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No lo extrañaba, para nada, o eso era lo que se decía para sí misma Yamuraiha mientras acompañaba a Jaffar y Sinbad para su elección de un nuevo general, aunque no tenían suerte, ningún muchacho parecía tener la técnica del espadachín ni el suficiente poder para tener un contenedor metálico. Si bien, Sharrkan tenía muy poco magoi en su cuerpo, era fuerte y hábil.

En eso estaban, cuando un mensajero llegó con ellos.

—Un barco de Heliopat se acerca señor

Sinbad se sorprendió, no había motivos para que Sharrkan mandara una embarcación a Sindria, ni para que fuese a visitarlos.

—Jaffar, ¿podrías ir a recibirlos? —Pidió Sinbad a sabiendas de que Yamuraiha extrañaba al actual rey de Heliopat y que quizás aquella visita pudiera lastimarla.

Jaffar accedió y se fue a recibir a los visitantes.

Yamuraiha confiada en que el nuevo rey de Heliopat no llegaba en esa nave, se retiró a sus estudios.

En el puerto había gran algarabía, cuando del barco descendió Sharrkan, que aún vestía las ropas propias de un príncipe de Heliopat, las joyas de oro resplandecían contra el sol, y muchas mujeres se colgaban de su cuello o sus brazos. El, complacido, sonreía y saludaba a los presentes.

—Bienvenido Rey Sharrkan —Dijo Jaffar al tiempo en que hacía una leve reverencia.

—Jaffar —Sharrkan sonrió al verlo, camino hacia él y lo abrazó por el cuello —Jamás creí decir esto, pero te eche de menos

—Ah, Sharrkan…

—Sí, sí, que no te gusta que toquen

—¡Sharrkan!

Como un bólido, Pisti se lanzó sobre Sharrkan llevándolos a ambos al suelo, la amazona lloraba de emoción, mientras él la abrazaba con fuerza.

—Pisti, cuanto tiempo

—Sharrkan, que bueno que vienes, ha sido un año tan largo

—Lo sé

—Bienvenido alteza —Esta vez, el que hablaba mientras le tendía la mano era Spartos, al igual que Jaffar hizo una reverencia, una vez que Sharrkan se incorporó.

—Muchachos, los extrañe, de verdad, pero basta, vamos al palacio, tengo buenas noticias —Exclamó entusiasmado.

En el palacio, los demás generales le dieron la bienvenida, todos inclinaban su cabeza cuando entró en la sala de audiencias, y hasta Sinbad mismo, lo hizo, Sharrkan respondió de igual forma ante él rey de Sindria, para luego abrazarlo con fuerza.

—Agh…Sharrkan —Se quejó Sinbad

—Perdone, pero es que estoy realmente contento —Una vez soltó al rey miró a su alrededor, puras caras conocidas y queridas que lo hacían sentir vivo otra vez, pero hubo una que no vio entre la multitud, y eso ensombreció un poco su ánimo.

—¿Buscas a Yamu? —Preguntó Pisti mientras se mecía de un lado a otro— Ahora eres un hombre casado, te recuerdo que…

Sharrkan puso su dedo índice sobre la boca de Pisti, luego se arrodillo para quedar cara a cara con la amazona.

—Primero, no pienso hacer nada de eso, con Yamuraiha, y segundo… ¡ya no estoy casado!

—¿Qué?, Sharrkan —Dijo Jaffar ciertamente asustado.

—Calma Jaffar, no hice nada malo, resulta que mi hermano regreso, Aladin, Ali Baba y Morgiana lo llevaron al palacio, por cierto, os mandan saludos

—¿Entonces estas de regreso? —Preguntó Masrur, a lo que Sharrkan respondió con una enorme sonrisa.

Luego de un par de tragos y de que Sharrkan les contara sobre su estancia en Heliopat, el espadachín se excusó y fue en busca de la maga que tanto tiempo tenía sin ver.

La busco en la biblioteca, en su habitación, en todo el palacio pero no tuvo suerte, cansado, ya con el cielo oscuro, se dirigió a los jardines donde solía entrenar, quería ver si aquel árbol de cerezos donde tomaba siestas seguía de pie.

Y por suerte, allí seguía, él había cuidado ese árbol desde que era un niño, bueno, Masrur y Yamuraiha también habían ayudado, y precisamente fue allí donde encontró a la maga.

