Disclaimer: Aquí va el triste lamento de que nada es mío.
Novia imperfecta
por MissKaro
Capítulo 9
La atención viene de diferentes formas
Kotoko y él se dirigían a la escuela y ella parecía más vivaz de lo habitual, avanzando en saltos, haciéndola parecer una niña. Ese día, sintiendo dolor de cabeza desde levantarse, más que el que sintió la noche anterior, Naoki no encontraba con mucha aceptación ese ridículo y pueril actuar.
—Si caes y te lastimas, no pienses que voy a ayudarte —comunicó bruscamente, masajeándose el puente de la nariz.
—¿Estás bien? —cuestionó Kotoko en forma de grito, deteniéndose frente a él, con la cara ladeada a la izquierda. Una parte de su cabello, sujeto en una infantil cola alta en la parte derecha de su cabeza, cayó como una cortina a su cara, que ella apartó con un movimiento de su mano.
—Fastidia que grites —dijo y la rodeó para continuar su camino a la escuela, pensando, por primera vez, que era afortunado fuese el último día de clases de la semana.
Ella lo alcanzó rápido y anduvo a su lado, adelantándose un paso a momentos para verlo a la cara, que él ignoraba, aunque notaba, porque dos veces estuvo a punto de tropezar con ella y porque una de ellas Kotoko estuvo muy cerca de una señal de cuidado en una alcantarilla. Solo le faltaba que ella se accidentara y verse envuelto en un circo mediático.
—Tus ojos en el camino, torpe —espetó con las sienes latiendo, ya más cerca de la estación del metro.
Kotoko se sobresaltó y luego encogió los hombros, asintiendo. Siguió en silencio y, afortunadamente, llegaron a la estación cuando el transporte hacía su llegada. El ruido allí presente le causó incomodidad, pero supo que no sería fácil ignorarlo.
Esperaron a que saliera la gente y entraron al vagón; miró con fastidio que Kotoko iba con la cabeza baja y se alejaba de él, como si no recordara las veces que anduvo incómoda y le pareció recibir un manoseo.
—Parece que ya olvidaste —masculló aproximándose a ella, que se detuvo. La cogió del brazo y la puso frente a sí, antes de sujetarse al empezar el movimiento del metro.
Esa vez no sintió interés en leer un libro durante el camino, solo cerró los ojos al marearle las imágenes difusas del exterior, con los colores entremezclados causándole agitación en la cabeza. Los abrió después de un rato, cuando anunciaron que llegarían a la estación cerca de la escuela en unos momentos.
Al ir frenando el transporte, mecánicamente llevó la mano hacia Kotoko, quien siempre salía expedida hacia al frente a punto de golpear y molestar a la persona a su costado. La primera ocasión que pasó, un adolescente fue empujado y golpeó a una mujer sentada sujetando a un bebé, así que tuvo que evitar que su falta de cuidado dañara a otros.
El metro frenó definitivamente e hicieron su descenso. Precedió a Kotoko en la salida, mientras ella parecía inmersa en una de sus ensoñaciones comunes y se detenía en medio de la estación.
Él puso los ojos en blanco y la dejó ahí, no tardaría en darse cuenta de su ausencia, así que no debía llamar su atención.
Poco después de ir caminando en la calle, escuchó unos pasos apresurados y en el rabillo de su ojo la vio colocarse a su lado, con la respiración acelerada.
Para ese momento, ya se les unían los demás estudiantes y, los que la vieron, muchas figuras habituales a la hora, no le hicieron caso. Esa era una escena repetida innumerables veces; al principio se oían las risas, después solo veía encogimientos de hombros, ahora, sus respuestas eran la ignorancia.
Pasaron los portones de la escuela y el leve bullicio matinal le causó emitir una inspiración profunda y apretar el asa de su bolso escolar.
—¡Jinko! ¡Satomi! —exclamó Kotoko y él arrugó el ceño con su estridente grito al llamar a las dos amigas con las que a veces la veía, una chica pelinegra y otra de cabellos claros.
Las otras dos se acercaron corriendo, saludando a su novia con una sonrisa y dándole a él una inclinación de cabeza.
