Reset
Por Hana Dawn.
IX
Nuevos Horizontes
Aclaraciones: Segundo plano. El fic no se centrará en Yoh durante un tiempo. Vuelta a la típica tercera persona. Cuando me refiera a Hao y a Yoh usaré la expresión 'Él y él' en vez de la común 'Ellos'.
Disclaimer: Shaman King le pertenece a Hiroyuki Takei y Tokyo TV.
© Agosto 2004
"Yoh, ¿A dónde vas?" Anna contempló al aludido guardando varias cosas dentro de un bolso. El muchacho la ignoró y continuó su tarea. Entre alimento y ropa, la muchacha botó el objeto de un arrebato y lo miró con instintos asesinos. "Escúchame cuando te hablo."
"Lo siento, Annita, estaba pensando..."
De alguna manera, Yoh se veía diferente.
"Pues que raro. Ahora vete a entrenar."
Cada vez más triste, cada vez más observador.
"Sí, Anna."
Y cada vez más distante.
Ella se cruzó de brazos mientras lo veía perderse en el pasillo hacia el jardín interior. Ya no reprochaba ningún escarmiento que ella le impusiera, aceptaba todo sin ganas de reclamar por algo mejor, apenas hablaba y siempre estaba demasiado pensativo como para tranquilizar a los demás. Sabía a la perfección lo que estaba pasando con el verdadero Yoh, pero no podía hacer nada más que esperar, y sólo esperaba que sus palabras hayan llegado a los oídos de su amado. Para darle fuerzas... Para incentivarlo a salir de ahí...
Apenas dejó de verlo sintió un repentino vacío y una sensación urgente de arrepentimiento. Tuvo que llevar su mano a su pecho por el súbito dolor, como si le arrancaran su alma. Cuando volvió su mirada hacia su dirección, ya no quedaba nada más que la penumbra y el viento. Un pensamiento llegó a su cabeza.
No volvería a ver a Yoh Asakura.
El muchacho respiró profundamente al sentir la suave hierba bajo sus pies, el rocío humedeciéndolos, la gracia de la vida una vez más. No le gustaba permanecer encerrado en un lugar hecho de cadáveres de árboles, siendo que podría, perfectamente, dormir a la sombra de uno en una tarde calurosa. La brisa jugó con sus cortos cabellos, y él se lo permitió. Ese rincón era el único en esa ciudad en la que se podía sentir tranquilo.
¿A qué se refirió con 'Te perdono, pero trata de salir de ah'? Se lo decía a Yoh, sí, pero ¿qué significaba? Bueno, si él no las entendía, ¿por qué Yoh ha de entenderlas? Si es un idiota... ¿Y por qué no hacía algo para sacarlo de su cuerpo? ¿No que la más poderosa sacerdotisa? ¿Por qué no usaba uno de sus conjuros? Él y él sabían que existían, y de muchas formas, y aún así no hacía nada. ¡Ni siquiera alertar a las demás pestes! ¿Qué tenía en mente? ¿De verdad tramaba algo?
Respiró algo frustrado y decidió pensar en otra cosa. Tao y los demás casi ni le hablaban. El miedo y la confusión expedida por ellos era tan obvio y tan mayúsculo que no podían ocultarlo ni siquiera de ellos mismos. La única que no se le mostraba temerosa, pero sí siempre alerta, llena de esperanzas, era Anna. Se sonrió. Por eso sería suya. No... Por eso era suya.
Con ese pensamiento se concentró en el aura misma de la vida.
Después de algunas horas en completo silencio, abrió los ojos con semblante serio y suspiró. Dio dos pasos decididos hacia adelante y una llamarada lo rodeó para luego desaparecer con el viento, pocas cenizas el único y breve rastro.
Abrió los ojos y estaba flotando sobre una tienda grande, de la que gradualmente salió la rubia itako que tanto conoce. La siguió con la vista, y pudo sentir la preocupación que emanaba de ella.
La siguió por el aire, adelantándosele y llegando antes a la pensión. Llevó una de sus morenas manos a su nuevo mentón. ¿Qué haría? Su pregunta le llevó a observar a través de la ventana del cuarto de la muchacha, precisamente en una foto, una donde ella estaba tomada de la mano con él.
Faltaban menos de cinco minutos para que ella regresara a la pensión.
Reconsiderando las cosas, no podría hacer lo planeado: No podría matarlo, ella sufriría mucho. Tampoco hacerlo abandonarla, ni él querría hacerlo y ella lo esperaría por siempre, ¡podría llegar a convertirse en espíritu y seguir esperándolo! Perderlo sería el mismo juego. ¿Entonces qué?