Se acercó al árbol aún sin percatarse de su presencia, pero cuando se acercó al sitio donde solía tomar sus siestas, la vio plácidamente dormida. Tenía la nariz levemente roja, y las mejillas con un tenue rubor, cuando se acercó más a su rostro pudo ver, que había estado llorando.

Se sentó a su lado y se quedó mirándola por algún tiempo, nunca la había visto así, vulnerable, y le gustaba. Si bien, apreciaba la independencia y la fuerza de Yamuraiha, siempre se preguntó porque era tan dura consigo misma, y deseo también poder verla de una forma más humana. Estaba de mucha suerte, sus deseos comenzaban a cumplirse.

Impulsado por a saber qué cosa, se inclinó sobre el rostro de Yamuraiha y la beso en los labios, un beso rápido que no duro prácticamente nada, pero que fue el mejor que hubiera dado en su vida.

—Oye, no eres tan fea después de todo —dijo sonriendo.

Tomo una flor de cerezo y la coloco en el cabello de Yamuraiha, ella, sintiendo el movimiento, abrió los ojos.

—Sharrkan —Dijo aún adormilada

—Dime

Sin poder explicarse, Yamuraiha comenzó a llorar, eran tenues sollozos que quedaron ahogados por las palmas de sus manos mientras lo miraba. Sharrkan sonrió, y puso su frente contra la de ella, quedando cara a cara.

Yamuraiha no sabía que creer, si él era real, o solo un sueño, Sharrkan vestía las joyas de Heliopat, los brazaletes, la pechera, y hasta aquellas joyas que simulaban colmillos que colgaban detrás de sus orejas. Pero cuando él poso su frente contra la de ella, no tuvo dudas, él estaba realmente allí. ¿Pero por cuánto tiempo?

—Sharrkan —Lo llamó incapaz de decir otra palabra.

El seguía sonriendo, pero esta vez cerró los ojos, de tal forma que sonreía como cuando eran pequeños y él había hecho alguna travesura.

—Estúpido —Masculló ella, al tiempo en que lo abrazaba con fuerza.

—Perdóname Yamuraiha —susurró él en sus oídos.

—La carta que mandaste con Masrur, me llevó tanto…

—Shh

—¿Por cuánto? —Pregunto ella temerosa, sabiendo que él ya no era su amigo de siempre, era un Rey ahora, y volvería a Heliopat tarde o temprano.

Sharrkan la abrazo con más firmeza, poniendo una mano en la nuca de Yamuraiha y la otra en su cintura.

—Por siempre Yamu, te lo prometo

Yamuraiha no pudo evitar sonreír ante aquellas palabras, y pronto la risa sustituyo al llanto mientras escondía el rostro en el pecho de Sharrkan.

—Eres un estúpido —decía entre risas

—Si bueno, tú eres una tonta

Sharrkan beso su frente y se recostó contra el árbol, jalando a Yamuraiha para que quedara recostada sobre él.

—¿Puedo pedirte una cosa? —Dijo Yamuraiha todavía entre su pecho.

—Dime

—¿Dormirías conmigo?

—Claro

—Pero si hacer algo indebido te vas a enterar

Sharrkan se río con fuerza.

—Claro, claro, lo que tú digas

Esa noche se dirigieron al cuarto de Yamuraiha. Sharrkan se quitó todas las joyas y la camisa, quedando solo con sus pantalones, Yamuraiha se puso una pijama que consistía en una bata bastante delgada, mientras ella se cambiaba a espaldas del espadachín que prometió no mirar so pena de perder su hombría.

Mientras ella se cambiaba, Sharrkan vio sobre una mesita donde Yamuraiha solía leer el medallón con forma de serpiente que le había dado el día de su partida.

—¿Ya puedo mirar?

—Listo

Yamuraiha lo esperaba en la cama, Sharrkan se metió entre las sabanas y Yamuraiha se recostó sobre su pecho.

—Buenas noches Sharrkan

—Buenas noches Yamuraiha

—Ni una palabra de esto a nadie

—Claro

—Más te vale

—Yamuraiha… por favor, solo duerme

Luego de un rato, cuando a Yamuraiha la alcanzó el sueño, dijo entre susurros

—Te extrañe

Sharrkan que aún no estaba dormido sonrió tiernamente, y la beso en la frente.

—Y yo a ti… gracias Yamuraiha, gracias por creer cuando yo me había dado por vencido

Y él también se entregó al sueño, seguro de que nunca más perdería lo que tenía, a su familia, su hogar, y a su querida amiga.