—¿Qué hacen aquí tan temprano? —preguntó Kotoko mientras se dirigían al edificio que les correspondía.
—Hemos decidido que veremos si algo de tu método sirve y llegamos temprano a estudiar para los finales de trimestre —dijo una de ellas, la pelinegra, no le interesaba el nombre.
Él pensó que, si Kotoko daba ese ejemplo y eran capaces de esmerarse como ella, la escuela podía asombrarse por los cambios mostrados por algunas estudiantes del F.
—Yo le dije que también podíamos intentarlo como tú —habló la otra amiga de Kotoko, de un modo demasiado femenino, y él frunció el ceño. —¿Irie-san? —Naoki le dirigió una mirada a la de cabellos claros, enarcando una ceja, porque nunca se atrevían a dirigirle la palabra directamente. Esperaba que no pidieran que fuese su tutor. —¿Crees que haya algún otro de la Clase A interesado en tener novia? —preguntó la que más realzaba su atractivo de las tres amigas, en un tono demasiado serio.
Si el dolor de cabeza le hubiese permitido reír sarcásticamente en voz alta, lo habría hecho (o no). Hasta creían que Kotoko tenía la capacidad de pensar en hacerse de un novio inteligente para que la ayudara a estudiar.
—No me interesa —respondió y devolvió la mirada al camino.
—¡Oh! —exclamó la chica.
—¡Satomi!, ¿cómo no se me ocurrió a mí! —interpeló la otra amiga de Kotoko, ahora sabía que Jinko, y él escuchó a las otras dos reír. Par de idiotas.
—Bueno, pensándolo mejor, tal vez uno del B, los del A son demasiado serios —reflexionó en voz alta la que era Satomi y él puso los ojos en blanco.
—Je, je, chicas —musitó Kotoko. Se la imaginó colorada de la cara.
—¿La biblioteca será un lugar adecuado para aproximarse a algún chico del B? —preguntó Jinko, ignorando a su novia.
—Suerte con eso —dijo él sarcástico, al llegar a su salón. Si iban a poner más entusiasmo en conseguir un chico, bien merecían ser del F. Al menos, Kotoko había admitido que quería aprender, aunque sacrificara "su tiempo" con él, que actuaba como tirano en sus tutorías.
—¡Nos vemos en la tarde! —Ae despidió Kotoko con una sonrisa y él entró sin responder, arrugando la boca en desagrado con el volumen de su voz, suspirando después agradecido del apacible silencio que había en su aula de clases.
Nada mejor para su dolor de cabeza.
[…]
Su madre rió con lo que contaba Kotoko en la mesa; Yuuki dejó escapar un insulto a las adolescentes estúpidas, que su progenitora no alcanzó a oír o lo habría reprendido; su padre, a pesar de estar más interesado en la comida, dejó escapar una pequeña risa por la emoción de su novia.
—Y Jinko y Satomi dijeron que nunca habían visto la biblioteca tan vacía —expuso Kotoko con gracia—. Decían que era muy temprano para que la visitaran los estudiantes, la próxima semana tal vez haya más gente.
Naoki bufó; unos meses atrás, Kotoko habría estado en las mismas condiciones, sin pasarse a la biblioteca a menos que estuviesen más próximos los exámenes.
—Pero Jinko y Satomi decidieron ponerse a estudiar conmigo, aunque Kin-chan estuvo diciéndonos que no nos estresáramos con los próximos exámenes, y que si salíamos mal podríamos compartir las clases de regularización en verano. —Un comentario que Naoki bien podía imaginarse del idiota—. Yo no quiero ir a la escuela en verano —terminó Kotoko con una cara de sufrimiento.
—Kotoko-chan, saldrás bien, has estado estudiando mucho con onii-chan —consoló su madre con una sonrisa, dándole una palmadita a la mano de su novia.
—Sí, no hagas que mi onii-chan haya perdido el tiempo —añadió Yuuki, llevando de mala gana la comida a su boca.
Naoki se sorprendió un poco, porque a pesar del insulto, era una pequeña muestra de apoyo.
