Disclimer: "Este Fanfiction está basado en el reto del fórum Anteiku: Disney Sountrack. La idea es suya, pero dado a que se paró el reto, decidí retomarlo fuera del concurso."

Canción: Un salto adelante. [Aladdin]


Plan B.

IX. ¿Crees que fue sencillo?

Italia se detuvo poco antes a donde se encontraban Alemania, Romano y Francia. Japón junto a él, lo contempló con una ceja levantada, esperando que no fuera a echarse para atrás el nieto del Imperio Romano.

— ¿Qué pasa, Italia-kun?

— ¿Cómo voy a llegar y a decirle a Doitsu que lo amo cuando mi hermano está comprometido con él? —preguntó mordiéndose el pulgar. — ¡Y después de irme justo cuando me beso! Veeee~

—No creo que a Alemania-san le moleste, de lo contrario no le hubiese besado.

— ¿Entonces Doitsu me ama a mí? —cuestionó mirando fijamente al japonés. Él asintió con la cabeza. — ¡Me ama a mí! No ha mi hermano… pero ¿y sí mi hermano mayor sí lo quiere a él?

—Dudo mucho que así sea, Italia-kun.

—Tengo que tomar las medidas necesarias, como tú dices, Nipon. —sonrió esplendoroso con las manos en la cadera. —No sabrá ni que los golpeo.

— ¿Tiene alguna especie de rencor con Romano-kun? —pero su pregunta fue ignorada cuando Italia salió corriendo en dirección contraria.

— ¡Nipon, diles que me fui a casa! —gritó desde la distancia.

Japón suspiró, avanzando rumbo a los otros tres. Fuese cual fuese la idea de Italia, aquella acción de irse sin más le comería la cabeza a todos los involucrados en el plan GerIta, como él lo denomino. Y recordando eso, al igual que Hungría, seguía un poco molesto con el BFT y Alemania por no involucrarlos a ellos, dado su conocimiento en el romance de sus animes o mangas o ya fuera por todo el yaoi que Hungría leía, hubiesen podido ser de ayuda.

Aunque en el fondo estaba contento, una de sus ships crack entre los países había dado signos de vida. Germano. Ojalá España no pudiera leer los pensamientos.

Tengo que saltar, tomar la ventaja.

— ¿Se largo el muy bastardo gilipollas? —gritó Romano, empuñando las manos. — ¡Me va a escuchar!

—Tranquilízate, Romanito. —pidió Francia, abrazándolo por la cintura y pegando su cuerpo contra el contrario, pese a las quejas del castaño. —Lo mejor será que piense bien a donde quiere llegar.

— ¡Y una mierda! Suéltame maldito barbón antes de que el país del amor se quede como el arco del triunfo, sin nada colgando en medio. —gruñó mordiendo la mano del francés que deseaba meterse a su boca. —No voy a pasar otro rato fingiendo que soy la novia de ese alemán patatero imbécil.

—Tienes que hacerlo, Ro-ma-ni-to. —susurró el rubio en su oreja, dándole un escalofrío mortal. — ¿No quieres ver a tu hermano feliz?

—El pendejo es feliz si le cocino pasta, es más, eso hubiese hecho desde el principio y no seguirle la corriente a ustedes tres. —reprochó, soltándole un golpe en el rostro, logró zafarse de su agarre.

—R-Romano. —llamó Alemania, pasando saliva. —Solo un poco más, por favor. —pidió, tomando su mano. La cara del italiano se puso blanca. —Te necesito.

— ¿Q-Qué? —balbuceó con la boca temblorosa. Alemania seguía mirándolo fijamente, esperando que el hermano mayor de Italia accediera a su petición. El germano estaba casi seguro de que Japón ocultaba algo, algo bueno a su parecer. —S-Si no tengo otra opción, bastardo. —masculló, quitándose sus manos de encima.

— ¡Gracias, Romano! —sonrió Alemania.

¡Chigiiii! ¡No me vuelvas a hacer esa puta cara o verás que es bueno! —gritó el sureño, escudándose detrás de Japón.

—Dude por un momento—le comentó Francia al nipones. —pero creo que España puede respirar tranquilo siempre y cuando no se aleje de Romano cada que Alemania este a su lado.

Rehuir la espada mortal.

Paso otra semana, una mucho más tranquila pues Italia se encontraba en su casa, junto a unos excitados Japón y Hungría, y un forzado Austria que servía el té, queriendo borrar cada oración que escuchaba.

—Ya quiero ver la reacción de Alemania. —burbujeó Hungría, con las manos en las mejillas.

—Probablemente tengamos que deshacernos por un rato de Romano-kun. —dijo Japón. — ¿Cuál sería una buena estrategia?

—Traerle a España. —contestó la húngara, simple.

