9. Baby I love you - Ramones

El veinte de diciembre, el ambiente fiestero se respiraba por el campus. Muchos estudiantes habían viajado a ver a sus familias, las tiendas se llenaban de personas y los adornos rojos y dorados invadían los hogares y locales. Rose comenzó a comportarse como un grinch, aunque no por eso dejaba de devorar todas las galletas de jengibre que se ponían delante suyo.

El grupo acordó luego que pasarían la navidad todos juntos en una cena que se realizó en el el café de Antonio; el mismo español había acordado que él cocinaría, pero finalmente terminó con los dos italianos y Mad en la cocina. Esa noche Rose había dado muestra de un buen apetito y había estado además de buen humor. Eso hasta que en medio de la comida, Alfred recibió un mensaje avisando que hubo un accidente y que debía ir a un procedimiento.

Cuando se hubo ido y retomaron la comida, la inglesa miró a Mad con un gesto interrogante.

-Se especializó en accidentes automovilísticos, aunque también le tocará ir si hay un incendio grande...- Rose seguía sin entender así que Mad fue más específica aún - porque supongo que sabes que es bombero.

No supo qué responder. Por la impresión y también porque no se sabía qué respuesta era socialmente aceptable de ella, que no era nada más que la mujer que Jones había preñado ¿se supone que Jones debió decirle eso? ¿Que ella debió haber preguntado antes? Ella nunca quiso ser una metiche en su vida y francamente no le extrañaba; era algo tan peligroso y filántropo, que era exactamente el tipo de cosas que Jones haría. Aún así, solo por ser gente, le mandó un mensaje preguntando si todo había salido bien. A eso de las dos de la madrugada llegó una respuesta diciendo que todo estaba bien. Rose durmió muy bien después de eso y cinco horas después, la despertaron con un desayuno en su habitación.

-¿Y Mad?

-Secuestrado por el albino del mal - contestó Alfred con cierta molestia.

-¿En qué momento?

-Hace una hora me escribió que se iba a abrir sus regalos con él y me pidió que viniera... yo quería venir de todos modos, porque ayer no pude pasarte tu regalo.

Jones sacó una caja de madera y la puso cuidadosamente sobre la cama. Rose abrió los broches metálicos y se encontró con un tocadiscos.

-¿Cómo se te ocurrió?

-Hace unos días vine y pusiste en youtube The Hives en sonido vinilo así que asumí que te gustaría tener algo para tocar vinilos.

-Me estás jodiendo... - dijo ella preparando cuidadosamente la máquina y sorprendiéndose con el disco que venía dentro. Ok Computer.

-Escuché a Lovino y pensé que si negabas que te gustaba con tanta rabia, es porque te gusta- expresó Alfred mirándola con interés.

-¿Así que eso crees de mí, Freddie?

-Solo soy una persona observadora...

-¿Me observas mucho acaso?- instigó ella mirándolo intensamente.

-Me gustas... - justificó él encongiéndose de hombros con un gesto de rendición.

-Pues qué mal, porque tú no me gustas nada- afirmó ella aguantando la risa.

-Lo tengo clarísimo -

-Y creo que eres un imbécil y que todas las que salen a gritar cuando te ven corriendo con tu palito por la cancha, están locas.

-Por supuesto, deberían amenazar con matarme a cadenazos, porque esa es la mejor forma de causar una buena impresión.

Rose lo agarró del cuello de la camisa para atraerlo a un beso brusco y rápido, acabo tan pronto como comenzó y anunció.

-También te tengo algo.

-¿Ah sí?

-Soy una estudiante becada y pobre con un trabajo asalariado así que no esperes un electrodoméstico antiguo- le advirtió Rose buscando en un cajón de su escritorio y sacó una bolsa de regalo pequeña. -Fue Mad la que me dijo qué te faltaba.

Alfred por supuesto destrozó el paquete como un niño pequeño y luego dio un gritito irritante mientras saltaba sobre la cama de su hermana a hojear el regalo.

-La navidad es tan divertida cuando hay niños pequeños... - se burló ella.

-GraciasgraciasgraciasRoseereslachicamáscoolqueheconocido- dijo atropeladamente él. La inglesa enchufó su tocadiscos y comenzó a escuchar el sonido rasgado de la aguja sobre la música. Ella no creía que fuera para tanto, no le había salido tan caro, era una novela gráfica de Batman que había comprado en una tienda de comics, ni siquiera era una edición limitada, pero Alfred lo hacía parecer algo tan interesante. Se preguntó si el bebé tendría el carácter de ella o sería alegre y entusiasta como él. Mejor que fuera como él, que fuera alegre, optimista, ingenuo y hasta medio idiota.

