LA VIDA QUE QUIERO

CAPITULO XIX

ADVERTENCIA: El siguiente capítulo tiene unas pequeñas escenas algo "hot". Solo es tantito, no se me emocionen tanto aún.

-Michelle – se dirigía Terry a su hermana – te presento a Candy, mi novia

La chica castaña le dirigió una mirada de desprecio a la rubia seguido de un simple "Hola"

Le dejó la mano extendida a Candy y se dio la media vuelta para dirigirse con sus amigas, pero Terry la fue siguiendo y la jaló del brazo.

-¿Se puede saber qué te pasa?

-No me molestes Terry

-¿Molestarte? Te comportaste horriblemente grosera y mal educada ¿Quién te crees?

-Somos unos Grandchester, pero al parecer a ti no te interesa cuidar el buen nombre de la familia, juntándote con cualquier mujercilla que te encuentras

-En primer lugar, Candy no es ninguna mujercilla, así es que te exijo que en este momento le ofrezcas una…

-Lo corriente se le ve por todas partes – seguía diciendo la chica, observando a Candy desde la distancia – estoy segura que es una pobretona, igual que Susana

-Y si así fuera ¿A ti que te importa?

-Me importa porque eres mi hermano y porque recuerdo cómo te hizo sufrir la idiota de Susana

-Bien, pues si tanto te importo yo entonces te diriges con educación hacia Candy, si no lo haces, nos retiraremos de tu fiesta – no le dio tiempo a su hermana de responderle pues se giró para ir hacia Candy.

La abrazó por la cintura y la dirigió hacia la mesa donde se encontraban sus padres, pero antes de llegar, ella hizo una pausa

-Terry, creo que lo mejor será irme

-Ni lo pienses. Ya le reclamé a la tonta de mi hermana por su actitud. Discúlpala Candy, está en plena adolescencia y a veces ni mi propia madre la puede controlar. Pero tú no te vas de aquí. Vamos para que te presente a mis padres.

-No, prefiero que no

-¿Por qué?

-Es que…

-¿Tienes miedo que te traten mal? – Ella asintió – no te preocupes, no lo harán, se lo que te digo ¿Confías en mí?

-Sí, pero…

-Pero nada, vamos – le guiñó un ojo y la dirigió allí

Los padres del joven observaron que la pareja se acercaba y le sonrieron amablemente a ambos.

-Hola padre – lo saludó con un abrazo y posteriormente a su madre, con un beso. Los señores también saludaban muy cariñosamente a Terry

-Les presento a Candy White, mi novia

-Es un placer – dijo la chica, con la voz más espantosamente temblorosa

-El placer es nuestro, señorita White – le dijo seriamente el padre de Terry al mismo tiempo que le extendía la mano

Eleonor se dio cuenta de los nervios de Candy, y no hizo otra cosa más que sonreírle amablemente.

-Mucho gusto, Candy – dijo la dama – Terry ya nos había hablado de ti, así es que no tienes porque sentir pena alguna

-Es usted muy amable, señora – dijo más calmada, pero muy impresionada ante la belleza y elegancia que fluía de la mujer

-Tomen asiento, por favor – hicieron lo propio

-Señorita White – se volvió a dirigir a ella el senador – mi hijo nos comentó que tú estás estudiando en la misma universidad que él

-Sí, así es

-Me alegro mucho. ¿En verdad te apasionan las leyes? ¿O simplemente estudias eso por alguna otra razón?

-No… en verdad, me gusta mucho mi carrera.

-Es una dicha muy grande escuchar eso, señorita White. Si pones mucho esmero en tus estudios, llegarás muy alto

-Gracias, señor Grandchester

-Además – señaló Eleonor – eres muy bonita, Candy. Me alegra que las mujeres hoy en día ocupen puestos importantes en la vida. Además de tu belleza, tu inteligencia te ayudará a volar muy alto

-¡Oh, es usted muy amable, señora Grandchester!