—No es del único que se deben de deshacer. —se metió Austria, luego de sorber de su té. —Tienen al Bad Friends Trio.

—Distrayéndolos con el UsUk, puede funcionar. —comentó Hungría a Japón.

— ¿Con quién? —preguntó el señorito.

—Con Estados Unidos e Inglaterra. —dijo Japón rápidamente. —Tiene mucho que aprender, Austria-san.

—Ya lo creo. —alzó ambas cejas, irónico. —Pero supongo que puede funcionar, esos tres con tal de hacerle burla a Inglaterra son capaces de ir a la luna.

Robar solo lo que sea vital.

—De acuerdo, vee~—aplaudió Veneciano, luego de que el plan tuviera los últimos detalles listos. —Mañana nos robaremos a Doitsu.

Burlar a los mandarines.

— ¿Para qué carajo me citaste tan temprano, Veneciano? —preguntó Romano, bostezando. Eran las seis de la mañana y el sol apenas se asomaba por las montañas. El italiano mayor se talló el ojo, antes de que su hermano lo tomará de los hombros con la suficiente fuerza para lastimarlo si lo quisiera. — ¿Qué mierda?

No hay más, no es jugar.

—Hermano, no estoy jugando. —dijo firme, abriendo los ojos, miel contra verde. — ¿Qué sientes por Doitsu?

— ¿Esa pregunta no aplica para ti, hermano de mierda? —protestó, queriéndoselo quitar, Veneciano no lo permitió he incluso aferró todavía más el agarre. — ¡Duele, joder!

—Yo amo a Doitsu. —exclamó de pronto. —No fue sencillo darme cuenta de eso, vee~. Ha pasado mucho desde que siento esto por alguien, hermano. Por eso quiero saber tus sentimientos hacía Doitsu, porque si son… verdaderos—bajó la cara, angustiado de ese pensamiento.

— ¿Qué, Veneculo? ¿Te darás por vencido? —cuestionó Romano, sosteniéndole el brazo.

—No. —bramó, quitando la mano de su hermano de encima suyo. —Lucharé contigo por él.

Romano sabía que bastaban tres palabras para terminar con su tortura alemana, sin embargo, la arrogancia con la que su hermano menor le estaba hablando poco ayudaron a conservar los tres gramos de docilidad que llevaba en el bolso de su pantalón. ¿Quería pelearse con él por un puto alemán? Solo eso le faltaba.

El sureño tomó ambos brazos de su hermano menor, apretándolos con la misma fuerza que él aplicó anteriormente.

—Me importa un carajo lo que tú quieras, Veneculo. —gruñó con cara de maniático, diría España. —Yo voy a casarme con tu maldito alemán, y no hay nada que puedas hacer para impedirlo.

—Es lo que tu crees, hermano. —continuó Italia, sonriente. Romano lo soltó confundido, Italia del Norte aprovechó aquello y lo aventó hacía atrás, donde Hungría y Austria ya lo esperaban para cubrirlo con una bolsa negra que abarcó todo su cuerpo. —Lo siento, hermano, veee~. Pero no quiero que te cases con Doitsu.

— ¡SACAME DE AQUÍ, GILIPOLLAS IMBECIL! ¡TE DEJARÉ SIN CULO POR TANTA PATADA QUE TE DARÉ! —vociferó Romano, pataleando. — ¡VENECIANO!

Probar que no tengo ni un dinar.

—Si tan solo me pagaran por esto. —suspiró Austria, viendo como la bolsa en el suelo se retorcía. — ¿Estás de acuerdo en secuestrar a tu propio hermano, Italia?

—No se preocupe, señor Austria. —respondió la húngara en lugar de Italia. —Romanito estará muy bien. Yo misma me encargaré de envolverlo con un listón de regalo para España.

—Hungría…—suspiró el pianista, resignado a que esa fuera la chica que le gustaba.

—Todo estará bien, hermano. —lo palmeó Veneciano en lo que creyó que era su cabeza. —Verás que algún día nos estaremos riendo de esto, vee~.

— ¡SÓLO DEJA QUE TE ATRAPE, IMBECIL! —le gritó, volviendo a retorcerse. — ¡MÁS TE VALE QUE DISFRUTES TUS MOMENTOS CON EL MACHO PATATAS, PORQUE SON LOS ÚNICOS QUE TENDRÁS!

[…] Brincar, quitarme los golpes.

—No creo que dejarlo detrás de unos arbustos sea la solución. —dijo Austria, preocupado. —Alguien podría darse cuenta.

—Tranquilo, Austria-san. —contestó Japón. —Incluso si lo encuentran, no sabrán que fuimos nosotros.

— ¡Esta en los arbustos de mi casa! —reclamó el austriaco. — ¿Acaso son tontos?