Kotoko se levantó y se acercó para abrazar a su hermano, que trató de huir alejándose de sus brazos, mientras los adultos reían. —Te demostraré que tu onii-chan no desaprovechó su tiempo, otouto —proclamó apretujando a Yuuki, que se sonrojó por el bochorno, pero brincó al escuchar el modo en que su novia se refirió a él.
Él llevó un poco más de arroz a su boca y encontró que no podía más, no sentía ganas de comer con ese dolor de cabeza que tenía.
Dejó sus palillos y se puso en pie.
—He terminado, que aprovechen —musitó en voz baja. Observó que todos lo miraron y el intercambio entre Yuuki y Kotoko se terminaba.
—¿Onii-chan? —cuestionó su madre—. Pero si no has terminado.
—Me duele la cabeza —respondió y se alejó de la mesa. —Hoy estudias sola —le informó a su novia, que asintió sin réplica, mirándolo con el ceño fruncido.
Se dirigió a las escaleras, se daría una buena ducha y se acostaría. No le gustaba tomar medicamentos, durmiendo más de lo acostumbrado reposaría y se iría el dolor.
Por un momento, el primer escalón pareció moverse y tuvo que sujetarse del barandal. Con lentitud, empezó a ascender, sintiendo el cuerpo pesado.
Su rutina antes de dormir fue demasiado mecánica, únicamente suspiró cuando su cabeza tocó la almohada.
[…]
Al día siguiente, Naoki no se sentía mucho mejor y la iluminación de la habitación le molestó, además que sintió el cuerpo mucho más caliente que antes.
No podía ser lo que se imaginaba, era imposible que estuviese enfermo. Él no se enfermaba. Bueno, no desde hacía mucho.
La última vez que recordaba fue en el segundo grado de la escuela elemental, cuando una chica llevó el brote de varicela y la mitad del grupo, él incluido, fue contagiada, a lo que siguieron unas semanas molestas que, afortunadamente, no se repetirían en el futuro. Desde entonces, llevaba un estilo de vida demasiado saludable como para caer en las enfermedades comunes.
Sería gripe o un resfriado, en el momento tenía la cabeza demasiado embotada como para pensar en la diferencia. Solo sabía que su cuerpo dolía y sentía la garganta fastidiosamente rasposa.
La puerta de su habitación se abrió y él se cubrió con la cabeza con el edredón, recorriéndole un escalofrío con el aire del exterior.
—¿Naoki-kun? —Kotoko le habló; su voz sonó demasiado cerca, aunque no escuchó los sonidos que ella hacía al tropezarse con lo que Yuuki tenía en el suelo. —¿Se habrá dormido?
Se la imaginó con ropa deportiva para ir al club a practicar tenis, pero cerró los ojos, desinteresado en lo que ella tuviera que ver. Solo quería dormir.
—¿Naoki-kun? —Esa vez la voz de ella sonó más cerca y sintió que removía las sábanas sobre su cabeza, para sentir sus manos, muy frías, sobre su mejilla. Ella gimió y él se apartó con un escalofrío.
—No molestes —susurró cubriéndose el rostro.
—Naoki-kun, estás enfermo —dijo Kotoko, acercando su mano a su frente, que a él molestó por la diferente temperatura—. Estás muy caliente.
Ella era una genio.
—Déjame en… paz —pidió con un castañeo y despotricó en sus adentros.
Kotoko, haciéndole caso, se alejó y escuchó que la puerta se cerró fuertemente, lo que le produjo un quejido.
Se arrebujó más entre las sábanas disponiéndose a dormir.
No obstante, la puerta volvió a abrirse y oyó la voz de su madre, diciendo mil cosas sobre estar enfermo y demás que no estaba interesado en oír; Yuuki también empezó a hablar, seguramente había sido despertado por culpa de los ruidos.
Sintió que le colocaban un termómetro y miró a su madre entre las rendijas que hacían sus párpados.
—Cállense —exigió, volviendo a cerrar los ojos.
—¡Aquí están las pastillas! —Su hermano pidió silencio a Kotoko y ella lo volvió a repetir de forma más baja, aunque le zumbó también en los oídos.
—Onii-chan, toma una, para bajar la fiebre —susurró su madre. —Hice un licuado.
