Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi,al igual que la historia original e idea original.

INSTINTO

Por: Pinkipick

Capitulo: Respuestas

Una de mis orejas perrunas dio un respingo al sentir algo caliente chocar en ella con mucha suavidad.

Abrí los ojos con lentitud y con pereza extrema. Estaba tan relajada… Era como si mi cuerpo hubiera estado luchando sin parar durante horas y ahora hubiera despertado después de una buena dosis de descanso bien necesitado. El chisporroteo del agua de la cascada se escuchaba a lo lejos, haciendo un leve eco agradable en todo el silencio de la cueva.

Inspiré profundamente, pegando un poquito más la nariz a su torso para poder inhalar mejor su efluvio. Bosque, césped mojado, roble, rocío, miel, lirio... Su olor era delicado, fresco, totalmente inusual para ser un demonio lobo. O bueno, quizás era que yo ya no lo encontraba desagradable.

Pasé con mucha suavidad y delicadeza mis dedos por encima de su pecho, con cuidado de no dejarle ningún rasguño con mis garras.

-Has dormido mucho -afirmó en un murmullo grave. Elevé la vista hasta encontrarme con la suya. Me extrañó ver sus ojos ahora de color esmeralda, su color original en vez del negro al que estaba acostumbrada a ver -. Podría haberte matado -sonrió de lado mostrando uno de los colmillos superiores, son suficiencia-.

Sus dedos subieron por mi espalda desnuda, provocándome un escalofrío al sentir sus garras acariciándome, como dando veracidad a sus palabras.

-Pero no lo has hecho -me mofé con retintín, volviendo a posar los ojos en mis dedos que aún seguían paseándose por su pecho -. ¿Nos has tapado tú? -pregunté con curiosidad al darme cuenta de que una manta de pelo también gris claro nos tapaba a los dos.

Soltó un bufido, poniéndose el brazo libre detrás de la cabeza a modo de almohada y elevando la vista al techo rocoso de la cueva, con la mirada perdida.

-Claro, serás tonta... ¿quién si no? -me encogí de hombros y al ver que quitaba su atención de mi aproveché para escudriñarlo con disimulo.

Su cabello ébano como la noche estaba esparcido sobre las mantas, contrastando con el mío blanco. Me mordí el labio al darme cuenta de que lo llevaba suelto... seguramente se le habría soltado en medio de... Volví a morderme el labio, sintiendo como los recuerdos recientes atacaban mi mente con fuertes punzadas. Su flequillo revuelto tapaba casi toda su frente y parte del rostro por culpa de los mechones rebeldes, y su nariz, pequeña y algo puntiaguda hacia juego con sus orejas demoniacas. Fui bajando la mirada hasta posarla en su cuello, donde se podían identificar con dificultad pequeños mordiscos y arañazos hechos por mí en un tono rosado, a punto de cicatrizar. Volví a morderme el labio otra vez. Su torso también tenía algunos rasguños a punto de desaparecer pero no le preste mucha atención a eso cuando mis ojos hambrientos se pararon en su pecho musculoso, marcado y definido, mirando cómo subía y bajaba con pasividad a causa de su respiración.

Bajé mis dedos hasta sus abdominales marcados, bordeando con mucha delicadeza su definición y ombligo. Apretó la mandíbula con fuerza por la caricia, removiéndose un poco de debajo de mi cuerpo y deteniendo el movimiento de sus dedos para cogerme firmemente de la cintura, aprisionándome contra él.

Seguí con la caricia, bajando muy despacio hasta llegar el borde de la manta que le cubría hasta las caderas, tapándole el resto del cuerpo.

Sus dientes crujieron y yo volví a morderme el labio con más fuerza.

Su mano, que estaba descansada en un firme agarre sobre mi cintura, descendió por mi costado hasta posarse sobre mis muslos, pasando con sigilo por mis caderas. Di un respingo cuando apretó con fuerza uno de mis cachetes, comenzando a girar su cuerpo hasta estar de costado, quedando frente a mí con un color de ojos más conocido.

Sin mediar palabra y sin previo aviso, se abalanzó sobre mi cuerpo con una fiereza y un ímpetu enérgico cuando nuestros ojos se conectaron. En un rápido movimiento se posicionó arriba de mi cuerpo, haciendo que la manta de nos cubría resbalara por nosotros sin poder evitarlo.

Gemí cuando comenzó a darme pequeños mordiscos en el cuello, apoyándose ya en su brazo para no poner su peso encima de mí mientras que con el otro, hacía más firme su agarre.

