-Creo que deberíamos leer un capítulo más antes de comer, después podemos leer otros tres o cuatro e irnos a dormir-opino Hestia
-Es una buena idea hermana, bien…quien leerá a continuación-consulto Deméter
-Ya que yo di la idea, yo pido este capítulo-la suave sonrisa de Hestia se extendió conforme alcanzaba el libro y se preparaba para leer
PIPER X
-Y seguimos conmigo-murmuro media molesta la hija de Afrodita.
Piper tuvo problemas para quedarse dormida. El entrenador Hedge pasó la primera hora después del toque de queda haciendo su guardia nocturna, paseándose por el pasillo gritando:
—¡Las luces apagadas! ¡Acomodaos! ¡Intentad pegar una cabezada u os enviaré de cabeza a Long Island!
-¿Y se supone que tienen que dormir con todo el ruido que hace esa cabra loca?-pregunto Deméter
-No era tan malo-menciono Hazel-las paredes amortiguaban el ruido
-No sé en qué cuarto estabas tú, pero en el mío se escuchaba fuerte y claro- se quejó Piper
-Lo que sucede mí estimada reina de belleza, es que tu cuarto junto con el de Jasón, Percy y Annabeth no tenían amortiguadores para el ruido
-Y eso porqué fue-pregunto un ceñudo Jasón al notar que Thalía sonreía de manera cómplice
-Fueron órdenes de tu hermana, tú no quieres decirle que no a una cazadora que no tienen ningún problema en castrarte por desobedecer-menciona Leo estremeciéndose
Jasón voltea a ver a su hermana en espera de una respuesta. Thalía entorna los ojos al notar la mirada de su hermano y la de Piper.
-Percy y Annabeth no se habían visto en varios meses. Tú y Piper tienen varios meses juntos- empieza a explicar, pero nota la confusión en el rostro de los demás-Hice una apuesta con los Stoll y no pienso perder
-¡oh! La apuesta-exclamo Will -yo también la hice, aposte a favor
-Pues yo en contra-dijo Thalía mirando fijamente a Jasón- Y más te vale hermanito que no me hagas perder
-Ni siquiera sé en qué consiste la apuesta- señalo ante la mirada de su hermana
-Apostamos a que llevarían sus relaciones a otro nivel-dijo Will de manera despreocupada-por esos sus cuartos tienen las paredes delgadas, Thalía quería asegurarse que el entrenador podría oírlos antes de que empiecen - finaliza divertido al ver el rostro sonrojado de Piper y Jasón
Los dioses miraban divertidos el intercambio de palabras que se estaba dando. Zeus reprimió sus comentarios, no podía darse el lujo de tener a los otros dioses juntos en su contra. Hera se había encargado que Atenea se reprimiera en ella misma, su hija estaba sentada entre Apolo y Hermes sin decir una palabra. Lo mejor sería encontrar una forma de separar a los otros dioses, entonces podría volver a asumir su posición de autoridad máxima y nadie se atrevería a discreparlo.
Golpeaba su bate de beisbol siempre que oía un ruido en algún camarote, gritando a todo el mundo que se durmiera, lo que hacía imposible que cualquiera pudiera dormirse. Piper se preguntó si era lo más divertido que había hecho el sátiro desde que había pretendido ser profesor de educación física en la Escuela de la Salvajería.
Miró las vigas de bronce del techo. Su camarote era bastante acogedor. Leo había programado sus camarotes para ajustar la temperatura automáticamente a las preferencias del ocupante, por lo que nunca hacía demasiado frío ni demasiado calor. El colchón y la almohada estaban rellenos de plumas de Pegaso (ningún Pegaso había sufrido daños durante la producción de aquellos productos, le había asegurado Leo), por lo que eran hiper-cómodos. Una lámpara de bronce colgaba del techo, brillando con la iluminación que Piper quisiera. Los lados de la lámpara estaban agujereados, por lo que de noche las constelaciones brillaban por las paredes.
Piper tenía tantas cosas en su cabeza, que creyó que nunca podría dormirse. Pero había algo tranquilo en el ir y venir del barco y el zumbido de los remos aéreos mientras paleaban a través del cielo. Finalmente sus párpados se volvieron más pesados y se durmió.
-Es más que nada el cansancio de un día tan ajetreado-dijo Afrodita mientras le acariciaba el cabello a su hija. Afrodita ya se había calmado, su cabello volvió a su rubio habitual y sus ojos estaban de un azul tan brillante como los zafiros.
Parecieron haber pasado unos segundos hasta que se despertó con la campana del desayuno.
—¡Ey, Piper! —Leo llamó a la puerta—. ¡Estamos aterrizando!
—¿Aterrizando? —dijo, dormida.
Leo abrió la puerta y asomó la cabeza. Tenía una mano encima de sus ojos, lo que habría sido un gesto bonito sino hubiera estado espiando a través de sus dedos.
—¿Estás visible?
—¡Leo!
—Perdón —sonrió—. Eh, bonitos pijamas de los Power Rangers.
—¡No son los Powers Rangers! ¡Son águilas Cherokee!
—Sí, claro. De todas maneras, estamos aterrizando a unos kilómetros fuera de Topeka, como pediste. Y, eh…—miró hacia el pasillo, y se giró de nuevo—.Gracias por no odiarme, sobre eso de disparar a los romanos ayer por la mañana.
-LEO-chillaron los semidioses
-Ya entendí, ya entendí-menciona a la par que hace un gesto con las manos- no más lamentaciones para fireboy
-más te vale que lo entiendas o me asegurare de golpearte hasta dejarte inconsciente
-No tienes porqué amenazarme Piper-responde Leo haciendo un puchero
Piper se desperezó los ojos. ¿El festival en Nueva Roma había sido sólo ayer?
—No pasa nada, Leo. No podías controlar tus actos.
—Sí, pero aun así… no tienes porqué defenderme.
—¿Bromeas? Eres como el hermano pequeño molesto que nunca tuve. Por supuesto que te defenderé.
—Eh… ¿gracias?
Piper miro fijamente a Leo y este solo le dio una sonrisa inocente. Eso era suficiente para ella, Leo parecía estar mejor aunque dudaba que durara mucho.
De arriba, el entrenador Hedge gritó:
—¡Arriar las velas! ¡Kansas a la vista!
—¡Santo Hefesto! —murmuró Leo—. Necesita mejorar bastante en su argot pirata. Será mejor que vaya a cubierta.
-Percy hace una buena imitación de pirata-Frank sonreía divertido
-¿Enserio?-pregunto Hazel-¿Cómo es que lo sabes?
