Nat: Holaa gente bonita aqui les dejo el capi de esta semana espero que les guste, durante todo el mes de agosto me toca estar solita ya que mi amiga/socia/paisana/segunda dueña de esta cuenta decidio irse de viaje al exterior y no ha hecho nada para contactarme TwT pero buee de todas maneras aqui estan listos varios capitulos asi que hare todo lo posible por no retrasarme con las actualizaciones semanales hasta que ella este de vuelta n.n
Los personajes le pertenecen a Suzanne Collins y la historia a la pagina de Facebook Novelas Originales & Adaptadas, el link lo deje en el perfil para quien quiera leer mas increibles trabajos como este
sin mas que decir...
A leer!
Capitulo 9
— ¿Hasta el lunes? —repitió Cato cuando se quedaron solos una vez más—. Menuda eres, Katniss. Ya veo que te querías guardar al señor Mellark exclusivamente para ti.
—Eso no es cierto —le espetó ella, irritada por la conclusión a la que Cato parecía haber llegado—. Nuestra relación es estrictamente profesional. Estoy trabajando para su revista. Él es mi jefe, nada más.
—Muy bien, muy bien —dijo Cato. Su sonrisa se hizo aún más amplia al ver la vehemencia con la que Katniss lo había negado todo—. No me cortes la cabeza. Es una equivocación lógica y yo no soy el único al que le ha pasado.
— ¿De qué estás hablando?
-Mi dulce Katniss, ¿acaso no sentiste cómo se te clavaban los cuchillos por la espalda mientras estabas bailando con tu famoso jefe? —preguntó. Al ver que ella lo miraba sin comprender, suspiró—. ¿Sabes una cosa? Después de llevar tres años viviendo en Nueva York, sigues siendo muy ingenua. Una cierta pelirubia te estuvo lanzando puñales con la mirada durante todo el rato que estuvisteis bailando. De hecho, yo casi estaba esperando que te desmoronaras en medio de un charco de sangre en cualquier momento.
—Eso es absurdo —afirmó Katniss—. Estoy segura de que la señorita Cartwright sabía muy bien que la única razón por la que Peeta estaba bailando conmigo ha sido para preparar su maravilloso proyecto.
Cato la observó atentamente durante un instante. Entonces, sacudió la cabeza.
—Como te he dicho antes, Katniss, eres increíblemente ingenua.
El lunes amaneció fresco y gris. Sin embargo, en la redacción de Capitol´s los amenazadores cielos no eran un factor a tener en cuenta. Katniss decidió que, evidentemente, Peeta había permitido que la naturaleza se revolucionara un poco cuando las sesiones fotográficas se iban a realizar en un estudio.
Bajo sus indicaciones, Katniss se puso en manos de una peluquera que la ayudaría a transformarse en una elegante y competente mujer de negocios. El cabello por el hombro se recogió en un peinado con mucho estilo que acentuaba la estructura ósea del rostro de Katniss. El traje gris de tres piezas, a pesar de su severidad, consiguió que la joven, en vez de parecer masculina, acrecentara su innata feminidad.
Cuando ella entró en el despacho de Peeta, Finnick estaba inmerso en la preparación del equipo fotográfico, de las luces y de los ángulos. Tras examinar la sala, Katniss tuvo que admitir que ésta era tanto elegante como adecuada para la sesión de aquella mañana. Observó con cariño y diversión a Finnick, quien, completamente ajeno a su presencia, ajustaba objetivos y probaba enfoques sin dejar de murmurar para sí.
—El genio en su trabajo —susurró una voz al oído de Katniss.
Ella se dio la vuelta y se encontró frente a los ojos que habían empezado a obsesionarla.
—Eso es precisamente lo que es —replicó, furiosa por el modo en el que el corazón le latía al sentir la cercanía de Peeta.
—Estamos algo nerviosas esta mañana, ¿no? —observó él con el ceño fruncido—. ¿Aún tienes resaca del fin de semana?
—Por supuesto que no. Nunca bebo lo suficiente como para tener resaca.
—Ah, sí. Se me olvidaba lo del síndrome de Mr. Hyde.
—Katniss, por fin estás aquí —dijo Finnick, impidiendo así que Katniss pudiera encontrar una respuesta adecuada—. ¿Qué te ha llevado tanto tiempo?
—Lo siento, Finnick. La peluquera se entretuvo bastante.