-Eita –le llamé entre jadeos. Si seguía así sería incapaz de detenerle a tiempo, pero me ignoró y siguió concentrado en lo suyo -. Eita… -pegó su cadera a mi cuerpo, enseñándome, o bueno, mejor dicho, haciéndome sentir su… totalmente para otro asalto. Gemí, provocándole una risita por mi reacción –Para, en serio. –mi voz sonó más débil de lo que hubiese querido.

-Tu olor no me dice que pare… -contratacó sin apartase ni un centímetro. Quitó su mano de mi cachete y la coló hasta mi entrepierna. Jadeé sonoramente, teniéndome que agarrar a sus hombros por el contacto –Y esto menos… ¿ves? –sacó la mano de entre nuestros cuerpos, parándola frente a mi vista, abandonando mi cuello y dedicándome una mueca de plena satisfacción.

-Eres un idiota, y un imbécil… -aparté la mirada hacia un lado, acalorada. Pero tenía razón. No sabía lo que le pasaba a mi cuerpo cuando él estaba cerca. Simplemente se incendiaba, no había más. Los instintos primarios se me encendían a la mínima, y más ahora, que ya había tanteado lo que se podía sentir. Sonrió con suficiencia y le miré ceñuda. Estaba claro que estaba riéndose de mí en mi cara por las reacciones totalmente involuntarias de mi cuerpo. Le pegué un manotazo en el brazo, obligándole a salir de encima de mí para estirarse de nuevo bocarriba. Protestó, pero antes de que volviese a la posición, me incliné hacia él, poniendo parte de mi peso en su torso para inmovilizarle y teniendo cuidado de taparme el pecho con uno de mis brazos para que no se viese más de lo necesario. Se percató y levantó una ceja. Volví a mirarle ceñuda -¿Algún problema?

-Sí, que eres muy boba. Hace unas horas te tenía a cuatro –no le di tiempo a terminar.

-¡Cállate! –grité tapándole la boca. Bastante vergonzoso era hacerlo como para que ahora lo dijese en voz alta. ¿Es qué era tonto o qué? –Bien, escúchame –dije con firmeza, captando su atención. Paró de protestar, quedándose quieto de nuevo, expectante -. Si quieres continuar con lo que has comenzado, -tragué saliva solo de pensar en lo que estaríamos haciendo ahora si no le hubiera detenido –tendrás que responderme a unas cuantas preguntas. ¿De acuerdo?

Se quedó callado unos instantes. Finalmente asintió, no muy convencido.

Suspiré, dando gracias a los dioses. Estaba segura de que había aceptado porque sólo le interesaba continuar con la racha de sexo desenfrenado. Y para que engañar, yo también quería seguir, pero primero aprovecharía la oportunidad para enterarme de todo y resolver todas las dudas de mi cabeza.

Le quité las manos de la boca con cautela, mirándole amenazadoramente para que no abriera el hocico. Me acomodé de costado, poniendo el codo en las mantas y apoyando la cabeza sobre la mano. Eita hizo lo mismo, por lo que nos quedamos en la misma posición frente a frente. La manta volvió a moverse por inercia, por lo que en un rápido movimiento la aprisioné contra mi cuerpo, tapándome hasta el cuello.

Negó con la cabeza al ver mi reacción, pero también aprovechó para acomodársela de nuevo sobre sus caderas. Bien, así no tendría distracciones. A parte de tenerle en frente con el torso descubierto, enseñándome directamente ese cuerpo… Tragué saliva, intentando mantenerme firme.

-Vale, primero quiero saber por qué me mentiste al decirme que no recordabas quien era –ea, ahí iba la primera pregunta.

Endureció el rostro, algo incómodo.

-No te mentí, no sabía quién eras.

Zurcí el ceño.

-No me mientas. Si lo haces, no volverás a tocarme –le dije serena pero contundente.

Arrugó las cejas, pero se rindió ante la amenaza. Sonreí interiormente. Esto de tener el control sobre él… me estaba comenzando a gustar.

-Te reconocí mucho antes de verte aquel día en que estabas en el claro con ese amigo tuyo–cerró los parpados con desagrado, escupiendo la palabra "amigo" con veneno -. Pero me pareció más apropiado fingir.

No pude evitar mirarle incrédula.

-Si sabias que era yo… ¿por qué no te limitaste a decírmelo y ya? –si hubiese pasado así todo habría sido más fácil, estaba segura.

-Todo pasó de improvisto –apretó el puño con fuerza, arrugando las cejas otra vez -.

