Disclaimer: Nada de esto es mío, ni los personajes ni la trama.
Nota del autor: Mil disculpas sé qué llego una vida después a actualizar pero entre a la universidad y ahora sí ha estado esto de locos.
MATAR A TODOS.
La niña rubia miró fijamente al cadáver que se encontraba frente a ella, la adrenalina pasó y sintió un profundo dolor en su brazo, detrás de ella la figura de un hombre en la oscuridad la veía con admiración, grandes ojos rojos observando a la esbelta figura que se erguía frente al enemigo derrotado, cabello rubio ondeante, ojos azules temerarios, semblante impasible.
— Mi maestra.
Aquellas palabras hicieron que la niña saliera de su estupor dando un respingo, parpadeó un par de veces y salió de aquella celda sin mirar atrás, se dirigió con paso firme a la parte alta de la mansión, sólo tenía un pensamiento en mente Padre se repetía a sí misma avanzando rápidamente, pronto llego al tercer piso, se detuvo frente a un par de amplias puertas de cedro, la familiaridad de haber estado ahí tantas veces la acompañaba, tras una pequeña pausa abrió las pesadas puertas prendiendo las luces de la habitación a la vez; estaba vacía.
La niña entró al cuarto, observó todo a detalle olía a madera, tabaco y perfume fino, el cuarto estaba igual pero aquella familiaridad con el lugar la había abandonado, su padre no estaba ahí, caminó lentamente por el amplio espacio hasta llegar al costado de la cama, se sentó tranquilamente y se puso a llorar.
Alucard no sabía si su presencia o presentación habían ofendido a la pequeña Hellsing que había abandonado la celda sin prestarle atención, él estaba feliz de conocerla, ella se había marchado sin mirar atrás. Estaba mal esperar algo más de un Hellsing, después de todo eran criaturas orgullosas y frías, el hecho de que fuera mujer no cambiaba nada; si bien podía decir con seguridad que de todos los Hellsing que había conocido ella era la que le recordaba más a Abraham con tan sólo minutos de haberla conocido, en el fondo de esas orbes azules estaba exactamente la misma determinación del hombre que lo había derrotado siglos atrás, los demás Hellsing también eran determinados pero no hacían su sangre hervir de pasión por la causa como aquella niña rubia de carácter de acero, podía escuchar sus pasos alejarse su andar era como el de su padre, firme. Escucho como entro en la habitación de Arthur y la escucho llorar, su muerto corazón palpitó por primera vez en años, y sintió un profundo dolor.
La ironía de ese preciso momento residía en que a pesar de tantos siglos deambulando por la tierra y creer que ya lo tenía todo descifrado, justo en ese momento no sabía qué hacer, quería subir y consolar a su ama (su ama? Desde cuándo le llamaba ama? Se había vendido muy rápido a esos bonitos ojos azules, maldita sea) pero sabía que lo que tuviera qué decir no caería bien a su cabeza, Debo llamar a alguien, así, se materializo en un cuarto de la casa cuando por fin hubo terminado se apoyó en una silla, maldita sea tendría que acostumbrarse de nuevo a no marearse cuando hiciera eso, tomó la libreta de direcciones telefónicas y marcó a la primera persona que vino a su mente.
Walter se encontraba viendo la tv en su casa había sido un día muy pesado arreglando actas de defunción y ordenes de la reina para preparar a Integra para su involuntaria sucesión cuando el teléfono sonó, pensó en no contestar pero la idea de que fuera Integra lo convenció de lo contrario.
— Sí, diga.
—Walter…
Walter parpadeo un par de veces sorprendido por el barítono que había hablado desde el otro recibidor, uno que no esperaba escuchar por el resto de su vida, acaso sus oídos lo engañaban, sería quién él estaba pensando Imposible se dijo a sí mismo tratando de negarse a la idea de la fatalidad que de todos modos se arrastró hasta ocupar un lugar en su pensamiento Dios por favor no, qué nada malo haya pasado, qué Integra esté bien, si algo había aprendido en servicio era que si se veía como pato, caminaba y cuackeaba como pato es que era un pato.
— Alucard, eres tú? Dónde está Integra? Qué…
— Richard está muerto – y con eso cortó la llamada, dejando a Walter con la cara desencajada y muy evidente desconcierto.
