Así es como la historia comienza o… ¿termina?
Un amor tormentoso con altos y bajos, donde todavía ni siquiera llegaban al clímax de sus problemas.
Bella estaba a solo meses de terminar el instituto y ya había comenzado a hablar con sus padres al respecto.
Para su sorpresa, Edward y su padre, por separado obviamente, fueron los primeros en animarla a que siguiera sus sueños y que cumpliera sus metas. Significaba mucho para ella.
Renée era la única renuente con la idea. Consideraba que su hija era tan inteligente y responsable que creía que era un desperdicio dedicar el esfuerzo de toda una vida para que ella terminara siendo una simple bailarina.
-Mamá, la profesora Clearwater dice que voy a ser famosa- comentó ilusionada hacia su progenitora.- ¡Sé que puedo entrar al instituto de Seattle! Sé que voy a tener que esforzarme el doble para ser la mejor, pero es un reto que voy a tomar gustosa y solo necesito que confíen en mí- terminó esperanzada. Ella necesitaba sentir que no estaba sola, que no se embarcaría en esta etapa de su vida solo con su coraje y su habilidad.
-¿Qué piensa Riley de todo esto?-preguntó su madre curiosa. Bella de repente se puso nerviosa.
-Bueno… él… él me apoya en todo- replicó mirando hacia el piso. Y era verdad, bueno casi verdad. Luego de casi una semana teniéndolo en la cuerda floja y después de ese beso que lo cambió todo, Bella supo que tenía que tomar una decisión.
No podía seguir engañando a Riley.
Intentó burlar a su corazón y luego todo explotó en su rostro. No necesitaba más dramas en su vida. Pero estaba el problema de su madre, lo cual era casi lo más importante en su lista de tragedias.
Tomó valor y decidió que al finalizar el instituto rompería con él. No podía seguir haciéndole eso a su corazón y menos al de él. Así que por ahora la relación estaba volviendo a la "realidad" y Riley volvió a su rutina rápidamente.
Tenía que seguir como si nada hubiese pasado.
Como si su corazón no le comenzara a pertenecer a otra persona.
-Me parece excelente que tu novio te apoye, hija- comentó Charlie desde el sofá, quien observaba la televisión y presenciaba la conversación a medias. Renée estaba ya exhausta de tener que pelear en contra de esos dos.
-Muy bien Isabella, así serán las cosas- sentenció ya resignada.- Vas a ser la mejor. Vas a practicar durante el verano hasta que los pies te sangren y ya no tengas tiempo ni para ver a tu queridísimo novio- Bella estaba saltando de la emoción. Su madre al fin había cedido y ni siquiera le importaban sus exigencias. Finalmente su vida estaba tomando el rumbo que deseaba.
-¡Por supuesto mamá! ¡Haré todo para que estés orgullosa de mí!- respondió emocionada corriendo a su encuentro y abrazándola apretadamente.
No podía esperar para contárselo a Edward.
Mi mamá ha dicho que puedo asistir al Instituto de Ballet de Seattle,
¡Estoy saltando de alegría!
B.
¡Felicitaciones, Isabella!
¿Quieres celebrar esta noche?
E.
Lo siento,
Riley viene a cenar.
B.
¿Qué podía responder a eso? Decir que Edward estaba molesto era poco. Estaba hecho un saco de rabia y no sabía donde descargarla. ¿Por qué ese idiota tenía derecho a verla y a él se le negaba? Sabía que su ira estaba siendo exagerada e infundada, pero no podía evitar reaccionar así. ¿Qué tenía ese bastardo que él no?
¿Dinero? Na, eso a ella no le importaba.
¿Físico? Imposible.
¿Un futuro?
Edward no supo responder a eso tampoco.
Estaba claro que él era un don nadie al lado de Riley.
No sabía qué haría él en su futuro, pero de seguro sería algo que llenaría de orgullo a su tonto padre y que sería más que prudente de presumir frente a los padres de Bella.
Edward ni siquiera era digno de eso.
Los padres de Bella no tenían idea de su existencia. Sin contar al jefe Swan. Lo cual no sería un buen comienzo de todas formas.
Y el problema estaba en que Edward no quería cambiar su forma de ser.
Por nadie, ni siquiera por Isabella.
Edward estaba descompuesto por dentro y no había nada que hacer al respecto para arreglar esa situación.
¿Así que para qué molestarse?
