Bueno, pues aquí tenemos el penúltimo capítulo :D
CAPÍTULO IX
Miras por el pequeño ventanuco. Los colores medio rojizos que está adoptando el cielo y la luminosidad que empieza a teñir el azul oscuro del firmamento te confirman que está amaneciendo. Y eso quiere decir que en menos de una hora tu familia se despertará para empezar a trabajar cuanto antes. Y, por lo consiguiente, significa que deberías estar en tu habitación cuando te vayan a llamar.
Bajas la mirada y te encuentras con un profundamente dormido Dougie. Parece que siente tu mirada sobre él, porque frunce un poco el ceño y se remueve para pegarse más a ti. No puedes evitar que una sonrisilla traicionera se dibuje en tus labios. Deberías haberlo supuesto: es completamente adorable cuando duerme. Tanto que podrías pasarte horas y horas observándole… bueno, nada más lejos de la realidad, es lo que has hecho. Desde que os distéis un respiro y os separasteis, desde que él te miro con los ojos empañados de un montón de sentimientos y emociones diferentes, desde que suspiró y esbozó media sonrisa, se acurrucó contra ti y se durmió. ¿Cuánto ha pasado desde eso? No tienes ni idea; bien podían ser minutos, horas, días o siglos. Aunque la verdad es que tampoco importa demasiado.
Te da pena despertarlo. Porque tienes miedo de que se rompa la magia, de que decida que quiere seguir sin ti, en cuanto abra los ojos.
Mientras sigues reflexionando, deslizas tus dedos por su cuello, bajando por el hombro y después te entretienes siguiendo el contorno de su omóplato con las yemas. Apenas le rozas, pero debes de hacerle coquillas porque se vuelve a remover y suelta un pequeño gruñido, molesto. Aunque no abre los ojos. Te muerdes el labio, reprimiendo una sonrisa. Si tienes que despertarlo, que sea de la mejor manera posible. Así que bajas la cabeza y le plantas un beso en los labios. Y luego otro más profundo. Y otro. Y después te separas de él, sin borrar esa perpetua sonrisa enorme tuya. Efectivamente, Dougie ha abierto los ojos. Y te mira con una expresión algo adormilada, los labios todavía entreabiertos. Pestañea.
-Buenos días, enano.-bromeas, acariciando su mejilla con el pulgar. Frunce el ceño y medio repta hasta quedarse completamente pegado a ti, sus brazos rodeando tu pecho y su cabeza debajo de tu barbilla.
-Buenos días, paleto.-musita, con voz todavía dormida. Aunque no te queda su cara dentro de tu visión, notas como esboza una sonrisa.- Umm, me encanta que me despiertes así… Ojalá pudiese ser así para siempre…
Ahora eres tú el que frunce el ceño. Inclinas la cabeza, hundiendo la nariz en los mechones rubios y completamente despeinados de Dougie.
-¿Y por qué no debería ser así para siempre? Ya sabes, hasta que el infierno se congele…-musitas, estrechando el abrazo en torno a él.
Se apreta más contra ti.
-Sí… hasta que el infierno se congele…-y te da un beso en el pecho, para después volver a apoyar la mejilla en él.
Os quedáis otro rato indefinido en silencio. Y te das cuenta de que la respiración de Dougie se está volviendo demasiado regular.
-Eh, eh, no te me duermas otra vez, hombre.-sueltas una risita y lo coges por los hombros, zarandeándolo ligeramente.
Gruñe. Lo zarandeas un poco más fuerte, riendo ante su cara de niño gruñón. Finalmente, se pone bocarriba y se tapa los ojos con el brazo.
-Eres malo.
Vuelves a reír.
-No, no lo soy. Pero está amaneciendo. Sería mejor que nos fuésemos yendo a nuestras respectivas habitaciones.-te incorporas un poco, apoyando el codo en el suelo mullido por la paja y después apoyando la cabeza en la mano. Empiezas a dibujar circulitos y líneas con el dedo índice en el abdomen de Dougie.
Suspira.