-Si lo prefieres, puedes llamarme Eleonor, con confianza, Candy

-Gracias, señora Eleonor

-Bueno, por ahora así está bien – la dama sonrió – y dime Candy ¿Te sientes a gusto en la fiesta?

-Claro… con tan grata compañía es imposible no sentirse cómoda.

-Que linda eres, Candy – le regaló otra sonrisa, y Richard también

Minutos más tarde, cuando a Candy ya se le había olvidado el incidente de la hermana de Terry, porque se sentía gratamente feliz de haber congeniado con los padres, la susodicha llega a la mesa, con enormes aires de superioridad.

Sin dirigirle la palabra a Candy, la chica únicamente platica con Terry y sus padres.

Cabe mencionar que por la actitud que tomaba al hablar y al desenvolverse, Candy la quería casi ahorcar, y es que la chica vaya que es presumida, arrogante y excesivamente creída.

Pero eso no era todo. No, no era lo peor. Candy la logró reconocer. Entrecerró los ojos para observarla mejor. Cabello castaño, largo hasta los hombros, muy lacio, ojos marrones, piel muy blanca… no cabía duda, Candy sabía que era ella.

Sintió que la presión le bajaba, le comenzó a dar migraña y se le dificultaba respirar.

-¿Te pasa algo, Candy? – le preguntó Terry

-No me siento bien

-¿Quieres irte?

-Por favor

-Está bien – se levantaron

-Señores, fue un enorme gusto conocerlos – decía Candy – pero debo retirarme, lo siento mucho

-¿Tan pronto, Candy? Es una lástima – exclamó Eleonor – pero espero que nos veamos muy pronto

-Gracias, desde luego que sí

-Hasta pronto, señorita White – exclamó Richard

-Hasta pronto, señor Grandchester, adiós, Michelle – la chica sabía que Michelle no le respondería, pero no sería ella quien quedara como una mal educada frente a los padres de Terry – un gusto conocerte – y, en efecto, la chica la ignoró

Eleonor retó a su hija con la mirada, pero de ahí, no pasó más. Terry les hizo saber a sus familiares que en breves momentos regresaba, y acompañó a Candy hasta su casa.

-Hermosa ¿Qué sucede?

-Es que de momento comencé a sentirme muy mal. Me duele mucho la cabeza y…

-Candy ¿Acaso fue la actitud de mi hermana? Hermosa, créeme que la pondré en su lugar, no tiene ningún derecho de tratarte así

-Terry, no es eso… su actitud no me interesa, es solo una chiquilla ¿Cómo me voy a enojar?

-¿Chiquilla? Jajajajaja ¡Cálmate! Viejita… si tan solo le llevas dos años

-Bueno… en parte la comprendo pues ha tenido una vida muy distinta a la mía y además, ya estoy acostumbrada a caerles mal a las personas. La primera impresión que doy no siempre es grata

-Que tonterías dices… en fin. Espero que te sientas mejor - le besó la mejilla – ya estás sana y salva en tu casa ¿Paso por ti mañana?

-Preferiría que antes me llames, Terry, no sé si me sentiré bien

-¿Por qué no vas con un médico?

-Sí, lo consideraré. Adiós Terry, buenas noches - se giró y de inmediato se adentró a su casa

Terry se quedó observando la puerta de la casa por un buen rato ¿Qué le sucedía a Candy? Se preocupó muchísimo, a la vez que se indignó por su actitud.

Si bien Michelle era una grosera, Candy no tenía porque hacerle caso, puesto que sus padres la aceptaron tal como es y hasta percibió que entre su madre y Candy hubo cierta camaradería como de amigas.

Con la misma se regresó a su camioneta para partir nuevamente a la fiesta.

Entre tanto, Candy, hecha un manojo de tristeza, se tiró a la cama para llorar. Y no, no lloraba por las groserías que le hizo Michelle. Lloraba porque ya se imaginaba quien era ella. Precisamente, la hermana de Terry ¿Por qué? ¿Por qué precisamente la hermana de Terry?

