¡HOLA! Quería disculparme por el último capítulo u_ú créanme a nadie le dolió más ese capítulo que a mí. Este es mi capítulo favorito hasta ahora. Completamente dedicado a Roxanne y Lorcan 3 LORXANNE FEELINGS :D

Disfruten y dejen un review si no es mucha molestia.


Roxanne no abre los ojos en cuanto despierta, sino que se da la vuelta y entierra la cara en la almohada, sonriendo sin saber por qué. No, no es una metáfora. Realmente no tiene ni idea de por qué sonríe, cuando aún le duelen prácticamente todos los músculos de su cuerpo.

Abre los ojos lentamente y gira la cabeza, para ver una parte de la cama vacía. Una cama que no es la suya. Entonces recuerda de repente. El informe. Avery. El callejón Knocturn. Lorcan.

¡Lorcan!

¿Dónde está Lorcan?, se pregunta, incorporándose rápidamente y mirando alrededor. Descubre una foto en la mesita de noche y cierra los ojos, esperando el familiar nudo en la garganta y las lágrimas pugnando por salir, como le ocurre cada vez que algo le recuerda a Lysander. Sin embargo, no aparecen. Lo único que siente es una profunda tristeza y cierta nostalgia.

Extrañada, intenta pensar en otra cosa, porque por alguna razón no quiere meditar el motivo de su aparente y repentina superación de la muerte de su mejor amigo. Descubre un pedazo de pergamino junto a la fotografía.

Roxanne:

Salí un momento, no tardaré nada. Te prometo que no voy a matar a nadie. Siéntete como en tu casa.

Lorcan

La pelirroja ríe al leer la nota, y de repente se da cuenta de lo hambrienta que está. Así que se levanta y sale de la habitación. Descubre un pasillo con dos puertas a la derecha y dos a la izquierda. Sin pensarlo mucho, abre la primera puerta de la derecha, que para alegría de su estómago resulta ser la cocina.

Se acerca hasta el refrigerador y curiosea en su interior. Tras un intenso debate interno, coge una manzana y un cartón de zumo de manzana. Se echa zumo en un vaso y empieza a devorar la manzana, pensando en lo ridículo de su… desayuno/almuerzo, supone cuando mira el reloj. Son casi las 12 del medio día ¿Por qué había dormido tanto?

Mientras devora la manzana, pensando, baja la mirada hasta su ropa que, definitivamente, no era suya y recuerda: Lorcan la había consolado y ella lo había besado ¡dos veces! ¡Dos! Ella se había levantado, se había dado una ducha, tomado ropa de Lorcan, la que por cierto olía exquisitamente deliciosa, y preparado una cena. No solo le bastó con eso, sino que al dormir le había pedido que durmiera con ella ¡Y lo besó antes de dormir!

—Que alguien me mate. —Murmura, enterrando la cara en sus manos.

—Bueno, si tanto lo deseas…

Roxanne levanta la cabeza y observa a Lorcan, que la mira con una sonrisa de suficiencia, apoyado en el marco de la puerta.

—Es un decir, no hace falta. —Refunfuña. Lorcan ríe y se sienta junto a ella, no sin antes dejar un beso sobre su frente. — ¿Dónde has ido?

—A avisar al trabajo que no me presentaría hoy y a…traer algo de comer. —Dice, mirando el pobre "desayuno" que Roxanne había ingerido. —Está en el microonda. —Añade, ella frunce el ceño.

— ¿Llegaste hace mucho? —Preguntó. Lorcan río y asintió. — ¿Por qué no me despertaste? —Preguntó nuevamente, algo avergonzada.

—Te ves hermosa cuando duermes. —Murmuró él. — Y…porque necesitabas descansar. —Añadió, logrando que Roxanne subiera las piernas a la silla y se abrazara sus propias piernas. Lorcan se puso de pie para acercarse a ella.

—No te va a volver a hacer daño. —Le asegura Lorcan. — Te lo prometo. —Ella deja de abrazarse ella misma para que Lorcan la abrace.

Roxanne apoya la cabeza en el hombro del rubio y se deja abrazar. Curiosamente, sentir miedo es mucho más difícil rodeada por los brazos de Lorcan. Tras unos minutos en silencio, se separan y hacen preparativos para comer lo que sea que Lorcan haya traído.

