Buenos días. Aquí traigo el octavo capítulo del fic.
Resumen: Por supuesto que no esperaba más. Sabía que no le iba a dar lo que necesitaba, tenía después de todo un corazón negro. Sexo tal vez, pero hasta ahí. Y no le importaba, a final de cuentas. Pero, ¿Y si comenzaba a importarle?
Pareja: ZoroxRobin
Advertencias: Lime, lemon, no muy desarrollados o por lo menos esa ha sido mi intención. Tal vez lenguaje altisonante en algún capítulo.
Disc: One Piece no es de mi propiedad, sino del mangaka Eiichiro Oda. Escribo este fic sin fines de lucro, únicamente como entretenimiento mío y de quien se tome la molestia de leer.
Black, Black Heart
Capítulo 8: Desahogo
Red sonrió ante la provocación del espadachín. Tenía una idea bastante clara de la forma de pelear de Zoro, y sabía que su lealtad para con sus nakamas era respetada por los más temibles piratas en el mar, sin embargo eso no significaba nada para él, un mafioso a quien poco le importaban ese tipo de cosas.
Zoro lo miraba fijamente, pero un zumbido lo distrajo y a continuación, parte del muro que se encontraba tras él cayó después de un ruido de impacto muy fuerte. Entonces volvió a ver a Red. Tenía en su mano una extraña pistola, que a pesar de haberlo observado con mucha atención él no había sido capaz de percibir el momento en que la había desenfundado. Apretó la empuñadura de sus katanas.
-Eso ha sido una advertencia…sólo para que veas a lo que te estás enfrentando.
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Chopper siguió corriendo a toda la velocidad que le permitían sus piernas hasta que llegó a las escaleras para ir al segundo piso. Justo allí se encontró con Sanji.
-¡Sanji!- se detuvo- ¿Tuviste algún problema?
-En realidad no- contestó el rubio mientras comenzaban a subir al segundo piso- excepto porque fundieron la entrada…por suerte con el Diable Jamble pude debilitarla un poco y volverla a abrir.
-Menos mal. Ya sé donde está Robin, debemos buscar a los demás e irnos de aquí.
Más al llegar al segundo piso, se encontraron a Franky y Brook peleándose con una multitud de guardias. El problema allí era que parecían aparecer cada vez más y más.
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-Roronoa Zoro…es algo muy interesante el tenerte aquí, ¿Sabes? Siempre quise conocer a los mugiwaras en persona… para saber con qué clase de gente estaba ahora mi hermosa Robin.
Zoro miró de reojo a la arqueóloga. ¿Se conocían de antes? Eso era claro. Pero no quería pensar en qué tipo de relación habían tenido si al entrar él lo primero que vio fue al castaño montado encima de la arqueóloga. Sintió que se tensaba todavía más que antes. Necesitaba partir a ese imbécil en pedazos pero ya. Sus espadas reclamaban sangre.
-¿Y a ti qué te importa eso?- preguntó el espadachín, enojado, en espera de cualquier movimiento.
-Pues es que ella y yo tuvimos una relación muy íntima…si entiendes a lo que me refiero.
Zoro, si era eso posible, se enfureció todavía más. Le enfurecía sólo el hecho de pensar que Robin le hubiera pertenecido a otro hombre, pero a un hombre que además era un desgraciado como el criminal que tenía enfrente…ya era demasiado.
Sin decir agua va, y sin preguntarle nada más, se le fue encima de una forma salvaje y descontrolada. Sin embargo Red era muy rápido y lo esquivó con mucha facilidad.
Zoro se había enfrentado muchas veces antes con rivales veloces, vamos, inclusos sus diarias peleas con Sanji le habían servido de entrenamiento para semejantes situaciones, pero no pudo evitar que lo tomara desprevenido. Lo único que lo salvó de recibir un disparo de lleno fue su instinto, pues apenas pudo moverse lo suficientemente rápido para evitar que lo impactara, de modo que sólo se llevó un ligero rasguño en la mejilla izquierda. Su sangre bajó por su piel y se coló por sus labios mientras normalizaba un poco su respiración, si quería ganar esa batalla tendría que ser inteligente.
