N/A: no sé que ha ocurrido. Creo que no pensaba continuarla nunca más, pero me ha entrado la nostalgia y me he pasado por aquí. La verdad es que esta historia la empecé a escribir cuando todavía era muy joven y mi forma de expresarme era bastante inmadura. Aunque no he mejorado lo suficiente, ni nunca tendré el carisma y la soltura de mucha gente que escribe aquí. Yo sé que no valgo para esto, pero al leer los reviews y ver que todavía seguís esperando, he decidido hacer un esfuerzo, y escribir un adelanto aunque sea. De verdad, muchas gracias a los que no han dado esta historia por perdida, gracias a vosotros he encontrado la fuerza necesaria para escribir, espero no defraudarles.
Disclaimer: esta claro que los personajes de Inuyasha no me pertenecen y que esta historia no tiene ningún fin lucrativo.
CAPÍTULO 9: ¡JEFE! ¡UNA DE REVUELTO DE GENTE Y DESASTRE COMPLETO!
-Será mejor que te apures si no quieres quedarte hasta las tantas fregando platos.
Y ahí estaba ella, puesta de delantal y con la cara llena de hollín por el humo de los fogones. Sí, queridos lectores, Rin estaba en el mismo restaurante en el cual había sucedido el trágico incidente que deben recordar de anteriores capítulos (y si no lo recuerdan, les recomiendo que lo lean un poco por encima). En realidad Sesshomaru había prometido al dueño del local arreglar todos los gastos generados por Rin, y la manera de pagarlo era que ella trabajase durante un mes entero sin cobrar sueldo alguno. Rin pensó que era la chica con peor suerte del mundo.
Observó una vez más la montaña de platos que se amontonaba en el fregadero y suspiró abatida mientras intentaba no echarse a llorar. De repente, un ruido estrepitoso alarmó a todos los trabajadores. Al girarse, vio una bandeja tirada en el suelo, con un montón de comida esparcida y a un doloroso camarero sujetándose la pierna.
-¿Qué está pasando aquí?
Midoriko, la encargada del restaurante, entró apresuradamente por la puerta corrediza y adivinó lo que había ocurrido. Se apresuró a levantar al pobre camarero con ayuda de otro de sus empleados y miró en derredor buscando solución a su problema, ya que el bar estaba a rebosar de clientela y no podían permitirse el lujo de ir faltos de camareros.
-Oye tú, la chica morena de la coleta.
Rin ladeó la cabeza hacia ambos lados, pero a su alrededor no había nadie más excepto ella.
-¿Quién, yo?- preguntó un poco escéptica.
-Sí, ¿tienes experiencia en hostelería?
La joven negó con la cabeza, pero no le sirvió de nada, porque Midoriko ya estaba sacando un traje de repuesto en el almacén. Le dio exactamente dos minutos para ataviarse con el atuendo y acostumbrarse a la bandeja, cosa que le resultó más difícil de lo que parecía a simple vista. Prácticamente la empujó hacia el enorme salón. Quiso no marearse, pero no pudo evitarlo al ver el enorme jolgorio y alboroto que en la sala reinaba. Los camareros iban y venían como si fueran unos auténticos posesos, pasaban por su lado casi que sin verla y recogían cantidades de platos que a ella le parecían inhumanos. Tras unos momentos de vacilación se dirigió hacia una mesa donde la llamaban con la mano. Era una mujer mayor, ataviada con un vestido estrambótico, unas gafas de montura demasiado vistosas y una mano demasiado cargada de anillos, los cuales tenían unos pedruscos enormes incrustados. Enfrente, sentado en una especie de trono, había un enorme gato persa de color gris que se relamía las patas. ¿Gatos? ¿Desde cuando dejan entrar gatos a los restaurantes? Rin pensó que debía ser una especie de cliente vip.
-Desea algo señora- habló lo más formal que pudo, dadas las circunstancias.