— Roxie ¿piensas decirle a Fred? —Preguntó Lorcan casualmente, mientras comían. Roxanne abrió los ojos como platos y negó rápidamente mientras tragaba para poder hablar.

—No, no. Fred no puede saberlo. Ni Crystal. Nadie. Prométeme que no le dirás a nadie. —Dijo ella con rapidez, casi suplicando. Lorcan asintió sin dudarlo.

—Pero ¿por qué? ¿No crees que tienen derecho a saber…? Deben estar preocupados. —Dijo el rubio, aunque no le diría a nadie si ella no quería.

—Es precisamente por eso. —Respondió la pelirroja jugando con lo poco que quedaba en su plato. — Fred y Crystal han pasado por todo conmigo ¿Y yo qué he hecho? Darle más dolores de cabeza. No podría…no. —Añadió, encogiéndose un poco como si estuviera recordando algo.

A Lorcan le pasó un pensamiento por la cabeza, una pregunta sin respuesta.

— Roxie…—La pelirroja alzó la mirada perdida. — ¿Qué pasó? ¿Por qué regresaste? —Preguntó él. Por un momento se odió a si mismo cuando vio los ojos de la chica llenarse de lágrimas, sabía que era como una caja de pandora, pero necesitaba saber.

—Bueno, supongo que debo decirte. —Suspiró, moviendo un poco su nariz. —Crystal y yo cuando nos mudamos a Estados Unidos pues tuvimos dos años relativamente tranquilos entre todo. —Dijo Roxanne. —Sufría…sufro de terrores nocturnos. —Confesó la pelirroja, jugando con sus manos. Lorcan se las había arreglado para mover su silla y quedar justo frente a ella donde tomó sus manos solo para inspirarle confianza. — Esto significa que tenía pesadillas muy reales, demasiado reales. De las que muchas veces no podía regresar. —La expresión de Lorcan le decía que no estaba entendiendo ni papa de lo que decía. —Terror nocturno es una enfermedad muggle, causada por un trauma. Se hace notar por causar unas pesadillas realísticas lo que quiere decir gritar, llorar, patear entre otras cosas mientras se duerme. Causa hiperventilación y muchas veces es difícil despertar a la persona cuando sufre de este…episodio. —Aclara ella. Lorcan asiente, entendiendo.

— ¿Tenías eso? —Preguntó el rubio.

—Sí…bueno tengo, creo. Había tomado un tratamiento para ello y pues ya no me ocurría pero desde que regresé he tenido estas…pesadillas sobre el secuestro, sobre Lysander…es como vivirlo todo de nuevo, pero como un testigo, sin poder hacer nada. —Dos gruesas lágrimas se deslizan por las mejillas de la pelirroja y ella las limpia con rapidez. —Es por eso que estoy inquieta mientras duermo, aunque no sé si lo notaste. Por eso no quiero decirle nada a Fred ni a Crystal, saben que están volviendo las pesadillas y no quiero preocuparlos más de lo que están. — Añade, casi en un susurro.

—Pero…no es por eso que volvieron ¿o sí? —Inquirió el rubio.

—No. —Respondió. —Nos costó adaptarnos, estar solas allá, sin nadie. Fue más duro de lo que puedes pensar y más porque nos costaba confiar en cualquier persona. Como dije, los primeros dos años estuvimos relativamente bien y entonces…Crystal conoció a este chico. —Continuó. Iba a omitir algunos detalles de la historia, como el detalle que el chico había usado poción multijugos todo el tiempo y que había resultado ser el mismo mortífago que había intentado matarla antes y había terminado matando a Lysander. —Para hacer la historia corta…le tomó mucho tiempo ganar confianza y pues…era como que andaba detrás de Crystal o eso parecía pero ella no quería nada con él y lo había dejado claro. Según él, se conformaba con ser solo amigos. Unos dos meses antes de que regresáramos descubrimos que no era quien decía ser. —Roxanne suspiró. Lorcan escuchaba lo que la chica decía con atención, no queriendo perder ningún detalle. Estuvo en silencio cerca de un minuto, buscando como pronunciar las siguientes palabras. Era fácil pensarlas, lo difícil era pronunciarlas. —Casi me mata a golpes, tengo suerte de estar viva. —Murmuró con rapidez, cerrando los ojos para empujar los recuerdos a lo más hondo en su cerebro.