-¿Ves? A esto me refiero.-dice, con voz triste, sin apartar el brazo de la cara.-Nunca vamos a poder vivir tranquilos. Estar juntos. Juntos de verdad. Siempre vamos a tener que guardar apariencias, fingir que no sentimos lo que sentimos delante de los demás. Porque es inconcebible que dos hombres estén enamorados. Que se quieran. Que hagan… que hagan esto…-te parece que su cuerpo se convulsiona en un pequeño sollozo. Así que pasas a acariciarle con la mano, suavemente, desde un costado a otro, subiendo desde el ombligo hasta el pecho. Luego depositas un delicado beso en su hombro.
-Podemos fugarnos.
Dougie aparta el brazo de la cara y te mira sorprendido.
-¿Qué?
Arrugas un poco el entrecejo.
-Que podríamos fugarnos. Tú y yo. Solos.
-¿Y a dónde iríamos?
Te encoges de hombros. Vas a sonar muy empalagoso, pero te da igual.
-El lugar no importa. Da igual donde con tal de que siempre sea contigo. Siempre y únicamente contigo…
Traga saliva y te mira fijamente durante unos segundos. Después te da un mamporro en la cabeza.
-¡Au! ¿Y eso a qué narices ha venido?
-Eso por decir cosas tan bonitas. Joder, me haces llorar. Y parezco una niña si lloro. Ya ejerzo demasiado el papel de mujer en esta relación. ¿No puedes decir cosas vulgares y brutas como debieras?
Y en verdad sus ojos se han empañado de lágrimas. Empiezas a reírte escandalosamente. Y te colocas medio encima de él, vuestras caras a escasa distancia. Subes la mano que le acaricia por el cuello, recorres la línea de su mandíbula, dibujas el perfil de su mejilla, pasando la yema de los dedos por sus rubias pestañas y después desviándote por su sien hasta su pelo, en el cual enredas los dedos.
-Ay, mi princesita rubia y sensible…-te lanza una mirada asesina que solo provoca que te rías más. Rozas tu nariz con la suya, mientras que sigues peinándole con los dedos. Después vas dándole pequeños y rápidos besos en los labios. Él intenta atrapar los tuyos en cada beso, pero tú eres más veloz y no le das tiempo suficiente. Se molesta y lo intenta con más ahínco, pero tú te lo estás pasando en grande haciéndole de rabiar. Os empezáis a reír en bajito, jugando a ese improvisado pilla-pilla de besos.
Te estás riendo tanto que te despistas y, tras darle un nuevo beso en la comisura de los labios, Dougie consigue atrapar tu labio inferior entre sus dientes, para después tirar de él hasta que vuestras bocas chocan. Te besa rápidamente, pero no es para nada como los castos besos que tú le estabas dando.
-¡Ja!-suelta tras el beso, mirándote triunfal.
Finges estar dolido y te pasas la lengua por el labio que logró capturar.
-Casi me arrancas el labio. Salvaje, qué eres un salvaje.
Abre mucho los ojos, así que aprovechas para sumergirte en esos dos mares medio grisáceos.
-¿Salvaje? ¿Yo? Perdona, pero yo no rompo camisas… Yo utilizo los botones.
-Uy, y yo. Otra cosa es que los utilice bien, pero utilizar los utilizo…-ríes y él te acompaña. La verdad es que lo de la camisa fue gracioso. Los botones debieron saltar por todo el pajar. Te remueves, colocándote un poco más encima de él. Dibujas en tus labios una traviesa sonrisa y acaricias con el pulgar su frente, mientras el resto de tus dedos siguen jugueteando con su pelo. –Primero me dices que soy demasiado romántico, luego me llamas salvaje…
-Tú me lo llamaste a mí primero…
-… decídete, Dougie. Qué Danny te gusta más, ¿eh? El que dice te cosas bonitas y te trata como una princesita, que es suave y cariñoso…-mientras hablas, besas su cara dulcemente; tu mano acaricia con delicadeza su pelo, para después desentenderse y bajar hasta su pecho y abdomen y seguir con la tarea. Conduces tu boca hacia su cuello, deteniéndola donde late su pulso. Aprietas un poco hasta notarlo, acelerado, contra tus labios. -… O el que es travieso y pasional, que te hace estremecer de pies a cabeza sin que tengas opción de resistirte.-subes rápido hasta su oreja, cuyo perfil recorres de un aún más rápido lametón, atrapando después su lóbulo entre los dientes. Suelta un ahogado jadeo al notar la ligera succión que haces. Dejas su oreja para empezar a mordisquear su cuello.