-Quiero el plato más caro de la casa, el vino más caro de la casa y el postre más caro de la casa- el tono utilizado por la vieja era bastante condescendiente, pero Rin intentó ignorarlo-. Y para Misifú tráele el pescado más caro y el caviar más caro. ¡Ah! Dile a Midoriko que le de su paté especial de la casa, ese que compra especialmente para Misifú.
Supuso que Misifú era el gato, y también dedujo que evidentemente la mujer debía ser una especie de clienta muuuuuuuuuuuy rica. No quiso replicar y se dirigió hacia la cocina, pera durante el trayecto, un hombre vestido de traje y con el pelo demasiado engominado la obligó a detenerse.
-Perdone señorita, pero yo he pedido un solomillo de carne, no un entrecot. Existe una sutil diferencia, ¿sabe? El solomillo de la casa tiene copos de almendras que le dan un sabor y aroma característicos.
-Disculpe señor, enseguida se lo arreglo.
El hombre se giró para seguir la conversación con los otros comensales. Tenía toda la pinta de ser una cena de empresa. Antes de que pudiera siquiera pensar en ir a la cocina con todo lo que le habían mandado, un hombre joven la llamó. Su compañera se había ido un momento a empolvarse la nariz.
-Oiga, necesito un favor- el joven sacó un reluciente anillo de compromiso delante de su cara-. Voy a pedirle a mi novia que se case conmigo, me gustaría que pusiera este anillo dentro del soufflé de vainilla que he pedido, para que lo descubra, y poder hacerle la gran pregunta.
Ella sencillamente asintió. Recapituló todo lo que le habían pedido e intentó ordenar sus ideas, pero antes de que pudiera, un matrimonio con hijos la paró en seco.
-Camarera, por favor, los chiquillos están insoportables- cosa que era cierta, el niño estaba tirando de las coletas de su hermana, mientras la niña lloraba y se tragaba los mocos-. Traiga un pastel de chocolate, pero avise al maitre y dígale que no se le ocurra poner ni una sola almendra, Kyouya es alérgico, de hecho el médico ha dicho que controlemos mucho todas las comidas que hace al día.
Al final, después de todos los recados, consiguió llegar hasta la cocina y mandar al cocinero los pedidos. Tardaron menos tiempo del esperado en prepararlo todo. Luego fue a las respectivas mesas y dejó los consiguientes platos. Rin estaba muy satisfecha por el trabajo, suspiró largamente y se dio media vuelta para ponerse delante de la puerta y observar si algún cliente necesitaba alguna cosa más. Pero antes de que cantase victoria, oyó una fuerte exclamación:
-¿¡Pero qué es esto? ¿Es una broma pesada?- el hombre trajeado se levantaba de la mesa mientras se limpiaba con una servilleta los restos de comida-. He pedido un solomillo de carne, uno bien sazonado, ¿y qué me encuentro? Una birria con sabor dulzón… ¡Si hasta parece pastel de chocolate!
-¡Agh! ¿Qué es esto? ¡Sabe como a mil demonios!– la novia del hombre joven imitó al empresario-. ¿Por qué me has pedido esto Sasuke? ¡No tiene gracia! ¡Dijiste que me gustaría! ¡Dijiste que era una sorpresa!
Sasuke miraba a Rin buscando una respuesta, pero ella estaba demasiado consternada para decir nada, y antes de que pudiera atar cabos, un gritito de espanto llenó la sala.
-¡Misifú! ¿Qué le pasa a mi Misifú?
La vieja ricachona se tapaba la boca con las manos mientras sollozaba al ver a su Misifú tosiendo desesperadamente por escupir algo que le obstruía el esófago. Entonces Rin supo todo lo que había pasado. Lo primero que hizo fue acercarse a la pareja de enamorados y quitarle el plato a la joven.
-Lo siento mucho, esto era para el gato.
Estaba tan nerviosa que lo dijo sin pensar en las consecuencias. De hecho, se dio cuenta de lo que había dicho cuando la mujer empezó a vomitar.
-¿Me has dado comida para gatos? ¡Te odio Sasuke!
