Escalera hacia la muerte

Capítulo 9: Encuentro a medianoche

Sus pasos resonaban sobre la nieve y dibujaban un camino de hueyas extendiéndose cada vez más. Divisó una plaza llena de gente a pocos metros de donde se encontraba y sin pensárselo dos veces, destinó sus pies en esa dirección, cada vez más deprisa. La súbita imagen de Riddle emergió en su cabeza, provocándole un temblor que poco tenía que ver con el frío del entorno, y aceleró el ritmo a pesar de los jadeos que no podía evitar. No era momento de estar cansada, se dijo, y continuó aún más rápido. Ralentizó la marcha sólo cuando se vio inmersa entre la muchedumbre, y continuó andando y observando a todos lados con el fin de encontrar una cara conocida. A su derecha, alumnos de Hufflepuff de tercero se enseñaban sus compras junto a un grupo de chicas de varias casas que charlaban abiertamente; a su izquierda, una mujer de avanzada edad con un niño pequeño de la mano intentaba pasar entre una Slytherin rubia y un chico de su misma casa de pelo castaño.

Sin quererlo, Eva se quedó observándolo por más tiempo del que hubiera deseado, y como si él lo hubiera notado, giró la cabeza súbitamente y sus miradas se encontraron entre la multitud; castaño contra gris. Lestrange entrecerró los ojos y escudriñó su rostro en busca de algun signo que le diera una pista sobre el encuentro con Riddle, pero ella se mantuvo altiva, concentrada en no desvelar un sólo detalle. La tensión se intensificó cuando el chico entreabrió los labios a punto de pronunciar una palabra. Eva aguzó el oído, intrigada por oír lo que fuera que quisiera decirle, pero antes de que pudiera escuchar nada, una mano la asió de la muñeca. Ahogó un grito antes de volver a la realidad. El parloteo de los estudiantes volvió a retumbar en su cabeza, notó de nuevo el frío colándose en su piel y, frente a ella, un rostro que le era familiar. Shawn la observaba alterado.

-¿Dónde has estado?- le espetó.

-De compras, ya te lo dije...

-¿Y las compras?- se apresuró a decir el moreno, cuya expresión denotaba que quería una explicación.

Eva elaboró rápido la respuesta, aunque bastante simple, pero lo único que se le pudo ocurrir.

-No encontré nada que me gustase.

Shawn parpadeó y la incredulidad se dibujó en su cara.

-¿Por qué me mientes?

-¿Por qué no confías en mí?- rebatió la chica, y su pregunta calló a Shawn. Eva exhaló un suspiro y agregó antes de poder ser interrogada de nuevo.- En fin... ¿Has visto a Julia?

-No.- a la negación la siguió un gesto pensativo- Ahora que lo dices, no sé nada de ella desde que llegamos.- quedaron en silencio.

A Eva aquello le pareció extraño, pero no le dio más importancia cuando advirtió a su amiga acercándose.

-¡Mirad lo que he comprado!- exclamó la rubia nada más llegar, y señaló uno muñeco que sostenía en la palma de la mano que al poco tiempo hizo una reverencia y recitó: "Encantado de volver a verlos, Eva Laurens y Shawn Smith". Los nombrados fruncieron el ceño en señal de desconcierto.

-¡Es un maniquí de bienvenida! Lo dejas en la entrada de tu habitación y saluda a los invitados.- Shawn y Eva intercambiaron miradas. No era el primer trasto inútil que Julia compraba, pero prefirieron no mencionárselo.

Se despidieron de Hogsmeade al anochecer y juraron volver tan pronto como les fuera permitido. Cuando quisieron darse cuenta, al contemplar el pueblo en la distancia sólo fueron capaces de advertir las luces navideñas como estrellas titilantes surcando la lejanía y su brillo se atenuándose a medida que continuaban el camino de vuelta. Los estudiantes, desconsolados, admiraron esa visión por última vez con un deje de añoranza; en Hogwarts los esperaba una dura semana de estudio.