Tomó su teléfono celular y llamó a Annie. Su amiga contestó de inmediato.

-¡Candy! ¿Qué tal la fiesta?

-Amiga, necesito que vengas a verme, por favor

-Pero ¿Qué sucedió?

-Te explico aquí en la casa Annie, te necesito… te lo ruego…

-Voy de inmediato

Sin dudarlo, la chica se preparó para salir y fue en busca de Candy. En media hora llegó. Cuando Candy le abrió la puerta, con el rostro bañado en lágrimas, Annie la abrazó.

-¿Qué pasó Candy?

-No me lo vas a creer…

-¿Terminaste con Terry?

-No…

-¿Entonces?

-Annie ¿Traes contigo tu cámara?

-Sí, pero ¿Qué tiene que ver eso?

-Muéstramela, por favor, de nuevo Annie

La chica titubeante sacó la cámara. Candy buscó una fotografía en particular y la halló rápidamente.

-Observa Annie – le mostró la foto – ella – decía con el nudo en la garganta – ella

-¿Ella qué?

-¡Es la hermana de Terry!

-Nooooooooo – los ojos se salieron de sus orbitas y entonces puso mayor atención a la foto - ¿En serio?

-Sí

-¿Y por eso lloras?

-¡Y tú qué crees!

-¡Que eres una tonta! ¿No que Anthony ya no te interesaba? ¡Ubícate! Andas con Terry, se ha portado tan lindo contigo ¿Y tú qué haces? ¿Ponerte a lloriquear porque descubres que tu cuñada es la amante en turno de Anthony?

-¡No es eso! Dime Annie ¿Cómo me llevaré bien con la familia de Terry si siempre estará Anthony presente en todo momento? Si cuando su hermana se entere de que anduve con él me odiará… ¿No lo entiendes? Mejor que nadie sabes cómo fue de tormentosa mi relación con él

-No, no lo entiendo. No tengo idea de que tenga eso que ver… Anthony ya es cosa del pasado, y si pensabas que nunca más en la vida te lo volverías a cruzar en el camino, estabas muy mal. Tienes que superarlo, tienes que comprender que aquello ya fue y ver para adelante. Con Terry te espera un gran futuro, Candy. No solo en el amor. Terry aparte de cariño te brinda apoyo, te brindará una posición y tú serás muy estúpida si decides dejarlo solo porque no soportas la idea de que Anthony ande con su hermana ¿No te das cuenta? Es una gran tontería que pienses de esa manera

-Es que… ¡Ay Annie! ¿Por qué sigue doliéndome tanto?

-Ya te había dicho que lo que te duele es el orgullo – enfadada, se dirigió a la pequeña cocineta en la vivienda de Candy – ahora, ve a tu cama, descansa. En breve te llevaré un té. Pero eso sí, mañana le hablas a Terry, lo citas, salen a algún lugar y se dedican a vivir un tórrido romance ¿Entendido? Me molesta mucho que sigas llorando por el inútil de Anthony

-Gracias, Annie

-¿Por qué?

-Eres como mi consciencia… eres la razón que necesita mi cerebro. De no ser por ti, no sé qué haría. Gracias por ser mi amiga

Annie sintió un gordo nudo en la garganta y la abrazó.

-Si me comporto a veces muy grosera y te digo las cosas de mala manera, es porque de verdad te quiero, Candy. Sé que mereces toda la dicha del mundo, y por ello no te permito que sigas deprimida por algo que ya no tiene remedio… y respecto a la hermana de Terry… ¡Que no te importe! Tú estás con Terry, dedícate a ser feliz con él ¿Entendido?

-Si… Annie… vamos a tomar el té aquí, en la mesa

-De acuerdo

En cuanto las chicas se sentaron comenzaron a conversar sobre el breve tiempo que Candy pasó en la fiesta.