-¡Vaya! Ya desde ahora me he llevado contigo una gran sorpresa. Eres realmente ágil a pesar de tu aspecto, Roronoa. Es muy extraño que alguien pueda esquivar uno de mis disparos con tanta soltura.
Zoro escupió en el suelo la sangre que le había caído en la boca y levantó la vista hacia Red.
A continuación, escuchó tres zumbidos, uno detrás del otro con diferencias mínimas en tiempo, sin embargo se sorprendió al darse cuenta de que ni siquiera había visto a Red moverse ni sacar las pistolas. Usó sus espadas para rechazar las balas, y fue tanta la fuerza que necesitó que incluso llegó a temer que alguna de ellas sufriera algún daño.
Dejó de defenderse y comenzó a atacar, mas el veloz rival que tenía enfrente esquivaba cada una de sus estocadas con facilidad y gracia. Aquello era simplemente exasperante, eso aunado a que el espacio de aquel salón era simplemente demasiado pequeño, no se podía mover con facilidad. Además no podía utilizar el poco espacio disponible en su totalidad, ya que Robin yacía, al parecer inconciente, en la cama. Tenía que tener cuidado de los lugares en los que se movía porque podía hacerle daño. Red no tardó en darse cuenta de esto.
-Muy tierno de tu parte, Roronoa, tener tanta consideración con ella. Aunque te voy a ser franco; si fuera tú, no le prestaría la más mínima atención a esta mujer- Zoro continuaba atacándole, así que el se movía hacia atrás y hacia los lados y además hablaba con la mayor tranquilidad.
-Después de todo esto, no me sorprendes en lo más mínimo, Roronoa,- comentó Red, aparentemente decepcionado- realmente pensé que pelear contigo sería una experiencia revitalizante…pero veo que no es así.
Zoro frunció el ceño, mas no contestó nada a la provocación.
Finalmente Red le dio otro disparo de una forma un tanto más relajada, de modo que el espadachín la desvió con la mayor facilidad. Zoro envainó un momento una de sus katanas, tomó su pañuelo y lo amarró a su cabeza.
-Me interesaba saber qué tan rápido eras, conocer algunos de tus ataques…en fin. Deberías saber que ahora pelearé en serio.
-No me hagas reír, ¿El gran Roronoa Zoro, evaluando a un rival antes de enfrentarlo? Por lo que he oído de ti, pensé que preferías ser más directo.
Zoro sonrió. El pañuelo provocaba una sombra inquietante sobre sus ojos brillantes y su sonrisa sedienta de sangre.
-Usualmente, te hubiera atacado directamente desde el principio- aclaró el espadachín- pero el espacio aquí es mínimo, y no quisiera que Robin sufriera algún daño.
Red extendió en seguida una carcajada bastante siniestra que por alguna razón exasperó a Zoro todavía más que la de cualquier otro enemigo o rival que él pudiera recordar. Incluso la risa de Mihawk le era más soportable que esa.
-Todavía te preocupas por ella, estúpido- vio a la arqueóloga de reojo y siguió sonriendo de esa forma despreciable que a Zoro le provocaba despedazarlo- una mujer como ella no vale la pena tu esfuerzo, no es más que una puta.
-¡No hables así de ella! ¡Robin es una…!
-¡Una puta, eso es todo lo que es! ¿Qué no viste, cuando llegaste hace unos minutos? Me la estaba cogiendo- recalcó- y ella entró en esta habitación por su propio pie. Llegó hasta mi, me acarició, se sentó encima de mi, me besó, se dejó tocar, dijo mi nombre con esa voz suya tan sensual, incluso dijo que me amaba…
-¡Cállate, cabrón hijo de perra!
