Habían pasado dos años, y finalmente Hermione había conseguido su libertad. Klaus había decidido que le había sido útil y por fin la dejó marchar con el antídoto final para la enfermedad de Damon. Hoy se volverían a ver después de tanto tiempo. Quería ser ella la que le diera la cura. Se apareció en Hogwarts y llamó al despacho de Damon. La puerta se abrió y una mujer apareció. Su hermana Mara.

-¿Qué coño haces tú aquí?

- Eso mismo me preguntó hermanita, yo vivo aquí.

-¿Han echado a Damon de Hogwarts?

-No…-Un destello de luz llamó su atención.

¿Era eso un anillo de compromiso?

-¿Está Damon? Necesito darle esto.-señaló al botecito de sangre que llevaba en la mano.

-¡Cariño! Mi hermana ha venido a traerte algo.

Damon apareció por la puerta, despeinado.

-Perdona, me estaba preparando. Hola Hermione.

-Solo he venido a traerte esto.

-No me toca hasta esta noche.

-Klaus ha decidido liberarme, esta es la cura definitiva.

-Me alegro por ti, gracias.

-¿Podemos hablar a solas un momento?

Mara y él se miraron un segundo. Había complicidad en sus miradas.

-Cualquier cosa que necesites decirme puedes hacerlo delante de mi prometida.

Por supuesto que era un anillo de compromiso. Su hermana Mara siempre había tenido una capacidad innata para joderla. Y casarse con Damon era la cosa que sabía que más le dolería.

-¿Prometida?

-Sí, ¿no has recibido la invitación?

-Nos casamos el sábado.

-No tenía ni idea. Enhorabuena.

-¿Vas a venir?

-Puedo traer un plus one?

-Claro.

-Nos veremos el sábado.

Hermione se fue de allí echando chispas. Damon sabía perfectamente todo lo que su hermana le había hecho durante toda su vida y ahora se casaba con ella. La última vez que se había visto le había declarado su amor. Pero habían pasado dos años de aquello. Tenía derecho a rehacer su vida. Se fue de Hogwarts y volvió a casa. La primera llamada que hizo fue a uno de sus mejores amigos. Si alguien iba a ir de "plus one" tenía que ser él. Troy y ella no habían durado después de que Klaus se la llevara durante largos periodos de tiempo. Y para ser sinceros tampoco le amaba. Dejó el teléfono sonar un par de veces hasta que una voz seca le contesto.

-Hermione.

-Kirtash.

-A que debo el honor de su llamada.

-Te necesito, ¿mi casa en diez minutos?

-Que sean cinco.

Y colgó. En menos de un minuto estaba allí. Kirtash era su amigo desde hacía más de trece años y siempre habían tenido una conexión especial. Sus mentes se conectaban a niveles que ninguno de los dos comprendía. En cuanto le vio le abrazó, el la había mantenido cuerda esos dos años que había pasado al servicio de Klaus.

-¿Qué necesitas Hermione?

El podía sentir lo nerviosa que estaba.

-Damon y Mara se casan el sábado, necesito un acompañante.

-¿Qué?

-Lo que oyes K, se casan.

-¿Cuándo ha pasado eso?

-No tengo ni idea, pero te necesito. Por favor.

-Tengo un concierto el sábado Hermione, Paul me va a ejecutar.

Sin embargo cogió su teléfono y marco el número de su representante.

-Cancela el concierto del sábado.

-¿Qué coño me estas contando Chris?

-Que lo canceles. Di que estoy enfermo. No me importa, pero cancélalo.

-Tus fans se van a volver locos.

-Devuélveles el dinero de las entradas. Daré el concierto gratis el domingo.

-¿Sabes el gasto que es eso? Hay que pagar a los trabajadores.

-Yo me haré cargo. Hazlo, ya.

Y colgó el teléfono de nuevo. La miró y se encogió de hombros.

-¿Te he dicho ya que te amo?