Él se vio obligado a abrir los ojos e incorporarse un poco en la cama, recibiendo un vaso con una bebida de sabor dulzón, que ingirió obligadamente, para luego verse obligado a sujetar la pastilla en la mano y el vaso con agua. Los tres testigos de esa ridícula demostración de debilidad de su parte, lucían iguales expresiones preocupadas, dos en pijama y Kotoko, como pensara, en ropa deportiva.
¿Por qué se sentía tan mal?
En primer lugar, era estúpido que se enfermara, con lo mucho que se cuidaba. Y era tonto que se sintiera así de mal, pues seguro era una ridícula enfermedad común. Tal vez no había descansado bien y era lo que necesitaba.
Se puso la pastilla en la boca y bebió el agua, que fue un profundo alivio para su garganta, más que la ingesta anterior. Lo tomó con ansias y extendió el vaso con algo de dificultad, para pedir más.
Kotoko, con presteza, le sirvió del líquido, que acabó de nuevo rápido. Luego, le devolvió el vaso y volvió a recostar la cabeza en la almohada.
—Te dejaremos descansar, la pastilla te adormitará —le hizo saber su madre y él hizo un gesto de afirmación, con los ojos cerrados. —Prepararé un caldo para cuando despiertes.
Él ya no escuchó más en medio de un estado somnoliento.
[…]
Cuando volvió a recuperar la conciencia, Naoki, molesto, tosió con los ojos cerrados, y captó la voz de su madre.
—Me siento tentada a quedarme… Onii-chan nunca se ha enfermado de grande, pero sé que nadie lo cuidará mejor que Kotoko-chan —dijo ella muy rápido, haciéndole fruncir el ceño. ¿A dónde iría? ¿Kotoko se encargaría de él?
Mejor que lo matara, no creía que ella fuese la mejor enfermera con lo despistada y torpe que era. Si su madre iba a salir, con que le dejara de comer y tuviera a la mano el medicamento, estaría bien. Aunque con las pocas energías que sentía, sería una ardua tarea el llevar las cosas a su boca o ir hasta el comedor. Tampoco era que sintiera hambre, pero el caldo debía ser necesario.
Su piel se erizó cuando alguien colocó un paño húmedo en su frente y lo pasó por su cara, llegando hasta el cuello. Fue, sin embargo, una fuente de confort.
—Y no parece ser muy grave —pronunció su madre más lento que antes—. Me llevaré a Yuuki para comprar el regalo que olvidé y lo checaré antes de la reunión de papá. Así no tendrás que preocuparte por él y evitaremos que se contagie. Es más peligroso para los niños.
Naoki frunció el ceño, cuando el paño desapareció. —¿Qué reunión?
—Oh, onii-chan, estás despierto —musitó su madre y él abrió los ojos, la vio al pie de la cama y giró un poco el rostro para ver a Kotoko, que tenía un cubre bocas en su cara y sostenía una toalla blanca en sus manos. —Debe ser la enfermedad, hoy es el cumpleaños de un socio de papá, yo no lo recordé hasta que ayer en la noche papá lo mencionó. No sé qué tenía en la cabeza.
Él asintió, sin gran interés.
—Tengo que salir. Kotoko se quedará cuidándote. Hice un caldo para ti. Se lo pides a ella y te lo dará con gusto —dijo su madre con mucha emoción. —Oh, desearía no tener que irme.
Cerró los ojos y, con debilidad, se puso en pie.
—¡Onii-chan! ¿Qué haces! —exclamó su madre.
—¡Naoki-kun! ¿A dónde vas? —le llamó Kotoko, simultáneamente.
Si el calor no le hubiese tenido el rostro caliente, la intromisión de ellas le hubiesen encendido la cara. Las hizo a un lado, mientras trataban de sujetarlo.
—Tengo necesidades —farfulló con mal humor y las apartó sin muchas fuerzas. Ambas lo dejaron.
Él caminó con cuidado hasta el pasillo, envidioso de sus padres con cuarto de baño en la habitación principal; se le antojaba lejos, en ese momento, tener que andar hasta el que ocupaban los demás.
Después de salir del baño, regresó a la habitación y se recostó de nuevo en su cama.