Como era navidad la mayoría de los estudiantes estaban donde sus familias, las cocinas de los dormitorios estaban vacías. Intentaron cocinar algo simple, pero Rose arruinó unas croquetas de res, Alfred quemó la pasta, había humo, ollas pegadas y la inglesa no podía parar de reir, porque intentaron cocer unos huevos y al sacarlos al primer hervor se les desarmaron; hasta que Alfred bajó los brazos y comenzó a lavar las ollas.

-Vamos a matar de hambre a este crío- se quejó él de forma divertida.

-No, porque Maddie sabe cocinar y Lovino y Antonio... no nos van a dejar intoxicarlo - contestó ella.

-¿Dónde vamos a almorzar?

-¿Quieres tai?- preguntó Alfred acercándose a ella y abrazándola de frente- le puedes poner mucho azafrán y pimienta y dejarlo asqueroso como a tí te gusta.

-¡Oh, sí!- gritó ella poniendo una pierna alrededor de la cintura del americano y fingiendo un orgasmo.

Un ruido les indicó que alguien venía entrando y al ver hacia la puerta Gilbert venía con una pizza para calentar en el horno.

-Oigan, estamos en un lugar público - les reprendió el alemán imitando el tono moralista que Alfred solía poner cuando él besaba a Maddie en una de las salidas grupales.

-Vamos a un lugar privado entonces- ronroneó Rose agarrando al americano del borde del pantalón y topándose con Mad en el camino que les miró con un gesto falsamente reprobatorio. Los escuchó ir hacia el pasillo entre risas escandalosas y salir del edificio, Gilbert metió la pizza al horno y preguntó.

-¿Cuánto tiempo llevan así?

-Casi un mes- contestó Maddie.

-¿Y van en serio? digo, porque van a tener un bebé y eso...

-Creo que Alfred va en serio y ella en negación-

-¡O sea que hay posibilidades!- exclamó divertido y sacando su teléfono.

-No vas a ponerte a apostar sobre esto con Lovino y Antonio, guarda eso- ordenó Maddeleine con severidad.

Para el año nuevo hicieron planes similares, con la diferencia de que luego de la cena la mayoría había decidido ir a bailar, preguntado a Rose si ella estaba bien con eso. Como si estuviese implícito que si ella les decía que no quería que la dejaran sola, se quedarían con ella a aburrirse, pero ella, haciéndose la desinteresada, les aseguró que estaba cansada y que le daba igual, que se divirtieran.

-Me alegro que se hayan ido, porque tengo planes para nosotros...- declaró Jones mientras iban camino a los dormitorios.

-¿Planes?- Rose iba en el asiento del copiloto con un vestido negro ajustado que hacía resaltar una casi imperceptible hinchazón en su abdomen. Seguía usando sus botines y aún lucía intimidante, pero se había suavizado bastante su apariencia, al menos a los ojos de Alfred.

-Como sé que extrañas beber, compré una champaña sin alcohol que creo que te engañará con el sabor y luego te daré un masaje y te prepararé un baño...

La inglesa lo observó extrañada. El americano iba con la vista fija en el camino y no tenía ninguna expresión que demostrara emoción alguna.

-¿Qué ganas tú con esto?

-Nada, solo pensé que querrías relajarte porque ayer entregaste un avance de tu tesis y como has trabajado más horas esta semana y ahora no puedes irte de fiesta... en verdad es solo eso, ya sabes, si estás feliz, el bebé es feliz

-Bueno, no me voy a oponer si quieres ser mi esclavo por hoy

La champaña sin alcohol no había estado mal, Alfred había comprado unas bombas de baño y puso unos discos de Radiohead para luego, desde el borde de la tina, masajear su espalda. Rose nunca había permitido que nadie la tratara con suavidad. Tal vez era porque al ser la única mujer en un clan de hermanos varones, se había acostumbrado a ser tratada con brusquedad y a imponer su dominancia por la fuerza. Luego había venido el anarquismo, el punk, el feminismo y se había convertido en una rebelde con causas claras y un discurso beligerante.

Alfred no sabía nada de eso, de sus motivos para comportarse así, ni tenía la culpa de ellos, así que sin pensarlo mucho le pidió:

-Métete conmigo.

-¿Estás segura?

-No preguntes idioteces... métete.

Mientras él se desvestía, ella le hizo espacio haciéndose para adelante, la tina no era muy grande, así que ella se acomodó en el espacio entre las piernas del americano y apoyó su espalda contra su pecho. Sus hormonas eran un inconveniente fascinante, porque hacía años que no se sentía segura por la presencia de otra persona. Desde que era pequeña y creía ilusamente que su padre la podría proteger de todo peligro. Alfred la rodeó con sus brazos y respiraba pausadamente en su oído, aunque ella podía sentir su nerviosismo.

