Hola n.n/ ¿puedo considerar esta una actualización rápida? Ustedes díganme. Muchas gracias a Susy150297 y a Frany Fanny Tsuki por sus constantes reviews :'D al final de este cap se llevarán una sorpresa eoe cortesía de mi maquiavélica mente.

Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo. Esta historia es de mi propiedad.

Cinco más diez por dos

Part IX: The dark day

Se sentía incómoda en aquella casa, no es que fuera mal recibida pero era raro, nunca le había reprendido una persona ajena a su familia. Pero allí estaba, bebiendo licuados y siendo regañada por la abuela de su novio, porque aún lo era, pese a estar peleados. Al principio no quería entender razones, pero le bastó el punto de vista de un tercero para darse cuenta que ella se estaba ahogando en un vaso de agua, nadie era perfecto y si todo eso debió suceder para que ellos dos pudieran estar juntos entonces debía no ser tan cerrada. ¿O acaso dejaría su relación con quien tanto tiempo esperó solo por un evento que no podía cambiarse? ¡Claro que no! Y como Hyorinmaru ya se había disculpado, le tocaba a ella.

―Los jóvenes de hoy en día no dicen las cosas claro―. Y ahí iba otra vez, no habiéndole sido suficiente el reprenderla en la cocina. ―Vamos, confiésense y celebren su amor. Y de no haber tal…hagan las paces y sean amigos. Chicos…la vida parece larga pero en realidad es muy corta. Cometan errores, arriésguense, lloren y sean felices.

Tobiume reflexionó su respuesta, a decir verdad encontraba mucha sabiduría en ella y no quería decir algo tonto al respecto.

―Yo…no puedo decir que sea amor, es muy apresurado usar esa palabra porque solo llevamos un mes saliendo, pero…―la chica levantó los hombros y sonrió, como dándose por vencida de sus sentimientos―, de verdad quiero mucho a su nieto, sino no estaría aquí.

Ambas se sonrieron y luego vieron directamente a Hyorinmaru, un par de ojos azules y otro de color marrón lo hostigaron, esperando una respuesta amorosa y tierna, según él.

―Yo también te quiero, Tobiume ―dijo algo seco, no siendo su intención sino que se sentía cohibido al estar su abuela presente. Las dos mujeres rieron, haciéndolo sonrojar―. ¡Oigan, no se burlen!

Más tarde, una vez terminadas las bebidas, Tobiume se despidió debido a que debía ir a trabajar. Prometiendo ir a visitarlos nuevamente, sobretodo a la anciana que se había ganado su respecto y cariño. Ella no tenía una abuela debido a que cuando nació ya había pasado mucho desde el fallecimiento de las mismas, tal vez por eso la acogió tan pronto como si fuera la propia de ella.

Llegó a la cafetería con una sonrisa, sorprendido a cierta chica de cabello blanquecino que no le perdía detalle a sus acciones, pronto esta se acercó y le dio un pequeño empujoncito para hacerse notar.

― ¿Y? ¿Todo bien con tu novio?

La morena sonrió ampliamente y asintió, contándole todo lo sucedido en la tarde. Esos días Sode había sido una gran ayuda para ella, convirtiéndose rápidamente en su amiga; sin embargo algo le preocupaba, y es que el centro de atención siempre era ella y se sentía desconsiderada al no saber casi nada de su nueva amiga.

― ¿Ir de fiesta esta noche? ―preguntó Sode, al parecer no muy convencida.

―Sino podrías venir a quedarte en mi casa, como una pijamada ―ofreció Tobiume. La de orbes celeste la miró elevando una ceja, ¿pijamada? ¿Qué no estaban grandes para eso?

― ¿A qué boliche quieres ir?

La castaña comenzó a recordar los mil y un sitios que conocía gracias a Sembonzakura, confundiendo a la chica que repetía que solo elija uno, pero ella no podía con su emoción. Al fin tenía una amiga y podía salir en una "noche de chicas", seguramente esa sería la mejor noche del mundo.

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En la residencia Hitsugaya, la abuela se encontraba durmiendo para descansar luego de tanto ajetreo de la tarde, mientras que Hyorinmaru salió a hacer las compras para la cena de esa noche. Esa era la parte que no le gustaba de no tener a su madre en casa, quien se encontraba con Toushiro en la fiesta de cumpleaños de su amiga; y era el hecho de tener que hacer los recados, para su mala suerte no sabía cocinar y por eso al volver debería despertar a su abuela. Ambos debían comer después de todo.

