Capítulo 9
Las manos de mi doctor no demoraron en tomar vida, lentamente se comenzaron a mover sobre mi cuerpo casi desnudo, yo no me quise quedar atrás así que subí mis manos hasta enredarlas en sus cabellos, los extrañaba, eso era imposible negarlo.
El beso que estábamos compartiendo ya había dejado de ser ese dulce beso de bienvenida, ahora se estaba tornando en uno bastante más feroz. La lengua de Oliver bailando con la mía era el paraíso, si hasta podía sentir que me hacía el amor con ella.
— ¡Mierda! – Se separó de mí y tomó mi rostro con ambas manos – Te extrañé mucho.
— Yo también… no sabes cuánto – le di mi más sincera sonrisa. Con él no tenía que mentir, por alguna razón Oliver sabía leer mis ojos demasiado bien.
— Hermione – se acercó y dejó un casto beso en mis labios –, vámonos – abrí los ojos empezando a entender sus palabras –, no te cases – volvió a besarme –, huyamos juntos.
Mi corazón comenzó a latir desaforado haciendo que se me nublara la mente por unos segundos — Oliver – subí mis manos hacia sus cabellos y los acaricié con todo el amor que tenía en mi cuerpo por él –, no puedo – vi una mueca de dolor su rostro.
— Pero si él se entera que no eres pura te devolverá humillada y eso sería mi culpa – sentí el dolor que estaba sintiendo y no me creí capaz de dejarlo así.
— No es tu culpa… yo quise que fueras el primero y no me arrepiento…
— Lo sé, pero…
— Shhh – puse un dedo en sus labios.
Él continuó negando — ¡No!… será el fin cuando mañana en la noche tu prometido lo descubra.
— Ya lo sabe – le hablé de golpe.
— ¿Cómo? – la sorpresa se incrustó en su rostro.
— Mi padre se lo dijo… le contó LA historia.
Hice una mueca para que entendiera de lo que estaba hablando, por supuesto que captó enseguida el significado de mis palabras — El caballo… — murmuró cerrando los ojos.
— Mírame… – tomé su rostro con mis manos obligándolo a que abriera sus ojos. Aún se veían con culpa por lo que quise quitársela – Fui yo – lo miré fijamente para que entendiera que estaba hablando en serio –. Yo lo quise así… no me obligaste… hasta podría decir que yo te obligué – reímos juntos por lo que dije relajando un poco el ambiente.
— Te deseaba… siempre te deseé.
— Eres un muy buen hombre – no dejé de mirarlo en ningún momento. No podía dejar de mirarlo aunque quisiera.
Su ceño se frunció y no supe si fue de buena forma — ¿Por qué lo dices?
— Porque ese mismo día le pediste mi mano a mi padre.
Creo que Oliver pensó que nunca me enteraría de eso ya que jadeó un poco cuando escuchó mi confesión. No sé si él mismo le pidió a mi padre que me lo ocultara o qué, pero su gesto había sido totalmente desinteresado, no necesitaba que nadie me lo dijera para saber que lo había hecho por mí y no por la posibilidad de obtener el trono.
— Yo… — bajó un poco la mirada.
— Por eso y mucho más… jamás podría arrepentirme.
— Sé que no estuvo bien… pero tampoco me arrepiento de haber sido el primero.
— Fuiste el primero y serás el último – sabía que aún no le encontraría sentido a mis palabras pero ya lo haría.
Negó con rapidez — No entiendo.
— No importa – bajé mis manos por su varonil rostro hasta apoyarlas en sus anchos hombros – solo quiero tenerte hoy… por favor – susurré junto a sus labios temiendo que pudiera rechazarme.
— Siempre.
No quiso seguir con la discusión y volvió a besarme, esta vez apuré las cosas y comencé a desabrochar sus ropas, él no tenía mayor necesidad con las mías ya que mis enaguas a penas y cubrían mi cuerpo. Cuando lo tuve casi desnudo solo con sus interiores cubriendo esa masculinidad que tanto placer me dio en todos estos años, lo empujé hasta mi lecho para deleitarme por completo con su figura.
Lo dejé acostado y me puse sobre él. Al momento en que nuestros sexos se rozaron me moví en círculos sobre su pene para crear mayor fricción y placer, faltaba poco y quería alargar el momento.
— Hermosa – susurró mientras me quitaba la enagua para dejarme totalmente desnuda ante él.
Mis pechos saltaron prácticamente sobre su cara y no perdió tiempo en devorarlos, estimuló mi pezón solitario con sus dedos pellizcó, chupó y tocó mis pechos, sentía que me faltaba poco, era increíble, Oliver había sido el único capaz de llevarme al orgasmo solo atendiendo mis pechos.
— Ohhh, Oliver – mordí mi labio aguantando tanto placer.
— ¡Mírame! – bajé la vista y vi como su lengua apenas y rozaba mis erectos pezones.
— Mmm – no quité la viste de él, mantuve el contacto visual.
Su vista se pegó en mi torso contemplándolo con mucha paciencia — Exquisita – murmuró antes de llevarse mi pecho casi entero a la boca.
La bomba de placer que estaba acumulada en mi bajo vientre ya era casi insoportable, iba a llegar al orgasmo así que para apurarlo me restregué aún más sobre su endurecida polla, se sentía tan bien…
Mis pezones se turnaron para gozar de esa lengua tan putamente experta. Quería apegarlo a mi pecho, tanto como para que me devorara por completo pero su lengua no me dejaba casi ni moverme, estaba ahí, a su merced… recibiendo todo lo que estaba dándome.