-Pero a ver –se sentó de golpe, dejándome con la frase a medio hacer y sin entender absolutamente nada. Lo único que había en mi cabeza era teorías y respuestas incoherentes que no tenían nada que ver entre sí.

-¡Deja de hacer preguntas! ¿Quieres? Me estás poniendo nervioso. Te lo contaré yo, desde el principio, y no quiero que me interrumpas –gruñó molesto con el puño cerrado y levantado. La paciencia no era su punto fuerte. Le miré enfadada, ¿pero quién se creía que era para hablarme en ese tono? Pero permanecí callada, a la espera de que diera comienzo a su explicación.

Cogió aire, elevando las rodillas por debajo de la manta y apoyando sus brazos en ellas. Yo permanecí quieta, observando como ponía sus ojos en sus ahora manos entrelazadas.

-Recuerdo todo, -comenzó a decir –recuerdo que cuando éramos pequeños nos volvimos inseparables. Incluso recuerdo todavía en cómo nos conocimos –contuve el aliento sin poder evitarlo -. Creo que fue a los cinco años, y estuvimos cada día pegados hasta que aproximadamente tuvimos doce o trece años –endureció el rostro, entrelazándose los dedos -. Por suerte no coincidí con ese estúpido humano, si no, lo habría matado en ese entonces.

-¿Cóm… -giró el rostro bruscamente, mirándome muy amenazadoramente para que me callase. Apreté los labios, conteniéndome las ganas de hablar.

-Cuando él volvió –dijo refiriéndose a Ganku y volviendo a posar la vista en sus manos. Cogió aire -… no me marché precisamente por eso, -respiró hondo, cuadrando los hombros – me marché porque cuando crecimos, comencé a sentir una especia de instintos hacia a ti. –Entreabrí los labios para dejar escapar el aire de mis pulmones por ellos. Todo esto… era demasiada información. Información demasiado sincera –Comenzaste a cambiar, y pasaste de ser una niña a ser una adolescente, pasando por todas las etapas que eso conlleva, -volvió a mirarme, pero ahora con una sonrisa picara en los labios –y claro, yo también.

Recordé sin poder evitar el día en que se fue, sin dejar rastro alguno, dejándome un vacío muy hondo… pero que luego, fue llenado por Ganku al volver de su primer entreno de exterminador.

-Sí, de eso me acuerdo. Podrías haberte despedido por lo menos –le bufé con algo de rabia.

Se encogió de hombros.

-Estar a tu lado era una tortura, por eso decidí marcharme. Eras mi compañera de luchas y entrenos, sólo eso. A parte que me caías fatal, y aunque teníamos beneficios al juntaros para entrenar y todo eso, tu olor me era repugnante. Y lo sigue siendo –soltó una risita y yo levanté una ceja.

-Te he dicho que no me mientas.

Volvió a reír, negando con la cabeza.

-Vale, vale, ahora tu olor no me resulta desagradable, es más bien embriagante –se sinceró. Por lo visto le ocurría lo mismo que a mí, ya no lo sentía repugnante, sino todo lo contrario como si tu olor me llamase, como si me dijese que eres necesaria para mí, no lo sé muy bien… -suspiró –Ahora sólo me estoy dejando llevar por él –volvió a removerse los dedos, algo incómodo con la situación mientras yo solo me dedicaba a escucharle atentamente -. Al principio, luego de volver a vernos, no quise admitirlo, pero fue tu aroma quien me avisó de algún modo la situación en la que estabas. Y no iba a permitir que ese te besara, por eso corrí todo lo que daban mis piernas hasta interrumpiros –apretó la mandíbula -. Si hubiese llegado unos minutos más tarde, lo habría matado.

Me incorporé hasta quedar sentada a su lado. Lo miré incrédula, con los ojos muy abiertos y con la mandíbula desencajada.

-Enton- Entonces… ¿lo hiciste a propósito? –tartamudeé. Siguió sin mirarme.

-Sí, esa y las demás –volvió a endurecer el semblante -. No podía soportar que tan siquiera te pusiese la mano encima. Cuando te abrazó días después estuve a punto de intervenir, pero por suerte te alejaste y no tuve que hacer nada –aquel día… fue cuando Ganku me dijo que se marchaba y sin previo aviso me arrulló en sus brazos cuando sentí una sensación amanzánate. Mi mandíbula volvió a desencajarse -.

-Me separé de él por que sentí una sensación que me decía que debía de hacerlo… -murmuré más para mí que para él. Giró el rostro, interrogante.

