ¿Len? – mi voz sonó mas temblorosa de lo que hubiera deseado.

- Eres tan bonita, Rin – dijo él esbozando una gran sonrisa, con una de sus manos coloco un mechón de mis cabellos detrás de mi oreja.

Sin pensarlo creerlo coloco uno de sus brazos alrededor de mis hombros y su vista se dirigió a la pantalla; no podía apartar mis ojos de él, mi cerebro no conseguí asimilar lo que había ocurrido, así que deje de abrumarme y puse atención a la horrible película.

La noche había caído cuando salimos del centro comercial, nos dirigimos al estacionamiento tomados de las manos, habíamos caminado así durante el resto del día, y su tacto ahora me parecía algo tan normal como respirar.

El camino de regreso al departamento fue lento debido a que la auto-pistaba estaba atascada por el tráfico, fue un viaje silencioso al inicio, pero de una manera agradable, mientras oíamos una canción de la radio, un recuerdo vino a mi memoria.

- ¡Len! – dije y sus ojos se abrieron como platos - ¿Has, recibido ya respuesta?- ante la pregunta Len se sonrojo y permaneció unos minutos pensativo.

- Si – dijo fijando su vista en el camino.

- ¿Y? –pregunte ansiosa.

- Me aceptaron – ante su respuesta no pude evitar gritar y saltar a abrazarlo, pude escuchar como los otros vehículos hacían sonar su claxon, pero nada importaba más que Len y el hecho de que había logrado entrar a la universidad que él quería.

- Tranquila Rin, nos vas a matar- dijo entre risas.

- Que importa vamos a 20 kilómetros – dije riendo y secándome una pequeña lagrima que se había escapado, él lo noto y comenzó a acariciar mi rostro.

- Pareces más emocionada que yo- dijo posando su mano en mi mejilla.

- ¿Por qué no estarlo?, es algo que has esperado desde hace mucho tiempo – dije tocando su cálida mano.

- Si – dijo, sus ojos lucían cansados y tristes – lástima que se vaya a desperdiciar.

- ¿Por qué? – pregunte sorprendida echándome hacia atrás, con los ojos muy abiertos.

- Porque nuestros padres no nos van a apoyar, Rin – dijo en un susurro.

- ¡Len, no los necesitamos! – grite furiosa, Len solo desvió la vista y soltó un pequeño suspiro resignado.

- Ya podemos avanzar.

- ¿Qué? – pestañe y gire mi vista al parabrisas. El tráfico se había disipado y podíamos seguir, así que lo hice. El resto del camino ninguno hablo.

Cuando llegamos al departamento Len se fue directo a su habitación, algo era extraño en él, generalmente siempre era paciente conmigo o buscaba solucionar nuestras peleas, pero ahora, en verdad parecía cansado.

Con pasos pesados me dirigí a mi habitación, deje caer mi bolso sobre una silla y me lance a mi cama, me sentía demasiado cansada como para cambiarme o si quiera quitarme los tacones. Cerré mis ojos y me apague automáticamente.

A la mañana siguiente, note un calor cubriendo mi cuerpo, al abrir los ojos vi una suave cobija de algodón cubriendo mi cuerpo, al parecer Len había entrado en la madrugada y me había arropado, eso me hizo sonreír. Al incorporarme y deshacerme de la cobija pude notar que no solo había cuidado que no muriese de frio sino que también se había deshecho de mis tacones, y al mirar más arriba de mis piernas note que solo un pequeño short me cubría, era el mismo que había usado ayer debajo de mi falda, seguro había pensado que era incomodo y se había encargado de quitármela, pero el hecho de imaginar a Len quitándome la ropa, por muy inocentes que fueran sus actos hicieron que me sonrojara y me sintiera mareada.

- ¡Rin! – grito Len desde abajo e hiso que me sobresaltara. Brinque de la cama y corrí a la puerta, al abrirla sentí un frio subir y recorrer mis piernas.

- ¡Ya bajo! – grite en respuesta. Sabía que Len ya no estaba molesto y que las cosas serian normales al menos hasta la fiesta.

Los días siguientes marcharon lo más normal posible, Len y yo seguimos asistiendo todos los días a la escuela y decidimos no hablar del tema de su universidad, al menos hasta después de la fiesta, sin mencionar que yo aun no recibía respuesta y eso me mantenía en constante estrés. Mi relación con Kaito volvió a la normalidad y ya no parecía molesto con respecto a su propuesta de matrimonio, al parecer decidió dejarlo pasar, en cuanto a Gakupo, siguió mandándome mensajes los cuales nunca respondí. Al fin había llegado el viernes por la noche y terminamos la semana sin ninguna intervención sorpresa de nuestra madre, así que decidimos celebrar quedándonos en casa, usar pijamas y ver películas.

- ¡Están listas! – dijo Len, que se acercaba con un enorme tazón de palomitas de maíz

- Bien, ya puse la película – dije a la vez que palmeaba el sillón para que se sentara a mi lado.

- ¿Es de terror? – dijo Len arrojándose al sillón y haciendo caer algunas palomitas.

- No, no mas estúpidas películas de terror, veremos una romántica – dije sonriendo ante su cara de asco.

- ¿Enserio, desde cuando te gustan? – dijo arqueando una ceja y tomando un puño palomitas.

- Desde siempre, ahora cállate – finalice, dejando caer todo mi peso sobre el sillón.

La película era sobre los típicos amigos, donde el chico se descubría perdidamente enamorado de su amiga de la infancia, era una estupidez pero siempre me habían parecido tiernas ese tipo de películas. Debes en cuando le echaba un vistazo a Len y podía notar que estaba muy metido en la trama, tal vez le recordaba a Miku y recordé que esta semana lo había visto distante a sus constantes coqueteos tal vez tenía que ver con la visita de Luka que había removido algo en el.