Una vez en el supermercado eligió todo para la cena de esa noche, no era nada complicado: pastas. Pensó en llevar la salsa "lista" y sorprender a su abuela con la cena preparada, pero desistió de su idea al saber lo caprichosa que era la mujer con respecto a la comida casera. Se rió solo, extrañando a otros clientes; pero no podía evitarlo, a veces su abuela parecía una niña.

En el camino se sintió extraño, tenía un mal presentimiento que no lo dejaba tranquilo y se preguntaba de qué se trataba, averiguándolo recién al llegar y encontrarse con alguien que sabía que traía problemas.

―Papá―lo llamó para hacerse notar y también como saludo. Este le sonrió y lo abrazó feliz, haciéndolo sentir incómodo. ¿Es que su padre no sabía que él ya estaba al tanto de toda la situación? ―, m-me alegra verte, ¿cuándo llegaste?

El hombre de aspecto similar al de él lo siguió hasta la cocina, donde lo observó mientras él comenzaba a guardar lo que compró.

―Hace unos minutos. Me sorprendió encontrar a tu abuela durmiendo y nadie más en casa, creí que salieron a comprar los tres.

―Mamá llevó a Toushiro al cumpleaños de una de sus amigas ―comentó, quedándose ambos en un silencio incómodo―. ¿Cómo te fue en la grabación?

―Hijo, sabes lo que va a suceder, ¿verdad?

Hyorinmaru, sin saberlo, cambió su expresión. Trataba de verse serio pero no podía evitar la tristeza en su rostro, su padre no había sido el mejor del mundo pero tampoco esperaba vivir con padres divorciados. Sabía la versión de su madre y no pediría la de él si este no quería dársela.

―Sí, lo sé. No conozco los detalles pero…siempre serás nuestro padre, de Toushiro y mío ―mintió al principio, tratando de disimularlo después con un sentimentalismo. Pero su padre no era tonto y conocía tan bien a Chikako que suponía que ya se lo había dicho a alguien.

―No quiero que sigas mi vida ―comenzó su padre y él supo lo que venía, no pudiendo sostenerle la mirada―, estuve con otra mujer hace años, hace muchos años y recién ahora me entero que tengo otra hija. Yo…esa mujer, fue alguien que amé al igual o tal vez más que a tu madre, y enterarme de esto ahora…

El sonido de algo romperse los sorprendió a ambos, quienes voltearon y el corazón de Hyorinmaru se contrajo más. Había algo en especial que le había dicho su madre: "nunca le cuentes esto a tu abuela, porque si lo haces le romperás el corazón". Allí, a tan solo unos pasos, Keiko Hitsugaya tenía la mirada turbada y la boca entreabierta. Ese era un golpe duro para ella, más de lo que Hyorinmaru pudiera entender. Algo que Minho entendía perfectamente.

―Hyorinmaru, ve a tu cuarto ―pidió el mayor, siendo obedecido inmediatamente, pero su abuela lo detuvo―. Mamá, no quiero que escuche esto.

―Pero yo lo necesito ―dijo en un susurro la anciana. Quedando el chico en medio de la discusión―. Cuando tu padre me dijo lo que hiciste creí que era mentira, era el día de tu boda, no entendí por qué inventaría algo así. Tú dijiste que era mentira, tú sabías que siempre peleamos por eso y la distancia que pusiste entre nosotros, yo te defendí…

El chico de cabellos azules sintió la mano de su abuela temblar y no atinó a hacer otra cosa que abrazarla, no podía hacer otra cosa y se sentía tan impotente por ello. Él no recordaba mucho a su abuelo porque este murió cuando él era aún pequeño, pero sabía el gran amor que su abuela le profesaba. Escuchar que se habían distanciado y peleaban, era difícil, destruía todo cuadro feliz que pudiera pintar en su mente. ¿Cuánto daño un hijo podía hacerle a sus padres? Ajeno a los sentimientos de su padre, más bien ignorándolo por completo; no podía ver que este tenía la cabeza gacha y lloraba, avergonzado de sus actos aunque no arrepentido de los mismos.

―Lo siento, mamá. Es que no quería que te avergonzaras de mí como papá ―confesó, con la voz rota. Su madre también lloraba, lamentando los años en que su corazón estuvo lejos del de su amado esposo todo por defender a su hijo―. Por favor, no llores.