Era cuestión de tiempo que el ambiente de júbilo y bonanza de los últimos días se desmoronase. Los exámenes parciales proyectaron una sombra de caos por todo el colegio, que culminó con el discurso de Dippet en el Gran Comedor acerca de la importancia de las calificaciones, en especial para los estudiantes que cursarían los TIMOS y los EXTASIS; cosa que ocasionó más de un chillido nervioso incontrolado e hizo desaparecer las sonrisas de quienes intentaban deshinibirse del estudio durante la hora de la comida.

Tras pasar el domingo intensamente absorta en su libro de Historia de la Magia, Eva se encaminó el lunes a primera hora hacia el aula del profesor Binns. Un tumulto de fechas, hechos pasados, batallas y guerras recorrían su cerebro a gran velocidad, de vez en cuando intercalándose y confundiéndose entre sí. La joven Ravenclaw tan sólo deseaba que los nervios no la traicionaran y fuera capaz de recordar al menos la mitad de lo que había estudiado.

El timbre sonó en el aula y los alumnos apuraron las últimas lineas en el pergamino antes de que éste desapareciera para colocarse sobre la mesa del profesor. Julia se mostró abatida cuando comentaron las preguntas del examen en la Sala Común, y Shawn parecía complacido. Eva, por su parte, no creía que fuera a sacar una nota muy alta. No le dio importancia, pues era la asignatura que más odiaba y durmió tranquila al pensar que lo peor ya había pasado.

Los días siguientes no fueron muy distintos. La ansiedad se reflejaba en todo el castillo. Podía verse en la mirada de aquel estudiante que acababa de tropezar con una armadura y se sobaba la cabeza sentado en el suelo, en la voz de las chicas que recitaban hechizos y la forma de realizarlos en una esquina del comedor, en la tez blanquecina de los novatos de primer año al pasar por los pasillos con los apuntes contra su pecho y la mente divagando entre miles de encantamientos, teorías y sortilegios. Las horas se hacían eternas; los minutos, interminables, y cada segundo se fraccionaba en pequeñas porciones de estrés inaguantable.

"Gracias a Dios"- celebró Eva al descorrer las cortinas permitiendo así que la tenue luz del sol irrumpiera en la habitación- "Por fin es viernes."

El último día de tortura. Una bendición. Así lo habían expresado los más optimistas, quienes ya hacían planes para celebrar el tan anhelado fin y centraban su antención en ellos en lugar de pensar en el último examen que aún les quedaba. Al día siguiente les otorgarían dos semanas de vacaciones que no animaban mucho a Eva. Las pasaría con sus padres, y bien sabía que la Navidad era su época del año preferida para discutir.

Shawn no bajó a desayunar, y no porque hubiera decidido dormir más de la cuenta. Llevaba despierto desde las cinco de la madrugada, con su manual de Cuidado de Criaturas Mágicas sobre el escritorio junto a una libreta llena de nombres impronunciables. Eva y Julia tenían la mañana libre, y la primera, segura de que su amiga se uniría al grupo de los optimistas y tal vez olvidara que aún le quedaba una prueba por realizar, se dedicó a buscarla para obligarla a repasar hasta la última palabra. Pero llevaba veinte minutos dando vueltas y no había ni rastro de ella por ningún lugar. Finalmente, la encontró en el centro de el vestíbulo frente a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, de la que acababan de salir los alumnos de Hufflepuff. Hablaba con una chica gruesa de rostro amable y pelo corto. Eva la reconoció como su prima Margaret.

-¡Pero Julia¡prometiste que nos veríamos en Navidad!- exclamaba ésta, decepcionada. Julia perdió la mirada un momento, como abstraída de la realidad. El brillo le volvió a los ojos de golpe y se incorporó.

-No. Debo preparar los exámenes.- afirmó con rotundidad- Los TIMOS son importantes.