-Igual que cuando fuimos novios…deberías haber visto con qué facilidad me entregó su cuerpo, la muy zorra. Aunque en ese entonces, sólo con verla nunca hubiera imaginado que era virgen. Pero da igual, ya en ese tiempo no era más que eso, una puta sin valor alguno. Excepto por la recompensa que dan los marines por ella, claro está.
Escuchando esto Zoro no pudo menos que volver a arremeter contra él con toda la furia que sentía. No podía soportar que hablara así de ella, Robin no era así, ella no era…
No, no lo era, no se atrevía siquiera a pensarlo.
De modo que siguió atacando tratando de borrar con sus katanas cualquier resto de sonrisa que se asomara por su asqueroso y despreciable rostro.
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Nami esperaba impaciente por el regreso de los demás. Tenía listo su Clima-Tact por si necesitaba defenderse, Liena además no parecía ser la chica más valiente del mundo y por lo tanto solo podía confiar en sí misma para protegerse. Mientras tanto decidió sacarle a la joven toda la información que pudiera.
-Dime, si trabajas aquí, ¿No te pasará nada si se enteran de que no estas ayudando?
-Pues en realidad nadie tiene porqué darse cuenta. Se supone que yo estoy durmiendo, por la hora que es, y aquí nadie entra a estas horas de no ser que sea Red san quien lo ordene.
-Ya veo. Entonces supongo que cuando nos vayamos tú volverás a tu habitación y pretenderás dormir.
-Por supuesto. Pero antes para asegurarme de que no los alcancen…
-¿Sí?
Liena se había quedado pensativa. Caminó hacia los controles y abrió una especie de caja dentro de la cual había una palanca más aparte de las que ya tenía.
-Mi padre…quiero decir, Salvatore sama, mandó a implementar este sistema por si alguna vez tenían que desalojar este lugar por alguna emergencia. Esta palanca hace que las entradas a los túneles colapsen, de modo que quedan bloqueadas y nadie puede seguir a los vagones que ya partieron.
-Ya veo. ¿Colapsarás los túneles cuando nos vayamos.
-Sí. Es un gran riesgo, pero creo que va a ser necesario, de lo contrario, los seguirán.
Nami no tenía miedo de los guardias, o del mismo Red. Sabía que de ser necesario, sus amigos pelearían con todas sus fuerzas, creía en ellos. Lo malo era que ninguno estuviera cerca en esos momentos.
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Zoro seguía sin conseguir nada en contra de Red. Peor aún, apenas lograba esquivar sus certeros y poderosos disparos que ya habían impactado en varias paredes y que podían terminar destruyendo el lugar. Sin querer casi, Zoro se deslizó por el enorme hueco de la pared que daba al pasillo y así siguieron, Red disparándole a toda velocidad y Zoro rechazando las balas con sus espadas.
De pronto, Zoro sintió otro zumbido, pero a continuación no volvió a ver a Red frente a él. Lo siguiente que sintió fue un fuerte roce en su brazo derecho del que salieron varias gotas de sangre.
Entonces, en milésimas de segundo captó la presencia detrás de él. Cambió su guardia para enfrentarlo, Red sonreía ampliamente.
-Espero que no le tengas mucho afecto a ese brazo por que si sobrevives a esta pelea no lo tendrás por mucho más tiempo.
Zoro miró la herida, que le comenzaba a arder intensamente, como si le hubieran prendido fuego, pero se contuvo de hacer cualquier gesto que delatara su incomodidad. Red reía ampliamente, pero su risa se apagó cuando vio que Zoro se preparaba para lanzarse de nuevo contra él.
-Enbima Yonezu… ¡Oni Giri!-
Red apenas logró esquivar el ataque pero su pierna resultó herida; su pantalón mostró una rasgadura y una pequeña línea de sangre. Ni siquiera se inmutó, pero pareció complacido de que Zoro al fin estuviera peleando en serio.
