No lo puedo creer. Terminé. Algunas notas importantes antes.
1) Tiene temas M, pero que sólos se mencionan. (Digamos que es la parte que menos me convenció mm)
2) No quedé muy convencida, pero eso es habitual en mí, así que me ignoro de vez en cuando.
3) Estoy organizando un concurso de fics Huddy. El premio es bien humilde en todo caso xD Un dibujo sobre su fic. Consta de una cantidad absurda de categorías. En mi perfil dejaré el link con la información. Ojalá participaran.
4) Reconozco no haber investigado demasiado.
5) Tengo twitter xD... ya, esto no es importante...
Les dejo leer en tranquilidad.
IX
YELLOW
Trece entró a la habitación del hospital en la que estaba Cuddy, con Rachel en brazos. La vio sumida en un punto en la nada.
—¿Y House? —preguntó la joven doctora, pero no hubo respuesta.
Se acercó preocupada. De camino dejó a la niña sobre el sillón, atrapada entre los cojines y el bolso a un lado.
—Cuddy —llamó su atención, tronando los dedos delante de su cara. —¡Cuddy! —esta vez la sacudió por los hombros.
Cuddy no respondía.
—¡Oh, por Dios! —volteó a través de la cama. Iría a buscar ayuda, pero Cuddy comenzó a convulsionar.
Se acercó a ella a sujetar su cabeza, mientras pedía ayuda:
—¡Necesito ayuda aquí! —gritó, mientras se dio un tiempo para oprimir el botón de emergencias.
Un par de enfermeras entraron.
—Ayúdenme a voltearla —ordenó Trece. —Busca al equipo del doctor House y al doctor House que anda por aquí, pero no sé en dónde —ordenó a la otra.
La mujer salió. Hadley y la otra enfermera intentaban controlar la situación.
Cuando Cuddy ya dormía sobre su cama y Hadley cuidaba a Rachel, entró Foreman.
—¿Qué sucedió? —preguntó.
—Convulsionó, después de entrar en estado de shock, tras haber visto a House —respondió, poniéndose de pie. —Te quedas a cargo, mientras voy a dejar a Rachel a la guardería.
—Sí, jefa —respondió molesto por ser ordenado.
En eso ingresó Chase, pero antes de decir una palabra, Foreman mandó:
—Ve a buscar a House. Debemos saber qué le dijo o hizo. Asumo que entró en estado de shock por él.
Chase enarcó una ceja en una mueca graciosa y, retrocediendo sobre sus pasos, salió del cuarto.
Después de poco buscar por el hospital, decidió seguir el razonamiento de Occam y encontró a House en la estación de policías.
Se acercó a él una vez que hubo llamado a la puerta y Wapner le permitió entrar.
—Imaginé que estarías aquí —comentó el australiano, con las manos en los bolsillos.
—Tengo niñero y Wilson se fugó, olvidando pagar mi fianza —contestó, echado en la silla, señalando al policía que lo custodiaba, además de Wapner. Luego, miró a su empleado con curiosidad —¿Qué haces aquí?
—Cuddy colapsó después de que te fuiste. Necesitamos saber qué le dijiste o hiciste.
House lo miraba estupefacto y algo incómodo cuando notó su, propia, marcada desesperación reflejada al exterior.
—Debí haber enviado a su novio —susurró Wapner.
—Tienes razón —admitió House, acomodándose en la silla, para mirar al policía de frente. —Pero su novio me envió a mí.
—Sólo necesito saber una razón por la que Cuddy pudo haber colapsado, además de sólo verte —insistió Chase.
House miró a Wapner.
—¿Puedo ir a hablar con mi empleado, en privado?
—No, hasta que paguen tu fianza.
—¿Alguien dijo fianza?
Todos voltearon para ver a quién había dicho eso: Wilson había llegado.
—¿Soy libre, entonces? —preguntó House.
—Sí —afirmó Wapner, mirándolo desde su asiento. —Pero como vuelvas a desacatar una orden policial, no tendrás sólo fianza y trabajo comunitario; tendrás cárcel.
—En el hospital ya hago bastante trabajo comunitario —comentó desde la puerta, con los otros dos siguiéndolo.