-Sí, bueno, lo son... -corroboró Margaret, frunciendo el ceño- ¿Desde cuándo eres tan aplicada?

-Hola.- Eva intervino de repente y captó la atención de las dos chicas. Ambas le devolvieron el saludo.- Te estaba buscando.- prosiguió, mirando a Julia.

-Vale. Vamos a la Sala Común.- añadió ésta.

De camino, Eva reflexionó sobre lo que acababa de oír. No entendía por qué Julia y Margaret no podrían verse en vacaciones. Por mucho que su amiga deseara estudiar y decidiera no salir de su casa, seguramente harían una cena familiar donde estaría presente o alguna que otra reunión de ese estilo; a no ser que...

-Julia.- empezó la chica castaña- ¿Vas a quedarte en Hogwarts estas Navidades?

-Sí.-afirmó- Tengo miedo a suspender si no mejoro en algunas asignaturas.

Eva soltó una risita e inspeccionó la expresión de su amiga, cerciorándose de que no era una broma.

-Desde luego, el mundo está patas arriba- se burló, divertida.- Julia Bones estudiosa¿Qué más me falta por ver?

Ignoró la respuesta a ese comentario (un gesto obsceno), y subió el primer peldaño de las escaleras que las llevarían al quinto piso. Pronto sería la hora de cenar, lo que significaba que le quedaba menos tiempo de repaso antes del examen de Astronomía. Julia se dirigió a la clase de Adivinación al poco tiempo, no sin antes someterse a la rigurosa serie de preguntas sobre la asignatura que Eva le obligó a contestar. Bajó sola a la biblioteca y permaneció allí hasta que notó que el ruido de sus tripas alteraba el silencio estipulado y que la bibliotecaria no le quitaba el ojo de encima.

Cenó con un planetario a un lado, observándolo entre mordisco y mordisco, junto a un alegre Shawn que compartía su felicidad con Julia. Tanto el uno como el otro habían terminado los exámenes, y sus gritos de alegría acabaron ocasionándole dolor de cabeza.

Los nervios la devoraban por dentro. Aún así, admitió alegrarse al comprobar en el reloj de salón sobre un mueble del Gran Comedor que pronto serían las nueve. El cielo lucía oscuro tras los inmensos ventanales, al igual que en el techo encantado, y empezaba a adivinarse el fulgor de algunas estrellas; de modo que subió a su habitación para memorizar los últimos datos. Cuando quiso darse cuenta, ya eran más de las once. No tenía por qué esperar más, así que con la mochila cargada al hombro, se despidió de Shawn con un beso y salió en dirección a la torre de Astronomía.

Shawn mantuvo la vista fija en la puerta por segundos. El gesto de Eva había despertado en él una sensación de embelesamiento, y se paró a pensar en que tenía mucha suerte. Tal vez no fuera la chica más guapa de todo Hogwarts, pero tenía un encanto especial; quizás debido a su voz suave y a la vez llena de orgullo que impactaba con cada palabra y le hacía creer que llevaba la razón en todo, o en esa manera tan sútil de escabullirse cuando la situación no era de su agrado. No, por encima de esas cualidades, admiraba su sentido de la aventura, la decisión con la que afrontaba nuevos retos y el brillo en sus ojos cuando se topaba con alguno, aunque a veces lo reprimiera por miedo a desbaratar las cosas. No se arriesgaría en vano. En ese sentido, y Shawn se lo había planteado más de una vez, parecía una alumna de Gryffindor; una Gryffindor prudente.

Continuó observando la puerta hasta que ésta se abrió, y por ella pasó Julia, quien buscó impaciente un lugar donde acomodarse, y al verlo, se dejó caer a su lado.

-¿Qué tal el examen?- preguntó Shawn. Había tardado bastante en terminar, y no se hacía a la idea de lo que eso podía significar.

