¡Hola Guapuras!
Aquí un nuevo capitulo.
-Recuerden que solo responderé aquí a los que NO tengan cuenta.-

Lamento muchísimo si tengo errores ortográficos, los corregiré para que no se les complique más la lectura.

Carmessopln: Me alegra que te guste :3 ¡Saludos!

SALESIA:
Si, seguramente me quedaré con esas parejas amigas. Thuna, Blinny y Hansy. Ya veras en este capitulo algo… relacionado.
Haha Ron y Harry de alguna manera aceptan la relación, pero… será complicado, porque no se llevan bien y habrá muchos enfrentamientos en el futuro. En especial entre Ron y Draco, aclaro antes que NO es por 'celos' Ron solo sentirá amistad por Hermione.

Sobre la fiesta de los Greengrass, será en el capitulo 10 u 11. Según me lleve el juicio, espero que no mucho para no hacerlo aburrido.

¡Gracias por tu Review!

-Agradecimientos-
¡Gracias a todos por su review!
Sally , BereLestrange, Slytherin's Malfoy, Serena Princesita Hale, Carmessopln, Kawaii Tsuki-Chan, SALESIA y Magnux Bane (Me leeré tu fic y me emociona que te hayas animado a escribir Dramione. ¡Y por mi influencia! Eso es genial :3)

(Les daré una mejor respuesta.)
Sin mas, los dejo con el capitulo de hoy.


Capitulo 9. –El inicio del juicio-

Draco bufó rabioso en el balcón frente a la ventana de la habitación de Hermione. Nunca se había sentido así y es que… ¡El era Draco Malfoy! Y esta chiquilla caprichosa lo estaba, prácticamente humillando.
Fácilmente podría entrar en la habitación ya fuera escurriéndose por la oscuridad o con su varita, pero sabía que cabrearía mas a la castaña y no se podía permitir semejante estupidez de su parte. La necesitaba y no podía echar a la basura todo lo que ya llevaba ganado y era mucho a decir verdad, porque él no se había esperado aquella reacción de la muchacha.

Molesto consigo mismo por su debilidad, se marchó a su habitación y después de beber su antídoto para dejar de parecer una bestia… un maldito monstruo, se quedó dormido entre pesadillas.

El sudor y las lágrimas que se escapaban y dejaban húmedo el rostro de Draco, los gritos sobresaltaron a una Hermione que bajaba a tomar un poco de agua. Sin embargo, decidió ignorarlo al recordar lo enfadada que estaba con él.

Otro grito y un sollozo.

Aun no era de mañana, pues algo la había despertado y se sintió desprotegida. Ni siquiera se había tomado tiempo de asegurarse que hora era, pero regresó. El largo pasillo, que segundos antes se encontraba oscuro, era adornado con antorchas que se encendían mediante magia al captar la presencia de alguien.
Hermione caminaba descalza solamente con sus calcetas muggles de dibujos infantiles, su viejo camisón gris y su varita en mano.
El corazón le latía débilmente, pero se estremecía al escuchar algún ruido ya que los sollozos dejaban de escucharse por momentos. Y entonces, volvían con mas intensidad en un profundo y desgarrador grito.

Se dio prisa y al estar frente a le puerta de la habitación titubeó. Ella estaba enfadada pero tenía que asegurarse de que él estaba bien, después de todo ese era su trabajo.
Giró el pomo de la elegante puerta de caoba oscura.

Nunca había entrado a la habitación de Malfoy. Nadie lo hacía.

Era un lugar sumamente elegante, todo lo que había ahí era negro y verde. Todos los muebles eran de madera, el suelo estaba alfombrado y curiosamente la misma alfombra era de color rojo escarlata.

Draco yacía retorciéndose entre las sabanas esmeraldas y negras, su gran cama parecía un enorme lugar. Ya que Draco parecía un niño pequeño.
Hermione sintió una profunda compasión, Draco estaba teniendo pesadillas. Se acercó y se sentó en la orilla de la cama.
-Malfoy –susurró al verlo sudar y retorcerse- Malfoy despierta… -colocó una mano en su frente y se encogió al sentir que ardía en fiebre.