Sir Islands manejaba rápidamente esperando lo peor, por qué habían despertado al monstruo, se habría aprovechado y matado a la hija de Arthur ya? Era imposible se suponía que aquella criatura jamás podría dañar a un Hellsing se suponía, ya estaba dormido cuando una de las mucamas fue a tocar despertándolos a su esposa y a él, en cuanto recibió la noticia había salido de casa, ni siquiera la pijama se había quitado, era indescriptible el semblante de miedo de su esposa cuando le informó de la situación "Por favor no vayas" habían sido sus palabras, producto de un miedo justificado a la bestia que encerraban las puertas de la mansión Hellsing, después de todo Sir Hugh Islands no era un Hellsing y era bien sabido que el monstruo estaba loco, era completamente inestable mentalmente, podía matar a alguien si así le daban ganas en segundos; pero no había opción jamás dejaría a la hija, el tesoro más preciado de su amigo en manos de ese monstruo, se estacionó y entró rápidamente a la mansión, en el recibidor el monstruo yacía sentado, mirada desafiante pero había algo diferente, aquella sonrisa cínica que siempre acompañaba su semblante no estaba ahí.
— Dónde está la niña? – preguntó Sir Islands sin titubear.
— En el cuarto de Arthur, se encuent…
— Calla monstruo, no te he preguntado más – y con esto lo pasó de largo dirigiéndose directamente a las escaleras, Alucard no había apreciado ese gesto, nunca se había llevado particularmente bien con los caballeros de la junta de los 12, pero de todos Islands era el más prepotente de todos, si no fuera porque Arthur le había prohibido hacerle daño años atrás Hugh Islands ya hubiera sufrido un pequeño "Accidente".
La llegada de Walter agitado lo sacó de sus pensamientos, vaya que el hombre había envejecido, lejos estaba ya su guapo camarada de décadas atrás, lo habían reemplazado… por un pasa, ok quizá no una pasa, pero tan bien como él ya no lucía Walter, lo que de cierta manera le dio gusto, había mucha competencia años atrás, todos eran guapos Arthur, Walter hasta Islands (ew, pero solía ser un joven bien parecido siendo sinceros) eran tiempos difíciles.
— Dónde está Integra? – preguntó Walter rápidamente, Integra esto, Integra lo otro; qué acaso a nadie le importaba cómo había dormido LOS ULTIMOS 20 AÑOS?! Pensó el vampiro, luego recordó la situación y se disipó su molestia.
— Arriba – contesto con tono preocupado.
Subieron rápidamente para encontrarse con Sir Islands tocando la puerta insistentemente, al ver a Walter declaró desesperado.
— No abre la puerta, la niña no abre la maldita puerta. Qué le has hecho bastardo! – señaló a Alucard con el dedo índice, mirada encendida; el vampiro rodó los ojos, típico de Islands pensar que él era el culpable, estaba a punto de darle un respuesta de igual tono cuando Walter habló.
— Tranquilos caballeros, esta no es manera de hacer salir a una dama.
— Cómo va a salir si este monstruo la tiene adentro.
— Yo no hice nada ella simplemente se encerró – contestó Alucard a la defensiva.
— Bueno, Einstein, no eres tú el vampiro que atraviesa muros? sácala de ahí – replicó Islands sarcástico.
En medio del alboroto no se dieron cuanta el momento en que Integra abrió la puerta y dejo pasar a Walter, hasta que la puerta se cerró tras de él. Ambos guardaron silencio.
Integra tenía los ojos hinchados y llorosos, la nariz roja y la mirada perdida cuando regresó a la cama con Walter tras ella quien la miraba preocupado.
— Papá ya no está – declaró la niña con voz suave, casi imperceptible, aquellas cuatro palabras rompieron el corazón de Walter, ese día era el primer día que Integra realmente lloraba la muerte de su padre, había tratado de mantenerse fuerte los tres últimos días y vaya que lo había hecho, pero la situación simplemente la había superado, Walter suspiró y le dijo en tono paternal.
