Jajajaja, me siento como George R.R. Martín en estos momentos xD.

Bueno, éste es el último capítulo del fic. Gracias a quienes se dieron el tiempo de leerlo o releerlo. En lo personal, creo que quedó decente considerando las muchas veces que tuve que reescribirlo para que quedara en ocho capítulos (ojo, falta el epílogo, pero ése luego lo subo). Les advierto que hay muertes al por mayor. Quise apegarme lo máximo que pude a una batalla real (y considerando que a la única "guerra" a la que he asistido es una de almohadas, pues ni modo). Me imaginé cada pelea como una puesta en juego donde se sacarían los ases bajo la manga y se revelarían grandes secretos, además de darles otra perspectiva de los personajes, de cómo reaccionarían ante sucesos imprevistos.

Por supuesto, estoy abierta a comentarios. Si tienen dudas de algo, sin duda pueden decirlo en el review o por un mensaje privado. Yo contestaré en cuanto pueda (si no tienes una cuenta, siempre puedes ir a mi página de Facebook "Abel Ciffer" y ahí mandarme un mensaje).

Este fic se me ocurrió hace años, pero hasta ahora lo finalizo por fin. Supongo que enhorabuena para mí porque se me había acabado la inspiración para el fandom de VK, lo curioso es que surgió de nuevo gracias a nuevos fics que ando escribiendo y a mi afán por terminar proyectos.

No sé si esto decepcionará o no, lo único que puedo decir en mi defensa es que escribo lo que me apetezca y no puedo hacer nada más que eso. Una maestra solía decirnos que al publicar algo o al presentarlo ante un público, no había más que escuchar la crítica. Es un proceso por el que todos deben pasar. Y sí, acepto críticas, pero nada de que quieran decirme qué trama debo escribir, que eso ya es bien diferente.

Y recuerda, si no te gusta la trama de un fanfic y crees que puede mejorarse haciendo otras cosas, bueno, pues escribe uno. Por ejemplo, yo escribí un fic del fandom de The Big Four porque quería cosas diferentes, algo nuevo (y no sé si hice algo nuevo, sólo que al menos no es igual a lo demás… espero). Anímense. De verás que vale la pena.

Otra cosita más. Hay frases identificables de películas, series o libros que me gustan; así que si ven una, pues obvio no son de mi autoría (no soy tan buena fanficker aún).


Capítulo Ocho

Ya es hora


"Si crees que esto tendrá un final feliz, es que no has estado prestando atención".

—Game of Thrones.


Zero Kiryû terminó de firmar las actas correspondientes ese viernes por la mañana. Era una tarea improductiva considerando qué día era ése, pero era un hábito en él encargarse que todo estuviera en orden antes de salir a lo que posiblemente sería una última misión. Haberse concentrado en sus funciones básicas como director de la Academia Cross, le permitió repasar el plan y aclarar sus propios pensamientos. Era consciente que lo que se venía era la consecuencia natural de haber respondido al desafío hecho por Arika Kurotsuki. No tenía miedo ya. La muerte de su segunda al mando había asentado en él una especie de insensibilidad que sería necesaria si personas cercanas a él no sobrevivían. Claro era que eso no significaba que no iba a dolerle la posibilidad de perder a Senri, Rima, Sira, Kaito y Yagari, sólo que no lo detendría de alcanzar su objetivo. Detener a Arika era esencial para la preservación de la especie humana y vampírica. Akira le había dicho que ella había estado reuniendo un ejército para acabar con todo a su alrededor, ya que, al ser un híbrido creado con la sangre de cada familia superviviente desertora, su estabilidad menguaba con los años. El mismo Akira había querido detenerla, pero le era imposible encontrarla. Era lógico. Si había pasado diez mil años escapándose de todos, Arika tenía que ser una experta en fugaz.

Zero había tenido sus dudas sobre lo que Akira le había compartido, sin embargo, él le había presentado a más involucrados para que le creyera. Daemon Winchester había sido uno de los primeros en conocer, y en afirmarle que si no le creía a Akira, no tendrían futuro. Ciertamente, Akira no le había dado razones para desconfiar de él. Desde el fatídico día en que perdió a Sayori y al director Cross, Tukishiro había sido más que su confidente. Alguien que le mostró que podía amarlo sin segundas intenciones.

O… eso fue lo había creído hasta que Kaname Kuran regresó después de 16 años.

La presencia de Kuran sólo le producía dolores de cabeza, malhumor y estar alerta las 24 horas al día. Al menos, así había sido antes cuando lo odiaba con profundidad, cuando había tenido la certeza de estabilidad, cuando las acciones y las palabras de Kaname no habían interferido con sus pensamientos. Antes no habría dudado que el plan de Akira (dejar que ellos encontraran a Arika para que luego él pudiera llegar como retaguardia) ni tampoco cuestionado sus propios sentimientos.

Porque le parecía inverosímil sentir algo por Kaname, cuando al que quería era a otro.

No era algo que hubiese descubierto a la primera. El pensamiento se asentó hace dos días, cuando había bebido la sangre de Kaname sin sentir remordimientos, pensando que hacerlo era lo más natural del mundo. Fue abrazar por completo el ser un vampiro por completo, y plasmarlo en un acto tan íntimo como ése. La sangre de Kaname sabía muy bien, le había llenado de calidez y lo había confortado, y que Kuran no pusiera resistencia y le dejara hacer lo que quisiera lo dotó de alegría. Entonces, luego de eso, habían hablado entre ellos. Una charla que le había parecido emocionalmente agotadora.

Había notado su resistencia a preguntarle a Kaname sobre sus inquietudes.

No era sencillo para él poder admitir que de nuevo lo habían usado como una pieza desechable.

«Puedo hablarte con la verdad, pero no puedo no mentirte». Kaname había sido más sincero que él, dejándole saber sus intenciones y sus planes. ¿Qué había hecho él con eso? Nada. Un inquieto miedo adolescente se albergaba en su pecho, y aunque entendía que debía enfrentarlo, se percató de lo simple que era ignorarlo y fingir demencia. Se preguntó cuán adecuado sería pedirle a Kaname que le contara todo, incluso aquello que lo lastimaría, antes que comenzara la batalla. No tuvo que pensarlo mucho. Era algo demasiado infantil, asimismo, había tenido tantas oportunidades en el pasado que había desperdiciado. Aunque no le agradaba la sensación. El papeleo podría estar hecho y terminado, ¿pero qué había con sus dudas y preguntas?

Tuvo una ligera impresión de que esta situación la habría vivido Yûki años atrás. Si bien compararse no lo hacía sentir mejor, por lo menos entendió que ella no había querido portarse tan inmadura. Yûki había tenido quince años cuando descubrió que casi toda su vida era un engaño y que la sangre que corría por sus venas había decidido lo que sería de ella en el futuro. Pocos estaban preparados para afrontar algo así. Zero esperaba ser uno de esos pocos.

Unos toquecitos en la puerta le hicieron abandonar sus reflexiones. Acomodó la pluma y los documentos en su sitio a la vez que ésta se abría para dar paso a Senri y Rima. Ambos vampiros se habían vestido para la ocasión con conjuntos oscuros y cómodos para la batalla. Rima había cortado su rubio cabello hasta la altura de sus oídos y hecho una perforación en su oreja izquierda, como símbolo de su infinita lealtad a Zero. Mientras Senri usaba una vieja chaqueta negra, que había tomado de su armario. La Bloody Rose, esa arma que había usado la vida de Ruka para mostrar su poder, colgaba de una funda especial que permitía cargarla sin problemas. A Zero le había sido insoportable mirar al arma sin sentir emociones mezcladas, así que optó por dejar que Senri la usara. Bloody Rose había sido parte de él durante mucho tiempo, pero creyó que ya era tiempo de no depender más de ella. Su habilidad base nunca se desarrollaría si continuaba usándola.

—Ya es hora —anunció Senri con solemnidad.

—Sí —asintió Zero yendo hacia el pequeño armario en la esquina. Abrió las puertas y sacó el abrigo y chaleco especiales que había mandado a hacer para batallas difíciles. Vestirse representó un paso más en su papel. Sintió que el Zero Kiryû que había sido un niño que lo perdió todo, lleno de rencor, culpas y vergüenza, había quedado atrás—. ¿Los demás están listos?

—Alicia-sama y Daemon-sama han estado brincando por el patio principal. Dante-sama se encuentra charlando con Takuma y Belial-sama. Baal-sama permanece alejado del resto. Akatsuki y Hanabusa están quietos como estatuas —informó Rima.

—¿Y Kaname?

—Está en la torre del reloj, mirando hacia ningún lugar en particular —dijo Rima, sin asombrarle que su jefe preguntara por Kuran. Ella tenía claro que lo que pasara entre Zero y Kaname no le importaba a menos que fuera perjudicial para el primero. Un lío amoroso no estaba en su lista de prioridades en ese momento. Belial había sido puntual en que debían seguir fingiendo sus motivos para luchar. Era esencial que no se mostrar dudas en sus caras.

—Bien —se limitó a contestar. Aseguró los botones de su atuendo y se miró por última vez en el diminuto espejo en el armario. Cuando terminó se giró hacia sus dos subordinados—. ¿Ustedes están preparados?

Rima fue la primera en responderle, tan directa como era al hablar.

—Cuando nos rescataste a Ruka y a mí de aquella celda, juré que nunca te abandonaría. Estoy enfrentando esto por mi propia voluntad, y no me echaré para atrás. Me has ordenado proteger la Academia Cross en tu ausencia y eso es lo que haré —su semblante se suavizó un poco, lo suficiente como para que él viera lo muy importante que era para ella—. Gracias por todo.

Y se lanzó a abrazarlo. Sus brazos lo rodearon por la cintura y apretó su rostro contra su pecho. La calidez de Zero era algo que secretamente apreciaba, y aunque no era muy afectiva y expresiva, creyó que el gesto no estaba fuera de lugar. Zero correspondió al abrazo, animándose a pasarle los dedos entre el corto cabello rubia.

—Gracias por permanecer a mi lado, Rima Touya.

Cuando ella lo soltó tenía su habitual cara inexpresiva. No había rastro de emoción. Pero sus sentimientos habían llegado a él, así que no le importaba. Luego fue turno de Senri. El pelirrojo se paró frente a él. Dieciséis años atrás nada los habría unido para pelear. Ahora todo era distinto. Senri ocupaba un sitio especial en su círculo de amistades. Había sido sincero al decirle que lo veía como un hermano menor, uno al que confiaría su vida. Entre ellos no había barrera que los separara como una vez lo hiciera con Ichiru. Senri era su igual.

—Quiero tomar tu apellido, cuando todo esto acabe —dijo Senri—. Quiero ser un Kiryû como tú.

Zero estaba ligeramente sorprendido.

—¿Está bien para ti tener el apellido de una familia de cazadores?

—Es el apellido de mi hermano, sólo quiero que nuestros nombres concuerden —se encogió de hombros—, ¿me estás diciendo que no?

—Mientras sea lo que en verdad quieres, no tengo porque oponerme —dijo—. Senri Kiryû no suena nada mal.

La despedida había estado implícita en cada acto presentado, por lo que, cuando no hubo nada más que decir, salieron rumbo al patio principal. Caminaron en silencio hasta que al atravesar el pasillo que llevaba al patio, Zero escuchó más voces conocidas. Aceleró el paso para toparse con un suceso que no había pensado. Los estudiantes, que habrían tenido que permanecer a salvo en sus propias casas, estaban esparcidos por el sitio, ataviados con trajes que les protegían del viento frío, tanto vampiros como humanos. En cuanto notaron su presencia, se inclinaron hacia él en un simbólico gesto de que pelearían para proteger el legado que Zero había creado.

—Vinieron muy temprano, después de que fuiste a terminar el papeleo para distraerte —dijo Rima—. Les dije que habías ordenado que permanecieran fuera de esto, pero ellos fueron insistentes. Al final los he dejado estar aquí. Evacuarlos será difícil si vienen a atacarnos antes.

—Yagari-san nos informó la ubicación de la base del enemigo. La mansión Shirabuki está lejos de aquí, pero ahora que puedes transportarte con mayor eficiencia no tienes que temer por ellos —dijo Senri—. Ellos están aquí por voluntad propia. Me pareció grosero echarlos.

—Se supone que los envíe a casa antes para evitar esto —suspiró, sobándose el puente de la nariz.

—Claramente, tendrá que recibir una reprimenda cuando acabe esto. Han desobedecido una orden directa —comentó Rima—, mientras pueden quedarse. En la Academia sólo estaremos Baal-sama y yo, así que no estaría mal tenerlos de apoyo. Además, si perdemos, no importan si están en sus casas, Arika los asesinará por igual.

Zero no pudo contradecir esa lógica. Pero no era fácil simplemente dejar que sus estudiantes pusieran en juego sus vidas. Trató de no pensar en ello y se enfocó en darles unas últimas palabras de aliento, intentando que a Dante no le ocurriera decirles algo con su habitual humor ácido. Daemon de inmediato se prendió del brazo de Zero. Alicia hizo lo mismo con Rima. Senri permaneció en silencio, alternando miradas fugaces entre cada integrante.

Si era optimista, esto podría pasar como un día normal en la academia. Pero no era así y lo mejor era aceptarlo. Habría querido acercarse a Belial para hablar sobre el plan oculto. Se abstuvo porque no había una necesidad verdadera, sólo un poco de dudas. Senri temía que no hubieran actuado con la precaución requerida.

«Eso ya no importa. Hoy es el día en que todo debe acabar», pensó. Preocuparse no ayudaría en nada. Se dedicó a pensar en otras cosas más amenas.

Media hora después, Dante decidió que era el momento adecuado para partir cuando uno de sus cuervos regresó de hacer un patrullaje. El enemigo no se estaba moviendo como había planeado. Esperarlo sólo aumentaría los nervios, por lo que iniciar el ataque sería lo ideal.

Kaname llegó justo en el momento en que los grupos correspondientes se dividieron.

Por un instante, por un bendito instante, cuando las miradas de Zero y Kaname se encontraron, fue como si ese algo que los unía quedara expuesto ante ojos ajenos. Los estudiantes vampiros ahogaron jadeos de sorpresa, mientras que los humanos entendían a su manera que algo había sucedido con su directo y el líder de la familia Kuran. Fue claro para los desertores presentes. Baal parecía constreñido, quizás perturbado por presenciar otro encadenamiento en semejante situación apremiante. Daemon había dejado de sonreír. Alicia había silbado. Belial cerró los parpados y suspiró. Dante no dijo nada.

—Ya es hora —dijo Kaname, y a Zero le encantó el tono de su voz.

—Sí —se limitó a decir.

Ambos fueron inconscientes del ambiente incómodo que provocaron, ajeno ya a todo nerviosismo por la próxima batalla. Pero el momento fue bruscamente terminado con el ruido de una explosión justo afuera del portón principal.

—¡Rumanov! —llamó Dante moviéndose a una velocidad impresionante.

—¡Ya sabemos! —exclamaron Belial y Baal al mismo tiempo.

Los gemelos usaron sus manos para montar una barrera de raíces mucho más gruesa y grande que la anterior. El ruido de explosiones cedió por unos instantes para reanudarse unos segundos después con más fuerza.

—¡Joder! —maldijo Baal—. ¿Cómo pudieron…?

—Ese cabrón —gruñó Dante con una expresión maniaca—. Usar una de las estrategias de mi tío abuelo. Su hipocresía no tiene límites —miró hacia atrás, donde la multitud se había quedado quieta y asustada—. ¿Sólo vinieron a estorbar? Porque si es así los mataré ya mismo. No necesitamos lastres. Si van a pelear, háganlo. Esto no es un juego para críos que no saben siquiera qué es la guerra y para qué sirve. Maduren. Decidan. Carguen con las consecuencias de esas decisiones. No hay de otra.

Los estudiantes se quedaron callados por un instante. Las palabras tardaron en calarles, pero cuando lograron entrar en su mente, toda duda se disipó y todos, vampiros y humanos, hombres y mujeres, se propusieron defender el sitio que les había permitido crear una nueva era. Dante ya no los miraba, no era necesario. Esos mocosos no habrían vivido siquiera dos décadas; no habrían tenido la oportunidad de beber hasta embriagarse, hacer el amor o vivir al límite toda una experiencia. Eran blandos, y se había quedado fuera por honor, valentía o estupidez. Seguramente Akira había esperado sumisión de su parte y que hubiera bastado con las órdenes de Zero para mantenerlos lejos para luego contarles una mentira. Lo que su primo estúpidamente había dejado pasar, era la lealtad que Zero podía inspirar en los demás. Zero no era como Akira, manejando todo en las sombras y aprovechándose de su estatus. Era un comandante que no tenía un ego tan grande como para impedirle pelear al lado de sus soldados. La gente tenía la certeza que no moriría por la causa de alguien más, sino porque creía en esa causa y en los efectos que tendría en el futuro.

Akira había decidido usar la sorpresa y romper la barrera que los Rumanov colocaran en la academia, valiéndose de los trucos que había obtenido tras beberse las sangres de los desdichados que habían confiado en él y su familia. Pero no había contado con que Dante estaba preparado para eventualidades como ésta, y que, en su propia soberbia, Akira le había brindado una pieza clave para derrocarlo.

—¡El plan seguirá a como es! —dijo Dante con voz potente. Observó a los espectadores, ninguno le veía como si estuviera loco por querer continuar con una estrategia que había sido neutralizada al principio—. Esto ya no se tratará de juegos políticos. Esto se convertirá en un campo de batalla donde se mata o se muere. ¿Están listos para sobrevivir? ¿Quieren continuar existiendo en este patético mundo? Luchen. Peleen y rehúsen ir con el Dios de la Muerte.

—¡Abriré la barrera por los laterales! —indicó Baal a cada uno de los equipos formados, y luego agregó dirigiéndose a los estudiantes—. Están usando vampiros modificados con bombas. Muy seguramente encontraron la manera de colocar las habilidades bases de algunos desertores en vampiros comunes. No son grandes peleadores, pero como armas vivientes tiene una potencia abrumadora. Una vez se abra una brecha intentarán entrar o aferrarse a quienes salen. Su trabajo es hacer que los grupos de apoyo no reciban ningún daño. Sabrán que la barrera está abierta cuando las flores y vides se quiten del camino.

—¡Sí, señor! —respondieron al unisono, dividiéndose también en grupos que siguieron a los que saldrían.

Rima se encargó de ir con el grupo que resguardaría a Zero, mientras que Seiren lo haría con Kaname. Se dirigieron al lateral derecho escuchando más ruidos de estallidos. Dante, Kaname, Alicia, Zero, Daemon, Senri y Hanabusa saldrían a un posible campo minado. Que no supieran el estado actual de exterior indicaba que el enemigo había tomado con seriedad el asunto, y que la razón de que el cuervo de Dante no hubiera recogido nada en su patrullaje era porque habían utilizado a alguien muy veloz para escapar de su radar. A Hanabusa le había parecido tan asombrosa la rápida reacción de los vampiros más viejos. No se habían quejado de recibir un ataque así, sino habían actuado en consecuencia. Dante se había alzado como la figura de autoridad máxima, dejando en claro que la pureza y fuerza de su linaje imperaba sobre otras cosas. Fue tan natural seguirle que Aido no se molestó en pensar que de alguna manera había relegado a Kaname a segundo lugar.

Como Baal había dicho, una vez estuvieron en el lateral de la escuela, las vides les abrieron un espacio lo suficientemente grande para que su grupo pudiera pasar. Justo como se esperaba, aparecieron docenas de vampiros modificados al instante haciendo añicos la reja desprotegida, explotando en miles de pedazos.

Dante fue el primero en pasarlos. Su grácil figura fue rápida y ágil para esquivar a cada uno de ellos. Los otros dos desertores también lo lograron del mismo modo.

—¡No tocarán al director Kiryû! —gritó un estudiante vampiro interponiéndose entre tres vampiros bomba que se habían acercado al ex cazador. Al contacto con el chico se dio una inmensa explosión que mandó a esparcir cenizas, sangre y vísceras por todos lados.

Zero había tenido que esforzarse por continuar corriendo, invocando los brazos invisibles de su habilidad base para quitarse a cuantos pudiera. Que los desertores hayan salido antes que ellos, era por prevención. Si Michael Sinclair estaba ahí, nadie más que ellos podría neutralizarlo. Así que los demás tendrían que irse por sus propios medios en el punto al que habían acordado reunirse. Hanabusa y Senri le flanqueaban, abriéndose paso por un sendero cuyos enemigos multiplicaban sus números a cada segundo.

De pronto, Kaname se les adelantó quedando frente a un vampiro bomba que estaba a punto de tocarle. Sin embargo, Kuran no parecía aterrado, siquiera molesto. Se bastó con agarrar con la mano la cara de ese despreciable ser. Habían esperado que estallara y que luego más le rodearan, pero ninguna de esas cosas paso. Antes los ojos estupefactos de esos tres, el vampiro bomba se desintegró en materia negra liquida, que manchó el suelo y emitía una pestilencia horrible.

—Kaname-sama —es lo único que pudo decir Aido, demasiado impactado de ver por primera vez la habilidad base de su líder. Seiren se mantuvo en silencio como siempre, pero no pudo menos que admirar el poder del vampiro sangre pura.

Kaname se inclinó para tocar la materia. Un toque de sus dedos y en segundos, el vampiro bomba había regresado a la vida, sólo que estaba vez no atacó a Kaname sino a sus homologos estallando para morir realmente. Cuando más enemigos se le acercaban, más conseguía armas para abrirse camino. Gracias a él, las muertes de estudiantes se redujeron considerable y cuando finalmente lograron salir, Baal colocó las vides de vuelta en su sitio poniendo en resguardo a los que quedaban temporalmente.

—Michael no está aquí —señaló Alicia. El grupo había logrado reunirse en la azotea de un edificio que servía como banco. Para la seguridad de los ciudadanos, se había decretado que se reunieran en sitios seguros así que la ciudad estaba desierta—. Aunque no me sorprende que haya podido acercar a tantas cosas explosivas antes de salir huyendo. Es lo único que sabe hacer.

—Eso no importa ahora —dijo Daemon—, ya estamos afuera y ninguno de esos vampiros nos ha perseguido, ¿qué es lo que te sugiere eso? Su objetivo no era asesinarnos, sino quedarse a destruir todo lo que estuviera dentro de la academia Cross.

—Baal, Seiren y Rima se quedaron a resguardar la academia. Ellos podrán encargarse mientras los demás atendemos nuestros propios asuntos.

—Suenas muy serio, Daemon-sama —acotó Senri mirándolo fijamente—, ¿qué sucede contigo?

—Oye, puedo ser bastante serio cuando la ocasión lo amerita —se defendió, pero a Senri y a Zero no les pasó desapercibido que no había hecho un puchero. Conocían a Daemon lo suficiente para saber que no dejaría de portarse infantil así estuviera a punto de ser asesinado—. De todos modos, ¿qué hacemos perdiendo el tiempo aquí? Lo más seguro es que nos estén esperando en la mansión Shirabuki con un ejército más grande.

—Cállate ya, Winchester —espetó Dante volviéndose cuervos que comenzaron a rodearlos. Kaname, Zero y Alicia habían querido hacer lo mismo, pero él los detuvo—. Seguro que nos esperan con una sorpresa desagradable. Creen que les dejaré echar a perder mis planes… —soltó una risa ronca—. Ah, van a lamentar el haberme tomado a broma. Yo me encargaré de llevarlos.

—Dante —le llamó Kaname compartiendo una mirada entre ellos que trasmitió más de lo que hubieran hecho hablando. Un pacto fue firmado con ese intercambio, uno que Dante aceptó sin decir nada.

—No me decepciones, Kaname —se limitó a expresar, deshaciendo en un último cuervo que elevó al grupo por los aires rumbo a su destino.


Belial había salido de la barrera unos segundos después de que el grupo de Dante lo hiciera. Acompañado por Takuma y Akatsuki, habían podido librarse del primer obstáculo con pocas bajas de su parte y se habían reagrupado cerca de un complejo de departamentos desalojados. Belial les indicó que los llevaría a la asociación antes de ir al concilio.

—Será más rápido. Nuestro plan se basaba en el control que podríamos haber obtenido al iniciar el ataque. Ese control se nos ha ido de momento, pero podremos retomarlo si seguimos adelante.

—Entonces…

Una pesada barra de hierro hizo callar a Takuma. Belial les empujó a ambos con una onda de poder, a la vez que invocaba vides para que le protegieran de la repentina lluvia de objetos de metal que los obligaron a ir en distintas direcciones.

—¡Takuma! ¡Akatsuki! —exclamó Belial trepando en el monstruo de lianas que había creado para buscar a los dos vampiros nobles.

—Preocuparse por esos dos no es recomendable en este momento, Belial Rumanov —dijo Catena Winchester apareciendo a su lado. Llevaba un hermoso vestido blanco de encajes y holanes, y su cabello rubio estaba trenzado como una vez lo llevara su madre, Sara.

Pero Belial ya había sentido su presencia. Un movimiento de sus dedos, y su monstruo de vides atrapó a la vampira.

—No debes acercarte tanto a los que son más poderosos que tú, Catena —indicó Belial—. Debes saber también que tu habilidad base no puede controlarme una vez libera las esporas de mis flores, ¿no es así?

—¿Pero las liberarás estando esos dos aquí? Creí que eran aliados y ya estás dispuesto a matarlos.

—Ventajas de ser aliados. Preparé a cada uno con semillas especiales que los harán resistir los efectos del veneno que manejo —sonrió—, ¿puedes decir lo mismo de ti y tu hermano? Sé que Ritter maneja el magnetismo. No es de los que suelen usar este tipo de ataques de emboscada. Él es mucho más directo, ¿qué le ha pasado, Catena?

Los ojos rojos de Catena Winchester brillaron momentáneamente.

—En verdad eres bueno, Belial —susurró—. Si hubieras sido tú en vez de Jack, quizás no estaría haciendo esto aunque tengo la certeza que nunca hubieras tomado en serio a una chica producto de la violación de un hijo a su madre.

La expresión de Belial se suavizó un poco y sólo por unos segundos.

—Nunca te vi de esa manera —dijo—. ¿Crees que eres producto de algo incorrecto? Mi madre separó a mi padre de su hermana y lo mantuvo cautivo durante toda lo que duró su vida como vampiro, doblegándolo a su voluntad con magia. Ritter hizo algo imperdonable, pero tú, Catena, no simbolizas ningún pecado. Tú eres libre de elegir ser quien quieras ser.

—Sí, quizás a ti sí te habría amado lo necesario como para olvidar mi odio al mundo —musitó, cerrando los parpados brevemente—, pero eso no es posible ahora. Tengo una misión que cumplir. Ritter, ahora.

Ritter Winchester surgió de los escombros. Su cara era un rictus plasmado de contradicción. La lucha interna que llevaba a cabo contra el veneno que su hermana e hija habían inyectado en él era titánica. Todo su ser expelía un aura intimidante, como la de un depredador intentando escaparse de la presa que consiguió acorralarlo. Por orden de Catena, usó su magnetismo para sacar de los edificios las estructuras metálicas que los sostenían. Para alguien tan fuerte como él no era problema. Era como jugar con plastilina. Pero siempre había sido cuidadoso para evitar un desperdicio de energía, cosa que Catena no consideraba importante.

Si debía pelear contra Belial, Ritter habría tenido que ser libre.

—¡Maldición! —gruñó Ritter con rabia. Sus manos se movieron indiferentes a su voluntad, creando ataques poderosos sin otro motivo que el de llevar a Belial a otra parte. Catena le estaba dando el papel de un peón, cegada por su odio, cuando podría haberle dado un mejor uso. Derrotar a Belial no era imposible, sólo se necesitaba tener un buen plan y eso era todo.

Para Rumanov fue obvio que Ritter no estaba peleando bajo sus propias condiciones. De alguna manera, su lealtad hacia la causa de Arika había sido insuficiente para que se le considerara indispensable. ¿O quizás se debía a su volubilidad? Al fin y al cabo, Ritter nunca había sido como Daemon, quien si juraba fidelidad, lo hacía en serio. Si ése era el caos, entonces Ritter nunca fue parte del plan maestro sino simplemente alguien que serviría para ser desechado.

«De alguna manera me recuerdan a mi madre. Ella era igual», Ekaterina no habría dudado en aliarse con Akira sin importarle las consecuencias para los demás. Su ambición era todo lo que cabía en su mente. Durante algún tiempo, Belial quiso creer que su madre se preocupaba por ellos. Luego tuvo que despertar ante una realidad amarga: Ekaterina Rumanov nunca amó a nadie más que a ella misma. Si tuvo hijos fue para firmar alianzas, sólo eso. Era eso lo que había hecho que su hermano y él fueran infelices por tantos años. Pero ahora tenían la oportunidad de remediar las cosas, de explorar el mundo como nunca antes lo habían hecho. Y aunque sentía pena por lo que estaba pasándole a Ritter Winchester, no permitiría que eso interfiriera en sus deseos.

Respondió a la ira del vampiro rubio con feroces ataques. Si el objetivo era alejarlo, lo permitiría. Takuma y Akatsuki seguían vivos, así que debía evitarles el peligro que supondría estar en medio de una pelea entre dos desertores.