No sabía que hacer lo único que se le ocurrió fue despertarlo y sabía que de una manera suave no serviría de nada.
Optó por lo más sencillo, le dejó caer el agua que contenía una jarra de vidrio en la mesilla de noche.
-¿Qué cojones… -Draco se despertó y soltó unas palabrotas después de recuperar la noción del tiempo. -¿Qué nargles te pasa, Granger? –inquirió a la muchacha que había saltado hasta la pared.

-No despertabas, te hablé…y bueno, el agua parecía buena opción y…

-¡Mojaste mis sabanas! –parecía verdaderamente enfadado.

-¡Oye estabas teniendo pesadillas! Deberías agradecerme –Hermione se cruzó de brazos indignada.

-Si claro, te agradezco por echarlas a perder –las quitó y las lanzó al suelo, mascullaba algunas palabras que Hermione no logró escuchar, estaba molesta. Estúpido insensible.

-Bien. Entonces la próxima vez dejaré que grites y llores como niña –salió de su habitación dando un fuerte portazo. A esas alturas, los portazos ya eran más que costumbre y nadie pareció darse cuenta de nada cuando la castaña regresó a su habitación.

Draco sabía que la había cagado nuevamente pero no podía evitarlo, odiaba la idea de que Hermione le hubiese visto en esas condiciones y peor aun, que lo mirara con compasión porque había alcanzado a ver su rostro antes de soltar tantas palabrotas.
Se pasó una mano por el cabello empapado y le soltó un golpe a uno de los doseles de la cama.
A la mierda todo.

La mañana siguiente, parecía algo ajetreada y el humor parecía algo tenso. El juicio de los Malfoy sería al día siguiente y Narcissa trataba de relajarse, pero no le era nada sencillo.
Al igual que los demás Slytherin, ellos contaban con la Mansión Malfoy simplemente porque él así lo quería pero si el juicio no salía bien, nadie tendría un lugar donde vivir mientras sus respectivas mansiones eran inspeccionadas.

Hermione había decidido quedarse en su habitación a estudiar el caso y su informe, por supuesto.
El día estaba cerca y una parte de ella, la más cuerda se quería ir de ahí lo más pronto posible. Y posiblemente la más estúpida quería lo contrario.

Harry y Ron miraban embobados la colección de artículos y todas las cosas de colección del quiddittch de Malfoy. Mientras los Slytherin, incluido Draco, se limitaban a una pesada charla sobre el juicio. Aunque a Draco no le apetecía hablar de ello, no tenía de otra y no quería darle más vueltas al asunto de Granger.


-Hermione descansaba un rato después de trabajar en aquel informe, el cesto de basura yacía repleto de bolas de pergamino. No sabía que hacer.

Escuchó unos golpes en la puerta y de inmediato se tensó.
-¿Hermione? –la voz de Harry, de alguna manera la hizo suspirar aliviada.

-Adelante –se sentó en la orilla de la cama y sus dos amigos irrumpieron en su habitación. -¿Qué los trae por aquí? –preguntó sin interés.

-Queremos hablar contigo –Ron torpemente comenzó a analizar las cortinas blancas de la ventana. –Queremos que nos cuentes todo acerca de tu… lo que sea que tengas con el Hurón…

-Estamos preocupados, Hermione –agregó Harry con rapidez. No quería que Hermione se molestara, sin embargo la muchacha soltó un suspiro pesado.

-Entre Malfoy y yo… -sus palabras fueron interrumpidas por unos gritos desgarradores del hall de la Mansión. Los tres chicos se sobresaltaron y bajaron a toda prisa, seguidos por los demás.

