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Una mirada
Por Mayra Exitosa
La boda finalizaba, con la frase más bella, "Los declaro marido y mujer" a lo que él la tomaba en sus brazos y la besaba muy feliz, no sabía a que se debía, pero su mirada se había nublado de nuevo, dejándola otra vez en blanco. Quería contarle a alguien, pero no lo hacía, para que ilusionar y desilusionarse de nuevo, no lo entendería, tal vez Dios en su infinita misericordia, le había dado la oportunidad de conocer a su esposo en el altar. A tal grado que deseaba volver a regresarse y que pudiera ver si ahí se aclaraba de nuevo su vista.
- Se te borro la sonrisa, preciosa, acaso, ya se termino el amor. Solo esperabas a que te dijera si acepto y luego me tratarías mal. Bromeaba su marido, si su marido, se repetía en su mente, al haberlo visto tan atractivo, como podía trataba de repsonder,
- ¡Perdóname! Es que… ¡Estoy tan feliz! No sabes cuánto imagino que te veo y… tu sonrisa, tu mirada, todo tu, eres muy, muy guapo mi amor.
- Dicen que el corazón también tiene ojos, me alegro tanto gustarte, Candy.
- ¿Y yo te gusto?
- Demasiado, lo sabes, lo sabes porque… deseo tenerte en mis brazos y… El estaba susurrándole al cuello y las emociones que le provocaban, la hizo sorprenderse de inmediato,
- ¡Albert!
- Ya sabes cuánto me gustas, ¡eh! Besaba su nariz, y luego sus labios de forma repentina y sorpresiva, ella respondía cuando por fin le daba oportunidad,
- Si… Lo sé y es un poquito menos de lo que me gustas tú. Ella le acariciaba y jalaba del corbatín que había visto hacía unos minutos
- ¡Mi vida! Por eso te amo tanto, quiero que seas la mujer más feliz del mundo y hare todo lo que esté en mis manos. - Ya lo hiciste. Te casaste conmigo y… no puedo ser más feliz.
- ¡A que si! Veras que todos los días hare que te sientas orgullosa de haberte casado conmigo.
- ¡Oh Dios! Pero si ya lo estoy, no cabré en ningún lado si subo tanto mi orgullo.
El soltaba una carcajada y ella deseaba verla pero no podía. Solo se veía luz blanca en su mirar y tenía que agradecer haberlo visto. Y que no dejo de hacerlo, lo más que duró. El la abrazaba posesivo, mimándola en todo momento, no había una pareja más enamorada que ellos en todo el lugar, se notaba por como Albert no la dejaba alejarse y en cada instante, le recordaba que ya no podía dejarlo solo, que era su esposo y que debía estar a su lado, que si necesitaba algo, que se lo dijera, ella se apenaba, pero se acurrucaba en su pecho cada que podía, como si ese fuera el mejor lugar en el que podía protegerse.
La boda fue divina, bailaban unidos, música romántica, sus piernas se topaban y se cruzaban, se rozaban como una pareja deseando estar siempre así, por momentos pensaba que vería de nuevo, pero ya no le importaba, ella cerraba sus ojos y se recargaba en él, era tan bello amar y ser amado, desear y ser deseada, pero sobre todo, era tan atractivo su marido, y era suyo.
Ya era tarde y por fin sentía que la elevaba en sus brazos, rumbo a su habitación, ella tenía que confesarle lo que le había pasado, no era justo no confiarle ese momento, cuando ya estaban solos, ella le pidió unos minutos. A lo que el atento, la abrazaba y se disponía a escucharla,
- Fue tan bello, te vi en el altar, cuando llegue a ti, estabas sonriendo, era como… que solo pudiera ver el centro del recuadro que admiraba, traías tu esmoquin, y el corbatín plateado, con el chaleco con unos pequeños rombos tejidos en negro y plata, los colores los recuerdo de niña, pero verlos de nuevo, fue… algo que Dios me dio para saber con quién me casaba.
- ¡Candy!
- Albert, no te veo ahora, pero fue muy bonito poder verte en ese momento, duro mucho para mí.
- Por eso, ¿no girabas tu rostro al frente?
Ella asentía, suaves lágrimas salieron de sus ojos, a lo que él la tomaba y la colocaba encima de su regazo,
- No llores, eso es una muy buena noticia, ¿es la primera vez que pasas esto? Ella asentía, y el tomaba su rostro y lo besaba - ¿Me viste? Volvía asentir y agregaba,
- Y eres muy atractivo. Nadie te quitará lo hermoso que eres para mi, mi amor.
- ¡Oh Candy! ¡Mi vida! Yo… ¡Te amo tanto!
- Y yo a ti.
- Sabes, Anthony estaba a un lado mío.
- Solo te vi a ti, estabas al centro, entre… nubes. Me besaste las manos, yo… te dije que te amaba y escuchaba tu voz,
- Más te vale, que me escuches y sepas quien soy, no quiero que me cambies.
- ¡Albert!
La pasión los inundaba, emocionado por lo que le había confiado, la amaba con tal intensidad, sobre todo porque ella lo había visto y lo deseaba, la deseaba tal y como era, tan bella y perfecta ante él.
