Heey beautiful people! :D Espero que estén disfrutando del día (o noche)!

Quiero decirles que el próximo capítulo se va a tardar un poco. No podré escribir en este fin de semana, por lo que posiblemente esté recién para el fin de semana que viene. Solo esperen, que llegará!

Quiero dar mis agradecimientos especiales a Minene Uryuu, quien me ayudó con algunos diálogos. Muchas gracias, querida Mini-Hidan :D

Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!

Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.


—Sakura, Kisame viene a buscarte. Dice que tienes algo que terminar en la enfermería.

La pelirrosa alzó la cabeza del libro sobre control de chakra —cortesía del pelirrojo— que tenía apoyado en su regazo, y le miró. Se habían pasado todo el día anterior hablando de temas triviales, o de gustos personales. Había comenzado el Akatsuki, haciéndole preguntas sueltas como: '¿cuál es tu color preferido?', o '¿qué comida te gusta más?', y miles más. Le había preguntado sobre flores, animales, clima, estaciones, lugares y varias cosas más. Algunas se las había tenido que pensar, puesto que nunca se había detenido a analizarlo. Pero el muy maldito la había engañado; él no había querido decirle absolutamente nada. Cuando ella, naturalmente, le reclamó, él la esquivó con un: 'mocosa, aprende a respetar a tus superiores'. Y eso, naturalmente, había concluido con el shinobi estampado en la pared, cortesía del puñetazo la kunoichi. Al principio se había quebrado del miedo; sin duda se había tomado demasiadas confianzas y ahora habría represalias. ¡Cuál había sido su sorpresa al escuchar la carcajada del muchacho! Y así, sin ninguna clase de explicación, Sasori comenzó a contarle sobre sus gustos, mientras ella lo contemplaba en sumiso silencio, embelesada.

Lanzó un suspiro; al menos sabía que el religioso no estaría ahí. Deidara le había comentado que había llegado a oídos del líder lo sucedido entre ella y el inmortal, y que le daba permiso para curar únicamente a Kakuzu. Solo tenía que preparar el suero para el peliblanco; el hombre se lo podía suministrar solo. 'Mejor así. Mientras menos me lo cruce, mejor', admitió, para si misma. Se puso de pie, dejó el libro en la cama y se dirigió a la puerta.

Tal y como la primera vez, la altura del peliazul la hizo retroceder un paso, que luego tuvo que volver a dar. Le hizo una seña a Sasori para que no la esperara; cuando terminara con el ninja de la aldea de la cascada, iría al comedor y buscaría algo de comida. Ya estaba harta de la fruta que le traía el pelirrojo; entendía que fuese un artista y todo eso, pero no sabía absolutamente nada de cocina. No importaba, ella se prepararía algo, y también le prepararía algo a él. A esas alturas, ya aceptaba que consideraba al Akasuna su amigo. No había podido evitarlo; él se portaba bien con ella, había demostrado preocuparse incluso, y su personalidad —aunque un poco gruñón, intolerante a la impuntualidad y demasiado burlón— no le desagradaba. Por el contrario, le hacía recordar a todos sus amigos; tenía, al menos, un poco de todos. Le recordaba, más que nada, a Kakashi-sensei —por lo de burlón, no por la impuntualidad. Era el jounin el que siempre se hacía esperar—.

—¿Cómo estás? —le preguntó, de repente, el Hoshigaki.

La cabeza de la pelirrosa se volteó mecánicamente, con los ojos bien abiertos a causa de la sorpresa.

—Ya sabes —continuó él, con lo que parecía un intento de sonrisa—. Estaba contigo cuando el imbécil te clavó esa estaca. Yo te llevé hasta…hum… el cuarto de Sasori.

—Ah, si —reaccionó ella, bajando la cabeza—. Mmmm… gracias por eso.

—Así que, ¿estás bien?

—Si, claro. Sasori y Deidara me ayudaron, aunque al final me tuve que curar yo misma. Ahora entiendo porque qué su líder me quería aquí.

Kisame se rió y la miró desde su gran altura.

—No se puede ser todo, niña. Para nosotros es suficiente ser de los shinobis más fuertes del mundo. Además…

Un chillido —inusualmente infantil— lo calló, y los obligó a clavar la vista en el pasillo. Un chico completamente vestido de negro, con el rostro tapado por una máscara naranja con líneas que se cerraban hacia un pequeño orificio para el ojo derecho, se acercó corriendo, terminando detrás de la ancha espalda de Kisame.