Hermione había estado apunto de desmentir a Malfoy, total él parecía no apreciar lo que ella estaba haciendo.
En el hall se encontraba Pansy recargada contra la pared y un par de personas al frente de ella.
Una mujer con un parecido imposible al de Pansy, su cabello negro y delicadas facciones en el rostro blancas. La otra persona era un hombre, sumamente alto y de cabello negro muy corto, casi pegado al cráneo. Sus ojos eran verde esmeralda como los de la muchacha y no necesitó preguntar, supo que eran sus padres.
-Pansy he dicho que vengas con nosotros. –El señor Parkinson apretó la mandíbula. –Nos están buscando a estas alturas, en casa hay… cosas… no podemos regresar…

-No… padre, entrégate… por favor… no quiero… -Pansy balbuceaba torpemente y temblorosa. Quería a sus padres con su vida, pero no quería huir y estarse escondiendo todo el tiempo. Ella ni siquiera había decidido por sí misma ser seguidora del Lord Tenebroso aunque, por mucho tiempo le hubiese parecido un honor.

-Pansy, cielo… vamos, no nos hagas llevarte por la fuerza… -las palabras de la madre de Pansy fueron interrumpidas por un fuerte carraspeo de Harry.

-¿Piensa huir de la justicia y cargar a su hija el peso de la cobardía? –todos giraron para ver al muchacho, que bajaba con deliberada lentitud la escalinata de mármol.

-Harry Potter –lo miró fijamente y ambas miradas chocaron con fuerza, aunque Harry había visto muchos mortifagos no estaba seguro de haber visto al señor Parkinson y por ello no entendía el porque querían huir. –Tú no sabes nada…

-Claro que no, yo no se nada de Voldemort y de sus mortifagos. No se que yo y mis amigos, así como la mayoría de la comunidad mágica y la Orden del Fénix terminamos con él y con sus seguidores. No, no sé nada… pero lo que sí sé es que no debe condenar a su hija a vivir como prófuga todo el tiempo y aun más, si ella no quiere –se plantó frente a los señores Parkinson, dándole la espalda a la pelinegra.

-¿Ahora te importa mi hija? Es mi hija –bufó molesto. Sabía que aunque convenciera a Pansy de huir, Potter y sus amigos no los dejarían. Había sido mala idea entrar por la fuerza y tomar a su pequeña desprevenida puesto que le sacaron un susto de muerte.

Todos los demás miraban expectantes, Hermione y Ron contuvieron el impulso de llamar por Red-Flú al Ministerio para informar de aquello.
-Me importa como cualquier compañero de Howgarts, y usted está haciendo las cosas mal –Pansy lo miró y entornó los ojos. Se las arreglaría para hacerle saber a Potter que no era 'Como cualquier compañero inmundo' pero en ese instante se limitó a mirar a sus padres con suplica y el señor Parkinson cayó al suelo abatido y con expresión cansada.

-No quiero hundirlas, ellas son todo lo que tengo –Narcissa y Lucius presenciaron aquel acto de George Parkinson. Lucius sabía lo que se sentía, él lo vivía día con día y su futuro pendía de un hilo tanto como el de George.

-George –su voz resonó fuerte y autoritaria como en sus buenos tiempos- levántate ¿Quieres? Pareces tan… debilucho e inmundo –Lucius siempre imponía poder y autoridad, esa vez no fue la excepción, el padre de Parkinson se levantó y limpió las lagrimas que caían sobre su demacrado rostro. –Ven hablemos con Potter en mi despacho, muévete y deja de parecer un troll marica –bufó, sin prestarle mas atención les dio la espalda y caminó hasta su despacho. Harry y George lo siguieron.

Los demás presentes estaban perplejos, excepto Narcissa y Draco. Ellos sabían que Lucius hacía eso para darle ánimo y ayudarle, lo conocían bien.
Narcissa y Hermione se llevaron a la Antonella y Pansy Parkinson para tranquilizarlas en la sala de estar.