-Cre-creo que…-tartamudea, con la respiración agitada, subiendo las manos desde tus costados hasta tu espalda, abrazándote y juntándote más aún a él.-que me quedo con los dos…
Dejas escapar una carcajada grave contra su piel, para luego volver a darle un beso en los labios y recostarte en su pecho.
Ojalá todo se parase en aquel preciso momento. En ese momento en el que los demás no existen. Donde los problemas se han esfumado. Donde solo estáis tú y él. Él y tú.
-Danny…-Dougie rompe el silencio con un vacilante susurro tras un periodo de tiempo indefinido.
-¿Sí?-medio ronroneas, debido a las caricias de las manos Dougie en tu espalda.
-Tengo que irme.
Frunces un poco el ceño y abres del todo un ojo, ya que también los estabas casi cerrando. Luego te quejas de que él se quedaba dormido…
-Umm… Sí, deberíamos irnos. Se nos está haciendo demasiado tarde…
-No, Danny. No me refiero a eso. Me refiero a que yo tengo que irme.
Tu cuerpo por entero se tensa. ¿Qué? ¿De qué está hablando?
Te incorporas sobre los codos y lo miras fijamente. Su cara refleja una expresión a medio camino entre la vergüenza y la tristeza. Como no hablas ni tampoco dices nada (no porque no quieras, sino porque no puedes), él suspira y se escabulle de debajo tuyo, poniéndose en pie. Lo sigues con la mirada, atónito. Y no puedes evitar recorrer con ella todo su cuerpo. Te pasas la lengua por los labios, porque la boca se te ha quedado seca.
-Ey, deja de mirarme así. Me siento como si fueras a pegarme un bocado en cualquier momento…-medio bromea, agachándose a recoger su desperdigada ropa.
La parte racional de tu mente vuelve a conectar en algún momento después de que se haya enfundado los pantalones y se haya puesto la camisa. Por lo consiguiente, también reaccionas. Te levantas de un bote y te pones en frente suyo, para agarrarlo por los hombros. Suelta un respingo.
-¿Cómo que te vas? ¿Cómo que no nos vamos?-haces hincapié en los pronombres. Él te mira y se muerde el labio, nervioso.
-Pues eso… qué me voy… No porque quiera, ¿eh? Solo que… es mi obligación…
No sabes si es que todavía estás demasiado dormido todavía y tu cerebro no trabaja a la suficiente velocidad, pero no te estás enterando.
-¿Obligación? Dougie, ¿de qué coño estás hablando? No entiendo…
Baja la mirada, con algo parecido al dolor en ella.
-Aunque te lo contara… no lo entenderías. Nunca lo harías… Nunca lo has hecho…
Dejas escapar un suspiro, parecido al que soltarías si te acabara de pegar un puñetazo en el estómago. Todo era perfecto. Todo era perfecto hasta que aparecía el jodido tema de los fantasmas.
Le sueltas y te pasas una mano por el pelo. Dudas. Notas la mirada azulada de Dougie clavada en ti. Esperando. Esperanzado…
Cierras los ojos fuertemente. Tienes que intentarlo. No puedes perderle otra vez por lo mismo. No puedes tropezar dos veces con la misma piedra. No. Tiene que haber una solución.
Levantas los párpados y dejas escapar el aire de tus pulmones lentamente.
-Bien, puedes intentar hacer que lo entienda. Sabes que soy bastante tonto, pero si tienes paciencia…-esbozas una sonrisa. Te la devuelve fugazmente tras unos segundos, y después se adelanta para abrazarte.