―No puedes cambiar lo que pasó, no solo fue tu padre. Te los llevaste, te llevaste a los niños para que él no los viera. ¿Por qué si decía la verdad? ¿Por qué lo odiabas tanto?

―Yo nunca lo odié, solo no soportaba lo que decía, temía que Chikako le creyera, que tú le creyeras y todo se fuera al caño.

― ¿Entonces qué es esto? ―preguntó la mujer, al límite con sus emociones―. ¿Por qué vas a separar a tu familia de nuevo?

Eso fue un golpe duro para Minho, él no lo comprendía tampoco, pero con el tiempo y pese a todo el apoyo que le había dado Chikako, a la hermosa familia que había formado…sentía que la odiaba, si no fuera por ella y su embarazo él podría haber sido un músico con éxito, y no era justo que ella triunfara como mangaka mientras que él no podía ni grabar un disco. Pero se mantuvo en silencio, no podía decirlo frente a su hijo.

―Ahora tengo la oportunidad de volver a empezar ―confesó. Lastimando con sus palabras no solo a los dos presentes, sino a quien acababa de llegar.

― ¡Keiko-san! ―llamó la recién llegada, viendo lo que los dos presentes no podían, ella no estaba solo abrazada a su hijo sino que se recargaba en él―, Keiko-san, por favor, vaya a descansar. Luego hablaremos con usted apropiadamente, Hyo llévala arriba.

Así como dijo, se hizo. La mujer no opuso resistencia puesto que ya había escuchado suficiente, su corazón no aguantaría más. Ahora su cabeza no solo estaba en aquella discusión sino en todas las que tuvo con su esposo. Al llegar a su cuarto, Hyorinmaru la abrazó, él no lloraba solo se dedicaba a consolarla con suaves arrullos, porque si bien no dejaba caer lágrimas su garganta estaba tapada con un nudo. Ambos podían escuchar cómo poco a poco los dos adultos abajo comenzaban a levantar la voz. Y no pasó mucho tiempo, cuando el chico notó que su abuela había comenzado a tener problemas para respirar y de repente dejar de moverse.

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En la cocina, momentos antes, Chikako no encontraba un atajo a su ira contenida. Ella tenía en alta estima a Keiko, ya que cuando fue rechazada por su familia al quedar embarazada a los diecisiete años, ésta la acogió como su propia hija, acompañándola y aconsejándola en gran parte de su embarazo. Le dolía el terminar con Minho pero más le dolía que aquella mujer hubiera descubierto la verdad.

― ¿Qué demonios tienes en la cabeza? Tú mismo dijiste que no se lo diríamos, eres un infeliz ―no pudiendo menguar su ira, dejó salir su primera duda con veneno en cada palabra. Pero él no contestaba y eso la enfurecía más―, ¿qué acaso no te importa ella? ¡Es tu madre!

― ¿Entonces por qué te preocupas tanto? Tú lo dijiste, es mi madre, la mujer que siempre va a adorarte y ponerte sobre mí. "Minho debes trabajar para mantener a Chikako y tu hijo", "Minho la música no le dará de comer a tu familia" ―dijo con desprecio en su voz, notando cómo esto golpeaba a su todavía esposa―, siempre tú. Tú lo arruinaste todo.

―Yo no te pedí que te casaras conmigo, no sé qué hubiera hecho pero lo habría solucionado de algún modo ―dijo con las lágrimas en sus ojos, no queriendo dejarlas salir―, ¿por qué si estabas enamorado de otra te quedaste conmigo y tuviste otro hijo? ¿Acaso has pensado en cómo esto le afectará?

― ¿Y tú no has considerado que por tu culpa mi hija se ha criado sin padre?

Chikako se sentó con furia en la silla más cercana, no podía creer lo que escuchaba. ¿Ella tenía la culpa que la otra mujer no le hubiese contado sobre esa niña hasta ahora? ¿Ella lo había atado? Odiaba que él fuera tan egoísta, ella fue quien pagó todos los arreglos para que él pudiera grabar al fin su maldito disco, ese por el que tanto lloraba durante su vida, por el que se pasaba más tiempo quejándose que haciendo algo para conseguirlo. Pero no se lo restregaría en cara, ella no era como él.