-Oh cierto-responde Frank medio pensativo-tú estabas en un retroceso, por eso no lo viste
Hazel suspiro deprimida, sus retrocesos le habían causado tantos problemas así como también hicieron que perdiera la ilación de muchas cosas, lo bueno es que ya no los tendría nunca más.
Cuando Piper se hubo duchado, cambiado y hubo agarrado un donut del comedor, pudo oír los engranajes de aterrizaje del barco funcionando. Subió a cubierta y se unió a los demás mientras el Argo II aterrizaba en medio de un campo de girasoles. Los remos se retractaron y una plancha bajó de cubierta hasta el suelo.
El aire de la mañana olía a riego, plantas cálidas y tierra fertilizada. No era un mal olor. A Piper le recordaba a la casa del abuelo Tom en Thalequah, Oklahoma, allí en la reserva.
-El campo es sin lugar a dudas el mejor sitio para crear recuerdos-menciona una soñadora Deméter
-Definitivamente-señalo Hades sonriéndole con malicia a su hermana-fue en unos de tus campos en el que conocí a mi dulce esposa
Hades se ríe entre dientes al ver el ceño fruncido de su hermana. A pesar de lo que muchos creen, él no odia a su hermana solo disfruta molestarla y enojarla cada vez que se ven. Al ser el rey del inframundo no tiene la libertad de andar caminando libremente por el mundo y los únicos dioses que puede ver con regularidad son Hestia (a su hermana le gusta ir a todos lados, del Olimpo al campo griego luego al inframundo después al campo romano nuevamente al griego antes de volver al Olimpo y comenzar de nuevo) y Hermes que usualmente trae paquetes para Perséfone de parte de su madre pero suele quedarse el tiempo suficiente para ponerlo al corriente de lo que pasa fuera de su reino.
Eso sin contar que Poseidón de vez en cuando le manda un mensaje Iris (sobre todo cuando no quiere escuchar las quejas de su esposa) y que Deméter se queda en el inframundo la mayor parte del tiempo en que su hija está con él (y luego se preguntan el porqué es el único dios que no tiene hijos con su esposa, como podría hacerlo si la madre de su esposa quien también es su hermana está constantemente con ellos)
Percy fue el primero en darse cuenta de ella. Le sonrió, que por alguna razón sorprendió a Piper.
-Por qué te sorprendió, Percy siempre es amable con todos-menciono Will aunque Piper pudo notar un tono de advertencia y amenaza en su voz
-Es porque no nos conocíamos, me pareció raro que actuara con esa tranquilidad después de todo lo que paso-se apresuró en responder Piper al notar que Nico y Thalía también la miraban como Will, incluso Hazel y Frank parecían medio molestos.
Vestía unos tejanos desgastados y una camiseta limpia del Campamento Mestizo, como si nunca se hubiera alejado del lado griego. Sus nuevas ropas debían haber ayudado a su buen humor y por supuesto el hecho de que estaba de pie junto al pasamano rodeando con su brazo a Annabeth.
Piper estaba contenta de ver a Annabeth con una chispa en sus ojos, porque Piper nunca había tenido una amiga mejor. Durante meses, Annabeth se había estado atormentando ya que cada movimiento que daba era para buscar a Percy. Ahora, a pesar de la peligrosa misión a la que se enfrentaban, al menos ella tenía de vuelta a su novio.
-Claro, tener a tu novio de regreso es lo más importante-el sarcasmo se podía escuchar en la voz de Hera-típico de las hijas de Afrodita
Afrodita miro durante unos segundos a la reina de los dioses pero opto por no hacer nada. Hera siempre había odiado a sus hijos, según Hera sus hijos eran la prueba más fiel de la infidelidad. Al ser ella la diosa del amor no debería estar teniendo hijos por todo el mundo pudiendo tener hijos con su marido. Un marido que fue escogido por la misma Hera, fue Hera la que le dijo a Zeus que le ordenara el casarse con Hefestos a pesar de que ella amara al dios de la guerra.
—¡Y bien! —Annabeth cogió el donut de la mano de Piper y le pegó un mordisco, aunque a Piper no le molestó. En el campamento, tenían una broma con robarse la una a la otra el desayuno—. Aquí estamos. ¿Cuál es el plan?
—Quiero mirar la autopista —dijo Piper—. Hay que encontrar la señal que diga TOPEKA 50.
Leo agitó su mando de la Wii en círculos y las velas se arriaron solas.
—No debemos de estar muy lejos —dijo—. Festus y yo hemos calculado el aterrizaje lo mejor que hemos podido. ¿Qué esperas encontrar en la señal?
Piper explicó lo que había visto en el cuchillo: el hombre de morado con una copa. Se calló otras imágenes, como la visión de Percy, Jasón y ella misma ahogándose.
No estaba segura de lo que significaban pero, de cualquier manera, todo el mundo parecía de mejor humor que el día anterior y no quería arruinárselo.
-Tal vez debiste comentárselas a Annabeth-dijo Nico-Annabeth siempre sabe que hacer
-Y si no lo sabe, arma planes de respaldo-finalizo Thalía
—¿Camiseta morada? —Preguntó Jasón—. ¿Viñas en su sombrero? Suena a Baco.
—Dionisos —murmuró Leo—. Si hemos venido hasta Kansas para ver al señor D…
—Baco no es tan malo —dijo Jasón—. No me gustan demasiado sus seguidoras, pero…
Dionisio soltó un gruñido al notar las miradas de Thalía, Nico y Will. Los tres lo miraban como si no pudieran creer que un dios como él pudiera tener seguidoras.
Piper se estremeció. Jasón, Leo y ella habían tenido un encuentro con unas ménades meses atrás que casi les hicieron pedazos.
—Pero el dios en sí es normal —siguió Jasón—. Le hice un favor tiempo atrás, en California.
Percy parecía consternado.
—Si tú lo dices, tío… Quizá sea mejor cuando es romano. ¿Pero qué hace paseándose por Kansas? ¿No ha ordenado Zeus cesar todo el contacto con los mortales?
El silencio inundo la sala del trono
-Hestia querida, ¿podrías volver a leer la última pregunta de Percy?-pregunto una muy tranquila Deméter
-¿No ha ordenado Zeus cesar todo el contacto con los mortales?-releyó una incrédula Hestia.