El brillo jocoso que había en los ojos de Peeta pidió y recibió la respuesta de Katniss. Cuando la mirada de ambos se cruzó por encima de la cabeza de Finnick con la peculiar intimidad de una broma compartida, una dulce debilidad se apoderó de ella, como una suave ola que barría la arena de la playa. Aterrada, bajó los ojos y trató de olvidarse de las reacciones que Peeta provocaba en ella sin esfuerzo alguno.
— ¿Te asustas siempre tan fácilmente? —le preguntó él, con voz tranquila. Katniss lo miró con desprecio, airada con la habilidad que él parecía tener para leerle los pensamientos como si los llevara escritos sobre la frente—. Eso está mejor. La ira te sienta bien. Te oscurece los ojos y te ruboriza las mejillas. El espíritu es un rasgo esencial para las mujeres y... para los caballos —añadió, frunciendo levemente la boca.
Katniss se quedó atónita al escuchar la comparación. Trató de dominar su genio sabido que si lo soltaba no tendría nada que hacer contra Peeta en una batalla verbal.
—Supongo que es cierto —respondió, tras tragarse las palabras que le habían acudido a la cabeza—. En mi opinión, los hombres parecen carecer de la capacidad física del caballo y de la habilidad mental de las mujeres.
—Bueno, ese peinado te da un aspecto muy competente —comentó Finnick mientras estudiaba a Katniss con ojos críticos sin darse cuenta de lo que había ocurrido en el despacho en los últimos segundos. Con un suspiro de derrota, Katniss miró al techo como pidiendo ayuda.
-Sí -afirmó Peeta, con rostro serio-. La mujer ejecutiva, muy competen-te y muy elegante.
-Enérgica, agresiva y cruel —replicó Katniss dedicándole una gélida mirada—. Trataré de emularlo, señor Mellark.
—Eso resultará fascinante —dijo él. Había levantado ligeramente las cejas—. Los dejaré con Su trabajo mientras yo me ocupo del mío.
Se marchó del despacho y cerró la puerta tras él. De repente, la sala pareció mayor y muy vacía. Katniss trató de olvidarse de lo ocurrido y se puso a trabajar. Haría todo lo posible por erradicar los pensamientos de Peeta Mellark de su cabeza.
Durante una hora, Finnick le estuvo haciendo fotografías, ajustando la luz y dándole indicaciones mientras Katniss asumía la actitud de una ejecutiva.
—Tomémonos un descanso —dijo Finnick. Entonces, le hizo una indicación para que se relajara, lo que ella hizo dejándose caer sobre una butaca en una postura informal y muy poco digna.
— ¡Eres un demonio! —exclamó ella, cuando el fotógrafo le tomó una instantánea, capturándola en aquella posición tan desgarbada, con las piernas extendidas delante de ella.
-A mí me parece que será una buena fotografía —afirmó Finnick con una sonrisa—. «Mujer muy cansada abrumada por su ingente trabajo».
—Tienes un extraño sentido del humor, Finnick —replicó Katniss, sin moverse—. Creo que te viene del hecho de tener una cámara pegada a la cara todo el tiempo.
-Venga, venga, Katniss. No te pongas así. Levántate de esa butaca. Ahora vamos a ir a la sala de reuniones y tú, amor mío, serás la presidenta del consejo.
El resto de la sesión de aquel día fue largo y tedioso. Como Finnick no estaba muy satisfecho con la luz, se pasó más de media hora ajustándola hasta que contó con su aprobación. Después de pasarse una hora más bajo la potente luz de los focos, Katniss se sentía tan cansada que se alegró mucho cuando Finnick decidió terminar la jornada de trabajo.
Mientras salía del edificio, se encontró buscando a Peeta por todas partes y se sintió bastante desilusionada cuando no lo vio y furiosa consigo misma por su reacción. Anduvo durante unos minutos, respirando el fresco aire de otoño y decidida a olvidar las sensaciones que él le producía. Se dijo que sólo era una atracción física, como las que le ocurren a todo el mundo constantemente. La atracción física es muy frecuente y solía pasar con tanta rapidez como un virus de veinticuatro horas...
Decidió que necesitaba hacer algo para olvidarse de él, por lo que volvió a pensar en el camino que había trazado para su vida. El éxito en el campo que había elegido, independencia, seguridad... ésas eran sus prioridades. No había lugar para las relaciones románticas. Cuando llegara el momento de sentar la cabeza, ciertamente no lo haría con un hombre como Peeta, sino con alguien de fiar, alguien que no le pusiera los nervios de punta ni la confundiera a cada paso. Además, se recordó, no sin repentino abatimiento, que él no estaba interesado en tener un romance con ella. Parecía preferir a las rubias bien proporcionadas.