―Ya. No me importa, eso no es mi culpa. Y no estamos aquí para hablar de culpas, dime qué términos quieres para el divorcio ahora, ¿o quieres hablarlo frente a los abogados?

―Ahí estás otra vez, sabes que yo no puedo pagarme un abogado, ¿sabes todo lo que sale un estudio de grabación?

La mujer se mordía la lengua para no contestar y esperó paciente para que él continuara.

―Millia me ayudará con eso, no te preocupes, que ella está contenta de que yo la prefiera. No como tú que solo esperas el divorcio con los brazos abiertos, ¿Por qué no te opones? ¿Acaso tú no me amas?

La paciencia explotó en la mujer, ¿con qué derecho reclamaba su amor? ¡Era el colmo! Dejó salir todo, su dolor y desesperación, su impotencia. Ella lo amaba tanto que hasta aceptó que él se fuera, porque no quería a alguien que no la amase y que viviera por obligación a su lado, que viera a sus hijos con odio todos los días por ser el "motivo" de que él no estuviera con su preciada hija. ¿Qué la hacía tan maravillosa si no la conocía? Él también le gritaba y de no ser porque no cabía en el pensamiento de ninguno, tal vez hasta se estarían golpeando. Sin embargo, una tercera voz los sacó de su pelea y los hizo darse cuenta de la consecuencia de esa absurda discusión.

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Luego de eso todo pasó lento para él y se repetía como una película en su cabeza, una y otra vez, sin darle descanso alguno. Sus padres entrando a la habitación, los gritos de su madre al sacudir a su abuela; su padre cargándola hasta el auto y llevándola a toda prisa al hospital. Su madre llorando, su padre golpeando las paredes, él a un costado de la situación sin saber qué hacer. Ellos seguían discutiendo y su abuela…ella estaba muriendo.

Cuando se pudo dar cuenta de ello, cuando lo aceptó, notó algo importante. Notó que alguien faltaba allí, alguien que los odiaría toda su vida si no le daban ese momento. Por eso se fue corriendo, sin mediar palabra con sus padres que no lo notaron, sin importarle la lluvia y los continuos golpes que se daba al resbalarse. Gracias al cielo sabía dónde quedaba la casa de los Urahara y su madre le había dicho que su hermanito se encontraba allí. Agradeció la ayuda del rubio que lo miró sin entender al principio pero comprendió todo luego.

Nuevamente, todo era lento, llegando al hospital, Urahara consolando a Chikako y su hermanito llorando por el peso que esa situación creaba en él. "Los niños sienten y lo saben todo" le había dicho alguna vez su abuela, y tenía razón.

Chikako fue quien entró con Toushiro, justo luego del momento en que el doctor salía para decirles que Keiko se aferraba a la vida pero no creía que pasara la noche, parecía que estaba esperando. Todos se preguntaban qué pero él lo sabía y cuando escuchó el grito de su pequeño hermanito, lo confirmó. Su abuela, su tan amada abuela, estaba esperando despedirse del nieto a quien no iba a poder consentir y con quien no iba a poder formar los muchos recuerdos que con él compartió. Recuerdos que se agolpaban frente a él, que lo hacían llorar y gritar para desarmar el nudo en su garganta.

No recordaba bien qué había dicho, sabía que fue contra su padre porque jamás podría levantarle la voz a su madre. Solo recordaba que Urahara lo sostenía y el llanto incesante de su Toushiro.

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¿Cómo se le explica a un niño acerca de la muerte? ¿Cómo se le explica que en ese difícil momento su padre no se encontrara para consolarlos? Chikako seguía excusando a Minho y él no llegaba a entender por qué, eso generaba que la odiara y no quisiera hablarle, sabía que la lastimaba pero no podía evitarlo.

No entendía nada.

Su puerta se abrió y observó de reojo de quién se trataba, algo en él aún esperaba que fuera su abuela para regañarlo por estar enojado con su madre, por no haber almorzado ese día, por haber faltado al trabajo…pero en vez de eso, un par de ojos turquesa lo miraban, expectante y con temor. Le hizo una seña para que pasaba y Toushiro se echó a sus brazos, comenzando a llorar desconsoladamente, provocando lo mismo en él.

―La abuela se fue ―repetía constantemente su hermanito y él lo dejaba, si esa era su forma de aceptarlo, que lo dijera cuanto quisiera―. Mamá dice que está en el cielo y que nos está cuidando.