—¡Kisame-san, proteja a Tobi! ¡Tobi es un buen chico! ¡Es un buen chico, pero el sempai lo quiere matar!

La pelirrosa los contempló, enmudecida por la sorpresa. ¿Y ese niño? Por Kami, ¿ese niño era un Akatsuki? Hablaba como un bebé, y no se comportaba como un chico mucho más maduro. Sin embargo, había algo en su infantilismo que llegó al corazón de la Haruno, enterneciéndolo.

Al parecer, no pasó lo mismo con Kisame. Lo miró con al ceño fruncido y se apartó. Sakura iba a hablar, cuando llegó Deidara, con el rostro rojo de furia.

—Ah, infeliz, ¡allí estás, un! ¡Apártense, voy a matar a ese imbécil!

—Deidara —lo regaño la pelirrosa, como si fuese su madre. El chico la miró, y pareció calmarse un poco—. Ahora, ¿por qué le querías hacer daño?

—¡Ah, es una chica muy bonita! A Tobi le gustan las chicas tan bonitas como tu. ¿Cómo te llamas?

La muchacha sonrió con dulzura antes de contestarle.

—Sakura, Haruno. Soy…hum… supongo que la ninja médico de la organización.

—¡Ah, que bien que el líder trajera a una chica tan linda! Tobi es un buen chico, ¿sabe? A Tobi le gustaría que el sempai no lo tratase tan mal, pero lo hace, y Tobi no sabe por qué.

Deidara amago con rodear su cuello con las manos, pero Tobi se escondió tras Sakura.

—¿No sabes por qué, un? Yo te diré por qué…

—Suficiente. Tienes que terminar tu trabajo en la enfermería —indicó Kisame, medio divertido, medio exasperado—. Tobi, ni se te ocurra andar con nosotros. Deja que la rubia vaya con su querido Danna.

—¡No insultes a Sasori!

—¡No insultes al Danna, un!

Ambos gritos fueron proferidos al mismo tiempo, lo que los hizo casi ininteligibles. Los adolescentes se miraron y se sonrieron, divertidos. El Hoshigaki paseó la vista del uno al otro, y luego se encogió de hombros. 'No es mi problema', se dijo.

—Sakura-chan, ¿puede Tobi ir con ustedes? ¡Tobi se portará bien, porque Tobi es un buen chico!

—Ah… pues… —miró al peliazul, esperando alguna indicación. Éste le devolvió la mirada y, luego de rodar los ojos, terminó por asentir.

—¡Ah, que bien, gracias, Kisame-san! ¡Tobi y Sakura-chan serán grandes amigos! ¿Verdad, Sakura-chan?

La mentada lo contempló con ternura. Ese 'Sakura-chan' sonaba exactamente igual al que salía de los labios de su mejor amigo. ¡Cómo extrañaba regañar y golpear a ese rubio! Ahora su vida parecía más vacía, sin las risas, las sonrisas zorrunas, los golpes. ¿Qué estaría haciendo el Uzumaki? Entrenando, dando ánimos. Comiendo ramen.

—Sakura… Sakura… Tierra llamando a Sakura, un…

—Si, lo siento, ¿qué decías?

Deidara rodó los ojos y le señaló a Kisame, que se había apoyado en la pared y parecía haberse quedado dormido.

—¡Kisame-san, Kisame-san! Sakura-chan y Tobi ya están listos.

—Vuelves a gritarme en el oído y te juro que no lo cuentas, Tobi —le advirtió el peliazul.

La pelirrosa y el enmascarado se despidieron de Deidara, que se encaminó a su cuarto —o al de Sasori, según el shinobi de la niebla—. En el camino a la enfermería —que a Sakura se le hizo más largo que nunca—, Tobi le contó algunas cosas de la organización, con algunas mínimas acotaciones de Kisame. Por ejemplo, le dijo que Zetsu, un chico con doble personalidad y una enorme planta en la cabeza, casi nunca se paseaba por la guarida. Era el espía de la organización, y por lo tanto siempre estaba fuera.

—Kakuzu-san es el tesorero. Él es muy tacaño, nunca deja que Tobi compre cosas con el dinero. Kisame-san e Itachi-san son buenos con Tobi, ellos nuca lo golpean como el sempai.