-Normal.- comentó mientras apoyaba una libreta sobre la mesa y se disponía a dibujar en ella. Más que dibujar, parecía estar trazando un laberinto sobre el papel. Deslizaba la pluma sin pensarlo, ensimismada, con la mirada perdida en un punto fijo en la pared. De pronto, recordó algo; dejó la pluma sobre la mesa y apartó el cuaderno.

-Por cierto.- inquirió con voz pausada.

-¿Sí?

Julia dudó un momento, pero enseguida contestó:

-Riddle me preguntó por ti. Creo que te está buscando.

Shawn se mantuvo en silencio. No había oído mal; Tom Riddle lo buscaba... ¿a él? Cabía la posibilidad de que se tratara de algún tema relacionado con los prefectos, pero hasta donde él sabía, los turnos terminaban a las diez. Recordó de repente las burlas de los jugadores de Slytherin la mañana siguiente al baile de Navidad, y el mero recuerdo hizo resurgir la rabia en su interior. Le quedaba una cuenta pendiente con Riddle. Se encontraría con él, si así lo deseaba.

-Rondaba el segundo piso cuando lo vi- mencionó Julia, adivinando sus pensamientos.

Se levantó a continuación. Un vez de pie se estiró y seguidamente desapareció tras la entrada y continuó escaleras abajo. Julia meneó la cabeza, desconcertada, y se inmiscuyó de nuevo en el dibujo que había dejado inacabado.

La emoción del momento le hizo olvidar a Shawn que era casi medianoche, y que sin un permiso tenía prohibido vagar por el colegio a tan altas horas. Aún así no se preocupó demasiado; el conserje era un hombre viejo y medio ciego, aunque de oído muy fino; sólo debía asegurarse de no alzar demasiado la voz. Bajó los primeros dos tramos de escaleras con sigilo, apoyándose a la barandilla y sin utilizar magia. Al llegar al tercer piso y casi tropezar con una gárgola, concluyó que lo mejor sería hacer uso de un conjuro. Musitó la palabra "Lumos" y una burbuja de luz se posó sobre la punta de su varita. Mediante pasos cortos y cautelosos alcanzó los últimos peldaños y desembocó junto a la entrada de la clase de Defensa contra las Artes Oscuras.

La calma absoluta le hizo pensar por un momento que tal vez se tratara de una broma. No se divisaba a nadie en el pasillo. Agarrando la varita con la mano izquierda y con la derecha apoyada contra la pared, avanzó paso a paso ignorando a los personajes de los cuadros que, molestos por la luz, le dirigían insultos a través del lienzo. Le pareció oír un chasquido y se alertó. Quieto y atento tras un muro, fue capaz de escuchar el goteo de agua a poca distancia; rítmico, casi armónico; y por primera vez en todo el recorrido se percató: estaba solo, visible, y por lo tanto, era vulnerable.

Con el corazón en un puño, se agazapó contra el muro y se arrepintió de haberse dejado llevar por la ira; pero de pronto le vino a la mente la imagen de Eva, sonriente ante el inminente peligro. La simple visión lo llenó de coraje, y con los nervios a flor de piel, se movió unos centímetros, lo suficiente para volver a encontrarse en el medio del pasillo. Sus ojos se abrieron asustados. A unas cuantas zancadas de él, una figura se erguía en el camino.

Shawn analizó al individuo que lo observaba y la lógica le hizo entender que se trataba de Riddle. Relajó los músculos al aceptar esa idea y se acercó más deprisa de lo que se había estado moviendo hasta entonces.

-¿Riddle?- entonó con cierto miedo en la voz. Tal vez estuviera equivocado.

-El mismo.

Una oleada de temor le invadió el cuerpo, y de repente, se sintió inmóvil. No sabía por qué, pero la situación lo incomodaba.

-Vale, por fin te ecuentro¿qué querías?

-Sígueme.