— ¿Qué? —Preguntó Lorcan.

— Era un mortífago, o hijo de uno. No lo sé. Buscaba venganza para alguien que…alguien en la familia mató. No quería Crystal, me quería a mí nuevamente. —Esta vez, no pudo contener las lágrimas y se echó a llorar.

Dentro de dos segundos ya Lorcan estaba sobre ella en un abrazo. ¡Merlín! ¿Cómo era que podía pasarle todo eso a ella? ¿Cómo? No era justo todas las cosas malas que sucedían.

—Todo el que está conmigo sale herido de una forma u otra. No quería volver por eso, pero Fred no dejó opción. Es…es por eso que no he simpatizado mucho con mi familia, quiero protegerlos. Quiero mantenerme alejada de ti, quiero protegerte pero no puedo, no puedo. —Confesó Roxanne entre sollozos.

Lorcan la consoló sin decir una palabra. Lo que la pelirroja acababa de decir lo hacía sentir mal, demasiado mal. Sentía la imperiosa necesidad de protegerla y se odiaba a sí mismo por haber pensado en algún momento que Roxanne estaba siendo orgullosa al centrarse en ella misma sin tan siquiera pensar las posibles razones para eso. Acababa de confesarle que no se había acercado a su familia porque quería protegerlos. ¿Acaso tenía una idea de lo difícil que debía ser eso para ella? Nunca la lo había pensado. Se había estado manteniendo lejos de él y por lo que habían pasado en las últimas 24 horas parecía que había sido bastante difícil para ella. Para él también lo había sido. ¿Cuántas otras cosas ella estaba haciendo simplemente para no herir a los demás aunque eso se la estuviera comiendo por dentro?

Al cabo de unos 15 minutos Lorcan seguía pensando en una forma de cómo hacerla a ella sentir mejor. Sentía una gran impotencia al saber que no había nada que estuviera a su alcance para simplemente eliminar todas esas cosas de su cabeza.

—Ya, se acabó. Se acabaron estos temas, lo que único que he hecho es llorar. ¿Qué rayos me pasa? —Murmuró la pelirroja por lo bajo, haciendo muecas raras. El rubio la miró alzando una ceja y ella sonrió un poco. — ¿Te parece si hacemos algo? —Preguntó.

— ¿Algo como qué? —

—Cómo salir por ahí. Necesito distraerme. —La pelirroja hizo una mueca ante lo último. —Podemos ir al cine a ver una película.

Lorcan asiente, con el ceño algo fruncido. Roxanne se levanta de un salto y coge la mano de él.

—¿ A dónde vamos? —Pregunta Lorcan, sorprendido, al ver que la pelirroja se dispone a desaparecerse.

—A mi apartamento. No pienso salir así. —Responde Roxanne, señalando la ropa holgada de Lorcan. El rio.

Aparecen segundos después en el apartamento de Crystal y ella. Le extraña un poco que Crystal no esté, pero no hace ningún comentario y deja a Lorcan en la sala. Lorcan curiosea los artefactos muggles mientras que Roxanne se ducha y se arregla. Al cabo de unos 20 minutos Roxanne reaparece ya arreglada.

—Bueno, ¿qué tal estoy? —Pregunta, dando una vuelta sobre sí misma. Coge su bolso y empieza a meter en él lo que Lorcan considera objetos aleatorios sin ninguna utilidad definida.

—Preciosa. — Responde con un hilo de voz, sintiendo enrojecer sus mejillas. Roxanne lo mira y sus mejillas enrojecen de igual forma.

—Gracias. —Replica ella, bajando un poco la mirada en un intento de ocultar el sonrojo que cubre sus mejillas.

—No sé por qué intentas ocultarlo, sabes que siempre he adorado como se te ven las mejillas coloradas. — le dice el rubio con una sonrisa picarona en los labios. La pelirroja siente más calor aun en sus mejillas, si fuese posible, por lo que estaba segura que tenía las mejillas encendidas como árbol de navidad. Fulmina al rubio con la mirada, sabe que lo hace apropósito.