—Tu sigue cargando nuestra paciencia, Tobi, que te vas a enterar de lo que es bueno.

—¿Por qué tu sempai es Deidara? Es decir, hay muchas personas aquí…

—Porque el sempai es el maestro de Tobi, si. Cuando Sasori-san quedó fuera del equipo, Tobi lo llenó. Y entonces el sempai se hizo eso, el sempai.

La Haruno rió. Le causaba mucha gracia como se expresaba el chico ese. ¿De verdad era un Akatsuki, un criminal? ¿Habría echo alguna vez daño a alguien? Ese pensamiento la envaró. A pesar de llevarse bien con Deidara y Tobi, y considerar a Sasori su amigo, todos ellos eran asesinos, criminales rango S. Los más buscados del libro Bingo. No podía evitar pensar en los cientos de hombres, mujeres y niños que habían visto la muerte en sus manos.

Pero luego pensaba en su propio caso. Si fuesen seres despiadados, sádicos que buscaban sangre cada vuelta de esquina, no hubiesen sido amables con ella. Después de todo, ¿qué más les daba a ellos que el líder la hubiese elegido como médico de la organización? Podían haberse desentendido y tratarla como lo que era; la prisionera. A pesar de que el pelinaranja hubiese dicho que no le daría un trato deshumanizante —que, por cierto, era cierto. Hasta ahora no habían puesto traba alguna para que se moviera libre por la guarida—, seguía estando allí contra su voluntad, lo que, en cierto modo, la hacía una cautiva. Pero no; exceptuando al malnacido del inmortal, todos la habían tratado bien, al menos, respetuosamente en todo caso. Cierto que los únicos contactos que había tenido habían sido con el religioso, con Kisame, con Deidara y Sasori, y ahora con Tobi. No había hablado, por ejemplo, con el otro inmortal, ni con el tal Zetsu. Tampoco había vuelto a ver al líder —lo que era una suerte; ese sujeto le ponía el vello de punta—ni a la mujer, ni tampoco al despreciable Uchiha —lo que era otro punto a favor. Si había algo que deseaba fervientemente, era no tener que verle la asquerosa cara a ese tipo nunca en su vida—.

Cuando quitó todo pensamiento de su cabeza, se percató de que Tobi seguía parloteando, y de que ya estaban en la puerta de la enfermería. Kisame hizo unos sellos —la pelirrosa quiso fijarse cuáles eran, pero, Kami, los hizo con una rapidez sorprendente. La costumbre, seguramente—. Ambos hombres la dejaron pasar primero —así que todos allí eran por demás educados. Bueno, todos excepto ese cabrón peliblanco—. Cuando entró, lo primero que notó, con creciente horror, fue que el hombre que yacía en la camilla estaba despierto. La sangre pareció desparecer de su rostro, porque pronto lo sintió helado. Se quedó clavada en su lugar, dudando de entrar. Al final, tuvo que hacerlo, puesto que Kisame y Tobi entraron también, y el primero la instó a trabajar.

Con pasos lentos, se acercó al pelinegro. Los ojos de éste —unos enormes pozos verdes, rodeados por un mar rojo— se movieron hacia ella, aunque no tuvo suficiente energía o ganas para mover nada más. No traía la máscara puesta, y la chica no supo si le daba más miedo así. Era bastante repugnante, a decir verdad, con todas esas costuras por todo el cuerpo e incluso en el rostro. Había logrado suprimir algunas, pero la mayoría habían permanecido tal cual como estaban antes de que ella llegase.

—¿Así que tu eres la mocosa que nos curó? ¿La 'perra insoportable' de la que Hidan hablaba? —su voz era grave, aunque hablaba en susurros. Al parecer no tenía fuerzas suficientes ni para hablar más alto.

—No soy una mocosa, ni una perra. Si piensas lo mismo que tu compañero, infeliz, te dejaré la medicina y la tomarás tu solo, te las arreglarás como puedas. No pienso dejar que me faltes el respeto.

Kakuzu le dio una mirada evaluadora, como si se estuviese pensando muy bien lo que le acababa de decir. Sus ojos se pararon en los de ella, que estaban llenos de indignación y odio. Algo de lo que vio allí, quizá la determinación que había en ellos lo movió a responder:

—Por ahora me conformaré contigo. Siempre y cuando no esperes una paga, ¿entendiste?