- ¿Qué se supone que estamos haciendo? - preguntó ella en voz baja - Sé que te dije que esto no es una relación, pero cada vez parece más una.

-¿Eso te molesta? - preguntó él masajeando sus hombros mientras en su interior estaba comenzando a invadirlo la desesperación.

-No tanto, o sea, no me molesta la idea mientras no esperes que cambié por tí... digo, eres útil y servicial y un buen polvo así que por qué no.

El americano agradeció que ella no estuviese de frente, porque habría notado la enorme sonrisa que estaba esbozando. Eso que había escuchado recién en el lenguaje de Rose era el equivalente a una confesión romántica. Decidió tentar tu suerte.

-Prometo ser el novio menos molesto y más obediente que hayas tenido jamás- Ella se sobresaltó, seguro por el uso de la palabra novio, pero echó su cabeza atrás y dijo.

-Te aprovechas de que mis hormonas me tienen vuelta loca.

Eso no había sido una negativa. En ese momento Alfred comenzaba a preguntarse qué significaría que ellos comenzaran una relación, para ellos, principalmente para el bebé. Significaba que lo criarían juntos. Esa era su mayor preocupación, pero faltaban siete meses para eso y si sacaba el tema en ese momento, estaría arruinando el presente por sus temores acerca del futuro, así que no quiso seguir preguntando.

-Llévame a la cama, Freddie.

Rose olía a las esencias frutales del baño y había sido muy dócil, lo había dejado marcar el ritmo, mientras entrelazaban sus piernas e incluso lo besó mientras él entraba en ella con cuidado. A esas alturas para él no tenía caso seguir negando que estaba enamorándose de ella. Que había aprendido a comprender su actitud rebelde e incluso había comenzado a apreciar la belleza de su apariencia salvaje, de sus mechas indomables, sus cejas gruesas, sus fierros y brazos tatuados. Cuando respiraban agitados luego de haber acabado, el americano preguntó.

-¿Quieres salir conmigo en San Valentín?

Rose gruñó agitándose y contestó: -No presiones, sabes que odio las cursiladas

-No, espera, nadie dijo algo acerca de cursiladas, estaba pensando que podríamos ir a ver la película de zoombies que estrenarán ese día y que luego podemos ir por una pizza o a tirar a un hotel o las dos cosas...

Rose de pronto se veía entusiasmada y con un tono burlón expresó: -¿Películas de terror, chatarra y luego un polvo?, te estás esforzando, Jones, me gusta este nuevo tú no tan vainilla

-Te dije que no soy tan vainilla.

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-Te ves menos histérica últimamente - comentó Lovino a modo de halago mientras preparaba un machiato.

-Es que he estado bien atendida- insinuó ella mirándolo sugestivamente.

-¿Ah sí?, ¿Por el señor baby-daddy?

-El mismo - Lovino fingió desinterés para no empujarla al silencio - como que medio andamos, no sé, parece una relación, o sea, no es algo malo porque él es atento y el sexo es muy bueno

-Aleluya por eso entonces - bromeó él, tratando de quitarle importancia a la situación. - Has pensado qué pasará con ustedes cuando el bebé nazca, porque tenían un trato y te veo ahora con otra disposición

Rose de pronto no se veía tan juguetona.

-No lo sé, no lo he pensado, o sea, sé que dije que no quería ser madre, aún no quiero ser madre, pero si Jones se hace cargo de eso mayormente y yo estoy ayudando imagino que no sería taaan tremendo; igual quiero darle la custodia

-Está bien, nadie te está obligando, creo que estás haciendo más de lo que esperábamos de todos modos.

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Para las doce semanas, el médico le había indicado a Alice que seguía bajo peso y le recetó unas vitaminas y una dieta hipercalórica. Le sugirió además descansar más, no andar de un lado para otro gastando toda su energía, aunque no le había prohibido la actividad sexual. Alfred, que por fin había conseguido acompañarla, se veía contento con eso, pero luego había estado muy preocupado por lo otro y la hizo quedarse en la cama mientras él le llevaba el almuerzo.

Luego de comer, se recostaron mientras Alfred acariciaba su panza diciéndole.

-No pareces una embarazada

-¿Qué esperabas? ¿que una mano saliera de entre medio de mi ombligo y te salude?

-Claro que no, pero apenas parece que te hayas comido una pizza.

-Lo que quieres es verme gorda para no sentirte solo en tu gordura.