-Sí, eso me pareció oír -murmuro Deméter
-Así que tu brillante plan fue el cesar las comunicaciones entre nosotros y nuestros hijos-menciono un molesto Hades
-A pesar de que Gea parece estar despertando-continuo Poseidón
-Debo haber tenido una muy buena razón para cortar toda comunicación-se defendió Zeus
-Thalía-dijo Poseidón-eres la teniente de Artemisa, estoy seguro que ella te dijo las razones de Zeus…podrías decirnos cuál fue el motivo de que mi hermano cometiera esa estupidez
Thalía podía sentir todas las miradas sobre ella. Desde el regazo de Poseidón, Lady Artemisa le indicaba que respondiera…pero Thalía tenía miedo, su padre había estado a punto de rostizar a Hazel con su cerrojo, a ella no le cabía la menor duda de que no titubearía si tenía que lanzárselo a su propia hija.
Poseidón parecía darse cuenta de su debate interno, sonriéndole chasqueo los dedos convirtiendo el trono en el que estaba sentado en un sillón de tres cuerpos. Nico estaba sentado a la derecha de Poseidón y ella a su izquierda. El dios del mar la abrazo suavemente dándole la seguridad que necesitaba para contestar.
-Lo hizo porque no quería reconocer que sin nosotros nunca hubieran podido derrotar a Kronos otra vez-murmuro Thalía
-Así que….ganamos una guerra gracias a nuestros hijos y tú decides que cortemos toda comunicación con ellos...entendí bien…padre-Ares gruño la última palabra como si se tratara de un insulto.
-No necesitamos de los mestizos, vencimos a Kronos la primera vez gracias a mí-señalo Zeus-creen que necesitaríamos su ayuda una segunda vez…sería mejor que pensaras antes de hablar tonterías muchacha
Zeus había soltado las últimas palabras con crueldad, dándole una mirada mortal a su temblorosa hija. Jasón estaba a punto de correr donde su hermana para defenderla cuando miro asombrado el holograma que aparecía sobre los cabellos negros de Thalía.
Nico tenía una de sus manos sobre su espada dispuesto a proteger a su prima de cualquier cosa, pero Poseidón le hizo una seña para que se tranquilizara. Durante unos segundos Nico pudo ver como Poseidón miraba molesto a Zeus antes de chasquear los dedos. Por el rabillo del ojo el hijo de Hades noto una luz verdosa. Al voltear la cabeza vio algo que no creía posible. Sobre la cabeza de Thalía había aparecido el holograma de un tridente, el símbolo de Poseidón…el dios del mar había reclamado a Thalía como su hija.
-¿Qué crees que estás haciendo Poseidón?-rugió un furioso Zeus
-A menos que quieras iniciar una guerra tendrás que controlarte…hermano-le respondió Poseidón mientras abrazaba con más firmeza a Thalía.
Thalía miraba sorprendida el holograma sobre su cabeza, poco a poco iba desapareciendo pero ella sabía que había estado ahí. Thalía nunca había sido reclamada. Ella siempre supo que era una hija de Zeus porque su padre visitaba su casa cuando era una niña, además su madre siempre se jactaba de haber conseguido la atención del rey de los dioses. Cuando llego al campamento fue transformada en un pino, todos sabían de quien era hija…y cuando regreso no hubo necesidad de una reclamación ¿para que tomarse la molestia de reclamarla cuando todos ya sabían de quien era hija?...Ahora mientras veía el último vestigio de un tridente y sentía el abrazo de Poseidón no podía evitar pensar ¿es así como se siente cuando te abraza tu padre? ¿Esta seguridad que sentía es la misma que sienten todos al ser reclamados?
Thalía siempre había sabido que Poseidón era un mejor padre que Zeus, le tenía celos a Percy por eso. Porque él si tenía un padre que se preocupara, que lo cuidara, lo llevara a su palacio…uno que le pidiera perdón por condenarlo a la vida de un semidiós.
Para sorpresa de Thalía, los otros semidioses se habían arrodillado frente a ella, Frank llevo a jalones a Octavio y lo obligo también a arrodillarse.
-Salve Thalía-comenzó Will-hija de Poseidón dios del mar, agitador de la tierra, a traedor de tormentas y padre de los caballos-finalizo con voz solemne
Los demás dioses le daban miradas de aprobación. No sería la primera vez que un hijo de Zeus era protegido por Poseidón. El primer Perseo había sido protegido por Poseidón cuando fue arrojado al mar junto a su madre, muchos mitos dicen que Poseidón lo protegió como un favor a Zeus pero en realidad Zeus no se había preocupado por el destino de su hijo.
Hestia sonrío dulcemente ante el acto de su hermano. Poseidón siempre ha portado como un padre cariñoso, sobre todo con los hijos de Zeus. Apolo, Artemisa y Hermes prácticamente habían sido criados por el dios del mar.
Frank gruñó. El grandullón llevaba un chándal azul aquella mañana, como si estuviera listo para salir a correr entre los girasoles.
-Primero te imaginan como una cazadora y ahora corriendo entre girasoles-señalo Ares mirando a su sonrojado hijo
—Los dioses no han sido muy buenos siguiendo esa orden —comentó—. Además, si los dioses están esquizofrénicos como ha dicho Hazel…
—Y como ha dicho Leo —añadió Leo.
Frank le frunció el ceño.
—¿Entonces quién sabe lo que está pasando en el Olimpo? Podría ser algo bastante peligroso.
—¡Suena peligroso! —añadió Leo, alegremente—. Bueno, chicos pasadlo bien. Yo tengo que acabar las reparaciones del casco. El entrenador Hedge va a trabajar en las ballestas rotas. Y, ah, Annabeth… me vendría muy bien tu ayuda. Eres la única persona además de mí que entiende algo de mecánica.
Annabeth miró disculpándose a Percy:
—Tiene razón. Debería quedarme y ayudar.
—Volveré —le besó en la mejilla—. Te lo prometo.
-Tan dulces -canturreo Afrodita
Estaban tan fácilmente juntos, que le hacía doler el corazón a Piper. Jasón era genial, por supuesto. Pero algunas veces actuaba tan distantemente, como la otra noche, que se había negado a hablar sobre aquella vieja leyenda romana. Muy a menudo parecía estar pensando en su vieja vida en el Campamento Júpiter. Piper se preguntó si alguna vez sería capaz de romper aquella barrera.
El viaje al Campamento Júpiter, ver a Reyna en persona, no había ayudado. Tampoco lo hacía el hecho de que Jasón hubiera preferido vestir una camiseta morada aquella mañana, el color de los romanos.