Los siguientes minutos la pelea se vio bastante pareja. Los ataques de Zoro eran cada vez más precisos, sin embargo Red no desaprovechaba la impresionante velocidad de la que era poseedor, y asimismo, los ataques que él enviaba eran hábilmente rechazados por Zoro.
-Se necesitan más que unas pocas balas para vencerme, bastardo- advirtió el peliverde.
-Tsk…¿es eso un reto o una observación?
-No, es una advertencia- repuso antes de volver a atacarle-¡Pondo Hou!
Red volvió a esquivarle por muy poco, pero otra herida se abrió paso por entre sus ropas, esta vez más profunda que las anteriores. Zoro se dio cuenta, por su parte, de que su oponente estaba perdiendo velocidad. Probablemente estaba logrando cansarlo, de modo que con la resistencia inaudita que tenía el espadachín bien podía ganarle, siendo suficientemente listo.
El castaño seguía lanzando balazos, cada uno más destructivo que el anterior. Ya casi habían agujereado todas las habitaciones que había en ese piso, y las habían recorrido todas.
Los ataques de Zoro iban creciendo también en intensidad, de modo que aquel lugar cuando poco podría derrumbarse en cualquier momento, pero a ninguno de los dos les importaba.
Sin que ninguno de los dos supiera cómo había ocurrido terminaron en la primera habitación. Justo cuando entraban, Zoro alcanzó a darle a Red una fuerte estocada que le abrió una herida en el estómago. Red se sujetó el estómago y sus movimientos se hicieron más torpes. Zoro siguió y le mandó un cañonazo que hizo que Red perdiera el equilibrio. Zoro sabía que ya lo tenía. Sin embargo seguía siendo rápido y de un momento a otro lo dejó de ver.
Lo siguiente que vio, fue que estaba en el centro de la habitación, apuntándole a Robin. Hizo una sonrisa demoníaca que Zoro descifró: no se iba a detener lo más mínimo.
De modo que corrió y todo transcurrió ante sus ojos en cámara lenta. Se precipitó a interponerse entre la bala y Robin, sin embargo no pudo defenderse con sus espadas, cuando quiso hacerlo era tarde. Lo siguiente que vio fue un resplandor rojo y luego una sensación hirviente que comenzaba en su hombro y bajaba poco a poco por su brazo, mientras ponía una rodilla en el piso pues el impacto lo había hecho tambalear.
Había recibido de lleno la bala.
-Vaya vaya, Roronoa, de modo que ahora estamos un poco más parejos, ¿no?
Zoro se paró de un salto y volvió a arremeter contra él. Su hombro chorreaba pero aún podía moverlo…
"Chopper va a matarme", pensó mientras se lanzaba de nuevo contra él. Sabía que estaba forzando su brazo, sin embargo había hecho cosas peores en contra de su propia integridad, por lo tanto no le importaba.
-¡Tatsu Maki!- gritó Zoro al tiempo que sus brazos, funcionando perfectamente frente a Red, atacaban fuertemente contra éste; un poco turbado con la facilidad que tenía Zoro de moverse a pesar de estar gravemente herido, el castaño no pudo evadir a tiempo el golpe de las espadas, cuyos despliegues de energía habían conseguido rasgarle el pecho fuertemente, y habían alcanzado la pistola que traía en esos momentos en su mano.
Se inclinó y se sujetó la herida. Zoro se acercó a él, sabiendo que la pelea era suya. Red desapareció ante sus ojos en ese momento, y cuando el peliverde pudo ver, ya estaba a lado de Robin directamente apuntando a su cabeza con otra pistola.
Zoro se detuvo por completo.
-Ahora…- Red sonaba muy agitado y molesto- no intentes nada estúpido Roronoa, estoy demasiado cerca de ella para que puedas interponerte a tiempo si decido disparar. Ahora, atrás.