Wapner lo ignoró.
—Te llamaré para avisarte —advirtió el policía y volvió a sus cosas.
House asintió y salió de la sala. Tanto Wilson como Chase hicieron ademanes de buena educación, queriendo despedirse, pero al no tener contacto visual, no quedó más que en un gesto.
—¿Qué le hiciste? —fue el saludo que le brindó Trece al entrar al departamento de diagnósticos.
House y Chase la miraron estupefactos.
—¿Qué sucedió tan grave para que estés así, mujer? —preguntó House.
—Te dieron la oportunidad de verla por sobre su novio y tú no sé qué diablos hiciste para fastidiarla. Yo he estado controlando su estado y estaba evolucionando bien. Ahora echaste todo a perder.
—¡Oh! ¡No jodas! ¿No has pensado que a lo mejor yo no tuve la culpa y sí una droga o algo que le hayan dado?
—No. Porque donde tú estás nada es más malo que tú.
Chase, House y Taub la quedaron mirando como si hubiera dicho una vesania.
—Tengo hambre —comentó House.
—¿Qué? —chilló Hadley.
—Nada. Pensé que era la hora de las cosas absurdas. ¿Qué pasó con la paciente?
—Cuddy podría morir y tú… —alegó Trece.
—La paciente podría morir, Cuddy podría quedar loca, pero no morirá.
—La paciente ya murió —informó Chase.
—Ah. ¿Qué tenía?
—La familia no nos dejó averiguar, sólo la causa de muerte que fue un infarto cerebral.
—¿Qué? —se alteró House. —¿No han aprendido nada en todos estos años? Les he enseñado a embaucar, estafar, timar y mentir; en especial a ti —señaló a Chase. —Debería despedirlos.
Trece los miró indignada, bufó y salió de la habitación.
—¿Qué le pasa? —preguntó House a los otros dos presentes.
—No lo sé —admitió Chase, encogiéndose de hombros.
—Creo que está así porque, a falta de Wilson y Lucas, ella es quien se ha preocupado de la hija de Cuddy y de Cuddy cuando llegó aquí —explicó Taub. —Se ha… "encariñado" con el caso, diría yo.
—Pues que no se encariñe tanto. ¿Cuándo tomé este caso? Lo que tiene Cuddy no es…
—Lo causaste tú —interrumpió Chase.
House lo miró fijamente.
—¿Tienes pruebas médicas de eso?
—Después de verte a ti, ella…
—¡NO las tienes! Cuando me fui, Cuddy estaba bien. Bueno, bien dentro de lo que puede. Te lo demostraré —apostó, saliendo de la oficina.
Taub y Chase se miraron alzando las cejas. Tras eso, salieron siguiendo a su jefe.
En la habitación de Cuddy, estaban Foreman, revisando sus reflejos, y Trece, interrogándola.
—¿En serio House no tuvo la culpa de tu estado?
—Recuerdo haberlo visto irse cuando… —Cuddy se sonrosó un poco. —Cuando ya no valía la pena que siguiera aquí.
—¿Por qué?
—Porque ya me había enterado de que estaba bien —contestó una tercera voz.
Todos miraron hacia la puerta para ver a House entrar con Taub y Chase. House no quitaba los ojos, algo preocupados y muy cómplices, de los de Cuddy.
—¿Qué haces aquí? —cuestionó Hadley, fastidiada.
—Puedes acostarte —dijo Foreman a Cuddy.
—Vine a demostrar mi inocencia —sentenció. —Cuddy —llamó su atención —, ¿sabes si te dieron algo en el secuestro?
Cuddy lo miró acongojada, a punto de llorar. Poco a poco comenzó a negar con la cabeza, hasta que musitó un "no".
—Lo imaginé —suspiró él. —Chase, hazle una prueba toxicológica. Trece, ve si entre todas sus heridas y hematomas encuentras algún pinchazo. Y ustedes dos —señaló a Taub y Foreman —indúzcanle una hipnosis.
Foreman carraspeó.
Los otros tres lo miraron atentos, pero hastiados.
Foreman asintió y les hizo una señal de que podían ir.
House carraspeó. Foreman lo miró. House le hizo una señal con la cabeza de que podía salir. Foreman rodó los ojos y salió.