Esa vez, solo Kotoko se encontraba en el dormitorio, todavía sentada junto a donde estaba su cabeza, en su silla, entre las camas de Yuuki y él. No podía correrla, porque había tenido, milagrosamente, el sentido común de tomar una medida que podía hacer posible evitar el contagio y ésa era la excusa que habría puesto en el momento para quedarse solo.
No obstante, estaba callada y tal vez su presencia no era tan molestosa.
—¿Quieres que suba el caldo? —preguntó ella, solícita, ubicando su mano en su frente. Aquella vez, la sintió un poco menos fría.
Asintió.
Se apoyó en el respaldo de la cama y la vio salir corriendo de la habitación. Por un segundo, pensó que se derrumbaría y el caldo no llegaría al dormitorio, pero momentos más tarde, ella volvió, caminando lento con un plato de caldo humeando en una bandeja.
—¿Cuánto he dormido? —cuestionó cuando ella se propuso a dejar la bandeja sobre sus piernas, con sumo cuidado.
—Casi ocho horas, toda la mañana y parte de la tarde —contestó Kotoko y él asintió en agradecimiento. —Estábamos preocupadas por ti, más cuando oba-sama dijo que rara vez enfermabas.
Él hizo un sonido con su boca en reconocimiento, sintiendo una extraña sensación incómoda al oírla. Para alimentarse, se propuso a coger la cuchara, aunque Kotoko se le adelantó, con más reflejos al estar en sus cinco sentidos.
—Dame la cuchara —ordenó, extendiendo la palma de su mano hacia ella, aunque el gesto no parecía muy imponente al momento, con su brazo temblando a momentos.
Tosió.
—No seas molesta.
—Nooo.
—Ko-to-ko —pronunció, maldiciéndose por la falta de firmeza en su voz.
—Yo te lo daré —musitó Kotoko y la vio con los ojos brillantes.
—No, gracias —replicó secamente, después de toser, otra vez. No era un inútil, y seguro que llegaría a quemarlo al derramar el líquido.
—Malo. —Se la imaginó haciendo un puchero debajo del cubre bocas. —Pero no ganarás. Yo soy tu enfermera hoy.
Él puso los ojos en blanco y no se sintió con ganas de rebatir, más por lo determinada e insistente que se ponía ella.
Kotoko elevó un poco el cubre bocas, para después introducir la cuchara en el caldo caliente y soplar suavemente antes de acercarlo a él.
—Vamos, abre la boca, Naoki-kun —pidió ella en tono serio.
Tuvo que reprimir un suspiro de exasperación. —Cuidado… con decir esto a nadie —amenazó entre dientes y abrió la boca, a la que ella metió la cuchara con el caldo, que notó casi sin sabor.
—No lo haré —contestó ella, esbozando una sonrisa.
Kotoko volvió a introducir la cuchara en el líquido caliente y le ofreció de nuevo. Así siguió, sin derramarlo, hasta que él no se sintió con ganas de ingerir más. Además, se sentía un ridículo inútil. Alguien patético.
—Ahora te toca otra pastilla —comunicó Kotoko devolviendo el cubre bocas a su lugar y dándose la vuelta a la mesa de noche, sirviendo agua de una jarra y sacando una pastilla del frasco. —Pronto te sentirás mejor —anunció con emoción entregándole el vaso y el medicamento, que él tomó, tras un acceso de tos.
Mientras, ella quitó la bandeja sobre sus piernas y la colocó con cuidado en la cama de Yuuki.
Él puso el vaso en la mesilla y volvió a recostarse, esa vez sin sentir la necesidad de envolverse con mucha fuerza en las sábanas.
—Ahora, a dormir —mandó Kotoko y acomodó el edredón hasta su cuello, de una forma molestosa.
—No soy ningún niño —masculló, girándose para darle la espalda.
Kotoko rió y, pasados unos segundos, él volteó, viendo que se había ido a devolver la bandeja. En soledad, sintió la comisura de su boca elevarse.
Reparando en ello, cerró los ojos y se acomodó para dormir de nuevo, pensando que en verdad estaba muy enfermo.
