Alfred y Arthur estaban en el auto, Alfred manejaba mientras que Arthur miraba, como en cada viaje por la ventana, no habían prendido la radio ese viaje sólo para que hablen, pero desde que salieron del hospital ninguno de los dos había pronunciado ninguna palabra, el ojiazul que era el que normalmente iniciaba las conversaciones, por primera vez no sabía cómo, y cada vez que intentaba algo, su subconsciente le decía que la iba a cagar. Hasta que se le ocurrió una "brillante idea", sabía que Arthur siempre se dormía cuando volvía de trabajar, así que espero. Uno de los semáforos se puso en rojo y giro su cabeza directo a Arthur, y como lo había planeado, estaba durmiendo. Lo miro por unos instantes hasta que el semáforo cambió y siguió manejando.
- ¿Por qué te tienes que ir? Si estábamos bien - un par de lágrimas estaban por salir de los ojos de Arthur.
- Lo siento no puedo estar con una persona tan horrible como tú - le dijo sin mirarle.
Arthur le miro tristemente - Alfie...
- No me llames así, haces que me den ganas de vomitar.
- Pero...
- Nada de peros, me voy - salió por la puerta dejando sólo a Arthur.
- No, no te vayas - le susurro mientras caía al piso y lloraba - No hagas lo mismo que todos, no tu por favor - comenzó a sentirse mareado.
- Arthur, despierta - Arthur despertó asustado y desorientado ¿Que había sido ese sueño? sus ojos estaban llorosos, Alfred limpio una de sus lágrimas con su pulgar - ¿Una pesadilla?
- Si... - bajo la cabeza ¿Acaso ese sueño era una señal? y si realmente Alfred había pensado eso de él todo este momento y le había mentido con todo lo que le dijo, estaba en duda - ¿Ya llegamos?
Alfred asintió y Arthur miro por la ventana, pero al ver que no estaban en su casa frunció el ceño - ¿Alfred?
- ¿Si?
- ¿Dónde estamos?
- En mi casa.
Arthur lo miro extrañado - ¿Y por qué estamos en tu casa?
- No la conocías, así que ¿Por qué no? - Alfred se preparaba para salir del auto - Además tenemos que hablar.
- Claro... - un nudo se formó en su garganta, lo que menos quería hacer en ese momento era hablar, Arthur vacilo mirando hacia la nada.
- Arthur - al ver que estaba en trance lo llamó golpeando la ventana de su lado - Sal, te vas a congelar si sigues en el auto.
Arthur asintió y abrió la puerta, el viento golpeó su cara haciéndolo temblar. No tuvo tiempo para ver el patio delantero ya que Alfred lo había hecho entrar rápido para que no se congelaran. El ojiazul prendió las luces y fue directo a encender la estufa. Arthur observaba cada detalle de la sala.
- ¿Así que aquí vives?
- Por el momento si - contesto caminando hacia el ojiverde.
- ¿Por qué por el momento?
- Pienso mudarme - contesto tomando uno de sus cigarrillos y encendiéndolo.
- ¿A dónde?
- Aún no lo sé - un silencio se formó entre ellos, no era incomodo solo que ninguno de los dos sabía que decir, hasta que Alfred lo cortó- ¿Quieres preparar té?
- ¿Me estas preguntando u obligando? - le pregunto algo divertido.
- Ambas cosas - rieron y fueron a la cocina.
- ¿Por qué tu té sabe diferente? - pregunto frustrado Alfred.
Arthur rio - No lo sé ¿Magia? Tal vez.
- De enserio me tienes que dar la receta de cómo lo haces - ambos rieron y se sentaron en la pequeña mesa de la cocina de Alfred. El mismo silencio de antes se había formado, Alfred no sabía cómo tocar el tema de Arthur, y él no se inmutaba en decir algo sobre eso, hasta que el ojiazul hablo - ¿Arthie?
- ¿Si? - pregunto dándole un sorbo a su té.
Alfred apretó uno de sus puños y decidido hablo - ¿Me vas a contar por que fuiste después de trabajar al hospital?
- Está bien... - Arthur cerró sus ojos y tomó valor - Fui al psicólogo.
- ¿Por las...? - señaló a sus muñecas.
Arthur negó - Desde que mi madre murió no he podido dormir bien, todas la noches siempre tengo alguna pesadilla, y en ellas...siempre muere ella, de cualquier manera de la que puedes imaginarte, incendios, ahorcándose, saltando desde cualquier lugar alto… - dijo mientras contaba con sus dedos - Uno más horrible que otro - se detuvo para tomar un sorbo de su tasa - A veces odio tanto que llegue la noche, porque sé que debo dormir y van a pasar - le dio una leve mirada a Alfred, este lo miraba sin ninguna expresión escuchándolo atentamente - Reiteradas veces he intentado mantenerme despierto distrayéndome con lo que sea, y como consecuencia de eso me quede dormido en el trabajo muchísimas veces y hasta me he llegado a desmayar por estar días sin dormir - dio un leve suspiro - Cuando me resigne de que es que estas no pararían Antonio me recomendó psicólogo.
- ¿Te ha dicho de porque suceden? - interrumpió.
- No, pero seguro me dirá que la causa es la muerte de ella - bajo la cabeza - Aunque, estos últimos días no es tenido ninguna pesadilla.
Alfred lo miró sorprendido - ¿De enserio? - Arthur asintió, el ojiazul sonrió, pero esta se esfumó a los pocos segundos - ¿Espera desde hace cuándo?