Zoro retrocedió dos pasos. La mano de Red temblaba mientras le apuntaba a Robin
-Tira las espadas.
Zoro dudó
Red sacó de entre sus ropas otra pistola y apuntó ahora al estómago de Robin, e insistió.
-¡Tíralas ahora!
Zoro tiró una a una las espadas, aunque no entendió porqué Red apuntaba también al estómago de la arqueóloga.
-Ahora no te muevas un centímetro, bastardo. O la mato aquí mismo.
Zoro frunció el ceño.
-¡Ya te dije que no me iré de aquí sin ella, cabrón!
Red se desesperó. Pensó que Zoro se intimidaría; estaba herido, desarmado, amenazado y en completa desventaja, pero aún así no dejaba de mostrar esa mirada furiosa, llena de determinación y voluntad. ¿Cómo podía mantenerse así, como si estuviera seguro de que podía hacer algo? Lo que es más, ¿Porqué lo hacía? ¿Era por ella? No tenía sentido alguno.
-¡Eres un imbécil! ¿! Cómo puede alguien tomarse tantas molestias por una zorra como ella!?- preguntó, fuera de sí, intentando mostrar burla pero sobrepasado por la seguridad que Zoro transmitía.
-¡No hables así de ella!- estaba furioso, sin importar cómo, algo tenía que hacer, algo iba a hacer para acabar con ese bastardo que se había atrevido a maltratar y de insultar a Robin…aunque ella no sintiera nada por él, aunque estuviera molesta porque él faltó a su trato besándola, aún eran nakamas, aún estaba dispuesto a dar hasta su vida por ella si era necesario…
-¡Es la verdad! ¡Nico Robin no es más que una puta! ¿Y sabes qué? No tiene ni siquiera un amante, y sin embargo ella está…
Ante los ojos atónitos de Zoro, Red calló cuando una mano morena surgida de su espalda le jaló del pelo hacia atrás, mientras otra surgida de su pecho sujetaba su mandíbula inferior, metiendo los dedos en su boca y jalando fuertemente hacia abajo.
La boca abierta tan violentamente era una imagen ya bastante grotesca, sin embargo todo empeoró cuando todavía más manos surgieron de todo su cuerpo, lo enredaron y comenzaron a jalarlo y torcerlo de formas increíbles.
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Ya habían acabado con muchos de los guardias que los estaban atacando. Ussop y Luffy también llegaron y vencieron con varios más. El factor numérico era el importante, ya que ninguno de ellos era un buen peleador que les causara mayores problemas.
-No tardarán en traer artillería pesada- comentó Sanji en una pequeña pausa donde se encontraron solos, pues los rivales habían emprendido la retirada- aprovecha para seguir buscando a Robin chwan, Chopper.
Chopper asintió y se transformó a su walk point y comenzó a subir las escaleras. Hubo un punto de éstas donde comenzó a percibir el aroma metálico de Zoro entremezclado con muchos otros. Al menos eso era un avance.
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Zoro siguió mirando, mientras Robin, con los brazos cruzados sobre el pecho, miraba a Red. Lo hizo dar vuelta de modo que sus ojos pudieran verla y tener un enfrentamiento cara a cara. Su cuerpo estaba retorcido como un alambre y se veía aterrorizado, por lo menos por lo poco que aún podía mover su rostro.
Robin tenía en su cara morena la expresión más escalofriante e inexpresiva que alguna vez le hubiera mostrado a alguien. Lo acercó hacia ella.
-Nunca volverás…a hacerme daño- susurró cuando lo tuvo tan cerca que podía percibir lo difícil que era para aquél hombre respirar. La fuerza que estaba empleando Robin era simplemente increíble, además, se suponía que los efectos de la droga que le habían administrado todavía no se pasaban, Liena le había dicho que durarían por mucho más tiempo.