-Me expreso mejor si no te tengo que mirar a la cara pero noto que estás cerca…-se excusa, como si fuese un problema que te abrazase. Apoya su mejilla en tu hombro, con la cara hacia tu cuello. Suspira también y empieza a hablar muy bajito, tras otros segundos de vacile.-Hay un hombre… un hombre muerto… que quiere que le ayude. Murió ahogado en un pozo y quiere que lo saque de allí. Primero me dijo que era porque su familia creía que la había abandonado y quería que les contase lo que había pasado de vedad. Pero después decía que tenía un asunto que cumplir, que tenía que evitar que otra persona llegase hasta él o no sé qué lío. Danny, yo no quiero ayudar a los fantasmas, por mucho que me lo pidan. Algunos se olvidan al poco de mí. Con esos no pasa nada. No sé si ya te lo expliqué, pero… hay otros que se empeñan. Y… ellos… son capaces de… bueno… -notas como pestañea con rapidez. Le abrazas más fuerte y le susurras al oído.
-¿Fue… fue ese hombre el que te pegó? ¿Eh, Dougie? ¿El que te hizo esto en la cara?-preguntas intentando mostrarte comprensivo, pasando dulcemente la yema del dedo por el lateral de su cara que todavía tiene un ligero color amarillo. Casi no se nota ya, pero sigue estando ahí. Dougie asiente, mientras intenta contener el llanto.
-Yo le dije que no, ¿sabes? Le dije que no iba a ayudarle. Intenté ser valiente por una vez en la vida y le planté cara, le dije que se fuera, que yo era el que mandaba allí y él no tenía derecho a darme órdenes. Pero no funcionó, Danny. Solo hice que enfurecerlo más. Y me pegó. Me dio una bofetada tras otra. Pero lo peor… es que se metió en mi cabeza. Me hizo sentir lo que él sintió cuando se ahogó. Una y otra vez. Creí que podría aguantar, porque tú estabas a mi lado. Pero después todo se fue a pique. Tú te fuiste. Y ya no tenía nada a lo que agarrarme…-contiene a duras penas un sollozo.- Y, ya ves, me he escapado de casa, nadie sabe adónde he ido ni porqué; ando en busca de un maldito pozo que ni siquiera sé si existe, aterrorizado de que en cualquier momento el hombre venga y quiera algo más de mí, algo que no le voy a poder dar, y que me haga daño, más daño del que pueden hacer unos simples golpes… Tengo miedo… pero ahora es demasiado tarde para volver. Por eso tengo que irme. Porque tengo que buscar el pozo donde cayó ese hombre y sacar su cuerpo de allí para que me deje en paz de una vez por todas…-acaba de hablar y coge aire. Está temblando como una hoja. Y tú solo sientes que puedes abrazarle. Y te duele. Te duele que Dougie sufra de esa manera. Porque está asustado, asustado de verdad. Tanto que te llegas a replantear la posibilidad de que sea verdad. De que en serio vea fantasmas. Y entonces algo, una idea, se ilumina en tu cabeza.
-Dougie, esto todo no resuelve mi pregunta inicial.-le murmuras al oído. Antes de que replique, sigues hablando. Y antes de que la parte racional de tu cerebro se abra paso a codazos sobre la sentimental.-No resuelve mi pregunta porque no entiendo porque tienes que ir tú solo.
Dougie se separa de ti y te mira; ahora el que no comprende es él.
-Dougie, déjame ir contigo a buscar ese pozo. Déjame ir y así me convencerás. Si de verdad hay un cuerpo dentro del pozo, te juro que jamás volveré a dudar de ti. Que te creeré en lo de los fantasmas. Y te pediré perdón. Y te recompensaré…
Suelta una amarga carcajada con esa última frase, que en seguida transforma en una triste sonrisa.
-¿Por qué tengo la sensación que ese perfecto plan tiene un pero?