-¿Quizás… sentiste mi presencia?

Me encogí de hombros, volviendo a enfocar en él mis ojos dorados.

-Puede ser… tampoco lo tengo muy claro. Sólo sé sentía una sensación que me decía que tenía que alejarme.

Nos mantuvimos en silencio unos instantes, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Adopté su misma postura, reposando la barbilla sobre mis rodillas con la mente y la mirada igual de perdida que la suya.

Mi mente volvió a volar hasta aquel día. Eita, él había interrumpido la escena para que… mi mejor amigo no me besara, igual que la noche en que me amenazó. También había sido su esencia, por decirlo de alguna manera lo que me obligó a separarme de sus brazos el día que me dijo que se marchaba, estaba segura. Sin duda el demonio lobo y yo estábamos en cierto modo conectados.

Levanté una ceja.

-No creo que seas el único en sentir esa especie… -busqué la palabra correcta –instinto… -me miró sin entender –Cuando esos ogros estaban atacándote, no me pensé dos veces en ir en tu ayuda, pero cuando comenzamos nuestra propia batalla –bajé la mirada, sonrojada sin poder evitarlo – fue como si algo estallase dentro de mí, como si tu hubieras sido el detonante de algo, -lo miré por el rabillo del ojo, sonrojada ya hasta las orejas por mi confesión tan sincera –y me dejé llevar, ya sabes…

Me encogí mientras se sumía profundamente en sus pensamientos. Sin duda esto también le había pillado con la guardia baja.

-Así que es mutuo… -sonrió de lado, inclinándose en mi dirección. Asentí sin poder mirarle por la vergüenza –Entonces… aprovechemos el tiempo, ¿no?

Cerré los ojos cuando volvió a morderme levemente el cuello, provocándome otro escalofrío. Me empujó por el hombro y no pude evitar caer de nuevo de espaldas sobre las mantas, con él encima.

-Eh, pero que sepas que me caes fatal, y que serás siempre una estúpida gata con orejas de perro –se mofó mirándome a la cara con una mirada divertida.

Ahora era la mía.

-Para mí siempre serás también un demonio lobo enclenque, aunque lo único que tengas de lobo sea la pestilente olor… y la cola.

Afiló la mirada y yo sonreí con malicia.

Volvió a inclinarse y se abalanzó a mi boca, mordiéndome con rabia el labio inferior, provocándome un gemido. Entonces, volvimos a tener otra de nuestras peculiares batallas, en donde lo único que se escuchaba en el silencio de la cueva eran nuestros gemidos, suspiros, jadeos, y sobre todo… mordiscos.

Mis orejas dieron un respingo, obligándome a salir del placentero trance.

-¿Has escuchado eso? -pregunté sofocada, buscando su mirada.

-Guarda silencio -demandó con la voz entrecortada sin dejar de buscar el hueco de mis piernas para posicionarse entre ellas.

Volví a cerrar los ojos, centrándome solo en las sensaciones que Eita me daba. Habíamos vuelto a hacerlo después de todas las explicaciones, y nos habíamos vuelto a dormir. Y ahora, otra vez estábamos retocándonos como dos fieras inquietas. Las conexiones de mi cabeza habían dejado de hacer contacto al perder la cuenta de cuantas nos habíamos abandonado al placer, sin embargo...

Las orejas me dieron otro respingo, pero esta vez girando en dirección al exterior.

Abrí los ojos con terror.

Sin ser muy consciente, aparté de un manotazo al demonio lobo, obligándole a salir de encima de mí. Me gruñó, pero al ver mi cara cambio el semblante, expectante.

-¿Lo has escuchado? -inquirí extrañada mientras me sentaba y me tapaba el cuerpo con la manta ante su atenta mirada.

Puso cara de concentración, agudizando el odio. Dos segundos después negó con la cabeza.

-Espera... -de repente caí en la cuenta -¿cuánto hace que estamos aquí?

Se sentó cruzando las piernas, encogiéndose de hombros y mirándome como si no hablase su idioma.

-No lo sé, quizás haya amanecido ya -volvió a inclinarse para buscar mi mejilla e intentar besarme de nuevo sin importarle el tema.

Me quedé estática y con la mandíbula tan desencajada que hasta me daba la sensación de que estaba tocando las mantas con ella. Tan siquiera pude sentir el tacto de su palma sobre mi cara.

-¿Qué pasa? –quiso saber. Retrocedió un poco pero sin apartar la mano, mirándome interrogante.

No contesté.

