Disclaimer: Harry Potter no me pertenece (ya quisiera yo…)


Capítulo 9

Incómodo. Así se sentía Harry. Había sobrevivido a un loco maniático que sólo quería matarlo, a perros de tres cabezas, a acromántulas enormes, a dragones… Pero nada, nada lo había preparado para esto. Para este momento. Incómodo. Extraño. Sin saber qué decir. Sin siquiera saber cómo actuar.

Estaba ahí. En frente de Samuel Tyler. Del hijo de Sirius Black. Ahora no tenía dudas sobre quien era Tyler. Ninguna duda sobre eso. Sam era hijo de Sirius, de su padrino. Eran como dos gotas de agua, excepto por los ojos, como bien dijo McGonagall en sus cartas. Ya no tenía dudas sobre quién era, ahora tenía otras.

¿Por qué que le decías a alguien que nunca antes habías visto? ¿Alguien con el que estabas tan estrechamente relacionado? ¿Alguien al que sólo conocías por lo que te dijeron los demás sobre él, pero que tú no conoces por ti mismo? Para esas preguntas, Harry James Potter no tenía respuestas.

Sam no estaba mucho mejor. Por fin se había decidido a entrevistarse con Harry. Estaban en la Heladería Florean Fortescue, en un territorio seguro para ambos. En una mesa reservada, privada, y lejos de ojos curiosos, cortesía de la dueña de la heladería, Olivia Fortescue, hija del antiguo dueño.

Sam miraba una y otra vez a Harry. Ted no le había mentido. McGonagall tampoco. Y Neville menos. Harry Potter era tal cual se lo habían descrito. Moreno, de ojos verdes, y una contextura propia de auror. Habría que ver cómo se conducía con él, pero si las tres personas que le habían hablado de Potter habían acertado, Sam creía que también en eso acertarían.

— Eh… ¿Te gustó…? ¿Te gustó el regalo?

Sam asintió.

— Las aventuras de Phil El Cojo son mis favoritas.

— Me alegro…

— Ted fue el que…

— Sí, él me dijo que te podría gustar.

— Bueno, sólo puedo decir que acertó.

Harry asintió, pero no dijo nada. Otra vez el silencio incómodo. Sam lo miraba, Harry lo miraba. Y ninguno de los dos tenía los huevos de decir algo diferente, algo que los hiciera salir del silencio.

— Esto no debería ser tan incómodo, ¿sabes?

No quería que sonara como una queja, pero así fue. Sam siseó una maldición. Pero Harry sólo sonrió.

— No, no debería.

Un poco más relajado, Sam sonrió.

— ¿Siempre lo pides? — señalaba el helado de pistacho que Harry había pedido. El aludido asintió.

— Por lo general, sí. ¿Y tú? ¿Siempre pides el de chocolate?

— ¡Nah! A mí me gusta la variedad.

— Vale, entiendo.

Otra vez el silencio. Sam decidió que bien podría conocer a Harry, conocerlo aparte de lo que contaban los libros sobre él.

— ¿Cuándo es tu cumpleaños?

— ¿Para qué…? ¿Para qué quieres saberlo? — preguntó Harry. Casi parecía asustado. ¿No le gustaban sus cumpleaños? Sam negó con la cabeza. Era imposible que a alguien no le gustaran sus cumpleaños.

— Curiosidad — contestó Black encogiéndose de hombros.

Harry no le creyó. Era tan igualito a Sirius… Tal parecía que iba a ser alguna travesura. ¿Buena y mala? El ojiverde no lo podía saber.

— 31 de julio — contestó.

— Bien, Harry, vas a esperar tu regalo.

— No es necesario — se apresuró a decir Harry. Pero Sam sacudió la cabeza.

— Tampoco era necesario que me hicieras un regalo y mira… Me regalaste el último número de Phil El Cojo.

— Um…

— Así que vas a recibir tu regalo.

— Está… está bien.

Sam sonrió. Y Harry negó con la cabeza.

— ¿Te han dicho que eres un poco tirano?

— No — replicó.

— ¿Ah, no?

— No, me han dicho que soy un tirano completo.

Harry rió.

Luego de eso todo fue muy fácil. Hablaron. Conversaron. Sam le habló de su madre, Suri Tyler. De su colegio, los amigos que dejó en Estados Unidos… del señor Knigth que le consiguió el puesto de aprendiz. Y Harry le habló a grandes rasgos de su infancia, de su llegada a Hogwarts, sus amigos… Muchas cosas no se dijeron, pero las que se dijeron ayudaron a entenderse.

— No quiero cambiarme el nombre — comentó Sam. No le había dicho eso a nadie. Suponía que todos pensaban que algún día cambiaría el Tyler por el Black, y él no quería dar su opinión. Pero ahora le pareció un buen momento para confesarse.

— Entonces no tienes porque hacerlo —decidió Harry —, si no quieres no lo hagas, y ya está. No tienes que cambiarte el nombre sólo porque los demás quieran.

— No ellos no quieren… Bueno, no sé que quieren pero… Pero yo no quiero cambiar de nombre. Me gusta el Tyler y…

— A Sirius le encantaría eso.

— ¿A qué te refieres?

Harry suspiró. Iba a decir algo que Sirius sólo le había dicho él, pero dado que Sam era su hijo, Harry no creía que estaba traicionando la confianza de su padrino.

— A Sirius siempre le gustaron los hijos. Y siempre soñó son tener hijos propios…

— ¿Pero? — preguntó Sam, sospechando que esa palabra era la que venía.

— Nunca quiso darles su apellido.

— ¿Nunca?

— No, nunca. Él no quería que su apellido le sobreviviera. A los quince años lo dejó muy claro.

— ¿A los quince? ¿Cómo…?

— Se marchó de su casa — contestó Harry —. Dejó a su familia porque no estaba de acuerdo con lo que ellos creían. Dejó la responsabilidad de lo que significaba ser un Black en su hermano mayor, Regulus. Pero este murió, así que… Sirius se quedó como él único Black, el único que todavía tenía el apellido. Nunca quiso eso. Nunca quiso perpetuar su apellido. Para él era mejor si los Black se extinguían.

— Pero no resultó, ¿no? Ya que yo estoy aquí.

Harry se encogió de hombros.

— Estoy seguro que él nunca supo de que tú existías — luego se dio cuenta de lo que había dicho — Lo siento, yo…

— Descuida.

— Eso sonó mal…

Sam sacudió la cabeza.

— Es la verdad. Mi madre nunca le dijo. De hecho, sólo hasta hace poco me enteré de que yo tenía un padre. Mejor dicho, me enteré que tenía un padre que tal vez estuviera vivo.

— ¿En serio?

— En serio.

— No debió ser fácil.

Black se encogió de hombros. Y Harry entendió que ese chico tenía más en común con él de lo que ambos quisieran admitir.


Notas de la autora:

Um, espero q les haya gustado.