-Ni lo intentes.

No tenía palabras para agradecerle a Kirtash lo que acababa de hacer por ella. Significaba mucho que la acompañara, bien sabía lo poco que le gustaban las multitudes y poder escuchar los pensamientos de toda la gente al mismo tiempo. Pero ella necesitaba todo el apoyo que su amigo pudiera darle. El sábado se acercaba peligrosamente y tenía miedo. Miedo a perder al amor de su vida por culpa de su hermana. Siendo completamente sincera la culpa era toda suya por haber sido tan orgullosa. Ahora su corazón ya no le pertenecía. Damon tenía derecho a casarse con quien quisiera, pero ¿su hermana? Por favor. Parecía una cruel broma del destino.

Más rápido que abrir y cerrar los ojos llegó el sábado. Kirtash ya estaba en su casa duchándose y preparándose. Había elegido un traje completamente negro, chaleco negro, corbata negra, camisa negra, siguiendo su estilo. Ella había elegido un vestido rosa palo largo con unos tacones negros. Había decidido que no recogería el pelo. Así que se hizo unas trenzas en un semi recogido y estaba lista, su maquillaje sencillo y discreto destacaba el rosado de sus mejillas. Cuando Kirtash salió del baño ya preparado, a Hermione se le escapó un gritito. Estaba guapísimo.

-¿Listo?

Asintió con la cabeza y ambos se aparecieron en la boda. Se trataba de una celebración civil, todo el mundo estaba ya allí, Katherine, Harry, los niños, sus padres, Stefan, medio Mystic Falls estaba allí. Eso le extrañó ya que Damon no tenía tanta relación con ellos. A menos que durante esos dos últimos años se hubiera dedicado a conocer y a sentir simpatía por toda aquella gente. Todo el mundo les miraba, eran los recién llegados y ninguno de ellos pasaba desapercibido. Kirtash siempre tenía ese efecto en la gente. Se giraban para observarle como quien observa algo de sobrenatural belleza. Era sin lugar a dudas un ser especial. Se sentía muy orgullosa de poder contarle entre sus amigos.

Harry y Katherine se aproximaron.

-¿Cómo estás?-le preguntó Katherine.

-Bien ¿y tú?

-¿Bien? No tienes que mentirnos Hermione. Nadie se esperaba esto.

-¿No os parece todo muy raro? ¿Alguien sabía algo de esta relación antes de que os invitaran a la boda?

-La verdad es que no.

¿Tú qué opinas Kir? Le preguntó telepáticamente a su amigo. Opino que hay gato encerrado, ve a buscar a Damon y habla con él, yo distraeré a los invitados.

Damon había pasado años esperando por Katherine y ahora en dos años se había olvidado de Hermione con tanta facilidad. Y además se iba a casar con su hermana, sabiendo todo el daño que le había hecho. Algo no estaba bien y estaba dispuesta a llegar al fondo de ello. Le encontró en una de las habitaciones preparándose para su gran día. Ella abrió la puerta sin dudar y se metió dentro.

-Damon

-¿Qué haces aquí Hermione?

-Necesito hablar contigo.

-No tenemos nada de qué hablar.

Se aproximó a él y le rozó la cara con sus manos.

-Por favor.

Dubitativo se sentó a escucharla.

-¿Damon estas seguro de esto?

-Más que de ninguna otra cosa.

- ¿La amas?

-Mucho.

- ¿Qué hay de nosotros? Nada volverá a ser igual.

-Es un riesgo que debemos correr.

-¿Ya no me amas? Porque yo a ti sí que te amo Damon Salvatore.

La miró a los ojos con tanta intensidad que el mundo pareció pararse en ese mismo momento.

-No, ya no te amo.

-Está bien Damon, si es así debo dejarte ir.

Se despidió de él con un dulce beso en los labios. Si eso no lo hacía volver en sí nada lo haría. Y se fue, aceptando la derrota.