House observó a Cuddy, mientras Chase le tomaba unas muestras de sangre y Trece lo asistía. De pronto, Cuddy elevó la vista y se encontraron sus ojos con los de House, él la evitó inmediatamente, como un adolescente que ha sido pillado, y se fue. Cuddy bajó la mirada trémula. Trece lo notó y se rascó la cabeza.
House estaba en el despacho de Wilson, quien cuidaba de Rachel. La niña jugaba con sus juguetes encima de la mesa, mientras los hombres conversaban, sentados uno frente al otro.
—¿Dónde se metió Lucas? —cuestionó el nefrólogo.
Wilson negó con la cabeza, sin quitar los ojos de Rachel.
—Su novia está en el hospital, estuvo secuestrada. Si se supone que la ama tanto, ¿por qué no está aquí?
—A lo mejor se parece más a ti de lo que imaginas.
—¿Qué? Oye, yo vine a ver a Cuddy, Lucas me dejó venir en lugar de él… —House puso su cara de epifanía.
—No tienes paciente para que pongas esa cara, así que imagino que compartirás conmigo tu iluminación —comentó Wilson, sabiendo que House no lo escuchaba, mientras le movía un cascabel a Rachel, quien empezó a reír.
—Lucas está coludido con los secuestradores.
—¿¡Qué! —chilló el oncólogo como chica. —¿En qué retorcida arruga de tu cerebro hallaste esa respuesta a una pregunta que nadie ha hecho?
—Pues te cuento: la pregunta es "¿por qué no fue Lucas a ver a Cuddy y me envió a mí?". La respuesta es esa.
—Entiendo que Lucas pueda sentirse culpable si hizo algo así, pero no encuentro una sola razón por la que arriesgaría la vida de su novia.
—A lo mejor no es tan bueno como pensamos.
—¿Tú piensas que alguien es bueno? —cuestionó el oncólogo asombrado. —Bueno, ya puedo creer que Lucas hizo algo así.
—Mira, Wilson, o es eso, o es que Lucas mintió a los secuestradores y ahora se alejó de Cuddy para no meterla en más problemas.
—Eso suena más a él.
—Es es cursi.
—Eso es noble.
—Noble habría sido que hiciera todo lo que los secuestradores le pidieron. ¡Incluso más! Noble habría sido pensar en que no puede tener una relación con alguien sin pensar que la pueda poner en peligro; nunca debió haber comenzado un romance con Cuddy.
—Y ese eres tú. Egoísta.
House se levantó.
—Son mis teorías. Elige una o dime dónde está Lucas.
Y salió del despacho.
Wilson suspiró. Miró a Rachel.
—Tú viviste con él, ¿crees que sería capaz de hacer eso?
Rachel tomó el cascabel y comenzó a agitarlo, dando saltitos sobre su trasero.
—¿Eso es un sí?
House iba camino a su despacho, cuando Chase lo interceptó.
—Éxtasis y marihuana —informó el australiano.
—¿Y dónde están las drogas raras y nuevas?
—Éstas son más fáciles de conseguir y de camuflar; y logras estados de inconsciencia en la persona.
—¿Cuánto?
—Mucho. No sé cómo el éxtasis no la mató. Pero esa debe ser la respuesta a que se quede pegada. Foreman dice que le cuesta concentrarse.
—¿No puede ser sólo el shock post traumático? —preguntó House, abriendo la puerta de su oficina.
—No tiene marcas de pinchazos —comunicó Hadley, levantándose de la silla.
—Sí. La marihuana y el éxtasis son más disimulados si los mezclas con la comida.
—El éxtasis sí, pero la marihuana…
Trece se quedó en silencio. Los dos hombres la miraron fijamente, mientras ella parecía tener ganas de llorar.
—Tiene hematomas que parecen de que fue abusada sexualmente. Le pregunté y me contó qué fue lo que recordó después de que te vio. No fue tu culpa. Está traumada.
—¿Pero de qué? —apuró House.