Jasón abrazo con fuerza Piper en un intento de hacerle saber que estaba ahí con ella. Piper solo sonrío y le devolvió el abrazo.
Frank se descolgó el arco de su hombro y lo apoyó junto al pasamano.
—Creo que me convertiré en un cuervo o algo para dar una vuelta por el aire, vigilaré esas águilas romanas.
—¿Por qué un cuervo? —preguntó Leo—. Tío, te puedes convertir en un dragón, ¿por qué no te conviertes en un dragón siempre? Es lo más guay.
La cara de Frank parecía como si hubiera sido bañada con zumo de arándanos.
-Por favor, podrían de imaginar a mi hijo en situaciones extrañas-pidió medio exasperado Ares para diversión de todos.
—Es como si me preguntaras porqué prensas tu peso máximo cada vez que cambias de forma. Por eso es difícil, porque te haces daño a ti mismo. Convertirse en un dragón no es fácil.
—Oh —asintió Leo—. No lo puedo saber. No cambio de peso.
—Sí. Bueno, quizás deberías considerarlo, don…
Hazel dio un paso entre ambos.
-No querida, no deberías intervenir-dijo una sonriente Afrodita-solo lo empeoraras.
—Yo te ayudaré Frank —dijo, lanzándole una mirada de situación a Leo—. Puedo llamar a Arión y dar una vuelta por ahí.
—Claro —dijo Frank, que seguía mirando a Leo—. Sí, gracias.
Piper se preguntó qué estaría pasando entre aquellos tres. Los chicos competían por Hazel y se medían el uno al otro, o al menos eso entendió ella. Pero era como si Hazel y Leo tuvieran una historia.
-Ves-señalo triunfalmente la diosa del amor a una sonrojada Hazel
Por lo que Piper sabía, se habían conocido por primera vez ayer. Se preguntó si había pasado algo más en su viaje al gran Lago Salado, algo que no habían mencionado.
Hazel se giró a Percy.
—Ten cuidado cuando vayas por ahí. Demasiados campos, demasiadas plantas. Podría haber karpoi al acecho.
—¿Karpoi? —preguntó Piper.
—Espíritus del grano —dijo Hazel—. Créeme, no quieres conocerles.
-Por qué NO querrían conocer a los Karpoi-pregunto Deméter mirando fijamente a Hazel
-Cuando estábamos en una misión los espíritus del grano me secuestraron. Si no hubiera sido por Percy y Frank no estaría aquí-respondió tímidamente Hazel
-Hey, tía Deméter no creo que sea necesario amedrentar a la pequeña Hazel para obtener la atención de Leo-menciono pícaramente Apolo mientras que Leo y Hazel se sonrojaban profundamente
Deméter entorno los ojos ante lo dicho por su sobrino. Suavemente le hizo una seña a Hestia para que siguiera leyendo.
Piper no sabía cómo podía ser un espíritu del grano algo malo, pero el tono de Hazel la convenció de no preguntar más.
—Eso nos deja a nosotros tres para comprobar esa señal de tráfico —dijo Percy—.Jasón, Piper y yo. No estoy demasiado emocionado por ver al señor D de nuevo. Ese tipo es un pesado. Pero, Jasón, si tú estás en mejores condiciones con él…
—Sí —dijo Jasón—. Si le encontramos, yo hablaré con él. Piper, es tu visión. Tú deberías guiarnos.
Piper sintió un escalofrío. Había visto a ellos tres ahogándose en un pozo oscuro. ¿Iba a pasar en Kansas? No tenía mucho sentido, pero no estaba demasiado segura.
—Por supuesto —dijo, intentando sonar animada—. Vamos a encontrar la autopista.
Leo había dicho que estaban cerca. Su idea de "cerca" necesitaba una revisión. Después de caminar casi un kilómetro a través de los calurosos campos, siendo picados por mosquitos y golpeados en la cara por girasoles secos, finalmente llegaron a la carretera. Un viejo cartel en la vieja gasolinera de Bubba indicaba que aún estaban a 64 kilómetros de la primera salida a Topeka.
-Deberían regresar, han estado demasiado tiempo en tierra. Gea podría capturarlos-dijo Atenea desde su sitio entre Apolo y Hermes
—Corregidme si me equivoco —dijo Percy—, ¿pero eso no significa que quedan catorce kilómetros por caminar?
Jasón observó a ambos lados de la carretera desierta. Parecía estar mejor aquella mañana, gracias a la curación mágica de la ambrosía y del néctar. Su cara tenía otra vez su color normal, y la cicatriz de su frente casi había desaparecido. La nueva gladius que Hera le había dado el invierno pasado colgaba de su cinturón. La mayoría de los chicos parecerían un tanto incómodos caminando con una espada atada a sus tejanos, pero Jasón parecía completamente acostumbrado a ello.
—Ni un solo coche —dijo—. Pero supongo que tampoco no haríamos autostop.
—No —coincidió, mirando nerviosamente hacia el horizonte—. Ya nos hemos pasado bastante tiempo en tierra. Es el territorio de Gea.
—Hmmm…—Jasón chasqueó los dedos—. Puedo llamar a un amigo para que nos lleve.
Percy levantó las cejas.
—¿Sí? Yo también. Veamos qué amigo viene antes.
-Percy ya entro en su modo competitivo-dijo un divertido Nico mientras que Thalía y Will asentían sonriendo
Jasón silbó. Piper sabía qué estaba haciendo, pero sólo había podido convocar a Tempestad sólo tres veces desde que habían conocido al espíritu de las tormentas en la Casa del Lobo el último invierno. Aquella mañana, el cielo era completamente azul que Piper supuso que no funcionaría.
Percy simplemente cerró sus ojos y se concentró. Piper no le había estudiado de tan cerca antes. Si le hubiera visto en un centro comercial en algún lugar, ella habría pensado probablemente que era un patinador, mono igual que un chico desaliñado, un tanto salvaje y definitivamente un busca problemas. Ella se habría apartado de él. Ya tenía bastantes problemas en su vida. Pero podía ver por qué a Annabeth le gustaba
Ni Thalía ni los dioses pudieron evitar el soltar leves risas ante la mirada celosa de Jasón
Y podía también ver definitivamente porqué Percy necesitaba a una chica como Annabeth en su vida. Si alguien podría mantener a aquel chico bajo control, era Annabeth.
-No tienes ni idea-aseguro Will
Un trueno resonó en el cielo despejado.
Jasón sonrió:
—Ya está aquí.