[…]
Al despertar de nueva cuenta, con el cuarto más oscuro, indicando la noche, Naoki, sintiéndose mejor, se puso en pie recordando los sitios con los que podía tropezar, para encaminarse al baño. Antes, sintió la necesidad de cambiarse de ropa y fue hasta el cajón, sacando a ciegas sus prendas, recordando la posición de las cosas.
Con la ropa en mano, salió al pasillo y se dirigió al baño. Dentro, alivió su vejiga y empezó a lavarse con una toalla, agua y jabón, dejando su cabeza intacta en esa ocasión. El día siguiente se daría una debida ducha, por ahora, solo quería quitarse la ropa sudorosa.
El cuerpo lo sentía más agradable y el contacto con el agua tibia le fue más fresco que molestoso, pero se colocó el otro pijama de pantalón largo, para no exponerse a la temperatura de la noche. Era verano, pero la casa estaba climatizada, aunque su habitación, en ese momento, no.
Una vez vestido, se cepilló y lavó su cara, que ya no tenía el mismo tono rojizo en los pómulos, como la noche anterior. Suspiró al ver sus ojos hinchados; ya no se sentía tan mal, pero en el interior le quedaban ganas de dormir por la noche.
Dependía de cada cuerpo.
Se le escapó una tos seca y arrugó la boca; qué molestoso era.
Retornó a su habitación y se propuso a apagar la luz del pasillo antes de cerrar la puerta, pero de soslayo, con la mano en el apagador, miró a la figura junto a su cama, de la que se había olvidado.
Kotoko parecía estar en una posición incómoda. Estaba sentada en la silla, apoyada sobre sus brazos cruzados en su cama, que era un tanto baja y la hacía estar muy reclinada.
Suspiró y presionó el apagador para que la luz se extinguiera. Cerró la puerta de su dormitorio y se dirigió hasta donde ella estaba, en la penumbra que le daba a la habitación la luz que entraba por la ventana.
Removió el edredón y la sábana de la cama de Yuuki. Tanteó con sus manos a Kotoko y, aun sin mucha fuerza, la hizo apoyarse a él; ella se removió un poco, pero no despertó. La sujetó, apretando los dientes solo por esa vez, y la transportó con cuidado al colchón de su hermano, que de todas formas no creía dormiría allí, acomodándola con cuidado, quitándole las pantuflas de conejo que ella portaba en los pies. Agradecía que la ropa deportiva no molestara para dormir.
La cubrió solo con la sábana delgada, porque su cuarto no estaba muy ventilado ese día y tendría calor.
Su mano ascendió hasta el cubre bocas y se debatió entre descubrir un poco la nariz o no; se encogió de hombros, hasta el momento no le parecía molestar al dormir. Lo dejó así y estuvo por apartar su mano, pero se descubrió elevándola hasta los cabellos sedosos de ella, alcanzando la parte superior de su cabeza.
De su boca escapó un suspiro. —Gracias —susurró y apartó la mano, alejándose para acostarse.
Apoyó la cabeza contra su almohada y, antes de dormirse, le pareció escuchar el murmullo de ella pronunciando su nombre, entre sueños.
[…]
El día que acabaron los exámenes, de los que Kotoko decía estar enteramente segura de haber salido como para no ir a clases de verano, Naoki y su familia nuclear, se encontraron en la mesa del comedor, sentados mientras diferentes olores inundaban la casa, provenientes de la cocina.
—Onii-chan —él miró a su madre—, parece delicioso lo que papá Aihara y Kotoko-chan están preparando para nosotros —comentó ella con una gran sonrisa, removiéndose en su lugar de la excitación.
Él devolvió la mirada a su libro con los hombros encogidos.
—Mamá, tiene que ser muy bueno, Ai-chan es un excelente chef. Recuerdo que cuando estudiábamos hacía platillos excelentes, ahora que han pasado años y tiene su próspero restaurante, debe ser mejor —apreció su padre, que seguro debía de estar salivando por comer.
—Y Kotoko-chan lo acompaña —agregó su madre.
Naoki puso los ojos en blanco, Kotoko había dicho una vez que nunca había cocinado, seguro que ese detalle su madre lo desconocía.
—No creo que esa tonta pueda hacer un platillo decente —opinó Yuuki con una risita, que hizo reprimir una sonrisa a Naoki, porque tenía la leve sospecha que era cierto, pero no lo diría en voz alta, hasta comprobarlo.