Cuando Ritter extrajo el metal de las estructuras, todo se vino abajo casi sepultando a los dos vampiros nobles. Habían salido librados de quedar atrapados bajo toneladas de escombros por poco.

—Oh, así que viven todavía —comentó Catena, quien había dejado a Ritter encargarse de Belial y había bajado para comprobar que estuvieran muertos—. No es que importen mucho sus esfuerzos. Aun si no soy tan fuerte como los otros, sigo superándolos a ustedes.

Una ráfaga de fuego le fue lanzada. Catena la esquivó con pasos de bailarina, cayendo en la punta de sus dedos cada vez que sorteaba un nuevo ataque. Akatsuki debía mantenerla alejada. Catena bien podría ponerlos bajo su control y no quería darle esa ventaja.

—¡Ve a la asociación! —le gritó a Ichijou. Sonaba desesperado, y eso era porque aun después de haber bebido un poco de sangre de desertor, su poder era mínimo en comparación con el de Catena—. ¡Tienes que informarles lo que pasó en la academia!

Catena se movió tan rápido que de no ser porque Takuma lo empujó, Akatsuki hubiera sido insertado por la punta de la aguja que la vampira llevaba en las manos.

—Fallé —susurró, y luego miró a Takuma—. Buenos reflejos.

Dando un giro, ella reveló que debajo de su vestido llevado un complejo sistemas de jeringas y aparatos especiales. Tubos estaban insertados debajo de sus axilas para extraer su sangre e inyectarla en sus víctimas. Ichijou fue rápido en sacar su espada para detener otro ataque. Se percató con terror que la aguja había perforado el filo de su espada y que él había sido incapaz de resistir el golpe sin retroceder un poco. Siempre había sido consciente de las diferencias de poder entre un vampiro de sangre pura y uno de la nobleza, y había presenciado el poder de un desertor (un vampiro con más de diez mil años de edad y con sangre muy pura). Pero enfrentarse directamente a Catena le quitó la seguridad que pudiera albergar de ganar.

Catena volvió a atacar. Takuma no estaba seguro que su espada resistiría sin romperse.

Akatsuki invocó una pared de fuego azul, la llama más caliente que pudiera crear para darles un margen de protección. Las manos de Catena fueron capturadas por el fuego que le causó quemaduras severas, dejando el hueso expuesto. No emitió ningún quejido y esperó a que sanaran. El fuego de Akatsuki debía consumir una cantidad considerable de su energía por lo que sólo debía esperar a que atenuara para reiniciar su asedio.

—¿Cuánto tiempo puedes usar esas flamas azules? —le preguntó Ichijou, a la vez que examinaba del daño en su espada. Podría usarla dos o tres veces para después romperse.

—Una hora —respondió Akatsuki—, ella no nos va a dejar ir, ¿verdad?

—Parece que no —muy a su pesar, pudo sonreír. Miró a su inesperado compañero de equipo. Akatsuki Kain y su poder de fuego podían reducir a vampiros comunes a cenizas. ¿Qué podría hacer ante Catena Winchester?—. Si ella está aquí entonces quiere decir que hay un traidor entre nosotros. El plan sólo fue comentado entre los principales, así que si hubo una filtración, tuvo que ser alguien de adentro.

—Es una trampa —indicó Kain, soltando una exhalación de cansancio—. El traidor les dio la información de lo que haríamos. Por eso atacaron primero a la academia. Sabían que había estudiantes ahí y que tendríamos que gastar energía en vencer a los vampiros-bombas para ganar tiempo. Bastante astuto.

Y por eso Dante había insistido en seguir con lo planeado. No había tiempo para configurar una nueva estrategia, y cada grupo por separado tenía que apañárselas como pudiera. Belial no podría ayudarlos mientras estuviera ocupado manteniendo alejado a Ritter. Catena no les dejaría ir hasta ponerlos bajo su control o matarlos. Las opciones no eran alentadoras. Pero a Kain poco le importa las probabilidades. Ruka Souen había podido derrotar a un desertor usando su vida a cambio, ¿qué era lo que ellos estaban dispuestos a sacrificar para detener a Catena? Si conseguían asesinarla, los vampiros que controlaba serían libres y la balanza se equilibraría a su favor.

—Tenemos que encargarnos de esto. No hay otra solución posible —dijo Akatsuki cuando las llamas de su barrera se hacían delgadas líneas que ya no quemaban—. ¿Estás listo?

—¿Listo para recibir una paliza de alguien que parece una niña? No ciertamente, pero como tú dices. No tenemos opciones —Ichijou empuñó su espada; no iban a durar mucho si sólo dependía de ella, pero Takuma era experto en armas, así que de alguna manera tendría que sacarle provecho a eso—. Si llegamos a sobrevivir, renunciaré a ser amigo de Kaname. Estar cerca de él acarrea muchos problemas.

—Akatsuki compartió su sonrisa con una expresión de complicidad. Las llamas se extinguieron finalmente y Catena apareció sosteniendo sus peligrosas agujas en las manos.

—Vamos a bailar, caballeros —les dijo—. Iniciemos esta obra con un buen espectáculo.


—¡Ustedes irán a los terrenos traseros, verificarán que no hayan encontrado los tuneles de escape de emergencia! —exclamó Rima Touya dirigiendo al montón de estudiantes que se habían quedado. La barrera de raíces y flores que mantuvieran a la academia segura durante el tiempo que fue invocada, estaba a punto de derrumbarse tras los intempestivos ataques de treinta mil vampiros-bombas—. ¡Recuerden atacarlos de lejos! ¡Háganlos estallar arrojándolos con sus compañeros!

La masa de alumnos se movió sin rechistar. Había ocurrido tan de prisa que era un milagro que no hubiera quedado petrificada por el miedo. Aunque más que un milagro, su movilidad se debían a las palabras de Dante y al excelente entrenamiento para crisis que Zero había implementado con ellos. Rima también estaba en un punto límite. Usualmente Ruka o Senri eran quienes se encargaban de dirigir a los demás mientras que ella atendía asuntos individuales o de mensajería. A Rima nunca le había interesado mandar más no podía fallarle a Zero y Senri. Necesitaba centrarse y tomar las decisiones pertinentes sin olvidar que jóvenes a los que había dado clases y conocido personalmente morirían.

—¿Hay algún desertor cerca, Baal-sama? —preguntó Seiren una vez los equipos fueron despachados. Ella, Rima y Baal quedaron en el patio principal que ahora estaba totalmente vacío.

—Uno —informó el desertor, mirando un punto hacia el frente—. No va salir hasta que los vampiros-bombas hayan estallado por completo. Su habilidad base no es demasiado fuerte si el terreno alrededor está destruido.

—¿Sabe quién es? —Rima quiso saber.

—¿Te serviría de algo? Seré yo quien peleé contra él.

Rima puso una cara tan severamente seria, que Baal tuvo que admitir que pudo haberse sentido intimidado. No les había prestado demasiada atención a los subordinados de Zero Kiryû desde que se uniera. Senri era a quien más conocía, y eso se debía a que el maldito había logrado convencerlo (algo que no aceptaría honestamente frente a alguien). Rima Touya era sólo una vampira de noble linaje. No tenía peculiaridades que la hicieran resaltar del montón de vampiros con el mismo estatus.

—Akira Tsukishiro fue responsable de la muerte de Ruka —pronunció Rima, grave—. Ha hecho lo posible por aislar a Zero-sama de quienes se preocupan por él, sólo para tenerlo para sí. El ataque al santuario se realizó porque nosotros tres íbamos. Él esperaba que Jack Ripper nos asesinara para dejar a Zero-sama devastado. No contó con que Zero-sama le daría a Ruka la Bloody Rose, ni que ella nos dejaría de lado en la pelea. Subestimó su capacidad y eso le costó la vida de una de sus piezas. No espero que entiendas lo que voy a decirte, pero tú no eres el objetivo de Akira Tsukishiro. No estás tan ligado a Zero-sama como Senri y yo lo estamos.

—Estoy consciente de eso —dijo con tono insustancial—. Sabemos que Akira planea controlar a todos, y que Zero Kiryû sólo es un premio a obtener cuando gane. No te atrevas a subestimarme, niña. Todos los desertores estamos en esto desde antes que tú y tu patético jefe, nacieran.

—Si es así, ¿por qué se reunieron hace miles de años para crear a Arika? —cuestionó.

—Porque no había estado seguros de las cosas que Akira había estado haciendo durante su reinado —indicó Baal—. Sin importar que fuese el heredero, Akira ascendió pronto al trono sin ningún cuestionamiento. Algunas familias lo apoyaron y las que no lo hicieron perecieron. Obviamente, no se encontraron evidencias que lo inculparan, y para ese entonces, cuando la sospecha se hizo genuina, era demasiado tarde. Ahora lo que está pasando, aun si no está dentro de los cálculos, tampoco está perdido. Tú misma lo dijiste. Ruka Souen fue capaz de quitarles una pieza importante. Desbarató una parte del plan principal porque de no ser por ella, Jack Ripper hubiera destrozado la barrera que mi hermano colocó y habrían dado un golpe letal. Somos fuertes, demasiado, tanto como para destruirnos entre nosotros si usamos nuestra máximo poder. Por eso es que esta guerra no acabará bien para ningún bando. Se juegan fuerzas que ningún humano o vampiro común puede contemplar.

—Aun así, no me rendiré —dijo Rima. Las explosiones consecutivas que bombardearon el perímetro abrieron una brecha importante por la cual los vampiros de metieron a la academia. Rima apretó sus manos, enviando una cantidad impresionante de electricidad a sus palmas y soltándola hacia los intrusos. Estos al ser tocados explotaron en pedazos, cubriendo de gris y rojo el patio principal—. ¡No dejaré que ese imbécil me maté!

Baal bufó, sonriendo con arrogancia ante la suficiencia con la que Rima lo había dicho. Ella era joven, y eso la hacía inexperta, y por lo tanto, estúpida. En esta pelea caerían desertores, ¿qué le habría hecho pensar que ella no moriría? No que importara demasiado una respuesta. Baal tenía una función que cumplir y debía concentrarse. Evaluó el panorama. Rima se encargaba de que los vampiros intrusos estallasen antes de que se acercaran. Podía cargarse a unos veinte con cada ráfaga de electricidad. Sin embargo, el número seguía siendo de miles por lo que ella no tardaría en verse en aprietos.

Esa valentía le parecía desventajosa.

Los valientes morían antes. Souen era el ejemplo perfecto. Sí, había conseguido darle un golpe al orgullo de Akira como nadie nunca lo había hecho durante los 14 mil años que tenía de vida, pero no había salido indemne.

—Ah, qué pérdida de recursos —se lamentó.


Yagari Touga era un hombre pragmático. Se adecuaba a las situaciones que se le presentaban con los medios que estuvieran a su mano. Cuando Dante le había dicho su estrategia, no había podido resoplar con sarcasmo. ¿Desde cuándo un plan salía como esperaban? Así que no le sorprendió que les atacaran más temprano de lo normal, y que Takuma y Akatsuki no llegaran a la hora estipulada.

«Jodidos vampiros impuntuales», por eso había ordenado que sus cazadores estuvieran listos desde la madrugada. Armados con las mejores espadas, hachas, lanzas, ballestas y escopetas que salieran de la materia madre de la forja. Había tenido razón cuando una masiva cantidad de vampiros modificados llegaron como una horda de animales salvajes.

Kaito fue el primer cazador que se movió. Experto en armas a distancias, usó su rifle para derribar a quince antes de necesitar otro cartucho. Tenía una decena de cajas con balas especiales, llenas de paquetes en los que cabían diez cartuchos para quince balas. Kaito entendió que eso no haría la diferencia si se le ocurría errar un tiro, por lo que tuvo que ser cuidadoso.

—¡No disparen hasta que se aseguren de apuntarles bien a la cabeza! —les indicó a los cien cazadores apostados en el techo y las almenas de la asociación—. Nosotros somos la retaguardia. Nuestros compañeros dependen de que les cubramos la espalda, así que hagan bien su trabajo.

El sonido de múltiples disparos conformó una melodía retumbante. Kaito se enfrascó por completo en disparar. Fue automático. Buscar un blanco, enfocar, disparar, cargar otro cartucho, repetir lo mismo. Los vampiros modificados eran más terribles de lo que recordaba y con habilidades nuevas y poderosas. Había unos que soltaban un gas venenoso cuando morían y otros a los que tenías que matar de lejos porque cuando estallaban echaban ácido. Los peores eran los que devoraban al cazador que encontraba desprevenido. Lo agarraban con sus garras y se lo tragaban a mordiscos.

Yagari fue quien se cargaba a más de estos. Su escopeta era adecuada para ellos, y el escuadrón que lideraba había barrado con cientos.

—¡Las trampas! —ordenó a un grupito de chiquillos que tenían por trabajo activar los sortilegios que habían construido a última hora. Eran carros cargados de pólvora y estacas. Cuando los activaban, se movían unos cien metros antes de estallar y enviar las estacas a por los que estuvieran cerca. No eran muy prácticas en términos generales, pero servían a los francotiradores a tener objetivos más fáciles de eliminar.

—¡Presidente, ha llegado un telegrama del Concilio de Vampiros! —gritó una cazadora perteneciente al equipo de comunicación—. ¡Están bajo ataque! ¡El desertor Belial Rumanov no ha ido con ellos aún! ¡Sus bajas son brutales! ¡Al parecer, el desertor Michael Sinclair logró penetrar en sus defensas! ¡Piden refuerzos!

Pero Touga comprendió que eso no era factible. Ellos apenas se las estaban apañando y enviar a un escuadrón a ayudar era peligroso. Le estaba jodiendo la idea de abandonarlos a su suerte, pero era lo más lógico por hacer. Si por esgrimir ayuda, él terminaba poniendo en jaque a la Asociación de Cazadores sería como entregarle al enemigo la victoria asegurada. Además, la información que le brindara el telegrama contenía un elemento importante. Michael Sinclair ya había conseguido infiltrarse, y si consideraba la opción, una vez terminara de asesinar a todos en el Concilio de Vampiros, vendría a la asociación.

—¡Refuercen las barreras de todos los edificios! —ladró órdenes a la vez que su escopeta se descargaba contra los vampiros—. ¡Prepárense para enfrentarse a un desertor! ¡Usen los recursos con moderación!

Yagari se cuestionó si las balas serían tan veloces como Michael Sinclair. No lo conocía en persona, pero había bastado oír el relato de Zero cuando les contó sobre el secuestro de Sira como para considerarlo seriamente. ¿Cómo podrían detener a alguien tan veloz? Debían incapacitarlo para que no pudiera moverse, luego usar los carros con las estacas y luego darle con todo lo que tenían. Que Ruka matara a Jack Ripper le había dado esperanza a Yagari de tener la posibilidad de ganar.

—¡Señor, los números se están incrementando! —le informaron—. ¡Envié un escuadrón a la retaguardia! Al parecer, han entrado por las catacumbas.

—No envíes a nadie y préndele fuego a ese lugar.

El cazador claramente mostró su confusión. Las catacumbas eran un sitio sagrado donde se preservaban los cuerpos de los cazadores caídos, así como documentos y reliquias importantes. Yagari quiso rolar los ojos ante su desconcierto.

—¿Prefieres preservar un montón de huesos y papel viejo? Si nos llegan por las catacumbas estaremos rodeados. Si quieres morir para mantener tu legado, está bien, sólo no metas a los que sí quieren vivir en el mismo saco.

Apenado, el cazador terminó aceptando pidiendo a su equipo que llevara barriles con material inflamable rumbo a las catacumbas. Yagari regresó a la batalla principal, sacando una espada sarracena para cortar por la mitad a quien se le pusiera enfrente. Si Michael Sinclair llegaba, las balas de escopeta podrían servir para frenarlo. Tenía que moderarse. Kaito y los francotiradores mantenían el flujo de vampiros que llegaban en una proporción de cinco a uno.

—¡Nooo, suéltenme! —gimió un recluta cuando cuatro lo tomaron por las extremidades. Su torso cayó al piso cuando se las arrancaron, y el pobre chico gritó de dolor. El piadoso desmayo nunca llegó y Yagari tuvo que presenciar como el resto era descuartizado.

Los novatos eran los primeros que habían caído, presas fáciles por su inexperiencia. La inevitable asimilación de las muertes de sus compañeros y el instinto de supervivencia jugaron un papel importante para que reaccionaran. Fue la única manera de que se centraran. El caso contrario pasaba con los expertos. Los cazadores con más experiencia habían logrado matar a cientos de vampiros sin tener que recurrir a maniobras improvisadas. Sus movimientos eran calculados y se retiraban momentáneamente cuando los alcanzaban a herir para que los atendiera el equipo médico.

Por el momento, estaban en igualdad de condiciones contra el enemigo. Sin embargo, sabía que eso podía cambiar en cuestión de segundos.


El grupo de Dante se detuvo justo a unos cien metros de la mansión Shirabuki. El clima no había templado, así que vientos fríos y una nevada constante fue lo que los recibió. Kaname habría querido sonreír por esto. Tal parecía que los momentos importantes de su vida tenían que ser en invierno.

—Nos están esperando —dijo Alicia Thunderwitch, desabrochándose la capa roja que había vestido para la ocasión. Su menudo cuerpo quedó al descubierto, y su conjunto de falda corta y blusa sin mangas reveló un patrón de líneas en sus brazos y piernas—. Aguanten la respiración lo que puedan. Esto se va a poner feo.

El camino estaba inmaculado. No había rastro de enemigos cercanos. Cuando Alicia usó su habilidad base a la máxima potencia, las líneas brillaron. Ella golpeó con sus manos en el suelo liberando una densa nube de humo purpura que cubrió el terreno rápidamente. En menos de un minuto, aterradores gruñidos provinieron del humo. Figuras humanas se vieron en él para luego desplomarse en el suelo. Cuando la nube se dispersó, cuerpos llenos de ampollas apestosas aparecieron. Eran cientos.

—Una bienvenida nada cálida —opinó Senri.

—Esto no ha acabado —anunció Alicia. Todos se habían puesto alerta.

La tierra tembló. Del piso surgieron estacas de cristal color rosa que se dirigieron directamente al grupo. Eran veloces porque lo que tuvieron que esquivarlas. El cristal no dejó de aparecer hasta cubrirlo todo como una especie de fortaleza. El grupo quedó dividido, quedando Daemon con Zero, Hanabusa con Senri, Dante con Alicia, y Kaname solo. La voz mental de Dante les ordenó en sus cabezas que no debían desesperarse. Era obvio que el enemigo querría derribarlos por separado si Adonis había usado su cristal para separarlos. Les indicó que la habilidad base del desertor no era resistente en absoluto y que sólo debían concentrarse sus fuerzas en un solo ataque para debilitarlo y abrirse camino. —

No, pues así que fácil —dijo Hanabusa que había creado con su hielo un refugio temporal. Él y Senri habían quedado aislados, y la solución que les diera Dante no servía en su caso. El hielo que usaba cedía ante el cristal de Adonis—. Bueno, ahora queda claro que él no siempre piensa en buenas estrategias.

—No, de hecho, es buena —indicó Senri pinchando uno de sus deos para extraer su látigo de sangre—. Él no lo habría dicho si no fuéramos capaces de hacerlo. Ambos bebimos sangre de desertor desde anoche. Nuestra fuerza actual debería ser suficiente para salir de ésta.

—Oírte hablar tan optimista me pone de nervios.

—No es optimismo —dijo Senri—. Ruka pudo derrotar a un desertor por su cuenta. Nosotros somos dos. Me niego a creer que puede derrotarnos.

—Y yo me niego a creer que él esté aquí para pelear contra nosotros —dijo Aido.

Shiki parpadeó, confundido. Aido suspiró y comenzó a explicarse.

—Sin un desertor en sus filas, su estrategia tuvo que cambiar. Nosotros contamos con varios sitios de apoyo, así que tendrán que dividir sus fuerzas para compensar su falta de activos. Nosotros contamos con Dante, Alicia, Daemon, y los Rumanov. Así que ellos deben tener a los restantes. Eso nos deja en desventaja, excepto porque contamos con dos puntos fuertes. Dante y Kiryû son nuestros ases bajo la manga. Dante es el más viejo, y aunque Kiryû aún no domina del todo su habilidad, su neutralización pondrá en jaque a los demás desertores. Con esto en mente, ¿qué deberían hacer para llevarnos la delantera? El ataque sorpresa fue el inicio, y lo que están haciendo ahora es distraernos. Nosotros nos enfrentaremos a las fuerzas principales aquí, mientras el apoyo va a la asociación o al concilio para quitarlos del camino.

—En otras palabras, el desertor que acaba de atacar ya no está aquí, su objetivo era separarnos del resto.

Aido asintió.

—Y ahora, nosotros vamos a pelear contra los vampiros modificados —dijo—. En cuanto el cristal rompa mi hielo, quedaremos expuestos.

—Estoy listo —pronunció.

—Más te vale.

Como había previsto, el hielo se quebró. El avance del cristal se había detenido, pero eso no fue lo que les importó. Cientos de ojos rojos les miraban de todas direcciones. Gruñidos salvajes y cuerpos dispuestos para lanzarse a la mínima provocación. Hanabusa y Senri se posicionaron en modo de ataque y esperaron…

Cientos de vampiros se arrojaron sobre ellos, al mismo tiempo. Hanabusa hizo que su hielo golpeara a los vampiros, creando largas estacas que los atravesaron. Por su parte, Senri bailó usando su látigo de sangre, cuando se percató que no sería suficiente, optó por usar a la Bloody Rose. En cuanto activó su verdadera forma, lianas se amarraron a su brazo para alimentarse directamente con su sangre.

—¡No lo uses ahora, idiota! —gritó Hanabusa.

—Esta cosa ya se llenó con la vida de Ruka —dijo Shiki—, no me matará por usarla.

Con el arma en su versión de espada, Senri pudo deshacerse de suficientes vampiros como para abrirles una ruta por encima del cristal. Tenían que entrar a la mansión Shirabuki para resguardase del peligro exterior. Jamás habían enfrentado una cantidad tan grande de enemigos por lo que también les tocó recibir su dosis de heridas y arañazos. Los peores provenían de las garras de vampiros que utilizaban veneno. No era potente, pero les causaba un ardor casi insoportable.


En otra zona, Dante y Alicia habían derrotado a los vampiros que cometieron el error de atacarlos. El fuego negro de Herrderholle los había reducido a la nada. Ambos habían conseguido infiltrarse a la mansión por una de las puertas laterales. Alicia convocó a sus serpientes, que salieron de su cuerpo para viajar por el lugar y encontrar a sus enemigos. No confiaban en su radar ya que les había fallado en la academia, así que las serpientes eran una mejor opción pues se especializaban en búsqueda.

Pero no había servido de nada. Pasaron varios minutos para que Alicia se percatara que sus serpientes no le estaban enviando información, y cuando las buscó descubrió que estaban muertas.

—Ese hijo de perra sabía que seríamos los primeros en entrar —sonrió con ironía. Miró hacia su compañero—, ¿qué crees que nos tenga preparado?

—No lo sé —se permitió decir, por primera vez en su vida. Con Alicia ahí se dio permiso de mostrar el único punto que desconocía. Sabía que su primo había asesinado a la mayoría de los clanes, que había creado a Arika para su propio beneficio y que quería asegurarse el trono; pero faltaba algo, un detalle que no lograba concretar, y si bien estaba seguro que él tenía al menos dos movimientos más que hacer, eso lo inquietaba—, pero esto tiene que acabar hoy.

—Estoy de acuerdo —esta vez sonrió con más entusiasmo—. Después de todo, hay un montón de cosas que quiero que hagamos juntos.

—Ya hemos recorrido el mundo por completo.

—Sí, pero como dije, lo haremos juntos. Tú y yo nada más, ¿no te parece una buena idea? Porque si lo quieres podemos traer a Kaname y a Zero. Les sentaría bien quitarse el estrés.

—No suena mal.

Fue la última charla que compartieron. A partir de ese momento guardaron silencio y se adentraron a la mansión. Encontraron algunos vampiros modificados a los que derrotaron sin mayor problema. Su fino sentido del olfato y su oído súper sensible fueron puestos a prueba. El aroma era una mezcla de clavo y especias fuertes que les impedían detectar otros olores, y parecía que la mansión no dejaba que ruidos en otras habitaciones fueran detectados. Era como si hubieran hecho que toda la casa fuera un impedimento para las habilidades de un vampiro. Dante no podía usar su fuego negro ya que con su olfato comprometido no sabía si había gas o algún inflamable que se activara y comprometiera su integridad. Ambos estaban conscientes que debían llegar en óptimas condiciones.

No sabían cómo se encontraban los demás, pues incluso el poder mental de Dante había sido impedido por hechizos… hechizos que alguna vez habían pertenecido a Ekaterina Rumanov. No era algo que pudieran quitar con facilidad, así que estuvieron incomunicados con los demás.

Afortunadamente, aún eran veloces, y aunque la mansión era grande, sólo debían buscar en los sitios remotos, aquellos donde no sería sencillo el acceso. Cuando Yagari les había informado que la casa Shirabuki era la sede del enemigo, Zero le pidió al Concilio de Vampiros que les entregaran los planos de la mansión para que supieran cómo era la estructura. Los sótanos y las habitaciones en la parte trasera eran las más amplias. Ellos decidieron ir a las segundas.

El camino no presentó más enemigos, por lo que tuvieron el doble de cuidado al moverse.

Diez minutos después se toparon con una puerta de madera cerrada. Por los bordes se veía la luz de la habitación. El aroma a especias era más fuerte, por lo que supieron que habían llegado a un sitio importante. No se escuchaba ningún ruido.

Llamas negras salieron despedidas de la mano de Dante. Golpearon la puerta hasta deshacerla.

Entonces, entraron.

Luces de tonos cálidos daban la apariencia etérea de esa habitación. Era una sala de baile, por lo que el piso era liso de azulejos brillantes. No había ventanas, y salvo una tarima pequeña en el fondo, todo lo demás era sencillo. En la tarima, cortinas salmón colgaban dando la apariencia de un pequeño escenario de teatro. No les sorprendió saber que no estaban solos. Sentado en una especie de trono de piedra, Akira Tsukishiro les esperaba. Estaba en una cómoda posición y no lució perturbado por la intromisión.

—Vaya que eres una pequeña mierda —pronunció Dante avanzando hasta quedar frente a él. Alicia se posicionó a su lado, manteniendo una distancia considerable. Ella sabía que si se desataba una pelea sería entre los primos, y que sólo estaría estorbándole a Dante—. Todo este espectáculo para que al final te presentaras de esta forma tan patética. ¿Acaso te diste cuenta que no vas ganar? ¿O simplemente lo haces para joder?

—Tu vocabulario no ha cambiado en nada, primo —sonrió Akira, muy seguro de sí mismo—. Debí haberte asesinado ese día hace diez mil años, pero sentí lástima por ti.

—No me retaste porque sabías que perderías ante mí, y porque eres un sociópata. Si me asesinabas entonces no tendrías ni la mitad de placer la que tendrías hoy. Haz planeado esto durante tanto tiempo, que quieres saborear cada momento al máximo.

Una risa hermosa provino de los labios de Akira.

—Me has pillado —aceptó, elevando sus manos—. Veo que me has estudiado a fondo, primo. ¿Será porque en lo hondo de tu ser, me amas?

—Tus provocaciones no tienen efecto en mí. Te mataré, eso es todo.

—¿Ah? ¿Tan pronto? ¿No te interesa saber por qué hice todo esto y qué tengo planeado hacerte, primo?

—¿Y tener que oírte hablar? —cuestionó con sarcasmo—. No necesito que me digas nada. Sé lo que has buscado durante todo este tiempo —se llevó una mano al pecho—, quieres devorar mi corazón.

Alicia hizo un esfuerzo por no mostrarse estupefacta. Estaba al tanto de los planes de Akira, y de lo que podría suceder si no tenían éxito. Que Tsukishiro quisiera alimentarse con el corazón del más fuerte de ellos tenía sentido. Dante descendía de la primera generación, más directamente que Akira. Sus padres habían sido hermanos también. Su poder era incalculable y cada año se fortalecía. Dante no tenía los límites de Akira.

—¡Bingo! —sonrió Akira levantándose de su asiento—. Verás, aunque bebí toda esa sangre de las otras familias y me volví capaz de crear a vampiros de sangre pura, no tengo aún el poder para derrotarte. No, primo, sigues siendo más fuerte que yo. Así que tuve que pensar a fondo la manera de deshacerme de ti para siempre. Al principio quise ir tras tu punto débil, asesinar a Alicia —y la miró—, pero eso sólo habría apresurado mis planes así que decidí esperar. La capacidad de aguardar el momento adecuado es una cualidad importante. Mi padre nunca pudo ponerla en práctica por lo que no pudo mantener por mucho tiempo el trono.

—Tú lo asesinaste, ¿verdad? —dijo Alicia.

—No vale la pena desmentirlo ahora —se encogió de hombros—. Las cosas son como son. Hay quienes son incapaces de seguir sosteniéndose de la escalera, la caída los quiebra. Pero no soy como ellos. Yo voy a seguir subiendo.

—Y yo voy a hacerte caer —declaró Dante dando por terminada la conversación.