Corrió a toda prisa hacia la salida, intentando contener la angustia. Su novio la siguió, no sin antes decirle a Rin con sarcasmo:
-Muchas gracias.
-¡Misifú! ¡Ayuden a mi Misifú!
-¡Quiero la hoja de reclamaciones! ¡Necesito una hoja de reclamaciones para quejarme sobre el solomillo!
Rin optó por lo prioritario, que era salvar al pobre gato de morir asfixiado, pero cuando iba a acudir al rescate del felino, escuchó otro grito de alarma:
-¡Socorro! ¡Llamen a la ambulancia! ¡Mi hijo se muere!
La clientela entera se volcó aterrada sobre el matrimonio con hijos. El padre mantenía a su hijo erguido, pero éste se había desmayado y tenía la cara tan hinchada que parecía un globo apunto de estallar. Alguien gritó que era médico y se dirigió raudo en su ayuda.
-¿Dónde está el dueño? ¡Quiero hablar con el dueño! ¡O con el encargado!
-¡Misifú! Por favor, Misifú se muere.
Fue entonces cuando Rin reaccionó y corrió hacia la señora mayor. Cogió al gato por la panza y comenzó a presionar sobre ella. El enorme persa gris empezó a maullar, pero seguía sin escupir el objeto. Se le ocurrió (no sabemos por qué razones) estirar la cola del gato hasta no ceder más, y el anillo salió disparado de su boca a presión. Se estrelló contra el ojo derecho del empresario que todavía se estaba quejando. El impacto fue tal, que el hombre se desplomó encima de la mesa, haciendo de catapulta para el pastel de chocolate, que cayó desgraciadamente, en la cabeza de Midoriko, que había salido al escuchar todo el revuelo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
-¿Así qué te van hacer fregar platos durante un año entero?
El señor Sesshomaru había ido expresamente a recogerla. Ella ni siquiera le contestó, ni rechistó, ni se quejó al ver el culpable de todas sus pesadillas regodearse en su desgracia.
-No se puede ser más tonta.
Ella lo fulminó con la mirada.
-¿Y bien? Me prometiste que me devolverías mi diario- cuestionó desafiante.
Iba caminando delante de Rin, pero no se giró para verla, solo la observó de reojo. Le lanzó el cuaderno por encima del hombro. Rin lo atrapó al vuelo.
-¿Y ya está? ¿Me lo devuelves así, sin más?
No paró para contestarle. De hecho, ni siquiera le contestó. Siguió caminando, como si nada hubiera pasado.
-¡Ah, claro! ¿Esperas que me lo trague otra vez, no? Seguro que en el diario pone tonta. ¿Pero sabes qué? Esta vez no voy a picar.
Justo en ese momento pasaban por un puente, y Rin tuvo la genialidad de tirar el diario por la barandilla. Sesshomaru ni se inmutó, pero no pudo evitar hacer amago de una sonrisa maliciosa.
-Es una lástima- pronunció solemne-, porque ese SÍ era el diario de verdad.
Ella se detuvo horrorizada. Tenía que ser mentira, no podía ser cierto.
-Me tomas el pelo, como siempre.
-Piensa lo que quieras, pero no quiero imaginar que haría tu hermana si por casualidad encontrase ese diario, y leyera lo mismo que yo.
Rin se asomó preocupada por el puente. Se escuchaban las aguas turbias del cauce de un río, seguramente desembocaba en la costa.
¿Qué probabilidades había de que el diario cayera en manos de Kagome?
Continuará…
N/A: ha sido cortito, pero más vale poco que nada y más vale tarde que nunca. Ya saben, la esperanza es lo último que se pierde. En realidad solo ha sido un adelanto, espero poder retomar la historia con más entusiasmo si ustedes todavía siguen ahí. Gracias a todos los que no os habéis olvidado de mí, gracias por el cariño y los ánimos a pesar de todo, y ya no sé que más agradeceros, porque no hay palabras suficientes para expresar mi gratitud.
Siempre vuestra
R.R