El corazón del chico se contrajo dolorosamente y solo atinó a abrazar al pequeño. Él también quería creer eso.

― ¿Por qué no está papá aquí? ¿Por qué no fue al funeral de la abuela?

Entonces, al oír el dolor en la voz del pequeño, entendió por qué su madre le mentía. Toushiro era muy pequeño aún para entender todo lo que sucedía, si ni él mismo entendía los sentimientos de su padre, ¿cómo explicárselo a alguien de cinco años? Con fuerza, contuvo su sufrimiento y lo miró a los ojos, limpiando sus lágrimas y sus mocos con su remera. Sonriéndole a duras penas.

―Escucha, papá te ama pero también está triste y venir aquí, donde antes estaba la abuela, le duele. Él ya vendrá a verte ―dijo lo más convencido que pudo. Sabiendo que en parte era verdad y en parte mentira.

Tras una larga discusión con Toushiro sobre la muerte de la abuela y también sobre los buenos momentos que pasó junto a ella, el menor se durmió y él lo arropó en su cama. El niño estaba pesado para cargarlo hasta su cuarto y además eso era trabajo de su padre. Bajó y encontró a Chikako echa un mar de lágrimas aún, tenía ojeras muy negras y se encontraba despeinada. No dijo nada, no se sentía con la fuerza como para poder consolarla cuando ni él podía hacerlo consigo mismo. Simplemente, le dijo que saldría y volvería en un rato. Necesitaba salir de ese mar de recuerdos que solo lo atormentaban y no lo dejaban pensar con claridad.

No sabía a dónde ir. Si fuera Siberia se internaría en los helados bosques o iría al lago que a su hermanito le fascinaba, su abuela siempre quiso conocer ese lugar…sus manos se volvieron puños y sin querer comenzó a llorar, por lo que echó a correr. Corría para alejarse de sus recuerdos, pero para su desgracia sin importar a dónde fuera estos siempre estarían allí.

Sin saber por qué sus pies lo llevaron a los barrios bajos de la ciudad. Encontrándose allí a alguien en quien no había pensado hasta el momento.

―To-Tobiume…―quería llamarla, se veía casual y llevaba un par de bolsas de supermercado así que supuso que de allí vendría. Sin embargo, notó que su voz no salió fuerte y para cuando se quiso dar cuenta todo se tornó oscuro.

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Ese día lo tenía libre de trabajo al igual que Sode, pero no pudieron salir ya que esta tenía algo importante que hacer, no le quiso decir qué era y eso la ofendió un poco aunque eso le daba tiempo a salir con Hyorinmaru…si tan solo este contestara sus llamadas. Hacía una semana de su visita a su casa que no tenía noticias de él, sabía que su relación no peligraba y no quería resultar muy pesada pero ya le empezaba a preocupar que no la llamara ni contestara sus mensajes.

―Tobi-chan, ¿puedes ir a comprar esto para que prepare el almuerzo? ―le consultó su madre extendiéndole una lista de compras.

Si fuera cualquier día se habría negado, pero como estaba aburrida accedió a la primera. El supermercado quedaba a unas cuadras de su casa, por eso le molestaba ir hasta allí, sin contar los cinco pisos que debía bajar por la escalera ya que se había descompuesto el ascensor. En ese momento se alegraba el haberlo hecho, el haber salido ese día, su madre no se esperaría lo que llevaría a casa.

― ¡Mamá! ―gritó desde el timbre de abajo cuando esta contestó―. Mamá, encontré a mi novio desmayado en la calle.

― ¿¡Secuestraste a alguien!? ―respondió la aludida desde el otro lado del portero eléctrico.

― ¡No es momento de tus ocurrencias, baja a ayudarme, por favor! ―gritó molesta y sonrojada.

Subirlo fue una odisea, ninguna de las dos tenía una musculatura muy desarrollada para cargar al chico y ambas se iban disculpando escalón a escalón por el mal trato que le estaban dando. Una vez que lograron llegar y dejarlo en el sillón, Lefiya, su madre, se cruzó de brazos y la miró severamente; su hija le dijo que había terminado con Sembonzakura, pero nunca le dijo de esa nueva relación y ahora lo presentaba así, ¡su padre se enteraría de eso!

― ¿Podemos por un minuto olvidar que no te conté y pensar que es una persona que perdió el conocimiento? ―preguntó la joven, rodando los ojos―. ¡Ay!