Por momentos, siente que el tiempo no ha pasado. Siente que siguen siendo un par de adolescentes, no es como si fueran tan viejos tampoco, pero se siente de vuelta en Hogwarts, donde su mayor preocupación era pasar las clases necesarias para poder graduarse. Mas bien, se siente de vuelta en su último año con él. Libre, pudiendo mostrar sus sentimientos hacia él sin ningún tipo de temor, a pesar de que les gustaba guardar aquello solo para ellos y sus personas más allegadas, es decir, Crystal y Lysander en aquel momento. Ahora, aquel secreto parecía solo de ellos pero ¿En realidad podían tener ahora, cuatro años después, lo que tuvieron en ese entonces? Eso era algo que les tocaba averiguar a ambos.

Antes de salir Roxanne piensa en escribirle una nota a Crystal pero se arrepiente al último segundo. Todo parece estar como ella lo dejó así que ni siquiera está segura de que Crystal se haya dado cuenta que no había dormido en el apartamento y el dejar una nota diciendo que estaba bien dejaría interrogantes a la morena que la pelirroja debería responder luego, cosa que no le apetecía. Así que decidió irse sin más.

Cuando salen a la calle, Roxanne gira a la derecha automáticamente, pero Lorcan gira a la izquierda. Se miran cuando están a tres metros de distancia y se echan a reír.

— ¿A dónde vamos?—Pregunta Lorcan, acercándose a ella para tomar su mano.

— ¿Al cine? —Sugiere Roxanne, nuevamente. Lorcan frunce el ceño confundido, ahí estaba esa palabra de nuevo y aun no la entendía.

— ¿El qué? —Pregunta el rubio.

—El cine. Es un lugar donde se proyectan películas. —Responde la pelirroja y la cara del rubio le dice que no ha entendido una palabra de lo que dice.

— ¿Y qué son peli–como se llamen? —Pregunta Lorcan con curiosidad. Roxanne frunce un poco el ceño, tiene la leve impresión que el rubio le está tomando el pelo pero decide responderle.

—Películas. Son… como imágenes en movimiento. —Intenta explicar Roxanne.

—¿Fotografías? —Inquiere el rubio.

—No, tienen sonido. —

—Cuadros, entonces. —

Roxanne ladea la cabeza y entorna los ojos con sospecha.

—Te estás burlando de mí. Sabes de sobra lo que es una película. —Le dice ella, convencida de que solo le toma el pelo.

—No, no lo sé. —Responde Lorcan. Roxanne clava la mirada en sus ojos unos instantes para asegurarse de que no miente.

— ¿De verdad no sabes? —Por alguna extraña razón que Lorcan desconocía, al parecer la idea de que él no supiera lo que era el cine y una película emocionaba aún más a la pelirroja. —Bueno, pues entonces, vamos al cine y te lo enseño. —Decidió la chica, con una contagiosa sonrisa en los labios.

Si antes dudaba del conocimiento de Lorcan acerca de los cines, Roxanne termina de convencerse de que el rubio no tiene la más remota idea de lo que es una película apenas entran en uno. Lorcan va mirando alrededor todo el rato, como un niño en un parque de atracciones, y da respingos ante cosas normales y corrientes.

—¡Mira! ¡Las escaleras suben solas! Ya podrían hacer eso las de Hogwarts en vez de cambiar de destino. —Comenta Lorcan cuando suben al piso superior. Roxanne ríe ante su tierna cara de emoción.

—Te repito, Lorcan, que eso no es magia, sino ciencia. —Dice Roxanne por decimoquinta vez en menos de cinco minutos. Sin embargo, cuando mira a su lado, Lorcan no está ahí. Descubre al rubio observando una televisión boquiabierto. De repente, saca su varita. — ¿Qué haces? —pregunta Roxanne, alarmada, mientras una niña que pasa por ahí señala la varita de Lorcan y se ríe murmurando algo que suena como "hada madrina".

—¡Hay personas encerradas ahí! —Explica Lorcan muy convencido. —¡Les han echado un hechizo empequeñecedor y las han metido en esa caja! —Añade, un poco exaltado. Roxanne mira a los lados y no puede evitar echarse a reír.

—Lorcan. —Murmura, intentando ocultar una risa. —Eso es una televisión guarda la varita estás llamando la atención. —Le dice la chica con dulzura. Lorcan se guarda la varita en los pantalones y mira alternativamente a Roxanne y a la televisión.