'¿Está loco o qué? ¿Que no sabe que me secuestraron solo para traerlo a la vida?', se cuestionó, mientras una sola palabra se alzaba en su cabeza: loco. Ignoró su respuesta y fue hasta la mesita que había a un lado de su camilla —la que pertenecía a Hidan la habían sacado cuando él dejó el cuarto, dejando un espacio más amplio—, donde había un frasco con el líquido que necesitaba el inmortal. Tomó una jeringa y la llenó por completo. Se volvió hacia el hombre y preguntó:

—¿Vas a quedarte quieto? ¿O, como tu compañero, tratarás se ensartarme con una estaca?

Un amago de sonrisa apareció en el rostro de Kakuzu. Parecía que ya se había imaginado que su compañero haría algo así. O quizá el inmortal había ido a regodearse. Asintió con la cabeza, dándole a entender que prosiguiera. Ella tomó su brazo, insertó la jeringa y lo soltó tan pronto como ésta se vació.

—Así que, ¿Cuánto tiempo estaré aquí postrado? Tengo recompensas que ir a buscar.

'Avaro', se dijo, con una gotita resbalando por su cabeza. Lo primero que pensaba era ir a buscar dinero. Se encogió de hombros. Ni que creyera que los Akatsukis tenían nada más interesante que hacer que juntar dinero y matar personas. Al menos Sasori y Deidara tenían su faceta artística, una faceta bastante prepotente y demostrativa, la verdad.

—Al menos unas semanas. Tu fuerza la irás recuperando de a poco, pero tu cuerpo tiene que crear un nuevo flujo de chakra y acostumbrarse poco a poco a él. Tus… corazones tienen que crear lazos con el resto de tu cuerpo, y así formar parte completa de él. Hasta que recuperes completamente el chakra y la fuerza, no puedes esforzarte. Cuando te sientas capaz de caminar, dejaré que salgas de aquí, pero no a buscar ninguna estúpida recompensa.

—Habrá que verse, una mocosa me va a impedir salir de aquí —se mofó el mayor. Luego hizo una mueca y, por lo bajo, completó—. Y como si fuera poco cree que el dinero es estúpido.

Sakura negó con la cabeza, como si lo creyera perdido. Y, en cierta forma, lo hacía. Dinero, dinero, dinero. Qué triste sería la vida para ella si eso fuese lo más importante. Pero claro, no podía esperar que el Akatsuki se preocupase por algún amigo, por alguna familia. Seguramente lo más cercano a él era su compañero de equipo, y sinceramente no creía que alguna persona pudiese llevarse bien con un adefesio como lo era Hidan.

—¡Sakura-chan, Sakura-chan! ¿Ya terminaste? ¿Nos podemos ir?

—Si, claro.

Kisame abrió la puerta y salieron al pasillo. Era temprano en la mañana, y lo único que la pelirrosa quería hacer era buscarse algo de comida y volver a la seguridad del cuarto de Sasori. Técnicamente, se podría decir que era el cuarto de ambos, porque durante su estadía —tanto si ésta terminaba mal o bien para ella— iba a dormir ahí; aunque el cuarto originalmente era del pelirrojo, y también era él quien, de los dos, tenía más poder, inteligencia, rapidez y derecho —después de todo, quien podía ir y venir sin problemas era él. Ella solo era una prisionera—.

—Bueno, mi trabajo aquí terminó —El peliazul se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el lado de los dormitorios. Mientras lo hacía, levantó la mano y dijo—: Nos vemos, Tobi, niña.

La chica tuvo el impulso de gritarle '¡Es Sakura!', pero decidió que era mejor guardárselo. Quien más miedo le daba luego del líder, sin duda era Kisame, con sus dos metros de altura y esa complexión que parecía de piedra.

—Tobi, ¿me acompañas a comer?

—¡Claro que si! Tobi te acompañará porque es un buen chico, y porque Sakura-chan es su amiga.

Él encabezó el recorrido, entonces, hacia el comedor. Cualquier molécula de felicidad que hubiese en su cuerpo se esfumó por completo al entrar y encontrarse con un par de ojos fríos y secos, dos pozos oscuros que parecían tragar todo a su paso.

—¡Buenos días, Itachi-san!

—Buenos días —saludó, haciendo una inclinación con la cabeza hacia Tobi, y luego hacia ella.