Lefiya había jalado un mechón de su cabello porque odiaba esos gestos de su hija, ¡ella no la había educado así! Pero tenía razón, no sabían por qué se había desmayado.

― ¿Sufre de alguna enfermedad o algo? ―preguntó mientras colocaba su mano en la frente del chico, comprobando que no tenía fiebre. Escuchó la negativa de su hija y se concentró en cómo se veía, tenía ojeras, rastros de lágrimas. ¿Un asalto? No, esas ojeras eran muy negras como para ser de hace unos momentos y no presentaba rastros de una pelea física―. No creo que haya sido algo grave, mi diagnóstico es que está agotado.

Tobiume achinó los ojos, no creyéndole, ¿qué clase de enfermera era su madre? Al ser notada, otro mechón de su cabello sufrió las consecuencias.

―Te sacaré esas malditas costumbres ―dijo tenebrosamente la mujer, asustando a la joven.

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Toushiro se despertó y notó que estaba solo. Se mantuvo un rato acostado mirando la pared. No entendía nada de lo que sucedía, ¿por qué su papá no estaba? ¿Por qué su mamá estaba tan triste? ¿Por qué todos le mentían y creían que él no se daba cuenta?

Luego del día en que fueron los padres a su escuela, sin querer espió una situación que ahora podía comprender mejor. Estaba volviendo del baño al aula, cuando escuchó un llanto y al acercarse se escondió al notar que Orihime-sensei ya se encontraba allí. Su compañero lloraba porque decía que ese día iba a ir su tío y no su padre, porque este había muerto, Orihime-sensei lo había abrazado y le decía que esas cosas pasaban, que la muerte era parte de la vida y que algún día se reunirían en el cielo, mientras tanto tenía que seguir adelante junto a las personas que amaba; que el dolor siempre iba a estar pero a los que se van hay que recordarlos con una sonrisa porque ellos los observan desde el otro mundo y se pondrían tristes si los vieran mal.

Su madre le había dicho algo similar, que ahora su abuela los cuidaba desde el cielo. Ya habían pasado unos días de su funeral, donde la vio por última vez, pero todos seguían tristes. ¿Acaso era su misión enseñarle a los adultos eso que olvidaban cuando estaban tristes? Tomó su cabeza entre sus manos, estaba tan confundido… ¡ojalá Orihime-sensei estuviera allí!

Fue hasta la habitación de su madre para verla, pero no estaba allí. Fue a su habitación, tampoco. Antes de bajar miró de soslayo la habitación de su abuela, pero se negó a entrar. Bajó y por suerte encontró a su mamá, pero esta estaba dormida en la mesa de la cocina. La sacudió un poco hasta despertarla, esta lo miró con tristeza y se sorprendió al verlo sonreír.

―Hay que sonreír, o la abuela se pondrá triste en el cielo ―dijo convencido de ello. Pero pronto se arrepintió, su madre volvía a llorar. ¿Qué debía hacer?

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Sus ojos se abrieron y lo primero que notó era el desconocido techo, trató de levantarse y sintió una fuerte puntada en la cabeza, entonces recordó que se había desmayado, seguramente había golpeado su cabeza contra el suelo. Se sentó lentamente y miró confundido la manta que lo cubría y el lugar, no tenía idea de dónde estaba.

― ¡Ah! ¡Mamá, papá, ya despertó! ―gritó Tobiume al verlo, él tardó en procesar sus palabras hasta que los dos adultos se hicieron presentes―. Hyorinmaru-kun, ¿cómo te sientes? ―preguntó preocupada.

― ¿Te sientes mareado? ¿Recuerdas quién eres?

―Lefiya, no seas exagerada. Siempre preocupas a todos con esas preguntas ―le regañó el hombre presente, el cual tenía un parecido muy notorio con su hija―. Déjenlo respirar.

Ambas mujeres hicieron un puchero pero se apartaron, diciendo que irían a preparar la cena y el baño para el chico.

―A ti te tratan mejor que a mí ―sonrió el hombre, borrándola automáticamente para cambiar a una mirada amenazadora―, soy amable porque la situación así lo requiere, pero no creas que seré blando contigo, estás saliendo con mi pequeña después de todo.