—¿Televisión? ¿Entonces no hay gente encerrada ahí? —Pregunta, ligeramente avergonzado.

Roxanne sonríe.

—No, Lorcan. Es como… como… Otro día te lo explicaré. —Promete, cogiéndolo de la mano y tirando de él. — Te gustará, lo prometo. —La pelirroja sonríe y fue lo único que necesitó el rubio. —¿Qué película quieres ver? ¿De amor o de terror con zombies y todo eso? —Preguntó Roxanne, deteniéndose delante de unos carteles.

— ¿Zom-qué? ¿Qué es eso? —Pregunta Lorcan, desorientado.

—Zombies, Lorcan. Son muertos vivientes. —Responde. —Pero no tienen que ser zombies exactamente.

— ¿Cómo fantasmas? — Preguntó el rubio, con el ceño ligeramente fruncido en una expresión que decía que estaba intentando entender.

—No exactamente. Se arrastran y te atrapan. —Responde, luego de pensarlo unos segundos.

— ¡Cómo los inferis! —Exclamó, emocionado. Roxanne no pudo evitar reír.

— Algo así. —Respondió la pelirroja, aun sonriendo ante la cara de emoción del rubio.

—Pues ésa no. —Decide Lorcan, poniendo una expresión un poco más seria. — ¿Podemos ver algo que te haga reír? Me gusta verte reír. —Murmuró Lorcan, logrando que el sonrojo llegara de nuevo a sus mejillas.

—Claro. —

Roxanne busca dinero muggle en su cartera y paga unas entradas para una película de comedia que parece bastante divertida. Seguramente se reirá más de la risa de Lorcan que de la propia película, pero vale la pena escuchar su risa. Siempre le ha parecido divertidamente adorable.

Llegar hasta la sala donde se proyecta la película fue como una misión, pues Lorcan parecía un niño pequeño que señalaba las cosas más simples de todas y, aunque no quisiera, llamaba la atención. A Roxanne aquello le parecía adorable, pero no creía que fuera demasiado adorable cuando miraban a Lorcan como si estuviera loco. Compraron unas palomitas y estaba segura que a Lorcan le costó toda su fuerza de voluntad no hacer una pregunta sobre ello ya que ella misma se lo había pedido. Cuando al fin llegaron a la sala, Lorcan miraba alrededor, buscando algún objeto del cual pudiera hacer una pregunta. Roxanne había respondido más preguntas de las que estaba acostumbrada a responder en un solo día.

— ¿Qué es…?—Comienza a preguntar, pero la pelirroja lo interrumpe.

— Lorcan por favor no más preguntas. — Pide ella en un tono que es casi una súplica. — Eres adorable y hermoso cuando haces tanta pregunta pero…Merlín, han sido suficientes preguntas por hoy. —Añade la pelirroja, casi riendo. Estaba esperando ver una mirada avergonzada en el rostro el rubio, sin embargo tenía una sonrisa divertida en el rostro.

— Así que… ¿soy adorable y hermoso? —Pregunta Lorcan, haciendo que la pelirroja abra los ojos como platos dándose cuenta de lo que había dicho.

— Ahm…bueno… —Estaba demás decir que Roxanne se sonrojó hasta las orejas y que su corazón quería salírsele por la garganta. —La verdad es que sí. —Susurró, jugando con sus manos y sin mirarlo.

—Hey. —Lorcan colocó una de sus manos en el mentón de la pelirroja y la obligó a mirarlo. —Tú eres adorable y hermosa. —Acto seguido, unió sus labios en un corto beso que decía más de lo que podían decir en palabras.

Luego de casi un minuto en silencio, Lorcan se atrevió a preguntar:

—¿Dónde sale la película? —Preguntó, provocándole una risa a Roxanne.

— La película sale ahí. —Explica Roxanne en una risa, señalando la enorme pantalla que está frente a ellos. — Y pásame las palomitas. —Añade. Lorcan frunce el ceño.

— ¡Pero si están en el centro! —Se queja el rubio.

—Sí, claro. Las estás acabando tu solo. —Replica ella.

—Tome usted, mandona. —Lorcan pasó las palomitas con el ceño fruncido como un niño pequeño.