—Tenía óvulos de marihuana. Los tipos la usaron. Por lo que deduje, el éxtasis fue para que no opusiera resistencia. Los óvulos eran pequeños. Uno se reventó; no fue tan grave eso. En cambio, el éxtasis… Foreman ya la puso en desintoxicación. Ese es el motivo de su descontrol mental. Una vez que la limpieza acabe, debería estar mejor. Espero que pueda seguir administrando el hospital —comentó al final, con angustia, en un musito.
—¡No seas tarada! Cuddy es más terca que una mula; seguirá aquí. Cuando yo la vi, estaba bien; traumada, sensible, pero eso es normal tras lo que pasó. Estará bien.
Se quedaron en silencio. En eso entraron Foreman y Taub.
—Comenzó a quejarse de por qué Lucas no está con ella. Empieza a demostrar sentimientos, además de traumatismo y angustia. Estaba enrabiada.
—Decepcionada —vaticinó House.
—Como sea, ya salió de la negación —alegó el neurólogo.
House suspiró.
—Foreman, acompáñame —ordenó el nefrólogo, saliendo de su oficina.
Ambos salieron rumbo al ascensor. Al ingresar y cerrarse, House consultó preocupado:
—En tu opinión como neurólogo, ¿crees que lo de Cuddy sea tratable?
Foreman se sorprendió.
—Yo creo que deberías preguntarle a un psicólogo.
—Me refiero al efecto de éxtasis. Alguna secuela debió dejar.
—Cuddy está más traumatizada que drogada. El éxtasis podría estar resaltando la depresión, pero debería pasar con el tiempo. Yo pienso que la psicología o la psiquiatría son tus respuestas.
Las puertas del ascensor se abrieron y ambos emprendieron rumbo a la habitación de Cuddy.
House gruñó con la vista pegada al piso. Al elevarla, vio a alguien salir de la pieza en la que estaba su jefa. Era Lucas.
El detective se sintió observado, lo miró y, al parecer, notó problemas, porque comenzó a caminar rápidamente a la salida.
—¡Hey! —bramó House. —¡Hey! ¡Espera!
Como le permitió la cojera, corrió tras el investigador.
—¡Guardia! Deténgalo.
El guardia lo miró como preguntándose si debía hacerle caso a él o no.
—Tiene tuberculosis. Hay que internarlo.
El guardia atajó a Lucas, junto a otro.
—¡No tengo tuberculosis! —alegaba Lucas.
Cuando House por fin pudo estar cerca, agarrándolo firmemente de un brazo, confesó:
—Mentí. No tiene tuberculosis. Pero igual es importante que no escape. Gracias.
Caminaron hasta un rincón.
—¿Por qué escapas? —cuestionó el nefrólogo.
—Es incómodo.
—¿Qué culpa tienes? —ahora soltándolo.
Lucas se pasmó.
—Lo mejor es que Lisa no vuelva a su casa, ni yo a su lado —se desahogó.
—Lo segundo ya lo sabía desde que se le ocurrió estar juntos, pero ¿lo primero? ¿Qué hiciste? —averiguó el diagnosta.
—Estará a salvo sin mí.
—¿Eso le fuiste a decir?
—Sí. Aunque estaba durmiendo. También la besé. No podía irme sin despedirme.
—Pues no te has despedido. Ella no sabe que estuviste aquí, deberías esperar a que despierte.
Lucas frunció el ceño.
—¿Por qué de pronto odias nuestra relación y de la nada, luego, pareces apoyarla?
—No la apoyo, pero si es lo que Cuddy quiso… No la lastimes.
—No quería, pero ya es tarde —y clavó su mente culpable en el suelo.
—Imbécil —lo acusó House, tras un momento. —Si no hubieras falsificado las órdenes judiciales…
—¡Ellos no tenían por qué quedar libres! El juez ya sólo debía validar las pruebas y estarían en la cárcel, pero como la justicia es lenta, ellos tuvieron posibilidad de vengarse de mí. Si no hubiera aceptado ese caso, nada de esto habría pasado.
—Pero lo aceptaste. Arruinaste la vida de Cuddy y ahora huyes cobardemente. Tienes que estar ahí para cuando necesite tu apoyo.