Te muerdes el labio. Cómo no, se ha dado cuenta…
-Pero… Si no hay ningún cuerpo, tendrás que dejar que te ayude. Que te lleve a algún lugar donde…
-No. No, Danny, no hay nadie que pueda ayudarme. Mis padres me llevaron a curanderos, a médicos, a curas… y solo me hicieron daño. Joder, ¿sabes cuántos les dijeron que estaba poseído por el demonio? ¿Has estado alguna vez en un exorcismo? Bueno, pues te puedo asegurar que yo he sido el protagonista en unos cuantos… Y no es para nada agradable…-se estremece y sus ojos se vuelven a llenar de lágrimas.
Le acaricias la mejilla y niegas.
-No. No dejaré que nadie te haga daño. Nadie. Nos recorreremos el mundo entero si hace falta, pero si de verdad tienes un problema, hay que solucionarlo.-vacila, no quiere ceder; son demasiados los recuerdos dolorosos que le echan para atrás.-Dougie, yo estaré a tu lado, ¿vale? Esta vez será distinto porque yo estaré contigo…No dejaré que te hagan daño…-le das un beso en la frente.
Y él acaba asintiendo y buscando refugio entre tus brazos.
El canto del gallo rompe el momento, haciendo que ambos peguéis un bote del susto.
-Mierda.-sueltas, cogiendo de la muñeca a Dougie y tirando de él hacia la puerta. Tus padres se despertarán en breves. Si es que no lo han hecho ya… Por un segundo, quieres que os descubran. Solo para saber qué es lo que pasaría…
-Danny…
No, no sabes si lo aceptarían. ¿Podrías soportar que te apartaran como si tuvieses la peste? ¿Te delatarían a las autoridades? Ya te estás viendo siendo perseguido por una horda de ciudadanos encolerizados con antorchas y horcas…
-¡Danny!-Dougie tira de ti en sentido contrario justo cuando ibas a abrir la puerta.
-¿Qué?-preguntas, medio asustado medio impaciente. Tarde, tarde, tarde…
Él suelta una cantarina risa.
-Ay, Danny, a mí no es que me importe… Pero creo que por tu bien y el de tu salud y dignidad deberías vestirte antes de salir fuera.
...
-¿Y tienes alguna idea de por qué los ves, Dougie?
Está nevando. Los caballos avanzan cansinamente por el caminito de tierra que conduce al único pozo que hay por ahí cerca. Habéis preguntado a un par de personas si sabían algo y… bueno, Dougie afirmaba que el fantasma le había dicho en una aparición a mitad de camino que estaban cerca.
Tus padres opusieron un poco de resistencia en dejarte marchar, pero al final lograste convencerles. Eso sí, antes les tuviste que decir adónde ibas y con quién. Y jurar que tendrías cuidado.
Miras a Dougie. Parece muy nervioso. Se recoloca la capucha de la capa una y otra vez, como si le molestara. Por unos segundos, te quedas hipnotizado observando los copos de nieve que se han quedado prendidos de sus pestañas. Qué afortunados…Tienes ganas de bajar del caballo, montarte en el suyo y abrazarle para tranquilizarlo. Pero no puedes. No, porque hay gente por el camino. Personas que os verían. Que os señalarían. Que os intentarían matar.
Sí que es injusto. Si estás enamorado de una persona, ¿no debería dar igual si es mujer u hombre? Tú quieres a Dougie. ¿Por qué tiene que ser ese amor un pecado?
-Umm… La verdad es que sí.
La respuesta te saca de tus lúgubres y filosóficos pensamientos. Haces que tu caballo gire un poco y se pegue un pelín más al de Dougie, para poder hablar con más o menos discreción.
-Cuando era pequeño… Muy pequeño, ¿eh? Pues tendría como… ¿cinco años? ¿Seis? Me puse muy enfermo. Mucho. Casi no salgo adelante. Para algunos médicos de los que habían contratado mis padres, estuve realmente muerto. Pero, por alguna extraña razón, sobreviví. Un milagro. No es que recuerde mucho de mis primeros años de vida, pero… Creo que ese roce con la muerte fue lo que me hizo… ver las cosas que veo. Supongo que es algo hasta cierto punto lógico. Si una persona sobrepasa el umbral que separa el mundo de los vivos del de los muertos pero logra volver, algo de esa conexión debe quedar… ¿no?
Guardas silencio. Parece una explicación bastante… lógica. Aunque un poco desesperada.