De modo que ni la misma Robin supo de dónde salieron las fuerzas que utilizó para torcerlo todavía más. Se escucharon los huesos del cuerpo tronar, como pequeñas explosiones, decenas de ellas.
Lo sostuvo así hasta que los sonidos desaparecieron. Ella cerró los puños y apretó los dientes y sus ojos, y de ellos salían lágrimas. Se desahogó. Lo golpeó, lo azotó.
Finalmente, lo soltó. Red cayó al piso, desmadejado, sin forma. A su vez, Robin, completamente exhausta se desvaneció, logrando apenas sujetarse de la orilla de la cama.
Zoro corrió a su lado y la levantó, la recostó de nuevo sobre la cama e intentó reanimarla infructuosamente.
-Mujer…oi, mujer, despierta- pidió-, ¿Qué es lo que tienes?
Lo único que se le ocurrió hacer fue envolverla con una cobija, pues el frío calaba y ella estaba casi desnuda. La aferró contra su pecho y sin pensarlo la besó profundamente, aprovechando que en su inconciencia no se podía resistir. Cuánto había deseado ese contacto, poder tenerla en sus brazos de nuevo. Ella no se negaba a su beso pero tampoco le respondía, simplemente se dejaba hacer sin voluntad alguna. Zoro continuó, lo necesitaba, había estado tan angustiado por ella, aunque no lp demostrara, aunque tratara de mantenerse fuerte, hubo momentos en que simplemente el corazón se le detenía solo de pensar que pudiera pasarle algo.
Zoro separó sus labios de los de ella y deslizó su rostro por su piel, tratando de tranquilizarse con su aroma, que le decía que estaba bien, que estaba con ella. Zoro se apartó un poco, alarmado porque su temperatura no parecía aumentar y cada vez la veía más pálida y unas ojeras comenzaban a surgir en su bello rostro moreno. La levantó en sus brazos y corrió al pasillo, buscando las escaleras.
-¡Zoro, encontraste a Robin!- Chopper gritó con alegría cuando casi chocan en las escaleras.
-Si, pero está muy mal, tienes que revisarla pronto.
-Aquí no puedo hacerlo, tenemos que irnos ya- indicó el reno- así que por lo que más quieras, Zoro, sígueme y no te vayas a perder.
Y comenzó a bajar las escaleras seguido del peliverde.
Cuando llegaron al segundo piso, sus amigos estaban teniendo unos pocos problemas en contener a los guardias, que habían vuelto con grandes y peligrosas armas y con sus guerreros más fuertes.
-Mierda…- dijo Zoro en voz baja- Chopper, te encargo a Robin…tengo que…
-¡No, Zoro, ellos nos están cubriendo! ¡Tenemos que irnos!
-Pero…Chopper, no puedo…
-¡Hazle caso al tanuki, espadachín!- gritó Franky en cuanto los vio- ¡nosotros los cubriremos!
Zoro rechinó los dientes. Odiaba huir de una batalla pero esta vez al parecer era necesario.
-¡Protege a Robin chwan, alga, o te patearé el trasero como nunca en tu vida!
Esa sola frase de Sanji le hizo pensar que era cierto, no podía dejar a Chopper cuidar solo a Robin, el peligro podría salir de cualquier parte y la arqueóloga era blanco fácil en esos momentos. Solo por eso siguió corriendo con todas sus fuerzas hasta que los dos llegaron al primer piso.
Siguieron corriendo hasta que bajaron más, a una especie de sótano. Zoro dudó un poco, pues Robin era una carga valiosa en esos momentos pero de todos modos siguió corriendo detrás de Chopper.
Liena y Nami los esperaban a la entrada de los túneles.
-Corran, tienen que atender a Robin- les indicó Nami, abriendo la puerta de un transportador- este hace la ruta más corta, entren rápido.
Sin entender casi nada de lo que estaba pasando, Zoro entró rápidamente seguido por Chopper.
-¡Doctor!- gritó Liena- tome esto.