Pansy miraba hacía la nada, se rehusaba a soltar lagrimas pero si estaba en sus manos le suplicaría a Potter para que no enviara a su padre para con el ministerio.
Odiaba que la situación fuera así, de todas maneras Harry no podría salvarle de ir a Azkaban pero el solo recordar lo que había dicho 'cualquier compañero' ella odiaba eso y odiaba al estúpido de Potter por hacerle entender a todos que no importaba, soltó un fuerte bufido y Narcissa se acercó a ella.
-Tranquila Cielo, todo se va a arreglar… -Hermione se sorprendió un poco al escuchar el tono maternal de Narcissa y no es que no lo hubiese demostrado antes, sino que vagamente… le recordaba a Molly Weasley, y eso era un poco raro.

-¿Cómo Cissy? ¿Enviando a mis padres a Azkaban? –murmuró la pelinegra con la mandíbula apretada.

-Todos corremos ese riesgo, Pansy –Draco entró a la sala de estar, con su andar característico de sentirse 'el rey del mundo' la miraba severamente. –Deja de quejarte, sinceramente si no quieres eso… hubieras huido con ellos cuando tuviste tiempo –la pelinegra lo miró y volvió su mirada al frente, tenía razón pero no se lo haría saber.

Hermione por su parte observaba al frente, nerviosa y con una repentina incomodidad, pero sin decir nada.
-Granger, tenemos que hablar –murmuró Draco sin apenas mirarla- ahora –estúpido cara de hurón, no haré lo que tu me 'ordenes' no soy uno de tus amigos o Parkinson. Ahg, esta bien, simple curiosidad –la castaña siguió a Draco escaleras arriba, hasta su habitación.

-¿Qué? –Hermione se cruzó de brazos y lo miró aun con indignación.

-Mira Granger… no debí… se que hice… me porte como… ¡Carajo! Sabes lo que quiero decir ¿No? –le costaba tanto disculparse y no se obligaría, Hermione lo sabía y no se humillaría. Aun tenía orgullo.

-No debiste mentir, no debiste gritarme así. Hiciste mal y te portaste como un autentico hijo de Umbridge ayer, si ya lo sé –Draco sabía que la castaña lo disfrutaba y solo quería terminar con eso.

-Bueno ¿Estamos bien? –sonrió ladinamente y Hermione arqueó las cejas.

-¿Qué? No, solo se que eres eso y que hiciste mal, pero eso no cambia nada Malfoy –Testaruda Granger, no se lo pondría fácil. Draco estaba seguro que si eso lo hubiese pasado con otra chica, la solución era un beso y todas las quejas de la chica en cuestión cesarían, pero con Granger era todo lo contrario y si tan solo intentara eso, le golpearía estaba seguro.

-Ni se te ocurra –gruñó Hermione, como leyendo su pensamiento… o tal vez fuera porque Draco se acercaba a ella. No lo sabía.

-¿Qué? ¿Besarte? –Arqueó las cejas y la miró divertido- ¿Por qué no, Granger?

-Porque no quiero. Mejor me voy a mi habitación –Apenas había avanzado un par de pasos cuando sintió una mano en su brazo, obligándola a regresar. –Suéltame.

- Si no lo hago ¿Qué? –Hermione… no le retes, o hazlo quizás así deje de molestar y así ambos puedan darse cuenta de que NO se podrían enamorar jamás. Intenta…

-¿Podrías callarte y dejar de decir estupideces? –Hermione abrió mucho los ojos al comprobar que había pensado en voz alta.

-¿Estupideces? Granger, cualquier mujer con una simple neurona desearía estar en tu lugar, pero ya me doy cuenta –Hermione bufó sonoramente y rodó la mirada- que tu no tienes ni siquiera una.

-¿En mi lugar? Já. Que un Hurón quiera besarte no es nada envidiable –esas palabras colmaron la paciencia del chico. Colocó su puño cerrado con más fuerza de la necesaria, apoyado en su frente.

-Cállate, Granger –su voz era ronca del esfuerzo por aparentar indiferencia.