—Un poco tarde —Percy señaló hacia el este, donde una forma alada oscura se abalanzaba hacia ellos. A primera vista, Piper pensó que podría ser Frank convertido en cuervo. Entonces se dio cuenta de que era demasiado grande para ser un pájaro.
—¿Un Pegaso negro? —dijo—. Nunca había visto uno como ese.
El semental alado aterrizó cerca de ellos. Trotó hacia Percy y le frotó la cara con el morro, entonces giró su morro hacia Piper y Jasón.
—Blackjack—dijo Percy—, estos son Piper y Jasón. Son amigos.
El caballo relinchó.
—Oh, quizá después —respondió Percy.
Piper había oído que Percy podía hablar con los caballos, al ser el hijo del señor de los caballos, Poseidón, pero nunca le había visto en acción.
—¿Qué quiere Blackjack? —preguntó ella.
—Donuts —dijo Percy—. Siempre son donuts. Puede llevarnos a los tres y…
De repente, el aire se volvió frío. Las orejas de Piper se embotaron. A unos cincuenta metros, un ciclón en miniatura de tres pisos de altura se enroscaba entre los girasoles como si hubiera sido sacado de una escena de El Mago de Oz. Fue a parar justo al lado de Jasón y adoptó la forma de un caballo, un corcel nebuloso con relámpagos a través de su cuerpo.
—Tempestad —dijo Jasón, sonriendo ampliamente—. Ha pasado mucho tiempo, amigo mío.
El espíritu de la tormenta relinchó. Blackjack retrocedió, incómodo.
—Tranquilo, chico —dijo Percy—. Él también es un amigo—le lanzó una mirada sorprendida a Jasón—. Bonita montura, Grace.
Jasón se encogió de hombros.
—Me hice amigo suyo durante nuestra lucha en la Casa del Lobo. Es un espíritu libre, literalmente, pero de tanto en cuanto acepta ayudarme.
Percy y Jasón se subieron a sus respectivos caballos. Piper nunca había estado cómoda con Tempestad. Cabalgando a toda velocidad en una bestia que podría vaporizarse en cualquier momento le hacía sentirse incómoda. Aun así, aceptó la mano de Jasón y se montó.
-Hubieras ido en Blackjack-dijo Nico-Percy deja que muy pocas personas monten en su caballo
-De hecho, Blackjack tiene prohibido dejar que alguien además de Percy lo monte-continuo Thalía
-No es como si a Blackjack le importe, de hecho no le gusta estar cerca de nadie a menos que Percy esté presente-menciono Will-Blackjack estaba incontrolable el tiempo que Percy desapareció, a duras penas aceptaba que Annabeth lo alimente…y desaparecía largas semanas buscándolo.
Tempestad corrió por la carretera con Blackjack volando por delante. Por suerte, no pasaron junto a ningún coche, o habrían causado bastantes problemas. En poco tiempo, llegaron al cartel de los 50 kilómetros, que se parecía exactamente al que Piper había visto en su visión.
Blackjack aterrizó. Ambos caballos golpearon el asfalto. Ninguno parecía contento de haber tenido que frenar tan rápido, justo cuando habían comenzado a acelerar. Blackjack relinchó.
—Tienes razón —dijo Percy—. No hay rastro del tipo del vino.
—¿Perdón? —dijo una voz entre los campos.
Tempestad se giró tan rápido que Piper casi se cayó.
El trigo se doblegó y el hombre de su visión entró en su campo de visión. Vestía un sombrero de ala ancha lleno de hojas de viña, una camiseta de manga corta morada, pantalones cortos color caqui y unas sandalias con calcetines blancos. Parecía tener unos treinta, con una ligera barriga, como un universitario que hubiera repetido unas cuantas docenas de veces.
Dionisio miro molesto a Piper mientras que ella escondía su rostro en el hombro de Jasón
—¿Alguien me acaba de llamar "el tipo del vino"? —preguntó, asombrado—. Es Baco, gracias. O señor Baco. O mi señor Baco. O algunas veces, Oh-Dioses-Por-Favor-No-Me-Mate-Señor-Baco.
Los dioses miraron a Dionisio con incredulidad. Dionisio nunca se ha caracterizado por andar rostizando semidioses, en realidad los únicos que se divertían rostizando semidioses eran Zeus y Hera. Los demás solo los maldecían, pueda que eso tampoco este bien pero al menos los dejaban vivir un poco más y les daban la oportunidad de buscar una forma de librarse de su maldición.
Percy apremió a Blackjack hacia adelante, aunque el Pegaso no parecía demasiado contento con acercarse.
—Pareces distinto —le dio Percy al dios—. Más delgado y tu pelo es más largo. Y no eres tan bajito.
El dios del vino le miró.
—¿De qué demonios me estás hablando? ¿Quién eres tú y dónde está Ceres?
—¿Qué series?
—Creo que habla de Ceres —dijo Jasón—. La diosa de la agricultura. Vosotros la llamáis Deméter—asintió, respetuosamente hacia el dios—. Mi señor Baco, ¿se acuerda de mí? Le ayudé con el leopardo perdido en Sonoma.
Bacus se rascó la perilla.
—Ah, sí. John Green.
-Nop sr. D, se ha equivocado-dice Will sonriendo-John Green es en realidad un hermano mío….bueno medio hermano
-Creí que era un hijo de Atenea-murmuro pensativa Thalía
-Si lees el libro es un hijo de mi padre, ese afloro de sentimientos son una prueba contundente.
Apolo sonrío desde su sitio. La mayoría de sus hijos optaban por ser pintores o músicos. Muy pocos exploraban su vena creativa en la literatura. Pero cuando lo hacían eran los mejores.
—Jason Grace.
—Lo que sea —dijo el dios—¿Te ha enviado Ceres?
—No, señor Baco —dijo Jasón—. ¿Esperaba encontrarse con ella aquí?
El dios resopló.
—Bueno, no he venido a Kansas de fiesta, chico. Ceres me ha citado aquí para un consejo de guerra. Con Gea levantándose, los cultivos están revoltosos. Las sequías se extienden. Los karpoi se han rebelado. Incluso mis uvas no están seguras. Ceres quiere un frente unido en la guerra contra las plantas.
-Si nos estamos reunión para eso, es porqué la situación es más seria de lo que pensamos-señalo Deméter
—La guerra contra las plantas —dijo Percy—. ¿Vas a armar a tus pequeñas uvas con unos rifles de asalto en miniatura?
El dios entrecerró los ojos.
—¿Nos hemos conocido antes?
—En el Campamento Mestizo —dijo Percy—. Yo te conozco como señor D, Dionisio.