Esa noche fue muy rara. Primero prácticamente fue obligado por su suegro a avisarle a su madre que estaba allí y que luego de cenar iría a su casa, el hombre no contemplaba ni dejarlo dormir en el tapete de la puerta fuera del departamento. Después fue obligado por su suegra a bañarse, pudiendo observar de reojo cómo Tobiume cocinaba, ¿acaso lo estaba haciendo sin ayuda? Durante el baño eso se apoderó de sus pensamientos, ella era increíble, él ni siquiera podía hervir agua.

Al salir del baño, la madre de su novia lo llamó hasta la habitación más cercana que resultó ser la matrimonial, allí también se encontraba el padre de la chica. Ambos se veían serios y temía que la charla se tornara muy incómoda.

―Hyorinmaru-kun, ¿verdad?

―Hyorinmaru Hitsugaya ―se presentó e hizo una reverencia, avergonzándose al no haberlo hecho antes.

―No es necesario eso ―dijo Lefiya, restándole importancia con una seña de mano―, cuando llegaste tenías un golpe en la cabeza, ¿te peleaste? ¿Huiste de casa?

―No, no…

La habitación quedó en silencio, el cual fue interrumpido por el suspiro del hombre.

―Ella es mi esposa, es una metida en los temas que no le incumben, se llama Lefiya Fernandez ―habló el hombre, cruzando los brazos e ignorando los reclamos de su esposa sobre su apellido―. Yo soy Arata Matsushita, y si te vas a comportar igual de confianzudo como el otro novio de Tobiume, ya te voy diciendo que nos llevaremos mal ―sentenció―. Ahora, no me importan tus problemas, no te quedarás a dormir aquí nunca, a menos que vea un anillo en el dedo de mi hija, y si eso pasa…te mataré. Tobiume y Lefiya son solo mías, ¿entendiste?

Por primera vez en toda esa semana, Hyorinmaru rió.

Tras aquella peculiar escena todos fueron al comedor, donde Tobiume ya había servido la cena, se veía bastante contenta con el resultado y no era para menos, la comida tenía muy buena pinta. Y al probarlo todos comentaron su buen sabor, Lefiya no paraba de alagar a su hija mientras que Arata le presumía a Hyorinmaru lo buena que era su hija para esas cosas. Todo transcurrió en paz y se hablaron temas sin importancia, nada relacionado a él o sus asuntos, y él lo agradeció internamente.

El tiempo fue pasando y pese a las protestas de Arata, Tobiume acompañó a Hyorinmaru hasta la estación de bus que lo llevaría a casa. El chico estaba agradecido, no sabía si podría estar mucho tiempo bajo la mirada incriminadora de ese hombre.

―Tu papá parece odiarme ―comentó, para tener un tema de conversación. La chica rió un poco y luego cruzó ambas manos tras su espalda, miró al cielo y con una mirada que nunca había visto en ella, contestó.

―La verdad, se ve que le agradaste mucho. Eso me alivia ―confesó feliz.

El chico de azules cabellos la miró sin entender, no había hecho nada particular para caerle bien, tal vez comparado con Sembonzakura…sacudió su cabeza, no quería pensar en eso y menos preguntárselo a Tobiume. Su relación apenas se había arreglado y no quería traer temas del pasado al presente.

―Es aquí ―le alertó la chica, que de no ser por ello él seguiría caminando. Ella agachó su mirada y él supo que la estaba preocupando, no quería hacerlo y esta vez su mente no rondaba nada malo―, si quieres siempre serás bienvenido en mi casa, solo no te aparezcas y te desmayes a unas cuadras que cuesta subirte. El fin de semana quedé con una amiga para salir a merendar, ¿quieres venir?

Hyorinmaru se le quedó mirando, ella pareció incomodarse porque le esquivaba la mirada, cosa que él aprovechó para abrazarla de repente. Lo necesitaba, cuando estaba tan cerca de ella una tranquilidad abrumadora lo invadía y eso era lo que le hacía falta ahora. La castaña le correspondió el gesto, tenía tantas ganas de preguntar qué sucedía, pero su madre le había advertido que no lo hiciera, porque podría ser un tema que ella no sabría manejar, lo cual era lo más probable.

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Al llegar a casa encontró a su madre esperándolo con un café a medio tomar. Se quedaron mirando y esta le sacó la lengua para romper el hielo, el chico la imitó y fue rápidamente reprendido. Su madre era una hipócrita, lo retaba por hacer lo mismo que ella.