Quizás la relación con Bella era simplemente un capricho, como muchos que había tenido en el pasado. Ella no sería la primera ni la última chica en su cama, si es que alguna vez llegaba a ella, y no necesitaba más problemas en sus espaldas. Menos al jefe de la policía arrestándolo por desvirgar a su dulce hija.
¿Edward?
El mensaje en su celular había llegado hace solo unos minutos, exigiendo una respuesta y el no pretendía responderla. Quizás lo mejor de todo sería terminar esta estupidez ahora, antes de que fuera demasiado tarde y que alguien resultase herido.
Edward sabe que tiene el poder de destruirla… y no quería tener esa responsabilidad sobre sus hombros.
Guardó su celular en el cajón de su escritorio, tomó sus llaves y salió de ahí.
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.
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Bella se dio cuenta de que algo estaba mal.
Edward no le había respondido los mensajes esa noche y ninguna otra de las siguientes… estaba comenzando a asustarse.
Sabía que no tenía derecho a exigirle nada. Que ella misma se había cavado su propio hoyo, pero él le había dicho que no le importaba, que esperaría por ella. ¿Por qué ahora desaparecía? No lograba entender.
En la escuela intentó buscar a Alice durante días y no la encontró. Se relajó y asumió que quizás estaban de vacaciones o se encontraban fuera de la ciudad. Pero cuando la vio aparecer finalmente y la estaba evitando, supo que sus miedos eran reales.
-¡Alice!- llamó mientras la perseguía por los pasillos del instituto.- ¡Alice!-
-¿Qué necesitas, Bella?- preguntó indiferente, actuando de una manera muy extraña. Usualmente era la chica más alegre y amigable de todas.
-Tú… ¿Tú sabes porque Edward me está evitando? No ha respondido mis mensajes y no lo he visto en días- contestó preocupada y un poquito temerosa por su respuesta.
-Edward se fue- respondió rápidamente, evitando que se le quebrara la voz al pronunciar esas palabras. ¿Se fue?
-¿Cómo que se fue? ¿De qué estás hablando, Alice?- inquirió incrédula.
-¡No lo sé!- replicó alterada.- Hace varios días salió de casa como usualmente lo hace… y no ha regresado. Incluso mi madre está asustada. La mayoría del tiempo desaparece por dos días, a lo más tres, ¿pero cinco días completos?... Ha dejado su teléfono en casa y no hemos podido comunicarnos con él. Estoy muy asustada, Bella… Edward es muy bueno para meterse en problemas y me temo que esta vez sea la peor de todas- afirmó acongojada.
-Quizás simplemente está donde su amigo… El rubio- comentó Bella tratando de recordar su nombre.
-¿Jasper?- preguntó confundida.- Ya he hablado con él y no tiene idea..- no le quedaban más opciones.
¿Y si Edward había emprendido ese viaje por el mundo en su motocicleta? ¿Se había ido y… sin ella?
Bella quería llorar… ¿Por qué le hacía esto?
-Si sabes algo por favor, avísame Alice. ¿Harías eso por mi?- preguntó esperanzada. La hermana pequeña no pudo evitar sentir lástima por la chica, parecía estar realmente enamorada de su hermano.
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Todo esto era su culpa.
Que él haya desaparecido era su culpa y la estaba matando. Bella sentía que ella era la responsable de que se hubiera ido y no sabía qué hacer.
Riley pudo notar algo extraño en ella, que algo había pasado. Justo cuando las cosas volvían finalmente a la normalidad.
-¿Bella quieres que te lleve a casa?- preguntó llamando su atención. Ella lo miró confundida.- ¿Casa?- repitió.
-Por favor- respondió ida.
¿Qué acaso no podía hacer nada bien? Se sentía miserable… y como si fuera poco, también era responsable de la miseria de otros. Bella era una persona egoísta.
Le había hecho a su novio algo que nunca pensó que le haría y no era simplemente por culpa de ese beso, eso era simplemente el comienzo de las traiciones. El problema estaba en que no se arrepentía realmente y en que siempre lo estuvo engañando con su mente.
Y lo que más le dolía… ¿Por qué la había dejado? Se sentía especial a su lado. Sentía que juntos… que juntos eran dinamita.
Le partía el corazón el hecho de que la haya dejado atrás… De que la haya olvidado.
No podía seguir engañándose a sí misma junto a Riley… con Edward o sin Edward, ella debía comenzar a vivir su vida, aunque fuera sola. Sabía que lo que estaba a punto de hacer quizás le costaría su ingreso al Instituto de Ballet, pero era algo que necesitaba realizar. Por el bien de su conciencia.