Los primos se miraron mutuamente, analizándose. El ambiente se atiborró de una tensión palpable. El primero en dar un paso en falso, le daría la ventaja al otro. Pero Dante había esperado muchos años. El ser que más odiaba en el mundo estaba frente a él. El fuego que expelió en un ataque masivo hizo que la temperatura del cuarto se elevara de inmediato. Akira lo detuvo como pudo, contratacando con las múltiples habilidades que había adquirido. Pero había tenido razón al decir que su primo lo superaba.

Dante había pasado quince mil años entrenando su habilidad de fuego. Haciéndose experto y sacándole todo su potencial, mientras que Akira estaba fragmentado, practicando temporalmente cada habilidad base disponible en su repertorio sanguíneo.

Alicia se había alejado, acercándose a la salida. Si Akira tenía planeado que vampiros modificados o algún desertor viniera para servirle de apoyo, ella lo detendría.

Una lucha feroz se llevaba a cabo en medio del salón de baile. Dos vampiros del más alto nivel, peleando por sus propios motivos. Las paredes lisas y blancas ya estaban sufriendo el impacto de los colosales ataques. El escenario se fragmentó. Las cortinas se prendieron en llamas. Dante hacia honor a su apellido, trayendo el mismo infierno a la habitación. Alicia era capaz de ver claramente las emociones fluir a través de las llamas. ¿Cuántos años Dante tuvo que esperar por el momento para vengarse? ¿Cuánto tiempo se mantuvo aislado hasta alcanzar el poder suficiente para que avergonzar a Akira? Era emotivo a su manera, y su corazón latió con fuerza.

El encuentro no se prolongó demasiado. Tales eran las fuerzas en juego que al mínimo error por parte de Akira, Dante aprovechó la apertura. Se movió hasta tomar por el cuello a su primo. Su agarre fue de acero y Dante disfrutó del sonido de su garganta al apretarla.

—Mala suerte, Akira —pronunció con tono velado de placer—, pero tú pierdes.

Akira no hizo ninguna mueca de dolor, en cambio, una sonrisa similar a la de su primo apareció en sus labios.

—No, yo gano.

El grito repentino de Alicia Thunderwitch hizo que Dante mirara de reojo.

—Imposible… —sus ojos se abrieron de par en par.

Alicia había sido capturada por un hombre adulto. El cabello negro y los ojos almendrados denotaban su parentesco con Dante y Akira; tenía la cara cubierta por una barba espesa, y los músculos al descubierto. Grandes cicatrices atravesaban su pecho, y sólo vestía un pantalón oscuro. Alicia emanaba veneno de su cuerpo para que la soltara, pero el hombre no se dio por aludido, como si no le hiciera daño.

—Saluda al abuelo, primo —dijo Akira.

—¿Cómo…?

Tsukishiro disfrutó del desconcierto de Dante. Después de tanto tiempo, al fin sabía algo que el otro no.

—Erioll siempre fue blando con mi padre, y como su nieto favorito, había pocas cosas que pudiera negarme. Le dije al vejete que me contara la historia de su ascenso. Me lo dijo todo. Desde ser un simple ser humano que tuvo la suerte de encontrarse con Rowen y Rowan, quienes lo convirtieron en lo que era. ¿Lo sabías, primo? Erioll era un soldado que fue herido en batalla y abandonado, uno de los muchos que parecieron en las guerras antiguas. Su sangre atrajo a Rowen y Rowan, y bebieron de él. Lo curioso es que él fue el primer humano al que le clavaron los colmillos. No tuvieron idea de lo que hacían ni de las consecuencias que tendría para ellos. Erioll sabía que le habían dado una segunda oportunidad y se encargaría de ser el líder por primera vez. Secuestró a los gemelos, a esos niños pequeños, que no pudieron escapar de Erioll pues habían estado viviendo por sí solos en el bosque. Qué ingenuos. Si hubieran sabido de su poder… —se zafó del agarre de Dante y colocó su mano sobre su hombro—. Erioll quizás no era el vampiro original, pero sí fue el primero en recibir el don y eso tiene mucho peso. Doblegarlo fue difícil… me tomó milenios. Era persistente. Cuando Catena se unió a mí, tuvo más chance. Ahora sólo me obedece a mí.

Pero si había esperado más desesperación por parte de Dante, fue decepcionado. Herrderholle empezó a reírse.

—Joder, esto no me lo esperaba. Ese detalle que se me fue era esto. Realmente le pusiste empeño, Akira, pero eso no es suficiente. ¿Crees que no dejara que ese idiota mate a Alicia?

—¿Lo ponemos a prueba? —cuestionó, retador.

Dante se movió en un parpadeo hasta quedar detrás de Erioll. Al mismo tiempo, Alicia había concentrado su veneno en las puntas de sus dedos de la mano derecha, convirtiéndola en un arma que podía desintegrar piel, músculo y hueso. Trató de cortar el brazo que la sostenía para darse cuenta que sólo había hecho un corte profundo. Erioll no se mostró adolorido ni porque Alicia siguó intentado. Dante tomó a su abuelo por la cabellera y lo prendió en llamas. Pero el resultado fue el mismo que con Alicia. La habilidad base de Erioll consistía en una resistencia y poder curativo sin limites. Para hacerle mucho daño, tendrían que usar todo su poder.

—Mátala, abuelo —ordenó Akira que había vuelto a sentarse—, y tráeme el corazón de mi primo.

—¡Mierda! —Dante dejó de usar su fuego para bastarse con su fuerza bruta. Alicia también puso de su parte, y antes de que Erioll la apretara con más fuerza, entre ambos pudieron liberarla. Ella soltó una cortina de veneno para despistar a Erioll y pudieran escapar.

Ambos desertores corrieron a máxima velocidad por el pasillo. Alicia creaba nubes de veneno a la vez que Dante colocaba trampas con su fuego oscuro. No sabían si eso serviría contra el más viejo de todos los vampiros, pero necesitaban tiempo. Debían informar a los demás lo que acababan de descubrir. Pararon al toparse con una habitación vacía en la que entraron.

—Dime, por favor, que hay una manera de matar a esa cosa —pidió Alicia entre respiraciones entrecortadas.

—Ni aunque tú me lo pidas, podría darte una respuesta —replicó—. Akira ha sacado su carta triunfal desde el principio porque sabía que nos enfrentaríamos de inmediato. Él no habría podido contra mí, así que ha usado a quien si puede. Ahora entiendo que la muerte de Erioll Whitemonn fue encubierta todo este tiempo. Debí imaginarlo. Los Winchester tuvieron que ver en eso. Por eso Akira es tan cercano a ellos.

—¿Los Winchester? ¿No querrás decir que…?

—El traidor en nuestras filas es Daemon. Él fue quien contó de nuestro plan a Akira, quien procuró mantenerlo informado de lo que su amante hacia. No de extrañar. Daemon siempre fue fiel a Akira.

—¡Pero él está con Zero! —exclamó Alicia.

—Lo sé —apretó el puente de su nariz—, lo sé, pero no puedo hacer nada. Haberle contado al cazador que Daemon podría ser un traidor habría hecho que Akira se apresurara. Tenía que reunir a los que conocían que Akira estaba jugando sucio para contrarrestarlo. Sirvió para una mierda, pero Amelia ya me había dicho que los planes y lo que pasa cuando aplicas los planes no siempre coinciden.

—¿Qué vamos hacer ahora? Lo único que se me ocurre es escapar. Erioll Whitemoon no es el tipo de contrincante con el que podamos luchar. Si sólo estuviera él, quizás, pero con el ejército que tienen… y todavía hay más desertores.

—¿Ah? Creí que habías dicho que odiabas a los pesimistas.

—Y los odio. Yo soy realista, Dante, y si esa cosa no es destruida, perderemos.

—Ya lo sé —espetó, suspirando—. No creas que vine aquí para morir a lo estúpido. Todavía tengo trucos bajo la manga.

Alicia lo miró confundida. Era normal que Dante callara algunos puntos de sus planes, pero no que en ellos se incluyera algo como su propia muerte. Dante deseaba vivir, y Alicia había sido feliz que la estrategia no contemplara un deseo suicida por ganar.

Dante abrió los botones de su abrigo y también los de su camisa para mostrar su pecho.

—¿Qué hiciste?

—Lo que debía hacerse.

Había una costura que lo atravesaba por la altura de su corazón. Alicia tocó el sitio percatándose que no había sanado. Pegó la oreja al pecho, había pulso, pero se sentía extraño, como si no concordara. Olfateó por encima notando los diferentes aromas que provenían de la herida.

—No —musitó, sintiendo que sus ojos se llenaban de lágrimas—. No.

—No empieces a llorar ahora, Alicia —dijo Dante—. Siempre sonríes.

—¡Porque nunca se te había ocurrido hacer algo tan estúpido!

—Exacto, por eso Akira no lo esperará —la tomó por los hombros—. Te dije que quiero acabar con todos los desertores, eso me incluye a mí.

—Me hiciste creer que podríamos ganar y vivir luego de que esto terminara.

Dante le agarró del mentón.

—¿Me creíste realmente? —su tono fue dulce, como nunca antes lo había sido.

Ella tuvo que negarlo.

—No, sabía en lo que me metía —su sonrisa fue triste—. Esto no tendrá un final feliz.

—Así es, no lo tendrá. Ahora, escucha con atención, Alicia, tú no importas demasiado de momento. Akira todavía cree que tengo mi corazón, y hará lo posible por conseguirlo. Y lo tendrá, sólo que no como espera —sacó un pequeño frasco, donde un pedacito de carne roja con venas y arterias latía con armonía—. Aquí está mi corazón. Los desertores pueden seguir viviendo mientras un pedazo de su corazón exista, y si lo devoras…

—Heredaré tu poder en bruto —completó ella—, incluso si es así, no puedo derrotar a Erioll. No podré controlarlo

—Soy egoísta.

—Lo sé, y eso es lo que más gusta de ti —dijo Alicia—. ¿Crees que se darán cuenta?

—No si lo haces ahora. Come mi corazón, Alicia, y luego busca a Kaname. Él sabrá qué hacer si es que aprendió algo de mí —ella asintió, destapando el frasquito y metiendo a su boca el contenido. No lo masticó, tragó entero el trozo y se sintió un poco mareada cuando más de quince mil años se sumaron a los suyos. No fue placentero. Se sintió desbordada y le costó mantener el poder al mínimo. Ella no sería capaz de controlar este poder, y si lo usaba estallaría antes de hacer algún daño.

—¿El chico Kuran podrá…?

—He trabajo el cuerpo de Kaname para que sea capaz de absorber cualquier poder sin sufrir complicaciones. No me habría interesado en él si no hubiera sido especial. La mujer que le pidió a Akira que lo convirtiera también lo sabía. Kaname nació para ser un vampiro. Su cuerpo puede soportar cambios bruscos físicos.

—Cuando Akira te mate hará lo que todos hacen cuando creen que están ganando. Cuando cometa un error, porque lo hará, me encargaré que sepa que tú ganaste. Se lo voy a restregar en la cara —ella le sonrió por última vez. Una sonrisa sincera rodeada por las dos lágrimas que se le habían escapado sin que se diera cuenta.

Dante pensó que no había nada más hermoso que su cara.

Por eso no se resistió al deseo de besarla. Acto que ella correspondió de inmediato, con una timidez que sólo reservaba para él. Fue breve, apenas un roce. Uno que los estremeció por completo.

—Ya es hora —dijo Dante saliendo de la habitación, sin mirar atrás. Alicia se iría un minuto después para otra dirección. Ella saldría de la casa para buscar a Kaname.

Dante no había aceptado que Kaname era especial sólo porque sí. Cuando era joven se había preguntado cómo era posible que nacieran vampiros con habilidades tan diferentes, como Erioll, no más bien los gemelos Rowen y Rowan, habían convertido a un montón de humanos en criaturas totalmente diferentes. Cada conversión era distinta. Kaname había sido un descubrimiento refrescante, con todo su porte noble y sus sueños de adolescente. Dante lo estudió a fondo, no sólo analizando su habilidad base de desintegración sino también su cuerpo. Había creído que era imposible que un vampiro desarrollara dos habilidades básicas al mismo tiempo hasta que lo conoció. Kaname era capaz de soportar cambios que a otros los destruirían. Había sido capaz de soportar los tormentos a los que Dante sometía a muchos, saliendo casi indemne y aprendiendo valiosas lecciones.

Akira podía pensar que Dante quería sentarse en el trono que Erioll arrebatara a su padre. La realidad era distinta. Dante no pensaba en convertirse en rey, sino en coronar a uno. No le interesaba gobernar, pero se aseguraría de que alguien capacitado guiara correctamente la nueva era de la humanidad y de los vampiros. Era lo que sus padres habrían querido, y aunque estaban muertos, Dante podía permitirse cumplirles eso al menos.

Las trampas que colocó fueron insuficientes para detener a Erioll. Lo encontró dos pasillos adelante con la apariencia barbárica recobrándose por su increíble habilidad para sanarse. Erioll era una máquina de guerra, y Dante comprendió cómo había podido dominar a Rowen cuando su abuela era más fuerte. Era esa aura intimidante, esa que expedía por cada poro como burlándose de sus enemigos. Era el aura de alguien para quien matar era ya parte de su rutina.

Dante expandió su poder todo lo que era capaz. Necesitaba que Erioll se concentrara sólo en él para que Alicia tuviera tiempo.

Su abuelo lo derribó cuando intentó atacar con fuego. Tomó a Dante por el cuello y lo estampó contra el suelo. Dante viviría sus últimos momentos en una pelea donde el título del más fuerte no sirvió de nada. Erioll Whitemoon representó no sólo su derrota, sino el volver de sus recuerdos infantiles cuando había sido demasiado débil para detener a Perseo de matar a su madre y hermano. La mano monstruosa lo agarró de la cabeza y lo mandó volando a una de las paredes. El impacto la derrumbó y la fuerza empleaba lo hizo atravesar otras tres paredes.

—Joder —se paró de los escombros, notando el sabor de su sangre en la boca.

Los pasos de Erioll retumbaron cuando marchó para acabarlo. Diablos, no era un niño, ahora tenía el poder necesario para cumplir con uno de sus objetivos siquiera. Erioll era más viejo que él y más experimentado, pero eso no debía impedirle dar una buena pelea. Como le había dicho Amelia, si hacia el ridículo que el espectáculo valiera la pena.

—No te ves nada bien, primo —oyó que decía Akira. Probablemente el muy infeliz no deseaba perderse la paliza—, pero no creo que estemos llegando al estado en que te quisiera ver. Escucha, te odio tanto que no sólo quiero herirte en el orgullo, quiero que sufras. Sé que le estás dando tiempo a Alicia para que escape, pero no servirá, y sabes que la mataré. ¿Qué se siente no poder proteger ni siquiera a la persona que amas?

—Alicia no necesita que la protejan —espetó—, la traje sabiendo que iba a morir. Me preparé para perderla desde que decidí seguir con todo esto. A diferencia tuya soy capaz de dejar las cosas que anhela mi deseo.

—Oh, qué conmovedor —dijo—, pero no quiero que estés estoico. Como dije, quiero que caigas en la desesperación. Seguro que te estás pregunta que puedo decirte para destruirte. No es nada complicado de explicar. ¿Recuerdas que tu padre quiso asesinar al mío cuando mató a mi tía? Bueno, digamos que ni siquiera pudo tocarle un pelo. Así es, querido primo, mi abuelo odiaba tanto a Arcturus que no dudó en asesinarlo nada más pisó nuestra casa. Tu padre murió sin poder vengarse. Fue débil justo como tú.

—¿Y con eso pretendes herirme? Mi padre me enseñó muchas cosas antes de morir. Tu padre lo único que pudo enseñarte es a odiarte a ti mismo. El mío me dijo que nunca olvidara lo que era porque el mundo no lo haría. Que debía convertirlo en mi arma para que nunca fuera mi debilidad. Que debía ponérmelo como armadura así nunca lo usarían para herirme… no lo estás entendiendo, ¿cierto? Lo que quiero decirte es que, incluso usando al abuelo, nunca serías capaz de lastimarme, Akira.

Erioll y Akira aparecieron en el hueco de la pared. La mandíbula tensa de Tsukishiro le brindó a Dante la evidencia de que lo había herido en el orgullo.

—Vas a morir —amenazó Akira ya sin atisbo de diversión—. Te mataré, luego iré por Alicia y finalmente por Kaname. Me cargaré a todos.

—Eso ya no me importa —elevó sus manos haciendo una bola de fuego que ardió a una temperatura que derritió el suelo debajo. La piel de sus falanges también se achicharró un poco. Estaba dándolo todo en este ataque.

Cuando la arrojó, una lluvia de imágenes pasaron por su cabeza. La película de su vida fue extremadamente larga, y a pesar de eso, no duró más que unos segundos. Vio a sus padres, el toque suave de su madre y la sonrisa amable de su padre, sintió el latir del corazón de su hermano a través de la pancita materna; sintió el dolor de la perdida, y el camino de la venganza; conoció de nuevo a Amelia Thunderwitch, y a los ojos azules de Alicia; habló con Jack Ripper sobre un secreto en particular; vio el potencial de Kaname; conoció a un montón de personas interesantes y a un cazador cuya habilidad podía cambiar el destino de todo…

La bola de fuego impactó contra Erioll, derritiendo su piel y músculo, dejándolo como un esqueleto monstruoso.

Erioll avanzó pese al calor y sus heridas que ya estaban curándose. Dante repitió el ataque, percatándose que la habilidad base de Erioll funcionaba de acuerdo a la adaptabilidad de su cuerpo para sanarse de ciertos ataques. Si continuaba usando su fuego, Erioll podría contrarrestarlo más fácilmente.

Qué patético. Moriría estúpidamente. Amelia se reiría de él. Lástima que todo en lo que pudiera pensar en ese momento era en Alicia.

La mano de Erioll Whitemoon le golpeó directo en el pecho. Su carne fue dañada. Sus costillas se rompieron. Le sacaron el corazón de un solo movimiento. El órgano palpitante escurría chorros de sangre y cuando Akira lo tomó y se lo comió, Dante sólo pudo cerrar los parpados.

—En verdad te gané, primo —sonrió Akira con la sangre chorreando de la boca. Luego se dirigió a Erioll Whitemoon y dijo—: No te necesito más aquí. Ve y asesina a todos los que estén en la Academia Cross —la criatura asintió a sus órdenes y soltó a Dante que cayó directo al suelo—. Como muestra de mi respeto a tu esfuerzo, no le haré nada a tu cuerpo, primo. Puedes morir lentamente. Sé lo que significa que otro desertor coma tu corazón. Así no podrás restaurarlo, ¿no es así? No creo que desarrollaras ese poder.

Y Akira abandonó el cuerpo de Dante Herrderholle.


Los brazos de Zero se deshicieron de un grupo de vampiros modificados que habían tratado de entrar por la ventana. No había sido difícil para él abrirse un camino por el cristal que los bloqueaba. Su habilidad base era neutralizar cualquier poder vampírico. Él y Daemon encontraron una entrada a la mansión por la puerta principal. Dentro, había intentado dirigirse a los sótanos, pero ya fuera por enemigos que surgían de la nada u otra razón, a Zero le daba la impresión que estaban dando vueltas en círculos. Era extraño. Él había memorizado los planos de la mansión Shirabuki y eso no debería estarle pasando.

Además, no ayudaba que Daemon estuviera más callado de lo normal. Cuando Zero le preguntaba por la ruta, el rubio vampiro se lo dejaba a él. Zero no tenía problemas con trabajar individualmente, pero estaban en la guarida del enemigo, no podían simplemente actuar como si no confiaran entre ellos.

Zero estaba preocupado por los demás. Senri y Hanabusa habían quedado aislados, y aunque confiara en que podrían defenderse por sí solos, la idea de que pudieran encontrarse con un desertor le inquietaba. No quería más sacrificios. No quería perder a nadie más. Dante y Alicia habían quedado apartados, pero Zero tenía la impresión que ellos podrían lidiar con lo que se les presentara. Y luego estaba Kaname. Pensar en él era difícil para Zero porque le entraba una necesidad imposible de derrumbar la mansión Shirabuki para hallarlo. No tenía lógica, sólo quería saber que estaba bien.

Las esencias fuertes en el aire le impedía guiarse por el olfato y las paredes estaban construidas para ahogar sonidos. Zero hacia lo posible por no perder la paciencia.

—Creo que deberíamos ir por aquí —dijo Daemon rompiendo la quietud. Zero se detuvo para mirarle—. La mansión no pudo quedar como en los planos, Zero-rin. Si consiguieron hacer que dos de nuestros sentidos se volvieran inútiles, quizás hayan cambiado la estructura misma. Hemos estado dando vueltas a loco.

—¿Es eso posible? Habríamos visto como su mueven las habitaciones o algo así.

—Mi madre construyó una mansión cuya finalidad era despistar a los extraños. Era difícil conseguir que las habitaciones, puertas y pasillos se movieran sin dar esa impresión, pero no era inverosímil —explicó—. Ritter conocía bien la mansión. Él pudo brindarle los planos a Arika para modificar la casa Shirabuki.

—Bueno, eso tiene sentido —suspiró Zero. Estaba ligeramente agotado al usar sus poderes. Los brazos habían vuelto a ocultarse en su espalda—. Entonces sabrás cómo moverte en este lugar. Demonios, Daemon, hemos estado perdiendo el tiempo, ¿por qué hasta ahora se te ha ocurrido hablar?

Winchester sonrió. Su expresión se tornó melancólica. Con lentitud, llevó su mano hasta acariciar el contorno del rostro de Zero. Sus yemas recorrieron la suave textura de su piel hasta tomar su mentón.

—Quería estar un rato a solas contigo. Prolongarlo lo más que se pudiera.

Aunque este tipo de confesiones no era extrañas viniendo de Daemon, a Zero le mosqueó que se pusiera en ese plan cuando tenían que estar serio.

—De verdad qué mal momento para ponerte cursi —le apartó la mano con un movimiento suave, pero firme—. Muéstrame el camino, y cuando esto acabe, dejaré que me arrastres a una de esas citas que tanto me pedías, ¿vale?

Daemon sonrió de nuevo. Zero se sintió tentado de preguntarle qué estaba pasándole por la cabeza en ese momento, pero Winchester reanudó la marcha. A Kiryû no le quedó más opción que seguirlo. Con el ceño fruncido y su sexto sentido inquieto, ya no pudo atribuir al contexto tanta seriedad de Winchester. Éste no era Daemon, aquel tipo irritante que se le colgaba como su fuera un maldito koala. ¿Qué le pasaba? A lo mejor, pensó en la posibilidad, estaba preocupado por cómo Akira haría finalmente su aparición. Seguramente Dante no se lo tomaría a bien y habría un conflicto. Tan pronto como lo mentalizó, una vocecita parecida a la suya, le dijo que estaba portándose como un idiota. Que su incapacidad por aceptar que podrían engañarlo de nuevo le jugaría en contra y que Daemon no era su amigo, era el sirviente de Akira.

Daemon lo guió por un par de pasillos vacíos. Tal parecía que sí conocía bien el mecanismo del que había hablado porque notó que transitaban piezas que no había recorrido antes. Sin embargo, conforme avanzaban el olor de especias se intensificaba al punto de marearle un poco. Llegaron frente a una puerta al final del pasillo. Era de ébano negro, lisa y sin manija. Zero no recordaba haberla visto antes en los planos.

—No debemos entrar ahí —lo dijo intuyendo que nada bueno le esperaría al otro lado. Su intuición nunca le había fallado, y ahora no podía prescindir de ella—. Tiene que haber otra ruta. Una que no tenga por meta esta puerta.

No obtuvo palabra alguna de su acompañante. La alarma que hasta hace poco sólo punzaba con ligereza, estalló en ruidosas sirenas. Algo había cambiado repentinamente. Algo que le hizo alejarse de Daemon y mirarle detenidamente para pedirle una explicación. Winchester se limitó a verlo. Por su expresión, pudo percatarse del flujo de emociones. Estaba sufriendo. Sea lo que sea que iba a pasar, estaba provocando gran aflicción en él.

—La primera vez que te vi —comenzó a decir con voz velada de tristeza— pensé que estaba ante una alucinación. Cabello plateado, ojos brillantes, piel mármol… eras lo más hermoso que había visto en mi vida. Pero tu belleza no era tierna o delicada como la de los querubines. Eras como una rosa llena de espinas, largas espinas que hirieron a mi corazón. Cuando Akira-sama nos presentó me enamoré de ti, y conforme te conocía más y más, más y más tenía la certeza de que habías nacido para mí. Te anhelaba tanto… pero tú querías a mi señor, y yo sólo era su subordinado. Sin importar cuánto te deseara no podía ir contra las órdenes de Akira-sama. Debía vigilarte.

—¿Vigilarme?

—Creí que te habrías dado cuenta. Ya entiendo que tu confianza no sólo te hace bello, sino fácil de engañar. Todo este tiempo he estado trabajando bajo una misma orden: Vigilarte y asegurarme de llevarte a tu destino final.

—Jódanse tú y el destino final, Daemon —sus brazos salieron en un impulso instintivo por protegerse—. ¡Todo este tiempo has estado ocultando secretos!

Y pensó en Ruka, en los que todavía se encontraban peleando y en Shizuka diciéndole que sus sentimientos se interpondrían de nuevo. Aquí estaba la prueba más eficaz de ello.

—¿Por qué? —exigió saber, iracundo. El mareo repentino le nubló la vista.

—Porque soy un vampiro —contestó—. ¿No te estás sintiendo bien, cierto? Se debe al aroma que has estado oliendo durante todo este rato. Es una mezcla extraña que pone a dormir a vampiros jóvenes, para mantenerlo bajo control. Era usado con frecuencia por los padres que deseaban corregir el comportamiento de sus hijos hasta que se formó el Concilio de Vampiros y se decidió que no era ético usarlos. Guardé un poco entre mis cosas. Nadie sospecharía porque tiene un aroma fuerte a especias como clavo y comino. Lamento haberlo empleado contigo, pero seguramente no permitirías que Akira-sama se te acercara una vez descubrieras la verdad.

—¿Qué…? Maldición…

—No te resistas, Zero. Sabías que esto pasaría. Akira aún no bebé de ti. Tus recuerdos te impedirán iniciar un futuro con él.

—No… no quiero… no voy a olvidarla… no voy a olvidar a nadie —su habilidad se desactivó. Su cuerpo se sentía pesado—. Daemon… no…

—Lo lamento, pero no puedo desobedecer a Akira-sama.

Lo último que vio antes de perder el conocimiento fue la cara llorosa de Daemon Winchester. Con el cazador neutralizado, Daemon lo alzó con sus brazos y lo llevó adentro de la habitación. Era un cuarto de paredes lilas e iluminación azul. Una cama grande aguardaba en medio cubierta por cortinas de seda transparente. Acomodó ahí al cazador, aguantándose las ganas de acariciarle el rostro como había hecho anteriormente. De reojo miró hacia atrás para descubrir la figura de Akira entrando en la habitación.

—Todo ha salido como esperaba, Akira-sama —dijo Daemon. Tsukishiro caminó hasta quedar al lado de la cama, a la vez que su subordinado hincaba la rodilla para rendirle tributo—. Veo que su primo no esperaba que usted contara con el apoyo de Erioll-sama.

—Dante obtuvo lo que merecía, igual que su padre —tocó el rostro del cazador, disfrutando de la suavidad de su piel. Zero se había aún más hermoso de lo que era, pero para alcanzar la perfección faltaba una sola cosa.

—¿Eliminaré a los restantes? —preguntó.

—Claes se hará cargo de Hanabusa Aido y Senri Shiki. No te preocupes, mi estimado amigo, todo está sucediendo como debe ser. Tal vez falle alguna cosa, pero cuando muerda a Zero y me lleve sus recuerdos, luego podré usar su habilidad para deshacerme de las fallas de cálculo. Dante no debió ser tan arrogante. Si hubiera actuado con más humildad quizás esto no habría pasado. Es una pena haberlo matado, era mi familia después de todo. Sin embargo, no se puede borrar el pasado.

—Así es, mi señor —asintió Daemon con voz apagada. ¿Por qué se sentía tan vacío? Había hecho lo correcto. Su lealtad siempre sería para Akira. Obedecer sus órdenes era fundamental para justificar su existencia.

—¿Akira-sama?

La vocecilla de Arika Kurotsuki resonó en la habitación. Akira no abandonó su lugar junto a Zero, ni dejó de tocarlo. Daemon tampoco cambió de posición. La chica caminó hacia ellos. Winchester no pudo evitar pensar en lo amargo que se tornaría el futuro para ella. Recordaba con claridad el momento de su creación. La carne de cada desertor moldeada y convertida en un cuerpo poderoso. Múltiples medicinas se crearon a partir de los anticuerpos de Arika; también se fabricaron pomadas con base en su carne. Arika en sí era la cura para todas las enfermedades. La razón de que Akira la hubiera mantenido a su lado y llenado de falsas promesas era por dos razones. La primera porque la necesitaba para presentarla como la esperanza de la nueva era. La reunión entre desertores era un hecho desconocido para la mayoría, por lo que si presentaba a Arika como su carta triunfal obtendría el apoyo de los humanos (Akira mataría a todos los vampiros para crear una nueva sociedad otra vez). La segunda razón residía en la parte humana de Arika. Los ojos violetas y el cabello blanco no era una coincidencia. Los Kiryû habían existido desde antes de volverse una familia de cazadores. Eran personas de notable belleza y ciertos rasgos inusuales. Arika había sido la segunda hija de una pareja superviviente de la tragedia del cambio climático. Akira la tomó cuando estaba en la cuna, dejando a los padres y al hermano mayor con la incógnita de su paradero.