—¡¿Y qué le voy a decir? "Hola Lisa. ¿Sabes? Arriesgué tu vida y la de tu hija, porque no pude resistirme a hacer justicia por una pobre mujer que no tenía por dónde ganarle a su marido rico y resulta que, como la justicia le dio tiempo, el tipo buscó venganza, dándome donde más me duele. Pero espero que no te preocupe que te haya hecho eso y que él ande libre por ahí; ten esperanza en que falsifiqué las órdenes de libertad, así que los pillarán en la frontera. ¡Oh! Pero, espera. Mis falsificaciones son muy buenas, probablemente puedan escapar, bueno y si no lo hacen, vendrán a vengarse de mí, y como estoy contigo y Rachel, pues quizá las amenacen con matarlas, para que yo haga lo que me piden. ¡Pero despreocúpate! Que no será nada fuera de lo normal; a lo mejor termines muerta, pero será por una buena causa: se hizo justicia por esa mujer que quería desfalcar a su marido." Eso suena algo como tú. ¿Te parece?
—Sí. Eso —apoyó House sin real ánimo. —Pero dilo como lo diría Lucas, no como lo diría Greg.
—No seas absurdo —farfulló, dándole un empujón para pasar. Se volteó al andar un par de pasos, pero siguió caminando de espaldas. —La quiero, por eso la dejo —se explicó, aguantando las lágrimas.
—Eso sí es absurdo.
Lucas se encogió de hombros, acongojado y se marchó. House lo miró irse con reproche, pero sabiendo que él podría haber hecho lo mismo. Antes de que lograra iniciar su tortura psicológica, Taub, que iba vestido para irse a casa, se le acercó.
—Cuddy evoluciona bien.
House asintió ido.
—Y Wilson pregunta si puedes quedarte con Rachel, mientras el reprograma su calendario.
House volvió a afirmar sin chistar. Taub lo observó extrañado, pero no hizo más observaciones.
—Hasta mañana —se despidió de su jefe, y emprendió rumbo a la salida.
Poco a poco se fue acercando hasta la habitación de Cuddy, que estaba a oscuras. Entró sigilosamente y cerró la puerta. Permaneció en silencio, mirándola en el breve rato que estuvo. Monitoreó cómo sus signos estaban normales, como su cuerpo parecía estar menos tenso y su rostro menos compungido. Pero un murmullo lo asustó:
—Aún me debes una explicación —se escuchó apenas, entre balbuceos.
Se acercó a ella para verla mejor: seguía dormida. Ahora comenzaba a asentir con la cabeza. Él frunció la frente, angustiado. Se mordió el labio, miró a un lado y otro, pero no se atrevió, Prefirió coger rumbo al exterior. En la puerta, volteó sobre su cintura, se negó una vez más y salió cerrando la puerta, para dejarla en su solitaria privacidad.
Aún era otoño. Las hojas crujían al pasar de los caminantes. Los colores rojos, castaño y amarillo teñían los parques y cada lugar de Nueva Jersey que tuviera un árbol cerca. El cielo blanco y cegador y el frío también eran protagonistas. Inmersos en este paisaje, House, Cuddy y Rachel viajaban en un taxi, rumbo a casa de la que era administradora de un hospital. Ella ponía atención a cada uno de estos detalles de la naturaleza y el ambiente, para así distraerse de la pregunta que hace ya rato quería formular. Pero aquel pensamiento fue más fuerte, tanto que la obligó a bajar la mirada a sus manos, forradas en lana, que se mantenían una lucha entre ellas, no de frío, sino de angustia. La única diferencia de cuando se fue a ahora, es que, actualmente, llovía.
—Así que, ¿nada de eso fue cierto? —quiso saber ella.
—No.
—Es como si hubiera asimilado lo que pasaba a mí alrededor, pero lo transformaba en una linda historia en mi cabeza.
—Sí, más o menos es eso —condescendió House.
—¿O sea que a Lucas sólo lo mencionaron, pero no fue a verme?
House la miró, sin saber qué responder exactamente a la mujer que lo miraba tan ansiosa de respuesta.
—No sé.
Cuddy bajó la mirada con pena.
—¿Por qué se fue ahora que…? —ella dejó la frase en el aire; bien, porque no quería decir las palabras que a continuación venían; bien, porque temían de que fueran verdad.