Estiras la mano como si quisieras colocar el estribo de tu pie, pero en el camino rozas la pierna de Dougie. Una pequeña muestra de afecto. Lo único que se os está permitido en público…
Paráis a descansar a medio día y coméis en una pequeña taberna de un pueblo del itinerario. Después seguís vuestro camino. Por suerte, aunque nieva, no hace demasiado frío, así que igual llegáis incluso antes de lo que esperabais.
Por el camino, habláis de multitud de cosas diferentes: de tus padres, de los suyos, de Tom y de Harry, de tus hermanos, del tiempo, del ajetreo que reinaba en esos días en Londres…
-Creo… que es por aquí.-señala Dougie, inquieto, señalando un pequeño caminito que se desvía del principal, hundiéndose en las profundidades de un valle cubierto de árboles.
Miras al cielo. Debe ser media tarde, así que sería mejor que os dierais un poco de prisa para que la noche no os pille todavía en aquel lóbrego lugar. Si os perdierais u os pasara algo… sería tan difícil que os encontrarán… Sacudes la cabeza, apartando de ella eso negativos pensamientos.
El sendero se estrecha tanto que al final tenéis que dejar los caballos a mitad del camino (esperando que sigan ahí a la vuelta) y seguir avanzando a pie. Tan concentrados estáis en sortear árboles, ramas y piedras, de no resbalar en el helado y nevado suelo, que ni os percatáis de que resuenan unos pasos a vuestra espalda, unos pasos que no son para nada casualidad. A lo mejor si os hubierais percatado de que os seguían, todo habría sido distinto…
-¡Mira, Danny!-Dougie tira de la manga de tu camisa, emocionado como un niño pequeño, señalando un punto a pocos metros.
Ahí está, solitario en medio de un claro, al pie de un aún más solitario árbol. El pozo. No muy grande, de piedra, con un aspecto para nada fiable..
Esquiváis velozmente un par de ramas y matojos más y llegáis a él. Dougie se asoma con miedo tras vacilar unos segundos. Tiembla.
-No se ve nada, Danny… Está demasiado oscuro.
Te acercas y miras a las profundidades del pozo. Y, efectivamente, está tan oscuro que no se ve ni el fondo.
Miras alrededor hasta dar con una piedra más o menos grande. La coges y le quitas la nieve de encima. Después vuelves al borde.
-Para saber la profundidad y eso.-explicas, cuando Dougie te mira confundido.
Tiras la piedra a la boca del pozo. Resuena un plof casi un segundo después.
-Umm… parece que es bastante profundo…
Silencio. Ninguno de los dos se atreve si quiera a respirar. ¿Y ahora? Observas a Dougie, que tiene la mirada clavada en el pozo. Tras Dios sabe cuánto, mueve las manos con parsimonia para desabrocharse la capa. Lo detienes.
-¿Se puede saber qué vas a hacer?-preguntas, aunque sabes la respuesta. Por algo os habéis traído la cuerda más larga que habíais podido encontrar…
-Te-tengo que bajar ahí…ahí abajo. Y sacar el… el… el cuerpo.-balbucea, y algo te dice que no es por el frío. Te muerdes el labio. Está aterrorizado. Y tú también. Miras el pozo. No te ofrece ninguna confianza. Por un momento, te imaginas que tiene vida propia. E imaginas que se traga a Dougie, que lo hace suyo para siempre. Y que no lo deja escapar nunca. Vuelves a dirigir tus ojos azules a Dougie, que se está peleando con el cordón de la capa. Y por fin te decides.
Te medio arrancas tu propia capa y te quitas las botas a tirones. Después, sacas la cuerda del morral donde la traíais y te diriges al árbol, empezando a atar esta en su tronco.
-Da-Danny, ¿qué demonios haces?
-No pienso dejar que bajes ahí abajo, Dougie.-haces un par de nudos y tiras de la cuerda, comprobando su resistencia. Parece capaz de aguantar tu peso.-Bajo yo.