— ¡OH, SÍÍ! Oliver – enredé mis manos en sus cabellos y lo guié hacia mi boca. Mientras lo besaba mi orgasmo llegó.
— ¿Te gustó? – mordió mi labio inferior esperando mi respuesta.
¿Ahora, qué? Lo miré casi pidiéndole disculpas por lo que venía — Eres único – acaricié sus cabellos mientras él hacía lo mismo con mi rostro.
— Tú eres única.
— Te juro que jamás me arrepentiré de ti – achiqué mis ojos para que pudiera ver toda la verdad en mis palabras. Pocas veces sollozaba pero ahora sentía el escozor de mis ojos amenazando con derramar un par de lagrimones.
— Lo sé – acarició mi rostro nuevamente. Noté que estaba confundiéndose así que preferí cambiar un poco el rumbo de las cosas.
Puse una sonrisa demasiado falta en mi rostro a la vez que enredaba las manos en su cuello — Ahora…
El ambiente que se había cargado con la tensión de nuestras inseguridad muy pronto volvió a ser una bola de fuego y lujuria. Sus manos comenzaron a moverse acariciando la piel que encontraban en el camino y yo no me quise quedar atrás, este era mi momento y lo iba a aprovechar lo más que pudiera.
— ¿Qué posición quieres? – siempre me preguntaba eso antes que nada y era un gesto inigualable… solo de él.
— Sorpréndeme – alcé mis cejas encogiéndome de hombros. Confiaba en él demasiado para esto.
— Bien.
Tomó mi cintura y me puso boca abajo en el lecho, apoyó mis manos y mis rodillas de tal forma que quedé en cuatro. No sé por qué pero nunca había probado esto y ya me encantaba, lo había hecho por todos lados y era bueno saber que aún quedaban cosas nuevas por intentar.
Lo único que no me gustó de esta posición fue que no podía ver a Oliver, si hasta pensé que no estaba cerca, hasta que sentí como acariciaba mis nalgas, lentamente y con mucha delicadeza metió dos dedos por mi ano y fue exquisito, me gusta hacerlo por ahí siempre y cuando alguien me follara mi coño, nunca alcanzaba a llegar solo por ahí, necesitaba de los dos lados.
— Oliver…
— Lo sé – sentí una pequeña y muy excitante nalgada – llegarás… lo prometo.
De lo primero que fui consciente fue de cómo su enorme pene se adentraba por mi ano, fue delicioso, si hasta podría jurar que tengo un clítoris ahí, la forma en que sentía sus testículos chocar con mi coño lo hacían todo más placentero, eso sí, cuando agarró mis cabellos para acercarme a él y besarme fue la gloria. Su siempre impasible rostro ahora el de un animal follador, lleno de lujuria y malos pensamientos hacia mí. Sus embestidas estaban siendo feroces a pesar de que la posición lo complicaba bastante.
— Másss – rogué quedándome pegada en la última letra – más duro – no sé cómo, pero de alguna forma me las arreglé y le besé el cuello.
— ¿Así? – me lo metió bien al fondo mientras sus dedos se adentraron en mi coño
Agaché la cabeza tocando las sábanas. Sentía que la respiración se me iba— Sííí – chillé como perra. Después de todo eso era lo que parecía en esa posición.
— Lo siento – no lo entendí hasta que sacó su pene de mí, abrí los ojos y le iba a protestar cuando lo sentí invadiendo mi sexo – pero me gusta correrme en tu coño real.
— Ohhh – me dejé caer apoyándome mejor en las ropas de cama que estaban dispersas
De alguna forma mi adorado doctor encontró algún punto en mi interior que nunca nadie había tocado, me hizo prácticamente vibrar. Aunque sé que estaba muy cansando, buscó la manera de mantenerse y aumentar el ritmo de sus deliciosas embestidas, estaba cerca y supe que él también.
— Casiii – volví a chillar.
— Yo también – me pegó una nalgada.
Estaba tan cerca, mi boca se abría pero no salían más que gemidos de ella, quería decirle lo bien que era en esto pero el placer no me dejaba más que balbucear — Me corro… Oliver… vente conmigo.
— ¡Princesita! – volvió a tomarme de los cabellos y me besó con ferocidad mientras su semen se esparcía por mis entrañas.
— Excelente – me dejé caer sobre el lecho sin preocuparme de nada más que de descansar mis agarrotados músculos.
— Maravilloso – Oliver cayó sobre mi espalda dejando el peso justo en mi cuerpo.
Nuestras respiraciones siguieron agitadas y siendo el único sonido en el cuarto por los siguientes minutos. Su cuerpo seguía de alguna forma enganchando al mío pero no había incomodidad de por medio, ambos estábamos agotados y el movernos era la última de nuestras prioridades por el momento.
— Muy excitante – dijo una voz masculina que no era la de Oliver.
Rápidamente ambos nos giramos para darnos cuenta que había alguien más en la habitación y había visto todo nuestro encuentro.
— Draco – su nombre salió como un susurro de mis labios.
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Hola!
Acá el noveno capítulo :)
Muchas gracias a todos los que están leyendo esta historia por primera y segunda vez :)
Y muchas gracias a mi beta, Erica.
Besos, Joha!
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Gracias por leer!
¿Qué creen que dirá Draco?
Con amor,
Another Girl :P