—¡Yuuki! —reprochó su madre en voz alta. —¡No hables así de Kotoko-chan!
—¡Familia, la comida está lista! —anunció Shigeo-san con emoción desde la cocina, y comenzó a salir con varios platos acomodados en sus brazos, como un mesero profesional haría.
Kotoko, detrás de él, lo seguía, sorprendentemente, cargando varios platos, también. Una habilidad extraña en alguien torpe.
Él dejó su libro detrás de la silla.
Pronto, la mesa estuvo llena de platillos y cuencos con comida japonesa tradicional, de buen aspecto y olor, que no sabía cuál escoger. Los vio todos y luego reparó, en la esquina, un plato con un arroz de color marrón, que parecía muy recocido y no demasiado apetitoso.
Kotoko, decía a gritos.
—¡Ai-chan! ¡Es grandioso!
—Qué afortunados somos de tener esta comida de un gran chef —alabó también su madre y el pecho de Shigeo-san se hinchió de orgullo por los halagos a su arte culinaria.
—Es la forma de agradecerles tenernos en casa. Qué mejor que una buena comida para todos ustedes.
—Oh, Ai-chan, no tienes que agradecernos —replicó su padre—, para eso estamos los amigos.
—Sí, somos una gran familia —sumó su madre, con una sonrisa deslumbrante. Le guiñó un ojo a él—. Y estamos muy felices de tenerlos aquí.
—De cualquier manera, es una forma de mostrarles nuestro aprecio. Es algo que pueden encontrarse en el restaurante Fugu-kichi, que están invitados a visitar en cualquier momento —dijo Shigeo-san y le hizo una seña a Kotoko.
Ella hizo una inclinación. —¡Sí! Gracias por recibirnos.
—Ya basta de agradecimientos, tenemos que probar esta deliciosa comida. —Su madre habló y se paró para sujetar a Kotoko de los brazos mientras Shigeo-san tomaba asiento. —Dime, Kotoko-chan, ¿cómo ayudaste?
—Oh —Shigeo-san dejó escapar una risa, mientras Kotoko parecía sonrojada. Naoki reprimió una mueca de burla. —Kotoko me ayudó a cortar algunas verduras e hizo, eh, un poco de arroz.
—¿Cuál es? —investigó su madre y él se preguntó si realmente era tan obtusa.
Kotoko señaló su gran creación y su madre la miró durante unos segundos, con ojos entrecerrados.
—Kotoko nunca ha aprendido a cocinar bien —explicó su suegro rascándose la cabeza, con rostro anonadado. Kotoko se quedó corta, entonces, analizó Naoki—. Supongo que es como su madre en eso, Etsuko no era muy buena preparando alimentos.
—No importa —dijo su progenitora—. Es algo que entre mujeres podemos solucionar —expresó su ridiculez con demasiada determinación.
Ya se imaginaba a Kotoko con horas acompañando a su madre, en la cocina. Reprimió una risotada. Si eso le libraba de su compañía.
Solo esperaba que no quisiera tener quien probara los intentos.
—Bueno. —Shigeo-san se encogió de hombros.
Ambas mujeres se sentaron y todos agradecieron con la comida.
—Probaremos un poco del plato de Kotoko para ver en qué nivel está —propuso su madre con buenos ánimos.
—¿Quieres que muera envenenado? —Se opuso su hermano, obteniendo una mirada amenazante de ella.
—Eh —Kotoko rió, con la cabeza baja—, no es necesario, no parece muy apetecible… y, ni yo lo comería, mejor me lo llevo a la cocina.
Oh, Naoki no supo de dónde vino lo que iba a hacer, pero supuso que era una manera de devolverle lo que hizo por él cuando se enfermó.
Extendió su plato.
—Sírveme un poco —indicó a Kotoko, escuchando a su hermano atorarse con la comida y toser.
—¡Onii-chan! —exclamó Yuuki, como si cometiera un delito, y refunfuñó un par de cosas ininteligibles. Kotoko alzó la cabeza con los ojos abiertos de par en par.