—Ahora que qué —quiso sonsacar él.
—No. Nada. No voy a desfallecer porque se haya ido. Aún me importa más mi hija —y le dedicó una mirada maternal a Rachel, quien viajaba en su silla, media adormilada.
Mientras un rictus se asomaba por la comisura de los labios de House, el taxi se detenía en la dirección estipulada. Para esos entonces, la lluvia ya había amainado y sólo la humedad en el ambiente daba cuenta de que estuvo presente.
Cuddy bajó del taxi y House también. Ella sacó los bolsos: el suyo y el de su hija y, cuando se los había acomodado y cogería a su hija, House tomó la silla y la cargó.
—Tu pierna… —fue todo lo que pudo modular Cuddy.
—Estará bien, tú aún no estás completamente recuperada. Tú sí que estás débil y esta niña está pesada. —Cuddy lo miraba atentamente, mientras el realizaba la acción. —Te acompaño a la puerta.
Ambos caminaron hacia la puerta, lentamente.
—¿Crees que el éxtasis está acentuando mi depresión?
—Es probable —aceptó House. —La cantidad que te dieron no era para hacerte feliz.
Cuddy reprimió una risa. House sonrió por ella.
—¡Hey! ¡Déjala salir! —le empujó él.
Cuddy negó con la cabeza, hasta dedicarle una suave sonrisa de sus ojos, desnudando el secreto en ellos. Dándose cuenta, bajó la mirada. House también lo notó y, al verla desviar sus luces, se incomodó.
—Quiero cargar a Rachel —pidió la madre.
—Claro.
House dejó el asiento de la niña en el suelo, se hincaría para sacarla y entregársela, pero Cuddy se lo impidió.
—Déjamelo a mí.
Cuddy fue entonces quien sacó a su hija de la silla y la cargó en brazos. House cogió el asiento y extendió su mano para sacarle los bolsos del hombro y cargarlos él; ella le facilitó el proceso dejándole hacer su "buena obra". Terminaron el camino hasta la puerta. Cuddy sacó las llaves de su bolsillo para abrir la puerta. House miraba el suelo y notó un papel en el umbral.
¡PUM! Dejó caer la cesta de Rachel sobre el papel.
—¿Qué pasó? —preguntó Cuddy.
—Me dio un calambre en la mano. Lo siento. Entra a tu casa.
Cuddy hizo caso a la sugerencia, mientras House se acholloncaba para recoger la cuna y, disimuladamente, el papel, que guardó en su bolsillo.
House entró, para dejar las cosas sobre un sillón, mientras en el otro, Cuddy contemplaba a su hija. Él miró la escena preocupado.
—¿E- estás segura de que quieres quedarte aquí?
—Es mi casa, ¿dónde más voy a quedarme?
House retuvo un suspiro mientras asentía.
—Adiós —fue todo lo que musitó antes de irse.
Cuddy siguió su marcha con la mirada. Cuando se perdió de su campo visual, besó a su hija en la frente.
Saliendo de la casa, House sacó el papel de su bolsillo y lo leyó. Sólo eran tres líneas:
Lo siento.
Deja la casa por favor.
Lucas.
Y una línea tachada, que a House le costó descifrar qué rezaba:
Debí decírtelo a la cara. Al primer intento me dio miedo, al segundo estabas dormida, en el tercero me dio miedo otra vez; pien…
House suspiró y elevó la vista. Notó que el taxi aún esperaba. Pensó un momento y luego guardó la nota en su bolsillo y se acercó al taxista. Abrió la puerta.
—¿Puedes esperar un momento más? Vamos a ir a otra parte.
—Tú vas a pagar —respondió el hombre, encogiéndose de hombros y apagando el motor.
House alzó las cejas recordando ese detalle, cerró la puerta y volvió a la casa. Ya frente a la puerta, tocó; tras un instante, Cuddy abrió.
—¡Bah! ¿Qué sucedió? ¿Olvidaste algo? —inquirió preocupada.
—Sí —asintió él.
—Uhmmm… Pasa —Cuddy se hizo a un lado. —Estaba acostando a Rachel, veré si está bien y vuelvo —dijo, y fue pasillo adentro.