— ¡Yo no soy mandona! —Replicó.

—Sí lo eres. —

—No lo soy. —

—Sí. —

—No. —

—Sí. —

—Merlín Lorcan, cállate. —Roxanne coge un puñado de palomitas y se lo mete en la boca. Lorcan intenta tragárselas mientras se ríe, tarea altamente complicada. Cuando logra despejarse la boca, coge otro puñado y se lo echa a Roxanne por encima. —¡Oye! —Se queja ella.

—Has empezado tú. —Replica Lorcan.

—Eres tú el que no se calla ni…¡ni comiendo! —

—Y tú quieres tener siempre la última palabra. —

—Porque tengo razón. Y lo sabes. — Roxanne le saca la lengua como una niña pequeña.

—Eh, ¿por qué se han apagado las luces? —Se quejó el rubio, mirando a los lados.

—Shhh, va a empezar la película. —Le reprende Roxanne.

— ¿Y cómo diablos vamos a verla a oscuras? — Susurra él en respuesta.

—Así se ve mejor. —Susurra la pelirroja, en respuesta.

—Eso no tiene lógica. —Replica.

— ¡Lorcan! mete la lengua en paladar, ¿quieres? —Roxanne le da un ligero golpe, solo para hacer efecto a sus palabras.

—¡Anda, ahí hay letras! —

—Eso es el título. Y haz silencio si no quieres que nos echen de la sala. —

Lorcan se queda embelesado observando las imágenes que se mueven y hablan. Definitivamente, eso es mejor que los cuadros, piensa mientras devora las palomitas y ve la película.

Poco después que la película comienza las carcajadas de Lorcan son escuchadas alrededor de toda la sala mientras observa la película. Eran tres hombres que habían creado algún tipo de…cosa y tenían una empresa que lo creaba para luego ellos venderlo. El problema había que la empresa que iba a comprar el producto al final no lo quiso por lo que los tipos estaban haciendo muchas locuras, como hacer un secuestro al hijo de quien originalmente iba a comprar su producto. Sin embargo, su intento de secuestro había sido un completo fracaso y quien iba a ser secuestrado, se autosecuestra y extorsiona a quienes los iba a secuestrar y para que le ayuden a quitarle el dinero a su padre.

Durante el transcurso de la película Lorcan se ríe como un demente y Roxanne se ríe porque Lorcan ríe como un demente. Al cabo de más o menos una hora y media Roxanne está más que segura que su garganta dolerá al otro día de tanto reír.

Roxanne y Lorcan salen de la sala ambos con una sonrisa, Roxanne mira a Lorcan de reojo ya que este tiene las mejillas coloradísimas, y no es para menos se la pasó toda la película riendo y haciendo comentarios sobre como aquellos tipos eran unos idiotas.

—Bueno, ¿qué? —Pregunta Roxanne, un poco emocionada.

Lorcan la mira. Sin darse cuenta, están dirigiéndose hacia el Caldero Chorreante, aunque ninguno lo ha propuesto.

— ¿Qué de qué? —Pregunta el rubio.

— ¿Te ha gustado la experiencia? —Insiste la pelirroja, esperando una reacción de parte del rubio.

—La verdad es que ha estado genial. —admite Lorcan, dejando que su emoción saliera a flote.

—Sí, la verdad es que sí. Las de comedia son así. — Comentó la pelirroja.

— ¿Ya la habías visto? —Preguntó el rubio, frunciendo un poco el ceño.

— No, pero he visto algunas que hacen reír. — Responde ella.

—Roxie. —La pelirroja volteó la vista hacia el rubio. — No entiendo una cosa… ¿Cómo es que ese tipo se autosecuestró? ¿Cómo lo hizo sin magia si no tenía como abrir las puertas del automóvil muggle? — Roxanne no puede evitar soltar una carcajada. Estaba segura que le había tomado mucho tiempo el hacer esa pregunta.

—Mmm…no lo sé. Son cosas que en la vida real no pasarían pero como es una película…todo puede pasar. — Respondió la pelirroja.

Lorcan asiente, pensativo. Sin darse cuenta, llegan hasta la puerta del Caldero Chorreante. El alboroto del interior les llega por las lúgubres ventanas del local. Se detienen a varios metros de la puerta, tenían las manos entrelazadas pero probablemente ni tan siquiera se habían dado cuenta.