Las sesiones fotográficas prosiguieron a la mañana siguiente, de nuevo en la redacción de Capitol´s. Aquella mañana, Katniss iba vestida con una camisa azul marino y una falda por la rodilla de un tono más claro. Tenía que representar el papel de la mujer trabajadora. La sesión iba a tener lugar en el despacho de la secretaria de Peeta, para regocijo de ésta.
—No le puedo decir lo emocionada que estoy, señorita Everdeen. Me siento como una niña que va al circo por primera vez.
Katniss sonrió a la joven secretaria, cuyos ojos estaban iluminados por la anticipación.
—Admito que, a veces, me siento como un elefante amaestrado. Llámame Katniss.
—Yo soy Annie. Supongo que todo esto será una rutina para ti, pero a mí me parece muy glamuroso y emocionante —dijo. Entonces, miró hacia el lugar en el que Finnick estaba preparando la sesión con su habitual dedicación—. El señor Odair es un verdadero experto, ¿verdad? Lleva un buen rato preparando las luces y las cámaras. Es muy atractivo. ¿Está casado?
Katniss se echó a reír y miró a Finnick.
—Sólo con su Nikon.
—Oh —susurró Annie. Primero sonrió y luego frunció el ceño—. ¿Están los dos... quiero decir... están juntos?
—Sólo trabajamos juntos —respondió Katniss. Acababa de ver a Finnick como un hombre atractivo por primera vez en su vida. Entonces, sonrió a Annie.
—Ya conoces el viejo refrán de «A un hombre se le roba el corazón a través del estómago». Sigue mi consejo. El modo de conquistar a ese hombre es a través de sus cámaras. Pregúntale sobre los enfoques.
En aquel momento, Peeta salió de su despacho. Al ver a Katniss, esbozó una suave sonrisa.
— ¡Ah! La eficaz secretaria, la mejor amiga del hombre.
Katniss trató de no prestar atención alguna a su corazón y adoptó un tono ligero de voz.
—Hoy no pienso tomar decisiones de empresa. Me han degradado.
—Bueno, así es el mundo empresarial —comentó él—. Un día se está en el despacho de los ejecutivos y, al siguiente, con el resto de las secretarias. Esto es una selva.
—Ya está todo preparado —anunció Finnick, desde el otro lado del despacho—. ¿Dónde está Katniss? —añadió. Rápidamente se dio la vuelta y vio que los tres lo estaban observando. Entonces sonrió—. Hola Peeta, hola Katniss. ¿Lista?
—Tus deseos son órdenes para mí, señor de los treinta y cinco milímetros —bromeó a Finnick. Entonces, se acercó a él.
— ¿Sabes escribir a máquina, Katniss? -preguntó Baggio alegremente—. Te puedo dar algunas cartas y así podemos matar dos pájaros de un tiro.
—Lo siento, señor Mellark — replicó ella con una sonrisa—. Los ordenadores y yo tenemos un acuerdo desde hace mucho tiempo. Yo no los aporreo y ellos no me aporrean a mí.
— ¿Le importa que mire durante un rato, señor Odair? —pidió Annie—. No los molestaré. La fotografía me fascina.
Finnick asintió de modo ausente. Después de mirar a su secretaria completamente asombrado, Peeta se giró y se dispuso a volver a entrar en su despacho. —Te necesitaré dentro de media hora, Annie, para el contrato Brookline —dijo.
La sesión avanzó rápidamente con Finnick y Katniss progresando con su facilidad profesional. La modelo seguía las instrucciones del fotógrafo y a menudo anticipaba sus intenciones antes de que él hablara. Después de un rato, Annie desapareció a través de las pesadas puertas que llevaban al despacho de Peeta. Ni Katniss ni Finnick se dieron cuenta de su silenciosa marcha.
Algún tiempo después, Finnick bajó la cámara y miró fijamente al espacio. Katniss mantuvo su silencio, sabiendo por experiencia que aquello no significaba necesariamente el fin, sino una pausa mientras se le formaba una nueva idea en la cabeza.