Annie se alegró mucho de que los padres de Terry se comportaron muy amables con ella y la aceptaron. Posteriormente, comentando sobre la actitud de Michelle, Annie no pudo más que carcajearse, burlándose de ella y de Anthony. "Son tal para cual" había dicho…

Al siguiente día, temprano, Candy recibió la llamada de Terry, y era evidente el tono preocupado en su voz.

-Hola hermosa ¿Cómo estás?

-Mucho mejor, Terry, muchas gracias

-Me alegro… estaba muy preocupado por ti ¿Puedo pasar a verte?

-Desde luego, como en una hora, pues no me he cambiado aún

-No te preocupes, en dos horas estoy allí, tómate tu tiempo

-Gracias Terry

-Te quiero, nos vemos

Ahora sí, comprendió más a fondo las palabras de Annie. Se sentía como la peor de las arpías. Teniendo como novio a alguien como Terry, tan atento y cariñoso, y ella acongojada por Anthony… ¿Qué se creía? Ya más tarde se daría de azotes por ser tan deprimente.

Se esmeró mucho en su arreglo para después recibir a Terry de la mejor manera posible.

Hora y media después, llamaban a su puerta. Había dicho dos horas y se adelantó por treinta minutos. Bueno, no lo culpaba, la verdad es que ella ya se moría por verlo, por besarlo y por pedirle perdón por su actitud la noche anterior.

Abrió la puerta y se quedó helada ante lo que observó. De pie, en el umbral de la puerta, medio recargado y con una mano en el bolsillo, despreocupadamente, con un elegante suéter negro de cuello alto y encima una gabardina también en color negro, haciendo resplandecer más su piel y su cabello.

-Hola Candy

-¿Qué haces tú aquí? – preguntó sorprendida

-¿Esperabas a alguien más?

-¡Sí! ¡Espero a alguien más! Así es que te ruego que te retires, no tengo tiempo de atenderte, lo siento

-¿Ya tan rápido se te subió la fama?

-¿Qué dices?

-Que como ya eres medio famosa, ya no tratas bien a los viejos amigos

-¿Amigos, dices? ¿Qué clase de amigos somos, Anthony?

-Bueno… era un decir ¿Me permites pasar?

-No – le tapó el paso – te dije que espero a alguien más

-Bueno, como quieras. Lo que vengo a decirte es de suma importancia. Creo que ambos preferiríamos hablarlo mas… a solas

-Yo no tengo nada de qué hablar a solas contigo

-Pero yo sí

Entonces, Candy, acomodándose el bolso sobre el hombro cerró la puerta tras de sí.

-Tengo algo muy importante que hacer. Te dije que no tengo tiempo para hablar contigo así es que por favor ¿Serías tan amable de venir otro día?

-No. Te lo diré ahora, no importa si estamos a media calle. Vine a pedirte que regreses conmigo – le tomó la mano pero Candy la apartó con un violento jalón

-No quiero. Ahí tienes tu respuesta. Ya puedes irte y no volver nunca más.

-¿Segura? ¿No quieres pensarlo bien? – se le acercó peligrosamente con el propósito de besarla, pero Candy se apartó

-No me interesa ya nada que tenga que ver contigo

-Pero tú a mí sí me interesas, Candy – seguía acercándose – la última vez que nos vimos tú rogabas porque no te dejara…

Mientras tanto, a lo lejos de la avenida, Candy visualizo una camioneta de color negro, muy conocida. De inmediato, se puso nerviosa.

-Te ruego que te retires – decía sin dejar de observar a la camioneta y Anthony instintivamente volteó hacia la misma dirección

-No me has dicho a quien esperas – señaló molesto, con el ceño fruncido

-¡Vete! ¡Ya vete! – lo empujaba

-No

Y entonces, la camioneta se estacionó justo frente a ellos. Candy sintió que las piernas le temblaban, sintió que casi se desmayaba.

En breves segundos, Terry se bajó. Pero no sin ocultar su indignación con la mirada. Él solo observaba a Anthony de espaldas, y el rostro nervioso de Candy arriba del hombro del rubio.