—Nunca pensé que viviría para verte admitir que no sabes algo. —La molesta Lorcan, finalmente.

Roxanne enrojece y baja la vista.

—Yo no lo sé todo. —Responde, dándose cuenta de sus manos entrelazadas. Esto la hace enrojecer aún más.

—Menos mal. Si lo supieras todo, serías algo parecido a una diosa. —Replica Lorcan, fingiendo alivio.

— ¿Ah, sí? ¿Una diosa? ¿Y entonces qué soy, eh? —Pregunta Roxanne, tratando sin mucho éxito de aparentar enfado.

—Eres preciosa. —Responde Lorcan. Lo había escuchado decirlo antes, pero nunca como en ese momento. Fue diferente, hasta casi irreal. Roxanne lo mira a los ojos, tratando de encontrar algún asomo de broma en ellos, pero el azul travieso de la mirada de Lorcan había sido reemplazado por otro azul, que Roxanne nunca había visto, ni tan siquiera años atrás. O tal vez no lo recordaba.

Y de repente están abrazados en mitad de la calle, besándose como si el mundo se acabase en pocos minutos. Si les preguntan, ambos dirán que el otro fue quien se acercó. Roxanne deja de preguntarse por el significado de la mirada de Lorcan y se entrega completamente al beso.

Tras lo que les parecen unas tres eternidades y media, se separan y se quedan mirándose a los ojos, tratando de comunicarse sin palabras. Sin embargo, parece que tendrán que practicar, porque Roxanne malinterpreta el silencio de Lorcan. Mas bien, se da cuenta de lo que ha sucedido.

—Lo siento… Yo… No tendría que… Lo siento. —Murmuró ella, soltando las manos de Lorcan y sintiéndose abrumada de momento. ¿Qué era lo que le sucedía?

La mano de Lorcan bajó hasta su barbilla y la obligó a levantar la cara.

—Oh, vamos. No lo hubieses hecho de no haber querido. —Replica, recuperando el tono juguetón y bromista. — ¿Me equivoco? — La pelirroja se zafa del agarre de la mano de Lorcan y gira un poco el rostro.

—Lorcan…yo no—Intentó hablar, pero su voz iba a directamente a quebrarse por lo que se calló e intentó recuperar. —Yo lo siento...yo no puedo est.. —Lorcan la interrumpió poniendo un dedo sobre sus labios.

—Shh…por favor, no se te ocurra decirlo. Acabo de recuperarte. —Susurró él, atrayendo a la pelirroja más hacia él. —Por favor no me alejes, te lo pido. —Los ojos del rubio estaban llenos de súplica que derretían el corazón de la pelirroja. Roxanne colocó una mano sobre la mejilla del rubio.

—No quiero hacerlo, pero no podría soportar perderte. No podría soportar que te hicieran daño por mi culpa. —Susurra ella, conteniendo las lágrimas. Lorcan mueve su rostro para acariciarse con la mano de Roxanne. — Eres lo único bonito que me queda.

— Roxanne, nadie me hará daño. Nadie te hará daño. Nadie. Absolutamente nadie. No voy a dejar que te alejes de mí nuevamente. —Con una delicadeza digna de un hombre como él tomó el rostro de la pelirroja y unió sus labios, solo para dejar más claro su punto. —Si me dices que esto no te gusta y que no te arrepentirías de dejarme ir, te prometo que te dejo ir. —Susurró sobre sus labios, separándose de ella solo unos centímetros.

Como respuesta, Roxanne lo besó. Las palabras no eran necesarias en ese momento.

—Sabes que no sería capaz de decirte algo así. —Murmuró la pelirroja una vez se separaron. El rió.

—Supongo que no quieres quedarte sola en tu apartamento ¿o me equivoco? —Preguntó el rubio. Por increíble que pareciera ya estaba cayendo la tarde.

—Algo me dice que Crystal no estará y no quiero quedarme sola así que…¿te molesta que invada tu cama nuevamente? —Pregunta ella con una sonrisa, sujetándose del brazo del rubio.

—Oh, claro que no. —Responde el rubio con una risa divertida.

Acto seguido, la joven pareja desapareció del lugar.