-No, de verdad. Es que, aparte de que no tienes atractivo físico, mas que tus ojos… eres lo que eres y no hace falta mencionar tu… problema, sino tu arrogancia, tu forma de caminar… como si el mundo te perteneciera… -Hermione comenzó a caminar por la habitación, y hablaba deprisa sin pensar lo que decía.

-Cállate.

-¿Por qué crees que acepte? Nunca podré enamorarme de ti, una rata de laboratorio muggle. Nunca podría siquiera sentir un poco de atracción, es mas… si me besaras, no sentiría nada… quizás sentiría mas con Hagrid o Flich… pero… -sus palabras fueron suspendidas por un fuerte empujón hacía la pared más cercana. Sentía el cuerpo de Draco aplastándola por completo. -¿Qué haces? –preguntó con un hilo de voz.

-Comprobar tu teoría. –Le molestaba todo lo que le había dicho, porque hería su orgullo y eso nadie lo hacía. Nadie se metía con un Malfoy y esa vez no sería la excepción.
Draco acercó sus labios a los de la castaña, y Hermione tensa abrió aun más los ojos. Lo iba a hacer. Continuó acercándose con total libertad y lentitud, no tenía prisa y eso Hermione lo sabía. Instintivamente fue cerrando los ojos poco a poco.
Sentía el calido y a la vez fresco aliento de Draco, estaban tan cerca que bien podrían confundirse ambas respiraciones.
Draco tomó su rostro entre ambas manos pálidas y sonrió ladinamente.

Se hizo hacía atrás para ver a Hermione como lentamente se acercaba a él para encontrar sus labios. Draco sonrió descaradamente y se apartó de la chica con una ceja arqueada.
-¿Sería mas placentero besar al monstruo ese o al inepto squib? Entonces, tendrás que esperarlos… -Hermione abrió los ojos y lo miró con ira. Estupenda idea, ahora ¿Podrías hacer el favor de callarte y no meterte en mis asuntos?-básicamente, también son mis asuntos… -volvía a tener una 'pelea' con sus subconsciente, que sabía lo que se avecinaba.

-Te puedes ir a la mierda, Malfoy –sin decir una sola palabra más, salió de la habitación. Se sentía humillada y rabiosa, descargaría su ira con cualquiera que le molestara.

Por un lado se sentía orgulloso y su ego… ¡Hasta las malditas nubes! Pero por otro que no lograba reconocer, se sentía mal por haberse burlado de ella…. ¡Al cuerno! Le había comprobado que ni la más mojigata Granger, era inmune a sus dotes Malfoy.
Se recostó en su cama para descansar, al momento en que pensaba…
Imbécil. Imbécil.
Ella… ella estaba intentándolo y haz vuelto a meter las cuatro… Imbécil. Imbécil
–Se irguió de prisa y abrió mucho los ojos- ¡Excelente!
Tenía que pensar en algo antes de que fuera demasiado tarde. Se levantó y por suerte la 'metamorfosis' comenzaba a surgir.

Se escabulló, hasta la habitación de la castaña.


Sin siquiera mirar y pensar más, se recostó en la cama. No quería pensar en lo ocurrido, porque la hacía sentirse más humillada de lo que estaba. Más boba e ingenua ¿Por qué nargles había provocado a Malfoy? Le conocía lo suficiente para saber de lo que era capaz y sí, también ella se había probado. Necesitaba saber si había una simple posibilidad de enamorarse de él pero evidentemente había cometido un error y ahora pagaba las consecuencias.

La guerra estaba declarada.

Ella ya no era una niña, ni sufría de inmadurez. Pero Malfoy se lo merecía y no iba discutir sobre el tema con su estupido e incompetente subconsciente.