La kunoichi sonrió con sarcasmo. Así que el Uchiha si sabía hablar. Que interesante. Y eso que ella creía que nacían mudos o algo así. Su mirada se paseó en derredor, analizando la estancia. Era bastante amplia; había una larga mesa de madera, con diez sillas a su alrededor. Las paredes, al igual que el resto del escondite, eran de piedra, sin ningún tipo de decoración. Pensó en las paredes del cuarto que compartía con el Akasuna, e imaginó que quizá algunos cuadros le restarían al lugar un poco de su dureza y aspecto lúgubre, al menos a la vista. Todas las antorchas del lugar estaban encendidas, lo que le pareció extraño. Se había hecho a la idea de que a esos sujetos les gustaban los lugares sombríos y tenebrosos.

—Sakura-chan, ¿cocinarás para Tobi?

—Claro que si. Para ti, para mí y para Sasori —'Y quizá debería hacer algo para Deidara también. No quiero que luego se ponga a rezongar', se dijo. Caminó hacia una sala contigua, que el chico le indicó como la cocina. No encontró absolutamente nada, así que fue por Tobi, para que la ayudase.

Sorpresa. Sorpresa y molestia, eso sentía. Al parecer, solo había tomado los cinco minutos en que se había perdido en la cocina para que el líder y Hidan entrasen al comedor, lo que no le dio buena espina a la kunoichi.

—Buenos días, Itachi, Tobi, Sakura —saludó el pelinaranja, con esa voz profunda y gruesa que hacía temblar a la pelirrosa. Ahora, con tanta luz, podía ver perfectamente sus facciones. Era joven, o al menos lo parecía. Su rostro era de un color cremoso, que resaltaba debido a las incrustaciones metálicas que llevaba en su nariz, sus orejas y debajo de los labios. Era alto, aunque no podía pasar el metro noventa.

—¡Buenos días, Líder-sama!

—Buenos días… Líder-sama —Sakura sintió que las palabras salían de su garganta como enormes trozos de vidrio, lastimándola. 'Los estoy traicionando, los estoy traicionando, los estoy traicionando'. No podía dejar de pensarlo, aún cuando hacerlo solo le daba ganas de correr a algún lugar oscuro y largarse a llorar.

Itachi saludó con una inclinación de la cabeza. 'Bueno, ya eran demasiadas palabras por hoy, para él', se burló la chica, para si misma. Por un momento había olvidado la presencia de cierto peliblanco, que no tardó en hacerse notar.

—Ah, pero si es la zorra. ¿Dónde esta tu novio, el pescado? —La kunoichi no se molestó en contestar, solo entrecerró los ojos, pero al parecer él tampoco deseaba que lo hiciera— ¡Pain! ¿Esta perra sabe cocinar?

El pelinaranja lo miró con fastidio.

—Ya te dije que no me llame así —le gruñó. La Haruno tuvo que admitir que bajo ninguna circunstancia le hubiese gustado estar en el lugar del inmortal si el líder la miraba así. Decidió guardarse ese dato en la cabeza; nunca, jamás, debía llamarle Pain, cualquiera fuese el significado de ese nombre—. Y no lo se. Sakura, ¿sabes cocinar?

—Si, ¿por qué?

—Porque quiero que me prepares una jodida comida, estúpida, por algo pregunto, por Jashin-sama.

La chica, totalmente fuera de quicio, enfurecida a más no poder, dio unos cuantos pasos y le dio un puñetazo en plena cara, incrustándolo en la pared. Fue solo un segundo, pero la pelirrosa tuvo la certeza de que el Líder había sonreído con malicia. Bueno, quizá el golpe lo tomaba como su venganza. Mientras no lo considerase para mal, a ella le daba igual.

—¡Que fuerza, joder! ¿Qué alimento para perros estás comiendo? ¿Eh, perra?

—Cierra la boca, infeliz. Todavía puedo dejar de suministrarte la medicina, ¿recuerdas?

El pelinaranja clavó su mirada en ella, haciendo que se estremeciese. Tal vez se había pasado un poquito…

—¡Joder, perra, yo te mato! ¡Te haré sacrificio para Jashin-sama!

—Hidan, no quiero volver a oírte abrir la boca —le advirtió el Líder. El inmortal obedeció, aunque le dirigió una mirada burlona, siempre rebelándose.