-¿Sucede algo malo, Candy? – preguntó el recién llegado, y entonces, Anthony volteó

-¿Terry?

-Hola Anthony – el semblante del castaño se relajó. Lo saludó como si fuesen amigos

¿Qué rayos pasaba? El momento se tornó muy incomodo, sobre todo para Anthony.

-¿Tú… eres quien viene a ver a Candy?

-Sí – la abrazó por la cintura – es mi novia, no sabía que ya se conocían

¡Ah rayos! Candy deseó que se la tragara la tierra…

-Si – respondió el rubio, titubeante – nos conocemos desde la preparatoria

-¡Ah qué bien! – Exclamaba ingenuamente Terry – por cierto Anthony, Michelle se quedó muy enojada de que anoche no fueras a la fiesta

Ahora era Anthony quien deseaba que se lo tragara la tierra

-Es que tuve un contratiempo. Más tarde hablo con ella – entonces, entendió que debía retirarse con dignidad, antes de que algo malo suceda – yo los dejo solos. Adiós Candy

La chica no contestó. Entonces Anthony se retiró y la pareja de novios emprendieron camino en el coche. Candy estaba muy seria.

-¿Qué sucede, hermosa?

-Terry… te quiero mucho

El se estremeció de ternura.

-Yo también, Candy

-Debo contarte algo, importante

-¿Es algo malo?

-No sé como lo tomes, pero si quiero permanecer a tu lado por mucho tiempo, pienso que no debe haber secretos entre nosotros – decía, al punto del llanto

-Yo no te estoy pidiendo explicaciones de nada, Candy – dijo él, comprensivamente

-Pero yo quiero decírtelo. Terry… Anthony es mi ex novio. Es aquél novio con el cual duré casi cinco años… un día te prometí contarte sobre algo que me ponía muy triste… y en eso tenía mucho que ver él – resumidamente, le contó un poco sobre lo que fue su tormentosa relación con Anthony

-Candy, no es necesario que me expliques todo. Lo importante es que ya no lo es – la abrazó – ahora somos solo tú y yo, pero…

-¿Pero?

-¿Por qué vino a buscarte?

¡Oh no! No, no, no… esto no podía estarle sucediendo

-No lo sé – mintió – llegaste muy rápido y… no me lo dijo – bajó la mirada

Entonces Terry la tomó del mentón para hacerla mirarle a los ojos.

-Hace un momento dijiste que sin mentiras, Candy – sentenció

-Lo sé – y entonces, resignada, se decidió a hablar con la verdad – Terry, prométeme que no harás nada inapropiado

Y entonces el joven, frunció el ceño y su semblante se tornó completamente enfadado.

-Dímelo ya, Candy

-Él… él vino a – titubeó, y se echó a llorar

Terry no necesito más palabras. Se dio cuenta con gran facilidad sobre cuáles eran las intenciones del ex novio de Candy.

Dio un duro golpe sobre el volante y estalló, furioso.

-¿Qué se cree ese imbécil? ¡Me va a oír! ¡Te juro que lo pondré en su lugar! – encendió el auto, y sin esperar ni un segundo más emprendió la marcha

-¡Terry! – Exclamaba muy asustada Candy - ¿Qué vas a hacer? Te pedí que no hicieras nada, por favor, escúchame, déjame terminar de contarte que…

-¡No me interesa, Candy! Ese idiota se quiere burlar de ti y de mi hermana ¿Piensas que estoy dispuesto a permitirlo?

-Terry, en este momento estás cegado por la ira, por favor reacciona y no vayas a cometer alguna tontería

-¿Yo soy el tonto? ¡¿Ahora resulta que yo soy el tonto? – Gritó, enardecido – mi hermana será la estúpida mocosa más nefasta del planeta ¡Pero con un carajo! ¡Es mi hermana! Y que un imbécil como ese les quiera ver la cara a ella y a ti, es algo que no soporto, así es que te ruego, Candy, que no te metas ¡Y no me digas que hacer!