- ¿Y a te aburrió? – me pregunto Len, posiblemente noto que había estado frunciendo el ceño.

- No – dije sonriendo – solo pensaba en algo.

- ¿Si, en qué?- pregunto bostezando.

- Cosas, de chica – respondí guiñándole un ojo y él solo se estremeció.

- Ok, no deseo saber – dijo sonriendo, y sus ojos se posaron en mi por un largo tiempo y a pesar de que sabía de que debía hacerlo, no desvié la mirada.

Podía sentir los rayos del sol atravesar mis parpados y su calor inundar mi rostro, pero puede que no fuera solo el sol, también entre sueños podía sentir un cálido aliento sobre mi cabeza y como esta se movía de arriba abajo, poco a poco fui abriendo los ojos, lo que había debajo de mi no era mi cama, ni una almohada, era el pecho de Len que aun dormía y yo estaba recargada en él, que me abrazaba fuertemente, fue entonces que el miedo recorrió mi cuerpo y entendí que nos habíamos quedado dormidos.

- Len – dije suavemente tratando de no asustarlo – Len despierta.

- ¿Rin? – dijo moviéndose un poco y liberándome de sus brazos, al menos había dicho mi nombre.

- Despierta es tarde – dije casi en un susurro. Su rostro adormilado me hizo enternecer hubiera deseado permanecer más tiempo abrazada a él, pero debíamos irnos.

- ¿Tarde?- dijo restregándose los ojos - ¡La fiesta! – grito saltando del sofá.

- Tranquilo – dije riendo, pero Len ya había subido como un loco a cambiarse, seguro ni había notado que habíamos dormido juntos.

Llegue a mi habitación después de tomar una rápida ducha de agua fría, camine al armario y encontré la caja que le había dado nuestra madre a Len, para mí. Con cuidado la deposite en la cama, estaba perfectamente envuelta en papel amarillo con un listón marrón en medio. La abrí y con delicadeza saque el vestido, a primera vista era precioso, tenía un corset al frente con un encaje de color negro y el resto en color dorado, también con unas mangas que caían en los hombros un poco bombachas en tono dorados con pequeños holanes negros, la falda era también dorada en su totalidad pero al frente tenía un plegue conformado por holanes de encaje negro, y pude observar una pequeñas rosas tan rojas como la sangre, colocadas alrededor de la falda en algunas zonas. Después de observar tan hermoso vestido y depositarlo con cuidado sobre la cama, seguí buscando en la caja, al parecer toda venia acompañado de un hermoso collar de listón negro con una piedra amarilla al centro, y claro unas finas zapatillas de piel de un color crema. Todo el atuendo era hermoso y me moría por probármelo.

Con mucho cuidado me dedique a vestirme, tratando de no maltratar tan hermoso vestido, una vez que sentí que estaba todo en su lugar y que me había colocado bien el corset, camine con calma al espejo, el ver mi reflejo me dejo sin aliento, no podía verme mejor, en verdad parecía una princesa, el vestido me quedaba a la perfección, y había peinado mi cabello en una coleta dejando algunos mechones sueltos adornado también con una rosa. Todo era perfecto, el maquillaje, el cabello.

- Te vez preciosa – dijo la voz de Len a mi espalda, e hizo que diera un brinco.

- Que... – no pude continuar, ya que la visión de Len con su traje me hizo enmudecer.

Como siempre mi madre había decidió que nuestros trajes fueran a juego, pero esta vez me sentía agradecida. Len en verdad parecía un caballero, llevaba puesto una camisa blanca, encima un chaleco de seda color marrón y un listón rojo rodeaba su cuello en lo que parecía un mal hecho moño. Llevaba unos pantalones tan blancos como su camisa y unas botas largas color azabache que lo hacían lucir masculino y para finalizar un fino saco de terciopelo tan dorado como mi vestido.

- Luces bien – dije, intentando salir de mi trance, pero sin pensarlo camine lentamente hacia él y coloque mis brazos alrededor de su cuello.

- Gracias – dijo, pero parecía nervioso.

- Esto está mal – dije tocando el listón, e inicie a arreglar su moño.

- Gracias – dijo él, pude sentir su mirada clavada en mí, pero no me atreví a levantar la vista por miedo a quedarme perdida en su mirada.

- Ya quedo – dije, admirando mi trabajo.

- Rin – dijo él tomándome por las muñecas, esto hizo que alzara mi vista a él – Rin tu... – pero no termino de hablar, porque los labios le temblaban, podría asegurar que todo su cuerpo temblaba y me asuste. Sentí como sus manos me acercaban a su cuerpo y por un segundo pensé que me besaría, pero el claxon de un automóvil lo hizo arrojarme a un lado, y desaparecer por la puerta.

Jorge había llegado por nosotros, y nos llevaría directo a la mansión, dentro del auto se sentía el ambiente lleno de tensión. Por la ventana podía ver como el sol iba cayendo y los edificios desaparecían conforme nos alejábamos de la ciudad, a mi lado estaba Len, que simplemente no me dirigía la palabra, mucho menos se atrevía a mirarme. Sin pensarlo, lentamente moví mi mano hasta quedar sobre la de él, lo vi tensarse y pensé que quitaría su mano, pero en lugar de eso afianzo el agarre y enlazo nuestros dedos, creí que eso sería todo, pero entonces el giro su vista hacia mi y sus ojos azules parecían cristales rotos, reflejando una gran tristeza, simplemente no entendía nada. Estaba a punto de preguntarle qué diablos ocurría, cuando escuchamos a Jorge hablar.

- Hemos llegado, jóvenes Kagamine.


Gracias por leer! (: nos vemos pronti!