—¡AGH! —Baco se estremeció y apretó sus manos contra sus sienes. Durante un segundo, su imagen parpadeó. Piper vio una persona distinta: más regordete, más alto y con una camisa de leopardos. Entonces Baco volvió a ser Baco
—. ¡Detente!—pidió—. ¡Deja de pensar en mi forma griega!
Percy parpadeó.
—Eh, pero…
—¿Tienes idea de lo difícil que cuesta estar centrado? ¡Tengo dolores de cabeza todo el rato! ¡Nunca sé qué estoy haciendo o dónde estoy! ¡Siempre estoy de malhumor!
—Eso suena muy normal en ti —dijo Percy.
Dionisio no comentaba nada, pero miraba incrédulo el libro. Los demás dioses también lo hacían aunque escondían una ligera sonrisa.
Al dios se le abrieron las aletas de la nariz. Una de las hojas de viña ardió.
—Si nos conocemos del otro campamento, no sé por qué aún no te he convertido en un delfín.
—Ha sido discutido —le aseguró Percy—. Creo que te dio demasiada pereza hacerlo.
-Pero, eso es una total falta de respeto-señalo Octavio sin poder creer que alguien se dirigiera a un dios de esa forma-aunque no me sorprende después de ver que tuvo un comportamiento igual con Marte
-Si tuvo un comportamiento igual con Marte y sigue vivo, es porque debe haberse ganado ese derecho-señalo un pensativo Ares.
-Cuando se vieron era como ver a un par de viejos amigos intercambiando palabras-menciono Frank con timidez
Will sonrió levemente ante eso, Clarisse iba amar escuchar que su padre trato a Percy como aun viejo amigo.
Piper había estado observando con una fascinación aterrorizada, igual que habría visto un accidente de coche. Ahora se daba cuenta de que Percy no estaba poniendo las cosas mejor, y Annabeth no estaba allí para controlarle. Piper se preguntó si su amiga le podría perdonar si traía a su novio convertido en un mamífero marino.
-No tienes que preocuparte-dijo Thalía-el sr. D siempre está amenazando a Percy con convertirlo en un delfín.
—¡Señor Baco! —interrumpió, bajando de la espalda de Tempestad.
—Piper, cuidado —dijo Jasón.
Le lanzó una mirada tranquilizadora: Lo tengo controlado.
—Discúlpeme por molestarle, mi señor —le dijo al dios—, pero de hecho hemos venido aquí en busca de su consejo. Por favor, necesitamos de su sabiduría.
Usó su tono más agradable, añadiendo respeto a su hechizo oral. El dios frunció el ceño, pero el brillo morado de sus ojos desapareció.
—Hablas muy bien, chica. ¿Consejo, eh? Muy bien. Intentad evitar los karaokes. Ah, y las fiestas temáticas ya están pasadas de moda. En tiempos más austeros, la gente busca un guateque más sencillo y de baja categoría con aperitivos locales producidos orgánicamente y…
—No sobre fiestas —le interrumpió Piper—. Aunque es un consejo increíblemente útil, señor Baco. Esperábamos que nos ayudara con nuestra misión.
Le habló del Argo II y de su viaje para detener a los gigantes que despertarían a Gea. Le dijo lo que Némesis había dicho: que en seis días, Roma sería destruida. Describió la visión en su cuchillo, dónde Baco le ofrecía a ella una copa de plata.
—¿Copa de plata? —el dios no parecía muy emocionado. Agarró una Pepsi sin azúcar de la nada y apretó la chapa de la lata.
—Tú bebes Coca Cola sin azúcar —dijo Percy.
—No sé de qué me estás hablando —le espetó Baco—. Y en cuanto a tu visión sobre mi copa, jovencita, no tengo nada para beber a no ser que quieras una Pepsi. Júpiter me ha puesto bajo órdenes estrictas el evitar dar vino a los menores, por alguna razón que desconozco. En cuanto a los gigantes, les conozco bien. Yo luche en la primera Gigantomaquia, ya sabéis.
—¿Puedes luchar? —preguntó Percy.
Poseidón soltó un suspiro frustrado. Su hijo iba a conseguir que lo maten…pero, Dionisio no suele tener mucha paciencia ¿por qué aún no ha maldecido a Percy?
Piper deseó que no hubiera sonado tan incrédulo. Dionisos gruñó. Su Pepsi sin azúcar se convirtió en un cayado de dos metros rodeado de hiedra y en la punta había una piña.
—¡Un tirso! —dijo Piper, esperando distraer la atención del dios antes de que lo usará contra Percy. Había visto armas como aquella en manos de unas ninfas alocadas, y no estaba demasiado emocionada por volverlas a ver, pero intentó sonar impresionada—. Oh, ¡menuda arma poderosa!
-Es curioso, la interrupción de mi hija no te abría parado de darle un pequeño golpe al hijo de Poseidón-menciono una pensativa Afrodita
-Por qué aun no lo has atacado-pregunto Deméter
-Estoy tan sorprendido como ustedes-dijo Dionisio sin poder creer que estaba tolerando mesa falta de respeto
—Pues claro —coincidió Baco—. Me alegro de que alguien en vuestro grupo sea listo. ¡La piña como fruto del pino es un arma terrible de destrucción! Yo mismo era un semidiós durante la primera Gigantomaquia, ya sabéis. ¡El hijo de Júpiter!
Jasón se estremeció. Probablemente no estaba demasiado emocionado de recordar que el Tipo del Vino era técnicamente su hermano mayor. Baco zarandeó su tirso por el aire, aunque su barriga casi le hizo perder el equilibro.
-Eh chico deberías acostumbrarte a que la mayoría de los inmortales son tus hermanos. Aquí mismo tienes a Atenea, Ares, Apolo, Artemisa, Hermes, Hefestos y por supuesto a Dionisio-comento Hades
-Hey -exclamo Leo -eso significa que eres una especie de Tío para Will, Frank y yo
Jasón gimió con pesar al darse cuenta de eso. Estaba agradecido con que Afrodita no fuera hija de su padre, sino le parecería muy raro estar con Piper.
—Por supuesto eso fue tiempo antes de que yo inventara el vino y me convirtiera en inmortal. Luché lado a lado con los dioses y otro semidiós… llamado… Harry Cleese, creo.
—¿Heracles? —sugirió Piper, educadamente.
Ni Artemisa ni Thalía pudieron evitar gruñir ante el nombre del viejo hijo de Zeus. Piper se preguntó sobre que opinarían cuando supieran que lo conocieron.