¿Quién habría dicho que el primogénito, el hermano mayor de Arika, sobreviviría el tiempo suficiente para postergar su clan? ¿Quién habría pensado que su legado se encontraría con uno de sus ancestros? Si Zero Kiryû hubiera sabido que Arika Kurotsuki era parte del linaje de su familia, ¿qué habría sucedido?

Daemon estaba intrigado. Un ancestro y un sucesor. Ambos unidos por la ironía de la inmortalidad. ¿Acaso Akira se daba cuenta de lo que estaba haciendo?

—¿Qué hace el Usurpador aquí? —el tonillo meloso se tornó en un tono grueso y furioso—. ¡Él no debería estar contigo, Akira-sama! ¡Él sólo es un maldito Usurpador! ¡Tú mismo lo dijiste!

—Guarda silencio, Arika —pidió con suavidad. Daemon reconoció el sonido. Akira solía usarlo cuando quería que alguien le obedeciera en enseguida.

Pero ella no estaba dispuesta a ceder. Akira había sido siempre la luz de su vida. Recordaba los primeros años de su existencia. Encerrada en ese laboratorio oscuro y frío, usada como material desechable. Entonces, Akira había ido a rescatarla, a protegerla y a mimarla. Lo amaba tanto… que cuando supo que él quería proteger a Zero Kiryû, fue como una puñalada. Ella no quería compartirlo con nadie. Quería que fuera solamente para ella, así como ella le pertenecía a él.

Intentó decírselo. Explicar que tenía que alejarse de ese usurpador. Que no le debía nada a él, y que ella era lo único que necesitaba. En su afán por hacerle cambiar de opinión, no se percató de que Akira empezaba impacientarse hasta que finalmente la calló usando una onda de choque que la envió hacia atrás.

Ella quedó tirada en el suelo, incapaz de comprender lo que había sucedido. Sin poder entender que una vez Akira tuvo a Zero a la mano, él ya no tenía que fingir que Arika era más que una pieza con la que podía jugar.

—No olvides nunca cuál es tu lugar —espetó Akira con frialdad. Tomó a Zero para acomodarlo en su regazo y acercar su boca a la suya—. Él es mi Rey. La pieza más valiosa en el ajedrez.

—No… no lo hagas —suplicó ella derramando cuantiosas lágrimas—. No, Akira-sama…

Los colmillos de Tsukishiro perforaron la garganta de Kiryû. La sangre brotó al instante, inundando su boca y provocándole una de las experiencias más placenteras de su vida. Por fin cumplía su fantasía. Sorbo tras sorbo, los valiosos recuerdos eran tomados, destruidos. Akira estaba seguro de ello. En cuanto Zero despertara no habría más estorbos. Akira se convertiría en todo para él. no importaba cuánto Zero apreciara a Ruka, Senri, Rima, Kaito y Yagari, ni tampoco el vínculo de sangre que tenía con Kaname (cuando se lo dijo Daemon había ardido en rabia. Había sido difícil controlarse para no aparecer y rasgarle la garganta a su antiguo neófito).

Bebió hasta hartarse, hasta asegurarse que se lo había llevado todo. Cuando terminó lamió las líneas rojas que habían fluido, para sellar las heridas que provocó. Después sostuvo a Zero para besarlo profundamente. Los sollozos de Arika no lo pararon, siquiera porque le tuviera un poco de consideración. Quizás ya no le importaba fingir porque al final Arika tampoco podría alejarse de él.

Cuando terminó, Akira depositó a Zero de vuelta en la cama, dándole un beso en la frente a modo de despedida temporal.

—Daemon, ayuda a Claes a deshacerse más rápido de esos dos —ordenó—, yo iré a buscar a Alicia. Seguramente Dante envió a Alicia a buscarlo, por lo que será más fácil asesinarlos cuando estén juntos.

—Una idea espléndida, mi señor —asintió y se levantó para llevar a cabo lo que le ordenó. Pasó al lado de Arika, sintiendo lástima por la criatura que había creído estar en la cima, y sólo había sido usada. Casi quiso reírse. ¿No le habían hecho lo mismo a él? Pensó que podía controlarlo, que sería sencillo, pero se sentía tan dividido que no podía comprender la razón.

Akira salió después, y antes de pasar por la puerta se dirigió hacia Arika.

—No lo toques —pidió—. Zero es importante para mí y si no quieres que termine odiándote, entonces no hagas nada. No quiero tener que matarte, pequeña. Te tengo cierto aprecio. Así que no lo eches a perder, ¿vale?

Consciente de que Arika no podría traicionarle a pesar de todo, Akira abandonó el cuarto para ir a terminar su trabajo.


Aido y Shiki habían conseguido entrar a la mansión por la parte trasera. Les llevó bastante tiempo rodear el terreno a la vez que se deshacían de cuanto vampiro se topaban. Cuando al fin lograron resguardarse, Hanabusa terminó con el abrigo y camisa hechos jirones, mientras que la playera de Senri terminó sirviéndole de venda cuando un rasguño le alcanzó el brazo; la herida en sí no sanó por lo que tuvo que vendarse para no debilitarse. La Bloody Rose ya no era una opción como arma, siquiera porque no necesitaba de otra vida para funcionar. Senri estaba agotada, y Hanabusa apenas podía producir hielo.

—No hemos encontrado a nadie —dijo Aido entre cortas respiraciones. Pocas veces había estado tan fatigado. Sus antiguas peleas nunca habían exprimido de sí tanta energía—. Si ellos hubieran hallado a Arika o un desertor, nos habríamos enterado de algún modo, pese que nuestro olfato y oído estén comprometidos. Una pelea de tal magnitud se habría sentido.

—No lo creo —comentó Shiki—, esta casa es rara. ¿No te parece extraño que no seamos capaces de encontrarnos los unos a los otros?

—He pensado un poco en ello a decir verdad —admitió—. Durante estos días hablé con Belial-sama acerca de las singularidades de cada familia. Los Ripper eran seguidores de Rowen. Los Cavallone hacían elegantes fiestas en salones de baile. Los Winchester tenían la peculiaridad de construir casas con trampas y pasadizos que no llevaban a ningún lado. Puede que toda la casa Shirabuki sea ahora una especie de sitio donde se pueda enfrentar a vampiros poderosos como los desertores con relativa facilidad.

Senri meditó sus palabras. Eso quería decir que no importa qué tan fuerte fueras, si no conocías los trucos de la casa podrías dirigirte a una trampa. Ahora entendía porque el olor era tan intenso, estaba para esconder otros aromas de sustancias nocivas para un vampiro.

—Como sea, tenemos que seguir —alentó Aido—, estamos cerca de los sótanos. Si consideramos que son la parte más alejada y oculta, seguro hallaremos algo interesante.

—O algo muy peligroso —completó Senri.

—Dije interesante para no generar más tensión —dijo, mordaz—. Por los dioses, Shiki, sé que podemos estarnos dirigiendo a una trampa que nos brindará una muerte horrible, o tal vez benevolente. Quien sabe. O podríamos toparnos con un desertor, y en el estado en el que estamos, la pelea que demos será lamentable.

—Lo siento. Estoy cansado.

—¿Y crees que yo no? Mataría por no tener que estar aquí. Desearía estar en mi habitación leyendo una buena novela, pero a un estúpido se le ocurrió secuestrar a mi hija e intentar matarnos a todos. Eso no puedo dejarlo pasar.

—Has cambiado, Aido —mención Senri.

—¿A qué te refieres?

—A que antes sin importar qué habrías puesto tu deber con Kaname por sobre todas las cosas. Ahora tu prioridad es Sira. Espera —le dijo cuando vio que replicaría— no te estoy juzgando. Soy parte importante de la vida de tu hija. Estoy encadenado a ella y sé cuánto te molesta que pueda reclamarla como mía cuando tú eres su padre y tendrías que tener cierta presencia. La dejaste cuando era una bebé y ahora estás tratando de remediarlo. Sira puede negarlo, pero la conozco bien. Te aceptará, Aido. Ella no capaz de odiar.

—¿Estás seguro? —Aido nunca hablaba con tanta desconfianza. Senri atesoró este momento con su suegro. No habían tenido la oportunidad de hablar siquiera.

—Sí.

Hanabusa lució ligeramente conmovido, sólo un instante. Antes de emocionarse por la perspectiva de que su hija le perdonara, debía enfocarse en lo que faltaba por hacer.

—La amas —dijo Hanabusa—. Creía que no, que sólo era por el encadenamiento, pero la amas en verdad.

—Así es.

—Demonios, Shiki, jamás pensé tenerte como yerno. Sé que no tengo derecho a exigirte nada, pero espero que la hagas feliz.

—Lo haré y estarás ahí para verlo, cuando ella te haya perdonado… al que vas a tener que ganarte es a mi hermano. Zero va a golpearte.

—¡Ja!, como si fuera a dejar que me golpee así como así. Bien, ahora estoy más motivado. Acabemos con esto de una vez, Shiki. Quiero ver la cara que pondrá Kiryû cuando sepa que yo rescate a Sira.

Retomaron la ruta hacia los sótanos. Los pasillos se tornaron estrechos y la iluminación de las lámparas no ofrecía sino un ambiente inescrupuloso. Les fue difícil seguir al no oír ruidos o percibir fuertes olores, pues les incapacitaban su velocidad de reacción. Senri había entregado la Bloody Rose a Hanabusa, diciéndole que el arma no lo rechazaría. Tras haber absorbido la vida de Ruka, la Bloody actuaba diferente, como si pudiera identificar a quien podía sostenerla y quien no. Hanabusa se sintió extraño portando esa arma, pero era el único que podía usarla ahora ya que sus heridas no sangraban como la de Senri.

La entrada al primer sótano estaba entreabierta. Luces neones se colocaban y el sonido de aparatos ya podía apreciarse. Hanabusa y Senri flanquearon ambos lados de la entrada, echando un vistazo que no reveló que allí hubiera alguien. Eran cuatro sótanos en total. Claes no dejaría que vampiros modificados destruyeran su equipo de laboratorio, por lo que dedujeron que no encontrarían a ninguno. Hanabusa hizo una señal. Él entraría primero y Senri lo cubriría.

Movió la puerta y entró. Un paso. Dos pasos…

Hanabusa no pudo dar un tercero. Un haz filosa lo cortó desde el hombro derecho hasta las costillas izquierdas. De un tajo Hanabusa Aido descubrió la sensación de su parte superior separándose de la inferior y de sus entrañas cayendo al piso. No fue lento. Su cerebro aún percibía, aún trataba de procesar lo que había ocurrido. Aido escuchó a Senri gritar, pero eso pasó a segundo plano cuando ante él apareció el causante.

No supo cómo reaccionar.

—¿S-Sira…?

Sira Wakaba sostenía su guadaña Sentencia. No la habría reconocido si no hubiera visto a sus ojos, tan azules como los de él. Su hija llevaba un vestido rojo y el cabello trenzado con lazos de seda negra. La sangre brillaba en el filo del arma, y ésta se movió de nuevo. Otro corte lo convirtió en un rompecabezas.

El shock le impidió a Hanabusa cualquier intento de entenderlo. Ante él las puertas de la muerte se abrieron de par en par. Ya no vio a su hija oscilar la guadaña una tercera vez, sino como una luz lo engullía.

—¡Aido! —exclamó Senri usando su látigo para alejarla del cadáver. Se inclinó pensando que podría hacer algo para remediarlo. Cuando tocó uno de los pedazos, éste se hizo cenizas. Le tomó un instante entender que para la muerte no había solución posible—. ¡No!

Se levantó para enfrentar a quien se había atrevido a asesinar a Hanabusa Aido. Se detuvo de golpe cuando identificó a Sira. Ella se veía más pálida y delgada. Había manchas húmedas en su vestido, y Senri juraría que era por su propia sangre.

—¿Sira, por qué…?

Ella no respondió. Sus ojos azules estaban vacíos y no lo enfocaban. Notó las ampollas en sus manos y la fuerza con la que apretaba a Sentencia.

—El sujeto ha mostrado un incremento en sus habilidades de combate. En los registros que pudimos obtener de ella no cubrían más que lo normal. Es un buen soldado —pronunció Claes recargado en la baranda metálica que lo colocaba lejos de Senri. Sostenía una pequeña grabadora en su mano—. Tras experimentar estos días con ella creí que su integridad la haría inadecuada para someterla a las pruebas de fortificación. Sin embargo, ha sido un éxito parcial. Desconozco si tiene alguna debilidad.

—¿Qué le hiciste a Sira? —demandó Senri con un grito potente. Su habitual serenidad había sido turbada por un suceso que nunca esperó ver.

Claes no respondió y se limitó a hacer otras anotaciones. Senri no tenía la paciencia para soportar sus peculiaridades. Sira no lucía como si fuera a detenerlo, a menos que Claes le diera una orden. Shiki tomó a la Bloody Rose de vuelta, susurrando una disculpa a las cenizas de Aido y prometiéndole que salvaría a Sira.

«Bloody Rose, Ruka te dio su vida para obtener tu formal final. Yo tampoco soy tu portador, pero quiero que me brindes todo tu poder. Si la vida de ella no bastó, puedes llevarte la mía».

La Bloody Rose respondió enrollando sus lianas en el brazo y el torso de Senri. El poder que sintió reverdecer dentro de él fue su respuesta. Senri miró hacia donde Claes. Dio un salto y blandió la espada, dispuesto a brindarle el mismo servicio que le dio a Aido.

—Sira —llamó Claes.

Enseguida Wakaba detuvo su ataque. Senri se desequilibró, tomándole unos segundos para asimilar que ella había protegido a Cavallone.

—Antes de que hagas una pregunta obvia, te explicaré qué le hice a Sira Wakaba —pronunció, insensible. Era como si la perturbación de Shiki no le importara en lo mínimo—. Su sangre es especial. Contiene la particularidad de rechazar cualquier intento de conversión en vampiro, por lo tanto, su cuerpo es fuerte, capaz de resistir algunos experimentos que quería llevar a cabo. Los resultados fueron interesantes. Cada vez estoy más seguro de alcanzar mi meta.

Senri permaneció callado. El flequillo le ocultaba los ojos. No parecía dispuesto a reclamarle. Claes continuó hablando.

—Detesto a quienes creen en lo finito. En lo limitado. La ciencia ofrece posibilidades que la comprensión humana no puede abarcar. ¿A quién se le ocurrió la insensatez de decir que la muerte es nuestro fin? ¿No es eso un límite? Después de todo, ¿qué es la vida? Es algo biológico, nada tiene que ver con el alma y esas cosas. Es cuestión de reactivar las funciones, de ponerlas en marcha. Hacer realidad lo que sólo algunos incautos se atrevieron a hacer mediante libros de ciencia-ficción. Seguro no entiendes de lo que estoy hablando. Eres como los demás, tan corto de mente…

—Ya cierra la boca —espetó Senri, sacando a relucir su mejor imitación de Zero—. Todo lo que ha salido es basura sin una pisca de sentido. ¿Poner reversa a la muerte? ¿Acaso estás demente? Lo muerto, muerto está y así debería quedarse —apuntó hacia donde las cenizas de Aido yacían—. ¿Dices que podrías revertir la muerte? No necesito conocerte a fondo para saber que persigues una meta vacía y que malinterpretas los resultados que sacas porque hace tiempo te diste cuenta que no hay manera factible de revivir a alguien. Lo que pasa es que estás desesperado porque si no encuentras algo, habrás pasado más de diez mil años haciendo algo inútil.

Senri no necesitaba conocer el pasado de cada desertor para entender que sus deseos podían conducirlos a una ruta sin salida. En juntas previas se había hablado de Claes Cavallone y su amigo Klaus Haddock. Una historia más de cómo un encadenamiento había traído sufrimiento a muchos. Pensó en si situación actual con Sira. ¿Qué dolor había tenido que padecer estando con este loco? ¿Qué realidades tuvo que enfrentar? La niña sonriente y amable no estaba en ese cuerpo debilitado. Senri no podía sentirse más abatido. Todo su ser sin excepción se estremeció de dolor.

Había ido lleno de esperanza a una situación que no sugería finales felices. Y su corazón había pagado el precio. ¿De qué servía pelear, si Hanabusa Aido no tendría una oportunidad para arreglar las cosas con su hija? ¿Qué sentido tenía darlo todo si Sira Wakaba se había ido? Senri probó una derrota previa a la batalla final. Había recibido dos golpes directos. Uno tras otros. Irreales, o al menos eso le parecía.

A Claes no le agradó lo que Senri le dijo. Cada palabra tuvo un impacto en su ser. La realidad se le puso enfrente y no lo dejó escapar. Él era un científico. Los hechos comprobados estaban antes que cualquier idea deficiente. Entonces, ¿qué era lo que lo había llevado a tal extremo? Cierto, no tendría que importarle ni mucho menos cuestionar sus razones, pero era eso precisamente parte del método científico. Y había dejado que una variable interfiriera en su raciocinio. Klaus había sido su único amigo, quien lo comprendiera y aceptara como tal. Su muerte había sido tan espantosa que Claes la negó por mucho tiempo, hasta que creyó que para poner fin a su sufrimiento debía encontrar una solución a su perdida. Revivir a Klaus Haddock no se escuchaba radical si te centrabas en el aspecto técnico y dejabas de lado lo espiritual. Traer de vuelta a su amigo de la infancia lo ancló a la tierra cuando sus padres y su abuela murieron, cuando él fue el único Cavallone que quedó.

Nunca había dudado de sí mismo…

… hasta ahora.

—Demostraré que te equivocas —sentenció Claes, aún demasiado orgulloso para admitir que había estado buscando por un objetivo imposible. Senri se puso en guardia—. ¿Oh? Curioso, creí que Sira Wakaba era tu encadenamiento, no sólo eso, es tu pareja.

Senri miró de nuevo hacia la chica. Sí, todavía sentía la sed por su sangre. Sí, todavía la amaba. Pero…

—Aunque los registros indican que no importa cuánta atracción sienta un vampiro por la sangre de un humano. No es de extrañarse que hubiera casos en que ellos mismos los mataran —continuó Cavallone—. ¿Crees que no es la chica de la que te enamoraste? No tienes ni idea de qué es ella realmente. Durante las pruebas me mostró su verdadera cara.

—¿Te refieres al odio que albergaba por su madre y a los celos y posesividad que sentía hacia mí y a Zero? —preguntó ocasionando un ligero movimiento en los ojos verdes de Claes, importunándolo.

—¿Así que lo sabías?

Senri se encogió de hombros.

—La conozco desde niña. Sira nunca fue diestra en ocultar sus emociones. Ella creía que no nos dábamos cuenta, pero era un libro siempre abierto. Que no le hayamos dicho nada no tiene que ver con que no quisiéramos abordar el tema, sino que ella era demasiado considerada como para hacer algo malo para quedarse con nosotros. Toda una contradicción. Es lo que más me gustaba. Como nos protegía de su capacidad para destruirnos. ¿Y ahora qué? ¿La usarás contra mí? Adelante, hazlo.

Obviamente estaba ocultando lo doloroso que sería enfrentar a su novia. Si la situación era a la inversa, Sira haría lo mismo por él aun si eso le rompía el alma. Tenía que aprovechar la furia hirviendo en su interior. Era ahora o nunca.

—Veamos si lo que dices es cierto, Senri Shiki —dijo Cavallone—. Sira, mata a tu impertinente novio.

Shiki bloqueó a Sira. La Bloody Rose vibró al percibir el filo de Sentencia. La guadaña de Sira estaba hecha con sangre y carne de Senri y Zero, por lo cual la Rosa Sangrienta la reconoció. Como si estuviera confundida estuvo a punto de detener su poder, de no ser porque Senri la presionó para que no se ocultara. El arma estaba viva, y no sólo era por lo de Ruka, sino porque estaba hecha de metal extraído de la forja madre. Bloody Rose estaba sufriendo tanto como él.

Sin su habitual torpeza, Sira —esta Sira que no era la niña que había rescatado de ese armario— le brindaba una pelea digna. Con cada choque entre sus armas, un recuerdo le venía a él. Su nombre fue la primera palabra que dijo. Hacia él caminó la primera vez que pudo hacerlo. La manera en que se acurrucaba cuando dormía con él cuando tenía cinco años. El desastre que era comiendo mangos. Su sonrisa cuando entendía las lecciones académicas. Su temor en su primer entrenamiento como cazadora. Las lágrimas que resbalaron de sus mejillas por haber matado a un vampiro cuando amaba a uno. Las miradas oscuras que le dedicaba a la tumba de Sayori cuando creía que no la veía. La manera en que tomaba su brazo, tan fuertemente.

La sonrisa de Sira Wakaba, la que había brindado tanta calidez.

«Prometí a tu padre que le perdonarías, que le darías otra oportunidad. Quería salvarte, mantenerte a mi lado y amarte lo que me restara de vida… ahora es sólo un sueño que nunca se cumplirá».

A cada ataque y contrataque, el equipo de laboratorio pasaba a mejor vida. Una abertura se creó cuando la guadaña de Sira golpeó un tanque que contenía ácido. El filo del arma rajó un costado y un chorro le cayó directamente. La escena fue perturbadora en un nivel impresionante. La piel blanca y el cabello se deshicieron por la corrosión, y el dolor fue tanto que reactivó la parte de la personalidad de Sira que el experimento de Claes había dormido. Un grito desgarrador le indicó a Shiki que ella había regresado; de un movimiento rápido, hizo que las lianas de Bloody Rose la tomaran y alejaran de donde el ácido había caído. La atrajo para sí, intentado que se enfocara en él. Pero el regreso de su consciencia no significaba que Sira fuera capaz de comunicarse. El ácido se había inutilizado muchas de sus funciones.

Ella estaba sufriendo. Y Senri tuvo que tomar una decisión.

—Te amo —no le importó que algo de ácido le hiriera también. ¿Qué era eso comparado al sufrimiento que le esperaba?—. Te amo.

Encajó la punta de Bloody Rose en el pecho de Wakaba. La sangre manó enseguida mezclándose con el ácido, haciendo un ruido asqueroso. El vapor que desprendió tal mezcla le picó la nariz. Senri no paró hasta sacar la punta por la espalda de Sira.

—Te amo —repitió.

Y en un murmuro, apenas entendible, ella contestó:

—Yo… ambién…

Entonces, Sira Wakaba murió. En sus brazos, su cuerpecito quedó flojo, como una muñeca rota. Habría querido decirle más cosas. Hablar con ella apropiadamente. Que no hubiera podido le llenaba de desolación.

—Tendrás que esperarme, Sira —musitó dando un corto beso en la frente; el ácido y la sangre le punzaron la boca, pero poco le importó. Las heridas en su cuerpo eran múltiples, pero no se sentía fatigado. Sus ojos se tornaron rojos; su mirada se dotó de un toque oscuro que habría podido hacer temblar a un vampiro de sangre pura—. Pronto iré contigo.

Claes Cavallone se preparó para una eventualidad que no anticipó. Había pensado que Senri Shiki no detendría a Sira y se dejaría matar por ella. Había fallado en su análisis y eso le perturbaba. ¿Cómo podía equivocarse? Senri le observaba como si pudiera vencerle… no, más bien como si no le importara morir con tal de llevárselo consigo. Claes nunca había sido un peleador. Bastaba con una muestra de su aterradora habilidad para hacer estallar las cosas que tocaba para que nadie le diera pleito.

¿Qué era lo que Senri Shiki creía que podía hacer contra él?

—Detente, Senri —pronunció Daemon Winchester apareciendo a su lado. Cuando Shiki quiso atacarle, Daemon creó una barrera de agua que lo protegió. Tronó los dedos. El agua formó una esfera que engulló al vampiro de la nobleza. De nuevo chasqueó los dedos. Esta vez la esfera se encogió apretando el cuerpo en su interior hasta que Senri dejó escapar el aire que había alcanzado a tomar. Otro chasquido. Senri quedó inconsciente por la falta de oxígeno. Sólo entonces Daemon le soltó. El cuerpo del chico quedó sobre un charco de agua.

—¿Por qué no lo mataste? —preguntó Claes, inquieto. No había bajado la guardia.

Daemon le miró de reojo.

—¿Qué demonios haces, Winchester?

—Lo siento, Claes, pero ya no puedo responderte con honestidad —se giró para quedar frente a él—, sólo diré que no puedo seguir ignorando el deseo que hay en mí. Tengo que remediar algo de los problemas que cause.

—Acércate y volarás en pedazos —sentenció.

—El problema con los cerebritos como tú que se ocupan demasiado en estudiar las habilidades de los demás es que se te olvidó entrenar la tuya. Puedes hacer estallar cualquier objeto que toques. Así que mientras esté lejos de ti, no correré peligro.

—No es así de fácil.

—Lo sé —le interrumpió—, por eso tomé todas las medidas necesarias.

Daemon chasqueó los dedos. Claes quiso evitar el movimiento, saltando hacia el frente para ir directamente a tocarlo. Cuerdas de agua salieron de todas partes formando una telaraña que atrapó a Claes. El vampiro de lentes tocó el agua. Sin importar el estado en el que estaba, podía hacer estallar lo que fuera.

El agua hirvió como si se calentara hasta explotar en partículas pequeñas. Claes se liberó. Pero Daemon ya no estaba en el mismo lugar.

—Aquí atrás —informó Winchester. Había aprovechado la distracción para colocarse detrás de Cavallone. Puso su mano en la parte donde se unía la cadera con la espina dorsal. Una aguja liquida se formó en la punta de sus dedos y se enterró en el sitio.

Claes le explotó el brazo entero, pero era tarde. El agua inyectada le paralizó enseguida, como si hubiera roto algo pero no pudiera curarse. Cayó al piso sin poder mover las piernas. Estaba estupefacto.

—¿Qué me hiciste? —demandó saber.

—Me tomó tiempo idear una manera de derrotarte, Claes —sangre manaba de su herida. Sabía que tardaría en curarse, pero había valido la pena—. Tienes un poder sorprendente y una mente brillante. Te cuidas la espalda siempre, incluso de tus aliados. Conoces la manera de derrotarnos. Tuve que esforzarme en hallar una apertura que me permitiera librar tus defensas y asestarte un golpe que de imposibilitara moverte. No fue sencillo. Eres el más listo de todos, pero me habías dejado ver tus carencias, y eso fue tu fin.

—Vas a matarme —dijo.

—No, ése nunca fue mi objetivo. Eres excepcional, Claes. Un tipo que simplemente se enfrascó demasiado en sí mismo para no enfrentar su dolor. Estoy dándote una segunda oportunidad. Una que no vas a desperdiciar. El mundo necesita una mente llena de conocimientos como la tuya.

—No voy a ayudar a nadie —pronunció recuperando su tono indiferente. Sin anteojos, su expresión era más fácil de leer.

—Lo harás —aseguró—. ¿No lo entiendes? Esta segunda oportunidad no vas rechazarla. Te estoy obligando a tomarla. Sé que no eres fiel a nadie salvo a ti mismo. Te estás preguntas cuáles serán mis motivos, mis razones para dejarte vivo a ti. Pero ahí es donde te digo que no te importa y que, si en verdad eres inteligente, vivirás a como yo te diga. Claes, hace tiempo el padre de Jack Ripper compartió un secreto conmigo, uno que no le conté a nadie. Ni siquiera Akira-sama. Un secreto que también te contó a ti, y que, si te conozco como creo que lo hago, te hizo aceptar trabajar para Akira-sama sólo para ver qué era lo que sucedía.

Los ojos verdes de Cavallone brillaron de curiosidad. Sonrió a Daemon, un tanto mosqueado que alguien como él lo supiera. Supuso que el padre de Jack Ripper lo había hecho por alguna razón, después de todo, su habilidad base era la premonición. Claes había sabido que no sólo él, sino Dante, quien también conocía ese secreto. Uno que a primeras había considerado irreal dada la historia misma. Sin embargo, era tentadora la idea. ¿Cuántas veces no quiso analizarlo como se debía? ¿Cuántas veces no quiso husmear en los archivos de cada biblioteca o preguntarle directamente a los Tsukishiro para saber si era cierto?

—Eres más peligroso de lo que había creído.

Era lo más cercano a un elogio que había recibido por parte de Claes. Daemon se sintió halagado.

—Y tú mantuviste el cadáver de tu amigo durante diez mil años. Eres un enfermo.

—No voy a negarlo.

—No pido que lo hagas. Sólo vive y permanece al lado de Zero.

—¿El amante de Akira? —cuestionó.

—Lo sabrás muy pronto —sonrió Daemon—. Espera aquí. La aguja te impedirá moverte durante un buen rato. Senri no despertará pronto. Si me disculpas, tengo más cosas qué hacer.