Confuso como estaba, Shawn vio a Riddle abrir la puerta en la que se había apoyado y entrar. Lo siguió hasta el interior y su desconcierto fue mayor al darse cuenta de dónde se encontraban: el baño de las chicas.

-Ehm... ¿Qué hacemos aquí?

-Silencio- ordenó Tom- o nos oirá.

Shawn dedujo que hablaba de Myrtle, el fantasma que rondaba el baño. La probre chica había muerto hacía dos años, y sentía lástima por ella, pero sinceramente no tenía ganas de aguantarla. La vena cotilla de Myrtle era conocida por todos.

-Oye Riddle- susurró- he venido aquí sólo porque tú me buscabas. Creo que merezco una explicación.

-Por supuesto.

Produciendo un chirrido, la puerta se movió sola hasta cerrarse. El "Lumos" de Shawn, casi extinguido, no mostraba más que una pequeña chispa que sólo alcanzaba a iluminar sus rostros en la penumbra. Las gotas seguían cayendo, retumbando el la cabeza del prefecto de Ravenclaw; y la tensión los rodeó. Clavó la mirada en la nuca del Slytherin, quien se mantenía sereno, calmado. De hecho, la situación no le incomodaba lo más mínimo, a pesar de estar a oscuras en un aseo a medianoche pudiendo ser encontrados y castigados. Un rayo de luna se colaba por la única ventana abierta y dibujaba una linea sobre un lavabo. Shawn se fijó en él. Era una obra bastante simple, grabada en piedra gris y acabada en unas pilas hondas con grifos de cobre. Contemplándolo, se olvidó por un momento de Riddle, y cuando quiso darse cuenta, se percató de que él hacía lo mismo.

-Supongo que querrás saber el gran secreto de Laurens.

Ese último nombre lo dejó paralizado. Estaba casi seguro de que Eva escondía alguna cosa, pero no quería, se negaba a pensar que lo engañaba, o peor, que estaba en peligro y no quería preocuparlo. Sería típio de ella, siempre tan independiente. Sin evitarlo, dejó escapar un "sí" efusivo. No preguntó cómo lo sabía, ni por qué había decidido explicárselo. La presencia de Tom lo tenía hipnotizado, como fuera de sí. En el fondo queria creer que no debía confiar en él, pero algo lo impulsaba, no sabía el qué. Sus mente se nubló y se tornó confusa, como víctima de una droga extraña.

Seguidamente, Riddle fijó su vista en un lavabo y entornó los ojos en busca de algo. Pronto lo encontró. Paseó sus dedos por el lado izquierdo de uno de los grifos y Shawn pudo verlo con claridad. El grabado de una pequeña serpiente relucía tétricamente. A la luz de su ténue Lumos, daba la sensación de que la serpiente se movía. Unas palabras salieron de la boca de Riddle, aún de espaldas a Shawn. Más que palabras, parecían siseos, como quien arrastra la lengua demasiado al hablar. El Ravenclaw no podía dejar de admirar los extraños sucesos que estaban aconteciendo.

De repente, el grifo brilló con una luz blanca que lo cegó, y cuando recorbró la vista, el lavabo había desaparecido, dejando a la vista una enorme tubería por la que cabía perfectamente.

-Pasa.

Shawn no dudó. A pesar de que lo estaba arrastrando hacia un lugar inhóspito y oscuro, aunque oía los sollozos en el retrete de enfrente y la voz gritando entre ellos "¡No lo hagas!" Los gritos pasaron a un segundo plano y sus ojos enfocaron únicamente la tubería que tenía delante. Porque, de repente, nada más importaba.

El conducto lo arrastró hacia abajo como un tobogán, y al poco tiempo se desplomó contra el húmedo suelo de un tunel cuyo camino se alejaba serpenteando. Riddle apareció a su lado, cayendo graciosamente de pie. Se adelantó a él y giró la primera curva. Shawn reaccionó ante la palabra "ven"; se levantó y lo siguió por el pasadizo subterráneo. Aunque Tom andaba deprisa, no podría perderlo de vista, pues su varita emitía una luz dorada de gran potencia. Shawn avivó el paso y juntos cruzaron la última esquina y pararon ante una imponente pared de piedra ornamentada con dos serpientes entrelazadas; sus ojos eran esmeraldas.