- Desde que dormimos juntos por primera vez - un silencio se formó, las mejilla de Arthur tuvieron un leve color carmín mientras que Alfred aun lo veía sorprendido - Creo que es algo obvio pero él me explicó, de una manera más científica, que las personas pueden cambiar la mentalidad de otras en sólo cuestión de segundos - sonrió leve - Y más si esa persona se vuelve muy cercana a ti en tan poco tiempo - Alfred no sabía que contestar, su corazón estaba comenzando a palpitar rápidamente - Creo que si buscabas una respuesta ya la tienes.
- ¿A qué te refieres? - los ojos se le iluminaron a Alfred.
- Que me enamore de ti - contesto Arthur sonriendo con unas lágrimas que se aproximaron a sus ojos, Alfred no sabía cómo reaccionar, estaba feliz de haber sido correspondido, pero él no tenía planeado que esto suceda, solo había previsto de traer a Arthur para que conociera su hogar y hablarán de su tema, pero además lo había traído para contarle su problema de bulimia. Arthur al ver que Alfred no reaccionaba se extrañó - ¿Alfred que sucede? Pensé que estarías feliz.
- Claro que estoy feliz, sólo que... - pauso - ...tengo algo que mostrarte - Alfred jalo con cuidado a Arthur. Subieron por las escaleras y entraron en una de las puertas del segundo piso.
Arthur miró extrañado a Alfred - ¿Por qué me trajiste a tu cuarto?
- Siéntate en la cama - Arthur lo miró con el ceño fruncido - Sólo hazme caso - el ojiverde obedeció - Trata de no vomitar, ¿Sí?
- Porque vomi... - Arthur no pudo terminar la pregunta porque ya se había colocado las manos en su boca por ver el torso de Alfred, instintivamente una de sus manos toco el torso de Alfred y al sentir las muy marcadas costillas de él cerró los ojos por unos segundos - Alfred...
- Debes estar impresionado, ¿No? - le sonrió melancólicamente, mientras se sentaba a su lado.
- Demasiado - Arthur aun no podía asimilar la situación, no podía entenderlo, Alfred la persona que aparentaba ser la más feliz del mundo, que siempre podía sacarle una sonrisa hasta en los peores momentos, estaba sufriendo - ¿Qué tienes?
- Bulimia - Arthur asintió y un silencio se formó entre ellos - Sabes, siempre se me hizo complicado estar en tu casa.
- ¿Y por qué? - Arthur lo miró extrañado.
- A veces abstenerse a algunas cosas no es bueno.
- Si lo sé, te entiendo... - apoyó su cabeza en hombro de Alfred - Lo hacías para no preocuparme.
- Si... - le sonrió cálidamente - Creo que estaba asustado.
- ¿Asustado?
- Si, no sabía cómo te lo ibas a tomar.
Arthur levantó su cabeza y lo miró- Con todo lo que haces por mí, y que me hayas aceptado por mis cortes ¿Piensas que voy a pensar mal de ti?
-Tal vez...
- Alfred.
- ¿Qu...? - Alfred no pudo terminar porque Arthur ya había posado sus labios sobre los él, era la primera vez que el ojiverde lo besaba a él y estaba muy impresionado. Cuando les faltó el oxígeno Arthur se separó.
- Mira no me importa si tienes el mismo problema que tengo yo o si eres un ladrón, o lo que sea, mientras estés conmigo te voy a querer pase lo que pase, ¿Sí? - Alfred estaba impresionado por la actitud repentina que había tenido Arthur, era la primera vez que había actuado ante el así y algo de eso lo ponía feliz de alguna manera. De repente el teléfono de su casa empezó a sonar, Alfred maldijo a todos internamente por interrumpirlos.
- Ya vuelvo - dijo levantándose de la cama. Arthur asintió y Alfred salió de la habitación. El ojiverde también se levantó de la cama y comenzó a inspeccionar el cuarto de Alfred, era algo peculiar para él. Se acercó a el escritorio del ojiazul encontrándose con algunos dibujos y también ¿Poesía? o tal vez eran canciones, no las podía diferenciar, aunque le había atraído lo que leyó. De pronto Alfred apareció en la puerta - ¿Que estás leyendo?
Arthur se asustó y dejó las hojas en la mesa - ¿Por qué no me dijiste que escribías tan bien?
- Se supone que era una sorpresa - dijo tomando una de ellas.
- ¿Sorpresa?
- Bueno sabes que viene navidad, ¿No? - Arthur asintió - Quería darte un regalo.
- Una canción... - Arthur lo miró sorprendido y algo triste - Creo que arruine la sorpresa.
Alfred rio y se acercó a él, Arthur lo miró algo sonrojado ante la escasa distancia entre sus rostros - ¿Ya sabes que me vas a regalar?
- Tal vez... - miro hacia otro lado mientras sonreía.
- Porque tu serias un buen regalo - le dijo Alfred con un tono algo sensual.
- Arruinaste la sorpresa - ambos rieron y Alfred atacó sus labios en un intenso beso, en donde sus lenguas peleaban por quién tendría el control. El ojiazul en un movimiento rápido tomó las piernas de Arthur y lo subió a su escritorio haciendo que las hojas que estaban ahí cayeran - A-Alfred las hojas - trató de decir mientras el Alfred atacaba su cuello.
- No importa déjalas - contesto entre dientes.
- ¿Por lo menos sí vamos a hacer esto podría ser en la cama?
Alfred se detuvo y lo miro - ¿Quieres llegar hasta el final?
