Se despertó de golpe, se hallaba sentado en su cama cubierto de sudor mirando agitadamente a todas direcciones, durante un momento no supo donde estaba pero al darse cuenta que se encontraba en su habitación frunció el ceño, se llevo las manos al rostro en un intento de serenarse, no lograba conciliar el sueño desde ese día.

Miro su reloj, eran tres de la mañana, su instinto le indico que seguramente el aun no se iba a dormir. Tras reponerse del mal sueño, se sentó a la orilla de la cama y se puso sus pantuflas, al levantarse sintió los huesos de su espalda crujir, realmente se estaba poniendo viejo. Durante un instante pensó en vestirse pero solo soltó un bufido de fastidio, esa era su casa, si quería podía andar en calzoncillos. Tomo la linterna y salió de la habitación.

La cabaña estaba en malas condiciones, entre los bobos agentes y la maldita maquina en serio que la dañaron, llevaba varios días entre el y su obeso empleado tratando de repararla pero era demasiado trabajo para dos hombres y el animo en el ambiente tampoco ayudaba mucho.

Al principio pensó en ir a buscarlo al ático pero seguramente el aun se hallaba en el sótano asiéndose el listo, soltó otro bufido de fastidio por la idea de volver a tener que discutir con el.

Al llegar donde la maquina expendedora dudo un momento, eso se estaba volviendo rutinario, soltó un suspiro de cansancio y abrió la puerta secreta.

Al entrar al elevador pensó en que le iba a decir, la verdad no tenia cara para reclamarle nada, de hecho ni el mismo se soportaba la mirada cuando pasaba por un espejo, apretó lo puños pensando que el era el ser mas despreciable del mundo.

Cuando la puerta del elevador se abrió se encontró con la escena que ya sospechaba, un enorme cuarto obscuro lleno de computadoras y maquinas extrañas. Y en medio de todo eso un escritorio con una lámpara de mesa encendida. En el estaba sentado, dándole la espalda, una pequeña figura, se trataba de un niño de pelo castaño y algo delgado. Pareciera estar escribiendo algo y estaba tan concentrado que no se dio cuenta de su llegada o solo lo estaba ignorando.

Paso un rato sin que ninguno de los dos se dirigiera la palabra, finalmente el viejo fue el primero en ceder.

Te dije que te fueras a dormir-dijo con voz ronca

Y yo te dije que no te voy a obedecer-fue la replica del chico, sin dejar de hacer lo que estaba haciendo.

El anciano solo soltó un suspiro cansado, aquí iban de nuevo.

Hoy hablaron tus padres-dijo serio-te vas en una semana.

Hubo un rato de silencio.

¿Les dijiste algo de Mabel?-

No-

¿Piensas decirles?-

No se-

Otro rato de silencio.

Ya te dije que no pienso volver-

No tienes opción-dijo fastidiado-si tu no vas, ellos vendrán

No pienso regresar sin ella-

Mira chico, ya te lo he dicho, tratare de solucionarlo y tu puedes ayudarme pero tienes una vi…

Si no esta ella, no tengo una vida-lo interrumpió, el chico finalmente le dio la cara al anciano, mostrando un rostro cansado, con ojeras y bastante delgado. Al viejo no se sorprendió verlo así, casi no comía y mucho menos dormir.

Mira niño, entre un anciano ignorante y un mocoso demacrado no hallaremos una solución pronto, por ahora tienes que darte a la ida q…

Stan, necesito un favor-volvió a interrumpirlo dándole de nuevo la espalda.

Stan dudo un momento.

Que quieres-dijo seco

Consígueme más tiempo-le respondió, el anciano solo levanto una ceja sin entender.

Habla claro niño-a el no le gustaba que se anduvieran por las ramas

Ahora el chico fue quien dudo

Tu ya has fingido tu muerte…-volvió a dudar-supongo que la de dos niños no es…

El viejo sintió un vacío en el estomago al entender lo que el chico le pedía.

No pienso hacerlo-dijo tajante- se como te sientes pero tu debes de volver.

Me lo debes Stanley…-dijo con voz bastante adulta para un niño de voz chillona.

Con esas palabras le dio una estocada mortal al anciano, este se quedo sin replicas y solo pudo agachar la mirada.

Trata de dormir-fue lo último que dijo antes de volver a entrar al elevador pero antes volvió a ver al niño y de nuevo se volvió a tener odio así mismo.

Cuando oyó el ascensor subir, soltó el lápiz y relajo el cuerpo, se sentía cansado en más de un sentido. La propuesta que acaba de hacer tampoco le gustaba pero no pensaba irse, no sin ella.

Desde el primer momento que se entero de la verdad, decidió no volver sin su hermana, no la abandonaría.

Al principio fue tan ingenuo en pensar que seria simple, solo se trataba de encender el portal, pero leyendo las notas del autor se dio cuenta que así no funcionaba. Cualquier idiota podía encenderla, Stanley era el ejemplo, pero la maquina era imperfecta y ponía en riesgo demasiadas cosas. Si quería traer de vuelta a su hermana tenia que hacerla funcionar a la perfección.

Pero el anciano tenía razón, el solo era un niño tonto y la única ayuda con la que contaba era la de un anciano idiota y un asistente técnico bastante bobo.

Era demasiado para la mente de alguien de 12, casi 13, cada segundo que pasaba el riesgo que su hermana muriera aumentaba, se sentía tan inútil. Miro el reloj sobre el escritorio, eran las tres y cuarto de la mañana. Concluyo que lo mejor que podía hacer ahora era dormir, vaya que si era inútil.

Se acomodo lo mejor que pudo en la silla y cerro los ojos, obviamente no pudo dormir. Cuando dieron las tres y media decidió leer algo, tal vez así se quedaría dormido. De forma instintiva tomo uno de los diarios, el diario 2 para ser exactos y lo empezó a hojear.

Ya había leído los otros dos diarios al derecho y al revés, tratando de encontrar una solución, no encontró nada de utilidad y supuso que el 2 tampoco aportaría mucho para su causa, pero que más daba, tal vez en una ojeada rápida podría encontrar algo que lo ayudara… o alguien.