—No mejorará si no sabe en qué —manifestó carente de emoción. Alrededor de la mesa, todos estaban en silencio. —Tengo hambre —apremió a su novia.
Kotoko agitó su cabeza y asintió, con dudas sirviendo un poco de su desastrosa comida en el plato. Él se sirvió de otras comidas, para ingerir después y que no le quedara el mal sabor al terminar de comer lo de ella.
Finalmente, con el plato frente a sí, se preguntó si no estaría a punto de probar algo que le diera intoxicación alimenticia.
Cogió arroz con sus palillos, que estaban algo blandos y los llevó a su boca. En su lengua, lo primero que sintió fue el exagerado sabor de la sal, que lo hizo dar un respingo, junto a un concentrado sabor agridulce del condimento, del que no podía decir exactamente qué era; cuando masticó, sintió que era una especie de comida para viejos, muy cerca del puré, pero con la cantidad de sal era imposible eso.
Era deglutible, pero no bueno. Acompañado de algo sin sabor y pan, u otra cosa, sería pasable. No para repetir.
—Tiene mucha sal —observó, para que los demás continuaran comiendo, porque esperaban su veredicto.
—Muy bien, onii-chan —coincidió su madre, segundos después.
El ambiente en la mesa mejoró entonces y siguió comiendo. Al bajar la mirada, encontró que, a su lado, Yuuki lo observaba detenidamente; luego, bajó los hombros.
Ni se molestó en dedicar una mirada al frente, donde tendría las miradas de Kotoko y su madre concentradas en él.
Con disimulo, cuando acabó el arroz de Kotoko, se sirvió más agua, su vaso ya vacío.
Esperaba, en verdad, que su madre consiguiera hacerle aprender. Era horrible.
NA: ¡Oh, gente linda! ¿Ya es 10?
Mi examen se adelantó, me pareció justo hacer lo mismo con el capítulo, más teniéndolo listo. Y este me gusta.
Primero que nada, cualquier involucrado con el ámbito médico (que, al parecer, abundan por ff)... cero quejas, ¿sí? Mi papá tuvo dengue hace un tiempo y me inspiró para esto, o sea, la enfermedad no es la misma, pero era tan tentador hacer sentir inútil a Irie; calmemos a la conciencia pensando que era un virus para el que no había desarrollado los debidos anticuerpos.
Segundo, supongamos que el chico tosiendo de la enfermería, en el capítulo anterior, tuvo algo que ver (¿se regresarán a checar?).
Tercero, ¿qué mejor modo de debilitar la coraza de Naoki que enfermo? Y más con su enfermera personal. Él teniéndola de novia solo para su conveniencia y ella tan entregada.
Cuarto, sí, como pueden concluir, lo enfermé por mera venganza de mi parte.
En fin, ¿qué les parece? Y espero tomaran en cuenta pequeños detalles que pasaron aquí.
¡Ya estamos cerca del capítulo diez! ¡Qué emoción! Me he dado cuenta que los múltiplos de cinco tienen cosas importantes... ummm, así que el próximo será interesante para ustedes. Pero, no coman ansias; les tengo una agradable sorpresa, las actualizaciones serán semanales. ¡Sí! A partir de la próxima, actualizaré cada miércoles. No lo haría si de verdad no viera que les gusta. ¡Les adoro!
No obstante, cuento con sus opiniones al respecto je,je, y saber si Naoki no se ha ido desviando mucho del personaje, ¿va?
Sin nada más que decir, nos vemos hasta la siguiente semana.
Besos y abrazos, Karo.
adriana bulla: ¿La tiene muy fácil? Ja,ja, sí, pero no sería Kotoko si no se la pusiera fácil, ¿no crees? Es injusto, pero así de frustrante era en la historia :( Ojalá que se presentara alguien a darle lata, pero también soy partidaria de que por uno mismo pueden ocurrir los problemas, sin necesidad de terceros. Aunque, no revelaré nada de futuro, y no afirmaré ni negaré si tu deseo aparecerá o no. ¡Muchas gracias por tu apoyo! ¡Me encanta! Sí, sí, sí, la inspiración a todo lo que va, porfis :D - Y con gusto tenerte hasta el final; por lo menos, hasta fin de año, pienso.