Quedaban tres minutos exactos.
Quería dejarla tranquila; ni que se pusiera a buscarlo o a llorarle, pero que supiera que no volvería. Que siguiera su vida sola, para luego volver a tomarla y a reclamarla como suya, que supiera esperar. No sería por mucho para él, pero serían años considerables, o por lo menos largos meses. ¿Qué podría...?
Y ella ya había llegado.
Suspiró, rindiéndose, y comenzó a ascender más hacia el cielo. Quizá no lo notaría... Hasta que él sí notó algo.
'¡Rayos, el bolso se quedó adentro!' Y con una cara de reproche nada más cómica fue descendiendo otra vez.
Corrió hacia la puerta y se arrimó junto a ella. Asomó un poco la cabeza, lo suficiente para ver hacia adentro. Anna estaba quitándose el abrigo, las bolsas en el suelo, una a punto de caer, y en la sala identificó la silueta del bolso que había preparado traslucirse por la puerta de madera. Maldijo mentalmente, añadiendo el puño tembloroso con la vena palpitante, y perdió el equilibrio al apoyarse en una rama y romperla. Luego maldijo a la rama. Alzó la vista y Anna lo miraba muy fijo, casi incrédula, tensa su aura.
"Yoh... Qué..." Murmuró muy suavemente. El chico se puso de pie e imitó la sonrisa de siempre al terminar de sacudirse el polvo que se supone Manta debería haber barrido esta mañana.
¿Qué debía decir ahora? No tenía ningún plan al salir ni al entrar. Si no respondía pronto, sería algo sospechoso. No le quedaba más que lo obvio...
"Se me quedó mi bolso." Dijo sinceramente, apuntando hacia la puerta de la sala alumbrada por los rayos de sol entre las nubes brillantes de esa tarde. Anna no dijo nada. Él esperó a que le diera el paso, lo que no ocurrió, así que le sonrió de nuevo y pidió permiso antes de llegar a empujarla.
Entró a la sala y tomó todo: El bolso -principal objeto-, el abrigo, y algo rojo doblado cuidadosamente sobre la misma mesa. Se llevó al bolsillo un par de naranjas, sin protestas de la muchacha, y salió con una sonrisa.
Al perderse su silueta tras la cerca que dividía el territorio de la pensión, la rubia reaccionó. Había permanecido paralizada desde que Yoh cayó tras ella, sin opción más que observarlo irse. Sus puños se apretaron en falsa rabia y se preguntó "¿Quién se cree ese niño al salir sin entrenar?", pero se dio cuenta que era inútil.
El mismo presentimiento de la mañana la golpeó, ahora más urgente que antes. En su mente se dibujó una imagen extraña: Ella corría entre la nieve, en una ventisca, en una sola dirección, estirando su mano al intentar alcanzar lo que perseguía. A lo lejos, una poderosa silueta sujetaba a alguien inconsciente, amenazando con un objeto que emanaba de su mano sobre su cuello. Su cabeza pegó un grito.
¡Yoh!
Fue ahí cuando la joven se dio cuenta. Palpó su cuello y no encontró su bandana. Recordó el objeto que Yoh llevaba en sus manos antes de partir y por qué se le hacía tan familiar. Estuvo también a punto de correr hacia él y gritarle que se lo devolviera (en cuanto se recuperara y volviera a tomar control de su cuerpo), pero pisó algo. Al bajar la mirada, ya en la entrada, vio algo anaranjado. Sus ojos temblaron contraídos al alzarlo del suelo y al acercarlo a su rostro.
Los audífonos de Yoh...
N/A: ¡Hola! XD ¡Gracias a TaTu por darme la inspiración necesaria para este capítulo! XDDDD Música genial en ruso... Sobre el fic, ahora se me ocurrió una nueva idea, pero no un final... Por alguna razón desconocida... o.oU De todas formas ya sé como seguir...por mientras y que no se me olvide. Quiero hacer una mención especial para annita-kyouyama de asakura, quien fue la única que respondió a mi llamado de auxilio ¡y me dio inspiración! XDDD...No entendí mucho de lo que me dijiste... pero ¿y qué tal si Yoh NO recupera su cuerpo? XDDD gracias, me diste una genial idea. Si los demás flojos (¬¬) tienen algún aporte, son bien recibidos también. ¡Vamos, no sean tímidos! XDDDDDDD Ittarashai.