Belial estudió el cuadro a su alrededor. Edificios caídos, cables de electricidad trozados, calles quebradas. El daño era considerablemente alto. Le tomaría tiempo a la ciudad reconstruirse. No era algo que pudiera hacer si Belial no derrotaba a Ritter. Su lucha se había prolongado por horas, y aunque en situaciones normales no se habría sentido cansado, que su oponente tuviera su misma edad y capacidad —dicha capacidad permitida por su falta de voluntad propia— complicaba sus estrategias. El magnetismo de Ritter convertía todo el metal en su arma. La ciudad entera era como su patio de juegos. Belial no podía usar el veneno de sus flores; mataría a Akatsuki y Takuma que aún peleaba contra Catena en algún lugar cercano. Además, si la Academia Cross caía, los que escaparan encontrarían una ruta peligrosa. Los sacrificios eran necesarios, pero sólo si traían beneficios. Masacrar a sus aliados no traía ninguno.

Tenía un mal presentimiento. Había creído que Dante y su grupo ya habrían acabado en la mansión Shirabuki. Dante no era de los que se tomaba su tiempo para hacer las cosas. Si se habían atrasado… no quería creer que existiera algo tan poderoso como para poner en jaque a su sobrino. No sólo porque les quitaría al miembro más fuerte de su equipo, sino porque nada podría detenerlo. Lo que Akira hubiera planeado no era tan importante si había conseguido un aliado fuerte. Belial había intentado averiguar qué era, pero no había dado con la respuesta.

Ahora estaba en una encrucijada. Podía abandonar su pelea para ir a la mansión Shirabuki, dejando descubiertos varios flancos, sólo para saber qué estaba pasando, o podía vencer a Ritter. Las decisiones nunca eran fáciles. Sin embargo, tenía sus pros. Sin Ritter, tendrían un desertor menos del que preocuparse. Pero sabía que le costaría la vida. Belial nunca menospreciaba a sus oponentes, y que hubiera estado ganando en su anterior pelea era porque Ritter se había moderado.

Una pelea entre desertores siempre resultaba en tragedia. Rara vez era justa.

Más vigas de metal le fueron arrojadas. Belial convocó un escudo para protegerse. Una logró atravesarlo golpeándole en un brazo. Belial quiso quitárselo de encima, pero Ritter aprovechó esto para llegar por la parte trasera y tomarle por un hombro. Con la mano en posición de lanza, Ritter acuchilló a Belial por el cuello. No sólo se detuvo ahí. Rasgó la tráquea y le rompió el hueso. Belial tuvo que hacer crecer algunas raíces que tomaron a Ritter para alejarlo de él.

Una herida así no podría matarlo, pero estaba perdiendo sangre y eso lo pondría en una situación delicada. La herida se curaría, pero Ritter no le daría la oportunidad de que lo hiciera. Winchester volvió a atacarlo, alternando combate cuerpo a cuerpo con piezas de metal. Belial hacia lo posible por mantenerlo alejado, mientras que se sostenía la parte afectada. Ah, ya comprendía por qué no lo hacía tan rápido. Seguramente habían embarrado en las manos de Ritter algún tónico que ralentizaba su curación.

Qué problemático.

Consideró si habría sido igual si hubiera permanecido en su castillo junto con Baal. Viviendo día a día entre reclamos y rencores, soportándolo hasta que el mismo Tsukishiro fuera por ellos para asesinarlos.

—Es mejor morir peleando que oculto en un castillo como un roedor —reflexionó. Y si bien quería seguir viviendo sabía que eso no sería posible. Sin embargo, matarse mutuamente con Ritter no ponía la balanza en equilibrio—. Bueno, igual si van a poner algo en mi tumba, que sea "Triturador de Winchester". Seguro que a mi madre le haría gracia. Ella los odiaba.

Aunque Ekaterina nunca había reído, mucho menos sentido orgullosa de sus hijos que fueron una gran decepción para ella. Qué más daba. Ella estaba muerta. Cierto, él también lo estaría muy pronto. Así que pensar en otras cosas era inútil.

La pelea de Catena con los vampiros nobles quedaba a media hora de donde estaban. Si actuaba rápido podría matar dos pájaros de un tiro. Belial reunió todas las fuerzas que le quedaban. Mediante ataques intempestivos, condujo a Ritter hacia donde estaba Catena. No fue simple. Ritter le golpeó unas veces. No obstante, tuvo éxito al final.

Catena mantenía acorralados a Akatsuki y Takuma. Belial estaba impresionado que ninguno hubiera caído ante su poder. Era algo digno de admirarse, pues varios desertores no habían podido escapar de ella. Tal vez porque habían pensado con arrogancia que nada podía tocarlos. Bien. Pues también utilizaría eso a su favor.

Invocó raíces del suelo, que apartaron a Akatsuki y Takuma y los colocó en una zona donde estarían medianamente a salvo (sabía que su poder usado al máximo provocaría destrucción sin medida en un perímetro considerable). Los vampiros nobles, golpeados y cansados, miraron con estupefacción hacia donde Belial se alzaba. El desertor tuvo la ocasión de sonreírles, como mostrándoles lo que haría.

—¡Ritter, detenlo! —exclamó Catena Winchester.

—Muy tarde —dijo Belial Rumanov. Desplegando una fuerza incalculable que hizo temblar la tierra. El estruendo fue tal que el ruido pudo escucharse a kilómetros de distancia. Los edificios en pedazos y las calles quebradas encontrarían un final peor, al igual que los Winchester. Raíces del tamaño de casa surgieron del piso, actuando como si fueran estacas que se encajaron con quienes se toparan. Ritter y Catena esquivaron unas cuantas, pero el ataque de Belial usaba su propia energía vital como fuente de poder.

Las raíces que crecieron formaron un bosque inmenso del que los hermanso Winchester no pudieron escapar. Catena se percató de su error, entonces. Ritter era un general brillante que habría podido encontrar una solución contra Belial, pero estando bajo su control sus opciones estaban limitadas y ordenarle que pensara en un plan les quitaría el tiempo. Observó a Ritter maldecir cuando quedó atrapado entre las raíces. Fue aplastado hasta que se formara un puré rojizo. La forma de matar a un desertor era debilitarlo y quitarle el corazón. Con Ritter, Belial fue más allá. Sus raíces convirtieron la sangre y órganos aplastados en abonos nutritivos, de manera que no tuviera la oportunidad de regenerarse.

Belial sentía el peso de su decisión. El costo de usar este ataque ya empezaba a verse en su cuerpo. El aspecto enfermizo que adquirió le indicó que su fin llegaría.

«Pero no antes de llevarme a Catena».

Usó sus últimas reservas para atrapar a Catena también. El cuerpo de un desertor no se convertía en cenizas cuando moría. Permanecería inalterable durante milenios, como una reliquia eterna.

«Iré a encontrarme con Elena y con Petra. Baal estará furioso por adelantarme a él».

Pero Belial moriría antes que dejar que tocaran a su hermano. Sin importar los problemas, Baal era sangre de su sangre y habían estado juntos desde su nacimiento. Belial se sintió feliz de que no compartieran el mismo destino en la muerte. Baal debía disfrutar la vida.

Las raíces dejaron de crecer. Belial cayó de espaldas desde una altura considerable. Pero su cuerpo no impactó en el suelo. Akatsuki Kain y Takuma Ichijou lo impidieron. Sabiéndose a salvo parcialmente del caos que provocó ese despliegue de poder, ambos vampiros habían esperado la oportunidad perfecta para acercarse. Habían comprendido la intención de Belial y admirado el poder de un desertor en todo su esplendor. Pero el aprecio a pagar había sido demasiado alto.

Cuando capturaron el cuerpo, Belial parecía un hombre enfermizo con su piel palidísima y sus ojeras pronunciadas. Takuma le tomó el pulso, pero éste apenas se percibía. Belial estaba muriendo en sus manos.

—¡Rápido, tenemos que llevarlo a la Academia Cross! ¡Baal-sama podría salvarlo! —exclamó Takuma.

Akatsuki asintió ayudándole a levantarlo. Lo que pasó entonces fue una serie de sucesos en cámara lenta. Habían visto la muerte de Ritter Winchester, pero en cuanto a su hermana habían creído que su fin había sido el mismo. Pero Catena no se dejó capturar por completo. Peleó para liberarse separando su torso de sus piernas para escapar. Luego había sido cuestión de esperar que Belial muriera y atacar. Sus agujas habían quedado en el olvido, así que usó lo que encontró a mano. Nada menos que un pedazo de la espada de Takuma que se había roto casi al comienzo de su pelea.

Akatsuki, con el cuerpo de Belial en sus brazos, observó cómo la sangre manaba de la cabeza de Takuma en chorros grandes. Usó su fuego para alejar a Catena, pero la chiquilla probó se hábil al agarrar a Takuma para llevárselo. Más no lo puso bajo su control. La sed que sentía en ese momento era tan fuerte que prácticamente devoró a Takuma. Primero mordió su cuello bebiendo a sorbos profundos. Arrancó el corazón, convirtiendo al vampiro rubio en cenizas, y se comió el órgano por entero.

—Débil, pero servirá —susurró Catena. Su apariencia era espeluznante. Al haber escapado de las vides de Belial, su vestido se había rasgado por lo que estaba desnuda. Los ojos rojos le brillaban con fuerza—. Sigues tú.

Se arrojó sobre Kain como un león a un antílope. Kain sintió la guadaña de la Muerte rozarle la garganta. Y luego, nada. Más raíces, pequeñas en comparación a las que Belial había invocado usando su vida a cambio, la detuvieron. Catena berreó, ya no pudiendo mantener su porte de ternura infantil.

Baal Rumanov y Rima Touya habían aparecido. Cristales rosas estaban incrustados en el brazo izquierda de la vampira. Detrás de Baal estado un chico atado con lianas, luchando desesperadamente por zafarse. No había rastro de Seiren.

—Ustedes… —pronunció Akatsuki sin creer la suerte que tenía.

—Veo que has tenido una mala racha, Kain —dijo Rima sosteniéndose el brazo.

Baal no dijo nada. Miraba el cuerpo de su hermano sin emoción alguna reflejada en su rostro.

—Baal-sama —llamó Kain—, puede… puede salvarlo. Aún tiene pulso.

—Belial ya está muerto —interrumpió con brusquedad—. ¿Qué crees que son todas esas raíces? Es la vida de mi hermano, literalmente. Es un ataque que combina su habilidad base con hechicería. Mortal y peligroso para quien lo toque, así como para quien lo usa. No hay nada que pueda hacer para salvarlo.

Akatsuki Kain sintió una terrible frustración. Apretó el cuerpo del desertor con fuerza. Apenas se habían conocido, pero Belial Rumanov no había tenido reparo en hablarles como si fueran iguales, compartiendo su historia y conocimiento a quien quisiera escucharlo, dando su vida para protegerlos.

—Mi hermano siempre fue un tonto —dijo Baal. Kain tuvo unas terribles ganas de darle un puñetazo—, y un egoísta. Me dijo que quería hacer las paces conmigo una vez terminara esto, ¿cómo debo tomarme su muerte sino como un acto de estupidez y crueldad? Me ha dejado solo para lidiar con su muerte y los rencores que por tantos años fueron parte de nuestra relación. No es justo —se inclinó para acariciar la faz de su gemelo, y agregó en ruso—: Un día el sol volverá a brillar sobre nosotros, hermano.

Akatsuki no entendía la relación entre esos dos. Quizás Baal sufriera a su manera o quizás fuera feliz de que su hermano por fin descansara en paz. No podía saberlo, y sinceramente, no quería averiguarlo. Ahora sólo quería descansar.

—¿Dónde está Ichijou-san? —preguntó Rima.

—Murió —le pareció tan simple decirlo considerando el nudo que se le había formado en la garganta. Rima asintió, sin preguntar más de momento—. ¿Y Seiren? ¿Qué hay del que traen atrás? ¿Un desertor?

—Atacó a la academia unas horas después que se fueron, cuando la barrera de raíces cayó, Seiren no pudo esquivar su ataque y… bueno, ya sabes —dijo Rima—. Se trata de Adonis Isoliert-Schmmeterling, un desertor. No fue fácil de derrotar, pero entre Baal-sama y yo pudimos detenerlo. No te preocupes, hay sobrevivientes. Enviamos dos grupos pequeños a la Asociación de Cazadores y al Concilio de Vampiros para que investigaran sus estados.

—Adonis es el más débil de nosotros. No fue un gran problema, en realidad. Los vampiros modificados sí fueron una molestia —informó Baal, indiferente, caminando a donde Catena aún seguía luchando por zafarse. Baal chasqueó los dedos y las raíces se enredaron con más fuerza—. Si te mato, pondré fin a tu control sobre los demás.

—¡Ja! —bufó—. ¿De qué serviría eso? Aunque lo hagas y ellos se unan a ustedes, no podrá pelear contra lo que Akira preparó.

—Oh, así que ese cabrón halló algo que pudiera hacernos frente, incluso a alguien como Dante.

Catena sonrió demencialmente.

—Herrderhölle está muerto, como lo estarán ustedes. Todo el mundo morirá —empezó a reírse—. ¿Qué no lo comprenden? Todo esto es un juego para Akira.

—Entonces, tú también eres una pieza en él —dijo Rima, imperturbable. A Catena se le contrajeron las pupilas, contrariada—. ¿Creíste que eras la única que estaba por encima de todo? ¿Qué llegaría el momento en que le voltearás el tablero a Tsukushiro?

—Hablas como Daemon —escupió Catena—, y un poco como Ritter. Siempre menospreciándome, tratándome con cordialidad y nunca con confianza. Al final demostré que soy la única que merece ostentar el apellido Winchester.

—Qué infantil. Haces semejante berrinche sólo porque tus hermanos no te hicieron caso —resopló Rima.

—Nunca lo entenderías —había un atisbo de amargura en su voz.

—No y no quiero hacerlo. Con la energía que me queda, prefiero no gastarla en pensar sobre los complejos de una mujer con la mentalidad de una niña.

—Eso es siempre lo que vieron en mí —sonrió tristemente—. Una niña estúpida que nació de un acto abominable. Jack Ripper lo hizo también, me vio como alguien al que se le debería tener lástima, no amar. Cada vez que intentaba que me vieran como otra cosa, terminaba mal. Pues bien, que mi habilidad consistiera en dominar sus mentes y sus cuerpos me favoreció. Les mostré que no había nada que los hiciera especiales. Aprendieron a no mirar por encima de mí.

—Felicidades —intervino Baal, cansado de tanta plática—, ahora muere. Si lo que dices es verdad, debemos preparar una contraofensiva para lo que venga en camino.

—No lo van a lograr.

—Quizás —Baal hizo que las lianas se apretaran alrededor de ella, haciendo una pequeña prisión que la constreñiría hasta quitarle cada gota de sangre para finalmente estrujarle el corazón—, pero me iré con el consuelo de que primero te maté a ti, perra.

Tomó cinco minutos que Catena muriera. Cinco minutos de agonía en los que Baal no dejó de observarla; Akatsuki acomodó bien el cuerpo de Belial; Rima guardó un poco de las cenizas en Ichijou en uno de sus bolsillos. El efecto de la muerte de Catena fue inmediato. Adonis percibió que su cuerpo y mente se liberaban de su control, como rápidamente volvía a ser él mismo. Sólo entonces Baal lo soltó.

—¿Me estás subestimando? —preguntó Adonis—. ¿Crees que no te atacaré?

—No eres tan idiota —respondió Baal—. Si pudieras elegir bando, escogerías el nuestro. Tu madre nunca fue una seguidora de los Tsukishiro.

—No soy como mi madre.

—Eso espero. Estaba algo tocada —se encogió de hombros—. Como sea, necesitamos reagruparnos en la academia. Llevaremos el cuerpo de mi hermano para ocultar en el sótano. Adonis, quítale esos cristales a Rima del brazo. Necesitamos a cada vampiro en buenas condiciones que podamos reunir. Los humanos permanecerán también en el sótano. Ellos ya han hecho demasiado.

—Wow —parpadeó Rima—. Puedes ser bastante racional cuando te lo propones.

—Siempre he sido racional —espetó, irritado—. Ahora deja ya de ser tan impertinente y haz lo que ordeno.

—Como diga —Rima se acercó a donde estaba Adonis. La diferencia de estaturas era brutal. Adonis ni siquiera le llegaba a los hombros a la rubia—, quítalos ya.

Adonis frunció el ceño.

—Tendrías que dirigirte a mí con respeto, mínimo porque soy mayor que tú.

—No pierdas tu tiempo —dijo Baal—. Esta chica no respeta a nadie. ¿No te quedo claro en nuestra pelea? Tiene la lengua muy afilada como para ser cortés.

—De no ser por la situación en la que estamos… —gruñó—, pero no es momento de ser irracional. Me han liberado del control de Catena. Es una deuda que debo saldar. Además, tengo que cobrarme lo que me hicieron. Sigo siendo el líder de la familia Isoliert-Schmetterling.


Alicia encontró a Kaname luchando contra vampiros deformes que al tocar la piel la llenaban de ampollas dolorosas. Kuran había limpiado el terreno exterior trasero. No había entrado en la casa, lo que llenó a Alicia de alivio. Cuando fue con él le contó lo que Dante y él habían descubierto. Conforme la noticia era asimilada por Kaname, Alicia sintió el cuerpo punzarle. No estaba preparada para soportar más la presión. Era doloroso adquirir el poder de Dante, y había sido casi un milagro que su propio cuerpo no estallara. También estaba aliviada de que ni Erioll ni Akira la hubieran detenido antes de llegar con Kaname.

—No podré derrotar a Erioll Whitemoon, incluso si tuviera el poder de Dante —acotó.

—Podrás —replicó con determinación. Pocas veces Kaname le había visto esa seriedad en la cara. Alicia estaba consciente de lo que estaba haciendo—. Conoces a Dante también como yo. Él no habría dejado que otros hicieran las cosas por él. Él quería hacerse cargo de Akira personalmente, pero no contó con que Erioll Whitemoon estaría en la ecuación. Olvidó su orgullo para trazar un nuevo plan. No sé exactamente qué era lo que esperaba que sucediese, lo único que sé es que está muerto. Que abandonó su manera de hacer las cosas para asegurar la victoria. Te estoy diciendo que lo harás —le agarró la mano, dirigiéndola a su pecho—. Aquí lo tienes, en este corazón se han fusionado dos. Bebe mi sangre, luego arráncalo de mi pecho y devóralo. No hay otras opciones.

—¿Qué pasará conmigo? Sumar sus fuerzas con la mía…

Alicia sonrió plácidamente y le acarició la mejilla.

—Hay algo que tienes que hacer, chico Kuran, que infortunadamente sólo tú puedes hacer. Nunca he creído en el destino o en cosas como las premoniciones, pero ahora, viendo lo que pasa, tras conocer a ciertas personas, creo que sí hay algo como eso. No sé porque esa mujer habría pedido convertirte en vampiro ni porque Akira aceptó, lo que sí sé es que Dante Herrderholle creyó que eres especial, que tú podrías poner fin al legado de los Whitemoon.

—Sólo quiero proteger a Zero.

—Y yo quiero ir a donde sea que Dante fuera pero murió —dijo Alicia—. Nuestros deseos pueden destruir el mundo, pero si tú quieres que Zero-kun esté a salvo, lo que puedes hacer es asegurarte que no habrá nadie que pueda herirlo. Vamos, hazlo ya. Antes de que vengan a interrumpirnos. Si te tardas empezaré a creer que te agrado.

—Eres mi amiga.

Alicia le dio un puñetazo amistoso en el hombro.

—Por los Dioses, Kaname, cómo se te ocurre ser sincero en un momento tan sentimental como éste —ella sonrió—. Por favor, cuida de su corazón y el mío.

—Lo juro—prometió, sosteniéndola entre sus brazos. Apartó con gentileza el largo cabello que cubría su cuello. Ella se relajó y movió la cabeza para exponer más su piel. Los colmillos de Kaname se encajaron sin miramientos.

Cuando la sangre comenzó a fluir hacia su boca, fue como si viera la luz por primera vez después de años. Los primeros recuerdos que le aturdieron fueron los de Dante. Eran tan claros y con emociones tan claras como nadie nunca tendría en sus memorias. Sus pensamientos eran simples. Sin complicaciones. Fieles a cómo su dueño había vivido por tanto tiempo. Kaname experimentó una sensación potente al hacerse con el poder de Dante. Se sintió drogado, perdido. Como si lo hubieran estrellado varias veces contra el suelo. La fuerza fue tanta que inconscientemente cuervos negros salieron de su cuerpo y formaron una barrera que los rodeó de los pocos enemigos básicos que querían atacarlos.

La mano de Kaname se deslizó hasta quedar sobre el pecho de Alicia. Acomodó sus dedos como si fuera un cuchillo y de un movimiento penetró la piel, el musculo y el hueso. El corazón de Alicia palpitaba en su mano cuando lo sacó. Sin anticipaciones lo metió a su boca haciendo un gran esfuerzo por comerlo sin morderlo demasiado. La más pura esencia le golpeó de lleno. Pero no fue el poder, sino los sentimientos de Alicia los que lo marearon.

Si Dante había vivido con claridad, Alicia había vivido con emoción y sinceridad.

Pudo apreciar el primer momento en que Alicia conoció a Dante, el bullicio de sensaciones que su joven cuerpo vivió. Un cambio que Alicia no había temido, ni despreciado. Lo había aceptado con tanto entusiasmo —el estar enamorada—, como si eso no la fuera a ocasionar ningún sufrimiento. Se reveló todo ante él. La manera en que Alicia amaba no se parecía a la de nadie que hubiera conocido. Era querer la libertad del ser amado, ser enteramente feliz de verlo ser libre e independiente. Era carecer de egoísmos y dobles intenciones. Era amar y punto.

Y para Kaname, que había amado tan oscuramente, estas sensaciones lo abrumaron.

Era puro y bueno. Se sintió hondamente conmovido.

—Chico Kuran… —habló Alicia con lentitud—, muéstrale que lo amas…

¿Qué podía hacer Kaname, sino jurar que lo haría?

Clavó de nuevo sus colmillos en su cuello para beber hasta la última gota de sangre. Tomando la vida de Alicia Thunderwitch, quien le había mostrado que podía amarse sin tener que aislar a la persona querida.


Unas horas antes que Baal asesinara a Catena, la Asociación de Cazadores había mantenido las cosas bajo control. Las bajas eran considerables, múltiples cuerpos adornaban el piso de piedra y en el exterior, los que había tenido el infortunio de morir ahí, eran devorados por los vampiros carroñeros. Kaito había hecho que los francotiradores que le quedaban limpiaran la zona exterior. No podía revivir a sus colegas, pero al menos sus cuerpos no terminarían digeridos en el estómago de un chupasangre.

Yagari se estaba encargando de los enemigos que quedaban. Habían tenido que usar artillería pesada, y algunas bombas que dejaron muy inestable el terreno, pero realmente estaban demostrando las razones por las cuales se les consideraba a los cazadores, los enemigos naturales de los vampiros.

Los heridos eran transportados en camillas por el equipo médico. Los ayudantes no se daban abastos. El sudor y el cansancio eran síntomas de su afán por mantener la marcha.

—¡Una ronda más! —ladró Yagari a sus extenuados subordinados. Su escopeta no dejó de disparar, demostrando que no era el presidente de la Asociación sólo por su mal carácter. Ante cada caída, Yagari había conseguido elevar los ánimos haciendo retroceder al enemigo a punta de movimientos increíbles y pura fuerza de voluntad.

Era un cazador formidable. Pero continuaba siendo un humano. Uno al que los sentidos le fallaban un poco tras haber luchado durante tantas horas. Uno que nunca habría estado preparado para enfrentar a Michael Sinclair.

Como ejemplificando una entrada de un cuento de terror, el desertor apareció en el horizonte. Su gabardina gris ondeaba al viento. Sus ojos grises localizaron a su objetivo. Cuando Yagari creyó sentir su presencia fue tarde. En un parpadeo, sintió un golpe tremendo. Como si una roca se hubiera estrellado contra él. Pensó que aguantaría, pero el impulso fue tal que terminó estampado en una pared; una tras otra, su espalda se hacia polvo con cada obstáculo que se encontraba. Pero su fin no llegó de ese modo. Una mano pálida le aferró el cuello, deteniéndolo, para aplastarlo contra el suelo.

—Lo siento —dijo Michael Sinclair—. Creí que sólo me ordenarían matar a los del concilio, pero como terminé pronto, me enviaron acá. No tengo nada en tu contra. Si pudiera liberarle de esto, estaría de su lado.

Yagari no tuvo oportunidad de maldecirlo, defenderse o hacer algo. Michael le rompió el cuello como un humano rompería un palillo chino. Cuando el desertor terminó, salió al exterior donde la confusión de los cazadores por haber perdido a su líder los había hecho vulnerables para los enemigos que quedaban. Ellos no habían comprendido aún, pues Michael había sido veloz.

«Justo como los vampiros en el concilio», y es que había sido tan rápido que nada de sangre había manchado su ropa. Había sido limpio. Qué tontería. Las manos siempre estarían sucias, sin importar cuánto las lavarán.

—Yo no lo haría si fuera tú, cazador —comentó sin mirar hacia su izquierda.

Kaito Takamiya había bajado de su posición en el techo. El rifle estaba cargado, pero ninguna bala había sido usada para abrirse camino. No, Kaito estaba cabreado. Le había tomado unos segundos comprender qué era lo que había sucedido con Touga, que no midió las consecuencias de sus actos. Ningún cazador podría derrotar a Michael. Su velocidad no les dejaría una apertura.

—No vas a darme con eso. Las balas son lentas.

—Tendré que averiguarlo —apuntó con el arma y disparó.

La bala pasó cerca de Michael con tanta lentitud que la agarró con los dedos pulgar e índice. Kaito gruñó cuando Michael se quedó mirando la bala como si fuera lo más interesante.

—Nada mal. Contiene toxinas que pondrían mal hasta a los vampiros de sangre pura. Lástima que no sea un desertor.

—¡Joder! —cargó de nuevo, disparando una y otra vez. Llevaba consigo tres cartuchos. Pues los tres los vació sin obtener un resultado positivo.

Michael sintió compasión por él. Había permanecido en la misma posición, apenas moviéndose para sortear las balas. Odiaba eso. Pelear una batalla que no le interesaba, y peor, haciéndolo por un bando que nunca habría elegido. Había sido tonto y confiado, una cualidad que su madre le había heredado (no que lo lamentara. No le gustaba desconfiar de la gente). Creyendo que su rapidez podría sacarlo de apuros en cualquier momento.

Pero de nada le había servido ser el hombre más rápido del mundo.

No había podido romper el control de Catena por mucho que lo intentara, o que le preguntara a su primo, Claes, qué podría hacer. Obviamente, cuando Catena se enteró de eso, le prohibió hacer preguntas al respecto, y tampoco era como si su primo fuera a decirle. Nunca se habían llevado bien por culpa de la abuela de Claes.

—¡Eres un jodido cabrón! —le gritó Kaito—. ¡Tú y toda tu maldita especie son unos jodidos cabrones que sólo vienen a hacer esta mierda de vida algo peor!

Michael no quería escucharlo. La voz del cazador le irritaba. Él no tenía la culpa de lo que había pasado. Se giró para encarar al insolente…

Y fue algo instantáneo. Como un rayo.

La sed que le despertó fue abrumadora. Fue como haber permanecido una eternidad sin tomar una sola gota de sangre. Fue borrar cualquier experiencia con la sangre para sólo enfocarse en el humano que estaba frente a él. Sus sentidos se agudizaron al punto de lo absurdo. Podía percibir cada molécula sanguínea recorriendo las venas. Era un llamado, o así lo significó. Un llamado que chocó contra las órdenes taladrantes de Catena. La pelea en su mente pareció eterna, dos fuerzas enfrentándose, una recién construida y otra ajena. Pero Michael descubrió que su anhelo por el cazador era más poderoso que cualquier poder vampírico.

Había sido encadenado a Kaito Takamiya. Los rumores decían que cierta magia había en ese vínculo. Magia antigua y poderosa que no podía cambiarse. Magia que pudo romper el control que tenía Catena sobre él.

«Él me liberó», pensó con ironía. Aunque no le importaba estar atado a un humano. Seguro que él no le ordenaba hacer cosas despreciables.

El sabor de su libertad devuelta, le hizo sonreír haciendo que Kaito pusiera una expresión confundida.

—Gracias —dijo Michael para un Kaito que estaba aún más confundido—, de seguro ahora no lo entiendes, pero ya tendremos tiempo de hablarlo. Cuando esto acabe, de momento sólo quiero decirte que no voy a herirte. No puedo hacerlo.

—¿De qué demonios estás hablando?

Sinclair sonrió.

—Que por fin puedo decir que estoy de su lado. Te lo demostraré en este instante.

Y en lo que duró ese mismo instante, Michael se movió velozmente sin atacar a los cazadores, sino a los vampiros modificados. Fue extraño. De repente no había enemigo que enfrentar, todos habían caído por una fuerza desconocida. Los cazadores estaban consternados. Michael regresó donde Kaito apenas procesaba lo que estaba ocurriendo.

—¿Qué pretendes, vampiro? —le preguntó con dureza—. Mataste a nuestro presidente, ¿cómo esperas que crea que esto no es un juego?

—Catena Winchester me envenenó con su sangre —explicó—. No era capaz de resistirme a sus órdenes. No hasta ahora. No tengo la menor idea de porqué tú eres mi encadenamiento, pero pasó y eso rompió su control sobre mí.