En ese momento, llegaron a la residencia donde vivían los padres de Terry con su hija menor.

Con impresionante desesperación preguntó a la servidumbre por su hermana. Una mucama le dijo que la chica se encontraba en una de las terrazas que dan vista a las fuentes.

Se dirigió hacia allá. Candy lo seguía, corriendo a la par con él. Terry se lo permitió, y en algún momento la tomó de la mano.

Al fin, ubicó a Michelle. La chica estaba sentada sobre una banca, flexionada, abrazando sus rodillas y hundiendo su rostro en ellas.

Al acercarse más, Terry se percató de que estaba llorando, debido a los espasmos que le ocasionaban los sollozos.

-¿Michelle? – Corrió a abrazarla - ¿Qué sucede?

-¡Ese inútil! – Gritaba - ¡Anthony! – mas llanto

Terry puso los ojos en blanco. Como no se lo imaginó… ese tarado ya la lastimó…

Candy, entonces, sintió pena por ella. Podría decirse que eran compañeras del mismo dolor, por lo que, dignamente, se alejó sigilosamente del lugar para dejar a Terry a solas con su hermana.

-¿Qué pasó? – preguntó Terry, tratando de sonar sereno, pero inevitablemente su tono se escuchó enfadado

-¡Me terminó! – Mas sollozos - ¡Terminó conmigo! Terry… yo estaba comenzando a amarlo… y en este preciso momento que me deja…

-Calma… te calma hermanita… - la abrazó, limitándose a solo eso… sin decir nada más. La realidad es que las palabras no le salían, no tenía idea de cómo consolarla.

La llevó hasta su habitación, la recostó y la dejó más tranquila. La chica prometió que iba a estar bien, así que se dispuso a dormir un rato.

Cuando Terry salió, pregunto de inmediato por Candy. Una muchacha del servicio le dijo que se encontraba en la sala principal.

Fue hasta allí y efectivamente, encontró a Candy sentada en el sofá mas pequeño, tomando una taza de té que seguramente la servidumbre tuvo la amabilidad de ofrecerle. Pero la chica estaba triste, con la mirada perdida…

-Candy – ella volteó

-Hola Terry ¿Cómo está Michelle?

-Mejor… se durmió un rato

-Que bien

Terry se sentó junto a ella. Podría ser el sofá más pequeño del lugar pero era lo suficientemente espacioso para que cupieran los dos a la perfección.

-Candy – volvió a hablar el joven – creo que está más que claro cuáles son las intenciones de Anthony

-No sé a qué te refieres

-Él solo jugó con mi hermana. A quien realmente quiere es a ti, por ello te buscó, quiere volver contigo, por eso dejó a Michelle

-Pues ¡Es un bruto! Cuando me buscó aún no hablaba con ella ¡Pensaba engañarnos a las dos! Pero como tú llegaste, no le quedó alternativa…

-Sí, en eso tienes razón – se frotó la cabeza, pensativo – pero… Candy… dime una cosa

-¿Qué?

-¿Aún tiene posibilidades contigo?

Ella lo miró extrañada. En un gesto de cariño, le tomó la mano.

-Terry, si yo tuviera intensiones de regresar a él, nunca, escúchame bien, nunca hubiera accedido a ser algo tuyo.

Entonces él la abrazó, y besó su frente con devoción.

-Te quiero… es algo extraño que en tan poco tiempo sienta tanto cariño por ti, Candy, pero es la verdad… desde la primera vez que te vi me sorprendiste, e inmediatamente comencé a sentir mucha admiración por ti, ahora todo eso es un gran cariño – volvió a besar su frente – gracias por estar a mi lado

-No. Gracias a ti. Yo también te quiero mucho, y nunca más vuelvas a tener dudas de mí. No me interesa ya nada que tenga que ver con él, y se lo dejé muy claro. Mi presente eres tú, y en mi futuro solo te encuentras tú – entonces, dirigió sus labios hacia los de él, depositándole un apasionado beso

Minutos después, escucharon los pasos de alguien acercarse a ellos. Terry se levantó rápidamente y muy apenado, pero no más que Candy.