Poco a poco el sueño comenzó a invadirla, cerraba los ojos lentamente. Pero un golpe sordo la despertó. Otra vez no, por favor. Lo miró con los ojos entrecerrados e hinchados, había aguantado las lágrimas de frustración.
-Granger… -Llevaba algo consigo, algo que llamó por completo su atención. Un frasco con líquido escarlata. –se que…

-Malfoy, vete al demonio por favor y déme dormir –se recostó y se cubrió con la sabana. No sabía como se las había apañado para entras, ella había puesto hechizos a la puerta y ventana, para que no entrara pero evidentemente su… ´don´ o lo que fuera era más poderoso que los hechizos. Sin embargo, su instinto la hacía curiosear. Se dijo a si misma mentalmente que haría lo que fuera para investigar sobre él y su maldición.

-Granger, solo… te comprobé… -entonces, Draco se bebió el contenido del frasco. Hermione miró con los ojos muy abiertos pero nada pasó.
Un par de minutos después, volvía a ser el mismo Draco de siempre. –Tenía que hacerlo, te estabas burlando de mí. Así que yo soy el que tiene que estar enfadado.

-¿Qué? Hay por favor… olvídalo, no lo haré. No seré tu buffet ni nada por el estilo. Me niego. –Draco rodó la mirada y se acercó hasta la cama.

-Siento no haberte besado –gruñó y Hermione se puso colorada, después le lanzó un cojín –lo estoy diciendo en serio –volvió a murmurar entre dientes.

Hermione se quedó pensativa un buen rato, tenía claro que Draco Malfoy no sabía y no solía disculparse. Supuso que se le hacía especialmente difícil aquello.
-Que no se te haga costumbre .y dicho esto, se acostó dándole la espalda. Draco sonrió ladinamente y la observo. Esta vez y la anterior se había salvado por un pelo de rana calva. Sin embargo, debería intentar comportarse más… bien porque no podría salvar su trasero sin Hermione. Salió de la habitación con aire de victoria.

El día del juicio…

Todos los huéspedes de Malfoy Manor se levantaron más temprano de lo habitual, la audiencia la tenían al medio día.
Por alguna razón Hermione estaba de un humor insoportable, consultando libros y escribiendo como loca en pergaminos que segundos después arrugaba y lanzaba al cesto de basura mas cercano.
Los Malfoy se vistieron elegantemente y se sentaron los tres sin pestañear en la sala de estar. Era tan curioso verlos, puesto que parecía como si todo estuviera ensayado.
Harry y Ron, se encontraban en el campo de quiddittch (la mayor parte del tiempo) jugando con la snitch heredada de Dumbledore a Harry.
Los slytherin caminaban de un lado a otro y Blaise rodaba los ojos al mirar a sus compañeros.
-A como pasan las horas, todos terminaran sin uñas y cabello… -murmuró sonriendo radiantemente. Curioso era, que ese día su humor y sonrisa no contagiaban a nadie. –Oh vamos, todo saldrá de maravilla… -se acercó a Draco- en vano eres novio de tu aurora –le guiñó un ojo divertido.

-Blaise, cállate y evítame la pena de mandarte al carájo. –Draco estaba fastidiado y sinceramente no le apetecía pelear con Blaise… ni con San Potty o la comadreja e incluso con Granger.

-Pues… ya lo haz hecho –rodó la mirada- el sábado tenemos fiesta y ustedes con mal humor –negando con la cabeza salió del lugar. Fingiendo dignidad.

Hermione, Harry y Ron subieron a vestirse mas adecuadamente para la ocasión y salieron al momento en que los tres Malfoy esperaban en el Hall, impecablemente vestidos y arreglados.
-Bien, ustedes no se pueden quedar solos aquí –anunció Harry- en unos minutos llegará…-fue interrumpido por un sonido proveniente de la chimenea. Entre llamas verdosas aparecieron dos figuras, salieron de la chimenea sacudiéndose la ropa dejando polvos sobre la elegante alfombra. Narcissa ahogó un gemido pero se limitó a observar a los recién llegados- los señores Weasley se quedarán con ustedes –Agregó Harry, los Slytherin abrieron mucho los ojos y se limitaron a eso. En cambio los Weasley comenzaron a observar todo y la Señora Weasley sonrió a los muchachos.

