Emma se ofreció a ayudarla pero con su mano lo tenía complicado. Regina la rechazó calmadamente y desapareció para volver unos segundos después con dos platos, en uno la lasaña y en la otra las berenjenas rellenas, esperaba realmente que la comida le gustase a Emma que la miraba con una gran sonrisa en la cara.
-Huele de maravilla.- Soltó está sonriendo.
-Espero que te guste.- Dijo Regina sentándose en frente de ella.
Regina sirvió un poco de lasaña para cada una, Emma tenía una gran sonrisa en la cara. Jamás imaginó que la morena cocinase y por el olor que salía de esos platos demostraba que lo hacía muy bien.
-Esto esta riquísimo.- Aseguró dándole un gran bocado.
-¿Te gusta?- Preguntó pensando que la rubia lo decía por compromiso.
-Claro que me gusta.- Contestó Emma- Te cuento un secreto…- Se calló durante unos segundos para darle más dramatismo a la situación.- Adoro comer, todo tiempo de comida, soy una cocinera mediocre pero para comer soy la mejor.- Aseguró bajando la voz.
-¿Se te conquista por el estómago?- Preguntó Regina que provoco que Emma se atragantase con el sorbo de vino que estaba bebiendo.
-¿Estas intentando conquistarme?- Preguntó Emma que no era de dejarse amedrentar.
-Quizás.- Contestó entonces Regina que seguía comiendo con una sonrisa pícara en la cara.
-¿Te cuento otro secreto?- Preguntó aunque sabía que lo iba a decir igual.- Vas por muy buen camino…- Murmuró mirando a la morena.
-Es interesante.- Contestó la alcaldesa sirviéndole un poco más a Emma.
Las dos siguieron comiendo mientras charlaban sobre la limpieza del local y la llamada que Graham le había hecho a la rubia para informarla de que estaba hablando con todos los vecinos. Regina se interesó por el tema aunque sabía lo que Graham hacía pues le había mandado un mensaje para informarla como ella le había pedido. No quería que Emma supiese que se estaba entrometiendo, al menos no de momento.
-¿Pasamos al postre?- Preguntó Regina al ver que Emma parecía estar saciada ya.- ¿Quieres un chocolate?- Preguntó la morena.
-¿Cómo sabes…?- Emma iba a formular la pregunta pero Regina se adelantó a contestarla.
-Te he visto en Granny.- Aseguró Regina guiñándole un ojo.
-Te ayudo.- Emma sonrió y se levantó cogiendo un par de platos que la morena había amontonado.
Las dos quitaron la mesa tranquilamente y se tomaron de postre las dos porciones de tarta que Emma había traído. Una tarta de chocolate y otra de queso, la rubia decidió intercambiar unas cuantas cucharadas con la morena para que probase también su tarta.
-Está muy buena.- Aseguró la morena.
-Claro que sí.- Dijo Emma.- Es de la mejor pastelería del país.- Dijo en tono muy serio.
Una vez que terminaron el postre pasaron al comedor de Regina, la morena sirvió un par de copas de sidra para ambas y se sentaron en el sillón.
-Tú casa es magnífica.- Emma miraba todo lo que había alrededor.- ¿No tienes televisión?- Preguntó sorprendida al no verla.
-Claro que sí.- Contestó Regina que se levantó y cogió un mando, pulsó un botón y el cuadro que tenía en la pared encima de la chimenea desapareció para dar paso a una gran televisión.
-¡Guay!- Espetó súper sorprendida la rubia que sonreía como un niño pequeño.- Eso ha sido alucinante.- Soltó mirando al lugar donde estaba la televisión y después a Regina.
Regina no pudo evitar sonreír ante la inocencia que la rubia demostraba en cada uno de sus gestos y de sus expresiones. Emma miraba alucinada, la morena le tendió el mando para que comprobase por ella misma cómo funcionaba el mecanismo.
-Voy a por más sidra.- Dijo Regina mirando las dos copas ya vacías.
-Vale.- Contestó hipnotizada por el mecanismo que seguía probando. Era como en las películas y su mente lo estaba procesando, realmente tenía ese toque infantil que la hacía irresistible.
La morena volvió unos minutos después y en lugar de encontrarla mirando hacía la televisión la encontró intentando rascarse por debajo de la escayola sin demasiado éxito.
-¡Mierda!- Espetó enfadada al ver que el picor no se reducía.
-Sopla un poco, quizás así se te alivie.- Comentó Regina llenado las dos copas de nuevo.