A ella le ardía la cara de la vergüenza, y es que quien llegó, fue Richard Grandchester acompañado de Eleonor.

Ambos se percataron de la escena, pero no comentaron nada.

-Hola padre, hola madre – se acercó a saludarlos, pero el rojo de sus mejillas no se iba

Lo saludaron y de ahí hicieron lo mismo con la chica.

-Me alegra verte, Candy – dijo sinceramente Eleonor

-A mi también, señora Eleonor

La dama entonces, se dirigió a Terry

-¿Está Michelle en casa?

-Sí, pero… sucedió algo desagradable. Está durmiendo

-¡Oh Dios! ¿Qué pasó?

-Problemas con su nov… con su ex…

-¿De verdad? ¡Oh mi niña! ¡Subiré de inmediato a verla! – pero entonces Richard la detuvo del brazo

-Cariño, déjala sola un rato

-¡Pero debe estar devastada!

-Ya lo asimilará

-¡Es que debe estar sufriendo!

-Cariño, por eso Michelle es así. La consientes demasiado. Permítele madurar

La dama asintió no muy convencida del todo.

Posteriormente Candy y Terry se despidieron, para retirarse a otro lugar

A decir verdad, ninguno de los dos tenía ánimo de pasear. Por lo que estuvieron de acuerdo en ir al departamento de Terry y encerrarse durante las siguientes horas a ver películas.

Se tiraron en la alfombra de la sala y se cubrieron con un cobertor. Miraban atentamente la película, pero poco a póco les fue aburriendo demasiado… cerraron los ojos y casi que se quedan dormidos, pero Terry recordó que al siguiente día ya era lunes y debía llevar a su novia temprano a casa.

-Hermosa…

-Mhm – respondió, un tanto somnolienta, recargada en el pecho de Terry

-Son las nueve

-¿Y?

-Hay que irnos

-No – lo abrazó por la cintura, firmemente – no quiero irme

-Mañana hay que ir a clases

-Ya sé

-¿Entonces?

-Quiero quedarme un rato más

Y entonces, lo besó. Sus labios danzaban románticamente sobre la boca de Terry, haciéndolo estremecer de emoción. Se acercó más a él, quedando casi encima de su cuerpo.

Él entonces, la abrazó por la espalda, acariciando su cabello que lo tenía suelto y un tanto despeinado por estar acostada durante varias horas.

Posteriormente, sus besos se intensificaron. Terry comenzó a besar con fervor sus mejillas, bajando por su cuello y depositando sus manos en la cadera de ella, acercándola más a él.

Candy por su lado, acariciaba el pecho de él, aún con la camisa puesta, pero traviesamente, al mismo tiempo que mordisqueaba una de sus orejas, fue desabotonando lentamente esa camisa, para después hundir sus dedos en ese firme y bien desarrollado pecho masculino.

Tales caricias provocaron un estimulante efecto en Terry. La acercó aún más hacia su cuerpo, sin despegar sus labios del cuello de ella, que ya se encontraba deliciosamente humedecido.

Y entonces Candy, sintió en los muslos su rigidez de hombre. Jadeó inesperadamente y eso fue música para los oídos de Terry, quien sin previo aviso, metió las manos debajo de la blusa de ella, deleitándose con la suavidad de su piel. Inmediatamente se apresuró a desabrochar su sostén, con una gran habilidad.

Entonces ella, no pudo evitarlo. Dirigió su mano hacia la entrepierna de su novio. Aún portaba los pantalones, pero aún así ¡Oh Dios! Se sentía divino… enorme, completamente rígido, para ella…

Las caricias se esfumaron en instantes, pues alguien llamaba a la puerta, interrumpiendo fastidiosamente el momento.

Aunque Terry pensó que era lo mejor. Si seguían así estaba completamente seguro de que no se resistiría a algo más, y lo malo es que no contaba con los preservativos necesarios, cómo para hacerla suya toda la noche. Una vez y otra vez, sin parar, hasta que el cuerpo aguantara.