Sakura se llevó a Tobi a la rastra a la cocina, y luego de un largo rato, salió con un plato de Bakudan —Tobi había insistido hasta el cansancio para que lo preparase. Según él, era el preferido del 'sempai', y la chica había consentido solo para complacer al chico de máscara— y uno con bolas de masa hervida anko recubiertas con jarabe, umeboshi, y anmitsu, su plato preferido. Tobi tenía dos platos con bolas de arroz; ninguno sabía lo que le gustaba a Sasori, y además no había mucha más comida.

Se encontraron, por desgracia, con que Itachi y Pain habían desaparecido, pero el inmortal seguía allí sentado, con una sonrisa socarrona.

—Joder, maldita zorra. Te tardaste.

—Vete a la mierda. Que ni si quiera se te pase por la cabeza que algo de esto es para ti.

—De todas formas, por Jashin-sama que no comería algo hecho por tus manos. A saber si lo escupiste o algo, ¿eh? Perra.

—Hidan-san, no sea malo con Sakura-chan —pidió el menor, con tono conciliador—. Sakura-chan es una buena chica, hizo comida para Tobi, ¿ve?

—Cierra la puta boca, infeliz. No te estaba hablando a ti.

—Vamos, Tobi. No tenemos por qué soportar a este cabrón.

Tobi la siguió hacia el cuarto del pelirrojo, pero en el camino les llegó la voz del inmortal: '¡Jashin-sama te castigará, perra! ¡Él castiga a las perras insolentes como tu!'. Tobi comenzó a silbar, tapando la voz del religioso. Sakura le sonrió, aunque la verdad era que le afectaba muy poco cualquier cosa que saliese de la boca de ese sujeto.

Cuando entraron al cuarto, Deidara ya estaba ahí. Tenía las mejillas arreboladas; al parecer, otra vez estaban discutiendo sobre su estúpido arte. Sus orbes celestes se abrieron de par en par cuando la muchacha puso el plato de Bakudan frente a sus narices. Inmediatamente su expresión se relajó, transformándose en una de placer. Olió concienzudamente la comida, farfulló un 'Itadakimasu' y se abalanzo sobre el plato, mientras los otros lo contemplaban con diversión.

—¡Sempai, sempai! Tobi le dijo a Sakura-chan que preparase Bakudan, porque Tobi sabe que es su preferido. ¿Vio que Tobi es un buen chico? Y Sakura-chan accedió, porque ella es buena y dulce.

—Si, si, Tobi, un. ¿Puedes callarte? Trato de comer —replicó el adolescente, con fastidio y la boca llena, lo que hizo que Sakura hiciera una mueca de asco y Sasori le diera un golpe en la parte alta de la cabeza.

Luego negó con la cabeza, como diciendo: 'no hay caso', y se dedicó a su propia comida, en silencio. Sakura tomó su plato y se sentó a su lado en la cama. Observó a los tres chicos que comían —Tobi lo hacía de una manera muy extraña: se levantaba la máscara lo suficiente para meterse las bolas de arroz en la boca, pero la kunoichi no podía ni siquiera vislumbrar su barbilla, mucho menos sus labios— y se dijo: 'Después de todo, no tiene por qué ser tan malo. Naruto, donde quiera que estés, espero que sepas que, al final, terminé por resignarme. Si no logro salir de aquí, no moriré de tristeza, como pensé al principio. Puede que el líder ser capaz de darme un ataque cardíaco con solo mirarme, o que dentro de esta guarida ande el ser más deplorable de la tierra, o que cada vez que me veo con el inmortal ese sea para gritarnos; pero aquí, aquí con ellos, tengo mi pequeño momento de felicidad, mi pequeño trozo de paz'.

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—¡¿Que qué?!

—Cálmate, vieja.

—¿Que me calme, dices? —La Hokage clavó la vista en el chico rubio que tenía frente a sí—. ¡Lo que me estás pidiendo es un absurdo!

Naruto, junto a Kakashi, Sai y Yamato, habían ido al palacio de la Hokage temprano en la mañana —para gran fastidio del ninja copia, que deseaba dormir—.

—No es un absurdo; es una corazonada. Mira, sólo déjame hacerlo. Si me equivoco… haré servicio comunitario para ti por una semana.

—No me puedo dejar guiar por tus corazonadas, Naruto. Además, ¿de dónde salió esta idea?

—De una corazonada, ya lo dije.