-Vamos chicos, a lavarse las manos y bajan a comer –se dirigió a los Malfoy- Pueden irse tranquilos, no tocaremos nada salvo la cocina –sonrió amablemente y Narcissa asintió incomoda.

-Están en su casa –su voz era neutra pero tenía un muy ligero tono de temblor, el momento de marcharse había llegado-

-¿Qué hacen aun ahí? ¡Vamos! A lavarse las manos los cinco –los urgió con la mano sacándolos de la sala de estar, ante la mirada estupefacta de los todos. –Arthur –se giró a observar al hombre que miraba a Lucius con desconfianza- tu también, anda a lavarte las manos porque serviré la comida y sino están presentes se perderán de ella… ¡Anda! –el hombre salió de la habitación después de dedicarle otra mirada.

-Entonces. ¿Están listos? –Todos asintieron a las palabras de Harry- Hermione, me parece justo que viajemos de dos en dos, y bueno tu márchate con Malfoy primero –la aludida se encogió de hombros y sin mirarle, entró en la chimenea seguida por Draco.
Harry viajó con Lucius y Ron con Narcissa.

El Ministerio de Magia estaba repleto de magos y brujas que entraban a su empleo, algunos pasaba a toda prisa sin prestarles atención pero otros, miraban a la familia con un deje de odio o rencor. En cambio al trío de oro sonreían e inclusive pedían fotografías, a Harry seguían llamándole 'El Elegido' y todos lo pronunciaban con fervor.

Caminaron hacía los ascensores y entraron seguidos por montones de pergaminos volando, mensajeros.
La voz en el ascensor les mencionaba en que piso y el nombre del mismo, se encontraban en el Noveno Piso: 'Departamento de Misterios' –Anunció una voz femenina y delicada. Salieron del ascensor.

Para llegar al Tribunal del Wizengamot, la única forma de llegar era ascender por una escalera que se situaba por uno de los laterales del pasillo.
Los seis se encontraban de pie frente a la puerta de hierro y madera, con la respiración contenida.
Era un lugar oscuro y solitario, instintivamente Hermione le tomó la mano a Draco para infundirle valor. Al percatarse de lo que había hecho lo soltó pero Draco se armó de valor.
-Al mal vuelo, darse prisa –murmuró por lo bajo, arrastrando las palabras como de costumbre.


Manor Malfoy estaba rodeada por un aire más calido y hogareño que de costumbre. Molly Weasley se había encargado que los cinco muchachos se sentaran en el gran comedor y los obligó a comer, lo que ella misma había preparado.

Aunque los elfos se habían sentido resentidos, Molly les había propuesto hacer otra cosa y así lo hicieron.
-Están demasiado delgaduchos, y no creo que esas sean sus complexiones. En especial tu Cielo –se acercó a Pansy que abría mucho los ojos y retrocedía lentamente. –Oh bueno, ustedes… quizás deban comer algo de acuerdo a su salud -y dicho eso a Crabe y Goyle, les preparó un estofado de verduras que aunque ellos rechazaron, al probarlo les pareció lo mas exquisito que habían probado jamás.

Los señores Parkinson se habían negado a comer y Molly no había insistido, sin embargo se encerraron en una de las habitaciones.
Aun era una completa incógnita la charla de la noche anterior.

Cuando hubieron terminado, se disponían a salir del lugar. No obstante, se detuvieron en seco al ver la expresión de la señora Weasley,
-Eh… ya terminamos… nos… vamos –Blaise titubeó.

-Se van… ¿Sin llevar sus cubiertos y vajilla a la cocina? –Evidentemente ninguno se esperaba aquello, se quedaron de pie como si alguien les hubiera lanzado un petrificus totalus. –Bien, tenemos que limpiar esto antes de que los Malfoy regresen a su casa y encuentren esto hecho un desastre. Además no podemos dejarles todo el trabajo a los elfos domésticos.

-¿Qué? Usted debe estar bromeando… nosotros NUNCA –Pansy pronunció la palabra como si le hablara a un bebé- hemos hecho nada de eso. Para esos son los elfos… -Molly chasqueó la lengua y los miró severamente.