—¿Encadenamiento?

—Estoy igual de sorprendido que tú —admitió—, pero las cosas son así y lo agradezco de verdad. ¿Qué me dices tú, Kaito Takamiya? Si esto fuera una trampa, ya estarías muerto. Catena me usaba por mi velocidad, para acabar con mis oponentes rápidamente. Si ella aún me controlara, se notaría. No soy tu enemigo. Quiero ayudar. Puedo llevar a los heridos al interior de la asociación más rápido que los demás y llevarte a la Academia Cross en menos de cinco minutos.

—¿Qué hay sobre el concilio?

—Si hubieras estado ahí, quizás se habrían salvado —contestó con sinceridad—. No me mires así. Ya te dije que no lo controlaba. Sé que no confías en mí porque acabo de matar a Touga Yagari, y bueno, creo que ésa no es la forma correcta de iniciar una relación, pero ni modo. Se trabaja con lo que hay. No voy a asesinarte. Eres mi encadenamiento y me haré debidamente responsable. Dime qué quieres que haga y lo haré.

Interiormente Michael esperaba que la expresión que puso Kaito fuera la que ponían quienes eran bastantes inescrupulosos y veían los beneficios de tener un repentino aliado en un antiguo enemigo. Él mismo estaba un tanto desconcertado con lo que pasaba, pero su mente estaba acostumbrada a no darle vueltas al asunto. Era más sencillo aceptar los cambios al pensar de ese modo.

—Si yo te pidiera que matarás a uno de mis aliados, ¿lo harías?

—No —respondió—. Creí que ustedes eran los buenos que no hacían ese tipo de cosas.

Kaito guardó silencio, examinando la respuesta.

—No confió en ti —dijo—, pero sé lo necesario sobre el encadenamiento como para darme una idea de que beber de mi sangre es lo que más quieres hacer ahora, que a pesar de eso no lo harás sin mi consentimiento, y que yo lo aprovecharé para mi beneficio.

—Wow, no sé si despreciarte o excitarme por lo que acabas de decir.

Kaito roló los ojos.

—Dime que no eres como Daemon. Aguanto sus peculiaridades porque es divertido por un rato nada más.

—Soy una buena persona… cuando no me controlan niñas psicópatas como Catena Winchester. ¿Acabo de demostrarlo, no?

—Y también mataste a mi antiguo maestro, así que tampoco te creas tanto —espetó—. Ahora haz lo que dijiste que harías, chupasangre.

—Creí que me dirías que te llevara a la mansión Shirabuki en lugar de la academia.

—Tengo un presentimiento —dijo Kaito—. Algo me dice que tenemos que estar ahí.

Michael no tuvo el chance de preguntarle más. Kaito comenzó a moverse para explicar lo que había pasado a sus compañeros tan breve y claro que los cazadores no pusieron pegas a que él reuniera los cuerpos de los heridos y llevara los cadáveres a las criptas. Michael supuso que se debía a que preferían tener que confiar en un desertor reformado que continuar luchando. El aire estaba impregnado por el olor de la muerte y la desesperación. No podía culparlos por querer un poco de paz antes de que surgiera otro contratiempo. Aunque eso no evitó que algunos le miraran con odio. No le molestaba. Era natural, así que se limitó a hacer su trabajo, lo que probó ser más sucio que matar personas.

Terminó con la ropa con manchas de sangre, pero con su ayuda había hecho que la labor fuese más productiva.

—Pongan barreras los que puedan hacerlo —indicó Kaito—.El chupasangre se ha cargado a todos, así que nadie podrá saber cómo está la situación por acá. De todos modos, sigan el protocolo. No me agrada la idea de irme, pero ahora que el concilio ha caído y a que es posible que crean que también lo hizo la asociación. Eso nos deja con la academia y la mansión Shirabuki. Herrderholle nos dijo que no fuéramos allá hasta que ellos regresaran, pero no voy a esperar. Iré a la Academia Cross a obtener un informe adecuado y a armar un ataque más, sólo con los desertores y vampiros disponibles —luego se giró hacia Michael, y agregó—: Llévame, chupasangre.

Michael pensó que Kaito podría llegar a agradarle. Su sangre ya le gustaba y eso era algo. Nunca había pensado en que él fuera a tener un encadenamiento con un humano, ¡y en qué situación! Sería una historia digna de contar. Una que Michael relataría todas las veces necesarias para creerla.

—Tengo que cargarte así, es por tu propia seguridad. Si te llevara en mi espalda, no soportarías aferrarte por tanto tiempo. Soy muy veloz —le informó cargándolo como si Kaito fuera un koala—. Es más seguro así. Correré más lento para que no te marees.

—No me trates con delicadeza.

—Bueno, si te mueres, no me culpes —se encogió de hombros—. Te lo advertí.

Kaito no pudo registrar nada a su alrededor cuando Michael salió disparado. Fiel a su palabra, se movió lo más lento que pudo, lo que era más veloz todavía que cualquier vampiro sangre pura normal. Kaito tuvo que aferrarse mejor cuando la presión del aire le amenazó con mandarlo a volar. Pero los brazos de Sinclair le mantuvieron a salvo. En cuestión de minutos estaban a las puertas de la Academia Cross. Michael bajó a Kaito con cuidado, tratando de fingir que sus colmillos no ardían en ansias por clavarse en el cuello del cazador que había estado a su disposición.

La entrada principal estaba ocupada por algunos estudiantes que al verle se acercaron a él mientras uno de ellos corría a informar sobre su presencia. Baal, Rima, Adonis y Akatsuki no tardaron en aparecer, y se pusieron en guardia ante la presencia de Michael hasta que Kaito les explicó lo que había sucedido.

—¿Encadenamiento? ¿Tú? —cuestionó Rima.

—Sí, yo —roló los ojos—, pero eso no es importante. ¿Ha habido alguna noticia de Zero y los demás?

—No —dijo Rima—, hemos pensando en ir. Sin embargo, no podemos dejar a los heridos sin protección. Necesitan atención urgente y los servicios de emergencia tardaran en llegar por lo que pasó en la ciudad.

—Puedo ir y venir sin que ellos se enteren —ofreció Sinclair—. No piensen que lo uso como excusa o algo parecido para decirle a ellos que ustedes sobrevivieron. Soy rápido y quiero ayudar.

De pronto, Baal se había erguido. Su cuerpo tensándose. Los demás le observaron con incredulidad.

—No creo que puedas irte, Sinclair —su voz sonó ahogada y sudor frío le resbaló por las sienes—. Maldición, no creí que ese maldito se atreviera… Akatsuki Kain, Rima Touya, Kaito Takamiya, evacuen como puedan a los mocosos que están en la academia. Llévenselos tan lejos como puedan. Sinclair, Isoliert-Schmetterling y yo nos quedaremos, les daremos tiempo.

—¿De qué estás hablando? —inquirió Rima.

Pero su pregunta fue respondida cuando un escalofrío sacudió su espina dorsal. Una sensación de apabullante miedo la engulló no sólo a ella sino a cada vampiro y humano en el área. Adonis y Michael comprendieron la reacción de Baal, y se giraron hacia donde una figura lejana caminaba con paso lento hacia ellos.

—¡Muévanse! —exclamó Baal—. ¡Y no se atrevan a interferir! ¡No podrían ponerse frente a él siquiera!

Los vampiros jóvenes y el cazador se movieron de prisa. Los tres desertores se dirigieron hacia donde la figura estaba.

—Joder —dijo Michael—, no sabía nada sobre esto.

Adonis compartía su incredulidad. Baal trataba de mantener su temple calmado.

—El bastardo la hizo en grande —tragó grueso—. Enviar a su propio abuelo a sus batallas… en verdad es un maldito.

Los tres desertores esperaron el momento de atacar. No obstante, Erioll Whitemoon tomó la delantera consiguiendo con su simple presencia que esos tres temblaran de miedo.


Una dulce voz entonaba el estribillo de una canción que le era conocida. La historia de un rey ingenuo que se enamoró de una reina fría y despiadada que había logrado matar a su esposo y quedarse con su reino. Una canción que había sido escrita por una amiga querida que había muerto hace mucho tiempo.

—Sayori —musitó abriendo lentamente los parpados. A su alrededor, la luz tenue del día le lastimó ligeramente los ojos. Le tomó unos segundos recobrar la consciencia para darse cuenta que estaba recostado en las piernas de alguien. Manos suaves acariciaban sus cabellos.

—¿Has despertado al fin, Zero-kun?

Escuchar su voz después de tantos años removió sentimientos que no había estado dispuesto a aceptar. Se levantó de su posición, sentándose para admirar a quien había anhelado en el pasado. Ojos color caramelo y cabello como el atardecer, labios delgados y amables y una expresión siempre gentil. Sayori Wakaba no había cambiado nada.

—Sayori —repitió, conmovido hasta el alma. Abrazándose a ella como si se aferrara a la vida misma. Creyó que era una ilusión, que en cuanto despertara de verdad, ella se iría, pero podía sentir su calor, percibir el latido de su corazón y su respiración. Ella estaba viva.

—Ha pasado mucho tiempo —le devolvió el abrazo y se rió ligeramente ante su emoción—. Has cambiado un montón desde la última vez que te vi.

Eso hizo que Zero reaccionara. Aflojando el abrazo, se dio la oportunidad de estudiar la escena a su alrededor. El jardín de los Aido le era conocido, desde el pasto verde que siempre estaba recortado hasta las petunias y magnolias en las jardineras, y el roble en el que Sayori y él solían recostarse cuando la visitaba. Pero no debía estar allí. Zero había estado en medio de una misión en la mansión Shirabuki. Se congeló cuando se percató de que sí, en realidad sí estaba dentro de una ilusión.

—Esto es real, Zero-kun —dijo Sayori separándose de él para mirarle a los ojos. Le tocó la mejilla y le sonrió tristemente—, yo estoy aquí, dentro de ti finalmente.

—¿A qué te refieres, Sayori? Se supone que estaba con Daemon y luego… —sudó frío recordando cómo Daemon lo había adormecido, cómo lo había traicionado. Se había negado vehemente a haber sido engañado y usado de nuevo, que no había visto las señales. Qué estúpido era. Él sólo se había entregado en bandeja de plata y había ocasionado todo un problema. Gruñó de pura mortificación. No había cambiado nada desde los días en que había sido peón en los juegos de Kaname Kuran y otros vampiros de sangre pura.

—Escucha, Zero-kun —llamó Sayori tomándole de las manos—. No te sumerjas en la desesperación o él ganará. Mira bien a tu alrededor.

Zero lo hizo, sorprendiéndose del repentino cambio que el jardín había sufrido. Donde antes había flores ahora sólo estaba una pared oscura que avanzaba poco a poco, formando un espacio delimitida entre ellos.

—¿Qué está pasando?

—Es lo que hace la mordida de Akira Tsukishiro a los recuerdos —respondió.

—¿Cómo conoces a Akira? —preguntó—, ¿qué es este sitio? ¿Por qué estás aquí?

—Responderé a tus preguntas, pero luego me iré. No volverás a verme.

—¿Por qué? Nunca has estado en mis visiones. Como no bebí tu sangre, sólo te mantengo en mis recuerdos. No quiero que te vayas.

—Tiene que ser así, Zero. Es el pago que debe hacerse. Tienes que estar dispuesto a pagarlo. Yo estoy muerta, pero todavía hay personas vivas allá afuera que están esperándote. Sé que me amaste y lo agradezco. Pero tienes que continuar. No puedes echar tu vida por la borda por la tristeza.

—No pude protegerte —dijo él—. Te quería. Deseaba que fueras feliz. No fue suficiente.

—¿Estás preparado para lo que verás? —cuestionó—. ¿Lo aceptarás?

—¿Tengo opción? —inquirió con ironía.

—Puedes dejar que mi recuerdo se desvanezca por completo. Dejar que la ponzoña de Akira borre todo para que puedas comenzar de nuevo. ¿Es eso lo que quieres?

—Ya sabes cuál es mi respuesta.

Ella sonrió.

—Lo sé. Te conozco bien.

—Entonces, muéstrame lo qué pasó ese día. Muéstrame lo que Kaname ya me ha contado.

Sayori le tomó del rostro para acercar el suyo al de él. Le besó con delicadeza, sumergiéndolo de esa manera en un recuerdo preciso. La escena se transformó llevándolo a la recámara de los Aido. Zero se mantuvo de pie observando como Sayori pasaba al lado de él cargando un bultito de cobijas. Debía tratarse de Sira.

Sayori metió a su hija dentro de un armario y colocó encima un hechizo protector que le había enseñado hace algunos años. Cuando Sira estuvo a salvo, Sayori se dio la vuelta para enfrentar a su mejor amiga. Yûki Kuran tenía una apariencia diabólica, los ojos rojos y las garras filosas. Sayori intentó razonar con ella, pero era inútil. Ese día ningún vampiro pudo controlarse. Yûki atacó a Sayori sin siquiera ser consciente de ello. Wakaba se defendió como podía, sin abandonar su posición frente al armario, y a pesar de su desesperación, intentaba hacer entrar en razón a la sangre pura.

De pronto, Yûki se detuvo como si le hubieran dado una descarga eléctrica. Se puso tensa. Zero no lo comprendió.

Entonces, él apareció.

Vestía la misma ropa que usó cuando lo contactó por primera vez. El cabello negro, la piel blanca y los ojos almendrados. Era Akira. ¿Qué estaba haciendo en ese lugar? No se notaba que estuviera en frenesí, de hecho, saludó a las chicas como si fuera un día habitual. ¿Por qué no había detenido a Yûki? ¿Por qué no le había contado sobre esto?

Akira hizo que Yûki se apartara y caminó directamente hacia Sayori.

—¿Quién eres tú? —preguntó ella con desconfianza.

—Nadie importante —contestó Akira—, sólo vine por algo que me hace falta. Si no lo tengo, no puedo dar el siguiente paso.

Los ojos de Sayori se estrecharon.

—¿Qué es lo que quieres con Zero-kun? Te he visto espiándonos, siguiéndonos, ¿qué es lo que planeas?

—Oh, ya entiendo porque te quiere tanto. Nunca antes una humana pudo detectarme.

Sayori no dijo ante el supuesto cumplido. Akira caminó hasta que su cuerpo cubrió por completo el de ella.

—Verás, no me gusta la competencia. No soy de los que disfrutan competir con otros. Quiero ser el primer lugar siempre. Quiero obtener todo lo que deseo sin que nadie se meta en mi camino —decía con tono cortés—. Zero Kiryû es alguien único. No mereces estar cerca de él. No me gusta ni lo permitiré, pero en ti hay algo que necesito para que él no me rechace totalmente cuando esté con él —su mano atrapó el cuello delgado de la mujer y la alzó hasta que ambos rostros estuvieron cerca—. Él quiere tu sangre, la ansía tanto que estoy celoso de que se controle tan bien sólo porque le importa tu bienestar.

—N-Nunca lo tendrás —replicó—. Zero-kun nunca se d-doblegará ante ti.

—Él no podrá hacer nada al respecto, porque ya decidí que será mío.

En un rápido movimiento, Akira clavó sus colmillos en el cuello de porcelana. Sayori gimió, adolorida y luchó inútilmente por zafarse. Zero quiso detenerlo, defenderla, pero era sólo un recuerdo y sólo pudo observar con impotencia cómo su amiga era ultrajada. Unos sorbos largos bastaron para que Akira estuviera satisfecha. Ahora que en sus venas corría la sangre de Sayori, seguramente Zero sentiría un sentimiento extraño al estar cerca de él, lo que le daría el chance de introducirse en su corazón. Soltó a la mujer que cayó al suelo sosteniéndose el cuello.

Entonces, Sayori miró hacia Yûki y gritó:

—¡Tienes que protegerlo! Recuerda que se lo debes. Me lo debes a mí también. Si logra lo que desea, no te perdonaré. Si no lo proteges, ¡nunca te perdonaré!

Zero no supo porque había gritado eso. Akira lo había tomado como una reacción ante lo que iba a sucederle. Zero había leído el informe acerca de la muerte de Sayori, pero nunca… lo que vio qué pasó con ella tocó su sensibilidad. Para cuando acabaron con ella, no podía reconocerse más a su amiga en el montón de carne ensangrentada que quedó. Akira salió de la habitación, y sólo entonces Yûki reaccionó, yéndose del sitio tras creer que había asesinado a Wakaba.

La memoria terminó ahí. Sayori, la que había estado cantándole hace unos momentos, apareció a su lado. Duraron un minuto en silencio hasta que él la tomó de la mano.

—Entonces, la razón por la que apareciste en las ilusiones fue porque tu sangre entró en mí a través de la sangre de Akira. Ahora entiendo porque pudo colmar tanto mi sed y hacerme desearlo más. Se trataba de ti, todo este tiempo. ¿Por qué apareciste hasta ahora?

—No tomó mucho de mí, sólo lo suficiente para asegurar que no lo rechazarías. Como recuerdo, era débil. Desaparecería al presentarme por primera vez. Y se te mostraba esto, podría haber ocasionado que Akira te abdujera de otra manera, sin darte la oportunidad de fortalecerte.

—Siempre fuiste astuta, Sayori —sonrió Zero.

—Es tiempo de que tú lo seas también —dijo—. ¿Qué es lo que vas a hacer ahora?

—El pago del que hablaste…

—Akira cometió un error al beber mi sangre. Sira nació siendo humana, desde entonces supe que mi sangre tenía la cualidad de negar cualquier cosa relacionada con los vampiros. Una sola gota puede detener la destrucción de tus recuerdos.

—Estoy dispuesto a pagar el precio.

—En verdad has cambiado. Eso me da alivio. Eso es lo que te diferencia de los otros vampiros. Tú puedes cambiar, nunca te estancas. Ayúdalos, Zero-kun, conviértete en aquel que puede hacer la diferencia.

—Lo haré —prometió juntando sus frentes—. Te amo.

—Lo sé —ella sonrió—, y yo te amo también.

Zero se inclinó con cuidado, besándola otra vez. Un brillo intenso los cubrió a ambos, y lo último que Zero vio fue la cara de Sayori en completa paz.

Cuando regresó al mundo terrenal, una sombra se cernía sobre él. Su rápida reacción le salvó. Los brazos de su habilidad base lo protegieron, enviando el desconocido enemigo al otro lado de la habitación. Zero se puso de pie de inmediato evaluando su situación. Comprobó que sus recuerdos no hubieran sido borrados, y sólo bastó traer a colación el nombre de sus subordinados más cercanos para saber que Akira no había tenido éxito.

—¿Por qué? —gruñó Arika desde el suelo. Su largo cabello plateado caía sobre su cara y su vestido estaba arrugado.

Pero eso no fue lo que llamó la atención de Zero, sino la apariencia que tenía. Había creído que Arika sería como una adolescente, no la niña que lloraba y gritaba con desesperación. Zero se acercó pasó a pasó a ella oyendo sus reclamos. Arika se cuestionaba qué era lo que Akira prefería de alguien como Zero; qué era lo que veía en él.

—Yo… yo… siempre he sido una niña buena —sollozó—. Olvidé mi venganza contra quienes me habían torturado durante las pruebas a las que me sometieron. Olvidé buscar a mi familia cuando él me pidió que lo siguiera. Olvidé todo para que él no tuviera que preocuparse por mi lealtad. Yo…

—Él jugó con todos nosotros, incluso conmigo —dijo Zero.

—¡Cállate! —vociferó—. ¡No te atrevas a hablar mal de Akira-sama! ¡Él me salvó! Cuando me tenían en ese horrible laboratorio, él me sacó de ahí.

—¿Sabes sobre la reunión de desertores que hubo hace diez mil años? —preguntó Zero. Arika no respondió—. Ahí decidieron crear una solución a los problemas que enfrentaba lo que quedaba de la humanidad. Un ser al que construyeron usando un bebé humano en combinación con sangre de desertores. Quien propuso la idea fue el mismo que te sacó de ese laboratorio.

Arika abrió los ojos con estupefacción. Su llanto se detuvo. Ella no era una niñita estúpida. Había vivido durante diez mil años, oculta por petición de Akira, pero no había descuidado sus conocimientos. Había ignorado señales obvias por miedo. Había creído que Akira era perfecto. ¿Cuántas veces no se cuestionó las acciones que llevaba a cabo? ¿Cuántas veces no quiso enfatizar algunas lagunas en sus palabras? Akira la había engañado, sí, pero ella lo había permitido.

¿Cómo no hacerlo cuando él había extendido su mano cálida hacia ella? Arika habría aceptado a cualquier que la liberara.

—¿Por qué no puedo continuar con esto? Es tan fácil fingir que no pasa nada —dijo.

Zero sonrió con comprensión y se inclinó frente a ella. La enemiga que Akira le había dicho que debían enfrentar, que debían erradicar… no fue difícil borrarla de esas etiquetas. Era sólo una niña pequeña a la que le habían arrebatado el futuro, justo como a él.

—¿Quieres hacer eso?

—No, quiero la verdad, pero no quiero dejarle ir así de simple. Pasé tanto tiempo queriéndolo, que cambiar de idea tan rápido es inadmisible. No puedo cambiarlo —le miró—. Te odio tanto que de no ser porque él me odiaría a mí si te hago daño, ya te habría asesinado. Pero no quiero que él tenga esa impresión de mí. Ya es malo que sólo piense en mí como un objeto, si él me odiara…

—¿Qué propones? Sabes que tengo que encargarme de él, que tengo que detenerlo. Yo también lo quiero, pero sus deseos se han llevado la vida de personas a las que amaba. No puedo perdonarlo por eso, y tú no puedes impedírmelo. Así que ¿Qué quieres hacer?

—Es la primera vez que alguien me pregunta eso —dijo ella—, no es una pregunta fácil de responder.

Se mantuvieron callados durante unos minutos. Zero admiró lo parecidos que eran, tanto en sus historias como en su apariencia, excepto por el tono moreno en la piel de Arika, habrían sido considerado hermanos.

—No recuerdo todo acerca de mi pasado, antes de ser lo que soy —pronunció Arika—, lo poco que sé fue por Akira-sama. Él me dio que había tenido una familia; padre, madre y un hermano mayor. Yo tenía el tono de piel de madre y los ojos y cabello de padre. Mi hermano sólo se parecía a mi padre. No sé más. Desconozco si me amaron o se olvidaron de mí, lo único que sé es que pude haber tenido una vida diferente si hubiera estado con ellos. Nunca pude elegir nada. Todo me fue impuesto… creo que amar a Akira-sama también lo es. El amor puede ser la cadena más fuerte que romper… —volvió a cruzar miradas, violeta con violeta, ancestro con sucesor—. Quiero mi libertad. No puedo quitarme la cadena que Akira-sama me puso, pero tú sí puedes. Acaba con mi vida, que yo no te haré daño y luego haz que él vaya al mismo sitio que yo.

Arika Kurotsuki expuso su cuello ante él en total sumisión. Zero no había esperado ese desenlace. Habría querido decirle que había otra solución, pero no sería cierto. Arika nunca permitiría que matara a Akira, pero a la vez, no podía interponerse en su camino porque eso sería desatar el odio de Tsukishiro contra ella. Era una ironía que Arika no estaba dispuesta a sufrir. Así que había decidido sacrificarse, la única ruta que aseguraba morir antes que traicionar a Akira, y que, si mataban a su amado, la mantendría cerca de él.

Era un momento de suma amargura.

—No lo odies, Zero Kiryû —era la primera vez que lo llamaba por su nombre completo.

—No lo haré durante mucho tiempo, es lo que puede garantizarte.

—Supongo que eso basta —cerró los parpados.

Zero la mordió en el cuello sufriendo un éxtasis instantáneo por la calidad de la sangre. Era poderosa, una mezcla de las sangres de los desertores que habían sobrevivido. Fue embriagador, al punto que sólo dio otro sorbo porque no soportó más. Sus brazos salieron sin una orden suya agitándose locamente y destruyendo lo que tocaban como para soltar un poco del poder que su dueño había obtenido. Sus movimientos azarosos golpearon a Arika Kurotsuki.

De acuerdo con Dante, el poder de Zero neutralizaba los poderes de los vampiros. ¿Sería lo mismo con Arika?

La respuesta fue sí, sólo que no del mismo modo que actuaría con un vampiro normal. Fue como si las manos sólo hubieran tocado dentro de sus órganos y desactivado sus funciones. Zero no podría explicarlo. Arika simplemente cayó de espalda, como si fuera una marioneta cuyos hilos hubieran sido cortados.

No había llegado a conocerla. Le habría gustado hacerlo. Pero empezaba a comprender que debía vivir con base en realidades concretas y no sólo de sueños.

Hizo un esfuerzo por ponerse de pie y controlar su nuevo poder. Hace dos días se había conformado con la fuerza que obtuvo al por fin beber la sangre de Shizuka, que no había considerado esto. Arika lo había hecho para asegurarse que Zero tendría mucho poder para enfrentarse a Akira.

Moverse fue una de las tareas más difíciles. Tenía la impresión que si no se medía, un paso se convertiría en un viaje completo. Su cuerpo ahora estaba potenciado enteramente.

—Creo que me he perdido lo más interesante —pronunció Daemon apareciendo en la puerta de la alcoba, actuando como si nada hubiera sucedido entre ellos—. Hola de nuevo, Zerorin. De seguro no me conoces, pero yo soy…

Zero invocó de nuevo su habilidad. Sujetando a Daemon de los hombros y las piernas para inmovilizarlo contra una pared. Winchester estaba asombrado, y no ocultó su desconcierto pues se suponía que Zero estaría portándose como un cachorro indefenso ahora que sus recuerdos había sido revocados.

—Daemon —dijo Zero luchando para que la fuerza no se le fuera de las manos—. ¿Cómo pudiste…?

—¿Me recuerdas? ¡Eso es imposible! Vi cuando Akira-sama te mordió.

—Ese tonto no consideró que tengo amigos que me protegerían de él incluso estando muertos —contestó, provocando más desconcierto en Winchester—. ¿Qué carajo haces aquí? ¿No deberías estar con tu jefe festejando? ¿Dónde están los demás?

—Muertos, bueno, al menos Dante y Alicia lo están —respondió—. Kaname pronto lo estará. Akira-sama comió el corazón de su primo y su fuerza ha alcanzado niveles que no pueden medirse.

—Voy a matarlo —dijo Zero—. Mató a Sayori sólo por mí.

—Bueno, no puedo culparlo. Muchos matarían por tenerte —sonrió galantemente—. Entiéndelo, los vampiros viejos como nosotros nos regimos por nuestros deseos. Nos interesa bien poco quien pague por los platos rotos. Yo, por ejemplo, traicioné la confianza de muchos con tal de cumplir mi deber con mi señor. Mentí por él. Maté por él. ¿Lo volvería a hacer? No realmente.

—Estás diciendo tonterías como siempre. No entiendo nada de lo que hablas.

—Entonces, lo pondré simple para ti. Te amo, Zero Kiryû, desde el primer día que te vi. Ah, apuesto a que no lo esperabas, pero sí, lo hago. Conocerte fue una condena. Tuve que poner en perspectiva muchas cosas y hacer mis propios planes, ¿te das cuenta que traicioné a ese alguien por el que hice tantas cosas despreciables? ¿Sólo por ti? No, no pongas esa expresión de desentendimiento. Que no lo supieras no te hace menos culpable. Deberías estar más atento a las personas que te rodean. Deja de ser tan ingenuo. Tus sentimientos interfieren con tu juicio. Te mentí e hice que casi perdieras aquello que te vuelve único, ¿no me odias? Si eso no te hace matarme, entonces no estás preparado aún para una vida eterna. No lo soportarás.

—Eres un verdadero idiota, Daemon Winchester. Sé que con el poder que adquirí, ya no puedo actuar deliberadamente. Pero no soy como ustedes. Fui un humano, un cazador. No voy a actuar como un jodido vampiro aunque lo sea. Ésa será mi forma de llevar mi inmortalidad y estoy dispuesto a soportar lo que venga. ¿Crees que no estoy sintiéndome como mierda en este momento? Te apreciaba, hijo de perra, a ti y a Akira, y es un dolor en el culo el que ustedes hayan arrojado eso a la basura por sus deseos egoístas e imbéciles.

—¿Qué harás conmigo?

—Hay una forma de hacerte pagar por lo que has hecho sin matarte —una mano transparente se posó en el pecho de Daemon presionando justo sobre su corazón—. El cuerpo de un desertor nunca desaparecerá, ¿no?

—Oh, así que has encontrado la manera —su expresión se ablandó—. Nada mal. Kaname es afortunado de tener un encadenamiento decente como tú.

Zero ignoró lo último. No estaba de humor para meterse en líos amorosos aún. Luego tendría el chance de hablar seriamente con Kuran.

El brazo presionó hasta dar con el corazón de Daemon. Lo extrajo como lo haría un cirujano, dejando atrás un cuerpo que pronto sería inútil. Si Zero podía neutralizar a los vampiros, eso podía aplicarse a su habilidad de reconstruirse. Al extraerle el corazón, lo que hacía era mantener la esencia de Daemon en jaque. Sus brazos se encargarían de que no pudiera rehacer su forma y escapar. Era una condena justa, pensó.

La pregunta era si sería igual con Akira.