-¡Detén el auto!- demandó repentinamente en la mitad del camino a casa. Riley estaba sorprendido, muy sorprendido.
-¿Qué dices, Bella?- preguntó extrañado… casi divertido por su actuar.
-¡Detenlo Riley!- gritó histérica. Pensó que se estaba volviendo loca.
Aparcó en el lugar más cercano y su novia salió rápidamente del auto. Estaba comenzando a fallarle la respiración y sintió la adrenalina correrle por las venas. Era ahora o nunca.
Riley se bajó también, preocupado y asustado… ¿Qué estaba sucediendo?
-¿Te encuentras bien, amor?- inquirió lentamente.
-Riley… esto… esto no puede seguir. Tú y yo- una vez comenzó a hablar, ya no pudo parar.-No tenemos los mismos intereses ni metas… esta relación esta encaminándose hacia nada en particular-
-¡Pero si yo te amo!- cuestionó afligido.
-Pero yo no, Riley… Yo no lo hago- respondió apenada. Quizás nunca lo amó realmente.
-¿Estás diciéndome… que después de casi un año juntos... ni siquiera me quieres?-
-Claro que te tengo cariño… pero no amor, al menos no cómo tú quieres- aclaró.- Mira Riley, tú no eres el problema, soy yo... Necesito expandir mis horizontes-
-¿Y desde cuando yo te he retenido?- expresó.
-¡Siempre me has tratado como si fueras mi padre! Impidiéndome hacer cosas que quiero o tratándome como ¡una maldita princesa! Estoy harta-
-¿Por qué estás haciendo esto? ¿Es que conociste a alguien más? – Bella lo miró sin poder ocultar sus emociones.- ¿Estás viéndote con alguien más?- repitió.
-No estoy viéndome con nadie. Es solo que esta relación no tiene futuro- respondió mirando al suelo
-Esta no eres tú, Bella… Alguien debe haberte metido estas estúpidas ideas en la cabeza. ¿Quién es el imbécil que te ha manipulado de tal forma?-
-Riley nadie ha hecho tal cosa. Tú me retienes en la tierra y yo quiero aprender a volar. Quiero salir a fiestas y emborracharme o fumar y no tener que preocuparme porque a ti no te guste ese tipo de cosas-
-¿Emborracharte?- inquirió comenzando a entender. Tenía claro quién era el idiota que la estaba utilizando ahora.- ¿Acaso el imbécil de Cullen ha estado molestándote?-
Bella sintió su rostro palidecer. ¿Cómo lo supo?
-Yo… él….- Riley pudo entender ahora el problema real en esta situación. El semblante culpable de Isabella se lo dijo todo, se lo restregó en la cara.
-¿Hace cuánto lo estás viendo?- preguntó conteniendo la rabia. ¿Quién se creía que era para engañarlo? ¿Y con ese fulano inútil? Bella no quería mirarlo a la cara, así que Riley la obligó.- Dime Isabella, ¿hace cuanto me engañas con ese pedazo de mierda?-
Bella estaba entrando en pánico. Nunca había visto a Riley actuar así tan fuera de control y desquiciado. La mano que sostenía brutamente su mentón comenzaba a causarle daño y no pudo evitar hacer una mueca de dolor.
-Riley estás haciéndome daño- balbuceó adolorida y temerosa.
-Eres una estúpida si crees que ese idiota es mejor para ti que yo. El te usará y te tomará a su antojo. Te dejará tirada como a un desperdicio de espacio y se irá con todo a su paso. Chicos como él no quieren a vírgenes como tu- acusó despectivamente.
-¡Estás mintiendo!- gritó, sintiendo las lágrimas brotar. No pudo evitarlo.- ¡Edward nunca me haría eso!- Riley comenzó a carcajearse.
-Eres tan patética si piensas que él te amará algún día… ¡Pobre tonta!- comentó soltándola al fin y dedicándole una mirada de odio.- Te vas a arrepentir de haberme dejado. Serás tan miserable y estarás tan jodida… y te arrepentirás cada segundo de tu triste vida- balbuceó enojado.
Riley caminó de vuelta a su auto y se marchó sin dedicarle ni una mirada más. Dejándola con su orgullo por el suelo y lágrimas rodando por sus mejillas.
Edward se había ido y quizás… quizás él tenía razón. Ella era una estúpida por haber pensado que la amaría en algún momento. Era absurdo. Después de todo él ya no estaba aquí con ella… puede que nunca lo haya estado.
Pero al final del día no se arrepentía de nada… era finalmente libre.