Mi cabeza quedó en blando totalmente. En un repentino movimiento me di la vuelta y comencé a vestirme con mis ropas –gracias a los dioses intactas –, dejándole parado en el sitio como si fuese una estatua de piedra. Mi respiración comenzó a acelerarse por sí sola. Si lo que mis orejas habían escuchado era de verdad… estaría acabada. La voz se había sentido tan débilmente que ni él había sido capaz de escucharla, pero yo, al tener mis orejas perrunas… Tragué saliva, comenzando a sudar frío mientras me ataba por último el hakama a mi cintura con mucha rapidez.

-¡Eh! –Exclamó cogiéndome del brazo y girándome cuando estaba a punto de saltar a la cascada para salir de la cueva. Ni me inmuté al ver que estaba desnudo de arriba abajo -¿qué es lo que pasa? –Afiló la mirada –No puedes irte, lo sabes –apretó con más fuerza el agarre de su mano.

-Me están buscando –susurré ida. Abrió los ojos poco a poco mientas aflojaba sus garras poco a poco hasta dejarme el brazo libre –Anoche tenía que haber ido a casa de mis tíos a cenar… ¡y no fui!

-¿Y eso que importa? –preguntó sin más acercándose a sus ropas y comenzando a vestirse.

-¡Claro que importa estúpido imbécil! –chillé con rabia. Pero no iba a seguir con esta tonta discusión, por supuesto. Giré mi cuerpo y de un salto ágil me posicioné fuera de la cueva, cayendo justo en medio del río.

Palidecí al ver al sol salir de entre las montañas con algunas nubes visibles. Efectivamente, había amanecido y yo había estado desaparecida toda la mañana, toda la tarde, y toda la noche.

Me impulsé con fuerza hasta fuera del agua, corriendo todo lo que daban mis piernas temblorosas para llegar al poblado. Conforme me iba aproximando podía escuchar más claramente las voces de mis tíos, Shippo, Rin, y…

De un último salto caí justo a varios metros de distancia de ellos, saliendo del bosque.

Mis pulmones, mi mente y mi cuerpo dejaron de funcionar en ese momento.

-¡Izayoi!

La voz de mi madre se escuchó en un grito por toda la distancia cuando me vio, comenzando a correr hacia donde estaba parada –básicamente porque yo no podía moverme por estar paralizada-, pero se detuvo de repente con una mueca desconcertada. Lo mismo pasó en los rostros de los presentes. Habían pasado de tener una cara aliviada, a preocupada. Los ojos de mi madre se posaron detrás de mí y por inercia hice lo mismo, girándome levemente hasta posar la mirada donde la suya.

Mis piernas flaquearon al ver a mi padre parado justo en borde de bosque, justo por donde yo había salido, con unas telas rojas y otras blancas de pelo muy sucias entre las garras.

Las extendió hacia nosotros, y aunque estábamos a metros de distancia, pude identificar perfectamente de que se trataba. Era lo que quedaba de mi ropa y la de Eita de primera noche.

Si antes pensaba que estaba acabada por todo esto, ahora acababa de firmar mi sentencia de muerte.

REVIEWS

¡Hola a todos mis lectores!

Ha pasado una semana justa desde la última vez que publiqué.

Veréis, he estado muy liada, y no me ha sido casi imposible sacar tiempo… Pero aquí estoy.

Bien, este capítulo es algo cortito, pero con mucha información (perdonad si os parece poco… a mi me lo parece porque me exijo demasiado… no sé si habré cumplido) Espero que os hayan sido aclaradas algunas cosas como le ha pasado a la jovencita Izayoi, que por cierto, se ha metido en un buen lío… Imaginaos la escena: Todos y Kagome a un extremo, Inuyasha con las ropa del "delito" en el otro, y ella en medio. A ver cómo sale de esta… ejem.

¡Por cierto, nota importante! Estaré días sin publicar porque empiezo a trabajar en breve, porque me ingresan el hospital por temas de salud y… ¡por que el día 2 de Mayo nace mi cuarta sobrina!

Entenderme… pero que sepáis que seguiré fiel a esta historia. El próximo capítulo estará como muy tarde publicado en dos semanas. Mientras tanto quedaos con la intriga de que pasará ahora con la familia y sus consecuencias… ¿Qué hará nuestro querido híbrido al respecto? No sé por qué pero algo me dice que nada bueno…

Gracias por el apoyo, los comentarios, y las lecturas. Y no dudéis en hacerme saber cualquier cosa, todo me sirve de ayuda si viene de vosotros.

Muchos besos y disculpad mi demora.