Le lanzó un frasco. Chopper lo miró un momento. Luego miró a Liena, un poco sorprendido, pero después sonrió.
-¡Muchas gracias!- y finalmente cerró la puerta.
Liena se precipitó a los controles y sujetó una palanca. Trató de bajarla, pero no pudo.
-¡Nami san, ayúdeme con esto, por favor!
Nami corrió hacia ella y jaló con todas sus fuerzas. Entre las dos lograron bajar la palanca, entonces la luz eléctrica que iluminaba el lugar sufrió una disminución, sólo un momento, y después volvió a la normalidad, mientras el vagón comenzaba a moverse por el riel. Primero despacio, luego aumentó su velocidad hasta que se perdieron de vista dentro del túnel.
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-Zoro, necesito que estés alerta mientras reviso a Robin- pidió el reno- no te preocupes, dentro de un par de horas llegaremos al barco y podré darle un tratamiento adecuado…por lo pronto…
Zoro extendió a Robin en uno de los asientos, para luego poner su mano sobre la espalda de Chopper y tranquilizarlo un poco.
-Confiamos en ti, doctor- dijo, con una sonrisa melancólica, y a continuación observó el chequeo en completo silencio. El reno dedujo rápidamente, de acuerdo con la información recibida de Liena y el vestido que Robin traía puesto, la situación en que había estado. Sin embargo la cara de preocupación de Zoro era demasiado evidente, seguramente había algo que todos se habían perdido y que sólo ellos sabían.
-Mientras tanto cuéntame cómo encontraste a Robin. ¿Qué hacía, y porqué se desmayó?
Zoro pensó un momento y luego contó a Chopper lo ocurrido, omitiendo algunas partes que pudieran de algún modo afectar al pequeño reno.
Mientras lo hacía, veía con atención a Robin. Por lo dicho por Red durante aquel enfrentamiento, quien sabe qué pasaría en adelante con ellos.
-¡Zoro, tu hombro!- Chopper lo sacó de sus pensamientos cuando terminó de revisar a Robin, apenas entonces el renito notó la herida pues todo ese tiempo se había concentrado en la arqueóloga, al igual que él.
Comenzó a curarlo rápidamente. La bala se había alojado en un lugar bastante inofensivo, la cantidad de sangre emanada era lo que la hacía ver grave. Chopper sólo tuvo que retirarla y desinfectarla, todo estaba bien, el espadachín podía mover bien el brazo. Eso y otras heridas menores, raspones y rasguños más que nada.
-Chopper. ¿Cómo está ella?
-Por el momento no lo sé- suspiró- ¿Viste a la chica que estaba con Nami hace rato? Su nombre es Liena, y es doctora. Estuvo atendiendo a Robin mientras estuvo allí. Me explicó quela tenian drogada.
Chopper sacó el frasco que Liena le había lanzado, era una muestra de la droga que le habían estado suministrando a Robin.
- El efecto es muy duradero y a partir de eso Robin no podía utilizar sus poderes. Lo que me cuentas es bastante increíble, Zoro, ella estaba demasiado debilitada como para haber vencido a Red de la forma en que lo hizo, sin embargo puedo decirte que el cuerpo humano es fascinante. Al parecer al saberse en peligro, Robin activó inconscientemente sus poderes, sin embargo esto provocó un despliegue de energia mayor del que podía disponer su cuerpo. Todo esto viene con una compensación en que la energía disminuye dramáticamente luego de haberse elevado a niveles muy altos. De ahí que se desmayara y perdiera temperatura.
Zoro suspiró, eso lo aliviaba un poco.
-Sin embargo, aún no puedo decir con exactitud qué tanto daño ha provocado la droga en su cuerpo, y necesito hacerle unos análisis para comprobar su alimentación y…- negó con la cabeza y tartamudeó un poco. Luego se aclaró la garganta- debo comprobar cómo se encuentra, eso es todo.