— Sí, sí está, está en tu mente y en tu corazón, tú eres él, cada enseñanza, cada vivencia que hayas aprendido de él es cómo Arthur vive en ti y mientras continúes a practicar lo que él te enseñó, él jamás te abandonará. Incluso si te equivocas Integra, eras la luz de sus ojos, Arthur te hubiera perdonado todo, tu padre te amaba.
La niña se echó a los brazos de Walter y lloró, lloró hasta que se quedó dormida.
Prepararon una pequeña unidad para ir a Cheddar, después de todo sólo era un vampiro inexperto, Integra ya sufría un dolor de cabeza de tener que pensar cómo iba a tener que explicar todo de cero a la policía local, cuando llegaron al pueblo vio de lejos a la figura alta vestida de rojo.
Alucard la miró caminar hacia él, lejos había quedado la niña pequeña, frente a él estaba una joven alta y esbelta, piernas torneadas y largas una obra de arte, hubiera sabido Arthur que su hija se iba a poner así y le reforzaba los sellos, pero Arthur lo sabía, por eso esperaba que Integra nunca tuviera que encontrarse con él. Y así era, Integra lo desarmaba, con un cuerpo que a él le parecía simplemente brutal, que sabía que más de uno quisiera tocar, pero de quitarles las ganas se encargaba él, siempre que iban a un baile e Integra conocía personas él se encargaba que del baile no pasara, pocos eran los que se atrevían a invitarla a salir después, pobres pensó para sí mismo, mientras su jefa caminaba con paso firme como una diosa poderosa, sinceramente excitante, como a 20 metros ya podía oler su perfume combinado con el viento nocturno, simplemente exquisito. Era desesperante esto que sentía, ansiaba sentir su cuerpo, sobre todo con los eventos recientes, ideal sería que ella se decidiera de una vez y dejara de perder el tiempo. En la mano un arma, el cabello ondeante, con esa fría mirada que le hacía literalmente latir el corazón, cosa rara que todavía no lograba bien entender; jamás había perdido un caso en toda su dirección de Hellsing, perfecta.
— Mi maestra – le dijo con un tono ronrroneante.
— Alucard – respondió tajante – sabes cuál es tu trabajo busca y destruye, es una orden. Sé que tú no decepcionas a Hellsing.
Alucard hizo una pequeña reverencia y partió, sintiendo la mirada de ella en su espalda, motivándolo. ESTA ES EN VERDAD UNA NOCHE HERMOSA pensó.
La oficial Seras Victoria no estaba exactamente segura de cómo había llegado a ese punto, pero si de algo estaba segura era que de ahí no iba a salir viva, todo había pasado muy rápido, el vampiro, luego el segundo vampiro en atuendo victoriano, luego el disparo, pudo empezar a sentir cómo la vida abandonaba su cuerpo y sólo pensó en su familia, quizás este era el momento, quizá los encontraría otra vez.
Alucard no pudo evitar sentir algo muy parecido a la lástima, sabía que quizá era una mala idea llegar como un niño que recoge un perrito callejero a casa, pero que no Integra justo le acababa de decir que si quería una compañera él se la debía buscar? Eso básicamente podía sonar como permiso si lo confrontaba al respecto, además si la entrenaba bien quizá no se orine adentro de la casa e incluso le podría enseñar a hacer trucos. No se diga más pensó el vampiro.
Integra esperaba fumando su puro cuando vio el Fedora acercarse desde lo lejos, luego lo vio, Alucard traía a alguien en brazos, Integra no pudo evitar sentirse aliviada de que esta vez el vampiro sí hubiera dejado sobrevivientes, le salía muy caro tener que pagar tantos funerales cuando él salía de caza solo.
Cuando el vampiro se acercó Integra le ordenó llevar a la chica a la ambulancia, pero el vampiro sonrió sarcástico La sonrisa sarcástica no es buena, nunca es buena pensó Integra desaprobando.
— No hay nada que salvar porque esta chica policía ya no está viva.
Integra se sorprendió y agregó
— A qué te refieres? No fue mi orden explicita que terminaras con TODOS los vampiros, sirviente?
— En efecto mi ama – dijo Alucard humilde – pero ésta en especial es producto mío. Podemos quedárnosla… por favor?- le pidió suplicante
A Integra no le gustaba nada lo que estaba escuchando, lo que el vampiro quería darle a entender, compuso rápidamente su frío semblante y se limitó a dar una respuesta corta.