—Lo que sea —dijo Baco—. De todas formas, maté al gigante Efialtes y a su hermano Otis. Unos groseros horribles, esos dos. ¡Golpe de piña en su cara para los dos!
Piper aguantó la respiración. De golpe, varias ideas se le vinieron a la cabeza: las visiones del cuchillo, los versos de la profecía que habían estado discutiendo la noche anterior… Se sintió como cuando hacía submarinismo con su padre, y se sacaba la máscara al salir del agua. De repente, todo se hizo más claro.
—Señor Baco —dijo, intentando controlar el nerviosismo de su voz—. Esos dos gigantes, Efialtes y Otis… ¿podría ser que fueran gemelos?
—¿Eh? —el dios parecía distraído con su zarandeo de tirso, pero asintió—. Sí, gemelos. Eso es.
Piper se giró hacia Jasón. Sabía que le estaba leyendo el pensamiento: "Los gemelos sofocan el aliento del ángel".
En la hoja de Katoptris había visto a dos gigantes con ropas amarillas, subiendo una vasija de un pozo profundo.
—Es eso por lo que estamos aquí —le dijo Piper al dios—. ¡Es parte de nuestra misión!
Baco frunció el ceño.
—Lo siento, jovencita. Ya no soy un semidiós. No hago misiones.
—Pero los gigantes sólo pueden ser matados por un héroe y un dios trabajando juntos —insistió—. Ahora usted es un dios, y los dos gigantes con los que tenemos que luchar son Efialtes y Otis. Creo… creo que nos están esperando en Roma. Van a destruir la ciudad de alguna manera. La copa de plata que vi en mi visión, quizá signifique un símbolo de su ayuda. ¡Tiene que ayudarnos a matar a los gigantes!
Baco se la quedó mirando, y Piper se dio cuenta de que había escogido las palabras pobremente.
—Jovencita —dijo, fríamente—. No estoy obligado a hacer nada. Además, yo sólo ayudo a aquellos a los que me rinden honores, algo que nadie ha intentado en varios, varios siglos.
-mmm …bastante extraño -murmuro Dionisio-permití que el hijo de Poseidón me hable como se le dio la gana, pero no estoy dejando a la hija de Afrodita hacerlo
Dionisio no sabía que pensar. Ahora entendía que si los ayudo fue porque de alguna forma le agradaba el hijo de Poseidón. El porqué era un misterio. Pero debía ser un buen motivo.
Blackjack relinchó, incómodo. Piper no le culpó. A ella tampoco le sonaba cómo sonaba aquello de "rendirle honores". Recordó las ménades, las seguidoras locas de Baco, que hacían pedazos a los herejes con sus manos desnudas. Y aquello era cuando estaban de buen humor.
Percy dijo en voz alta la pregunta que estaba demasiado asustada para realizar:
—¿Qué tipo de honores?
Baco agitó su mano, quitándole importancia.
—Nada que puedas manejar, griego insolente. Pero os daré un consejo gratuito, ya que esta chica tiene unos pocos modales. Buscad al hijo de Gea, Forcis. Siempre ha odiado a su madre, no le culpo. Tampoco no es que adorara a los gemelos. Le encontraréis en la ciudad que bautizaron en honor a aquella heroína… Atalanta.
Piper vaciló.
—¿Habla de Atlanta?
—Esa.
—Pero este Forcis —dijo Jasón—. ¿Es un gigante? ¿Un titán?
-Peor-aseguro Frank-dirige un acuario
Todos los presentes miraron incrédulos al hijo de Marte. Ares comenzó a pensar que había una razón justificada para que todo el mundo pensara cosas raras sobre su hijo.
Baco rió.
—Nada de eso. Buscad por el agua salada.
—¿Agua salada? —dijo Percy—. ¿En Atlanta?
—Sí—dijo Baco—. ¿Eres duro de oído? Si alguien puede daros un consejo acerca de Gea y los gemelos, ese es Forcis. Id a buscarle.
—¿A qué se refiere? —preguntó Jasón.
El dios miró el sol, que ya estaba en lo alto, marcando el mediodía.
—Es raro en Ceres que llegue tarde, a no ser que haya notado algo peligroso en la zona. O…—la cara del dios empalideció de golpe—. O una trampa. ¡Bueno, será mejor que me vaya! ¡Y si yo fuera vosotros, haría lo mismo!
—¡Señor Baco, espere! —protestó Jasón.
El dios parpadeó y desapareció con el sonido de una lata de refresco siendo abierta. El viento soplaba entre los girasoles. Los caballos se removieron, agitados. A pesar del día seco y caluroso que hacía, Piper se estremeció. Una sensación fría…Annabeth y Leo habían descrito aquella sensación…
Los dioses miraron preocupados a Jasón y a Piper.
—Baco tiene razón —dijo—. Tenemos que marcharnos…
—Demasiado tarde —dijo una voz durmiente, susurrando por entre los campos a su alrededor y resonando por el suelo bajo los pies de Piper.
Percy y Jasón sacaron sus espadas. Piper estaba de pie en la carretera entre ellos dos, congelada de miedo. El poder de Gea estaba, repentinamente, en todas partes. Los girasoles se giraron de golpe para mirarles a ellos. El trigo se doblegó hacia ellos como si fueran millones de hojas afiladas.
-Demasiado tiempo en la tierra-mascullo un serio Apolo-ya no tienen escapatoria.
—Bienvenidos a mi fiesta —murmuró Gea. Su voz recordaba a Piper al trigo creciendo: un ruido crujiente, silencioso y persistente que estaba acostumbrada a escuchar en casa del abuelo Tom en aquellas noches silenciosas en Oklahoma.
—¿Qué ha dicho Baco? —murmuró la diosa—. ¿Un guateque sencillo y de baja categoría con aperitivos orgánicos? Sí, en cuanto a mis aperitivos. Sólo necesito dos: la sangre de una semidiosa y la de un semidiós. Piper, cielo, escoge qué héroe morirá contigo.
—¡Gea! —gritó Jasón—. ¡Deja de esconderte entre el trigo! ¡Muéstrate!
—Qué valiente —siseó Gea—. Pero el otro, Percy Jackson, también tiene valor. Escoge, Piper McLean o lo haré yo.
Los semidioses miraron expectantes a Piper, como si esperaran que dijera a quien había escogido.
El corazón de Piper se aceleró. Gea quería matarla. No era nada sorprendente. ¿Pero qué era aquello de escoger entre los dos chicos? ¿Por qué dejaría a uno de ellos vivir? Tenía que ser una trampa.