La rubia se masajeó las sienes con los dedos. No entendía cómo aquella idea había llegado al cerebro del Uzumaki, y tampoco le importaba mucho. Pero era completamente absurda. Una corazonada… chasqueó la lengua.

—Bien. Pero te llegas a equivocar, y juro que limpiarás la aldea por lo que te quede de vida, ¿oíste? —amenazó, golpeando el escritorio. Por suerte, no ejerció la suficiente fuerza como para romperlo.

—Si, vieja —respondió el chico, temblando de miedo.

—¡Shizune! —llamó la mayor. La pelinegra se apresuró a entrar y situarse a su lado—. Llama a Shikamaru.

Veinte minutos más tarde, el equipo siete y Shikamaru hacían su camino hasta el bosque de los Nara. No había habido necesidad de explicarle mucho al joven; tan pronto como le habían dicho la ubicación exacta a la que necesitaban llegar, había sacado sus propias conclusiones, exactas como siempre.

Naruto caminaba inusualmente callado. Podía no haber sido nada, pero estaba seguro de que encontrarían allí la respuesta. Habían pensado hasta el agotamiento en alguna persona que pudiese tener razones para secuestrar a Sakura, pero no habían sacado nada en limpio. Y luego, un fogonazo de luz se había hecho en la cabeza del chico Kyubi. Podía no ser nada, pero era mejor sacarse la duda.

—Mierda.

La maldición de Kakashi hizo que el Uzumaki prestase atención a lo que lo rodeaba, y no le gustó para nada lo que encontró. Su corazonada no estaba errada, y eso era terriblemente malo.

—Naruto, tenías razón —murmuró Sai, con los ojos muy abiertos.

Allí, frente a ellos, estaba la peor pesadilla del rubio. Aquel pozo que en algún momento había sido la prisión de un inmortal, ahora se hallaba totalmente vacío de escombros y, lo que era peor, totalmente vacío del prisionero. No había huellas de explosiones o destrucción; era obvio quienes habían rescatado el cuerpo.

Todos los presentes temblaron cuando la misma palabra llegó a sus cabezas. Una palabra que, en los últimos tiempos, era el dolor y el miedo de cada persona. Una sola palabra que podía traer muerte, sufrimiento, tortura, y muchas cosas más, que no salían de la línea de la oscuridad. Una palabra que, por terrible que sonase, condenaba a la pelirrosa. Una palabra que no le daba buen final a la historia. Una palabra que salió de los temblorosos labios de Naruto, acompañada por un torrente de lágrimas de terror e impotencia.

—Akatsuki.


Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.

Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. Ustedes también me inspiran a seguir!

Bloddy Cherry: Ps, quédate con el pelirrojo sexy y yo con el peliblanco sexy. Cualquier cosa, nos los turnamos, eh? ^^ De verdad, le pasan todas las malas. Pero ya lo superará. Cuídate mucho!

Itami-chan: Saso-sexy se preocupa por ella, lo que pasa es que le cuesta demostrarlo :D (no creo que a los chichis les moleste verla sin ropa, jaja) Crees que hay siquiera una posibilidad de que Hidan sea serio? es como que no diga más Jashin-sama. Imposible. Pero aprenderá a respetar a la pelirrosa a la fuerza -literalmente-. De veras, tengo que admitir que también tengo mi lado perv, por algo es fiction T, ya veras! jaja no apto para menores, ne. Cuídate mucho!

Annie Darcy (Niña Bonita): Querida, olvidaste poner tu nombre -.- Ahora bien; Te has mandado la review más larga que he visto! Veamos como haré para contestarte (aunque me encanta que lo hayas echo). Ps, créeme que también soy muy partidaria del sarcasmo, pero no se como usarlo por la escritura u.u Me haces sonrojar con tantos halagos, me inflas el ego a límites insospechados! jaja y aún no hay ninguna terminada, pero cuando publique la primera te informaré. Quiero tu opinión! No importa si le haces la cara redonda y los ojos de huevo, lo que cuenta es la intención :') Mi cumpleaños es el 31 de Julio, tranquila, no me asusto fácilemente. Y bueno, qué decirte, me has caído super y te quiero! eres mi amiga via online ;) Muchas gracias como siempre por los buenos deseos, los mismos van para tí desde aquí en Argentina. Cuídate mucho mi querida amiguita, tuya!