—Es tarde para dar marcha atrás, señor Austria. —Hungría sonreía esplendida, emocionada de lo que venía sostenía su sartén con tanta fuerza que la manga ya estaba doblada. —Sigamos con el plan, Ita.

— ¡Claro! —entre los tres alzaron el puño al cielo, ignorando las protestas del señorito.

Huir, de mi perdición.

—Miren, ahí vienen. —susurró Japón, justo ahora se encontraban en su casa. A lo lejos Inglaterra y Estados Unidos se acercaban, evitando tomarse de las manos por lo reservado que sabían era Japón, seguro que les daba el sermón del siglo por verlos tomados de las manos.

—De este lado también. —dijo Hungría. — ¿Estás seguro, Ita, que no puedo darle con la sartén a Prusia?

—No, vee~, no queremos lastimar a nadie. —susurró Italia, sonriendo. Hungría suspiró, resignada.

Usar falso nombre en cada acción.

— ¿Estás seguro que Japón dijo que quería vernos? —preguntó España, extrañado.

—Claro, me llamó ayer por la noche, y me dijo que deseaba invitarnos a su casa. —se encogió de hombros Francia. —Incluso yo me sorprendí, pero no puedo negarle a Japón cuando me pide las cosas por favor.

—Se te cae la baba, idiota. —rió Prusia. —La última vez que vinimos dijo que jamás quería volver a vernos en su casa.

—Pues sí, después de que le incendiaste la cocina, no me extraña que nos haya corrido. —se quejó España.

—Yo sólo quería un cigarro, no es mi culpa que solo haya tenido el fuego de la estufa para prenderlo. —dijo Prusia encogiéndose de hombros. —Además, ¿a quién en su sano juicio se le ocurre dejar material inflamable al lado del piloto?

—Prusia, querido, esos eran tus calzones ya que decidiste dormir sin ropa ese día. —bufó Francia.

—Eso no fue mi culpa, sino de España. —se quejó, cruzándose de brazos. De pronto se mordió las uñas y detuvo su andar. — ¿No me irá a cobrar las reparaciones, verdad? West me mataría.

—Lo dudo mucho, conociendo a Japón se hubiera comunicado con tu hermano musculoso desde el principio. —refunfuñó España, aún molesto del beso entre su Romano y Alemania.

—Supéralo, Espagne. —pidió Francia. Luego dio un par de palmadas, sonriente. —Miren lo que nos trajo el viento.

—Ay, no. —murmuró Inglaterra en cuanto vio al trío de imbéciles. —Vámonos, América.

— ¿Eh? —el estadounidense no alcanzó a verlos a primera instancia, sin embargo, en cuanto escuchó los tarareos que se acercaban a paso veloz, supo de qué se trataba. Lo primero que recibió como siempre, fue un golpe por detrás de las rodillas, por parte de España. — ¡Ayyy!

—Miren a los tortolos, paseando a plena vista en Japón. —comentó Francia, poniendo los brazos alrededor de Inglaterra que le pegó en el rostro a palmada abierta, buscando apartarlo. —Sólo será un besito, England.

— ¡Nooo! —chilló América. Siendo sostenido por España y Prusia. — ¡Inglaterra yo te salvaré como el héroe que soy! —gritó, librándose de ambos países y lanzándose en un salto a ellos dos. Francia soltó entonces al británico y la pareja cayó en el duro concreto.

— ¡Muévete, idiota! —le gritó ahora Inglaterra a su novio. — ¡Te dije que dejarás de tragar tantas hamburguesas!

Mientras seguían en el suelo, se vieron rodeados por el trío de mejores amigos. Los tres sonriendo ferozmente. Inglaterra dejó caer su cabeza sobre el pecho de América, él sin comprender, se sonrojo y entró en pánico, buscando ayuda en los otros tres sobre abrazarlo o no. Lo que el yanqui no sabía, era que Inglaterra ya se había resignado a todo un día de tortura con el Bad Friends Trio.

Ganar a los que me atacan.

—Muy bien, Ita, ahora depende de ti. —echó ánimos Hungría, arreglándole el corbatín. Austria aún dudaba que aquel fuera el traje adecuado para la ocasión, quizás el negro hecho en su casa sería mejor que el del italiano. —No te preocupes, Alemania te ama.

—Lo sé, Hungría. —sonrió, recibiendo gustoso los mimos de su hermana mayor. —Nipón, deséame suerte.

—No la necesita, Italia-kun. —dijo el japonés, limpiándose una fina lágrima con un pañuelo. — ¿Tiene las llaves del coche?

— ¡Sí! Conduciré tan rápido, que Doitsu no sabrá como regresar, veee~—aseguró el italiano. —Sólo será por una semana, ¿de acuerdo? Volveré pronto vee~, no se les olvide mi hermano.