Estaba soñando. Era la respuesta a la que había llegado tras percatarse que nada de lo que la rodeaba tenía sentido. Se encontraba en medio de un bosque cerca de una cascada de aguas claras. No entendía que hacia allí. No se suponía que debería estar en ese lugar. Ella tendría que estar al lado de Zero, siendo su mano derecha y apoyándolo con su trabajo en la Academia Cross. Conocía cuál era su lugar y su deber, y aun así no comprendía porque no había despertado ya.

Sólo le venían trozos de imágenes distorsionados de una pelea. Y luego dolor, mucho dolor. ¿Estaría muerta?

—No, no lo estás.

—¿Quién? —miró a su alrededor.

Una mujer de cabellos negros y ojos violetas, pálida como la luna, estaba sentada sobre unas rocas. Su vestido de seda azul estaba empapado por el agua que resbalaba en las rocas, pero a ella no parecía importarle. No era muy hermosa, pero Ruka sintió una extraña atracción hacia ella.

—No me gusta perder el tiempo —dijo la mujer, levantándose para ir donde Ruka. Frente a frente, le sacaba una cabeza y media de altura. Ruka se sintió intimidada—. Oh, no temas, pequeña. No te haré daño. De hecho, mi propósito es todo lo contrario. Quiero felicitarte por tu esfuerzo. No todos los días un vampiro de la nobleza derrota a un desertor.

—¿Quién eres tú? ¿Cómo lo sabes?

—Mi nombre es Rowen. Me conoces por haber sido la esposa de Erioll Whitemoon, el supuesto primer vampiro, aunque la historia es diferente, mi querida Ruka Souen, y sé que estás preparada para aceptarla así como también lo estás para recibir todo mi poder. Crecí con mi hermano Rowan en un bosque. Éramos gemelos, idénticos en todo, incluso en nuestra maldición. Desconozco los detalles ya que nuestros padres no vivieron lo suficiente como contárnoslo. El punto era que fuimos los primeros vampiros de la historia, los más fuertes. Pero seguíamos siendo niños, temerosos de los humanos. Erioll fue quien nos encontró. Un soldado inútil que se aprovechó de nuestra sed para fortalecerse con nuestra maldición. Nos capturó y mantuvo esclavizados, diciéndole a aquellos que querían el don que lo había obtenido primero. No me importaba realmente mientras pudiera permanecer junto a mi hermano, pero ese hombre quería iniciar un reinado. Mi miedo me impidió enfrentarlo y viví muchos años bajo su yugo. Mi hermano pagó por eso también, siendo entregado a una mujer demente que no lo amaba.

—La madre de los gemelos Rumanov —dijo Ruka.

Rowen asintió.

—Por años vivimos penurias, dándonos cuenta que nuestro poder aumentaba. Sin embargo, no éramos guerreros como Erioll y sus subordinados, no podríamos presentarle una batalla que fuéramos a ganar. Así que usamos otros medios. Debíamos ser más listos que él, mucho más astutos. Conseguimos la lealtad de algunas familias con las que compartimos la verdad. Juntos preparamos un golpe de estado, justo en la época en la que mis hijos Arcturus y Cassiopeia fueron desterrados por su maldito padre, pero las cosas no salen como uno espera. Erioll estaba harto de mi desdén hacia Perseo, ese niño maldito que tuve sólo porque él me obligó. Lo odiaba. Así que tuve que pensar en alternativas, en cómo podría fortalecerme sin que ese idiota me encontrara. Yo era una original, tenía más poderes que los demás, pero necesita más fuerza y potencia. Rowan tuvo una idea descabellada. Si nuestro corazón era la fuente de nuestra existencia, es decir, si guardaba nuestra esencia incluso más que el cerebro, significaría que no importaba el contenedor, podría seguir viviendo en el cuerpo que fuera. Los Ripper fueron la familia más leal a mi causa. En cuanto se los pedí, no dudaron en ayudarme. Su primer líder tomó dentro de sí a mi corazón, que se alimentó de su sangre como si fuera un parásito, manteniéndome de ese modo en bajo perfil a la vez que me fortalecía.

—¿Viviste de ese modo por tanto tiempo? —sonó impactada.

—Era la única manera. En ese estado era capaz de vivir todo lo que mi contenedor vivía. Conocí a muchas personas y las perdí. Cambié de contenedor. Conocí a otras personas. Un ciclo que se repetiría hasta que encontrara al que se acoplara a mis objetivos.

—¿A qué te refieres? ¿No hiciste todo eso para regresar?

—Mi dulce niña, si quisiera eso, habría reaparecido cuando el reinado de Perseo acabó y el de Akira inició —sonrió—. Lo único que me habría brindado esperanza durante esos años fue mi gemelo Rowan, pero cuando él murió… no puedo estar en un mundo donde él no existe. Me causaría un dolor inconcebible. Pero no podía echar abajo el plan, sobre todo porque fue idea de Rowan, así que seguí pasando de contenedor en contenedor hasta que finalmente te encontré a ti. Jack Ripper fue valiente, protegió mi corazón al punto de volverse loco él para que la sangre de Catena Winchester no me tocara, y él se dio cuenta, al igual que yo, que tú mereces tener mi herencia.

—¿Por qué yo? Lo que pasó aquella vez ni siquiera lo recuerdo con claridad. ¿Es esto un sueño? ¿Estoy en una especie de limbo? No lo entiendo.

—Te escogí a ti porque diste todo por proteger a los que amas. Algo que yo no pude hacer. Te admiro, Ruka Souen, y es por eso que te brindo mi corazón. No te preocupes, no será como la última vez. Cuando despiertes, será como si siempre hubieras sido un vampiro antiguo. Hay un peligro que debes enfrentar. Erioll Whitemoon no ha muerto, y si es así, Zero Kiryû, Senri Shiki y Rima Touya van a morir si no lo detienes.

—No estoy entendiendo nada —se abrazó con miedo.

—Lo entenderás una vez lo aceptes, mi niña —le acarició el cabello y le sonrió—. Hay vida en ti. Una vida que debe conocer el nuevo mundo que crearan. Por fin, después de tantos años, la posibilidad de renacimiento es factible.

—¿Puedo negarme?

—Deberías preguntarte si quieres hacerlo —se rió—, pero he leído tu corazón porque, será así, pronto se hará uno con el mío. Tienes miedo, eso es comprensible. No dejarás que nadie hiera a los que quieres, eso es un hecho. No hay más.

Ruka respiró profundamente.

—Acepto —dijo con determinación.

Entonces, Rowen la abrazó.

—Buena elección —Rowen se integró a su cuerpo hasta desaparecer.

Ruka admiró el paisaje a su alrededor por última vez. Entonces, despertó.


Baal había olvidado la sensación de tener las tripas colgando de su vientre. Habían pasado milenios desde que lo hirieran así.

—Jodido anciano —se quejó cuando la herida no se cerraba con la rapidez habitual. Le había pasado por descuidado, por haberse confiado en que podría tomar por detrás a Erioll. Debió pensarlo mejor. Ya Michael lo había intentado consiguiendo que le rompieran las dos piernas, de no ser por Adonis y él, Sinclair estaría muerto—. Ya entiendo porque mi padre te odiaba.

Eran tres desertores contra uno. Tendrían que estar ganando, o mínimo dando una pelea decente. Nada de eso estaba pasando. Los tres, sin importar lo que hicieran, eran superados por Erioll. Lo peor es que sus heridas ya no se estaban curando, síntoma de su debilidad. Si la pelea se postergaba más tiempo los acabaría. Baal no tenía ninguna intención de morir luego que su hermano se hubiera sacrificado.

«Podría hacer lo mismo. Dar mi vida a cambio de poder, ¿pero serviría? Erioll no es Ritter Winchester. No tiene debilidad aparente, y aunque la encontráramos, no tenemos mucha energía para conseguir herirlo de gravedad».

—Esto es una pesadilla —susurró levantándose como pudiera. Joder, era un asco sentir tus entrañas resbalando. Usó su mano para arrancar los jirones. Mejor no tenerlos a que le estuvieran estorbando—, lo peor es que terminé haciendo lo que no quería. Genial. Me voy a morir estando en desacuerdo con mis acciones.

—¡Baal! —gritó Michael.

Cuando Baal se dio cuenta, Erioll le había arrojado un pedazo enorme de roca. Era del tamaño de un rascacielos.

—Te aborrezco, anciano —levantó ambas manos. Raíces brotaron del suelo para detener el ataque dejando su defensa expuesta.

Erioll dio un salto y llegó a donde estaba su sobrino. Su inmensa mano encontró asilo en el hueco donde tendría que estar sus intestinos y agarró lo que ahí se encontrara. Baal dejó de concentrarse en el edificio, jadeando dolorosamente ante la violación a su interior. Erioll le miraba con muerta expresión mientras lo retenía para que les cayeran a ambos el peso de más de diez toneladas de piedra y metal.

—¡Baal! —repitió Sinclair moviéndose velozmente para ver si era capaz de sacar a Baal. Pero la nube de polvo era demasiado densa y si no tenía cuidado, Erioll podría usarlo como una trampa—. ¡Baal!

Cuando el polvo se asentó, Michael y Adonis gruñeron con horror al ver a Whitemoon sosteniendo a un muy herido Baal de la mandíbula. El sonido de algo rompiendo fue claro. Baal hizo un último amago para zafarse. Erioll le rompió la mano que había alzado.

—¡Ve por él, Sinclair, yo crearé una distracción! —exclamó Adonis levantando un muro de cristal.

—¡Vale! —usó sus reservas de energía para moverse rápido.

Pero todo fue en vano. Michael era veloz, pero estaba cansando y Erioll había leído sus patrones de movimiento. Contrarrestó a Sinclair usando al mismo Baal como arma. Luego, cuando tuvo a los dos a sus pies, se movió hacia donde Adonis para propinarle un puñetazo que lo mandó a donde estaban los otros dos.

—M-Mierda —gimió Adonis.

Los tres quedaron a merced de Erioll cuya sombra los cubrió como un heraldo de la muerte. Cuando Erioll iba a darles el golpe final, se detuvo. Gruñó bestialmente, como si de repente tuviera de mostrar su dominio. Los tres desertores se desconcertaron por su comportamiento hasta que ellos también sintieron una presencia fuerte e imponente, aunque no sintieron miedo. Fue una sensación de encuentro, de haber hallado algo por mucho tiempo perdido.

Cientos de ruiseñores volaron por el cielo.

Una delgada figura femenina desprovista de vestido alguno, apareció en medio. Su cabello rubio cenizo se mecía en ondas, y sus ojos brillantes resplandecían en tonalidades purpuras y rojizas. Era una visión sacada de una pintura del Renacimiento.

—¡Tú! —vociferó Erioll por primera vez—. ¡TÚ!

Los tres desertores no daban crédito a lo que veían. Tenían expresiones incrédulas, desconcertadas, incluso estúpidas.

Erioll soltó un grito iracundo de guerra que retumbó en los oídos de los tres vampiros en el suelo. Toda su fuerza explotó exteriormente causando una onda de poder que provocó un terremoto. La bestia se lanzó contra su nuevo contrincante. Su puño se alzó dispuesto a impactarse en su cara.

—No —pronunció Ruka Souen con voz nivelada. Levantó su mano deteniendo su puñetazo sin esfuerzo. Erioll soltó vociferaciones, jalando su brazo para zafarse—. Ya no puedes hacerme daño.

Usando la misma mano apretó el puño de Erioll hasta hacerlo papilla. La sangre salpicó el piso. La bestia lloriqueó dando pasos atrás para alejarse de ella. Ruka mantenía una expresión inmutable. En su mente, los pensamientos iban y venían a una velocidad asombrosa. Rowen había sido fiel a su palabra. Su poder había sido asimilado por el cuerpo de Ruka. La explicación era lógica. Rowen era la madre de los vampiros. Su herencia podía ser trasmitida sin problema si es que el contenedor era digno.

—Después de quince mil años Rowen-sama puede tener su revancha —dijo Souen—, y también su libertad. Haré que te arrepientas del todo daño que has causado con tu insensatez, soldado.

Los ruiseñores se aglomeraron en su espalda tomando la forma de espadas color negro. Cuando movió su mano, las espadas se acomodaron como si se tratara de alas. Erioll quiso amedrentarla con fuerza bruta, pero bastó con un movimiento elegante de ella para que las cuchillas danzaran. Era un baile, una carnicería vuelta danza. Ella no permitió acercársele. Cortaba cada parte de piel a su disposición. Erioll se curaba rápidamente.

Enfurecido, él saltó fuera del alcance de sus cuchillas para empezar a lanzar bloque tras bloque de roca. Ruka esquivó cada una, golpeando las que eran demasiado veloces o grandes como para ser sorteadas. Mantenía al monstruo enfocado en ella para darles tiempo a los desertores de recuperarse.

—¡TÚ, TÚ, TÚ! —gemía Erioll con cada ataque, espumarajos brotando de su boca. Las venas en su cuello resaltando y tenían los ojos casi fuera de sus orbitas.

Ruka sentía lástima por la criatura frente a ella. Tan salvaje y frenético por matarla que no se daba cuenta que estaba gastando energía a lo tonto. Cada vampiro tenía sus límites. Erioll Whitemoon no era invencible en ese sentido. Había estado luchando por más tiempo, seguramente contra los más fuertes, así que sólo debía seguir presionando hasta tener una oportunidad.

—No puedo creer que lo estoy viendo —dijo Michael Sinclair—. ¿Por qué nadie me dijo que tenían una amazona como ella en su bando? No me habría esforzado tanto de saber que ella venía en camino.

—Porque no lo sabíamos —respondió Rima Touya detrás de ellos. Con ella venían Kain y Takamiya.

—¿Ustedes? —Baal arqueó una ceja—. ¿Qué demonios hacen aquí? Les ordené que se llevaran a los sobrevivientes.

—Están a salvo. Te lo juro, encontramos un sitio donde ya están descansando —dijo Rima—, pero no podíamos quedarnos con ellos y dejarlos solos. Por eso vinimos.

—No creo que hubieran hecho diferencia alguna —acotó Adonis—. Ese bastardo no fue fácil de contener.

—¿Y cómo es que ella, que se suponía estaba muerta, parece estarle pateando el trasero? —cuestionó Kaito.

—No tengo idea —dijo Michael—, ¿Baal, sabes algo sobre esto?

—¿Tengo cara de qué tengo una mierda de idea? La verdad es que esto no entraba en los planes. Dante y Belial se guardaron varios ases bajo la manga, y no compartieron información con todos. Sólo puedo aventurar una hipótesis, y si tengo razón, entonces todo va a cambiar en el mundo —miró hacia donde la pelea se desataba—. Esa tal Ruka peleó contra Jack Ripper, ¿verdad? Bueno, Belial no me dijo demasiado, sólo que los Ripper habían sido devotos de Rowen y que ni Erioll ni nada pudo sacarles jamás la verdad. Se decía que habían ocultado un arma, pero jamás se encontró. Supongo que el arma tenía que ver directamente con Rowen. Mi padre solía decir que compartía el mismo olor que su hermana. Cuando huelo a Ruka, puedo percibir la esencia de mi padre por lo que creo que no es una locura aventurar que, de alguna manera, pudo obtener algo de Rowen.

—¿Ella estará bien? —inquirió Rima—. Si eso es factible, entonces su cuerpo debe estar soportando una presión inimaginable.

—Ya habría estallado de ser así. Ten más confianza en tu compañera, Rima Touya —pronunció Baal, respirando profundamente—, y espera lo mejor.

El grupo se mantuvo alejado, observando cómo la pelea avanzaba. El desenlace se decidiera pronto por las posiciones que ocupaban los participantes. Erioll ya no se curaba tan aprisa. Ruka estaba preparando su ataque final. Entonces, en cuestión de un parpadeo, ambos se movieron. Erioll rugió bestialmente. Ruka dirigió sus espadas al pecho del vampiro. La colisión produjo un extraño sonido que aturdió los oídos de los observadores. Milenios pasarían y aún se seguiría hablando de esa pelea.

Las espadas dieron justo en el blanco, pero no fue todo. Ruka hizo que se encajaran hasta atravesarlo, y luego haciendo círculos con sus manos les ordenó torcerse de modo que hicieron puré los órganos vitales de Erioll. Ruka trazó un arco con su brazo derecho. Las espadas empezaron a separarse entre sí, estirando la piel y músculos del vampiro hasta que estos no pudieron soportarlo. Una lluvia de sangre, así lo describirían. Pedazos de carne sangrientos volando a todas partes.

—¡Esto no acaba solamente así! —gritó Ruka sintiendo el último resquicio de la consciencia de Rowen gritando en su mente. Las espadas se transformaron en agujas diminutas que se incrustaron a nivel celular en los pedazos haciendo un daño irreversible.

Ruka derramó lágrimas amargas. Había tomado tantos milenios que Rowen pudiera ser libre que se juró que no permitiría jamás que sucediese una injusticia así. Ella cayó sobre sus rodillas, exhausta. Un copo de nueve cayó en su mejilla haciendo que mirara hacia el cielo. Estaba nevando de nuevo, muy espesamente.

Una gabardina café la cubrió.

—Estás desnuda —dijo Akatsuki parado a su lado.

Ella sonrió levemente.

—No me dio tiempo de vestirme adecuadamente.

—¡Ruka! —Rima se inclinó junto a ella, percibiendo el cambio en la anatomía de su amiga—. Demonios, ahora sí que la hiciste en grande. Fingiendo tu muerte para ponernos a llorar por tu culpa.

—¿Tú, llorando? ¿En verdad eres Rima? —bromeó.

—Torpe —masculló Rima para luego abrazarla—. Eres una torpe.

Ruka cerró los parpados, dejando llevarse por un momento por el alivio. Cuando los abrió se topó con las caras de los desertores que a leguas se veía pedían una explicación.

—Luego habrá tiempo para hablar —les dijo—, aún falta algo por hacer. Kaname y Zero aún viven, de eso estoy segura, y pelearán contra Akira. Necesitamos ir con ellos. Ya es hora de que el cambio venga para bien.


Akira Tsukishiro supo que algo había ido mal cuando Daemon Winchester no regresó. Su subordinado podía ser escandaloso y desquiciante, pero nunca impuntual. Además, ¿qué tanto podía tardarse deshaciéndose de tipos insignificantes como Senri y Hanabusa? Ésa fue la primera alarma.

Decidió ignorarla. Caminó hasta el salón de baile donde horas antes Dante fuera derrotado. El cuerpo no estaba y él no había ordenado que lo movieran. Una segunda señal que le hizo saborear un leve miedo.

La tercera advertencia llegó cuando notó que ni Catena ni Ritter habían regresado, menos Michael y Adonis. Ya deberían estar de vuelta. Después de todo los había dispuesto de tal manera que su victoria estuviera asegurada. Tragó con dificultad. Los errores no estaban dentro de su plan. Había calculado cada variable hasta lo absurdo, y en ninguna había quedado él solo.

La cuarta alarma no se presentó como un presentimiento, sino tomó una forma más siniestra. Cuervos negros de ojos rojos entraron al salón de baile. El batir de sus alas y el chillido que producían compusieron una macabra melodía que declaró abiertamente que él ya no estaba en la delantera.

—No puede ser… —masculló con una expresión de confusión. Su corazón empezó a latir apresuradamente. Él perdió el temple—. ¡Maldición!

Usó sus manos para enviar una onda de poder que hizo desaparecer a los cuervos. Plumas negras llovieron en el salón. Akira respiraba agitadamente a la vez que sus ojos se encendían en rojo.

—Parece que te hubieran hecho una mala broma, Akira —sonó en la habitación la elegante voz de Kaname Kuran. La mirada de Tsukishiro viajó a cada recoveco del salón para identificar el origen, cuando no lo halló envió onda tras onda de poder que sólo consiguió que el piso se rompiera más—. Hacer rabietas no te servirá de nada.

—¡Deja de ocultarte, cobarde! —exigió Akira—, ¿o acaso tomar el corazón de esa perra de Alicia no te hizo sentir más seguro? ¿Crees que no sabía cuál era su intención? Dante iba a darte su corazón. Alicia iba a darte su corazón. ¡Pero yo lo supe y les quite la oportunidad! Dentro de mí está el poder de mi primo, y de las demás familias de las que bebí su sangre, ¿y qué eres tú? Sólo un humano que convertí por la petición de esa mujer.

Justo en medio del salón, plumas negras se arremolinaron. Akira entrecerró la mirada. Al principio había creído que los cuervos eran parte de una ilusión, para hacer una referencia a Dante. Nadie más que su primo podía usarlos, eran una característica única de Herrderholle. Conforme se aglomeraban una forma se moldeaba. Ante un desconcertado Akira se presentó Kaname Kuran. Pero no era como lo recordaba. El cabello se le había oscurecido un tono y tenía los ojos con un tono más apegado al carmín. No mostraba expresión alguna y lo miraba fijamente.

«No debo preocuparme. Yo comí el corazón de mi primo y él sólo el de Alicia. No hay comparación».

—Ha pasado mucho tiempo, Akira Tsukishiro —comentó Kaname; Akira tembló imperceptiblemente, ¿lo que percibía en su tono era una especie de sonido potente?—. Te busqué durante años lo que ya no importa ahora. Con todo lo que ha sucedido, mis objetivos han cambiado.

—Y planeas matarme —sonrió, despectivo—. Eso es traición. ¿Acaso no recuerdas que me juraste lealtad cuando te convertí? Eres un mentiroso.

—Puedo decirte toda la verdad, pero no voy a dejar de mentirte. Es lo que le dije a Zero cuando hablamos luego de que quitarás a Ruka del camino.

—Ella peleó contra un desertor y perdió la vida. Yo no tuve nada que ver en su decisión. Qué noble de su parte. Nunca olvidaré su sacrificio.

—¿Sacrificio? ¿Crees que Dante habría sacrificado una pieza sin una razón válida en su juego contra ti? —cuestionó.

—Lo que Dante crea es irrelevante. Está muerto. He devorado su corazón. Ahora sólo tendré que deshacerme de ti y llevarme a Zero a un lugar donde no nos encuentren.

—¿Ah, y no vas a iniciar una sociedad nueva como siempre haces? Al parecer tus planes se jodieron de tal manera que lo único que quieres hacer es escapar.

—No necesito a nadie más que a Zero.

—Es una lástima que él no te necesite de la misma manera —su tono fue frío, y agregó amenazante—, ni que yo vaya a permitirte pensar en él como una propiedad. Él no le pertenece a nadie.

—No me vengas con eso, Kaname Kuran. Te conozco y sé que tus palabras son huecas. Estás encadenado a él, pero no creas que eso me importa. Él ya no te recordará. Lo he mordido. Sus recuerdos han sido arrebatados. Cuando despierte no te reconocerá.

—No creo que eso sea posible —interrumpió una voz masculina cerca de la entrada. A Akira se le desorbitaron los ojos y con toda la incredulidad del mundo, observó a Zero Kiryû entrar en el salón—. Kaname tiene cara de imbécil. Una así no es fácil de olvidar.

—¿Pero cómo…?

—Hola, Akira —se burló, mordaz—. Ah, te estarás preguntando cómo es que todavía recuerdo quien soy después de que me mordieras inconsciente y sin mi consentimientos. Pues, bueno, no tengo la menor idea de muchas cosas que han pasado, así que jódete. No te diré nada al respecto. Bueno, quizás una cosa —le miró con indescifrable desdén—. Nunca te perdonaré por haber matado a Sayori.

—Así que lo sabes. No sé cómo lo has hecho, pero eso no cambia las cosas. Tendré que hacerlo por la fuerza, pero tú serás mío, mi cazador.

Zero entornó los ojos.

—Te he dicho que me desagradan los motes así. Y no soy tuyo, yo no le pertenezco a nadie.

—Me amas, no puedes negarlo.

Hubo un ligero desliz en el rostro de Zero.

—Cierto, te quiero —admitió—, pero no puedo ignorar todo el mal que has hecho sólo por eso.

—Parece que con Kaname si estás dispuesto a hacerlo, olvidar todo lo que te hizo.

—Si lo ponemos así, Kaname nunca me habría hecho nada si tú no lo hubieras convertido en vampiro. Así que todo lo que haya sufrido a causa de él, también es por tu culpa, Akira —espetó.

—Me estás poniendo difícil el controlarme, Zero. Mis celos no toleran que seas tan permisivo con él.

—No me importa molestar a tus celos, de hecho, me importa una mierda alterarte a ti. Ya has hecho que muchas personas sean infelices, además hay una deuda que debo pagar.

—¿Arika, eh? No le debes nada a ella. ¿Dónde está? Seguro que no te has atrevido a matarla…

La cara que puso Zero fue su única respuesta. Una mueca ensombreció el rostro de Akira por unos segundos. Zero no supo identificar cuál era la razón de su enojo, pero quiso creer que en lo más profundo de su ser, Akira sí había sentido afecto por la chiquilla.

—Acabemos con esto, Akira —dijo Zero posicionándose cerca de Kaname. A Tsukishiro no le pasó desapercibido como los cuerpos de ambos reaccionaban a la cercanía del contrario.

—Si eso es lo que quieres, mi amor… que así sea.

Fueron minutos tensos los que aguardaron para moverse. En este encuentro las emociones estaban a flor de piel. Akira podría no mostrarlo en su cara, pero que todo se derrumbara y que Zero recordara había traído una sensación de desesperación que no había sufrido hasta ahora. Mientras Zero batalla contra su juicio, que le dictaba darle a Akira el mismo trato que a Daemon; pero al final no era justo. Akira había planeado tantas cosas horrendas que si no se deshacían de él ahora habría terribles consecuencias para el futuro por venir. Kaname… era el único con metas claras. Sabía lo que quería y lo que tendría que hacer para obtenerlo, lejos de no importarle los sentimientos en juego, los consideraba altamente por lo que había guardado silencio y dejaba que Zero y Akira compartieran unos últimos momentos.

Pero la hora había llegado. Milenios de planes se finiquitarían en menos de cinco minutos.

Una lucha larga sería inverosímil. Tres vampiros de alto nivel se enfrentarían. Si se postergaba, los daños podrían ser irreparables. Zero se había encargado de llevar a Senri y a Claes —luego de aceptar su excusa a regañadientes— a un sitio seguro, pero si esto se descontrolaba no habría servido de nada.

El primero en moverse fue Kaname.

Veloz como un rayo, desplegó sus nuevas armas. Cuando fuego azul oscuro salió de su mano izquierda, Akira comprendió que no había sido el corazón de Dante lo que se había comido.

—Fue el corazón de Jack Ripper lo que metiste a tu cuerpo —informó Kaname como leyéndole la mente, quizás ya era capaz de hacerlo. Sus llamas lamieron la piel de su rival causando ampollas que reventaron enseguida—. Dante los cambió, sabiendo que usarías algo para inutilizar nuestro sentido del olfato aquí. Fue ingenioso —más fuego apareció, rodeando la sala y muy posiblemente todo el área para impedir que Akira escapara—. Fui yo al que Dante le dio su poder. Tuviste razón al pensar que Alicia era importante para él, pero nunca imaginaste que él le brindaría su propio corazón. Creíste que era igual a ti, ¡pero Dante nunca fue así!

—¿Y qué más da? Fuera de él o no, aun así comí un corazón de desertor. Tengo 14 mil años de edad. Soy mucho más fuerte de lo que piensas.

—¿Por el corazón de un pobre diablo como Jack con el que Catena jugó por tanto tiempo? —sonrió—, lo que metiste a tu cuerpo es un corazón desgastado, que no contuvo nunca el potencial de su dueño.

El límite de Akira fue sobrepasado. Su paciencia se acabó. Reuniendo toda su energía arremetió contra Kaname que fue capaz de hacerle frente cuando antes sólo hubiera aguantado dos o tres ataques.

Zero también entró en acción. El poder reunido en sus venas tras haber bebido de Arika transformó su habilidad al siguiente nivel. Los brazos antes eran un tanto visibles ante la luz adecuada. Ahora ya no se veían, pero él podía sentirlos. No hubo necesidad de órdenes verbales. Por primera vez se sentía capaz de usar su energía al 100%, y fue algo que notaron los otros dos vampiros.

Cuando Akira quiso atacar a Kaname, Zero lo sofocó de inmediato.

Los ojos almendrados expresaron lo traicionados que se sentían. A pesar de eso Zero se esforzó por continuar.

Las fuerzas se arremolinaban y pronto el aire se hizo denso. El fuego desgastó la energía de Akira y los brazos de Zero, le quitaron la oportunidad de defenderse. La mansión no tardó en resentirlo. Grandes pedazos de roca y algunas varillas de metal cayeron. El techo que los cubría se derrumbó sobre ellos (Kaname se encargó de que no quedaran bajo los escombros usando su fuego como una barrera). Pero Akira no se rendiría. Seguiría hasta que no pudiera más.

Sorpresivamente, sólo habían pasado tres minutos. Con el techo despejado, la nieve comenzó a caer suavemente sobre ellos.

El momento del climáx llegó cuando Akira barrió la distancia que lo separaba de Kaname, tomándole de la mano que producía llamas para romperla y detenerlas temporalmente. Pensó que Zero no se atrevería a atacarle teniendo a Kaname tan cerca, pero lo había subestimado. Cuando se llevó a Senri, recogió a la Bloody Rose activándola.