—Quiero terminar con algo aquí —musitó, mirando a través de Katniss como si ella fuera intangible. De repente, el rostro se le iluminó por la inspiración—. ¡Ya lo sé! Cambia la cinta de la impresora.
—Seguro que estás bromeando...
—No. Creo que será una buena fotografía. Adelante.
—Finnick —protestó ella—. No tengo ni idea de cómo cambiar la cinta de una impresora.
-Entonces, finge que lo haces -sugirió Finnick.
Con un suspiro, Katniss volvió a tomar asiento y miró la impresora.
— ¿Has recogido trigo alguna vez, Finnick? —aventuró con la intención de posponer su orden—. Es un proceso fascinante.
-Katniss...
Con otro suspiro, la joven modelo terminó por rendirse al temperamento artístico de su fotógrafo.
—No sé cómo abrirla —musitó mientras apretaba botones al azar.
-Debe de haber un botón o una palanca que abra la tapa —replicó Finnick, con paciencia—. ¿Es que no tienen ordenadores en Kansas?
—Claro que sí. Mi hermana... ¡Oh! —exclamó, encantada de su descubrimiento, cuando consiguió que la impresora se abriera.
—Muy bien, Katniss —le ordenó Finnick—. Simplemente finge que sabes lo que estás haciendo.
Katniss se puso manos a la obra y atacó el cartucho de tinta con entusiasmo. Frunció el ceño por la concentración y se olvidó completamente del hombre y de su cámara para entregarse al trabajo que tenía entre manos. Sin que pudiera evitarlo, se manchó los dedos tratando de sacar el cartucho y extendió la tinta por todas partes. Entonces, con gesto ausente, se rozó la mejilla con la mano y se la manchó de tinta negra. Justo en aquel momento, Finnick tomó su última fotografía.
—Estupendo —dijo, tras bajar la cámara—. Un estudio clásico de la ineptitud.
—Gracias, Finnick, pero te aseguro que, si utilizas alguna de estas últimas fotografías, te demandaré —bromeó-. Además, dejaré que seas tú quien le explique a Annie lo que le ha pasado al cartucho de su impresora. Yo ya he terminado.
—Por supuesto.
La voz de Peeta resonó a sus espaldas. Katniss se dio la vuelta y vio que tanto Annie como él la estaban observando.
—Si alguna vez dejas el mundo de la moda, mantente alejada del trabajo de oficina. Eres un desastre —comentó.
Katniss trató de sentirse molesta por su actitud, pero, al mirar de nuevo el caos que había causado con el cartucho de la impresora, se echó a reír.
—Bueno, Finnicck, sácanos de ésta —le dijo a su compañero-. Nos han sorprendido con las manos en la masa en la escena del crimen.
Peeta se acercó a ella y, con mucho cuidado, levantó una de las manos de Katniss.
—Yo diría con las manos en la tinta -replicó. Entonces, se echó a reír del modo que solía hacer que el corazón de Katniss realizara una serie de volteretas—. Y también tienes pruebas en la cara.
— ¡Dios Santo! —exclamó ella—. ¿Se me va a quitar? —le preguntó a Annie. La secretaria asintió con una sonrisa—. Bueno, pues entonces me voy a lavar y te dejo a ti, Finnick, para que te ocupes de los daños.
Antes de que pudiera abrir la puerta para salir del despacho, Peeta lo hizo por ella y la acompañó durante unos pocos pasos a lo largo del pasillo.
— ¿Acaso estás ejerciendo de Cupido con mi secretaria, Katniss?
-Podría ser. A Finnick le vendría muy bien tener algo más en su vida que cámaras y cuartos oscuros.
— ¿Y qué le vendría bien a la tuya? —preguntó Peeta. Entonces, le colocó una mano sobre el brazo y la obligó a mirarlo.
Nat: Bueeno aqui el final de este capitulo, espero que todos los que querian algo de Finnick/Annie les haya gustado este cap, no hubo muco de ellos pero algo es algo xD quizas mas abelante haya algo mas de esta parejita.
Mil gracias a todos los que leen y a los que dejan review, tambien a todos los que nos han agregado a sus alertas y favoritos. a mi y a mi compañera nos alegra ver que les ha gustado el fic.
otra cosita... que opinan de la parejita Gale/Prim? es que el otro dia se me cruzo la idea de hacer algo romantico con ellos dos pero no estoy segura. Por eso Chips y yo queriamos saber su opinion.
Besos!
Att: NatYChips (o... solo Nat hasta Septiembre)
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