— No – respondió firme y se volteó comenzando a caminar al helicóptero.
— Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing – dijo Alucard en voz alta. Integra rodo los ojos y lo volteo a ver desinteresada.
— Cuántas veces te he dicho que no soy un demonio, el hecho de que digas mi nombre completo no tiene ningún efecto real en mí.
— Te hice voltear – añadió sonriendo, Y no nos engañemos te excita un poco pensó Alucard para sí mismo; Integra volvió a rodar los ojos – Maestra usted misma me dijo que si quería un compañero me lo tendría que conseguir yo mismo, pues bien – dijo mirando a la chica policía que yacía en sus brazos – hice mi tarea – terminó con una amplia sonrisa.
Integra estaba lista para dar otra negativa pero sabía que él le daría aún más argumentos, cansada y sin ganas de discutir recordó que últimamente había habido más ataques de vampiros, quizá un segundo Nosferatu en casa no venga tan mal pensó.
— Bien, pero no quiero que orine las alfombras - dijo volteándose a caminar al helicóptero de nuevo; Alucard no pudo evitar reírse con el comentario, sólo Integra y él podían pensar tan similar, era cómo si ella también pudiera leer su mente.
— Fantástico - respondió.
— Dónde hemos de dejar a la nueva inquilina? - preguntó Walter a Integra.
— Llévala a una de las recamaras de visitas sería un shock enorme para ella despertar en un ataúd, mañana que le expliquemos la situación la enviaremos a la mazmorras – respondió subiéndose a su cuarto.
Tras su primera semana de entrenamiento a Seras le quedaba bien claro algo: los pantalones en la casa los llevaba Sir Integra, un ser frío pero justo. Ya la había visto poniendo en su lugar a su maestro por lo menos tres o cuatro veces esa semana
— Podemos darle a la chica policía un cañón? Las perras aman los cañones – dijo su maestro con una sonrisa cínica y burlona.
— Tú eres mi perra y jamás te he dado un cañón, tú también quieres uno? – pregunto Sir Integra fingiendo interés, la sonrisa de su maestro agrandándose.
— Touché – Así era, Integra era la maestra del maestro, la maestra del monstruo; y era justificado Integra aterraba a Seras una vez la había reprimido por hacer un escándalo y ni si quiera había soltado una palabra, una gélida mirada y Seras sabía que debía callar y alejarse de ella lo antes posible antes de que su cabeza saliera volando por la primera ventana que Integra encontrara, la había visto tirar en el cuarto de tiros, su puntería era impecable y no se diga en la esgrima, estaba bien segura que con un corte era capaz de cortar a tres hombres por la mitad no gracias pensó Seras temerosa.
Integra se encontraba en su oficina mirando fijamente a la Mac con las fotos y reportes de los últimos casos frente a ella, alguien estaba creando vampiros, la pregunta era quién y para qué miró al retrato de su padre que tenía frente a su escritorio qué hubieras hecho tú? pensó; se encontraba profundamente concentrada cuando el ambiente del cuarto cambió, prendió otro cigarrillo sin mirar a la figura que se acercaba a ella.
— El objetivo fue neutralizado, mi maestra – dijo el vampiro en tono sensual.
— Bien – fue su corta replica.
— Estoy harto de estos falsos vampiros que se creen conocedores de nuestra raza, me dan asco – dijo Alucard sin preocuparse por ocultar su disgusto.
— Qué tienen de diferente a ti? – le preguntó Integra con una sonrisa maliciosa en el rostro – después de todo son vampiros, monstruos al final, seres indignos y antinaturales.
La cara de Alucard se desencajó y sin preocuparse por esconder su molestia, alzo su mano derecha apuntando al florero que Integra tenía tras su escritorio, sin tocarlo y haciendo uso de sus poderes lo lanzó estrellándolo contra la pared de un costado, todo mientras miraba a Integra retadoramente con intenciones de mostrarle la potencia de su poder, ella no mostró el más mínimo rastro de haberse exaltado; una vez hecho esto Alucard se dio la media vuelta y fue a observar el retrato de Arthur quién con su soberbio semblante le devolvía la mirada, lo que Integra le acababa de decir era lo más Hellsing que le pudiera haber dicho en los últimos meses, ella era perfecta pero la marca de su familia siempre iba a ser la sombra de su relación, fuese la que fuera.