-Les pondré mas tareas sino se dan prisa, Arthur explícales a los dos chicos de allá –apuntó a Theo y Blaise- yo me encargo de estos tres…


Harry dio unos golpes a la puerta con su varita y de inmediato, unos Aurores de alto rango salieron para custodiar a la familia Malfoy.
Yacían allí impasibles, los miembros del Wizengamot, Hermione se percató de que superaban los cuarenta. Todos impecablemente vestidos con sus túnicas color ciruela con sus iniciales plateadas y elaboradas, sentados en las Gradas de la Mazmorra.

Draco percibió el parecido del décimo piso con las Mazmorras de Hogwarts y eso le infundió aun más valor.

Dirigieron a la familia hasta el centro de la Mazmorra y los sentaron para después ser atados mágicamente.

Humillación total. Deshonra para su familia. Narcissa miraba al frente, demostrando una tranquilidad que no poseía, al igual que Lucius. Draco por su parte, apretaba los puños y la mandíbula.
No quería eso para su madre, quizás él y su padre lo merecían, pero ella… ella no.

El trío de oro tomó sus puestos entre los miembros del Wizengamot, justo en el instante en que el Ministro de Magia aparecía por la puerta principal.

Kingsley Shacklebolt.
Había sido nombrado Ministro de Magia después de la muerte de Voldemort, un Ministro competente y miembro de la Orden del Fénix.
Miró a los chicos y les saludo con una cabezada para luego tomar su lugar en el estrado.

Hermione miraba con el corazón latiéndole a mil por hora, eso sería lo último y ella estaba segura de que todo dependía de ella y Harry. No condenaría inocentes, porque de todas maneras ella los conoció y averiguó muchas mas cosas de lo que jamás se imaginó.
Por ejemplo, ese sentido tan maternal de Narcissa.
El inexorable silencio en el que se sumergía diario Lucius, cuando solía sentarse en el jardín trasero. Hermione se preguntaba constantemente ¿En que pensaba? E instintivamente miró al último miembro de la jerarquía Malfoy.
Malfoy y sus insultos tan… poco ingeniosos, La estúpida sonrisa ladina de Malfoy, cuando la hacía cabrear. La noche en que durmieron juntos, sin tocarse, sin morbo. Las miradas desde el balcón, porque ella lo sabía desde la primera vez, sin embargo se obligaba a pensar en otras explicaciones. Su forma quimérica y su maldición. Todos pensando en que eran algo… como una pareja y ella no había tenido el tiempo de retractarse y desmentirlo. Todo pasaba por su mente al observarlo.

Él sintió la mirada de la muchacha y la miró a los ojos, nadie parecía percatarse de lo profundo de esa mirada. Nadie les prestaba atención puesto que todos revisaban el caso Malfoy, entre los papeles que tenían frente sí.
No hubo palabras, estaban de más.
Estúpida Sabelotodo, no entiendo que es lo que pasa y mucho menos esta maldita tranquilidad que me haces sentir. Joder. Parezco un marica.

Legeremancia.

Como vuelvas a llamarme 'Estúpida' te quedas sin descendencia Malfoy.

Una conexión diferente, ellos podían escucharse cuando quisieran solamente y al 'escuchar' los pensamientos de la castaña, su mueca torcida que significaba algo parecido a una sonrisa, apareció. Era una conexión mental, comenzada por la Legeremancia para ser sustituida por algo más. Algo que Hermione no sabía pero averiguaría.

Estoy seguro que muchas te odiarían si hicieras eso, no podría hacerlas feliz -

Un guiño descarado apareció y un tremendo rubor invadió a la castaña.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un carraspeo del Ministro de Magia.

La hora había llegado… el juicio comenzaría. Su futuro estaba tan próximo, pero espero impasible sin siquiera pestañear. Al igual que su familia.


-Dejen su review y por supuesto, mi respectivo Crucio.-