-¡¿Qué?!-Dougie te mira, espantado. Pega un brinco y empieza a desatar la cuerda del árbol.-No, no, no. No vas a bajar. No te voy a dejar. Soy yo el que tiene que bajar. Es mi problema, yo bajo.
Tú vuelves hacer lo que él deshace. Acabas por apartarle del árbol, cogiéndole por los hombros. Clavas tus ojos en sus pupilas, que se empiezan distorsionar debido a las lágrimas.
-Dougie, te he dicho que no voy a dejarte bajar. Mírate; ¡estás temblando! ¿Crees que serias capaz de bajar y volver a subir estando tan nervioso y asustado? A mí me parece que no… Además, tú eres un enano enclenque que no podría ni subir la piedra que he tirado…-te obligas a esbozar una sonrisa y a fingir que no te importa, que tú no tienes miedo. Aunque quieras echar a correr en dirección contraria al pozo.-Así que no hay nada más que hablar. Tú quédate aquí, vigilando, esperándome. Y yo bajo. En menos de media hora todo estará arreglado. Te lo prometo.-coges su cara entre tus manos y besas dulcemente su frente. Después te giras hacia el pozo, cogiendo todo el aire que tus pulmones son capaces de retener. Tranquilidad. Solo es un pozo. Bajar, mirar y subir. Y listo.
Dejas caer la cuerda por el borde del pozo. Tragas saliva y pasas una pierna, quedándote sentado a horcajadas sobre él.
Pánico. Te está entrando un ataque de pánico. ¿Y si se rompe la cuerda y te quedas atrapado ahí abajo? ¿Y si resbalas y te abres la cabeza? ¿Morirás antes del golpe o ahogado? ¿Qué será peor? ¿Y si al ver que no subes Dougie baja a por ti? ¿Y si él también resbala?
Niegas con la cabeza, esta vez más fuerte. No. Debes pensar en positivo. Nada va a salir mal. Y cuanto antes bajes, antes podrás volver a estar con Dougie. En tierra firme.
Vas a pasar por fin la otra pierna, pero esta vez es él el que te detiene. Porque se medio lanza contra ti, te agarra de la pechera de la camisa y colisiona su boca contra la tuya. Besa tus labios con desesperación, como si quisiera que su forma quedase grabada para siempre en los suyos. Y tú haces lo mismo, memorizando de nuevo su ya de por sí sabido sabor. Pero no puedes evitar pensar que es un beso que puede significar una despedida. Un último beso.
Cuando se separa, con la respiración agitada, deja reposar su frente en la tuya. Ves algo brillante bajar por su mejilla.
-Eh, no llores, ¿vale?-haces un esfuerzo sobrehumano por cumplirlo tú también. Él suspira y haces que su aliento se entremezcle con el tuyo antes de separarlo con delicadeza y pasar tu pierna al otro lado del pozo; ahora están las dos colgando en el vacío. Reúnes todo el valor que tienes y el que no tienes también y te agarras con fuerza a la cuerda; te giras y buscas apoyo en las juntas de las piedras. Te vas a descolgar, pero vacilas y vuelves a mirar a Dougie, que te observa, reteniendo las lágrimas, a pocos metros.
-Dougie…
-¿Sí?
-¿Puedes… puedes decirme otra vez eso que me dijiste la otra noche?
Arruga la nariz un poco.
-¿El qué?
-Que… Que me quieres… Sí, estaba despierto… Y te oí… Pero, por favor, ¿me lo puedes volver a decir?
Primero abre los ojos sorprendido, después se sonroja al percatarse de que le habías escuchado y por último dibuja una radiante sonrisa.
-Te lo diré. Pero ahora no. Cuando subas. Cuando todo esto acabe. Te lo repetiré miles, millones de veces si quieres. Pero, antes, tienes que volver…
Sonríes tú también. Te parece bien. No puede pasarte nada malo si Dougie tiene que decirte todavía aquello.
-Bien. Entonces que no te quepa duda de que volveré. En menos de lo que tardas en pegarme por llamarte princesita.
Grabas su imagen en tu memoria una vez más y, por fin, te descuelgas hacia las profundidades oscuras del pozo.