Por la mañana, salieron de madrugada, su viaje de bodas estarían lejos por unas semanas, temía no estar mencionado esto al médico, sin embargo no podía cambiara las cosas, solo lo consultaban vía telefónica, donde el especialista festejaba la noticia y aseguraba que el próximo lapso será cada vez mayor, mientras se acomoda su visibilidad.
- Gracias doctor, estaremos visitándolo a nuestro regreso
- Que no tome mucho sol.
- No. Nuestro viaje es romántico, no es en la playa, es… para nosotros.
- Bien hecho. Los veré a su regreso.
La luna de miel, ya no tuvo lapsos de visibilidad, pero si muchos de pasión, de amor desenfrenado, de comunicación, cenas románticas, bailes a solas, conversaciones que ambos deseaban contarse e intimidad en todo momento.
- ¿Quieres comprar algunas cosas?
- Me gustaría llevarle algún obsequio a tu mami.
- Bien, lo haremos. Vamos. Un mareo y se sujetaba de él, este la tomaba y abrazaba estrechándola - ¿Qué sucede, mi vida?
- No lo sé, solo me sentía perdida.
- ¿perdida?
- Si, como que no sabía donde pisar.
- Te mareaste, Candy.
- Lo siento.
- No es de sentirlo, mi amor, me preocupas, lo bueno es que ya estamos por regresar, quiero que te vea el médico, no quiero que nada malo te suceda.
- A tu lado me siento muy protegida.
- Me alegro, mamá estará con nosotros, así cuando salga, ella te hará compañía.
- Quien iba a imaginar, que llegue para ser compañía de ella y terminaría siendo lo inverso.
- Ahora eres su hija. Y yo soy el hombre más feliz del mundo.
- ¡Mi amor!
Albert lucía preocupado, tenía temor de la operación y de ese mareo, al verla palidecer. Esa noche, la cuidaba y consentía sin tomarla, la dejaba descansar y posesivo, la vigilaba casi sin dormir, tenía miedo perderla, un miedo que se apoderaba internamente y que sin querer, su cuerpo se estresaba y eso no pasaba desapercibido para ella.
- Vamos, mi cielo, debes descansar. Mañana regresamos a casa. Iremos al médico todo estará bien. No me siento enferma, debe ser el acomodo de mi visibilidad, no he tenido e nuevo lapsos y el doctor dijo que cuando sucedieran serian más duraderos.
- ¡Te amo!
- También te amo, por eso no quiero que te preocupes, ven a mis brazos, dormiremos juntos, quiero sentir tu respiración y escuchar que descansas.
El regreso, fue el esperado, Rosemary esperaba en la entrada, Candy fue dejada en la banqueta del porche y la luz del sol, la hizo ver de nuevo, antes había sido la obscuridad del templo, hoy la luz, Rosemary estaba al fondo, ella caminaba sola y al llegar comentaba,
- ¡Por Dios! Estoy viéndola, madre.
- ¡Candy! - Hijo, Candy está viendo. Albert de inmediato corría dejando al personal se encargar de las cosas. Al llegar sonriendo la observaba y ella asintiendo le tocaba los labios y confirmaba que lo estaba viendo.
- Es el segundo episodio, mamá, ella vio cuando estábamos casándonos en el altar. Hoy te ve a ti de nuevo, el doctor dice que puede durara más tiempo. Las lagrimas de Rosemary, fueron la emoción de Candy, ambas felices y llorando, haciendo que Albert las amonestara de forma bromista. La comida no había caído también, Candy pensaba por el viaje, pero Rosemary confirmaba que podía estar embarazada, a lo que ambos no habían pensado en ello.
Candy por su parte, lo tomaba como bien, hasta que temía perder ver y eso ya no le era tan gratificante, pero la visibilidad duraba aun, por parte de la noche y fueron horas sin perder detalles que Albert pudo gozar al no estar todavía en el trabajo.
El día siguiente, la costumbre, el camino y el mirando preguntaba si veía ella asentía, sin embargo, se perdía. Eran mareos que aun no conocía y eso, Albert si lo detectaba al momento de correr a ella cuando su cuerpo se desbalanceaba.
En el médico, todo bien con sus lapsos de visibilidad, posiblemente ya no regresaría nunca a perder su vista, también el ginecólogo, confirmaba dos meses de embarazo y los vitamínicos a tomar. La felicidad no es completa, es ese día a día que vives y que sabes que has aprendido algo que te da la razón para continuar con vida.
Volver a ver, fue inesperado, sorpresivo, estar esperando un hijo, querer irse por parte de su suegra, triste para Candy. El caso es que, no lo aceptaba y no se sabía si psicológicamente se afectaba, pero nublaba su vista al angustiarse.
- Vamos hija, no es justo. Pero, te diré algo que no debo, quiero quedarme y no quiero regresar a estar sola en casa, pero no quiero ser una carga para ti y para mi hijo.
- No lo ha sido, ni lo será, creo que debemos estar juntas, realmente no le miento cuando siento esta neblina al angustiarme, al pensar que se irá.
- No lo haré, te agradezco mucho que quieras y desees con esa honestidad tan tuya, que me quede con ustedes,
- Creo que es egoísta de mi parte, pero… la necesito mucho.
- Y yo a ustedes. De verdad Candy.
Y a continuar escribiendo, deseando sea de su agrado,
Un abrazo a la distancia
Mayra Exitosa