―Lo diré ahora, no pienso ceder a ninguno de ustedes dos ―dijo la mujer, que parecía bastante recuperada, ¿cuánto tiempo se había ido? ―, ya se lo pregunté a Toushiro y él quiere quedarse conmigo, ¿y tú? ―. Él iba a responder inmediatamente, ¿acaso su madre creía que en esos momentos quería pasar más tiempo con su padre? Pero ella no le dejó hablar―. Yo debo volver a Siberia.

El corazón del chico se estrujó fuerte, recordaba esa amarga sensación al tener que separarse de sus amigos cuando era niño, pero ahora era más grande y tenía una relación con Tobiume que no quería romper, porque creía que tenían un gran futuro por delante. Su respiración se agitó. ¿Quedarse con su padre para estar con la chica que quería, o irse con su madre para estar con su familia?

―No tienes que responder ahora ―dijo Chikako en un hilo de voz, se pasó el antebrazo por sus ojos y los frotó, estaba llorando―, en Siberia no tienes nada y aquí tienes mucho. Yo aquí no tengo casa, la de Siberia es mía según el divorcio. Por eso…si quieres quedarte, lo entenderé.

Las risas y alegría que había experimentado momentos antes, la tranquilidad que sintió al abrazar a su novia, todo eso parecían días lejanos ahora, donde en su joven vida tenía que tomar una decisión devastadora.

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El día en que se firmarían los papeles del matrimonio ya había llegado. Chikako fue acompañada de sus dos hijos, los cuales ya estaban al tanto del tema, uno que parecía marcar un antes y después en ellos. Toushiro dejó de sonreír, no importaba lo que hicieran, él no sonreía y se mostraba serio, frío, no se contemplaba odio pero sí una inmensa capa de hielo con la que quería disimular su tristeza. Por otro lado, estaba Hyorinmaru, quien había tomado una decisión que lo separaría de las personas que amaba, todo por seguir ciegamente el amor hacia su novia.

En ese lugar se encontraron, su padre había tenido la genial idea de llevar a su nueva pareja y a su hija. Chikako se sorprendió de los gustos de su aún marido, esa mujer era prácticamente igual a ella, aunque sí se veía de su edad; no como ella. La llamada Millia tenía el cabello blanco y los ojos celestes, su piel era blanca y se le podían notar ya algunas arrugas, aunque no dudaba de que en su juventud fuera una belleza. Por otro lado, inspeccionó a la hija de esta, tenía los mismos rasgos que su madre pero las expresiones las había heredado de Minho, por eso tras su seriedad podía ver la incomodidad que le suponía estar allí presente. No hubo presentaciones, solamente un intercambio de miradas entre los presentes y luego la espera de la división de las pertenencias, la tutela de los niños y la debida pensión que cada uno suponía.

En medio de esa agobiante mañana, mientras sus padres se encontraban dentro del estudio de los abogados, Hyorinmaru se encargaba de su hermanito, quien no quería jugar y parecía una estatua de hielo.

― ¿Por qué quieres quedarte aquí?

La voz de la chica, de su hermanastra, lo sacó de su tarea de molestar al menor. Ambos la miraron y le hicieron un desprecio, no querían hablar con ella, pero Hyorinmaru era grande y debía ser político, después de todo vivirían juntos.

―No es de tu incumbencia, hermanita.

―No me llames así, puede que compartamos sangre pero nunca seremos hermanos.

―Eres una Hitsugaya te guste o no ―retrucó con burla el chico, doliéndole darle su apellido.

―No, yo soy una Shirayuki, jamás cambiaré mi apellido por el hombre que nos abandonó ―sentenció Sode, sosteniéndole la mirada al chico.

Entre ellos había un odio injustificado, pero sin saberlo, compartían algo más o mejor dicho, alguien más.

Continuará…

Y así, Sode y Hyo son hermanos ahora eoe ¿se lo esperaban a eso? ¿Cómo reaccionará Tobiume ante el odio entre estos dos en ese "fin de semana"? ¿Eso influirá en la decisión de Hyo al quedarse? ¿Nuestro amado Shiro quedará traumado de por vida? Debía justificar su personalidad al crecer, no me odien XD espero que les haya gustado :D salió un poco más largo (y sad) este cap n.n espero sus opiniones, en el próximo salen nuestras otras tres protagonistas, ¿cómo reaccionarán al saber que Shiro se va? ¿Y ustedes cómo reaccionaron?

Espero sus reviews.

¡Ja-ne!