-¿Eh?- Preguntó sorprendida.
-Acompáñame.-Contestó Regina.
-¿A dónde?- Preguntó sin levantarse.
-Hazlo.- Soltó más dura de lo que le hubiese gustado hacerlo.
Emma se levantó y siguió a Regina hasta su dormitorio, por el camino le fue enseñando algunas estancias de la casa, demostrando que era mucho más grande de lo que la rubia había imaginado. Al llegar a su dormitorio Regina le pidió que se sentase en la cama y la esperase unos segundos después volvió con su secador de pelo en la mano.
-¿Qué vas a hacer?- Preguntó Emma.
-Mi madre solía hacerlo cuando me rompía algún hueso.- Contestó enchufándolo.
-¿Solía pasarte?- Preguntó sumamente sorprendida.
-Me rompí dos veces el brazo y una la pierna.- Contestó acercándose a Emma.
-¿Cómo te pasó?- Preguntó.
-Montando a caballo.- Contestó encogiendo los hombros.
Emma iba a decir algo más pero se encontró con que Regina encendió el secador con el aire frío puesto. Le pidió permiso y cogió el brazo con la escayola, sorpresivamente el aire frio estaba aliviando ligeramente el picor de su brazo. Unos minutos después Regina paró el secador y se quedó mirando a Emma que tenía una sonrisa en la cara.
-Funciona.- Contestó alegre por no sentir ese picor en el brazo.
-A mí también me funcionaba.- Aseguró Regina.- Es mejor que meterse cualquier cosa en la escayola, puedes hacerte una herida en el brazo.- Añadió guardando el secador.
-Gracias.- Dijo Emma levantándose.
Las dos volvieron al salón en silencio, fue Emma la que cogió la mano de Regina para evitar que se sentaran. En ese momento la morena era un poco más baja que ella pues no llevaba sus habituales tacones altos sino unos más bajos. Emma la miró intensamente a los ojos y no pudo evitar reducir la distancia que había entre las dos y besarla. Sus labios se tocaban, no de manera frenética, como lo habían hecho la noche anterior sino de manera calmada intentado conocerse y admirarse.
Regina entrelazó sus manos en el cuello de Emma mientras que esta posaba sus manos, con algo de dificultad en sus caderas. Ambas habían estado esperando ese momento con ansias pero no se habían atrevido a dar el paso hasta ese momento.
Fue Emma la que rompió el beso cuando necesito tomar aire, pero sorpresivamente Regina no se alejó de ella sino que se quedó a poca distancia con sus brazos aun rodeando su cuello.
-Lo había estado esperando.- Murmuró Emma dejando un piquito en sus labios.
-Yo también.- Tuvo que confesar Regina que soltó su mano para limpiar un poco los labios de Emma que estaban lleno de carmín rojo.
-Ha sido una noche increíble.- Aseguró la rubia.- Deseo repetirla pronto.- Añadió acariciando la espalda de la alcaldesa con su mano buena.
-Cuando tú quieras.- Dijo está sonriendo.
-Eso es muy mala decisión.- Dijo Emma sorprendiendo a Regina que no sabía que quería decir.- Si por mi fuera lo repetiríamos mañana mismo.- Soltó y provoco una gran carcajada en la morena.
-Mañana será difícil, tú tienes que poner tu local al día y yo tengo que enfrentarme a los papeles en la alcaldía pero podemos quedar el viernes próximo.- Comentó Regina que no quería dejar esa invitación en el aire.
-¿No nos veremos hasta el viernes?- Preguntó fingiendo estar dolida.
-No he dicho eso.- Contestó Regina.- Podemos vernos, vivimos en un pueblo… seguro que nos cruzaremos por la calle, tomando el desayuno…- Dijo para provocar un poco a la rubia.
-O cuando sales a correr.- Emma no se pudo contener y tuvo que decirlo.- Aunque me duele que bebas café de algún lugar que no sea el Lover.- Soltó mordiendo el labio inferior de Regina.
M&S
¿Os ha gustado? Espero vuestros comentarios.
Como siempre gracias por el apoyo, por los comentarios, los favoritos... todo eso que me consigue sacar una sonrisa. Seguramente bajare un poco el ritmo de actualizaciones pues las obligaciones vuelven a llamarme pero como siempre aquí seguiré.
Siii! Cuando lleguemos a los 100 haré doble actualización. No sé cuántas personas me lo han dicho ya.