Se le hizo saliva la boca nada más de imaginarse, pero no lo demostró abiertamente, así es que se levantó, se acomodó un poco los pantalones y se apresuró a abrir, no sin antes acomodarse los rebeldes cabellos despeinados.

Quien lo visitaba era Michelle. ¡Ah esa tonta Michelle! Pero no la culpaba. Su hermana menor estaba hecha pedazos así es que no se enojaría con ella por haberlo interrumpido.

La chica abrazó a su hermano y se adentró rápidamente al departamento. Mientras tanto, Candy maldecía entre dientes, pues ni siquiera le dio tiempo de meter sus manos bajo la blusa para abrocharse el sostén. Se tendría que esperar hasta estar a solas para hacerlo.

Para sorpresa de la pareja, Michelle saludó a Candy, cortantemente, pero la saludó, para después dirigirse hacia su hermano nuevamente.

-¿Ya estás mejor?

-Sí

-Michelle, hay algo que debo decirte sobre Anthony

No hace falta decir cómo ambas chicas abrieron los ojos sorprendidas. Por un lado Michelle con un signo de interrogación en los ojos, y por otro lado, Candy con una terrible expresión en el rostro que le decía a Terry: ¿Quieres que tu hermana me odie más?

-Anthony ha tenido una relación con alguien más – siguió hablando el castaño – una relación que duró mucho tiempo y ahora desea retomarla

-Sí – respondió la chica – eso fue exactamente lo que me dijo hace un rato.

-Vaya – exclamó Terry – al menos no te mintió en eso el infeliz

-¡Deseo saber quién es la mujerzuela que lo trae así! – Exclamó Michelle – te juro que le haría la vida imposible para que deje de entrometerse entre Anthony y yo…

Y fue entonces, que Candy sintió un vuelco en el estómago. Esa niña estaba dispuesta a todo por Anthony…

Terry tampoco pudo evitar cierta pena por el momento. Le ofreció una mirada de aliento a Candy, haciéndole saber que no ebería preocuparse de nada.

-Michelle ¿A qué has venido? ¿A informarme sobre tus maquiavélicos planes para quedarte con un sin vergüenza que no te quiere?

-¡Si me quiere!

-Supongo que has venido aquí por un consejo de hermano mayor… claro, se que Richard es mayor que yo pero cómo ni siquiera sabemos en donde está entonces el papel del hermano protector me corresponde a mí. Te aconsejo que trates de ver más allá de tus propias emociones. El propio Anthony te lo dijo, quiere estar con otra persona – al decir esto no pudo evitar sentir unos espeluznantes celos – y tu no encajas en sus planes, entiéndelo. Con el tiempo te darás cuenta de que es un tipo que no vale la pena.

Entonces Michelle se levantó, un tanto molesta.

-No vine a que me digas que hacer – jaló su bolso y sin despedirse, salió del departamento.

Candy se sentó cansadamente en el sillón, suspirando.

-No me quiero imaginar que sucederá cuando Michelle se entere que yo soy esa "susodicha" – le dijo a su novio

-Nada, no va a suceder nada – le dijo él – Michelle es una mocosa inmadura que está cegada y caprichosa. El día que se entere de ello no sucederá nada porque yo estoy a tu lado para no permitirle que te haga un solo daño, ni con palabras.

La abrazó. Se quedaron confortablemente sentados en el sofá. Las horas pasaron y los venció el sueño, quedándose dormidos nuevamente toda la noche. Sin hacer nada más. Sintiendo las respiraciones acompasadas de sus cuerpos, en total tranquilidad.

Continuará…

Ay ya sé. Lo siento por interrumpir así lo "hot" pero es que aún no es el momento de que estos dos hagan aquellito… pero les prometo que cuando lo hagan será sensacional, a ver si así me perdonan ejejejeje

Gracias por seguirme!