Tom musitó de nuevo el silbido que había emitido en el baño de Myrtle. El sonido accionó las serpientes, que se alejaron dejando un hueco en la pared y se ocultaron a ambos lados. El heredero de Slytherin dio un paso al frente con altanería. Regresaba a su guarida, esta vez con un fin diferente; pero igual de despiadado.

La enorme sala lo acogió con agrado. Las lámparas que pendían de las inmensas columnas decoradas con serpientes prendieron fuego e iluminaron todos los rincones. Aún así, no llegaban a alumbrar el techo, de una altura colosal. Shawn entró tras Tom y juntos alcanzaron el centro de la estancia. Un molesto siseo les llegaba a los oídos, aumentando el volumen por momentos.

"Lo sé, estás hambriento... Pero a éste no puedes comértelo, tan sólo... Sí, eso es"- pronunció Riddle, aunque Shawn sólo escuchó más siseos.

-¡Finite incantatem!- dijo, esta vez en la lengua de ambos; y Shawn se desperezó, como si acabara de despertar de un sueño profundo.

-¡¿Dónde estoy?!- gritó asustado mientras inspeccionaba su alrededor, con el pulso acelerado. Al ver a su acompañante, se sobresaltó- ¿¡Qué haces aquí¿Me has traído tú?

Riddle se limitó a asentir con la cabeza con gesto imperturbable, y al mirarlo, le dedicó una mirada fría, carente de emociones. Otro siseo salió de su boca y Shawn quedó paralizado. Algo tras él se deslizaba produciendo un sonido desagradable. Se arrastraba con rapidez, restregándose pesadamente. No podía huír. Con la mirada fija en el suelo, Shawn atisbó cómo una sombra alargada se iba acercando cada vez más, hasta que su cuerpo y el de la sombra se fundieron en uno; y el terror se apoderó de él. Con el corazón latiéndole a una velocidad alarmante y los ojos desorbitados, reprimió un grito desesperado al percibir el movimiento de la criatura flexionando el gigantesco cuerpo por encima de su cabeza, hasta que por fin la bestia logró cruzar sus ojos ambarinos con los de él. El impacto ahogó sus gritos. Sintió frío al instante, y los globos oculares se le congelaron. Seguidamente el rostro, el torso, las piernas, y finalmente, lasyemas de los dedos y la punta de las uñas. Su cuerpo inerte cayó al suelo provocando un golpe seco. No había vida tras sus ojos petrificados.

-Adiós sangre sucia- se mofó Tom, y su rostro se contrajo en una sonrisa perversa.

Estaba muerto.


Este capítulo me quedó algo largo xD. Es que quería llegar a este último punto. Lo sé, soy mala; bueno, en realidad no, pero desde un principio supe que Shawn debía morir.

Me inspiré un poco en Cedric para crearlo; el novio atento, prefecto, amable... aunque eso no quiere decir que sean iguales. Shawn es (era TT) orgulloso, algo impulsivo a veces y bastante celoso. Le gustaba destacar, pero no con mala intención como es el caso de Tom; él era buen chico, pero no se fiaba de los extraños. Una persona de pocas y buenas amistades.

He añadido esta descripción porque ya que nos hemos despedido de él... (o yo sola, no sé xD).

Bueno, en todo caso, dedico este comentario al alma de Shawn, que en paz descanse.

Por Shawn Smith. Amén.

(Insisto, es la falta de sueño... no me lo tengáis muy en cuenta).

Ahora sí... ¿Alguien envía un review en honor de esta horrible pérdida? (cof,cofmalapersona,cof,cof; usandoaShawnparaobtenerreviews,cof,cof)