House juntó la puerta y caminó hasta la sala para esperarla. No más de dos minutos estuvo solo, para cuando llegó.
—¿Encontraste lo que buscabas? —preguntó livianamente.
House la observó con el interés que solo pone a sus casos.
—¿Qué? —preguntó ella.
—Nada. Solo que pareces más feliz.
—Culpa de mi hija —explicó, sonriendo.
House compartió la sonrisa.
—¿Qué fue lo que olvidaste? —cambió el tema ella.
House se puso algo nervioso. Tras tomar una gran bocanada de aire soltó las palabras.
—Lucas te visitó, pero estabas dormida cuando fue. Yo me lo encontré. Me dijo que se fue porque corrías peligro y que, permaneciendo en esta casa, aún lo corres. Me pidió que te dijera que te fueras y que sentía no habértelo dicho a la cara, pero debía irse; por tu bien.
En medio del silencio, la cara de Cuddy se amargó con el gusto del limón. No estaba muy segura si enojarse sería la opción correcta o llorar.
—¿Qué gano con eso? —se decidió a preguntar.
—Saber que Lucas está asumiendo su error como mejor cree que puede enmendarlo.
—¿Dejándome? ¿No pudo esperar a que estuviera consciente?
—Quiere protegerlas a ti y a Rachel, pero a él también, no podía esperar por ese tiempo incierto.
Los fluidos del llanto ya bañaban la cara de Cuddy, y tuvo que llevar su mano a su cara para limpiarlos. Otro mutis se abrió camino para oír los sollozos que canturreaba con angustia.
—Entonces —susurró —, ¿no es seguro para Rachel estar aquí?
—Ni para ti.
Cuddy asintió.
—Vine a decirte que puedes quedarte en mi casa, mientras encuentras un lugar mejor.
Cuddy elevó la mirada aguada, para clavarla en los ojos de él.
—Con Rachel, obviamente.
—Tú estás viviendo con Wilson.
—Sí, por eso te estoy ofreciendo mi casa. Podrás tener tu espacio, más seguro que aquí.
—House… Gracias, pero…
—No me digas que no. ¿Dónde piensas quedarte sino?
—En tu casa, pero contigo. ¿Es posible?
—¿Quieres un guardaespaldas? —cuestionó incrédulo. —Soy cojo, no te serviré de mucho.
—No quiero un guardaespaldas. Si no quieres, sólo di que no.
—Sí quiero. Pero… No entiendo. ¿Por qué?
Cuddy lo miró un momento, algo nerviosa y, colocándose algo colorada, comenzó a cantar:
Come on, baby, simmer down, and treat me sweet and cool. At least by now you have learned how to love a fool. Is funny how things turn around, it's crazy, but it's true. This place is empty, so empty, so empty without you.
House abrió la boca sorprendido. Se acercó un par de pasos, cuando salió de su ensimismamiento, y la tomó por los hombros. Cuddy, que sonreía avergonzada, alzó la cabeza y se dejó besar con cariño y necesidad. Una de las manos de House acariciaba su cara, mientras la otra apretaba su hombro. Cuddy sólo posó sus palmas en las caderas de él, cuando tuvo aprehensión de sostenerse.
—Vamos —susurró House, a centímetros de su cara, aún acariciando sus mejillas.
Cuddy sonrió y asintió, separándose para ir a buscar sus cosas.
Cuando estuvo lista, House tomó los bolsos y se los llevó al taxi, al volver, Cuddy lo esperaba con Rachel en su silla.
—Entonces, ¿vamos? —preguntó ella.
House sujetó la puerta y le hizo una seña con la mano para que saliera. Mientras ella caminaba fuera, él cantaba:
Walk right in, sit on down/ and make yourself at home./ Come baby, you just like me/ And you hate to be alone.
Con la música de fondo, Cuddy sonreía tímida y agradada. House sonrió por su sonrisa y cerró la puerta, para dar fin a una historia y comenzar otra.
FIN
*Por si alguien no lo notó, Cuddy alucinó. Lo último real fue cuando House la visitó en el capítulo anterior "Cloud", después de eso, todo es parte de su imaginación, hasta el final de "Cloud". Este capítulo ya representa la "realidad".