Integra por fin soltó un suspiro y agrego en un tono más neutral.
— Está bien, entiendo, son diferentes – Alucard la volteó a ver, mirada seria y preguntó.
— Te doy asco Ama?
La agarro desprevenida, Integra jamás vio esa pregunta venir. Qué podía decir, después de todo había sido educada para odiar a los vampiros, pero no sinceramente no, jamás podría sentir disgusto por Alucard, ni aunque se lo propusiera; miró el retrato de su padre, qué pensaría él de ella en esta situación, Arthur la miraba con semblante inquisidor, ella jamás decepcionaría a su padre, mucho menos al apellido.
— No preguntes lo obvio – fue su respuesta, Alucard volvió a mirar a Arthur y luego a ella, sonrió y se desapareció. Integra soltó un suspiro que no sabía que había estado reteniendo.
El paladín Alexander Anderson era un hombre de bien, amaba dar su vida a su Dios y servir a los niños, los niños eran el mejor regalo, la inocencia que ellos albergaban era evidencia sólida de la existencia de la divinidad, hoy venían al orfanato a verlo del vaticano, un enviado de Enrico Maxwell.
Qué no se malinterpretara él era un hombre de paz (excepto si se trataba de herejes ellos podían morir de la manera más sanguinaria, pocas cosas le daban tanto gusto), pero claro que extrañaba los viejos días de carnicería matando monstruos con la sección XIII de Iscariote, eran días pasados pero bien recordados, con eso en mente se puso su uniforme y se dispuso a empezar el día.
Integra dispuso a sus dos vampiros para una misión en Irlanda ella tenía que quedarse lidiando con el papeleo, por un momento sintió un poco de envidia, claro que le gustaría salir con ellos a cazar pero la investigación que estaba conduciendo la superaba y era algo que se tenía que hacer.
El paladín estaba medio disfrutando su carnicería, todo le estaba resultando muy fácil Ya no los hacen como antes, qué tristeza pensó para sí mismo, cuando escucho los disparos en el piso de abajo, el perro de Hellsing había llegado, esto se iba a poner divertido.
….
Cuando se encontró con Alucard lo sorprendió su estatura, pocos monstruos eran casi tan altos como él, eso prometía, y vaya que la batalla estuvo pareja hasta que lo decapitó Muy rápido para mi gusto pensó nada mejor que herir y ser herido en batalla un sentimiento placentero y divertido casi indescriptible era una droga para los sentidos, estaba a punto de terminar con la draculina cuando alguien le hizo el amable favor de reducir sus amadas bayonetas a pedazos inservibles de metal, dándose la vuelta para encontrar nada más y nada menos que a la perra Hellsing.
Integra se encontraba molesta, aquí estaba ella preocupándose por Anderson y al que habían hecho polvo era a su vampiro y por poco a Seras por lo menos el Paladín le hace honor a todos sus sobrenombres pensó, si bien Alucard había fallado, aquí estaba ella para darle la vuelta a la situación una vez más, se enfrentaron, el paladín era alto y fuerte, pero ella era rápida, certera y muy inteligente, con un poco de esfuerzo podía darle la vuelta a la situación, frente a frente espada a bayoneta, esta era una lucha que no se permitiría perder.
— Eres un monstruo – bramó Integra al paladín.
— Todos ustedes son demasiado débiles – le respondió Anderson acercándose peligrosamente a ella con toda su fuerza – Decapité al aniquilador del que estás tan orgullosa, lo he matado.
Integra no puso evitar sonreír.
— Qué le has cortado la cabeza? Solamente eso? – preguntó sarcástica sin borrar la sonrisa.
— Qué? – pregunto Anderson sorprendido.
Entonces Seras intervino, no iba a dejar que nada le pasará a su jefa, era su deber salvaguardar la sangre Hellsing con o sin su maestro.