—¡Estás loca! —gritó ella—. ¡No voy a escoger nada por ti!
De repente Jasón tosió. Se removió en su silla de montar.
—¡Jasón! —gritó Piper—. ¿Qué pasa…?
La miró, con su expresión mortalmente calmada. Sus ojos no eran azules. Brillaban con oro sólido.
Thalía reprimió un grito rogando que no sea como la última vez…no soportaría que a su hermano le pasara lo mismo que a él…lo mismo que a Luke
—¡Percy, ayuda! —Piper se apartó de Tempestad.
Pero Percy se apartó de ella. Se detuvo a cinco metros e hizo girar a su Pegaso. Alzó su espada y apuntó hacia Jasón.
—Uno morirá —dijo Percy, pero no era su voz. Era profunda y hueca, como alguien susurrando desde el fondo de un cañón.
-No-susurro aterrada Thalía
—Yo escogeré —respondió Jasón, con la misma voz hueca.
-No otra vez no-Thalía estaba temblando de miedo.
Poseidón suavemente la calmo para que Hestia pudiera continuar.
—¡No! —gritó Piper.
A su alrededor, los campos crujían y siseaban, riendo con la voz de Gea mientras Percy y Jasón cargaban el uno al otro, con las armas preparadas.
-Eso es todo-murmuro preocupada la diosa del hogar
-¡QUÉ! ¿y la pelea?-se quejó Ares -YO quiero leer el siguiente
-Tú ya leíste Ares -señalo Hermes
-Es una batalla MI dominio, así que YO leo
-No podemos andar apropiándonos de los capítulos solo por conveniencia -dijo Apolo
-La tía Deméter se ha pedido el siguiente capítulo de Leo, yo quiero este
-Hestia, dale el libro a Ares antes de que haga una rabieta-dijo un divertido Poseidón al ver la amplia sonrisa de Ares al recibir el libro
En eso una luz blanca apareció en medio de la sala. Cuando la luz se desvaneció pudieron ver a una chica pelirroja con grandes ojos verdes y pecas en la cara. Traía un polo verde que decía "Una profecía un nuevo fin del mundo", su jean estaba roto y lleno de barro con restos de pinturas. Parecía estar sorprendida. A diferencia de los otros, ella se dio cuenta en instante de donde se encontraba. Con rapidez hizo una leve inclinación ante Zeus para luego correr al trono de Apolo. Solo que antes de llegar se vio envuelta en un fuerte abrazo
-¡Rachel!-exclamo Will mientras la abrazaba con más fuerza-estás bien, no sabes lo preocupado que estaba
-Will -lo calmo la pelirroja-Estoy bien, déjame ir a inclinarme frente a tu padre para que me diga el por qué me ha invocado aquí
-RACHEL -chillo el hijo de Hades a la par que apartaba a Will de ella
-¿Nico? ¡Oh dioses, están bien!-rápidamente Rachel estudio al hijo de Hades en busca de alguna lesión
Will gruño molesto al darse cuenta que toda la atención de la oráculo estaba en el hijo de Hades quien por cierto le sonría de forma socarrona como diciendo "mira ella me presta más atención a mi"
-Así que tú eres la nueva oráculo-menciono Apolo divertido por las muecas de su hijo
-¿Nueva oráculo?-pregunto extrañada-señor Apolo por qué…
Rachel corto todo lo que iba a decir al darse cuenta de quien estaba sentado junto al dios. Ella aun podía recordar su mirada de odio y su voz maliciosa cuando ordeno que la mataran. Asustada se escondió detrás de Will.
Will miro la reacción de Rachel y rápidamente apunto a Octavio con su arco y flecha. Nico también amenazaba al augur con su espada.
-Hey muchachos bajen sus armas-dijo Apolo-mi estimada niña, los Destinos te han traído en un viaje en el tiempo. Los tres grandes estaban por realizar un juramento para no tener más hijos debido a una profecía. Pero algo ha pasado en el futuro que no le ha gustado a los Destinos y por eso te han mandado junto a estos otros semidioses para leer un libro
-¿Un libro?-pregunto Rachel
-Correcto, un libro llamado la Marca de Atenea
Rachel abrió los ojos en comprensión. Sus visiones, la moneda y la estatua que había visto en sus sueños. El peligro en el que estaba Nico. Los dos gigantes gemelos. Un gigante con una extraña mascara. Leo y una galleta de la fortuna junto con una especie de pelota extraña. Percy y Annabeth cayendo…
-Señor Apolo, podría mostrarme todo lo que ha pasado desde que llego el libro
Apolo le sonrió a su oráculo antes de colocar su mano sobre ella. Suavemente emitió un brillo, permitiéndole ver todo lo ocurrido desde la aparición de los Destinos.
-Gracias-susurro Rachel con un brillo extraño en los ojos
Ella pudo verlo. Supo la razón verdadera de los Destinos. Sabía lo que querían y se alegraba de que le dieran la oportunidad de poder verlo…de ver el orden nuevamente restaurado, la balanza equilibrada…la forma en la que siempre debió ser…
P&A
Holas!
Ya fueron a ver "Titanes del Pacifico" está sumamente buena la película y no pude evitar pensar que todo sería mucho más rápido si Percy rebanara a los monstruos con su amada pluma y que los hijos de Hefestos hicieron un gran trabajo con la construcción de esas súper maquinas ˆ-ˆ
Bueno espero que este capítulo les haya gustado. En el siguiente aparecerá Clarisse junto con Reyna y bueno su llegada desatara ciertas cosas, no diré más tendrán que esperar al siguiente cap. Para ver o leer de que hablo. Estaré esperando sus comentarios
mmm…me han estado preguntado si traeré a Percy y Annabeth a la historia, podría decir que si…pero estaría mintiendo y mentir es malo ˆ-ˆ La verdad es que no van a aparecer (espero que eso no les impida seguir leyendo) Cuando se me ocurrió hacer esta historia, desde un inicio pensé que incluso para los Destinos debe ser difícil influenciar en la energía del Tártaro para sacarlos y llevarlos al pasado. Además el propósito de la lectura es que las cosas cambien, si Annabeth y Percy aparecieran (además de que sería injusto sacarlos del Tártaro para después regresarlos) no causaría la misma desesperación que podrían tener los dioses ante todo lo que pasan como la tendrán si no los ven.
Byebye
No se olviden de comentar ˆoˆ
PD: Procurare actualizar un capitulo por semana, si tengo suerte serán dos :D