—Tranquilo, Ita, ve. —empujó la chica, en dirección a la casa de Alemania.

Triunfar sobre del montón.

Al tocar el timbre se sintió con el estomago revuelto, se sentía tan nervioso de lo que el germano fuera a decir. ¿Tal vez había dejado demasiado tiempo y ahora Alemania se había enamorado de su hermano? ¿qué pasaría si lo rechazaba? No, no, él tendría que luchar por su amor de ser así.

— ¿Italia? ¿Desde cuándo tocas antes de entrar? —preguntó Alemania, saliendo en pantuflas y una bata de baño. Lo dejó pasar sin preguntar por la vestimenta tan elegante que tenía. — ¿Sabes dónde está tu hermano? Lo he intentado localizar desde hace horas.

— ¿Mi hermano? —indagó— ¿para qué lo quieres?

—Me puso a lavar su ropa. —suspiró tallándose la cabeza. —Sólo que él prometió hacer la cena a cambio.

—Yo podría prepararte algo, Doitsu. —sonrió más entusiasmado.

—Podrías mancharte el traje, se ve costoso. —comentó el alemán, sentándose en el sofá. —Compraré comida rápida, China acaba de abrir un restaurante cerca de aquí, le llamaré.

—Antes de eso, me gustaría hablar contigo, Doitsu. —susurró, sintiéndose cada vez más pequeño. Alemania lo invitó a sentarse a su lado, preocupado de lo que le estuviera ocurriendo.

—No me digas que es otro grafiti porque ahora sí…

— ¡No, veee~! —se apresuró a aclarar. Alemania alzó una ceja, confundido.

—Ya sé, volviste a perseguir a los gatos de Grecia. Italia, ¿Cuántas veces te he dicho que…?

—Tampoco, tampoco. —intervino, aunque aquello no era del todo cierto. —Lo que quiero decir es que, yo…—se detuvo un momento, tragando saliva; la mirada penetrante de su mejor amigo y ahora amor, le quemaba cada centímetro de la piel.

—Te traeré un poco de agua para que puedas continuar.

— ¡Doitsu te amo! —chilló con un hilo de voz. Alemania se quedó a medio parar, observándolo impresionado. —Yo sé que te vas a casar con mi hermano, veee~, pero me he dado cuenta de mis propios sentimientos y eso no va a cambiar. ¡Quiero que me permitas estar a tu lado, veee~! Todos los días, como ahora, pero quiero poder besarte cuando despiertes o duermas… me gustas Doitsu, estoy enamorado de ti, veee~

Los colores subieron por la cara de ambos, con la mirada conectada en los ojos del otro, como un fuego ardiendo el pleno invierno. Italia se hizo pequeño, aún así logró articular una sonrisa diminuta, diciéndole que sus palabras eran ciertas.

—Italia…

El nombrado se puso de pie, lo tomó por la bata de baño y pegó suavemente sus labios a los suyos. Alemania sintió una descarga eléctrica atravesar su cuerpo y con la mano temblorosa rodeó las caderas de Italia, admirando cada parte del italiano.

—No estoy mintiendo, veee~. Mis sentimientos por ti, son reales, Doitsu, así que por favor, no te cases con mi hermano.

—No estoy interesado en tu hermano, Italia. —sonrió el alemán, acariciándole el rostro. —La única persona que amo, eres tú, Italia Veneciano.

—Por favor, déjame secuestrarte por una semana vee~—pidió pegando su nariz con la suya. Alemania se separó, confundido. —Quiero estar solo contigo, Doitsu.

El alemán volvió a besarlo, tomándolo por las mejillas, acariciándolo con el pulgar. —Te amo, Italia.

Mejor será esconderme en un rincón. […]

— ¡ITALIAAAAAAAAA!

Veneciano se hizo pequeño, escondiéndose detrás del carro. Tal vez había exagerado con eso de llevarlo al sitió mas alejado del mundo, la Antártida parecía un lugar mucho más bonito en el folleto que leyó. Al asomar su cabeza por el carro, Alemania tenía una ceja alzada en dirección a él, cubierto de pies a cabeza con ropas para el frío.

Vee~

Alemania suspiró, ¿de qué se quejaba? Así, tonto y todo, amaba a ese maldito italiano.


Esto está más cursi que , no sé… las cosas cursis xD

¡Un año con el Fanfic! ¡Woo~hoo! No sé que será, pero jamás puedo terminar un FF antes del año, ja, ja. En fin. Estamos llegando al final de aquí c': con el último capitulo que será el siguiente.

¡Gracias por el apoyo!

Desde la Tierra de las Historias,

MimiChibi-Diethel.