Las lianas de la pistola-espada se enredaron en Akira, impidiéndole moverse. Usó su fuerza bruta para romperlas. La mano de Kaname que no estaba rota se posó sobre su pecho. Akira se paralizó. Había olvidado que Kuran ya tenía una habilidad base…

—Parece que perdí —susurró Akira sintiendo un flechazo en el pecho. Miró hacia abajo. Su piel comenzaba a desintegrarse lentamente. Los cuerpos de los desertores no se hacían cenizas al morir, pero Kaname podía hacerlo—. Al final, tú también querrás que sea sólo para ti.

—No —espetó Kaname, seguro de sí mismo.

Akira sonrió como si comprendiera. Con sus últimas fuerzas, miró sobre su hombro. Zero había desactivado a Bloody Rose. Permanecía quieto.

—Qué hermoso eres —dijo Akira desapareciendo finalmente. Kaname miró como el vampiro que lo había hecho renacer se convertía en polvo. Cuando giró su atención hacia Zero no le sorprendió lo que veía.

Él estaba llorando.

Y la nieve seguía cayendo.


Anocheció para cuando Baal y los sobrevivientes llegaron a las ruinas que quedaron de la mansión Shirabuki. Primero se toparon con Senri y Claes, tendidos en una zona plana que no había sido alcanzada por la destrucción. Claes actuó con total indiferencia hacia ellos, como si nunca hubiera sido cómplice de Akira Tsukishiro; indicó que no podía moverse debido a uno de los ataques de Daemon, y que acataría cualquier sentencia que quisieran darle, pero que no se arrepentía de lo que había hecho. Senri le dio un puñetazo justo en la cara. Después de perder a Sira, de no haberla salvado, de no haber tenido la oportunidad siquiera de hablar con ella, la compasión y el perdón no figuraban en su lista de cosas que debían considerarse en estos casos.

—No vale la pena, Senri —le detuvo Rima reteniéndole por el hombro.

—Agárrame más fuerte, entonces —le dijo él temblando de ira— porque voy a terminar matándolo si no lo haces.

Rima le abrazó por la espalda. Ruka no intervino. Su presencia ahora tenía una nueva y poderosa aura de intimidación, y no quería usarla en Senri.

—Vamos a buscar a Zero-sama —pidió Rima—. No debemos quedarnos más tiempo en este lugar.

Tomó tiempo para que Senri aceptara. Nadie lo culpaba por reaccionar de esa manera. Ese día había sido ajetreado, lleno de sorpresas desagradables y de jugadas finales que lo habían cambiado todo.

—Estás viva —señaló Senri cuando pasó junto a Ruka. Podía percibirse la nueva naturaleza y el poder, así como la sed que despertaba en los vampiros estar cerca de ella.

—He cambiado —sonrió con pesar.

—Igual te sigo queriendo —le dijo él tomándola por sorpresa cuando la abrazó por los hombros y le besó los cabellos—. Me alegra que hayas cambiado si eso hizo que volvieras a estar con nosotros. Perdí a Sira. No quiero sufrir el mismo dolor nunca más.

—Todavía falta hacer el recuento total, Senri —susurró—. Me temo que tendrás que soportarlo un poco más.

Caminaron juntos con Rima colocándose del otro lado de Senri. Los desertores iban detrás de ellos. Michael al lado de Kaito, manteniendo una distancia prudente para no crispar los nervios del cazador. Baal arrastraba a Claes de la parte trasera de su suéter, ajeno a sus quejas. Adonis permanecía en silencio. Akatsuki se había dado cuenta de la ausencia de su primo y su sobrina, luchó por mantener una expresión inmutable pensando que el destino era cruel por juntar a padre e hija de esa manera.

—Allí están —dijo Senri apuntando hacia su derecha.

Trozos de cristal, cenizas, sangre y trozos de la mansión, eran lo que adornaba el paisaje. La nieve pronto cubriría todo como si nada hubiera sucedido. Kaname y Zero estaban parados en medio de todo. Dos figuras solitarias que se erguían como los vencedores. No había pista alguna de Dante y Alicia, tampoco de Arika y Daemon. Las explicaciones serían largas esa noche.

—¡Zero-sama! —exclamó Rima. Ambos vampiros voltearon al mismo tiempo.

—Todos… —musitó Zero, percatándose enseguida de la presencia inesperada de Ruka Souen. Sus ojos se abrieron, impresionados. Su cuerpo se movió por instinto. En un instante estaba frente a sus subordinados, notando que no eran una ilusión, que los latidos que percibía no eran una mala jugada. Estaban vivos. Los tres vivían (y no le interesaba saber de momento porque Ruka lo estaba). Abrió sus brazos y los rodeó con ellos, apretándolos con fuerza. Ellos le correspondieron enseguida.

En ese momento no había espacio para pensar en todas las perdidas y muertes. Se bastaron con abrazarse mutuamente y saber que, al menos, eso les quedaba de consuelo.

Kaname lo miró desde lejos. Descubrió gratamente que no sentía celos ni rencor al ver a esos tres compartir un momento delicado con Zero. Había sido una lección, aprender que el amor no era una cadena, difícil de asimilar. A través de la sangre de Alicia comprendió que de alguna manera uno podía ser feliz sin aprisionar a la persona que amabas.

Kaname se percató de las miradas de los desertores en él. Tenía la certeza que habían percibido que él se convirtió en el heredero de Dante Herrderhölle. Eso no le interesaba. Tras obtener tanto poder se había percatado que ya no lo requería para hacer algo. Bastaba con ver a Ruka para comprender que si había una nueva sociedad, él no sería quien llevaría las riendas esta vez. Esa libertad le supo agridulce. Ceder el control nunca era sencillo.

—Volvamos a casa —dijo Kaname cuando se acercó a donde estaban Zero y los otros.

Nadie replicó a su petición. Cada vampiro de sangre pura y desertor estaba agotado, y aun así, se hallaron transformándose en sus formas de animales. Las libélulas verdes de Michael Sinclair, los escarabajos verdiazules de Baal, las mariposas rosas de Adonis, los ruiseñores de Ruka, los colibríes de Zero y los cuervos negros de Kaname se elevaron en el cielo llevándose a los demás con ellos. Desde arriba podía apreciarse la destrucción a gran escala. Pasarían décadas, quizás siglos, para que toda la zona se recuperara. Pero no importaba. Tenían tiempo de sobra, y Zero se aseguraría de esforzarse por salir adelante.

Al llegar a la academia, o a lo que quedaba de ella, Zero sintió que por fin todo había terminado. Que ya todas las intrigas del pasado se habían borrado y que esta sí sería un nuevo comienzo. Miró hacia donde estaba Kaname. Había tantas cosas que quería hablar con él, tantas preguntas que quería hacerle… pero ésas eran sus prioridades. Tendría que esperar.


Durante la siguiente semana, el recuento de los daños arrojó datos demoledores. El Concilio de Vampiros había sido destruido desde los niveles inferiores hasta los pisos altos. No hubo sobrevivientes. Los vampiros que habían quedado vivos pertenecían a familias que habían obedecido la orden de Zero y se habían mantenido en sus casas. También había otros que pelearon y sobrevivieron, por lo que recibieron condecoraciones. Sin embargo, el número de familias había disminuido. Antes eran 120, ahora sólo quedaban 16.

Para fomentar una sociedad más equitativa y promover juicios justos, se hizo una Gran Concejo, que unió a los vampiros que quedaban, a los desertores, a humanos y cazadores para que discutieran el proceder. Una de las primeras cosas en la lista fue informar a la comunidad de lo que había pasado. Desde la falsa historia sobre Erioll Whitemoon como el origen de los vampiros hasta el plan que urdió Akira donde planeaba asesinar a los que le estorbaran. Que sólo uno ostentara el poder había originado múltiples problemas, al igual que la división que existía aún entre especies, por lo que decidieron repartir el poder. Ruka Souen, tras haber explicado la asimilación del poder de Rowen, se convirtió en la nueva dirigente de los vampiros; Kaname se había rehusado totalmente, explicando que su reinado había terminado. De parte de los humanos y los cazadores, Kaito fue el elegido. Entre él y ella llevaron a cabo los juicios de los culpables. Hallaron la sentencia de Daemon Winchester justa para sus crímenes y su corazón permanecería bajo cuidado de la Asociación de Cazadores, cubierto por el cristal de Adonis, hasta que pasaran mil años. La condena de Michael fue más severa. El vínculo por encadenamiento que tenía con Kaito no influyó en nada. Tendría que ayudar a reconstruir el Concilio de Vampiros y a pasar dos mil años en prisión. Adonis tuvo una condena más simple, dado que su papel no había sido transcendental. Pasaría 500 años en prisión.

Cuando fue el turno de Claes Cavallone, la sentencia fue inexorable. Sus cargos empezaban por el uso indebido de cadáveres, pruebas experimentales que atentaban con la integridad humana y vampírica, secuestro y asesinato. Aunque sus investigaciones contenían información importante, se dictaminó que Kaname Kuran —el único que parecía entenderla— se haría cargo de sus experimentos hasta que Claes cumpliera una sentencia de más de cinco mil años.

El Gran Concejo dictaminó también que se borrara el nombre de Akira Tsukishiro como "Padre de los Vampiros", y que toda palabra que dijera alguna vez se ignorara. Los cadáveres de ambos bandos serían enterrados en el santuario correspondiente (excepto por los de Dante y Alicia, que nunca fueron hallados). El cuerpo de Sira Wakaba fue enterrado en una tumba cercana a la de su madre. Las cenizas de Aido se colocaron en la misma tumba que la de su difunta esposa, mientras que el puñado que Rima guardó de las cenizas de Takuma Ichijou fue puesto en una urna y colocadas al lado de la tumba de Kaien Cross.

La reconstrucción de la Academia Cross comenzó de inmediato. Los estudiantes que sobrevivieron ayudaron al director Kiryû. En monumento a Kaien se erigió en la entrada, donde podía leerse en una placa: Nunca doblegado, que indicaba que nadie podría cambiar los ideales de equidad y compañerismo que la academia representaba. Senri y Rima se quedaron junto a Zero, ayudándole en lo que pudieran.

La Asociación de Cazadores era la que menos daños tenía, aun así Kaito estuvo determinado a remodelarla. Tenía que ampliar los terrenos y edificar nuevas torres y pasadizos secretos. Era un rumor solamente, pero se contaba que Kaito había pedido a Michael que le indicara qué puntos podía mejorar y lo acompañaba al Concilio de Vampiros cuando el desertor debía acudir a cumplir su condena.

Baal Rumanov, el único desertor de su bando que sobrevivió, se quedó al lado de Ruka, asesorándola en su nuevo papel.

—¿Cuándo le dirás a Kiryû sobre tu estado? —le preguntó Baal mientras revisaba el escrito que Ruka se había empeñado a hacer sobre la historia verdadera de los vampiros.

—Se lo dije desde el principio —comentó—. Cuando tuvimos la oportunidad de charlar a solas, él percibió un segundo latido dentro de mí. No sé cómo sucedió esto.

—Bueno, cuando dos personas tienen sexo sin protección…

Eso sí lo sé —espetó—, a lo que me refiero es que… creí que no podía concebir de nuevo. Estuve embarazada una vez hace muchos años, pero Yûki Kuran mató al embrión antes de que se desarrollara. Perdí todo deseo de tener un hijo, y por eso no me preocupé de cuidarme cuando estuve con Zero-sama.

—Es la sangre de Rowen —dijo Baal, dando una explicación al azar—, posiblemente estabas embarazada desde antes de la pelea con Jack, sólo que no te diste cuenta. Al sobrepasar tu límite, pusiste en riesgo su existencia, pero al comer el corazón de Rowen, no sé, lo salvaste de alguna manera. Hay muchos misterios que deben ser investigados, Souen, éste no es uno que importe realmente. ¿Acaso te molesta tener un hijo de él?

—No —respondió tocando su vientre—. Zero-sama estaba feliz cuando lo supo, y yo… creo que esta vez no habrá una sangre pura que pueda hacerme daño.

—Bien, entonces deja de preocuparte por ello. Tienes asuntos relevantes que atender ahora.

—Mi hijo es muy relevante, Rumanov —replicó ella—, será tu nuevo jefe cuando yo me retiré.

—Antes dejó que Kiryû me haga mierda con su poder que tener que servir a un mocoso.

—Dices eso, pero cuando nazca lo amarás.

—Es bonito soñar, pero lo tuyo ya es alucinar, Souen —sonrió levemente—. Ya ponte a trabajar, o haré que reconsideren haberte nombrado Reina y me elijan a mí.

Baal no tenía ninguna intención de gobernar. Después de perder a su hermano, había tenido que ordenar sus prioridades. Aún no sabía qué era lo que debía hacer, salvo ayudar a reconstruir la sociedad. Concentrarse en eso le permitía no pensar en lo demás. Ya luego se tomaría su tiempo para hacerlo.

En la Asociación de Cazadores, Zero mantenía una conversación sobre recursos con Kaito. Ambos habían decidido trabajar juntos en un programa de prevención. Dieciséis años no habían sido suficientes para prepararse. Las bajas habían sido más altas de lo estimado, así que decidieron en que los chicos que estudiaran en Cross recibieran entrenamiento de supervivencia y de combate. No era una decisión acorde al nuevo régimen, pero era importante que en el futuro los estudiantes pudieran defenderse.

—Creo que ha quedado bastante decente para ser sólo un borrador —declaró Zero tras leer el documento con el programa escrito en él.

—Agradécele a Sinclair. Él hizo algunas sugerencias que me parecieron sensatas —comentó. Zero le miró inquisitivamente—. Oh, no empieces. Tengo que sacar provecho a lo que puedo. Sinclair es experto en hallar debilidades gracias a su velocidad. No es que de repente me naciera un amor desmedido por ese chupasangre.

—Creí que habían hablado.

—Lo hacemos, y eso no cambia nada. El encadenamiento no afecta al ser humano, y siendo sincero, saber que un vampiro desea tanto mi sangre, no es un honor. Sirvió para Sira y Senri, pero no es para mí. Nunca me sentiré a gusto con eso, y no creo que cambie pronto de opinión. Además, no me vengas conque debo hablar, ¿no me contaste que Kaname dijo que tú eras su encadenamiento durante su enfrentamiento con Tsukishiro?

—No hemos tenido la oportunidad de discutirlo. Kaname se ha mantenido en bajo perfil y yo he estado de un lado para otro.

—Tiene que saber lo que pasa entre Souen y tú.

—Estoy seguro que todo vampiro con buen oído ya sabe sobre el estado de Ruka —espetó—. Sé que no será sencillo, Kaito. Todo esto… acabo de perder a Akira, y aunque fuese un maniaco, le quería. Ruka es mi amiga y la amo. No te miento al decir que podría tomarla como esposa, pero no… no lo deseo así. Antes sí, tal vez, ahora con esto… con lo que siento por Kaname. No puedo ignorarlo.

—Bueno, hombre, pero si quieres claridad la mejor forma de obtenerla es hablando con él y no perdiendo el tiempo haciendo un programa que sabes que podemos terminar en un día —comentó, mordaz. Le tomó del hombro—. Vamos, Zero, ¿a cuántos se les presenta semejante oportunidad? No tengo idea de lo que sienta Kuran por ti, pero sé que no le eres indiferente si fue capaz de cambiar todo su plan principal por ti… joder, si es que estar cerca de ustedes me pone cursi. Vete ya. No vaya a ser que empiece a recitar poemas por su culpa.

—Eso sería espeluznante. Me largo de aquí.

Era ya sencillo para Zero utilizar sus habilidades con sangre pura, y era maravilloso ver las expresiones embelesadas de las personas que veían la parvada de colibríes volando. Moverse así era más rápido y lo encontraba gratificante. No se había sentido tan bien consigo mismo en años, así que apreciaba su aceptación a sí mismo. La Academia Cross era un bullicio constante de gente y vampiros yendo y viniendo. Algunos le saludaron con sumo respeto y otros con mucha familiaridad. Encontró a Rima encargándose de los planos de construcción de la ciudad y a Senri dirigiendo a los constructores. Era extraño que Ruka ya no estuviera con ellos. Afortunadamente, ella seguiría viviendo en la Academia, así que la verían más seguido que en la actualidad.

Pasó de largo de un grupo de chicas que chillaron de emoción cuando les regresó el saludo. No hubo necesidad de preguntar el paradero de Kaname. Sabía dónde lo encontraría. La capilla que no había terminado por construir se convirtió en el sitio favorito de Kaname donde solía pasarse las tardes en silencio. Esta vez fue igual. Kaname estaba cerca del altar, pero no estaba solo. Akatsuki lo acompañaba. Por lo visto estaban discutiendo, más no tardaron en acabar. Akatsuki le dio una última mirada a Kaname, y el sangre pura sólo asintió. A Zero le pareció que susurraba un agradecimiento.

Akatsuki salió y pasó por su lado. No le dirigió palabra alguna. Desde que pelearan, antes de la misión, habían acordado ignorarse. Akatsuki lo detestaba. Zero sólo no quería que se acercara a Ruka (sólo si ella volvía a aceptar a Kain haría que no se involucrara).

—Creo que lo interrumpí —mencionó Zero adentrándose.

—Para nada —negó Kaname con suavidad—. Akatsuki sólo se estaba despidiendo. Ha llegado a la conclusión que los vampiros de sangre pura le han quitado demasiado como para permanecer más tiempo del necesario junto a ellos. Él se irá una vez acaben las reparaciones.

—Lo siento por ti, sé que le aprecias.

—Por eso no lo detuve. Mi existencia no le ha traído salvo perdidas, y si con esto puede encontrar su camino, que así sea.

—No recuerdo que fueras tan permisivo.

—Soy pragmático. Eso es todo.

Un silencio los acompañó durante unos minutos. Kaname no le miraba, sino al altar frente a ellos. Ningún dios regía en esta capilla. Era un espacio de reflexión para tener tiempo para ti mismo. ¿Qué era lo que había pensado Kaname todas esas tardes? Zero quería saberlo.

—¿Ruka se encuentra bien? —dijo Kuran.

—Sí —respondió en automático—. He preparado frascos con mi sangre para que pueda beberlos cuando quiera. El embarazo de un vampiro dura entre dos y cinco años, pero ella es obstinada y no quiere estar encerrada. Es bueno que Baal esté con ella por si las dudas. Rima y Senri no han parado de apostar a quién se parecerá.

—Lo sé, yo aposté a que será niña, tendrá los rasgos de Ruka, pero heredará el tono de tus ojos —comentó, casual.

—Es genial saber que apuestan a costa de mi hijo —dijo con sarcasmo.

—Hija —hizo énfasis.

—Del bebé —masculló, malhumorado. Luego suspiró—. No sé si estoy listo para esto. Para empezar ni siquiera imaginé que tendría hijos. Mis planes se vinieron abajo con lo que hizo Akira.

—Entonces, es bueno que eso se pueda solucionar. Cambia tus planes —comentó—. Tampoco pienses demasiado en la paternidad. Nadie nace sabiendo ser padre, pero todos fuimos hijos. Eso cuenta en algo. Además, tendrás una familia propia, ¿no es eso lo que querías?

—En parte sí —admitió—, sólo que es raro, sabes.

—Eres el único Kiryû que queda.

—Mmm, no lo creo.

Eso tomó a Kaname desprevenido.

—¿A qué te refieres?

Zero respiró hondamente. Le era sencillo ser honesto con Kaname. No sabía si se debía al encadenamiento o a que confiaba en él.

—Cuando me establecí como director de la Academia Cross, obtuve acceso a unos archivos muy viejos que contenían nombres desconocidos cuyo apellido era Kiryû. Conozco el árbol de mi familia, así que no entendí qué significaba eso. Entonces, le pedí a Kaito que averiguara si había ramas familiares que desconociera. Parece que sí. Verás, en el pasado mi familia engendró gemelos, yo desciendo de uno de ellos mientras que los descendientes del otro permanecieron en el anonimato. Quizás porque no querían seguir las tradiciones de la familia. Kaito consiguió la dirección de una familia que desciende del segundo gemelo. Viven en el estado vecino, pero no son cazadores y no se parecen a mí. Fui… a visitarlos algunas veces. No les hablé, siento que no debo hacerlo. Han vivido en paz gracias a que se deslindaron de la familia principal. ¿Quién soy yo para quitarles eso? Sus vidas humanas nunca conocerán los mismos horrores que yo.

—La ignorancia es una bendición, aunque no para quienes sí ostentan el conocimiento —le miró fijamente—. ¿Estás seguro que mantendrás esa decisión? Llegarán al punto en que esa parte de tu familia se extinguirá. Son humanos, después de todo.

—Me he hecho a la idea —suspiró—. Siendo sincero, creo que lo hice para saber que no era el último, ahora que lo sé, creo que deben seguir su vida como siempre. Me alivia saber que hay una familia Kiryû que no ha sufrido por tener que ser cazadores de vampiros. Es un destino que mi hijo no podrá evitar, pero estaré ahí para apoyarlo.

—Y… —Kaname se le acercó para tomarlo por el hombro y hacer que lo mirara— ¿en ese futuro hay algún espacio para mí?

Zero sintió un nudo en su garganta, tan repentino que no supo qué contestar.

—No estoy preparado para responder esa pregunta de momento. Aún no puedo olvidar a Akira.

—No te pregunté eso, sino si me darías una oportunidad en el futuro. Sé que un corazón roto no se puede curar tan fácilmente. Yûki y yo pudimos tener una relación tensa los últimos años, pero la quería. Lo que le pasó no fue justo.

Yûki había sido encontrada bajo los escombros de uno de los laboratorios de Claes. Él había estado llevando una investigación acerca de crear un ser más perfecto que Arika utilizando la sangre de Kaname para hacer una especie de clon. Con la destrucción, el clon había muerto. Kaname había pedido que se le concediera el permiso para llevar a cabo un experimento propio. Su hermana merecía una segunda oportunidad. Con su habilidad base y sus conocimientos, Kaname fue capaz de integrar el cuerpo de su hermano a la poca materia salvable del clon. Claes había ayudado con ideas, y finalmente, en una especie de capsula de vidrio, Yûki Kuran crecía poco a poco.

—Ella podrá vivir de nuevo sin dolor. Sellaré sus recuerdos de su vida pasada y podrá tener un presente relativamente normal —dijo Kaname—. De no ser por la investigación de Claes, eso no hubiera sido posible.

—Yûki y mi hijo tendrán la misma edad. Ella no crecerá sola —dijo Zero.

—Así es, pero aún no has respondido mi pregunta.

—Dijiste aquella vez que me dirías la verdad, pero que no podías dejar de mentirme… pensé en ello un poco, y creo que lo entiendo. Tú sólo me mentirías para protegerme, pero si yo te pidiera la verdad, me la dirías aunque eso me lastimara.

—Eso es correcto.

—Bien, Kaname, quiero que me muestres quién eres realmente. Quién es el hombre que está frente a mí. Eso es lo que quiero saber.

—Si es lo que deseas saber… —cuervos negros salieron de la espalda de Kuran y cubrieron a Zero, elevándolo en el aire con gentileza.

Kaname lo llevó sin prisa, a sabiendas que él también podía usar la misma habilidad. Al llegar a su destino, Zero admiró la mansión de los Kuran en su estado deteriorado. Nadie le había dado mantenimiento por lo que el polvo y el clima habían hecho su trabajo. Su destino final fue la mazmorra. El sitio donde Kaname había dormido durante tanto tiempo, donde Rido Kuran había asesinado al hermano de Yûki para despertarlo a él. La historia ya la conocía, sólo que eso no lo de lo que quería tratar.

Zero fue depositado sobre una cripta de piedra. Los cuervos volvieron a formar la figura de Kaname, que se mantuvo para frente a Kiryû dándole la espalda.

—¿Cuándo supiste sobre el encadenamiento? —preguntó al ver que Kaname no iniciaría la conversación.

—Cuando fuimos al castillo de los Rumanov. Dante fue quien me obligó a aceptarlo, no obstante, si lo que quieres saber fue cuándo pasó, pasó cuando era más joven. Kaien Cross me había llamado como broma diciendo algo sobre Yûki. Lo encontré en la nieve jugando con unos gemelos. Mi encadenamiento fueron ustedes dos, Zero. Después de que regresaras del santuario, pude sentir a Ichiru en ti, incluso ahora lo percibo.

—Habrías matado a Akira por mí.

—Maté a Akira por otras razones, no sólo por ti, aunque sí, gran parte se basó en eso. Al aceptar el encadenamiento fue sencillo indagar en mis sentimientos. Te anhelaba, eso era obvio. ¿Quererte? Pensé que era apresurado, que no tenía el derecho. Luego me di cuenta que eso era estúpido. Negarlo nunca me había llevado a algo bueno. Entonces, cuando pensé lo que Akira estaba haciendo, tuve miedo por ti. No merecías eso, no después de haber encontrado el equilibrio. Mi propósito se centró en deshacerme de Akira y luego irme. Ruka se encargaría de llenar cualquier hueco a su debido tiempo.

—¿Qué te hizo retractarte? —inquirió Zero.

Kaname calló durante un minuto, como sopesando las palabras que elegiría.

—Que haría lo mismo que Akira: no te dejaría elegir. Eso es lo que me hizo cambiar de opinión. Estoy interesado en lo que tienes que decir —se giró hacia él. La mirada que tenía… a Zero se le quitó el aliento—. Quiero estar contigo, Zero Kiryû. Empezar a construir nuestra relación desde donde creas conveniente. Tengo todo el tiempo del mundo para disfrutar lo que puedas darme. A cambio yo te daré lo que soy, sin reservas. Acabas de perder a alguien en que confiabas, a quien amabas y no pretendo ocupar su lugar. Él formó parte de tu vida y es un hecho que tengo que aceptar. Tú amaste a otras personas antes que él, al igual que yo. Me has perdonado por todo lo que te hice y ahora puedo enmendarme.

Zero miró al vampiro frente a él. Su pregunta había sido contestada. Kaname se estaba presentando ante él como lo que era, sólo un hombre que había pasado por demasiadas dificultades y que había encontrado el equilibrio luego de increíbles metidas de pata. Pensó en todo lo que había sucedido entre ellos desde que conociera a Kaname, en cada escena, en cada minuto compartido. El pasado no podía cambiarse. Lo único que podía hacer era trabajar con lo tenía. La reconstrucción tardaría años. Tiempo suficiente para aclarar sus sentimientos, para brindar una segunda oportunidad.

Zero abrió el cuello de su camisa, mostrando su blanca piel antes los ojos rojizos de Kaname. Se presentó con una posición sugerente y una expresión retadora.

—¿Cuánto tiempo has soportado la sed, Kaname? Dices que la primera vez que nos viste a mí y a Ichiru ignoraste tu instinto, aunque éramos lo que más deseabas —una de sus uñas se enterró hasta sacar unas gotas de sangre—. No quiero obligarte a vivir así otra vez. Ven a mí cuando necesites beber. Es la condición que pondré. Ya el tiempo dirá si esto funcionará, por ahora esto debe bastar para ambos, ¿no crees?

Kaname sonrió. Restó la distancia que los separaba. Se inclinó hacia Zero sin apartar su mirada de la de él. Verse reflejado en las pupilas violetas le brindó una sensación de bienestar. Éste era su lugar. Aquí era donde debía estar. Sus labios trazaron un sendero de besos pequeños en la mandíbula de Zero hasta bajar al cuello. No habría más contacto que lo que iba a hacer. Éste era un acto de confianza para consolidar las bases de una relación y no lo echaría a perder.

Y la sed era demasiada como para postergarlo más.

Sosteniéndolo por la nuca, Kaname enterró sus colmillos en la delicada piel. La poderosa sangre de Zero pasó a su boca, dándole una de las mejores experiencias de su vida con el primer sorbo. Pudo sentir la fuerza que trasmitía a su cuerpo. Lo precioso del momento fue la entrega de Zero, como sus manos se enredaron en las hebras oscuras de Kaname, como su boca suspiraba en el éxtasis del íntimo momento. Kaname estaba perdido en él. El vínculo al fin se establecía en ambas partes. Zero fue capaz de percibir el ansía de Kuran por su sangre, y saberse tan deseado por él, lo cautivó de alguna manera. A su vez, Kaname fue capaz de adentrarse de lleno en los sentimientos de Zero. Fue como un libro que leyó con dedicación.

El tiempo se detuvo mientras dos se volvían uno.

Un último sorbo compartido. Kaname se separó de Zero. Zero miró a Kaname.

Aún falta un largo camino para recorrer, pero tenían la certeza de que esta vez era uno que ambos habían elegido.

Ambos se sonrieron por primera vez.


Bueno, bueno, éste es el capítulo final. No sé, en lo personal estoy bien como quedo. Pensaba incluir lemon, con eso de que Zero tuvo sexo con Ruka, pero no lo creí necesario. Quería un final donde el lector pudiera imaginarse a como quisiera la forma de desarrollarse de su relación a largo plazo. Ni idea de cómo reaccionen a este final, supongo que si no les agrada nada puedo hacer al respecto. Como sea, finalmente le he dado un final a esta historia y con esto cierro mi ciclo en el fandom de VK.

No creo escribir otro fanfic por acá. Como sea, no creo que alguien me eche de menos *se encoge de hombros*

Nos leemos en el epílogo que será cortito después de haber escrito a este monstruo.