Chopper dejó de hablar. No tenía porqué darle explicaciones de todo al peliverde.
Después de mucho rato, llegaron al final del camino. Zoro tomó a Robin en brazos y salieron a lo que parecía una cueva. Siguieron por un camino de concreto y finalmente salieron a un lugar desde donde pudieron acceder a la playa. El frío era aún más fuerte que antes, de modo que Zoro abrazó a Robin todavía con más fuerza.
-Sígueme- Chopper caminó luego de ubicarse un poco. Luego comenzó a correr y Zoro le siguió. En pocos minutos, llegaron al Sunny y subieron a toda velocidad.
Se dirigieron a la enfermería, donde Zoro depositó el cuerpo de la morena. Chopper se puso su bata a toda velocidad y se aseó.
-Zoro, sal de aquí. Espera afuera a los demás- pidió el doctor.
Zoro, un poco turbado, asintió. Salió y se sentó en el piso, esperando fuera de la enfermería.
Pasaron varias horas, y ni Chopper salía a dar informes ni los demás llegaban. Eso comenzaba a desesperar a Zoro, quien ya se iba a levantar a buscar a los demás, cuando escuchó ruidos.
Ya estaba casi amaneciendo cuando llegaron Franky, Ussop y Brook. Detrás de ellos llegaron Nami, Sanji y Luffy.
-¿Cómo está Robin, Zoro?- preguntó Nami, quien después de todo mantenía esa mirada acusadora que desconcertaba al espadachín.
-No lo sé, Chopper lleva horas ahí y no ha dicho nada.
Todos se quedaron allí a esperar.
-¿Tuvieron algún problema?- preguntó Zoro a Luffy. El moreno sonrió.
-No, sólo que se armó un alboroto y se nos fueron todos encima. Pff, eran cientos, Zoro, debiste haberlo visto.
-Hubiéramos llegado antes, pero estuvimos horas buscando a este pequeño estúpido de goma- comentó Sanji dandole a Luffy un coscorrón- cuando vencimos a todos, se le ocurrió que era buena idea buscar algo de comer. Imagínate todo lo demás.
Zoro sonrió ligeramente, mas no dejaba de estar preocupado, muy preocupado.
Sin embargo no pasaron ni diez minutos cuando Chopper salió de la enfermería. Al principio estaba serio, pero al verlos a todos sanos y salvos tuvo que sonreir.
-Robin se encuentra estable- sonrió- conseguí contrarrestar la droga que tenía en su cuerpo. Me tardé porque tuve que hacerle muchos ajustes a las fórmulas de los medicamentos, no quería que le hicieran daño.
Chopper se silenció cuando vio la cara de interrogación de los demás, había hablado demasiado así que cambió de tema rápidamente.
-Ella necesita descansar mucho así que por ahora se quedará en la enfermería. Podré permitir visitas hasta que esté conciente y pueda hablar con ella de algunas cosas.
Nami sonrió y dio un suspiro de alivio.
-Bueno, entonces creo que todos sabemos lo que eso significa, ¿No? A dormir, que lo necesitamos.
De modo que ya todos más tranquilos, se fueron a dormir.
Zoro no estaba tan tranquilo como los demás. ¿Qué había ocurrido con Robin mientras estaba allí? ¿Red le había hecho algo peor? Decidió entonces que lo mejor que podía hacer era esperar a que ella despertara. Ahora sí, esa era su última señal de que necesitaba hablar con ella y aclarar toda esa situación de locos de una vez por todas.
Continuara…
Odio poner a los personajes femeninos en situaciones de princesa en problemas, pero la historia era así y por eso deje que Robin lo fuera, es como un gusto culpable TwT quizás fue por eso que decidí que fuera ella quien acabara al final con Red.
Lamento si la pelea no me salio bien narrada, la verdad es que ese no es mi fuerte pero hice lo mejor que pude.
Gracias por leer, hasta la próxima
Aoshika October