— Suelta a la señora Integra, monstruo! – Exigió la draculina
Anderson soltó una carcajada desquiciada a los intentos inútiles y débiles de la draculina pero le dio poca importancia la persona con la que quería acabar en ese momento estaba a dos centímetros de su cara y planeaba terminar el trabajo, Integra sonrió en respuesta.
—No tienes ninguna oportunidad de ganar, Padre Anderson. Retírate tranquilamente mientras tienes oportunidad.
— Qué tonterías dices? Acabaré con todos ustedes ahora mismo.
— Entonces deberías darte prisa. Si te tomas tu tiempo, aquel al que supuestamente arrancaste la cabeza y asesinaste volverá a la vida – dijo Integra soltando una risa desquiciada.
Es qué todos los que trabajan en esto desarrollan risas de ese tipo? Se preguntó Seras; entonces vio un pequeño murciélago volando cerca de ella No bebiste mi sangre verdad, estúpida? Preguntó su maestro dentro de su cabeza. Seras volvió su mirada a Sir Integra y esta vez la aterrorizó e infundo un profundo respeto, la mujer se veía realmente siniestra mientras le sonreía al paladín.
— Qué? – preguntó Anderson.
— Le cortaste la cabeza? Apuñalaste su corazón? Él es diferente a los vampiros comunes. No morirá por tan poca cosa. Así como tú eres el producto de la biotecnología, él es el más poderoso no-muerto que nosotros, la organización Hellsing, hemos creado tras más de 100 años de esfuerzo. El vampiro Alucard.
A su vez, Alucard se regeneraba y escuchaba el discurso que daba Integra sobre él; sinceramente se sentía halagado, pero más que halagado excitado, si esa no era pasión entonces él no sabía qué era y nada más excitante que lucirse frente a ella y humillar al idiota que se ha atrevido a llamarla perra, una vez reformado volvió a comenzar la pelea.
El paladín y Alucard se lanzaron el uno contra el otro, el primero cortando de un solo tajo ambos brazos al segundo, no había terminado de voltear cuando el vampiro ya regeneraba sus brazos y es qué acaso había algo más emocionante que mostrar todo su poder enfrente de un digno oponente al que quería humillar y de su ama? La respuesta era no.
— Así es, y ahora qué? Anderson – pregunto Integra altanera.
— Ya veo… A este paso y con mi equipo actual no puedo matarlo. Volveremos a vernos Hellsing – Dijo desapareciendo.
Integra prendió un cigarrillo, Alucard volteo hacía ella con una sonrisa en el rostro.
— Estás bien Alucard? – preguntó Integra con preocupación y desapruebo, él sabía que a ella no le gustaba la derrota aunque fuera en batallas y no la guerra, para Integra el orgullo le dictaba ganar.
— Sí, hacía mucho que no me cortaban la cabeza - dijo Alucard excusándose y cambiando de tema. Integra comenzó a caminar hacia él – Con que el Padre Anderson de Iscariote, verdad?
Integra estaba molesta.
— Ha violado el tratado con un ataque más allá de sus límites a miembros de nuestra organización. Sin embargo ahora no es momento de enfrentarlos, hay una organización tras las sombras que está detrás de los sucesivos casos de vampiros.
— Entonces ordéneme aniquilarlos, destruirlos. Convertirlos en polvo y desechos, deme la orden – dijo Alucard emocionado, contemplando a Integra de abajo a arriba y añadió con lujuria – Mi ama Integra Fairbrook Wingates Hellsing.
Integra sonrió, quizás eran los eventos de la noche, quizá era la emoción de lo que estaba por venir, quizá los dos estaban locos; pero ambos sabían que disfrutaban estos pequeños momentos platónicos, dónde en una pregunta de Alucard se escondían muchas otras preguntas y promesas.
—Cuando llegué el momento, lo haré – respondió Integra sonriendo; al vampiro eso no lo decepcionó ni un poco quién la miro aún con más lujuria y él sabía algo que nadie más; a Integra le gustaba verlo en acción y a él le gustaba que ella lo viera, si eso era lo máximo a lo que podían llegar por el momento él feliz la complacería, era este pequeño fetiche entre los dos, del que no hablaban, pero sabían que el otro lo sabía.
— Ya veo, estaré esperando ese momento, será muy divertido. Será muy pero muy divertido.
Continuara….