-¡Oye!

-Gordo

-¡No es gordura!, mira - Alfred se enderezó e hizo notar los músculos de sus biceps y hombros.

-Lo mismo, gordura muscular - rió ella patéandolo suavemente.

El ringtone de la compañía sonó en el móvil del americano y de mala gana contestó. Rose estaba atenta sobre la cama y entonces Alfred explicó.

-Hay un incendio en unos predios al sur, mucho terreno, algunas casas.

-¿Tienes que ir?

-Todas las unidades tienen que ir-

-Pensé que lo tuyo eran los accidentes de tránsito.

-Sí, pero en casos como estos, todos debemos ir... hey - Alfred notó el tono preocupado de la inglesa y aseguró.- Estaré bien, he tenido entrenamiento contra incendios, apenas acabe me vengo a dormir contigo, a la hora que sea ¿me esperas acá?

Rose quiso decirle que ella no era una esposa abnegada que se quedaba en casa esperando que su hombre volviera de la guerra, pero asintió frunciendo sus gruesas cejas hasta que casi se juntaron y lo vio marcharse.

Se entretuvo unas horas leyendo unos artículos y tomando apuntes, pero las horas avanzaban y los temores comenzaron a apoderarse de ella. Bajó al patio a comprar unas galletas y volvió a hacerse un té cuando sintió una clavada en la parte baja de su vientre, como si una espada la atravesara desde la columna hacia abajo. Su corazón se agitó y el miedo se apoderó de ella. Alfred ya iba en el carro bomba con el equipo puesto y, como todos, dejó su teléfono en el carro y salió del vehículo a buscar un lugar donde echufar la manguera. Rose notó una humedad entre sus piernas y vio con horror que comenzaba a sangrar. "Freddie... Freddie", fue lo primero que pensó en búsqueda de seguridad, lo llamó, pero sabía que no tendría noticias de él, así que al primer timbre no contestado, llamó a Mad que le dijo que iba en camino y que llamaría a una ambulancia. Alfred con un hacha irrumpió en una de las casas en busca de las personas atrapadas, una mujer se negaba a salir porque la niña se encontraba en el segundo piso, uno de sus compañeros la arrastró hacia fuera y Alfred con un extintor se abrió paso por la escalera hasta llegar donde venían los gritos y tomar a la niña en brazos. Corrió hacia afuera, entre medio de las chispas ardientes y los trozos de madera que amenzaban con sepultarlos. Rose lloraba en la ambulancia pidiéndole al médico que por favor salvara al bebé, sabiendo que Alfred jamás la perdonaría si dejaba morir al crío. Alfred indiferente a todo, conversaba con la niña que ya estaba tranquila en los brazos de su madre. Se llamaba Hailey, pensó que si el bebé era niña, Hailey era un lindo nombre. Llegaría en la noche a dormir a la cama de Rose y le diría que tenía un nombre de niña y ella se enojaría, discutirían y tal vez terminarían teniendo sexo si es que Mad no estaba y luego estaría de aucerdo con él. En el pasillo del hospital universitario, una camilla a toda velocidad atravesaba el pasillo, Maddie debió dejar la mano de su amiga mientras era llevada a una sala de operaciones. El incendio fue controlado cerca de las doce de la noche y entonces fue al teléfono para llamar a Rose y decirle que había acabado, que estaba todo bien, cuando vio las llamadas perdidas de Maddie y los mensajes.

"Ven al hospital de la universidad Rose se siente mal"

"Rose está sangrando"

"donde estas"

"alfred, te exijo que dejes lo que sea que estes haciendo y vengas ahora!"

Ni siquiera quiso cambiarse, le pidió al conductor del carro bomba que lo dejara en el hospital y llegó preguntando por ella. Gilbert desde la sala de espera lo reconoció y lo llamó a que lo siguiese al ala de hospitalizados. En una sala, Lovino y Maddie estaban de pie al lado de una cama, Rose estaba en ella pálida y con una expresión devastada. Maddie se acercó a él y le susurró.

-Ha perdido el bebé, fue un aborto espontáneo, no estaba bien formado, no anidó bien y se fue...- su hermana estaba a punto de llorar y se abrazó a Gilbert que estaba en la puerta de la sala más serio que nunca. Lovino se corrió hacia afuera también para darles privacidad y Alfred se acercó a la cama donde Rose estaba y volvió su mirada triste hacia él.

-Freddie...

Ella llevó su mano hacia el rostro ceniciento del americano para consolarlo, porque sin darse cuenta, en algún momento, él también había comenzado a llorar.


Nota: el fin se acerca

Sorry, but not sorry